Voces

lunes 25 oct 2021 | Actualizado a 19:18

Siliconas y autoridad moral

Nuestro panorama se ha vuelto de una miseria moral apabullante

/ 26 de octubre de 2019 / 23:56

Hace casi un siglo, un presidente boliviano escribió: “Amo demasiado la verdad y la Justicia para ser un buen político. Confieso haber hecho en política un perfecto papel de bobo”. Así, Daniel Salamanca sellaba su destino en 1921, y su autoridad moral y relumbraba ante el desmoronamiento ético de la oligarquía boliviana, que ya no tenía posibilidad de un recambio. Salamanca tuvo la enorme responsabilidad de sobrecargar la Guerra del Chaco, así como la estenosis al píloro que le hacía tormentosa la ingesta de alimentos. Podíamos decir que casi fue presidente de Bolivia por la fuerza de su autoridad moral, junto con una impecable vida intelectual. Ambas virtudes encajadas en la humanidad de un hombre frágil y de iracundia frecuente.

Ahora no tenemos la posibilidad de encontrar un hombre símbolo que encarne estas virtudes. Nuestro panorama se ha vuelto de una miseria moral apabullante. El escenario postelectoral nos devela esto. Una parte importante de la población votó en contra de la corrupción, del autoritarismo y del abuso, encarnados en el presidente Evo. Y eso también desató el adormilado racismo que estaba oculto en un recoveco de la frustración de la clase media. “El campo está vacío, este indio les ha dado plata para que los campesinos se vuelvan micreros, ya no siembran nada…”. La anterior es una de las frases que escuché varias veces.

Las batallas campales en el Plan 3000 de Santa Cruz no se dieron en contra del masismo, sino contra los collas, los cuales, según un grupo de exaltados, les “quitan trabajo”; por lo cual piden “que se vayan”. Los discursos regionalistas y fascistoides del presidente del Comité Pro Santa Cruz no respaldaban la defensa de la democracia, sino apelan (hasta ahora) a los miedos atávicos que produce una invasión para apuntar al oficialismo como la punta de lanza.

Después del conteo final, casi todos los candidatos se injertaron silicona en sus partes más débiles, con el propósito de enviar un mensaje y vender su producto político. Así, el presidente Evo mostraba su rostro marcado por la trasnoche, acompañado por un discurso entre el lamento y la amenaza, intentándose mostrar humilde. Mesa apeló al “carajo” para hacerse al machu machus y cambiar su imagen de dubitativo y vacilante. Ortiz apareció con su estampa de capellán salesiano como un ave conciliadora. Chi, la versión coreana-boliviana de Bolsonaro, no cambió de marca: conservador, homofóbico, militarista y desubicado… desaparecerá como apareció.

Las primeras demostraciones públicas del descontento por un supuesto fraude han sido masivas y heterogéneas. A medida que los días pasan, las zonas de La Paz, por su composición social, han ido decantándose. Así, la zona Sur estuvo mejor organizada. Entretanto, en los barrios populares parecía que la población estaba indiferente. Pero no era eso: la aparición en el Comité Nacional de Defensa de la Democracia (Conade) de Samuel Doria Media, los mensajes de Manfred Reyes Villa y Carlos Sánchez Berzaín ocasionaron un quiebre súbito. El pasado viernes, universitarios de Ingeniería y Medicina de la UMSA recorrían El Prado de La Paz.

Entretanto, en el Megacenter de la Av. Arce señoritas con banderas bolivianas se refrescaban con un capuchino y contaban sus peripecias como si se tratase de un tour de aventuras. Y en la plaza San Francisco, los militantes masistas estaban preocupados por obtener una ficha para mostrar su fidelidad al jefe, so pena de perder la pega.

La oposición ansiaba que la UPEA de El Alto bajara con toda su virulencia y su arsenal ancestral. No sucedió, porque estudiantes y docentes consideran que serían utilizados por los gobernantes que los masacraron en octubre de 2003. Una horrible acción estratégica de la oposición que develó su total falta de autoridad moral a la hora de mostrarse.

Para no hacer el papel de bobos, debemos exigir autoridad moral en los políticos. Pero eso, por ahora, es imposible. Acostumbrados como estamos a estas lides, como parte de una generación que resolvía los problemas políticos en las calles (ya sea a pedradas o a tiros), salimos a ver qué estaba pasando, para comprobar un dato sobre las distintas versiones. También es cierto que en estas reyertas y enfrentamientos de calibre grueso siempre llevábamos la peor parte, mientras los politiqueros se aprovechan de la sangre ajena y escalan puestos ejecutivos sin que les cueste una gota de sangre.

* Es artista y antropólogo.

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Las bestias malagradecidas

/ 24 de octubre de 2021 / 01:15

Durante más de cuatro siglos, los descendientes de criollos hispánicos y emigrantes, sobre todo alemanes, serbio croatas, sirio libaneses, entre otros, gobernaron territorios de Abya Yala como dueños. Los conceptos de raza superior e inferior, como criterios pseudocientíficos, fueron el acicate para generar genocidios y ultrajes a la dignidad humana en diversos lugares del mundo. Durante la Edad Media surgió el antisemitismo, originado por la creciente fagocitación de otras formas religiosas (judaísmo, islamismo) para implantar, vía militar, el cristianismo. Este proceso, fundado en la intolerancia que no permitía la diversidad política y religiosa, promovía el logocentrismo autoritario como único discurso legitimado por un grupo humano (la realeza, los militares y religiosos) y su expansión imperialista.

Después de las primeras expediciones marítimas en el siglo XV y las sucesivas invasiones colonialistas, los grupos de poder, adueñados del dogma cristiano, adoptaron el estatuto de limpieza de sangre y los justos títulos para probar una supuesta superioridad sobre las naciones avasalladas, sustentadas en argucias jurídicas, teológicas y filosóficas y de esa manera, justificar la trata de esclavos africanos y la explotación de los habitantes de las naciones originarias. ¿Qué es una nación originaria? Un conglomerado de habitantes que convive en un territorio ancestral y desarrolla, durante siglos, sus sistemas económicos, religiosos, de parentesco; tiene su idioma, sus conceptos de belleza y sus valores morales, políticos y filosóficos concebidos desde su relación con el cosmos y su territorio.

A la llegada de los conquistadores militares y religiosos, todo ese orden simbólico fue alterado y sustituido por otro, para facilitar el dominio y legitimar su propiedad sobre un territorio ajeno. Este avasallamiento de más de cuatro siglos, y pese a la sedimentación religiosa, nunca fue total. La resistencia constante, las estrategias y tácticas para subsumir las principales líneas rectoras se expresan, hasta el día de hoy, en las manifestaciones pagano religiosas vinculadas a los ciclos agrícolas que permitieron la vigencia cultural y su emergencia histórica.

En el siglo XIX, el imperialismo y su correlato colonialista encontraron otra justificación para evadir las críticas de algunos Papas católicos que fustigaban los modos de trato y explotación a punta de arcabuz y cruz, desmantelando de esa manera el dogma cristiano y convirtiéndolo en un escudo para la impunidad. Los sectores conservadores que se suponen portadores de la civilización y a las naciones sojuzgadas como la barbarie y el salvajismo, reinventaron sus feudos con el nombre de repúblicas, excluyendo a los habitantes originarios a un papel de convidados de piedra y recluyéndolos en museos como algo pasado y exótico que no formaba parte de la construcción de un Estado. Así, el imaginario republicano blancoide y racista consideraba que su imposición simbólica había engullido a las naciones originarias y que su proyecto de Estado era el único e incontrastable con otras visiones del mundo.

La aparición del texto del Conde Gobineau (1853-1857), Ensayo sobre la desigualdad de las razas humanas, aseguraba, sin ninguna comprobación científica, que la raza nórdica blanca era superior sobre otras. Alentadas estas aseveraciones por el darwinismo social, las ideas de Nietzche y el nacionalismo mítico germánico del músico Wagner encontraron en el escenario de miseria de la Primera Guerra Mundial (1914- 1918), en Alemania, el abono perfecto para exaltar la idea de superioridad racial. Hitler la llevó a todos los extremos y desató la Segunda Guerra Mundial (1939-45). Así, las “razas superiores” eran incapaces de resolver sus problemas a través de un diálogo civilizado y superior y generaron una carnicería salvaje en la que murieron millones de personas. Muchos de estos habitantes emigraron a Abya Yala, entre ellos varios criminales de guerra nazis, como Altman que intervino en la política interna de Bolivia e influyó en esferas racistas ancladas en el siglo XVII. La ciencia biológica ha demostrado que el individualismo a ultranza es incompatible con la lucha por la vida, la gametogénesis es la respuesta irrebatible y no sobrevive el más apto, sino el que se asocia en comunidad.

La ilusión del neofascismo criollo que desea desintegrar la “raza maldita”, ignora que la fuerza de la comunidad ha sobrevivido y fortalecido su poder.

Ahora podemos contestar a la pregunta: ¿Quiénes son las bestias malagradecidas que encontraron refugio y comida en territorios de Abya Yala?

Edgar Arandia Quiroga es artista y antropólogo.

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Tinku por la Madre Tierra

/ 24 de abril de 2021 / 23:18

En el área andina, al encuentro o pelea entre contrarios o dos lados opuestos, entre los de arriba contra los de abajo se denomina tinku o… tinkhuta = “encontrarse los ejércitos, o bandos contrarios en la guerra, pelea y cosas semejantes”, según Ludovico Bertonio (1557- 1625), quien estuvo destinado a Potosí a principios del siglo XVII. En su estadía seguramente apreció este ritual que —desde su cosmovisión judeocristiana— le pareció una guerra y no un ritual que promovía la igualación entre partes o paridad de los opuestos (Bouysse) y las fuerzas sociales para evitar conflictos en base al principio ideológico indígena del dualismo.

Este ritual es desarrollado para resolver problemas familiares, comunales, intercomunales y en estos pugilatos o tinku pueden participar hombres y mujeres que descansan después de cada encuentro, entre ritmos guerreros que tocan música considerada sacra por la sangre derramada que fertiliza la tierra. Laimes y Qaqachacas siguen en una controversia desde el siglo XVI, cuando el acta de posesión suministrado por Miguel García Morató a Don Bartolomé Astete y Fernando Taquimallku, gobernador de los originarios sobre las parcialidades de los ayllus Cahuali, Callapa, Sullkayana, dejaron sin definir con precisión los límites, origen de las continuas disputas.

Los conflictos desde 1830, con incursiones de uno y otro bando (1949-1959-1975-1977- 1989-1991-1992) continuaron hasta 2003, después de un reguero de muertos de ambas partes, lo que obligó al Estado a convocarlos para firmar un acta de entendimiento en el Ministerio de Defensa, junto a los prefectos de Oruro y Potosí. No fue la solución y estas reparticiones territoriales que datan del siglo XVI siguen afectando a varias poblaciones del Estado boliviano. Finalmente, en el gobierno de Evo Morales se aprobó la Ley de Delimitación Interdepartamental (2014) entre Oruro y Potosí; Laimes, Jucumanis y Qaqachacas festejaron el hecho con un partido de fútbol en el estadio Bermúdez de Oruro.

La marcha por territorio y dignidad de 1990 fue organizada por las naciones indígenas del oriente boliviano (Chimanes, Yuracarés, Sirionós, Mojos), entre otros grupos campesinos cuya motivación central era la defensa de sus derechos territoriales que son constantemente despojados ilegalmente por el Estado coludido por empresarios, mayormente extranjeros, que conocen la debilidad institucional y moral de las autoridades para apropiarse de inmensos predios, expulsando comunidades enteras y condenándoles a la miseria y exclusión a nombre del “progreso y desarrollo” que benefician a reducidos grupos familiares.

El resultado de esta movilización social fue el reconocimiento de los cuatro primeros territorios indígenas: DS 22612: Creación del Parque Nacional Isiboro Sécure y DS 22611: Chimane y Multiétnico (Chimané, Mojeño, Movima y Yuracaré), ordenamiento jurídico que permitió fortalecer las instituciones indígenas para preocupación, en este caso, de las logias latifundistas cruceñas que se habían apoderado, durante la república, de enormes extensiones de manera amañada e ilegal. La Reforma Agraria de 1953 no afectó estos grandes territorios productivos, lo que permitió la emergencia de grupos conservadores, que se fortalecieron y aplicaron políticas de expulsión de los indígenas originarios a través de sus “empleados” enquistados en el aparato estatal. Recuérdese al ministro de Educación Hedim Céspedes, que tenía una empresa como camuflaje para el tráfico de tierras fiscales y al que nunca se juzgó.

Esta estrategia de infiltrarse al gobierno no es nueva; así en el gobierno de facto, el exlegislador y candidato a la presidencia Óscar Ortiz fue nombrado ministro de Economía con un solo propósito, promover el DS 4232 que permite el uso indiscriminado de transgénicos a los agroindustriales, aprobado en tiempo récord y sobreponiéndose a la Constitución Política del Estado. Una vez cumplida su misión, renunció. Otro tanto ocurrió con uno de los líderes de la logia serbocroata, el señor Marinkovic, que ocupó el mismo cargo y renunció luego de apropiarse de miles de hectáreas, incluyendo la Laguna Corazón que hasta la fecha el oficialismo no revierte al Estado para repartir a los campesinos sin tierra.

El despojo de tierras productivas es una guerra en la que los valores románticos de preservación de la Madre Tierra suenan a canto surrealista a los grupos neoliberales, habida cuenta de que para los capitales no existe Patria ni Matria, solo intereses y codicia, y para ello usan dinero para comprar conciencias. 

Édgar Arandia Quiroga es artista y antropólogo.

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Implantar los versos…

/ 28 de marzo de 2021 / 01:19

En 1532, en Cajamarca, el cura Valverde mostró a Atahuallpa la Biblia y exclamó “¡Esta es la palabra de Dios!”, en tanto blandía un crucifijo como si fuera una espada. Estaba acompañado de hombres rubios con trabucos y embutidos en armaduras para amedrentar a los indígenas que acompañaban a su Inca. Eran aventureros ibéricos analfabetos, llegados de Europa en busca de riquezas y gloria. A partir de entonces, esta narrativa de “civilización” fue implantada, en versos edulcorados, por los historiadores a la población vencida.

En 2019, desde el balcón del Palacio Quemado, en La Paz, Bolivia, una mujer con el pelo teñido de rubio enrostraba una Biblia a una exaltada multitud que daba mueras a un indio. En el balcón no había un solo indígena y los acompañantes de la mujer eran descendientes del cura Valverde y de los soldados de Pizarro. El Palacio rebosaba de militares armados para la guerra.

La historia tiene parangones que se parecen, pero con nuevos actores. El afán de reinstalar un régimen neocolonial y volver al pasado costó a las clases populares un retroceso de medio siglo. Volvió el racismo virulento y el verso implantado durante siglos en el subconsciente: la superioridad del dios de los conquistadores, que los indios y cholos herejes son ignorantes y “salvajes” y por lo tanto deben desaparecer. El verso funcionaba otra vez. Por eso no fue raro ver escupir a un indígena a su par, creyéndose superior. Detrás tenían el aval de los Valverdes que nunca aceptaron perder sus privilegios de siglos, al declararse al Estado boliviano como laico.

Después del nacimiento de la república, la casta criolla hizo a un lado a guerrilleros de las republiquetas y a los indígenas, e instalaron su verso: la res pública, identificada con el bien público… de su casta que, en la matriz ideológica, era más bien un conjunto de normas y leyes por el que se repartían la torta (minas y latifundios) y excluían de sus planes al oriente boliviano porque era inaccesible, no tenía minas para explotar y los indios estaban ocultos en el monte. De ahí deviene el regionalismo y provincianismo oriental que no logra un liderazgo político plurinacional y el origen del recalentado discurso del centralismo, dando vía libre a los latifundistas para exterminar indígenas, repartirse sus mejores tierras y conformar logias cerradas que gobiernen desde atrás. En la población está instalado el verso del andinocentrismo satánico, culpable de todo y con este remoquete se reproducen y atizan los afanes separatistas de grupos ligados a la ultraderecha racista al grito de “¡Raza maldita!”

Hace unas semanas, un tarambana de una secta religiosa cruceña, con la misión evangélica de exorcizar a la indiada y a la ciudad precolombina de Tiwanaku, atentó contra ella, transmitiendo odio y oscurantismo. Su pretensión de hacer desaparecer las estructuras religiosas andinas, más remotas que el cristianismo, fue un acto grosero que develaba que sus patrones instalaron en su débil cerebro, aplastado por la Biblia del cura Valverde, repudio contra algo que desconoce.

En los años 30, antes del estallido de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), Hitler rescató el antisemitismo de grupos oligárquicos germanos que habían instalado en el subconsciente de su población que judíos, gitanos y comunistas eran la causa de su atraso y sus desgracias. Goebbels, el Ministro para la Ilustración Pública y Propaganda, repuso el verso y lanzó “el asalto a la razón” (G. Lukács) más tenebroso que la humanidad pudiera imaginarse. Muchos de estos tempranos nazis fueron parte del ejército boliviano, instructores como Ernest Röhm, jefe de los Camisas Pardas, o Hans Kundt, nombrado por el presidente Salamanca Comandante en Jefe en la Guerra del Chaco (1932-35), nombramiento que ratificó la inutilidad de los militares en esta contienda por la que Bolivia perdía otro extenso territorio.

La primera institución republicana en la que se instaló el verso, fue en las Fuerzas Armadas, institución tutelar que debe defender y obedecer a la casta republicana y disparar si alguien atenta contra ella; de otra manera el militar que sale del esquema es eliminado: Cnl. Germán Busch, Cnl. Gualberto Villarroel, Gral. Juan José Torres.

¿Cómo desmontar este imaginario implantado desde el siglo XVII, origen del racismo y la exclusión?

Edgar Arandia Quiroga es artista y antropólogo.

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El monstruo de la cola larga

/ 31 de enero de 2021 / 00:38

Debo recorrer varias cuadras para llegar al banco a sacar dinero, antes de salir, desinfecto la mascarilla con alcohol aromatizado con manzanilla y cargo mi alcohol en gel. Soy afortunado, tengo sueldo, a mi familia no le faltará alimentos y atención. En mi barrio, un grupo de la Junta de Vecinos, durante el confinamiento del año pasado, solicitaba que donáramos alimentos para los más necesitados, los que viven al día y también mueren al día. Ya no lo hacen porque un sacerdote jesuita, hace más de 10 años, montó un comedor popular en mi zona y la fila que antes de la pandemia y del golpe se había reducido, ahora ha dilatado su tamaño notoriamente. La mayoría son personas de la tercera edad, como yo, no tienen familia y se sienten solos. En las filas se ponen a charlar y no guardan la distancia sugerida para evitar contagios, hablan y cuentan de los que faltaron este día: “El Manuel ha partido, ¡mejor! estaba muy solito”; “Margarita estaba enferma, el bicho le agarró, también partió”. Cada día hay espacios vacíos que son ocupados inmediatamente por otras personas. La mayoría son varones. Reciben sus raciones en envases descartables porque ya no pueden ocupar el comedor por temor a más contagios y la vulnerabilidad de los comensales.

Las señoras cocineras se esmeran, desde muy temprano los aromas de cilantro, orégano y el chasquido de las asaduras alegran la calle. Trabajan riendo y alegres. El acto de cocinar es un arte que se ejecuta con todo el cuerpo, como todo el arte que comunica. Ellas comunican la alegría porque este día muchas personas tendrán comida segura y esperanza. Pero la cola crece todos los días…

El afán de las mujeres de la ciudad empieza muy temprano, muchas veces cargadas de sus hijos, recorren kilómetros para vender sus productos, se quejan. Dicen: “Ya no hay venta, la gente gasta poco, apenas nos alcanza para comer”.

Según las estadísticas últimas del INE (Instituto Nacional de Estadística), el consumo de pollo, leche y otros productos de la canasta básica ha bajado notoriamente desde hace un año. Una población que no se alimenta correctamente, con tres comidas como mínimo al día, es más vulnerable a cualquier contagio y la pandemia la devora. Y las filas de vendedoras siguen creciendo y se sienten desoladas. También, en algún momento, engrosarán otros comedores solidarios.

Paso por el SEGIP (Servicio General de Identificación Personal), una gigante fila de jóvenes y adultos, todos silenciosos y mirando sus celulares, esperan que avance. Es todavía muy temprano y no atienden al público sino a partir de las 08.30.

Cerca del Banco me encuentro con un amigo que me reconoció; yo no pude porque transita vestido como extraterrestre, con mascarilla que le cubre enteramente el rostro. No se acerca, me habla de lejos, escoltado por su hija, está aterrorizado y me hace un recuento de los amigos de nuestra generación que sucumbieron al COVID.

De lejos veo la inmensa cola para la atención en el Banco, es un público heterogéneo. No tengo más remedio que enfilarme y esperar, esperar… y pienso: Mantenemos un ejército que nos cuesta mucho dinero, ¿por qué no se convierten en comedores populares con productos de Emapa y evitamos la desnutrición de familias empobrecidas? Así, en vez de masacrar ciudadanos indefensos, ahora proclamarían la solidaridad y la vida.

La nutrición, si no va acompañada de educación, provocará un retraso irremediable en estas generaciones. Tenemos dos canales estatales que llegan a todo el territorio y pueden ser el vehículo ideal para la educación a distancia. El Ministro de Educación puede delegar nuevas competencias a estas instituciones, ¿qué espera?

¿Por qué la banca no habilita cajas para la tercera edad? Existía un servicio para los jubilados con problemas de salud que recibían su sueldo en sus domicilios. ¿Por qué no se retorna a esa modalidad para evitar aglomeraciones dolorosas?

El monstruo de la burocracia fortalece su cola cada día que pasa y nos estrangula, impide una atención eficaz en los servicios de salud y educación. El poder político debe usarse para cuidar la vida, el único bien sagrado que justifica su aplicación creativa porque no deseamos volver a la pesadilla del año pasado.

          Edgar Arandia Quiroga es artista y antropólogo.

        

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Los círculos de la zalamería

/ 6 de diciembre de 2020 / 07:06

Hace aproximadamente un año tratamos sobre el mismo tema, advirtiendo cómo los adulones del expresidente Evo Morales, al que encasquetaron una campana Ray-Ban para que viera lo que ellos querían que vea, le condujeron a la pesadilla que todos vivimos  hace un año. En la gestión del presidente Arce aparece esa misma táctica que nos puede conducir a un perverso círculo de la repetición. Para evitar la ingrata experiencia, debe mantener la costumbre de visitar los mercados populares para ponerse al tanto de la realidad; la campana que le colocaran —simulando una corona— no le permitirá ver.

Tarea imprescindible del Presidente es desarticular la quinta columna que inventó el Gral. Mola durante la Guerra Civil española, a través de grupos incrustados que le servían de informadores y saboteadores al interior mismo de sus adversarios. Las muestras que dio al prescindir de un ministro que apenas pone el pie en el ministerio tiende su red de corrupción, fue encomiado por la oposición, militantes y simpatizantes del oficialismo. Pero eso no es todo, aún anidan al interior varias autoridades que tienen observaciones por la Contraloría, con antecedentes de abuso de autoridad y malos manejos de los recursos públicos y, contra todo pronóstico, están dentro, para regocijo de los opositores que, al no tener un horizonte ideológico, intentarán medrar de los errores del oficialismo.

El abogado Mario Urdidinea hacía circular un ensayo sobre la nueva clase republicana que se engendró en Bolivia con la burocracia estatal, fundando círculos de influencia en los que la ideología y lealtad son ajenas a sus propósitos. En este texto, develaba las artimañas para ingresar al aparato estatal y asentarse como grupo, y favorecerse con los dineros del Estado; éstos subsisten cuando cambia el gobierno, ocultos en distintas esferas de poder y son los perros falderos que gestionan apoyos para lograr que otra vez —alguno de ellos— continúen en cargos importantes para acrecentar el negocio y ser favorecidos. Por supuesto que esta repelente caterva cuenta con personas de toda índole, no solo pelafustanes que buscan una pega, sino personas con formación académica que conocen los vericuetos burocráticos y sus atajos a partir de la corrupción.

Una de las primeras promesas del Gobierno fue remozar a todos los personeros del Estado y promocionar a nuevos servidores públicos; no fue así, actitud que generó un descontento y desazón en sus militantes y simpatizantes que fueron humillados y masacrados en Senkata, Sacaba, Huayllani y otras regiones de Bolivia. Lo consideran una deshonra a sus muertos, ya que muchos cargos recayeron en individuos que usufructuaron de manera abusiva del poder, acusaron de fraude descarado a su gobierno que se derrumbaba, cerraron el pico —asustados bajo su cama — y nunca lo defendieron.

Estos círculos, a su vez, ya se sirvieron de otros gobiernos, incluyendo los dictatoriales, acoplan intereses a través de proyectos, licitaciones, donaciones; maquillan deudas con el Estado y regresan para borrarlas, entre otras argucias.

Es necesario distinguir, en todo caso, a funcionarios de carrera a los que deben respetar sus derechos; también, en términos éticos, es necesario que exfuncionarios que fueron autoridades regresen a compartir su experiencia con los nuevos. Pero premiar a exfuncionarios despóticos, que tienen cuentas pendientes con la Contraloría, declarados personas no gratas, como un viceministro y varios directores recién posesionados, son injustificables errores que causan indignación y crearán resistencia. ¿La ciudadanía podrá confiar en autoridades que abusan de su circunstancial poder?

Es la hora de los chupamedias y oportunistas, esta clase camaleónica e híbrida que repta en los pasillos del poder, entre la política y la delincuencia, entre los consabidos cafecitos para montar su empresa política perversa y servirse de los recursos públicos. El prestigio que debería tener el ejercicio de la militancia política no existe. El nuevo Gobierno, con una legitimidad incuestionable, adolece del mismo mal y si el presidente Arce no se quita la campana Ray-Ban, estará cobijando al huevo de la serpiente en el interior de su gobierno, condenado a repetir la historia. Ha dado una señal importante y la ciudadanía espera que obre de la misma manera con estos círculos tramposos.

Édgar Arandia Quiroga es artista y antropólogo.

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