Voces

Sunday 5 Feb 2023 | Actualizado a 03:03 AM

Ideas para una agenda de noviembre

Estamos sumidos en una profunda crisis de la que es imposible salir sin transformaciones también profundas

/ 3 de noviembre de 2019 / 00:00

Aunque se lograra frenar parcialmente la escalada de los conflictos y se abriera un precario “cuarto intermedio” solicitado por el Presidente hasta que la OEA haga su auditoría electoral, las cosas no volverán a ser lo que eran hasta el 20 de octubre pasado. Ni siquiera las tradicionales festividades de Todos Santos y Día de Difuntos; ni los obispos católicos con sus llamados a la no violencia, al diálogo y su oferta de ser mediadores pueden ya cambiar la situación.

Estamos sumidos en una profunda crisis de la que es imposible salir sin transformaciones también profundas. Y cuando se escriben estas líneas, mediodía del viernes 1 de noviembre, resulta imposible prever lo que puede ocurrir en las siguientes horas o en los próximos días, pero ninguna crisis se prolonga indefinidamente. Un desenlace es inevitable. ¿Llegará por la luctuosa vía de la confrontación violenta o por la de un hipotético diálogo al que no parecen estar predispuestas ninguna de las partes?

A riesgo de predicar en el desierto, sumamos nuestras voces en pro de este segundo camino. ¿Quedará un mínimo de sensatez en los liderazgos de ambos lados para intentar recorrer esa vía? Pareciera que no, pues en el bando opositor se encumbran los caudillos más radicales, que al calor de las movilizaciones han ido subiendo cada momento el volumen y la audacia de sus demandas y de las expresiones de odio que utilizan para descalificar a sus oponentes. Y en el bando oficialista hay señales contradictorias según se impongan los impulsos propios del Presidente, cuyo proverbial “olfato político” parece haber sido devorado por la adicción al poder, o influyan más determinados asesores o grupos de presión.

La certeza de que se aproxima un desenlace no permite, sin embargo, predecir a favor de quienes se inclinará el resultado. “El diablo no sabe para quién trabaja”. Podría ser que a la hora de la verdad muchos recién comprendan que fueron utilizados por redes conspirativas contrarias a sus propios intereses y los del país en su conjunto, y que se mueven al conjuro de móviles geopolíticos globales.

La crisis tiene polarizada a la gente. Renuncia de Evo Morales y nuevas elecciones, proclaman unos. Golpe de Estado en marcha, dicen los otros. Pocos ven más allá. No hay voces como las de octubre de 2003 que planteaban salir de la crisis pertrechados de una agenda, la “agenda de octubre”. Si alguien coincide en que es necesario construir la “agenda de noviembre”, tome nota de algunas ideas como las siguientes:

i) Bolivia unida y soberana, intransigente en la defensa de sus recursos naturales y sus empresas estatales estratégicas.

ii) Respeto irrestricto a las normas constitucionales y a la institucionalidad surgida de ellas, en especial lo referido a la independencia y la coordinación de los órganos de poder.

iii) Amplia deliberación para formular por consenso un modelo de desarrollo, que no dañe el medio ambiente y que tome previsiones sobre los efectos del cambio climático. Esto implica revisar temas como la frontera agrícola, biocombustibles, transgénicos, exportaciones de carne bovina, industria forestal, áreas protegidas, hidrocarburos, función económico social de la tierra, soberanía alimentaria, asentamientos humanos y otros.

iv) Reforma profunda del sistema judicial, desde sus cimientos.

v) Garantizando el libre acceso a la información, una efectiva fiscalización de la gestión gubernamental por parte de los órganos públicos (asamblea plurinacional, asambleas departamentales, contraloría, concejos municipales) combinada con el ejercicio pleno del control social en todos los niveles

vi) Recuperación de competencias y atribuciones de las autonomías a través de un riguroso y equitativo pacto fiscal.  

vii) Concentrar la inversión pública en el área productiva, en la salud pública y en la elevación de la calidad de la educación, con énfasis en los desafíos tecnológicos. Tal cual.

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El MIR sucumbió, queda el recuerdo de sus héroes

/ 5 de febrero de 2023 / 00:51

El año 1971 apareció en la palestra pública del país el Movimiento de la Izquierda Revolucionara (MIR). No fue un surgimiento instantáneo, sino el resultado de un proceso de articulación de varias fracciones políticas, entre las que se puede mencionar a un sector del ELN-PRTB (resabios del llamado “foquismo” guerrillero), algunos desencantados del maoísmo, otros desprendidos del “movimientismo” (MNR) y un puñado de intelectuales independientes. Pero, en lo fundamental, la corriente que proporcionó la plataforma y el liderazgo al naciente MIR fue la “democracia cristiana revolucionaria”, desprendimiento esencialmente juvenil del Partido Demócrata Cristiano, fracción que vino en llamarse PDC-R (revolucionario) y cuyo indiscutido líder era Jorge Ríos Dalenz, ejecutado en el exilio chileno durante el golpe fascista de Pinochet.

¿Qué pasó con el MIR en los casi 10 años posteriores, desde su aparición formal en septiembre de 1971 hasta la matanza de ocho de sus dirigentes en enero de 1981? Sin duda fue un largo periodo de crecimiento y consolidación, tanto de sus instancias organizativas como de su creciente influencia en amplios sectores de las capas medias: universitarios, profesionales, trabajadores asalariados; importantes núcleos campesinos e incluso en el sector proletario minero, entonces considerado la columna vertebral de las luchas sociales.

Es obvio que tal proceso estuvo acompañado de fuertes debates internos que fueron configurando en el seno del MIR corrientes ideológicas y visiones diferentes que derivaron en la creación de nuevos partidos como MIR-Masas, MIR-Bolivia Libre, Movimiento Sin Miedo, Sol.bo y otros. El MIR ya no existe, pero con sus luces y sombras, lo que podría llamarse la “generación mirista” contribuyó a la apertura y construcción democrática, uno de cuyos hitos fundamentales se dio el 10 de octubre de 1982 con el ascenso al gobierno de la Unidad Democrática y Popular. La UDP, agrupación frentista forjada en la resistencia a la dictadura, aglutinaba esencialmente al MNR de Izquierda, al MIR y al PCB, y fue precisamente el MIR el partido que desencadenó grandes movilizaciones por la entrega inmediata del poder a las autoridades y parlamentarios elegidos en 1980, salida catastrófica pues amarró al presidente Siles Zuazo a un parlamento mayoritariamente opositor, aspecto que, entre otros, fue determinante para el descalabro udepista y, de paso, hizo aflorar las crisis internas de los partidos que sustentaban el proyecto. Retorno masivo de la militancia del MNR-I al tronco movimientista de Paz Estenssoro; fracturas en el PCB que resultó no ser tan monolítico como se creía (Quinto Congreso); en tanto que el MIR quedó partido en tres fracciones: la de Paz Zamora (dueño de la sigla), la de Araníbar (MIR-Bolivia Libre) y el sector laboral (MIR-Masas) capitaneado por Delgadillo y Del Granado.

Andando el tiempo, el MIR desapareció por completo, diluido y absorbido por las dos grandes opciones del modelo neoliberal. En la de Banzer con su herencia dictatorial intacta, para lo cual Paz Zamora y sus allegados tuvieron que cruzar “los ríos de sangre” que los separaban. Y en la de Sánchez de Lozada, en su primer periodo, donde el MBL sucumbió a cambio de un ministerio y de la posibilidad de influir positivamente en las reformas del momento, temática agraria, descentralización por la vía municipal y ejercicio de los derechos humanos (acuerdos programáticos y no prebendales, al decir de los protagonistas).

Sería pura especulación suponer a cuál de las tres fracciones se hubieran adherido cada uno de los ocho dirigentes asesinados por la dictadura de García Meza y Arce Gómez aquel 15 de enero de 1981. Conocí a casi todos ellos, pero más a fondo a Artemio y a Ricardo. Lo suficiente como para colegir que todos ellos, al momento de tomar sus decisiones políticas, se hubieran guiado por principios éticos y no por intereses sectarios o de conveniencia personal. Así quedaron en la historia.

Carlos Soria Galvarro es periodista.

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Calle Harrington: memoria versus olvido

/ 22 de enero de 2023 / 02:45

El pasado 15 de enero se han cumplido 42 años de la masacre. Revisando cuatro periódicos de circulación nacional hallamos que dos de ellos (Los Tiempos y El Deber) omitieron completamente el tema en sus ediciones del anterior fin de semana. Página Siete incluyó un fragmento literario, Ocho nombres por miles, de su colaborador Carlos F. Toranzos. En tanto que en La Razón su directora, Claudia Benavente, le dedicó su nota de opinión 42 veces 15 de enero.

Cuatro años después de los hechos, con base en investigaciones minuciosas, declaraciones de la única sobreviviente, Gloria Ardaya, y deposiciones de algunos de los verdugos, los dirigentes del MIR Walter Delgadillo, Pedro Mariobo, José Pinelo y Juan del Granado, suscribieron un informe, con el título de Así masacraron a nuestros dirigentes, el 15 de enero de 1981. Partes salientes de dicho documento:

A las 17.30 se inicia el operativo

Los grupos del SES, Sección II, DOP y DIN llegan a la casa; el jeep del DOP desde la “Abdón Saavedra”, detrás está el jeep donde se encuentran Alarcón y Uriarte (los espías infiltrados en el MIR que trabajan para la represión) y detrás de este último una cuarta movilidad.

Los paramilitares bajan de los vehículos disparando. Los compañeros se encontraban reunidos en una habitación con ventanas a la calle… Pepe Reyes grita desde la ventana: “No disparen, estamos desarmados”. Los asesinos disparan, saltan la verja, rompen ventanas, rompen la puerta y penetran a la casa…

17.35. Pepe Reyes les sale al paso y reitera “estamos desarmados”, tiene las manos detrás de la espalda. Se escucha una ráfaga…Pepe cae asesinado. Todos los indicios así lo demuestran, nuestros datos lo confirman: Rosario Poggi y Helguero son los asesinos.

Gloria Ardaya se oculta debajo de la cama del cuarto donde se realizaba la reunión…

17.35 a 18.00. En esos minutos los asesinos arman la leyenda que pretende sostener que todos nuestros compañeros mueren en la casa. Eso es falso.

Se escuchó una ráfaga que hizo estremecer el piso del departamento. Pudo estar dirigida a los cuerpos de nuestros compañeros, mientras se encontraban parados en el pasillo, Sin embargo, los orificios que las balas dejaron en la pared están situados por encima de la cabeza del más alto de ellos.

Alarcón y Uriarte fueron los encargados de identificarlos uno por uno. Se escucharon ráfagas y disparos separados… Artemio fue asesinado en ese momento; su cuerpo fue arrastrado hasta el cuarto donde estaba oculta la compañera Gloria; ella vio desde su escondite su agonía y muerte.

En momentos de la tortura y asesinato de Ricardo, se encontraban presentes en la celda No.4 del sótano del Ministerio del Interior, Alarcón y Uriarte, además de Galo Trujillo y Lince Hinojosa, quien disparó contra él.

Lucho, cuando fue encontrado muerto por los familiares, tenía indicios de habérsele aplicado choques eléctricos en las encías, además de un sinfín de horrores practicados en su cuerpo…

Gloria desde su escondite vio a Arcil, tendido en el suelo. Pudo haber salido herido de la casa…

Gonzalo fue capturado por los paramilitares en la terraza. Se escucharon gritos, disparos, golpes y luego silencio…

Con Ramiro sucedió lo propio; pudieron haberlo matado en la casa o en otro lugar.

Jorge tenía un tiro en la frente, pero su cuerpo estaba destrozado por las torturas.

El enemigo montó un show. Disparó por varios minutos, ráfagas de ametralladora al aire; metió armas, dinamita y panfletos. Quiso que el pueblo boliviano creyera la historia del “enfrentamiento”…

Gloria fue encontrada después de que a los grupos operativos se le reunieron otros que no conocían el tenebroso plan de eliminación de los compañeros. Eso le salvó la vida…

Los caídos fueron:

Jorge Baldivieso, exdirigente universitario, diputado electo.

Gonzalo Barrón, ex dirigente universitario, arquitecto.

Artemio Camargo, dirigente minero de Siglo XX.

Ricardo Navarro, exdirigente universitario, ingeniero.

Arcil Menacho, exoficial de las Fuerzas Armadas.

José Reyes, exoficial de carabineros, abogado, diputado electo.

José Luis Suárez, sociólogo.

Ramiro Velasco, economista.

El asunto da para mucho más. Hay que volver, pues.

Carlos Soria Galvarro es periodista.

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Andrés Ibáñez, campeón de la igualdad

/ 8 de enero de 2023 / 01:06

Según algunos biógrafos habría nacido en Santa Cruz de la Sierra, el 30 de noviembre de 1844. Sin embargo, no se tiene aún certeza absoluta, basada en documentos, sobre la fecha y el lugar exactos. Pese a ello, Andrés Ibáñez es considerado como uno de los más importantes próceres que el departamento de Santa Cruz ha brindado a la historia de Bolivia en la segunda mitad del siglo XIX. Se le conoce, admira y respeta especialmente en la capital oriental, no tanto así en el resto de las regiones y departamentos del país. En el centenario de su nacimiento, 1944, mediante una ley se le puso su nombre a la anteriormente llamada provincia Cercado, en cuyo territorio está asentado el núcleo de la ciudad capital, Santa Cruz de la Sierra. Se ha erigido en su memoria en la intersección de varias avenidas importantes un monumento de cuerpo entero de Ibáñez con un rifle al hombro, pieza trabajada por el escultor David Paz Ramos, gestionada por el Comité pro Santa Cruz e inaugurada oficialmente en febrero de 1986.

Como ocurre con frecuencia en muchos casos, sobre la vida y obra de figuras destacadas o sobre acontecimientos sobresalientes, se construyen distintas y a veces contradictorias narrativas. Unas veces inventándole merecimientos, exagerando cualidades o virtudes o haciendo todo lo contrario, apocando personajes y sucesos en los que éstos intervienen. En relación a Ibáñez no podía ser de otra manera, se aprecia su rol histórico según el color del cristal con que se le mira.

Lo que está fuera de duda es que el notable cruceño abrazó con pasión y firmeza la causa de la igualdad social, al parecer impactado por los debates europeos de la época entre socialistas utópicos, anarquistas y otros (no hay evidencia documental de que las ideas de Marx y Engels ya hubiesen llegado por estos lares). Ibáñez condenó las injusticias de toda laya y, cuando le fue posible como autoridad local impuesta por las masas insurrectas, distribuyó las tierras ociosas entre los campesinos, liberó a los pobres de las deudas usureras e impulsó mejoras en la salud y educación de las mayorías. Con tales políticas era normal que Ibáñez y sus seguidores igualitarios se ganaran la animadversión de los potentados locales de la época, quienes no solamente auspiciaron y contribuyeron a la intervención punitiva del poder central — gobierno de Hilarión Daza— sino que aplaudieron y festejaron el aplastamiento sangriento del movimiento igualitario que como es bien cierto, levantó la bandera federal, como una estrategia para no quedar aislados del conjunto del país, contrario al rol secante de la administración central. Andrés Ibáñez junto a siete miembros del grupo dirigente fueron capturados en San Diego, localidad cercana a la frontera con Brasil el 1 de mayo de 1877. Juzgados sumariamente, se los fusiló en el lugar ese mismo día.

Gabriel René Moreno, considerado el “príncipe de las letras bolivianas” y esencial compilador y salvador de la documentación escrita de y sobre Bolivia, calificó el movimiento igualitario como “ideas demagógicas y de odio provenientes del mestizaje insolente que sembraron el pánico durante la sedición del mestizo Ibáñez en 1876”.

Guillermo Lora, en su abundante producción sobre el movimiento obrero y su historia, califica a Ibáñez “como uno de los más importantes de la historia social del siglo XIX y constituye, indiscutiblemente, el antecedente directo del socialismo boliviano”.

Ley autonómica: en los procesos de cambio iniciados en 2006, al parecer pretendiendo enfatizar el matiz autonómico de Ibáñez, se bautizó la Ley 031 de 19 de julio de 2010 como Ley Marco de Autonomías y Descentralización “Andrés Ibáñez”.

Se ha incrementado considerablemente la bibliografía sobre Ibáñez y su movimiento igualitario, incluso se ha hecho una película. Pero no caben réplicas ni comparaciones antojadizas en los críticos momentos actuales. Esito sería.

Carlos Soria Galvarro es periodista.

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Andrés Ibáñez, en el laberinto de los topónimos

/ 25 de diciembre de 2022 / 00:10

Santa Cruz de la Sierra, Cotoca, La Guardia, El Torno y Ayacucho (más conocido como Porongo) conforman las cinco “secciones” (ahora municipios) de la provincia Andrés Ibáñez en el departamento de Santa Cruz, nombre de una destacada figura sobre la cual volveremos más adelante.

Warnes (provincia y municipio a la vez) lleva el nombre de Ignacio Warnes, líder de una de las “republiquetas” que socavaron el poder colonial principalmente mediante la lucha guerrillera o “guerra irregular”, y murió combatiendo en la batalla de El Pari en 1816.

En las cercanías está la provincia Obispo Santiestevan, con sus tres municipios; dos pequeños en población pero más extensos en territorio, Mineros y General Saavedra, y un tercero, Montero, una de las más grandes ciudades intermedias de Bolivia. A Santiestevan se le conoce el mérito de haber impulsado la construcción de la catedral de Santa Cruz. Marceliano Montero, en cambio, fue un militar patriota con un impresionante récord de participación en mil batallas: estuvo con Warnes en El Pari, tomó parte en las batallas que liberaron a Chile, Chacabuco y Maipú, al mando de José de San Martín; estuvo en Junín y Ayacucho con Bolívar y Sucre y también en Ingavi con Ballivián.

Entre los nueve departamentos del territorio boliviano, solo uno lleva el nombre de un prócer, Pando por el general José Manuel Pando (además de una provincia en el departamento de La Paz), y entre las ciudades capitales, también una sola, Sucre, por el mariscal de Ayacucho.

Existen muchos sitios, especialmente municipios o provincias, que llevan nombres de próceres locales, sean personajes destacados en acciones bélicas y en otros, por el simple hecho de haber ocupado altos cargos en la estructura del Estado, como son los casos de Tomás Barrón y Pantaleón Dalence en Oruro, y Rafael Bustillo y Enrique Baldivieso en Potosí. Muchos de estos espacios conservan sus nombres originarios, en especial en el área aymara: Achumani, Kantutani, Parotani, Pairumani, etc. Otros resultan combinaciones variadas, por ejemplo la provincia Murillo en el departamento de La Paz, conformada por los municipios de La Paz (ciudad), Mecapaca, Palca, Achocalla, Laja y El Alto. Por cierto, los nombres de los jefes guerrilleros y personajes destacados de la independencia ocupan lugares prominentes en provincias y municipios. Ahí están, entre otros, Padilla, Azurduy, Camargo, Zudáñez, Muñecas, Méndez, Esteban Arze. Por supuesto hay varios nombres de presidentes, como Velasco, Saavedra, Linares, Ballivián, Campero, Aniceto Arce, Hernando Siles, Villarroel… y ni qué se diga numerosos nombres de origen religioso, como Trinidad, San Ramón, San Miguel, San José, Santa Ana, San Lucas, San Benito, Santa Rosa, San Carlos, San Javier y otros.

Hay una continuidad histórica: Tiawanaku, Kollasuyo, Nueva Toledo, Charcas, Bolivia. El lugar es el mismo, lo que cambian son los nombres, los topónimos que se van forjando a veces en largos periodos de tiempo, gracias a transformaciones profundas que ocurren en su seno y según también las cambiantes miradas de cada época. Extendiendo el análisis a sitios más reducidos como barrios, comunidades, plazas, calles, avenidas, lagos, ríos, montañas y otros accidentes geográficos, nos encontramos con un laberinto de miles de nombres. En tal sentido, la toponimia viene a ser una disciplina que investiga el origen, significado y tratamiento de los nombres geográficos, pero dejemos ese asunto a los especialistas. Solo queríamos destacar el notable peso simbólico que Andrés Ibáñez puede asumir en los próximos debates.

Un par de interrogantes para cerrar: ¿el personaje es un precursor del federalismo como afirman unos, o de la igualdad social como sostienen otros? ¿Son incompatibles las dos propuestas? Me siento obligado a volver sobre el tema, pero eso será el próximo año ¡hasta entonces pues y… Felices Fiestas!

Carlos Soria Galvarro es periodista.

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Alicia Terán: una vida dedicada a enseñar

/ 11 de diciembre de 2022 / 01:40

Un día como hoy, 11 de diciembre, hace de esto 102 años, nació en Oruro Alicia Terán Quintanilla, una maestra alfabetizadora de vocación y gran impulsora de la recuperación de los idiomas originarios, particularmente, el quechua.

En efecto, todavía adolescente, a veces burlando la rígida vigilancia paterna y a la luz de una vela, alfabetizaba a pobladores quechua-aymaras de la región de Kaywasi. Lo hacía, claro está, en castellano, pues eran tiempos en los que la escritura en las lenguas originarias había avanzado muy poco.

Ella solía relatar una experiencia que vivió de cerca y posiblemente la marcó de por vida. Un docente intolerante pide a niño quechua repetir en voz alta la frase:

— Este vellón tiene polillas.

Y la invariable respuesta era:

— Isti billún tini pulillas.

Después de varios intentos infructuosos el improvisado preceptor estalla en una expresión de ignorancia y racismo, muy típica de la época:

— ¡Este indio bruto nunca aprenderá a hablar en castellano!

Tal vez por causa de vivencias de este tipo, Alicia Terán abrazó desde muy joven tanto las banderas de la alfabetización como las de la recuperación de los idiomas nativos. Los dos carriles por los que transcurrió su trabajo creador de más de 60 años

Antes de haber cumplido 24, publicó su primer libro, Nuevo método de lectura para las escuelas rurales de Bolivia (1944), autorizado como texto oficial de puño y letra del presidente Gualberto Villarroel. El tiraje de 12.000 ejemplares, en gran parte adquirido por el Ministerio de Educación y las Escuelas de Cristo de Potosí, dio lugar a una casi inmediata segunda edición por parte de editorial Gisbert.

Radicada ya en La Paz, Alicia Terán se volcó al trabajo de alfabetización, especialmente con jóvenes aymaras, empleadas “domésticas” y obreros de la construcción, sosteniendo a veces duras batallas con empleadoras y empleadores que se negaban a dar el permiso correspondiente a su personal. Este trabajo la vinculó con el movimiento de los inquilinos al que se unió estrechamente en las campañas contra el desalojo forzado de familias, labores que contaban con respaldo de la entonces poderosa COB y su líder máximo Juan Lechín.

En paralelo, inició sus trabajos de enseñanza del quechua, primero en escuelas de enfermería y luego en el Departamento de Lingüística de la UMSA al que ingresó previo examen de competencia y concurso de méritos, pero sin ningún cartón académico, dada su condición esencialmente autodidacta.

Una vez jubilada del magisterio y en compañía de su amado esposo Israel Dick (cuyo apellido siguió usando hasta el final de sus días, no obstante haber enviudado), Alicia Terán de Dick se estableció en Cochabamba, donde volcó sus energías hacia el desarrollo del quechua. Con un grupo selecto de personalidades, agrupadas en el Qollasuyuj Siminkuna (Lenguas del Kollasuyo) en el que destacaba Ángel Herbas Sandóval, impulsó una serie de actividades que llaman la atención por su seriedad, regularidad y sentido creativo. Foros, talleres y seminarios, boletines impresos, programas radiales semanales, asistencia a eventos internacionales en Cuzco, Arequipa y Lima, con ponencias escritas en quechua.

Tales iniciativas derivaron en la exitosa fundación de la Academia Regional de la Lengua Quechua Cochabamba, en 1986, entidad que se mantiene enhiesta bajo el comando de los quichuistas y/o quechuólogos de las nuevas generaciones.

La huella de Alicia Terán está también en los varios libros que dejó impresos: Nuestro mar, texto escolar; Tarpuy, el quechua al alcance de todos; Muju, quechua básico; Ayrampu, poesía; Ankalli, recopilación de ensayos, narraciones, poesía y traducciones y, por último, Pensamiento-memoria-recuerdo, libro producido a edad avanzada y cuando había perdido casi totalmente la vista.

Recibió en vida el nombramiento honorífico de “Qoya” en un evento realizado en el Cuzco en 1997. Por su parte, el II Congreso Mundial de la Lengua Quechua efectuado en Cochabamba en 2002, llevó su nombre: “Alicia Terán de Dick”.

Homenajes bien merecidos, ¿verdad?

Carlos Soria Galvarro es periodista.

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