Voces

miércoles 28 jul 2021 | Actualizado a 04:44

Suspensión del año escolar

/ 21 de noviembre de 2019 / 00:25

Poco después de ser designada, a la novel Ministra de Educación del Gobierno transitorio le preguntaron sobre la posibilidad de suspender el año escolar, tomando en cuenta que varias regiones no pasan clases de manera regular desde el 21 de octubre. Como respuesta, la autoridad descartó esta posibilidad, argumentando que prevén dar “continuidad a la gestión” luego de que se resuelvan los conflictos sociales.

Considerando que el fin de año está a la vuelta de la esquina, y que aún no se vislumbra una pronta solución a las medidas de presión ejercidas por quienes exigen el retorno de Evo Morales, esta continuidad no parce viable. Además, para tal efecto habría que “echar mano” de las vacaciones de verano. Empero, no sobra recordar que este periodo es igual de importante que las clases regulares para el rendimiento y bienestar de los estudiantes, ya que les permite relajarse, descansar y realizar actividades extracurriculares. A diferencia de lo que ha ocurrido las semanas precedentes, por lo cual, de ninguna manera podrían concebirse como una suerte de compensación a las vacaciones.

Más factible parece la otra posibilidad que la autoridad dejó entrever: reprogramar el calendario escolar, tomando en cuenta que existe un avance cercano al 90%. Es decir, dar por concluida la gestión con lo avanzado hasta ahora, buscando alguna fórmula para rellenar las notas finales. En cualquier caso, al igual como ocurre con las elecciones, sería deseable que se den certezas sobre esta materia, para así terminar con la incertidumbre que hoy afecta a los padres de familia y a los estudiantes.

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Nuestra arquitectura emergente

/ 28 de julio de 2021 / 02:34

Hace un par de semanas, en una entrevista con un amigo periodista coincidí, a la hora de hablar de política, con una nota que él presentaba, referida a un tipo de edificaciones a las cuales denominaba “los cholets”, y bueno, viniendo este servidor del campo de la arquitectura, no pude contenerme y salí del contexto político para verter una reflexión sobre el significado de ese denominativo. Él me respondió que lo oportuno era desarrollar la idea escribiendo un artículo específico como éste. Es así que a través de este medio quiero compartir con ustedes algunos criterios al respecto.

Desde hace varios años nuestra generación ha sido una privilegiada testigo del nacimiento de una arquitectura novedosa en Bolivia, de elevado contenido cultural, de un fuerte simbolismo y una calidad estética importante.

Esta arquitectura está anidada en la ciudad de El Alto y es ésta la característica en la que se afinca su fuerza, importancia y trascendencia por varias razones, aquí las más importantes: la primera porque no hablamos de cualquier conjunto urbano, sino de una de las ciudades más grandes de Bolivia en términos poblacionales, y otra es el hecho de que en esta ciudad se nota con mucho más potencia la imbricación entre lo urbano y lo rural (la cual es una de nuestras contradicciones más fuertes a nivel nacional), y que hace de ella algo muy representativo de la sociedad boliviana, aspectos que cargan a esta arquitectura de gran legitimidad y representatividad.

Pocas veces en nuestra historia habíamos visto con tal energía el nacimiento de una arquitectura boliviana que traduzca de forma contemporánea la cultura atávica de los Andes y que además se plasme en una ciudad entera expandiéndose a gran velocidad en toda su mancha urbana, con edificaciones que son iniciativas exclusivamente privadas.

Las construcciones enmarcadas en esta arquitectura con raíces andinas emulan una estética proveniente de los tejidos de las culturas y naciones bolivianas. Esta estética que ha hecho de los textiles una de las características más ricas de gran parte de nuestra población a lo largo de siglos hoy se ve reflejada en infinidad de edificios de diferentes características en la ciudad de El Alto y poco a poco en otras ciudades de nuestro país.

Es un indiscutible acierto de arquitectos y constructores en la medida en que de forma brillante, por un lado, plasman en edificaciones (comerciales, lúdicas y residenciales principalmente) una estética con cimientos ancestrales y, por otro lado, logran que la población espontáneamente se proyecte en esa arquitectura haciéndola suya.

Por lo tanto, encasillar esta arquitectura emergente bajo el nombre que se le pretende asignar: “cholets”, es cuando menos desatinado y hasta engañoso.

No se puede forzar a que un nuevo concepto de arquitectura en nuestro país se encuadre a la unión de estas dos palabras: chalet y cholo. ¿Acaso se pretende reducir esta arquitectura a “la vivienda del mestizo”? ¿Desde cuándo las tendencias arquitectónicas en el mundo se refieren especial y exclusivamente a lo étnico? ¿Y por qué pretender subyugar esta arquitectura solo al uso vivienda?

No es mi intención pasar por alto la evidente contradicción étnica subyacente en nuestra sociedad ni soslayar sus relaciones de poder, pero me parece grosero intentar invisibilizar las connotaciones que tiene esta arquitectura andina en cuanto a nuestra cultura y su trascendencia en la historia de la arquitectura boliviana, así como el esfuerzo y el resultado del quehacer de arquitectos y constructores alteños que están logrando un lenguaje simbólico propio, salido de las mismas raíces culturales de nuestra patria.

Es mi interés reconocer este esfuerzo en su verdadera magnitud, teniendo en cuenta que nuestra historia no está plagada de vastos ejemplos de sistemas semióticos como hoy lo expone esta arquitectura andina.

Javier Zavaleta López es arquitecto, exdiputado y exministro.

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Recuperemos la grandeza de La Paz

/ 28 de julio de 2021 / 02:28

Esta región tiene el potencial necesario para recuperar el liderazgo nacional. Si queremos desarrollo, si queremos progreso, si queremos mejores condiciones de vida, necesitamos trabajar todos juntos de manera armónica para garantizar el desarrollo departamental.

La Paz supo ponerse a la cabeza buscando abolir la dominación española. Los protomártires paceños dieron la vida señalando el camino a seguir para alcanzar la libertad. En estas fiestas de julio hagamos un compromiso con nosotros para trabajar más y mejor, buscando la grandeza de nuestra región. Gobierno, trabajadores y empresarios busquemos la concertación para avanzar juntos.

No debemos olvidar que La Paz es una región bendecida. Tenemos la cordillera, con alturas de más de 6.000 msnm; luego encontramos el altiplano a un promedio de 3.500 msnm, donde están la ciudad sede de gobierno y la más nueva de las ciudades, El Alto; si seguimos descendiendo llegamos a los valles y los Yungas a unos 2.000 msnm; finalmente la zona de los llanos orientales (casi todo el norte paceño) a no más de 150 msnm.

Esta variedad de climas y pisos ecológicos es una las mayores riquezas de La Paz, que la podemos aprovechar tanto para una producción agropecuaria sustentable como para el turismo y la economía 4.0.

Este trabajo coordinado y conjunto demanda de los tres niveles de gobierno (nacional, departamental y municipal) políticas nacionales de seguridad jurídica, fomento a la iniciativa privada y una integración vial que incluya los ferrocarriles hacia los puertos chilenos, que nos permita llegar a todas las regiones del departamento.

El tropical norte de La Paz ocupa casi la mitad del territorio del departamento con algo más de 60.000 kilómetros cuadrados y una población aproximada de 100.000 habitantes. Esta región, donde están los municipios de Apolo, Guanay, Ixiamas, Mapiri, Tacacoma, Teoponte, Tipuani y San Buenaventura, tiene una densidad apenas superior a un habitante por kilómetro cuadrado, con temperaturas que fluctúan entre los 24 y 33 grados centígrados, clima en el que se puede producir café, castaña, arroz, cacao, junto a hortalizas y una gran variedad de frutas. En esta exuberante región se puede explotar el ecoturismo, mostrando la gran riqueza del Madidi.

Pero resulta doloroso comprobar que para viajar en ómnibus desde la sede de gobierno hasta Ixiamas se necesitan más de 12 horas para cubrir los algo más de 500 kilómetros. La Paz-Rurrenabaque es un viaje de más de nueve horas por carretera para cubrir sus 400 kilómetros. Ésta es una muestra de nuestra falta de integración.

Como dije en un comentario anterior, esta región desvinculada del resto de La Paz tiene potencialidades para diversos emprendimientos industriales y la generación de energía por aproximadamente 100 megavatios.

Pese a los problemas que tiene el departamento de La Paz, es la segunda economía del país. Según el INE, la población estimada de La Paz, para este 2021, es de 3.023.791, menor que Santa Cruz, que tiene 3.363.400 habitantes. Generó un PIB de algo más de $us 11.500 millones, y su PIB per cápita alcanzó casi los $us 4.000, muy por encima del promedio nacional.

La economía paceña, a diferencia de otros departamentos, no gira en torno a la extracción de materia prima. Su sustento está en la administración pública, casi con 20%; seguido del sistema financiero, con el 14%, y la industria, con casi el 9%. Algo que nos debe preocupar a los paceños es que en 2020, la tasa de crecimiento de la población fue del 0,75%, mientras la migración total neta fue de -5,4%.

La Paz tiene mucho que ofrecer al turismo. Solo por citar: pasar de las cumbres nevadas a los Yungas en menos de dos horas de viaje es espectacular; Titicaca, el lago navegable más alto del mundo; Tiwanaku, muestra de una cultura milenaria; Rurrenabaque, ingreso a la Amazonía boliviana.

La gran riqueza cultural, geográfica y arqueológica de La Paz le permitió ser reconocida por la organización New7Wonders Foundation en 2014 como una de las siete ciudades maravilla del mundo.

Ejecutar políticas de atracción del turismo, que podría ser una de las fuentes de mayor ingreso del departamento, exige del trabajo de todos sus habitantes, garantizando al turista que podrá volver a su lugar de origen cuando así lo quiera, sin que se lo impida un bloqueo repentino de alguna comunidad, trabajadores de alguna empresa o vecinos de algún barrio.

Como habitantes de esta hermosa tierra, hagamos el compromiso para aportar al desarrollo de La Paz, trabajando juntos, dejando de lado intereses políticos o sectarios, que solo nos dividen y ahondan nuestra pobreza.

Rolando Kempff Bacigalupo es economista, presidente de la Cámara Nacional de Comercio y miembro de la Academia Boliviana de Ciencias Económicas.

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El apocalipsis ha llegado

/ 28 de julio de 2021 / 02:24

Parece que estamos viviendo los primeros 15 minutos vertiginosos de una película de catástrofes, quizá una titulada El día después de mañana fue ayer. Las olas de calor son cada vez más intensas. Los bosques arden. Las inundaciones arrasan. Un iceberg casi del tamaño de la mitad de Puerto Rico se desprendió de la Antártida.

Las fleurs du mal de Florida, floraciones de hongos conocidas como marea roja, se han vuelto más tóxicas por la contaminación y el cambio climático. Son responsables de la muerte de 600 toneladas de vida marina y han provocado que las playas queden llenas de peces muertos. Es el apocalipsis de Mad Max. Las locas tormentas que solían azotar cada siglo ahora parecen cotidianas y abruman los sistemas que no pueden soportar semejante azote.

Mientras Angela Merkel y el presidente Joe Biden anunciaban una colaboración en materia de clima y energía en la reciente visita de la mandataria alemana a este país, la naturaleza se burló de ellos. Cuando ambos líderes cenaban, las lluvias sumergieron enormes franjas de Alemania, incluidas ciudades medievales.

El diluvio en la provincia de Henan, en el centro de China, fue tan intenso que paralizó un gran hospital, dejó a los usuarios del metro con el agua hasta el cuello, afectó a tres millones de personas, desplazó a 250.000 de sus hogares y mató al menos a 33. Las inundaciones repentinas hicieron que los británicos tuvieran que vadear el agua hasta la cintura en el metro de Londres. Más escenas de devastación se están produciendo en India, donde al menos 198 personas han muerto después de que el monzón provocara deslaves.

Ahora, lo que más miedo da en la televisión es el canal del clima. Llevamos mucho tiempo viviendo en una cultura del miedo. Los republicanos han estado usando el miedo como arma, inventan cosas para provocar paranoia. Sin embargo, cuando se trata del clima, el miedo tiene fundamento en la realidad. Deberíamos estar aterrados viendo cómo el clima se descontrola.

Tal vez sea demasiado tarde para negociar un cambio gradual. Acabamos de pasar por cuatro años del gobierno de Donald Trump, un hombre orgullosamente acientífico, que una vez me dijo: “No creo en el cambio climático provocado por el hombre”. Mientras el planeta chisporrotea, muchos estadounidenses han pasado de la falta de interés a la despreocupación, de la indiferencia a la fatiga.

Ha habido destellos de progreso. Los republicanos antediluvianos ya no pueden destruir a los opositores que se preocupan por el cambio climático burlándose de ellos como abrazadores de árboles con sandalias. Sin embargo, todavía hay muchos republicanos que apoyan a las grandes petroleras y se oponen a las disposiciones sobre el cambio climático en la gran legislación que está ante el Congreso. Mientras pasamos por la debilitante política de COVID- 19, tenemos que pasar por la debilitante política del medio ambiente. Plagas aterradoras están devastando el planeta mientras los charlatanes se dedican a parlotear.

Algunos esperan que la tecnología pueda salvarnos. En Dubái, los científicos están planeando combatir las olas de calor de varias maneras: enviando aviones para disparar productos químicos como yoduro de plata en las nubes para estimular las precipitaciones, y enviando drones para lanzar una carga eléctrica en las nubes con el fin de provocar lluvia. Hacer cascadas en el desierto suena bien hasta que se reflexiona al respecto. Torturar a la Madre Naturaleza para que limpie nuestros desórdenes no puede acabar bien. Après moi, le déluge.

Maureen Dowd es columnista de The New York Times.

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Cambiar el ‘poder’ judicial

/ 27 de julio de 2021 / 00:58

Al finalizar junio, la empresa Datacción realizó una encuesta nacional en la que se incluyó una pregunta sobre la reforma judicial de la que tanto se habla y escribe últimamente. Resulta que para dos tercios de los ciudadanos el sistema judicial está muy mal y cambiarlo es urgente. El resto coincide en que está mal, pero unos creen que hay otras prioridades y los demás que ya está mejorando algo.

La urgencia del cambio, en la que coinciden dos tercios de los bolivianos, se justifica por el fracaso de la reforma judicial impulsada desde 2009, al amparo de la nueva Constitución, y la declinante pérdida de confianza de la gente en jueces, fiscales y sistemas de prevención, seguridad y condena, que también ha sido detectada en sucesivas encuestas.

Una revisión de las experiencias de otros países me ha confirmado que el nuestro es el único que ensaya la elección directa de los más altos magistrados. La fórmula más utilizada en el mundo involucra al menos a dos órganos diferentes en la designación de magistrados, uno para la selección y otro para la designación. Pero la clave parece estar en la duración del mandato, que en los casos más exitosos se relaciona con la edad o la salud de los magistrados, no con un “periodo de funciones”. Por ejemplo, en Inglaterra, Japón, Israel y Chile los magistrados permanecen en el cargo hasta cumplir los 70 o 75 años. En Estados Unidos, Alemania, Francia y España, la función es vitalicia y limitada solamente por la salud. En todos esos casos, por lo tanto, la renovación es paulatina, lo que también asegura continuidad en la jurisprudencia, en los criterios jurídicos y en las políticas judiciales, afirmando la seguridad jurídica de largo plazo. En este caso, es claro también que si no se los quiere tener por mucho tiempo, es mejor que no se los elija cuando son muy jóvenes.

Notablemente, Bolivia nació a la vida independiente con ese modelo. De acuerdo con nuestra primera Constitución, los magistrados eran seleccionados por el Senado y designados por los censores (diputados), y debían permanecer en el cargo “cuanto duraran sus buenos servicios”. Posteriormente se impuso la idea de periodos con duración de 12, 10 o seis años, impidiendo la continuidad y obligando a cada Corte a comenzar de nuevo.

El problema fundamental que debe resolver la reforma es éste: el de la elección y la permanencia de los magistrados. Por supuesto, no es el único.

Otro problema que parece sustancial es el de la debilidad general de todo el Órgano Judicial, que de hecho está muy lejos de ser o tener el poder que la norma constitucional le reconoce. La Suprema dejó de ser “suprema” y en este momento no se sabe cuál es la cabeza de dicho órgano. El Tribunal Constitucional puede disputar cualquier poder, los temas agroambientales se tratan en otra corte y las cuestiones claves de administración presupuestaria y de personal las tiene el Consejo de la Magistratura. En los hechos, se ha destripado el “poder” judicial, cuyo presupuesto, además, es absolutamente insuficiente para solventar las responsabilidades que tiene. Es tan débil que no tiene poder ni siquiera para protestar o reclamar por ese maltrato.

Si la reforma se centrara de manera inmediata en la designación de magistrados de alto nivel y con la confianza necesaria como para que ejerzan el cargo por muchos años, se les debería también permitir a ellos conducir la reforma de todo el sistema, es decir, volver a fusionar en una Suprema todas las materias jurisdiccionales y administrativas. Ya verá ese órgano colegiado si decide formar salas o comisiones especializadas y si requiere nombrar jueces adjuntos o lo que quiera llamarles para atender diversos temas y problemas con eficiencia. Es seguro que buscará a los mejores porque querrá atender “en última instancia” la menor cantidad de errores o chambonadas. Y si logramos que los mejores lleguen a ser magistrados, podemos estar seguros de que también ellos tratarán de escoger a los mejores en los demás niveles del Órgano Judicial.

Lo que me parece inapropiado es enfrascarnos en detalles de cuyo diseño bien pueden encargarse, gradualmente y con firmeza, quienes asuman “el poder” judicial y quienes sean sus colaboradores. Busquemos entonces en quiénes confiar.

Roberto Laserna es investigador de CERES.

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Por acción u omisión

/ 27 de julio de 2021 / 00:55

La agenda política está atiborrada del debate sobre golpe o fraude. Los sucesos posteriores a la consolidación del golpe son ilustrativos para determinar quiénes estuvieron alentando la conspiración para sentirse regocijados por el retorno a la república mediatizada y la defensa de sus intereses. Al respecto es ilustrativa la imagen del presidente de la Asociación de Mineros Medianos, en medio de los conspiradores, pidiendo el cambio de la Ley de Minería, y el reconocimiento inmediato al gobierno de facto por los países que apoyaron el golpe. Nada es gratis.

Pero hay otras maneras de restaurar el neoliberalismo: ignorando los objetivos del proceso. El cambio propuesto por la Constitución Política del Estado Plurinacional da a la explotación de los recursos naturales un rol liberador; con esos recursos debemos superar el atraso, superar la inequidad y la ineficiencia. La Ley de Minería establece que el eje de este propósito es la Corporación Minera de Bolivia (Comibol), la Ley de la Empresa Pública delinea su estructura y las responsabilidades ejecutivas. Si estos mandatos se los ignora, entonces estamos frente a otra conspiración, por omisión.

Últimamente han estado anunciando proyectos que estarían en marcha en el sector minero. Mesa de Plata, Machu Socavón, Mallku Khota, Amayapampa, el ingenio Lucianita en Huanuni y la planta de concentración en Colquiri serían encarados por la Comibol, mientras desde el ministerio se anuncia la reingeniería de la Comibol; la Empresa Metalúrgica Vinto (EMV) anuncia un estudio para instalar una fundición de zinc, el ministerio garantiza el financiamiento. Este apabullamiento de buenos propósitos oculta los problemas estructurales del sector e ignora los problemas urgentes que existen.

La desvertebración de las empresas estatales lleva a enfrentamientos entre ellas, Huanuni y Colquiri enfrentadas con Vinto, por deudas, aunque todas actúan con el mismo Registro Tributario de Comibol. La Comibol paga cerca de Bs 1 millón por patentes del Mutún y no tiene nada que ver con su manejo. La parcelación crea reyes chiquitos e inviabiliza la ejecución de una estrategia nacional del desarrollo minero-metalúrgico. Esta requiere una economía de base ancha para cubrir sus requerimientos, que son múltiples y comunes a todas las empresas, requiere tener un potencial económico para insertarse en el mercado de las finanzas y el mercado internacional.

Los proyectos se los califica de carácter mundial, para lo cual se requiere inversiones millonarias, que naturalmente la Comibol no tiene. Así se infiere que hay que recurrir a un socio estratégico, quien pone sus propias condiciones. ¿Esto es lo que buscamos? Los proyectos de magnitud mundial se caracterizan por inversiones millonarias, explotación masiva y acelerada de productos primarios, para su industrialización en las metrópolis, tributación mínima, recuperación acelerada de la inversión del socio estratégico, y con amplios daños ambientales. Se suele citar los ejemplos de Perú y Chile; el flujo enorme de recursos no soluciona los problemas del país, más allá de alimentar a una burocracia tecno-política. Esta es una percepción que sus pueblos expresaron en las últimas elecciones.

En el periodo de transición del régimen neoliberal a la economía estatal, 2006-2014, se han creado situaciones ambivalentes por la vigencia de una legislación anterior y el surgimiento de una nueva. La no concreción de la nueva mantiene estos incordios, veamos. La Comibol no ha cambiado su razón social, sigue siendo la empresa pública dedicada a arrendar sus yacimientos en el marco de la ley de Sánchez de Lozada, por lo tanto no viabiliza los proyectos productivos propuestos. Algunos ejemplos:

La EMV ha encarado el montaje de una fundición moderna con capacidad de 20.000 TMF de estaño. Ha llegado a producir la mitad, sin demostrar rentabilidad, ni capacidad de pago de la inversión, recurriendo a fondos destinados para la compra de concentrados, para honrar sus obligaciones. Si no resuelve este problema, no puede plantearse otros proyectos.

Karachipampa requiere el cambio del horno Kivcet, no una reparación, mientras tanto tiene un plantel de 300 trabajadores que hay que mantener; hoy se lo hace al costo de descapitalizar a la empresa. Amayapampa, con 280 trabajadores, espera al socio estratégico desde hace tres años; han paralizado el proyecto de autosostenimiento de 200 TMB/día y se mantienen con subvención de la Comibol. En las oficinas de la Comibol, un plantel burocrático de más de 500 empleados cuida los activos de la vieja Comibol; dispone de los recursos del alquiler de sus yacimientos en proyectos que no tienen la solvencia necesaria.

Así la vieja Comibol es un elemento que conspira contra el proceso de cambio y el Estado no logra controlar al sector.

José Pimentel Castillo fue dirigente sindical minero.

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