Voces

jueves 30 jun 2022 | Actualizado a 12:08

Ministra, ¡respete la libertad de expresión!

Poco le faltó para decir que los periodistas deben andar con el testamento bajo el brazo

/ 25 de noviembre de 2019 / 06:43

Callar es lo mismo que mentir”. Esta frase de Luis Espinal, asesinado en 1980, es un faro que guía a los periodistas de la Federación de Trabajadores de la Prensa de La Paz (FTPLP). Y hoy, en una coyuntura de crisis, la prensa no debe callar. El 14 de noviembre, la nueva ministra de Comunicación, Roxana Lizárraga, en una de sus desafortunadas intervenciones afirmó que contra “aquellos periodistas o seudoperiodistas que estén haciendo sedición se va a actuar conforme a la ley, porque lo que hacen algunos periodistas, que son en algunos casos bolivianos y extranjeros, está causando sedición en nuestro país, tienen que responder a la ley boliviana”. Poco le faltó para decir que los periodistas deben andar con el testamento bajo el brazo.

Pero no se quedó ahí. Tras asegurar que la prensa “tiene todas las garantías para trabajar”, agregó que estas personas están identificadas y anunció que el ministro de Gobierno, Arturo Murillo, “va a tomar las acciones pertinentes”. Más allá de la discusión de que el actual régimen sea legal o ilegal, y la vergonzosa lucha de los políticos por el poder, lo cierto es que esas declaraciones no se pueden quedar ahí. Todos tienen el derecho de ingresar a la función pública; esto además está respaldado en el derecho al trabajo. Eso no está en discusión. Lo cuestionable es que Lizárraga utilice su pequeño y “transitorio” feudo en el Estado para intentar atemorizar, amenazar y perpetrar acciones al margen de la Constitución y la Ley de Imprenta, que está en plena vigencia.

Al respecto, el relator especial para la Libertad de Expresión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), Edison Lanza, manifestó a escala internacional su preocupación: “Me alarma escuchar que la designada Ministra de Comunicación de Bolivia hable de expulsar a ‘seudo’ periodistas sediciosos. Quienes están al frente del Estado deben garantizar la libertad de prensa a través de las fronteras y sin estigmatizar”.

Prestigiosos periodistas de diversos medios, a su turno, pegaron también el grito al cielo. Por ejemplo, Juan Carlos Salazar destacó, entre otras ideas, que la ministra “debería saber que la libertad de expresión es un bien supremo y base fundamental de la democracia”. El meritorio periodista Juan Carlos Marañón, de igual forma, hizo la misma reflexión.

La periodista Drina Ergueta, por su parte, en su cuenta de Facebook presentó el 14 de noviembre una reveladora entrevista de Jaime Bayly a Lizárraga, realizada el 29 de octubre de 2019, en Miami. De entrada, Bayly afirma: “Bienvenidos de vuelta al programa. Gracias a los buenos oficios de mi amigo Carlos Sánchez Berzaín nos visita esta noche una brillante y aguerrida periodista y activista boliviana, Roxana Lizárraga. Un aplauso, por favor”. Lizárraga responde “gracias, gracias”, y no aclara su relación con el ex ministro de Gobierno de Gonzalo Sánchez de Lozada.

Así, es contra esas ofensivas declaraciones que los periodistas que aman la libertad no tienen que callar: deben exigir vehementemente a la ministra Lizárraga su inmediata renuncia. Además, se pide a la FTPLP convocar, de manera urgente, a una asamblea para analizar este atentado contra la libertad de expresión, pues por insinuaciones más leves antes se protagonizaron marchas en plena plaza Murillo. También se tienen que tomar acciones contra ciertos individuos que, a nombre de los “sectores sociales”, están ejerciendo violencia contra algunos colegas.

Miguel Pinto Parabá

es periodista, ex Tribunal de Honor y

ex secretario ejecutivo de la Federación de

Trabajadores de la Prensa de La Paz (FTPLP).

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‘Tío Peto’, guardián de la memoria

‘Recordatorio: estampas de la segunda mitad del siglo XX’, nuevo libro de Carlos Soria Galvarro, ‘Tío Peto’

/ 12 de junio de 2022 / 10:02

SALA DE PRENSA

Como hizo Gabriel García Márquez con sus Doce cuentos peregrinos, el periodista Carlos Soria Galvarro se sumergió en el mar de sus recuerdos y papeles, y recuperó 13 episodios inéditos hasta hoy. Esos “relatos autobiográficos” quedaron hilvanados en su más reciente obra Recordatorio: estampas de la segunda mitad del siglo XX.

A diferencia de los contenidos del premio nobel de literatura (1982), los relatos del Tío Peto (Soria Galvarro) no son producto de la ficción. En realidad, son el resultado del vínculo de un “revolucionario” boliviano, que militó en las filas del movimiento obrero y popular desde sus 15 años (1959), y la historia del país.

Su libro tiene 283 páginas y está organizado en 13 capítulos, que incluyen textos insertos, enlaces digitales, fragmentos imaginarios —“a partir de lo verificable y de lo histórica y contextualmente posible”, diría el escritor Leonardo Padura— e ilustraciones reveladoras.

MORALEJA.

Soria Galvarro nació en Parotani, Cochabamba, el 17 de julio de 1944. Hasta sus 11 años vivió en el área rural. Junto a su familia, migró a varios poblados vallunos (Parotani, Vinto, Quillacollo y Pairumani) y San Isidro, en Santa Cruz.

Como un buen guardián de la memoria, en su obra destacó un inolvidable episodio de su infancia. Cuando visitó la ciudad de Cochabamba, tuvo un “percance de lector impenitente”. A sus seis años, un buen día, en el Mercado Central, se distrajo con los grandes letreros y los colores vivos de las frutas. En ese descuido, su padre le jugó una broma: se escondió. Al sentirse solo y perdido, ante la burla de la gente, rompió en llanto.

Luego de unos minutos, su progenitor apareció para calmar su aflicción. Desde ese momento, nunca más soltó su mano. Así, aprendió que “la lectura no es mala, pero hay que seguir los caminos de la vida sin dejar de estar atentos al entorno”.

LECTOR.

En cuarto de primaria, su familia se trasladó a San Isidro, donde había una pequeña escuela (con primero y segundo básico, únicamente). En ese tiempo, sus nuevas obligaciones eran transportar agua del río y proveer de leña al hogar.

A falta de escuela, el pequeño Carlos se formó con libros. “Mi previsora mamá había llevado una nutrida colección de novelas de Julio Verne y el infaltable Los grandes inventos del científico francés Louis Figuier”.

Esos años fueron los “más felices” de su vida. Él disfrutaba sus días con Los hijos del capitán Grant, La vuelta al mundo en 80 días, Viaje al centro de la tierra, Dos años de vacaciones, Robur el Conquistador, De la Tierra a la Luna, Veinte mil leguas de viaje submarino, entre otros títulos. Todo eso fomentó su “adicción” por la literatura y le permitió viajar “con la imaginación por el ancho mundo y sus alrededores”. Ese contacto con los libros y la imprenta lo definieron como “homo tipográficus”.

KOMSOMOL.

Su primer viaje real fue a sus 19 años. Con una chamarra de cuero con fragmentos de lana, confeccionada por su madre, emprendió vuelo hacia Moscú. Allí, estudió en la Escuela de formación de cuadros políticos Komsomol.

En su texto narró que los primeros manuales de consulta en la academia fueron los elaborados en el periodo de la burocracia estalinista, calificados por el guerrillero Ernesto Che Guevara como “ladrillos soviéticos”. Los países del socialismo real, con sus esquemáticas creencias, se encaminaban al abismo.

La biblioteca era muy pobre en traducciones del ruso al castellano, incluso de material literario actualizado o clásico. Se notaba que había sido “cuidadosamente expurgada”, no había un solo texto de autores “herejes” (Mao Tse Tung, Rosa Luxemburgo, Antonio Gramsci, Georg Lukács, Trotsky ni los latinoamericanos José Carlos Mariátegui o Aníbal Ponce, entre otros), agregó.

IDILIO.

En la fiesta de año nuevo de 1964 la conoció. A pesar de que transcurrieron varios lustros aún la recuerda: “Los ojos parecían guardar una oculta tristeza que podía oscurecer fugazmente su semblante si apagaba la sonrisa con la que parecía defenderse todo el tiempo. Sus largos cabellos color miel-canela caían como cascadas discretas cuando desataba chales o pañoletas con los que frecuentemente los tenía sujetos (…). Su voz cantarina sonaba a un tintineo de dulzura infinita, con el labio inferior un poquitín sobresaliente, su hablar poseía resonancias guaraníes. Un tanto espigada, de estatura entre media y alta, su cuerpo parecía hecho a propósito para la danza, inspiraba una inmensa ternura con una mezcla de pasiones inevitables”.

Sus seudónimos eran Marina y Moisés; sus verdaderos nombres: Soledad y Carlos, “un solo corazón”. En los primeros días de enero de 1964 empezó el idilio. Empero, la tristeza y los recuerdos los separaban en instantes. Sucede que ella fue víctima de cuatro neonazis que la golpearon y tatuaron, a filo de navaja, dos esvásticas en sus dos piernas.

Ese acto tuvo repercusión internacional y fue unos de los “signos de la barbarie” fascista que el también llamado “Qhechi” (cabello erizado), luego, combatió toda su vida.

RECORDATORIO.

Lo citado líneas arriba es solo el retrato de sus primeros años, que lo forjaron como un militante revolucionario.

En otros episodios del Recordatorio, reveló datos inéditos sobre su activa militancia en la “Jota” (Juventud Comunista de Bolivia); la reacción del partido ante las masacres mineras de 1965 y 1967; su rol en las reuniones donde el Partido Comunista de Bolivia (PCB) se distanció de la guerrilla del Che; las acciones colectivas contra las dictaduras, y sus “cavilaciones” sobre el papel del partido en la revolución.

Luego, con documentos y nombres de militantes, analizó la división del PCB en su V Congreso (1985). En el último capítulo, “Veinte retrospectivas sobre un tema existencial”, realizó una crítica a la “apología de la muerte”, donde reivindicó el valor de la democracia, a favor de los intereses nacionales y populares.

PETO.

En 1980, conversó con el historiador y catedrático Alberto Crespo, quien le sugirió terminar la Carrera de Historia. Soria Galvarro le comentó que descubrió en el periodismo “su oficio principal”.

Lo que no le dijo a Crespo, en aquella ocasión, fue que habían otras razones “íntimas” para abrazar ese oficio: la relación con sus hijos, Antonio y Floriana, nacidos en 1968 y 1969.

“Vi crecer a mis retoños hasta el año 1971. De ahí adelante, impuesta la dictadura de Hugo Banzer, largas ausencias, solo encuentros esporádicos y furtivos, visitas clandestinas en las que ellos no podían decir papá, pues las paredes y los vecinos tenían oídos. (En ese marco) inventamos la figura de un tío lejano llamado Peto y que en muy raras ocasiones visitaba la casa. Medio siglo después, los dos me siguen llamando con ese nombre, al igual que los cuatro nietos”.

Este último suceso sintetiza la manera en que vivió y se forjó, a fuego candente, Carlos Soria Galvarro, guardián de la memoria colectiva y revolucionario a tiempo completo.

(*)Miguel Pinto P. es periodista

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Las mujeres que derrotaron a Banzer

La huelga de las mineras empezó el 28 de diciembre del 77; el 17 de enero del 78, Banzer tuvo que decretar la amnistía.

/ 22 de enero de 2022 / 19:27

SALA DE PRENSA

Las mujeres de las minas Angélica Flores, Nelly Paniagua, Luzmila Pimentel, Aurora Lora y Domitila Chungara, con una huelga de hambre, derrotaron al dictador Hugo Banzer, el 17 de enero de 1978. Seis meses después, él dejó la silla presidencial. Los detalles de esa heroica acción, desde entonces, fueron guardados bajo siete llaves. Luego de 43 años, salieron a la luz algunos datos inéditos.

La noche del martes 21 de agosto de 2001, el Sindicato (hoy Federación) de Trabajadores de la Prensa de La Paz (STPLP) —en coordinación con la Central Obrera Departamental, la Asamblea Permanente de Derechos Humanos de Bolivia, la Asociación de Familiares de Detenidos, Desaparecidos y Mártires por la Liberación Nacional, la agrupación juvenil “30 no son 30” y otras organizaciones populares— encabezó una marcha de teas en la que denunció los “30 años de impunidad” banzerista. Las cinco mujeres de las minas fueron “las invitadas especiales”.

En esa ocasión, ellas decidieron “no contar detalles” de ese hecho histórico a los periodistas porque varios actores aún estaban “en riesgo”. Dicho y hecho: el régimen de Banzer y Jorge Tuto Quiroga (1997-2001) calificó a la marcha de “provocativa” y “política”.

¿OBLIGADAS? En 1999, el banzerista Fernando Kieffer, en el texto De cara a la revolución del 21 de agosto de 1971, afirmó que las huelguistas habían sido “obligadas” y “sobornadas” para “dramatizar las circunstancias” y generar un “escándalo nacional e internacional”.

“La pantomima de la huelga de hambre de las cuatro mujeres de las minas fue una de las primeras maniobras utilizadas por la oposición para derrotar al (gobierno) restaurador de la soberanía patria y la democracia”, arguyó.

Sin embargo, en 2003, el investigador francés Jean-Pierre Lavaud refutó esa posición. Con un estudio comparado, en su libro La dictadura minada, demostró que el “triunfo democrático” del ayuno voluntario fue un “proceso” y el resultado de una heterogénea “red de organizaciones” proscritas y asediadas (partidarias, eclesiásticas, sindicales, humanistas, periodísticas y otras) que “mantuvieron contactos mutuos” para poner fin a la dictadura. Nadie participó en contra de su voluntad.

ORGANIZACIÓN. En ese marco, Aurora Lora —en el libro Guillermo Lora, el último Bolchevique de Ricardo Zelaya, publicado en 2021— presentó otros detalles, que enriquecen lo investigado por Lavaud.

“En Llallagua hemos planeado la huelga. Porque no ha sido caída del cielo, como todos dicen o escriben; (…) La situación era un desastre: había muertos, perseguidos, presos”, narró, para luego explicar que, en la primera reunión respaldada por el sacerdote Gustavo de la iglesia de Catavi, se planteó que los familiares de los “elenos” (militantes del Ejército de Liberación Nacional) sean los primeros en apoyar el ayuno voluntario.

En esa reunión clandestina participaron Luzmila, Nelly, Angélica y Aurora. Se acordó que nadie podía “darse de baja”: “esto era hasta morir o ser expulsadas al exterior”. Luzmila se iba a adelantar para “tomar contacto” con los “elenos”. Domitila llegó tarde.

JUVENCA. “De Llallagua hemos salido con los curas (…) camufladas, directo a su casa, en Juvenca (La Paz). Se hizo una asamblea (…) Y ¡ucha!, empiezan, pues, a destrozarme a mí, y no atacan a Domitila, que aparece ahí, pero no abre su boca para nada. ‘¡Ah, ésta es trotskista! Su posición aventurera, cómo van a hacer huelga de hambre en las fiestas de fin de año, ¡y apenas cuatro mujeres!’”, recordó Aurora.

“Sí o sí, las cuatro vamos a entrar (…)”, respondió. “No les vamos a decir el lugar. ¿Quieren ustedes pasar las fiestas? ¡Magnífico! Pasen la Navidad, Año Nuevo, con sus familiares, con pavos, gallos, qué cosas comerán. Nosotras no tenemos qué comer; no estamos con nuestros esposos, nuestras familias (están) deshechas. Las que hemos venido de las minas vamos a continuar. ¿Quieren acoplarse después de las fiestas? Se acoplarán nomás, compañeras, hasta luego…

” Tras ese impasse, ellas propusieron al periodista Gastón Lobatón que la medida se desarrolle en el STPLP. Él respondió que “es peligroso”. Y ahí, las cuatro decidieron que el ayuno voluntario se instale en el colegio San Calixto.

¡JESÚS! “Domitila seguía caminando con nosotras. Al San Calixto fuimos. Y, ¡pucha!, los curas, los supuestos defensores de los pobres, nos han maltratado ¡Nos han botado! ‘¡Pero, Jesús, cómo una huelga! ¡Y solo cuatro!’. Y yo: ‘Al final de cuentas —les he dicho—, Cristo peleaba por los pobres, ¡y ustedes aquí nos están botando! ¡Carajo, hágannos llevar pues, llamen al Ejército! ¡Pero tomamos aquí su colegio!’”.

Tras la discusión, Domitila fue separada del grupo. Según Lavaud, ella se ocupó de organizar “los apoyos”. Después de evaluar los hechos y por un acuerdo interno, las huelguistas fueron trasladadas en dos jeeps al Arzobispado. En cada movilidad entraron “siete wawas”.

Ya en el lugar, ellas definieron la estrategia para ingresar. “Entonces —les digo a las tres compañeras—, toco, van a abrir, y voy a poner mi pie, mi mano y ustedes entran. Los chiquitos atrás, primero los grandes…”.

DIABLO. “Subimos al tercer piso (…) Y nos hemos sentado en el suelo, cansadas: ‘Ya estamos en huelga’. Ha venido el padre (Jorge) Manrique y, ¡uuh!, su sermón también: ‘¡Cómo, hijas del diablo parecen! ¡Cómo van a sacrificar a estos niños!’”.

“Igual están muriendo en Llallagua de hambre, no tenemos qué comer —le decimos, en coro—. Se fue furioso. Y de esa forma entramos en huelga las cuatro mujeres. Además, ya teníamos nuestros planteamientos (…)”.

Al día siguiente, el padre Manrique trajo chocolate con leche. “¡Qué le pasa! ¡Estamos en huelga! (…) Con la puerta le hemos cerrado. ¡Llorando se ha ido! Luego, agüita nos daba”. Más tarde, expusimos nuestras demandas y “pedimos prensa”, contó Aurora.

VICTORIA. La medida comenzó el miércoles 28 de diciembre de 1977. El matutino católico Presencia, a solicitud de Lobatón, informó, en una pequeña nota, que el ayuno “inició a las 18 horas en el Arzobispado (…) con más de una decena de niños de 4 a 12 años, hijos de encarcelados, exiliados y perseguidos”.

Posteriormente, la huelga de hambre, como en efecto dominó, se extendió por todo el país.

A raíz de esa acción, el 17 de enero de 1978, hace 44 años, Banzer decretó la “amnistía irrestricta y general”.

(*)Miguel Pinto P. es periodista

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Lora, artífice del sóviet del 71

Reseña del libro ‘Guillermo Lora, el último bolchevique’, de Ricardo Zelaya. Un tema recurrente: la Asamblea Popular.

/ 5 de diciembre de 2021 / 20:36

SALA DE PRENSA

El libro Guillermo Lora, el último bolchevique, del periodista Ricardo Zelaya, narró, en 20 entrevistas y dos ensayos, la existencia de un hombre que entregó toda su vida por la revolución anticapitalista. Lora fue odiado y amado por muchos. Quizá por ello esta obra desató, una vez más, pasiones entre periodistas de medios escritos y digitales, quienes dieron un tratamiento ligero al tema.

Algunos aprovecharon el texto para justificar sus posiciones antigubernamentales. Otros lo usaron para etiquetar a periodistas que presuntamente militaron y simpatizaron con el Partido Obrero Revolucionario (POR). Incluso un comentarista, al final, tuvo que disculparse y “rectificar” públicamente sus opiniones a priori. Todo eso demostró la fragilidad con la que se encaró la obra inspirada en el también ideólogo de la “revolución permanente” en Bolivia.

Datos. Más allá de esas estériles apreciaciones, la publicación de Zelaya incluyó significativos sucesos que pueden y deben ser ampliados con información de hemeroteca y documentos de archivos.

Entre sus 444 páginas, por ejemplo, reveló el sospechoso accionar del exlíder de la Central Obrera Boliviana (COB) Juan Lechín en varios procesos revolucionarios y sus posibles vínculos con agencias de inteligencia, hechos descritos igualmente por el periodista Andrés Soliz Rada.

Además, presentó datos sobre la redacción de la Tesis de Pulacayo (1946); las masacres de Catavi (1942) y Sora Sora (1964); la ausencia de Guillermo Lora en la revolución de 1952 y la creación de la COB; la red de células poristas en la mina Siglo XX; las detenciones, torturas y confinamientos de luchadores de izquierda; los asesinatos, comandados por el capitán Zacarías Plaza, de César Lora (1965) e Isaac Camacho (1967); la huelga de hambre que derrocó al dictador Hugo Banzer (1978); las jornadas de marzo de 1985, y otros hechos históricos.

Asamblea.Un tema de indagación recurrente, en 15 de las 20 entrevistas del libro, fue la sangrienta derrota de la Asamblea Popular, en 1971. Varias de las fuentes primarias coincidieron en que la organización del también denominado “sóviet boliviano” comenzó tras la victoria de la huelga general decretada por la COB, que permitió el ascenso al poder de Juan José Torres, el 7 de octubre de 1970.

El POR, en esa coyuntura, era un grupo “pequeñísimo” pero con gran influencia ideológica. “No había mucha militancia, pero sí dirigentes mineros (…)”.

En la Asamblea, el universitario Víctor Sosa era buen orador, pero “no tenía mucho chance por ser de clase media”. Jorge Lazarte era un buen cuadro, pero “muy oportunista”. Quien más participó e “influyó” en la Asamblea fue Filemón Escobar. “Guillermo (Lora) casi no habló”.

Mineros. “En esa época escuchábamos a Filemón con respeto; para nosotros el obrero de Siglo XX era una enciclopedia, porque no te imaginas cómo eran esos mineros (…) no como los de ahora: tenían una lucidez, una forma de hablar y discutir, mejor a la de un catedrático. Cualquiera de esos obreros era maravilloso. Bastaba que dijeran que eran de Siglo XX y todos retrocedían. Sabían que estaban frente al jefe, que iba a decidir las cosas. Y ahí estaba Filemón y él aprovechó muy bien esa situación”, recordó una de las entrevistadas.

Las principales células poristas estaban concentradas en la Universidad Mayor de San Andrés y Siglo XX.

Durante la Asamblea Popular, las reuniones del POR se realizaban en una casa de la avenida Montes, propiedad de Beatriz Pérez. Ella, quien fue pareja de Lora durante casi tres décadas, contó: “Guillermo ahí hablaba. No había militancia organizada (…) se reunía gente que a la larga no le reportó mucho al partido. Además, no había tiempo, se vinieron muy rápido los acontecimientos”.

Ideólogo. Todos los entrevistados, sin excepción, coincidieron en que Lora —quien entró a la Asamblea como delegado de los artistas y pintores, junto a Alandia Pantoja— “ingresaba a las reuniones pequeñas y ahí manejaba todo”. Era el “artífice”, “teórico”, “redactor” de documentos y “organizador” de la Asamblea. Él estaba tras bambalinas.

Entre los mineros, además de Escobar, asistieron al cónclave obrero Cirilo Jiménez, Dionisio Coca, Arsenio Álvarez y otros.

Según testimonios, el momento de constitución del sóviet boliviano fue “extraordinario”: “El pensamiento del POR y el de la gente eran una sola cosa”. “Era un escenario radical”. “Estábamos en el hervor de esa sociedad que está queriendo nacer y que está queriendo morir. Ahí estás dispuesto a dar tu vida”. Pero vino el golpe y “desmoralizó y desubicó a todos”.

Armas. En ese marco, cuando se precipitó el golpe de Estado banzerista, el 21 de agosto de 1971, varios militantes poristas fueron a atacar a los marines, a una casa en Sopocachi, porque allí había armas. Pero un grupo de paramilitares los esperó y los ejecutó.

Lora fue con otros militantes a asaltar “La Victoria” —una tienda en la calle Socabaya, donde vendían conservas finas—, pues ahí tenían armas de caza. “Guillermo estuvo en la refriega y peleó con una escopeta que se llevó de ahí”.

El texto, además, incluyó contraparte. Filemón Escobar, acusado de “foquista” (seguidor del foco guerrillero), contó su versión de la fallida entrega de armas de Cuba a Bolivia.

Viborita. En la entrevista, Escobar advirtió a Zelaya: “Así vas a escribir, mierda, lo que estás grabando” y relató: “Yo fui a Cuba, cuando (gobernaba) Torres, y eso sabía Guillermo. Negociamos la entrada de armas”. “(…) Él me dio indicaciones de cómo entrar a las pistas de las minas (…) en aviones carniceros. A Fidel (Castro) le entregué eso y aceptó mandarnos armas. ‘Operación viborita voladora’ se llamó eso”.

Todo ese plan secreto fue frustrado por el cuartelazo de Banzer, el 21 de agosto de 1971.

Zelaya, en “Aporte de Guillermo Lora y el trotskismo a la comprensión de la formación social boliviana”, concluyó que “la Asamblea —inaugurada el 1 de mayo del 71 y truncada menos de cuatro meses después por un golpe militar preventivo enmarcado en la Operación Cóndor de matriz continental— no fue tan solo una circunstancia histórica excepcional, sino el desenlace y validación práctica de un amplísimo trabajo político y programático previo desarrollado durante más de un cuarto de siglo por Lora y el POR”.

(*)Miguel Pinto P. es periodista

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La rebelión de los Youtubers

Youtubers: Lo que preocupa a la prensa tradicional es dejar el poder de manipular, polarizar y marcar la agenda.

/ 7 de noviembre de 2021 / 18:51

SALA DE PRENSA

Hace poco se suscitó una rebelión digital. No fue la primera, pero sí una de las más mediáticas. El epicentro estuvo en España y, en segundos, se irradió a escala global. En Bolivia, muy pocos se enteraron del fenómeno social y virtual, que puso en jaque al periodismo tradicional. El investigador Santiago Alba, en 2012, planteó que aún no se sabe qué son exactamente las nuevas tecnologías ni qué nuevamente están engendrando. No sabemos si internet es una técnica como la escritura, una herramienta como la imprenta, un nuevo continente como América o un órgano como nuestro riñón derecho. Probablemente es todo eso al mismo tiempo.

“Lo que sí podemos decir es que nos introduce —nos está introduciendo ya— en una condición posletrada; en una condición en la que lo decisivo, como nuevo marco de percepción, no es ya la letra pública ni, como a menudo se cree, el ‘dígito’ oculto, sino ‘la pantalla’”.

Jibarización. Esa realidad, hoy, no ha cambiado. Es más: se ha extendido. La pandemia ha generalizado y potenciado el poder de la pantalla digital. “Al igual que el invento del reloj de bolsillo supuso una revolución y una nueva forma de interpretar el mundo de un modo matemáticamente mensurable, las ‘tecnologías intelectuales’ como internet hoy ejercen el poder más grande y duradero sobre qué y cómo pensamos”, añadió el investigador Nicolás Carr.

Sin embargo, esa tendencia, de acuerdo al periodista Pascual Serrano, impone en los usuarios un modo de obrar, pensar y sentir “superficial” y “jibarizado (reducido)”.

Actualmente, la tecnología, el Internet, las plataformas, las redes sociales, los teléfonos inteligentes, la saturación informativa, la obsesión por la inmediatez y el culto a la imagen han impuesto ese modelo. Y el campo periodístico no se ha salvado de esa “invasión” física y mental.

Conflicto. En ese contexto, en abril de este año sucedió un evento sui géneris. El periodismo tradicional se enfrentó a una envalentonada ola de youtubers (creadores de contenidos de YouTube) y streamers (personas que transmiten en directo a través de Twitch, una plataforma de videojuegos).

El periodista deportivo argentino Gustavo López, respaldado por varios cronistas profesionales, en la emisora La Red, desacreditó al streamer español Ibai Llanos (de 26 años) por entrevistar a futbolistas de élite como Gerard Piqué, Sergio Agüero, Paulo Dybala, entre otros. Él, por su parte, no se amilanó y respondió a las críticas.

A su vez, como abejas que defienden su colmena, decenas de youtubers y streamers lo respaldaron, cuestionaron a López y, en el fondo, pusieron en tela de juicio al periodismo ortodoxo.

Casposos. Rubén Martín, Samu Galicia, Rubén Domínguez (Elxokas), Martín Pérez (Coscu), Daniela Viaggiamari (Dani la Chepi), Nicolás Ávila (El Cachondo) y otros calificaron a los cazanoticias deportivos en cuestión como “anticuados”, “dinosaurios” y “casposos (con ideas rancias)”. Raúl Álvarez (Auron- Play), Rubén Doblas (El Rubius) y Luis Villar (Luisito comunica), entre otros streamers, se solidarizaron con sus colegas.

Por si todo eso fuera poco, el 18 de junio, Llanos, junto con la empresa Kosmos de Piqué, compró los derechos de la Copa América para transmitirla gratis por Twich. El relato del partido Argentina-Bolivia por youtubers argentinos tensionó más la pugna. Varios streamers, Piqué y el exjugador Ronaldo Nazario comentaron, además, la final entre Brasil y Argentina.

El 11 de agosto, Llanos —que, según The Washington Post, tiene en su canal de YouTube 6,8 millones de seguidores; en Twitter, 5,4; en Instragram, 5,3, y una cifra parecida en Twitch— consiguió una entrevista con Lionel Messi, que fue transmitida también en directo.

Viral. Ese encuentro se viralizó en las redes sociales debido a su carácter espontáneo, cálido y humano. Frente a ello, la prensa deportiva internacional reaccionó. Algunos cronistas mostraron al streamer español como un desconocido; otros, como un improvisado, que saltó del mundo de los gamers (de los videojugadores) a la transmisión de partidos y a las entrevistas con estrellas de fútbol.

Llanos fue puesto en el ojo de la tormenta. Pero, otra vez, no estuvo solo. Un enjambre de youtubers y streamers lo defendieron. Nuevamente, el periodismo tradicional fue arrinconado.

Ante la tormenta de críticas y para no quedar desprestigiados, algunos profesionales de la prensa deportiva intentaron conciliar ideas. Matizaron sus cuestionamientos con el argumento de que sus formatos de información eran “controversiales”, de “entretenimiento” y “críticos”. Aseguraron que se los “malentendió” y que no estaban en contra de ellos.

Rebelión.Al final, varios periodistas deportivos se vieron obligados a retroceder y disculparse públicamente.

Por su parte, youtubers y streamers profundizaron su posición. Y de la crítica pasaron a la reflexión.

Aclararon que, en esencia, lo que le preocupa al periodismo tradicional es abandonar el poder de manipular, polarizar y marcar la agenda noticiosa. Con la particular entrevista a Messi se demostró que la prensa ha perdido la confianza de las fuentes y su “sentido por la vida”. El carácter “mercenario”, “violento”, “sensacionalista”, “especulador” y “farandulero” de algunos medios ha entrado, otra vez, en cuestión.

 (*)Miguel Pinto P. es periodista

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El temible Mallku de la insurrección

En septiembre de 2003 empezó la ‘guerra del gas’; Felipe Quispe fue protagonista en varios sentidos.

/ 26 de septiembre de 2021 / 18:17

DIBUJO LIBRE

A 500 años de la conquista española, en 1992, fue detenido, torturado y encarcelado por encabezar una guerrilla. En 2000, en La Paz y Oruro, timoneó un “levantamiento de indios”, que hirió de muerte al neoliberalismo. En septiembre y octubre de 2003 fue el engranaje de una insurrección victoriosa. El protagonista de esas gestas fue Felipe Quispe Huanca, “El Mallku” (El Cóndor).

Nació en Achacachi, La Paz (1942- 2021). En 1990 fundó el Ejército Guerrillero Túpac Katari (EGTK). De 1998 a 2006 fue secretario ejecutivo de la Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia (CSUTCB).

Entre abril de 2000 y octubre de 2003 dirigió varias revueltas campesinas que coadyuvaron a la caída del presidente Gonzalo Sánchez de Lozada (“Goni”).

PRESO. El primer día que visitó la cárcel, mi hijo Phily me dijo: “¿Papá, qué haces aquí? ¡Vamos ya a la casa, recoge tus cosas…!”, recordó “El Mallku” en el libro Mi captura, para luego explicar que el niño solo tenía tres años, “inocente de las leyes del sistema imperante”.

Esa detención no lo quebró. En las reuniones, con cierta ironía, él decía que “la cárcel, en realidad, era una escuela de revolucionarios”. Ahí se formó como historiador.

Afirmó que nunca quiso ser un hombre importante: “Sentía un dolor profundo por la discriminación social (…) Es por ello que Amalia Pando en una conferencia de prensa me preguntó: ‘¿Por qué escogió el camino del terrorismo?’ Mi respuesta fue simple: ‘Porque no quiero que mi hija sea su sirvienta y ni que mi hijo sea su cargador (…)’”.

Desde otra óptica, el entonces agente de inteligencia de la Policía, Germán Linares, en Historia secreta del terrorismo, sostuvo que la posición de “El Mallku” estaba “cargada de resentimientos”: por sus “antecedentes delictivos se colige que lo que buscaba era ‘agudizar las contradicciones’ y convertir al país en un campo de batalla”.

ENEMIGOS. Con indomable espíritu, Quispe desató una “guerra sin cuartel” contra el Movimiento de la Izquierda Revolucionaria (MIR) de Jaime Paz, el Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR) de Sánchez de Lozada, la Unión Cívica Solidaridad (UCS) de la familia Fernández, Acción Democrática Nacionalista (ADN) de Hugo Banzer, el Movimiento Bolivia Libre (MBL) de Juan del Granado, la Nueva Fuerza Republicana (NFR) de Manfred Reyes Villa y el Movimiento Revolucionario Túpac Katari de Liberación (MRTKL) de Víctor Hugo Cárdenas.

En ese marco, en abril de 2000 el líder indígena prendió la mecha de la insurrección. Con la CSUTCB en pie de combate, acompañó con un bloqueo de carreteras la “guerra del agua” en Cochabamba y el “levantamiento policial”.

El temible “Mallku” organizó desde abajo todo un dispositivo de sublevación, que tuvo su cúspide en septiembre y octubre de 2003.

GAS. El 4 de septiembre de 2003, el matutino La Prensa informó que Sánchez de Lozada y el presidente Vicente Fox iban a firmar, el día 8, en México, “un acuerdo preliminar para la compraventa de gas con respaldo de Pacific LNG y Sempra Energy, compañías interesadas en concretar la exportación de gas a California”. El gasoducto pasaría por Chile hacia Estados Unidos.

Además, el gobierno lanzó un reglamento de “Sanciones a motines y huelgas policiales” y creó una Central Obrera Boliviana (COB) paralela a la encabezada por Jaime Solares. Con ello, pretendió alejar “el fantasma de febrero negro”.

El 6, Goni y el Fondo Monetario Internacional (FMI) definieron “eliminar el subsidio del gas licuado”: La garrafa de gas subvencionada de Bs 21 se elevaría a 30.

CERCO. Ante esos anuncios, dos días después varios sectores sociales de La Paz y El Alto protestaron.

El 10 de septiembre, más de dos mil líderes comunitarios se declararon en huelga de hambre en Radio San Gabriel, en El Alto. La CSUTCB, dirigida por “El Mallku”, lideró esa medida. Cinco fueron sus reivindicaciones: “La anulación a la Ley de Seguridad Ciudadana que prohibió los bloqueos; la no exportación de gas por puerto chileno; el rechazo a la incorporación de Bolivia al Acuerdo de Libre Comercio de las Américas (ALCA); la construcción de carreteras en el altiplano; y, la liberación del dirigente Edwin Huampo”.

En La Prensa, Quispe anunció cerco a la ciudad de La Paz y una posible “guerra civil”. Al día siguiente, Goni ordenó a las Fuerzas Armadas “imponer orden en el país”. El 12, se desplazaron policías y militares en las carreteras.

BLOQUEO. La primera escaramuza por el gas se desarrolló el 15 de septiembre. Según La Razón, el bloqueo de los colonizadores en el norte de La Paz y el paro cívico en El Alto dieron inicio a la “guerra del gas”. El 18, ocho personas fueron procesadas, debido al destrozo de patrullas.

En esa difícil coyuntura, el FMI y el Banco Mundial (BM) sugirieron la exportación de gas para “aliviar el alto déficit fiscal”. El gobierno postergó la salida del gas por puertos chilenos, informó La Prensa.

De acuerdo a La Razón, el 18, los militares intentaron desbloquear las carreteras. Sin embargo, “El Mallku” reeditó el “Plan pulga”, que consistió en bloquear en la noche lo despejado en el día. Por otro parte, las tres centrales agrarias de Río Abajo, en apoyo, se rehusaron a enviar alimentos a la ciudad.

MASACRE. Tras descartar el estado de sitio, el 20, en rueda de prensa, el vocero de la Presidencia, Mauricio Antezana, señaló que “la caravana de turistas, que venían de Sorata custodiados por policías y militares, había sufrido una ‘emboscada’ que ‘obligó’ a las fuerzas del orden a actuar”. El gobierno anunció “acciones legales” contra los autores. Quispe estaba en la lista negra.

En realidad lo que ocurrió ese día fue que el ministro de Defensa, Carlos Sánchez Berzaín, dirigió un convoy de militares que se abrió paso a sangre y fuego. Según La Prensa, la jornada concluyó con seis muertos y 13 heridos a bala. Hoy, la masacre sigue en la impunidad.

Ante esos hechos, el 22, la COB, el Estado Mayor del Pueblo, los cocaleros y otras organizaciones sociales conformaron, en Cochabamba, una Dirección Nacional Única. “La primera demanda fue la renuncia del Presidente”, informó el dirigente de la COB Jaime Solares.

Así, la CSUTCB dirigida por “El Mallku” gatilló el conflicto que tumbó a Sánchez de Lozada, en octubre.

 (*) Miguel Pinto P. es periodista

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