Voces

Friday 19 Aug 2022 | Actualizado a 16:25 PM

No más violencia

/ 26 de noviembre de 2019 / 00:10

Ayer el mundo recordó el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, fecha designada en homenaje a las hermanas Mirabal, asesinadas por la dictadura de Rafael Trujillo, en la República Dominicana, en 1960. Desde entonces hasta hoy muchas cosas han cambiado en el mundo, pero una parece ser resistente a cualquier transformación, la violencia contra las mujeres. 

Bolivia es un gran ejemplo de ello. Mientras dos mujeres ocupan los más altos puestos del Estado, en las calles y hogares son también mujeres las que reciben la peor parte de la violencia naturalizada dentro de las familias. La ley promulgada en 2013 para cambiar esta situación no ha mostrado resultados, y es por ahora dudoso que forme parte de las políticas de Estado que se implementan o ejecutan en el marco del gobierno de transición.

Según la Organización de Naciones Unidas (ONU), en cuya Asamblea General se acordó conmemorar esta fecha desde 1993, “la violencia contra mujeres y niñas es una de las violaciones de los derechos humanos más extendidas, persistentes y devastadoras del mundo actual”. Añadiendo como agravante el hecho de que se trata de un asunto sobre el que “apenas se informa, debido a la impunidad de la cual disfrutan los perpetradores; y el silencio, la estigmatización y la vergüenza que sufren las víctimas”.

Las cifras son elocuentes: en lo que va del año casi un centenar de mujeres perdieron la vida a manos de otras personas solo por su sexo. En 2018 al menos 3.500 mujeres sufrieron el mismo destino en el resto del continente, y Bolivia ocupó un penoso lugar entre los cinco países con más violencia hacia las féminas.

Y si este dato no fuera suficiente, están los muchos y muy variados discursos que explican, cuando no justifican, todas las manifestaciones de violencia contra las mujeres; los cuales se constituyen además en otra forma de violencia, tal vez la más perversa, pues su efecto no se observa en los cuerpos, sino en las mentes, donde se legitiman y se convierten en actitud y comportamiento.

Precisamente por ello la ONU ha lanzado la campaña “Únete”, que desde ayer y hasta el martes 10 de diciembre, Día Internacional de los Derechos Humanos, promoverá el activismo en favor de las acciones en contra de toda manifestación de violencia hacia las mujeres, en el entendido de que si no se resuelven las causas de la desigualdad que afecta a la mitad de la humanidad, será prácticamente imposible satisfacer los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

Hay mucho que hacer a fin de combatir exitosamente todas las formas de violencia contra las mujeres, comenzando por desarrollar una actitud vigilante e intolerante con las manifestaciones de odio y desprecio hacia ellas, sin importar sus condiciones socioeconómicas, étnicas, culturales e, incluso, ideológicas. Como periodistas, en La Razón asumimos esta tarea como parte de nuestra responsabilidad.

Comparte y opina:

Hijos competitivos

Columnista de The New York Times.

/ 19 de agosto de 2022 / 01:45

Mi cliché de mamá más repetido es “No todo es una competencia”. Lo digo al menos una vez al día, cuando mis hijas hacen algo como jugar carreritas en la acera, empujándose entre sí. Mi esposo prefiere la expresión más poética: “La comparación es el ladrón de la alegría”.

Mis dos hijas hacen caso omiso de esas advertencias. Mi hija mayor contesta: “Todo es una competencia”. Suele aturdirme con preguntas y observaciones que me hacen ver que la competencia la motiva a nivel personal y que tiene sus propias ideas sobre su valor intrínseco. Que nuestras máximas filosóficas no causen ningún efecto en mis hijas me hace querer buscar un poco de perspectiva. Primero, para ver cómo los impulsos competitivos se forman en los niños y luego para preguntarme: cuando repito aquella frase, ¿qué es lo que realmente busco enseñarles?

Hay una rama de la psicología llamada psicología evolutiva del desarrollo que surge del trabajo de Charles Darwin y, según esa rama, explica Sally Hunter, profesora clínica asociada de Estudios sobre la Infancia y la Familia en la Universidad de Tennessee, Knoxville, la competitividad podría tener orígenes evolutivos. En el pasado, en situaciones de escasez de recursos, los hermanos competían por mantenerse con vida, “compitiendo con hostilidad por la supervivencia”, como dice Hunter. Esto hace eco de algo que he mencionado con anterioridad, que, de acuerdo con investigaciones históricas, “hace cientos de años, cuando la mortalidad infantil era mucho más alta, los niños menores de cinco años con hermanos de edad cercana tenían muchas más probabilidades de morir”.

Ahora, mis hijas no compiten entre sí en una lucha de suma cero por la supervivencia, aunque mi hija menor, de seis años, parece ser más competitiva cada mes que pasa. Tal vez sea una cuestión de crecimiento. Al igual que ocurre con muchos rasgos, es muy difícil determinar qué tanto de la competitividad es de naturaleza y qué tanto de crianza; la literatura, por lo que he podido evaluar, es muy variada. En particular, cuando se trata de la competencia académica entre los niños, “este campo de investigación es realmente difícil, porque no hay experimentos naturales”, afirmó Hilary Levey Friedman, profesora adjunta de Educación en la Universidad de Brown.

Pero, según Friedman, los niños son perceptivos y, para cuando llegan a primaria, “son muy buenos para discernir quién es el más rápido, quién es el más listo, quién es el mejor cantante”, ya sea que se les recompense o no por esas competencias con calificaciones o premios.

Esto me parece obvio —y ya lo es para mi hija mayor—, lo que me lleva a preguntarme por qué me opongo a su competitividad. Después de meditarlo, llegué a la conclusión de que suelo decirles a mis hijas que las cosas no son una competencia porque tienen una actitud odiosa y eso parece ser la clave. Quiero que mis hijas sean las mejores en cualquier cosa que les interese, pero no quiero que sean, bueno, unas pesadas al respecto. Quiero que logren sus objetivos, pero no quiero que tengan la noción de que la manera de hacerlo es aplastando a los demás en su camino a la cima.

Así que le marqué a Melinda Wenner Moyer, una colaboradora frecuente de The New York Times y la autora de un libro sobre estrategias de crianza con un título sardónico, porque ese parecía ser mi objetivo final: animar a mis hijas a competir de forma sana y constructiva. Ella estaba de acuerdo con Friedman, que decía que el hecho de que los niños quieran competir y ganar no es algo necesariamente malo; solo tiene sus bemoles cuando no saben soportar la derrota.

Moyer puso el ejemplo de un niño que pierde una carrera: “Si pierdo esta carrera, ¿significa que no soy rápido? ¿Es una amenaza para mi reputación o mi identidad?”. Si los niños empiezan a sentirse así, es posible que les resulte intolerable perder y que estallen cuando suceda. Moyer dice que una forma de contrarrestar esto es replantear el perder como algo valioso, porque pueden enseñarnos hacia dónde dirigir nuestra energía para mejorar. También es buena idea animar a los hijos a que sientan empatía por sus oponentes y a que tengan deportividad.

Como mis hijas ya son inmunes a mis cantaletas de sabiduría convencional, me imagino que, aunque no les diga una y otra vez que se porten bien, si optan por ser malas perdedoras, a la larga la justicia del recreo prevalecerá y esa justicia sigue siendo la misma que en mi época: los otros niños no van a querer jugar con ellas. Que mi hija vaya a creer realmente que todo es una competencia es algo que tendrá que averiguar por sí misma y sospecho que será un proyecto para toda la vida.

Jessica Grose es columnista de The New York Times.

Comparte y opina:

Censo: ¿Si miramos más allá del recuento?

/ 19 de agosto de 2022 / 01:40

Como es de conocimiento de la opinión pública, en los últimos meses, el Censo de Población y Vivienda de Bolivia se ha convertido en un motivo para generar conflictos a partir de puntos de vista polémicos y contradictorios. Es más, con implícito cálculo político de sectores opositores se dice que es tiempo de realizar un recuento para contar con información de cuántos habitantes existen por unidades territoriales para que la distribución de ingresos sea justa, es decir, responda al número de habitantes. Es cierto, tradicionalmente los censos de población y vivienda tienen esas características y propósitos, además que contribuyen a generar información sobre la magnitud, estructura, crecimiento y distribución de la población, y de sus características económicas, sociales y demográficas para elaborar futuros planes de desarrollo.

Sin embargo, los tiempos actuales y el debate traen otras cuestiones de gran importancia que no se dicen o no se quieren mirar. Por ejemplo, no se debate y considera que, en las últimas décadas, la manera de recopilar información ha registrado un cambio en el modelo censal. Los censos realizados por el método tradicional como los que efectuamos hasta el presente se han ido sustituyendo progresivamente por modelos basados en información administrativa o, al menos, en formas mixtas de recopilación de información. En estos tiempos, muchos países han optado por otras modalidades de recopilar información —diferentes a los censos tradicionales— para ser más eficientes, reducir costos, disminuir las múltiples tareas por realizar, aprovechar los medios tecnológicos y contar con información procesada frecuente y rápida. Con esas perspectivas, es conveniente iniciar la discusión para generar otras propuestas que recopilen información sobre la situación de la población.

Por otra parte, más allá de esperar resultados para expresar demandas que vinculen el número de habitantes de un determinado territorio con la distribución de recursos y escaños, bajo supuesto que el mayor objetivo es el bienestar del conjunto de la población, habrá que plantearse —desde ahora y para evitar futuros problemas— una serie de interrogantes que merecen análisis y respuestas.

Entre otros asuntos de relevancia, habrá que preguntarse y revisar en detalle y a profundidad las características y tendencias de las migraciones, principalmente las internas. Es decir, de los traslados de la población de departamento a departamento, de municipio a municipio, convirtiendo a unos en “expulsores” y a otros en “receptores” de población. Está claro que en Bolivia, cada vez más, existen poblaciones que no solo están quedando con un menor número de habitantes, además de una población compuesta con una mayoría de adultos mayores. Si es así, pensando en el desarrollo del país y el bienestar del conjunto de las y los bolivianos, ¿es conveniente este crecimiento desigual de la población?, ¿seguiremos insistiendo en concentrar la población en las ciudades capitales y en el eje tradicional del país? Pensando, por ejemplo, en el cuidado del medio ambiente, el equilibrio campo-ciudad, la provisión de alimentos, la preservación de nuestra identidad cultural, entre otros, ¿será conveniente fomentar la concentración de la población en las grandes ciudades e incentivar que los habitantes de áreas rurales se reduzcan?, ¿en qué situación quedarán las ciudades intermedias?, ¿conviene seguir fomentando que las poblaciones con condiciones de vida se incrementen mientras que quienes tienen múltiples carencias se incrementen?, ¿ayudarán estas medidas a la resolución de la dicotomía centro-periferia? Con el Censo, ¿se castigará a las poblaciones que disminuyen en población y se premiará a las que tienen un mayor número de habitantes?

Al final de cuentas, tras el Censo está la confrontación de distintas maneras de construir desarrollo y distribuir recursos y otros derechos. En la perspectiva de construir un Estado que reconoce la diversidad y construye equidad, es necesario discutir otras formas de distribución de recursos, como considerar a la vez objetivos y metas estratégicas, capacidades instaladas, por tanto, carencias y distribución de recursos. En otras palabras, no es posible mirar por separado el desarrollo de cada unidad territorial.

Hay mucho que decir, el tiempo lo dirá, nos interesa el conjunto de la población o cierta población que quiere detentar sus privilegios por sobre los demás.

Noel Aguirre Ledezma es educador popular y pedagogo. Fue ministro de Planificación del Desarrollo y viceministro de Educación Alternativa y Especial.

Comparte y opina:

La educación escolar, un futuro seguro

/ 19 de agosto de 2022 / 01:37

Después del impacto que tuvo la pandemia en los últimos años, la Unesco recomendó al planeta la necesidad de crear y proyectar propuestas innovadoras para la educación escolar (internet). Una realidad que exige el acercarla a los nuevos tiempos a través de transformaciones que representen llevar al futuro a la educación escolar.

Para ello, se hace necesaria la realización de importantes transformaciones, por ejemplo en la educación inicial, donde el juego —fuente de desarrollo cognitivo— sea explotado para el crecimiento de las habilidades y el razonamiento. Un principio vital para esos niños, que utilizan esas habilidades para entender y organizar su mundo.

También es preciso un método que tenga como elemento fundamental el desarrollo de la imaginación, lo que exige la creación de programas educacionales que lleven al futuro a la educación escolar.

Lo interesante es que hoy ya existen las condiciones para el apoyo creativo, el cual debiera incluir sin duda a lo informacional como parte del desarrollo de la imaginación, motivado por lo recreativo a través del juego.

Así pues, una primera meta sería la evolución del esparcimiento a través de la informatización del juego infantil. Un método que podría plasmarse mediante el uso de sistemas versátiles orientados a la educación. Un universo sin límites que lleva a los niños a trabajar, crear y obviamente a aprender. Y lo mejor son útiles para innovar.

Nos referimos a lo digital, cuya incorporación aún no es oficial en los programas de educación escolar, sin embargo ya nacieron voces sobre la urgencia de llevar adelante propuestas innovadoras en la educación en general.

Indudablemente, hoy los niños se encuentran inmersos en el mundo tecnológico y virtual gracias a los padres de familia, que incentivaron en ellos el uso de aparatos como los celulares y las tablets, los cuales pueden acoger una infinidad de juegos infantiles. De ese modo, el manejo y acceso a lo digital para muchos pequeños se ha hecho algo normal y rutinario en la última década. Empero, esos juegos enlatados terminan por crearles cansancio y dependencia, lo que hace necesario introducir nuevos métodos de enseñanza que colaboren a aprender creando.

Hace falta pues construir programas educacionales basados en el uso del juego digital como medio para la práctica del pensamiento reflexivo, algo fundamental en esta época para la extensión del conocimiento.

Es innegable que hoy el esparcimiento se halla vinculado con el descubrimiento y que el tema de la cognición aún no alcanzó la revolución intelectual de la niñez, traducida en pensadores flexibles, capaces de enfrentar los nuevos retos de la educación.

Con todo, seguiremos insistiendo en que la educación debe evolucionar acorde a los tiempos, vale decir que haga énfasis en la necesidad que tienen los niños de jugar aprendiendo, lo que hace inexcusable el hecho de continuar estudiando y proponiendo nuevos métodos de desarrollo creativo, concebidos con una mirada al presente, y su proyección al futuro.

Por todo ello, parece significativo que se incorporen nuevos sistemas para la extensión del conocimiento, útiles para fortalecer a la educación.

Por su carácter transversal, se debe reconocer que “la educación nunca dejará de ser el tema más determinante para proyectar sólidamente el futuro de un país”. Una frase que implica transformaciones sustanciales que son responsabilidad de toda nación.

Patricia Vargas es arquitecta.

Comparte y opina:

El mejor regalo en estas fiestas patrias

/ 19 de agosto de 2022 / 01:30

Es el mes aniversario de nuestra amada Bolivia y quiero comenzar rindiéndole homenaje. La construcción de un Estado soberano y unitario requiere profundizar la democracia, la cohesión social, la no discriminación al prójimo, el respeto a la opinión disidente y generar condiciones para la estabilidad económica, política y social.

Sin duda hemos evolucionado mucho como sociedad en estas dimensiones, pero aún queda mucho camino por recorrer. La consolidación de un Estado es una tarea de todos y no solo de los diferentes niveles de gobierno. Dicho esto, me concentraré en la importancia del modelo económico para cimentar las bases de un Estado sólido.

Los modelos económicos que se implementaron en Bolivia a lo largo de su historia republicana para explotar sus riquezas fueron idealizados y copiados desde el exterior. El modelo neoliberal fue el último y la expresión más extrema de esta forma de administración estatal.

El modelo neoliberal es el punto de partida epistemológico para entender el cambio de paradigma en la política económica boliviana porque los objetivos macroeconómicos que pregonaron sus reformas no se cumplieron, sino que por el contrario campeó la pobreza, la desigualdad y la escasa oferta de bienes públicos. El descontento generalizado de la población derivó en una aguda crisis social, que aniquiló el modelo de mercado.

Fue así que surgió la necesidad de un golpe de timón en la conducción económica del país. Estas demandas sociales fueron recogidas por los economistas Luis Alberto Arce Catacora y Carlos Villegas Quiroga, ambos docentes de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA), quienes las tradujeron en objetivos de política económica. Así nació el Modelo Económico Social Comunitario Productivo (MESCP) como la antítesis del modelo neoliberal y como respuesta a la crisis económica, social y política que dejaron los gobiernos que abanderaron el neoliberalismo.

Han pasado más de 15 años desde que Bolivia cambió su modelo económico dejando de ser un Estado servil al capitalismo internacional y a los intereses de los organismos foráneos, a otro con soberanía en la definición de sus propias políticas económicas y un rol más activo del Estado.

Hoy se habla de Bolivia en el concierto internacional como un referente de estabilidad económica y de crecimiento sostenido, que ha llevado a ser catalogado como un socialismo exitoso en pleno siglo XXI y una especie de milagro económico en la región: The New York Times (25/02/14), BBC (25/10/17), DW (12/07/19), Forbes (14/01/19), Washington Post (14/01/19), RFI (19/10/18), incluso en medio de la pandemia BBC (05/05/22).

¿Cuáles fueron las claves del éxito boliviano? Sin duda, la implementación de un modelo propio y acorde a las necesidades del país. El MESCP tiene su mérito: 1) por elaborar una solvente fundamentación teórica y a la vez por su sencillez demostrativa de sus postulados; 2) por la comprensión perfecta de la realidad socioeconómica boliviana gracias a ser un modelo elaborado e implementado por economistas nacionales, prescindiendo de recomendaciones externas; y 3) por el manejo macroeconómico responsable que fue consecuencia de la buena administración pública. El mérito del modelo económico no solo quedó en el plano de la concepción teórica y formal, sino que fue más allá, a la implementación práctica y empírica de sus proposiciones.

Este es un prolegómeno a las ideas centrales del MESCP que se encuentran dentro mi libro La política fiscal en Bolivia. Lecciones y desafíos del Modelo Económico Social Comunitario Productivo, que se presentó el 17 de agosto en el paraninfo del monoblock de la UMSA y cuyo contenido iré difundiendo en mis siguientes entregas.

Para finalizar, me atrevo a afirmar que el mejor regalo en estas fiestas patrias para los bolivianos es la estabilidad económica que goza el país.

Omar Velasco Portillo es economista.

Comparte y opina:

El fascismo en Israel y su lema en la campaña

/ 18 de agosto de 2022 / 01:50

El creciente “fascismo israelí” no solo está presente en la formación gobernante sino que se ha convertido en un componente predominante en el conjunto de entidades del país. El neofascismo ha crecido de forma rápida y su discurso sobre la limpieza étnica ha calado y goza de un predominio absoluto en la conciencia del estado de la entidad racista. Los medios israelíes están trabajando de manera sistemática y deliberada para resaltar la imagen de la ocupación israelí, han cambiado su estilo mediático al servicio de su nueva estrategia, presentando una imagen engañosa al mundo donde Israel es la víctima y el pueblo palestino es el criminal. Todo ello se encuentra en sintonía con el propósito de derrocar al Gobierno palestino con el fin de trabajar para conseguir anexarse a Cisjordania.

Cualquier observador de las guerras anteriores lanzadas por la ocupación israelí en los territorios palestinos puede ver que Israel lanza siempre sus guerras y sus escaladas de agresión antes de las elecciones, utilizando el derramamiento de sangre palestina para aumentar el número de votos a su favor, con el pretexto de que buscan proteger a los israelíes de un agresor y así adornar su imagen como garante para mantener su posición. Bombardean las casas y sus residentes, matan a niños y jóvenes inocentes, roban tierras palestinas a plena luz del día, asaltan los lugares sagrados y, además, se muestran en el papel de víctima ante el mundo, consiguiendo revertir el apoyo de los principales países coloniales que han dedicado grandes áreas de sus medios de comunicación, especialmente los medios de comunicación que están en armonía con ellos, para dar cobertura a su falsa narrativa.

Los movimientos extremistas en la sociedad israelí levantan consignas y trabajan sobre la base de la muerte de los palestinos. Los partidos extremistas israelíes se apresuran a disputar las elecciones israelíes en el próximo noviembre, adoptando posiciones más extremas y hostiles hacia la comunidad palestina. Los partidos políticos de Israel compiten en apoyar a los movimientos extremistas, lo cual hace que sus campañas electorales pierdan valor político y estratégico, y las conviertan en una competencia hacia más decadencia, crimen organizado, racismo y apartheid.

El objetivo de todos los candidatos en Israel, que no se ha cambiado en muchos años, es el apaciguamiento de los colonos y los extremistas que ahora están formando un rebaño salvaje de matones. No encontrará en ningún programa electoral sionista ninguna idea de solución política para dar fin al conflicto, sino llamamientos al asesinato, destrucción, asentamientos y control absoluto a la población palestina y sus tierras.

Según datos oficiales de organismos de las Naciones Unidas, la reciente guerra en Gaza terminó con 49 muertos palestinos, incluidos 17 niños, el número de heridos llegó a 360 personas, de las que 151 fueron niños; además, como resultado del bombardeo israelí resultaron dañadas 1.761 viviendas habitadas por 8.500 ciudadanos, algunos de los cuales se vieron obligados a abandonar sus hogares destruidos. Israel manifestó que había ganado su agresión contra Gaza y la consideró exitosa después de haber asesinado a 17 niños. Los resultados del extremismo dentro de la sociedad israelí y esta arrogancia empujan a todos a unir filas y trabajar para construir una paz justa y capaz de proteger al pueblo palestino y sus derechos nacionales.

Continuar con la práctica del terrorismo intelectual y del extremismo de los líderes de ocupación solo conducirá a más tensión en la zona, no socava al pueblo palestino y su firmeza porque éste se mantendrá firme en su tierra para hacer frente a todas las conspiraciones de liquidación y genocidio que pretendan acabar con sus derechos históricos, el principal de los cuales es su derecho a establecer un Estado palestino independiente, libre soberano y con su capital, Jerusalén Oriental.

No es posible permanecer en silencio sobre lo que está pasando en Palestina. La repetitiva invasión israelí de ciudades, aldeas y campamentos palestinos y la perpetuación de atroces masacres es una extensión de la política de intimidación de los colonos y soldados de ocupación cuyo objetivo es reprimir y doblegar la voluntad del pueblo palestino para lograr ganancias electorales baratas a cambio de sangre palestina y para continuar con el robo de sus tierras, engañando a la comunidad internacional y a la opinión pública.

Mahmoud Elalwani es embajador del Estado de Palestina en Bolivia.

Comparte y opina:

Últimas Noticias