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Thursday 6 Oct 2022 | Actualizado a 06:31 AM

La gran impostura

Evo, fatuo mayúsculo, cayó prisionero de fariseos que fabricaban elefantes blancos para medrar del Estado.

/ 30 de noviembre de 2019 / 00:22

Fui testigo y actor de varias caídas abruptas: la de Víctor Paz Estenssoro (1964); la de Walter Guevara Arze y Alberto Natusch Busch (1979); y la de Alfredo Ovando Candia (1970), cuando, como su ministro de Informaciones, me correspondió leer a la nación su carta de renuncia. Y cómo olvidar el golpe contra Lydia Gueiler, ese fatídico 18 de julio de 1980. Ocasión en que, siendo ministro de Educación, quedé atrapado en el Palacio Quemado, hasta el momento en el que paramilitares se la llevaron, pistola en mano, obligándola a dimitir.

Pero, por analogía, ninguna defenestración tuvo tan poca gallardía como el confuso episodio que acaba de protagonizar Evo Morales. Quien, luego de casi 14 años de lujurioso goce del poder, balbuceó como testamento manidas frases de su letanía radical, antes de ocultarse en su bastión chapareño. Su escolta traductor-alfabetizador de sus ocurrencias, Álvaro García Linera, mojó, en mejor castellano, los micrófonos con una orgía de incongruencias, enumerando listas de realizaciones gubernamentales (reales o imaginarias), tratando de justificar los miles de millones de dólares dilapidados durante esa ilimitada ejecutoria.

Todo comenzó aquel 22 de enero de 2006 cuando el electorado, ingenuamente esperanzado, depositó su fe en aquel indiecito que soberbiamente desafió al sistema y lo venció, reivindicando la dignidad para su raza. Fue jornada que, en Tiwanaku, reflejó la entronización del inca resucitado. Ese histórico tránsito, de la sociedad republicana al Estado Plurinacional, inspiró mi libro De la Revolución a la descolonización (2006), en cuya cubierta aparecen retratos de los fautores de las tres etapas del itinerario: Simón Patiño, por el Estado minero-feudal; Víctor Paz, por la Revolución nacional; y —premonitoriamente— Evo Morales, el descolonizador. Familiar con los procesos de transición colonial en África y en Asia, pensé que el experimento sería significante. Sin embargo, pronto caí en cuenta que todo aquel andamiaje ideológico no pasaba de ser una simulación para ocultar apetitos bastardos de enriquecimiento ilícito, sin escrúpulo alguno para suscribir contratos millonarios sin licitación. Y hasta contactos con el crimen organizado, incluyendo el narcotráfico, cuyo proveedor de materia prima es la costra cocalera que fue privilegiada por Evo, su supremo protector.

La feliz circunstancia en los precios de los commodities en el mercado mundial obsequió a Morales el ingreso de cuantiosos ingresos. Y sin control alguno, fue presa fácil para la instauración de redes de corrupción galopante. Rodeado de supuestos expertos en economía y en derecho, Evo, poco instruido y fatuo mayúsculo, cayó prisionero de esos fariseos que fabricaban elefantes blancos para medrar del Estado.

Irónicamente, los nacionalizadores sacaban comisiones más jugosas que los capitalizadores. El dinero de libre disponibilidad posibilitó al régimen cooptar todos los órganos estatales y corromper a sus funcionarios, empujándolos a prevaricar en sus decisiones. La frustrada cuarta reelección de Evo no fue un mero capricho, sino, el temor de que una alternancia en el Gobierno descubriera negociados hasta ahora tapados sigilosamente.

Había que hacer todo lo posible para asegurar la victoria electoral del 20 de octubre, por vías legales e ilegales. Y así se preparó y llevó a cabo el gigantesco fraude en el que sus más fanáticos aduladores quisieron complacer al jefe, regalándole el día de su cumpleaños una victoria que no era tal. Desgraciadamente para el cocalero, hombres probos con traje de técnicos altamente calificados en informática y ramas anexas descubrieron la funesta conspiración; y la OEA, hasta entonces obsequiosa con Morales, tuvo que revelar el robo. La ira popular en las calles, imparable por tres semanas, animada por héroes anónimos, asustaron al caudillo, que huyó por el mismo aeropuerto sin aviones, pero con su foto gigante. La egolatría terminó y la noche quedó atrás.

* Doctor en Ciencias Políticas y miembro de la Academia de Ciencias de Ultramar de Francia

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Discursos en las Naciones Unidas

/ 1 de octubre de 2022 / 01:59

A la 77H Asamblea General asistieron 150 jefes de Estado, de los cuales la mayor parte ocuparon la tribuna para exponer su opinión sobre los tópicos candentes de la agenda internacional. No obstante, sus arengas no se privan de referirse a temas caseros, sin interés universal: hablan para su público nacional, durante los 15 minutos que les son acordados, en riguroso orden protocolar. Con notoria descortesía, una vez cumplida su misión se retiran para no escuchar a sus homólogos, dejando la sala casi desierta u ocupada por funcionarios de modesto nivel. Son excepciones cuando el orador tiene máxima importancia, por ejemplo el presidente americano o celebridades como el Che Guevara o Nelson Mandela. En esta nota nos referiremos a los representantes latinoamericanos, evaluando su estilo retórico y los contenidos de sus mensajes, y los calificaremos de 1 a 10 puntos:

Gustavo Petro: socialista colombiano de corbata y sólida cultura, con perfecta dicción de la lengua castellana, improvisó una ardorosa defensa de la hoja de la coca y sus derivados, asegurando ser éstos menos nocivos que el petróleo o el gas, en el tinglado del sistema capitalista, por lo que recomendó el fin de la guerra contra las drogas y un nuevo modus vivendi entre productores y consumidores. Su repetitiva letanía casi eclesiástica sobre esas blasfemias, relegaron otros temas a simples accesorios. En la forma, fue el orador mas elocuente, en el fondo, no tanto. (Estilo: 10 puntos-Contenido: 6)

Gabriel Boric: otro socialista devenido presidente, conserva su estampa de agitador estudiantil que, en la parte central de su soflama, explicó el fracaso en el plebiscito chileno sobre su proyecto de nueva Constitución, con un sofisma apropiado: escuchar al pueblo. Leyendo intermitentemente sus notas, criticó la incursión militar rusa en Ucrania, pero también la crisis humanitaria en Venezuela y en Nicaragua. Nivel de alto coraje, frecuentemente soslayado fue su reprobación a las agresiones israelíes contra el pueblo palestino. (Estilo: 6-Contenido: 8)

Nahib Bukele: el controvertido autócrata que controla El Salvador, quiso hacer una analogía de la vecindad con Estados Unidos, comparando al hábitat de casas vecinas, alegoría artesanal solo redimible por su exitosa fumigación de las pandillas vandálicas que imperaban en el pueblo chalaco, donde hoy reina la seguridad ciudadana. Su sermón provincial de elevado decibel, cuando menos despertó al auditorio de la siesta vesperal. (Estilo: 6-Contenido: 5)

Jair Bolsonaro: contó a la Asamblea los logros obtenidos durante su gobierno, incluyendo la espectacular producción de granos, como plataforma para justificar la campaña electoral para su reelección, fustigando sin nombrarlo a su contrincante (Lula) por las infracciones penales por la que fue encarcelado. En cambio, su ejecutoria en la Amazonía fue insuficiente para mitigar la crítica multilateral. Se mostró partidario de entablar negociaciones para restaurar la paz en el conflicto ruso-ucraniano. (Estilo: 6-Contenido 7)

Alberto Fernández: ocupó gran parte de su peroración a relatar la narrativa oficial del intento de magnicidio de la vicepresidenta Cristina Fernández, sin lograr conmover a la audiencia. Naturalmente, se refirió a la reclamación para recuperar la soberanía argentina sobre las islas Malvinas, explicando la raíz histórica de propiedad de esos territorios insulares. (Estilo: 4-Contenido: 5)

Luis Arce Catacora: Leyó su disertación proponiendo 14 puntos, entre los que destacó su modelo económico social comunitario productivo, citando cifras que apoyan sus laureles. No podía faltar su fobia anticapitalista, y aseguró la explotación racional y soberana del litio. También pregonó la regionalización en el combate al trafico de drogas. Hizo alusión al derecho al mar para los países sin litoral. Sobre la reivindicación marítima denunció la usurpación del litoral boliviano, sin mencionar al agresor, dejando la incógnita para quienes no están al tanto del pleito. No faltó su fino humor cuando afirmó que la Justicia en Bolivia es independiente. Sobre el embargo americano a Cuba, denotó desconocer que la Asamblea General solo produce “recomendaciones” que no son vinculantes. (Estilo: 5-Contenido: 7)

Pedro Castillo: dejando a buen recaudo su ampuloso sombrero, se vistió como ciudadano normal y leyó un docto alegato sobre la agenda pendiente de la ONU. Simultáneamente condenó la agresión rusa a Ucrania y los recurrentes ataques de Israel al pueblo palestino. Indudablemente, fue una pieza bien estructurada y de tono equilibrado. Sorprendió su apoyo a la reclamación argentina sobre las islas Malvinas. Cuando al epílogo de su homilía, ensayó improvisar, la pifia se hizo evidente. (Estilo: 6-Contenido: 8)

Carlos Antonio Carrasco es doctor en Ciencias Políticas y miembro de la Academia de Ciencias de Ultramar de Francia.

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La reina: una mirada boliviana

/ 17 de septiembre de 2022 / 02:15

Entre los 117 países visitados por la reina Elizabeth II, en su largo mandato de 70 años, solo figuran cuatro latinoamericanos (Panamá, Brasil, Chile y México), de manera que su vínculo con la región se concretó a su relación con los diplomáticos acreditados ante la Corte de St. James.

A su fastuosa coronación el 2 de junio de 1953, el gobierno del MNR acreditó como su representante al vicepresidente Hernán Siles Zuazo, gesto que demostraba la alta prioridad que se atribuía a los tratos con la pérfida Albión sede, además, de la Williams Harvey de Liverpool, planta donde se fundirían los minerales de estaño de las minas recientemente nacionalizadas.

Al término de su presidencia en 1956, Víctor Paz Estenssoro fue nombrado embajador en Londres y tuvo la amabilidad de escogerme como segundo secretario en esa misión. La Corte, en esa época, solía ofrecer un banquete anual en honor del cuerpo diplomático y fue en 1958 que me correspondió ser parte del séquito, junto al jefe, su bella esposa Chichina y su hija Myriam. Esa noche de gala, acudimos al palacio de Buckingham ataviados de sendas levitas con corbatín blanco y las damas luciendo vistosos trajes largos. Las limusinas se sucedían unas a otras en filas perfectamente ordenadas, una hora antes del ingreso señalado en la invitación oficial. Luego, instalados —con riguroso orden protocolar— en el dorado salón, apareció la pareja real, escoltada por la reina madre, la princesa Margarita y su prima Alejandra de Kent, saludando a cada una de las misiones convidadas. Frases cortas de puntual cortesía se sucedían antes de abordar la enorme mesa suntuosamente dispuesta para dos centenas de comensales. Fue ocasión propicia para escudriñar de cerca los rasgos somatológicos de la realeza. La reina, elevada en sus 163 centímetros, denotaba a sus 31 años simpatía natural saturada de aquel encanto sin galas. En cambio, en Margarita destellaban sus dulces ojos verdes, aunque se la veía aún más pequeña al lado de su prima Alexandra, alta y verdaderamente apetecible. La curiosidad del duque de Edimburgo por el gran collar de la Orden de la Cruz del Sur del Brasil que ostentaba el embajador Paz Estenssoro, los detuvo más tiempo a nuestro lado, en amena conversación.

La segunda vez que estuve frente a Su Graciosa Majestad fue en 1960, durante la ceremonia de presentación de cartas credenciales del nuevo embajador Manuel Barrau Peláez que reemplazaba al doctor Paz. Cerca de ella, remarqué el cambio drástico operado en su perfil: mostraba un avanzado estado de gestación que ni su elegante y holgado traje celeste podía disimular. Era el príncipe Andrés que crecía impetuosamente en su monárquica cavidad.

Desde entonces solo he visto a Su Majestad por la televisión, constatando el paso y el peso cruel de los años que golpean por igual a los habitantes de este valle de lágrimas, sean éstos coronados o vasallos.

Su legado a los súbditos de los 14 reinos que aún quedan entre los 54 Estados miembros de la Mancomunidad Británica y al mundo todo, será la consistencia de su recia personalidad: abnegación en el servicio, sea con gobiernos conservadores o socialistas, apego a la tradición y carácter inescrutable en la alegría o la adversidad.

Le sucede en el trono Carlos III, a quien el humor popular le dedicó esa caricatura que resume la situación: un periódico falso que abre con este titular: 73 years old man finally gets job (Un viejo de 73 años, por fin consigue empleo)

La anciana siempre elegante, cobijada bajo ostentoso sombrero que cambiaba frecuentemente y portando su inefable cartera de misterioso contenido se fue para siempre, dejando tras sí, el futuro de un reino cada vez más desunido.

Carlos Antonio Carrasco es doctor en Ciencias Políticas y miembro de la Academia de Ciencias de Ultramar de Francia.

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¡Tres viejos sabios centenarios!

/ 3 de septiembre de 2022 / 02:55

Las tres celebridades bordean los 100 años de edad, han desempeñado importantes funciones públicas y su pensamiento escrito y oral ha influenciado importantes tendencias en los dos últimos siglos:

Henry Kissinger (27/05/1923). Calificado como el “diplomático del siglo” en comparación con Charles de Talleyrand del siglo XVIII (1754- 1838), continúa con sus oportunas declaraciones, alterando la rutina burocrática en las relaciones internacionales. La irrupción del nazismo impulsó a su familia, de confesión judía, a huir a los Estados Unidos en 1938, cuando Henry no tenía sino 14 años, se hizo ciudadano americano, combatió en la Segunda Guerra Mundial, se doctoró en Harvard, donde ejerció la cátedra, que abandonó para asumir responsabilidades en el Consejo Nacional de Seguridad y luego como Secretario de Estado (1973-1977), desde allí fue el artífice para el fin del conflicto con Vietnam, la instauración de relaciones diplomáticas con China y el posicionamiento hegemónico americano a nivel planetario. Sus memorias son un texto didáctico del savoir faire de la diplomacia moderna. Su última opinión sobre la gestión de una paz negociada en la guerra ruso-ucraniana, basada en la realidad y alejada de la teoría soberanista y otras, muestran que su experiencia y su talento priorizan la vida humana frente a intereses bastardos.

Édgar Morin (08/07/1921).El famoso sociólogo y filósofo francés que, a sus 101 años, vive entre Montpellier y París, sigue dando conferencias y declaraciones a la prensa. En una última, a propósito de su reciente obra ¡Despertemos! se le arranca ciertas frases fulminantes, como aquella “Yo quisiera que cese ese sonambulismo análogo al que yo conocí cuando se marchaba hacia la guerra de 1939, y se vivía como si no pasara nada”, y refiriéndose a la carnicería ruso-ucraniana se muestra partidario de insistir en la salida diplomática, reconociendo —vía referéndum— la autodeterminación del Donbás, como se hizo en Crimea.

En otra respuesta a la pregunta impertinente para un hombre de su edad, sobre si creía en Dios, el gran Édgar responde: “Yo no creo en un Dios creador… la criatura divina está en la Naturaleza”, y prosigue, ”cuanto más aumenta nuestro conocimiento, crece mayormente nuestra ignorancia”. Y por último como mensaje a la juventud, dice: “No hay razón sin pasión, pero tampoco hay pasión sin razón. Amén con locura, sin jamás perder la lucidez”. Autor de una centena de libros, traducidos en 28 lenguas, Édgar Morin sigue activo y está siempre al día con su tiempo.

Amadou Mahtar M´Bow (20/03/1921). Cuando la Guerra Fría fue más intensa y el continente africano era relegado a las miasmas del Tercer Mundo, surgió la candidatura de Amadou Mahtar M’Bow para ocupar el cargo de director general de la Unesco, y ante el estupor de los países donantes, triunfó esa aspiración largamente postergada para que ese modesto profesor de geografía originario de Senegal sea ungido a esa responsabilidad, una primera en el sistema de Naciones Unidas. Los 13 años de su gestión (1974-1987) fueron fructíferos para la adopción de los objetivos de los Estados periféricos. M’Bow impulsó principios tales como la “educación para todos”, “la alfabetización como factor de desarrollo”, la popularización de la ciencia y otros. Pero donde dejó mayormente huella su paso por la Unesco fue la consolidación de la convención para instaurar la lista del patrimonio cultural y natural de la Humanidad. Y, el broche de oro, fue el impulso para promover la “diversidad cultural” y el respeto y conservación de las obras autóctonas, de sus lenguas, de su música. Ahora que todas esas medidas son aceptadas, comenzaron en su tiempo por ser grandes blasfemias.

Me correspondió acompañar a M’Bow como director para América Latina y el Caribe y recorrer con él muchos países, conversando y admirando su vasta cultura y devoción a la causa de los pueblos que antes no tenían voz. Por ello, cuando en el gran teatro de la Unesco, en París, se le rindió homenaje en su cumpleaños número 100, fue para mí un privilegio ser uno de los oradores escogidos para esa ocasión.

M’Bow vive en París, junto a su familia, manteniendo intacta su lucidez intelectual y su fatalismo musulmán para comprender los vaivenes de este mundo finito.

Carlos Antonio Carrasco es doctor en Ciencias Políticas y miembro de la Academia de Ciencias de Ultramar de Francia.

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Taiwán: una ambigüedad estratégica peligrosa

/ 20 de agosto de 2022 / 01:25

Todo comenzó cuando Mao Tse Tung culminó su larga marcha (1935) haciéndose del poder en la China continental, fundando la República Popular en 1949 y empujando al generalísimo Chiang Kai-shek kan, su rival nacionalista, a exiliarse en la cercana isla de Taiwán, escoltado por sus menguadas tropas. Era la época de la guerra fría que, trasladada a los estrados de las Naciones Unidas, reconoció al gobierno en el exilio como legítimo en detrimento del régimen comunista instaurado en Pekín (Beijing).

Esa abusiva medida persistió hasta que, en 1972, el brillante Henry Kissinger planificó el encuentro del presidente Richard Nixon con el gran timonel chino, acordado en arduas discusiones con el elegante canciller Chou En-lai. Entre los puntos no negociables estaba el reconocimiento de una sola China, implicando la exclusión de Taiwán de todos los órganos de la ONU, incluyendo el Consejo de Seguridad donde la representación maoísta se instaló como miembro permanente con derecho a veto. No fue fácil relegar al ostracismo a la ínsula que bajo la presión de Beijing fue aislada de la diplomacia mundial conservando ahora relaciones únicamente con 14 países (frente a 181 que reconocen a Beijing). Sin embargo, la persistencia de su cancillería logró mantener oficinas comerciales en varios Estados, fortalecer su industria tecnológica y expandir grandemente sus exportaciones. Estos esfuerzos estuvieron desde siempre aupados bajo el paraguas americano, que a falta de embajador acreditado recibió inicialmente a Soong Mailing, la bella y talentosa esposa del generalísimo que incluso pernoctaba en la Casa Blanca, forjando íntima amistad con la primera dama de turno.

En el modus vivendi concluido entre Washington y Beijing, en lo que se apodó “ambigüedad estratégica”, figura hasta hoy la garantía de protección militar para la autonomía de la isla, situación que el régimen maoísta tolera, confiando en incorporar Taiwán a su dominio por medios pacíficos que, podría ser: un país, dos sistemas.

Con estos antecedentes se entenderá mejor la irritación de Beijing por la visita a Taipéi de Nancy Pelosi, presidenta del Congreso, en momentos tan delicados del acontecer internacional. Se comprenderá también que los generales americanos y el propio Joe Biden se opusieran al viaje, porque se corría el riesgo que, ofendidos, los chinos dejaran su discreta neutralidad en el caso ucraniano y empezaran a brindar apoyo económico, logístico y militar a Rusia, rompiendo ese equilibrio ardorosamente obtenido por la diplomacia americana.

La advertencia china, contraria a ese inopinado viaje y otros en ciernes, se cumplió de inmediato, con un bloqueo inicial aéreo y marítimo de la isla, aparte de sanciones comerciales que afectan los fluidos vínculos económicos que existen entre las partes.

Se dice que dentro los elementos sensibles que afectarían al mercado mundial estaría la exportación de chips de semiconductores de sofisticado acabado, que en un 64% produce la multinacional taiwanesa TSMC ( frente a 20% de Corea del Sur), y que sin ellos la industria electrónica en el mundo se vería altamente perjudicada.

Aunque los expertos aseguran que no creen que Beijing llegue a invadir Taiwán en un futuro cercano, el deterioro de las relaciones con Washington solo sirve supremamente a los intereses de Moscú en su pleito con Ucrania y, en general, a alentar la nueva configuración geopolítica del planeta.

Carlos Antonio Carrasco es doctor en Ciencias Políticas y miembro de la Academia de Ciencias de Ultramar de Francia.

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París en este verano

/ 6 de agosto de 2022 / 03:24

La canícula imperante hoy en Francia no detuvo el ímpetu de los 80 millones de turistas que —en promedio— visitaban anualmente este maravilloso país, aunque la pandemia del COVID-19 mermó por dos años consecutivos esa cifra. Naturalmente, es la ciudad-luz el punto más alto del destino turístico, pero 2022, por causa del calentamiento global que provoca una dramática sequía, marca la notable diferencia. Como sucede habitualmente, la invasión de vacacionistas americanos es la más notoria en las calles y plazas parisinas y para quienes vivimos alrededor de la Torre Eiffel, el escenario se repite: damas arropadas en ampulosas faldas floreadas, peatones ataviados de camisas hawaianas, calzones cortos, sandalias, anteojos solares y un plano de la ciudad en los dedos. Caminan en pareja, a veces con niños que siguen a sus padres apurados por llegar a sitios marcados tales como museos, iglesias medievales, restaurantes baratos y tiendas repletas de souvenirs coloreados “made in China”. En estos días estivales, la afluencia de jóvenes veinteañeros es manifiesta: rubias, morochas o pelirrojas, con shorts redundantemente cortos exhiben bellas piernas que al llegar irradian esa blancura eclesiástica y al partir un bronceado de tentación infernal. También se encuentra a raudales matrimonios, obviamente jubilados, que agarrados de la mano recorren los monumentos tomándose fotos con el inefable celular como testimonio de haber cumplido el deseo harto acariciado de conocer la legendaria Lutecia, confirmando aquello que decía Oscar Wilde: “La gente buena va al paraíso y los americanos buenos a París”.

Una gentil parejita me abordó y me pidió consejo para programar su estadía limitada a solo siete días en la capital, grave compromiso que pese a mi larga vida parisina aún no completé de conocer todo ese mundo inmenso que es la más bella y enigmática megápolis del planeta. Con riesgo, les adelanté mis prioridades: solo ver y no subir a la Torre Eiffel, caminar por el Trocadero hasta los Campos Elíseos y contemplar el Arco de Triunfo. Almorzar en el restaurant Fouquets y hacer window shopping en las elegantes boutiques aledañas. El segundo día recorrer el Museo del Louvre, saludar a la Mona Lisa y a la Venus de Milo, en la noche concurrir al cabaret del Lido, y sorber una flauta de champán. El tercer día tomar el bus 69 hasta el cementerio de Pere Lachaise y descubrir decenas de notables bajo sus mausoleos y placas, convertidos en polvo, mas tarde tomar el té en Les deux Magots del barrio latino, frente a la iglesia de Saint Germain des Pres y cruzando el Boulevard Saint Michel seguir hasta Notre Dame, en el trayecto comer en un bistró griego de la rue de la Huchette.

El cuarto día, subir por funicular hasta el templo de Sacre Coeur y andar por las callejuelas de Montmartre, saboreando —al paso— alguna crepe bretona, bajar hasta la plaza Pigalle y entrar al show del Moulin Rouge. El quinto día pasear por el Marais, la plaza de Vosges, escudriñar la zona judía, el museo Picasso y tolerar las parejas LGBTQI en profusión que hicieron de ese barrio su favorito bastión. Más tarde revistar la supertienda Samaritana, legendario mega-almacén recientemente renovado. Al caer la tarde ir a la Opera, así sea de visita externa degustando un expreso en el Café de la Paix.

El sexto día, rendir homenaje a Napoleón, en su tumba de Los Inválidos, recorrer el Museo Militar y al salir cerca, atisbar el Museo Rodin. En la tardecita, servirse una sopa de cebolla en el Café La Esplanade rociada de un blanco Sancerre, a pocos pasos, atravesar el hermoso puente Alejandro III y en el Sena abordar un Bateau mouche y navegar por el río, contemplando de noche los monumentos parisinos iluminados.

El último día ir a los bosques de Bolonia, caminar por sus innumerables senderos y rematar en el Pre Catalán, para un almuerzo de calidad. Salir del bosque, antes del anochecer porque la ocupación de mariposas nocturnas en profusión de nacionalidades, gustos y costos, crearán una innecesaria confusión.

Terminar la noche de despedida cenando en el Café La Coupole de Montparnasse, admirando su decoración belle epoque.

Después de esa rapidísima gira, es recomendable reservar sitio en el avión para retornar en la próxima vacación y conocer otras aristas de París.

Carlos Antonio Carrasco es doctor en Ciencias Políticas y miembro de la Academia de Ciencias de Ultramar de Francia.

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