Voces

sábado 22 ene 2022 | Actualizado a 16:47

La fiesta de la esperanza

Los dos sentimientos básicos del ser humano son el miedo y la esperanza

/ 27 de enero de 2020 / 06:28

En una crónica en torno al uso de los derechos humanos como concepto, Boaventura de Sousa Santos, citando al filósofo Baruch Spinoza, sostiene que los dos sentimientos básicos del ser humano son el miedo y la esperanza. Y sugiere que es necesario lograr un equilibrio entre ambos, ya que el miedo sin esperanza conduce al abandono, y la esperanza sin miedo puede conducir a una autoconfianza destructiva.

Para Boaventura, la primera mitad el siglo XXI presenta, como nunca en la historia, una distribución completamente desigual del miedo y la esperanza. El intelectual portugués sostiene que la gran mayoría de las personas viven dominadas por el miedo: al hambre, a la guerra, a la violencia, a la enfermedad, a la pérdida del empleo o a la imposibilidad de encontrar trabajo. Y ese miedo casi siempre se vive sin la esperanza de que se pueda hacer algo para que las cosas mejoren.

Por el contrario, una diminuta fracción de la población mundial vive con una esperanza tan excesiva que parece totalmente carente de miedo. No teme a los enemigos porque considera que éstos han sido anulados; no teme la incertidumbre del futuro porque dispone de un seguro contra todo riesgo; no teme a la violencia porque cuenta con armas, o servicios de seguridad privados.

Esta forma de ver la realidad me hace pensar que, en Bolivia, a pesar de vivir el miedo con la misma intensidad de la que habla Boaventura, cada año recurrimos a un ritual colectivo de renovación de nuestra esperanza: la gran fiesta de Alasita. Y es que no importa cuánta desconfianza vivamos hoy por la incertidumbre política, o la inseguridad que nos depara la contracción económica, el 24 de enero, a las doce en punto del mediodía, corrimos todos a comprar aquello que anhelamos.

Justo el día antes en que se vencía el plazo para la inscripción de alianzas políticas para terciar en las elecciones (lo que nos tenía aterrados), todos nos sentimos más seguros si llenamos nuestra bolsa de billetitos, certificados de trabajo, un terrenito y un pasaporte con visa libre para recorrer el mundo. A pesar de la crisis política que enfrentamos, compartir en colectivo esa ilusión de millones de deseos yuxtapuestos nos dio fuerza y mucha alegría.

Alasita es una fiesta ancestral en la que las illas son símbolos concretos de nuestro futuro. Se trata de miniaturas de lo que uno quiere cultivar o, como lo explicaba Mario Rodríguez (del movimiento Wayna Tambo), “La illa es la idea de algo que ya es, sin ser todavía, algo que tienes que criar”. Y en ello radica su poder: nos muestra cómo visualizamos y damos existencia a lo que puede ser, lo materializamos y luego lo cultivamos para hacerlo existir.

Es indudable que la política en estos días no nos muestra su mejor cara. No puedo dejar de visualizar a cada uno de los candidatos como un enorme Ekeko cargado de promesas, fumando su cigarrito y ofreciendo abundancia a cambio de nuestro voto. Mientras tanto, como sostiene Boaventura, “la democracia, concebida como el gobierno de muchos en beneficio de muchos, tiende a convertirse en el gobierno de pocos en beneficio de pocos, el estado de excepción con pulsión fascista se va infiltrando en la normalidad democrática, mientras que el sistema judicial, concebido como el Estado de derecho para proteger a los débiles contra el poder arbitrario de los fuertes, se está convirtiendo en la guerra jurídica de los poderosos y de los fascistas contra los demócratas”.

Es tiempo de alasitas, el tiempo para transformar la desesperación en confianza. Qué mejor imagen que la illa para cultivar nuestra esperanza. Primero, acogerla pequeñita, modelarla, visualizarla en un futuro y poner todo nuestro esfuerzo para que se fortalezca. Y como todo en este mundo implica equilibrio, será muy bueno acompañarla con algo de ese miedo profundo que nos habita, ese miedo a una convivencia en permanente confrontación.

Lourdes Montero

es cientista social.

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La paridad más allá de la paridad

Estudio sobre la participación política de las mujeres en su camino hacia la democracia paritaria.

/ 16 de enero de 2022 / 18:31

DIBUJO LIBRE

Cuál fue el itinerario de la paridad en Bolivia? ¿Cómo se expresa en el debate histórico-conceptual, en el desarrollo normativo y sus efectos, en factores culturales, en lo organizativo e institucional? ¿Y qué sigue después de la paridad en cuanto proyecto de transformación política? Estas preguntas sintetizan el contenido del informe La paridad más allá de la paridad. Participación política de las mujeres en el largo camino hacia la democracia paritaria intercultural, impulsado por Oxfam en Bolivia, la Coordinadora de la Mujer y el Centro de Estudios Superiores Universitarios (CESU-UMSS), y que ponemos a su consideración como insumo para la necesaria deliberación pública en democracia.

¿Por qué un informe sobre democracia paritaria en este momento? Al día de hoy, una importante parte de este camino ha sido recorrido, un trecho durante el tiempo republicano que conllevó varias conquistas difíciles de bregar en esos tiempos y otro, con un ritmo algo más acelerado, desde 2009 a partir de la aprobación de la nueva Constitución Política del Estado. A pesar de ello, aún queda mucho por caminar y también hace falta mirar lo andado para mejorarlo. El camino de la democracia paritaria que muchas actoras, movimientos, colectivos e instituciones hemos decidido recorrer desde nuestras propias miradas y enfoques no está para nada exento de aciertos y desaciertos, logros y obstáculos, desalientos y esperanzas.

Así, con el pleno espíritu para debatir sobre los derechos políticos de las mujeres y la paridad en un horizonte más amplio de democratización, hemos hecho el esfuerzo por generar este insumo para el debate a partir de estudios de caso, datos actualizados y diferentes voces que consideramos son dinámicos y resulta importante actualizar en este momento del camino.

Formalmente, el estudio está organizado en una introducción, cinco capítulos y un apartado de conclusiones. Los capítulos nos hablan de esa buena idea llamada democracia paritaria intercultural, del recorrido desde las normas hasta los resultados, de los obstáculos a la participación política de las mujeres, de los partidos que actúan como murallas y de la paridad en el desempeño en los órganos legislativos. Las conclusiones exploran algunos desafíos al respecto. A continuación, y para dejar con la sana curiosidad al y la lectora, se esbozan brevemente estos capítulos.

¿Qué es la democracia paritaria? Nuestra hipótesis consiste en que se trata, en inicio, de una gran idea que se encuentra, actualmente, en construcción. No ha sido fácil reflejar cuando menos tres décadas de recorrido en las que se ha llevado adelante esta reflexión en Bolivia. El tránsito conceptual de las cuotas a la paridad, el de la paridad democrática hacia la democracia paritaria, los dilemas dentro del debate feminista entre igualdad y diferencia, las nociones pioneras en Bolivia que ponen en debate a la descolonización junto con la despatriarcalización. En fin, un importante y nutrido capítulo que sintetiza estas cuestiones.

En el capítulo 2 nos referimos al efecto de las normas, que desde la inaugural Ley de Cuotas, pasando por el principio constitucional de equivalencia de condiciones, hasta los reglamentos emitidos por el Tribunal Supremo Electoral generan resultados que han permitido consolidar la implementación de los principios de paridad y alternancia. En el camino, se recorren algunas nociones propias de la democracia paritaria y también se repasan los datos, sobre todo del periodo democrático: las senadurías, las diputaciones (uninominales y plurinominales), los curules de las asambleístas departamentales, regionales e indígenas, y las concejalas; todos como logros posibles de mejorar pero que constituyen un avance incremental. Y, cómo no, se da cuenta de esos datos que aún constituyen un desafío en este avance —cuando menos numérico— y que pertenecen a los cargos ejecutivos en los diferentes niveles de gobierno: binomio presidencial, ministras, asambleístas, alcaldesas. Además de ello, se revisan algunas percepciones en torno a lo que significa este avance normativo entre mujeres políticas y opinión pública.

¿Cuáles son los principales obstáculos que limitan e incluso impiden la participación de las mujeres y su presencia en el ámbito público-político?, es la pregunta que guía el capítulo 3. Si bien es posible intuir que estas limitantes son múltiples y varias de ellas de carácter estructural, en el informe nos enfocamos en tres de ellas: el acoso y la violencia política, el trabajo de cuidados y las representaciones sociales sobre la mujer política. Creemos que poner sobre la mesa estas temáticas, que suelen abordarse de forma cualitativa a través de actitudes y comportamientos, resulta importante a la hora de buscar despejar el camino de la democracia paritaria intercultural, en aras de seguir procurando su avance.

En el capítulo 4 hacemos referencia al rol de las organizaciones políticas, en especial de los partidos, en el marco de la democracia paritaria. La premisa es que, en la actualidad, se comportan más como murallas de acceso y de ejercicio que como puentes para la participación política de las mujeres. Para ello, recorremos algunos elementos que determinan el rol que desempeñan actualmente en la búsqueda de paridad democrática en sus filas: el factor monopolio (de representación política) que detentan, las actitudes y percepciones de sus cúpulas, dirigentes y militancia; la forma en que resuelven sus documentos con arreglo a la normativa vigente y la relación de éstos con sus prácticas.

Llegar a la Asamblea. ¿Y después?, es la pregunta que busca ser respondida en el quinto y último capítulo del informe en cuestión. Considerando que algunas mujeres logran atravesar los obstáculos y las murallas que limitan su participación política para poder, finalmente, materializarla de forma institucional desde un cargo y un curul huelgan las dudas en torno a qué ocurre después con el desempeño legislativo, con las agendas comunes desde las mujeres o, finalmente, (si es que existe) con el trabajo en conjunto sobre la base de la sororidad.

Para finalizar, en las conclusiones, nos animamos a plantear cinco desafíos generales que consideramos posibles y algunas tareas en diversos ámbitos, sujetas al examen crítico y a la continua evaluación y retroalimentación de todas quienes nos reconocemos transitando este camino de la democracia paritaria intercultural.

En síntesis —como plantea el informe— La paridad más allá de la paridad constituye una puesta al día analítica, con preguntas, datos, percepciones y desafíos, en torno al largo camino de la participación política de las mujeres y de la paridad en Bolivia. Creemos por ello que será un documento de referencia en la materia. Mejor todavía: esperamos que contribuya a impulsar el debate plural y la deliberación pública en torno al imperativo de la igualdad sustantiva entre mujeres y hombres y, por tanto, el proceso de democratización paritaria intercultural en el país.

(*)Lourdes Montero J. es Responsable de País de Oxfam en Bolivia.

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Los ricos también lloran

/ 26 de diciembre de 2021 / 06:29

El caso de los ítems “fantasma” en Santa Cruz está superando el guion de la célebre telenovela mexicana protagonizada por Verónica Castro. Y es que cada día se agrega una capa más a este intrincado proceso de múltiples estafas y sistema de corrupción, donde los ítems “fantasma” se presentan como la punta de un iceberg que tiene en su base posibles contratos ediles con sobreprecio, extorsión a comerciantes, chantajes a locales comerciales y “acuerdos” entre políticos con cupos de ítems y contratos para guardar silencio. A estas alturas de las declaraciones de los implicados, más que una telenovela romántica, esta historia parece inspirada en la película Pandillas de Nueva York.

Al inicio la historia parecía apuntar a una fruta podrida dentro de la canasta. El exdirector de Recursos Humanos del gobierno municipal Antonio Parada Vaca, víctima de la venganza de una exesposa resentida (pobre él) fue denunciado por cobrar 800 ítems ilegales. Según la denuncia, Parada tenía un sueldo de Bs 12.000; sin embargo, habría adquirido cerca de 10 inmuebles, contaba con una colección de vehículos de lujo y realizaba envíos de dinero a Estados Unidos. Esta enojada exesposa (pobre ella) no imaginó que su denuncia iba a sacudir todas las estructuras de enriquecimiento ilícito de la élite política cruceña. Se trataba, como sostienen algunos, de que “el único delito… fue enamorarse de la persona equivocada…”.

Y es que poco a poco las acusaciones y contraacusaciones fueron develando que el caso que se inició con una rencilla familiar implicaba un sistema piramidal que operaba por más de 10 años durante los mandatos de los alcaldes Percy Fernández y Angélica Sosa. Y las cosas fueron escalando en una trama que posiblemente involucre recursos utilizados en la campaña de Creemos, alianza que actualmente controla la Gobernación. Este contexto fue propicio para que se destape en paralelo un caso de malversación de fondos de campaña, que involucra al exgobernador Rubén Costas. Resulta que, de una manzana podrida, podríamos estar hablando no solo de toda una canasta, sino incluso de la cosecha completa. Y es que, como se dice popularmente, cuando se pone en marcha el ventilador, seguro salpica a todos. Y es que hoy las élites políticas cruceñas están protagonizando una trágica película de cowboy en la que posiblemente todos terminan muertos.

Mientras se desarrolla nuestro “Lava Jato” local, muchos y muchas cruceñas indignadas creen que la celeridad y celo con que la Fiscalía ha tratado el caso se deben a una supuesta campaña de desprestigio urdida por el Gobierno nacional contra las instituciones cruceñas. Es más, algunos acusan al partido del actual Gobierno de llevar adelante una cacería de brujas en contra de los patriotas que sostuvieron moral y económicamente las jornadas de paro y bloqueo contra el expresidente Evo Morales. Creo que siempre es emocionalmente difícil asumir que tus líderes tienen pies de barro.

Lo que en realidad parece haber ocurrido es que la cultura del silencio para mantener el sistema de corrupción funcionando se ha resquebrajado y en el derrumbe caerán muchos. ¿Cómo podemos hacer frente a un modelo de corrupción que nos habla de 800, 2.000 o muchos más cómplices? ¿Los encarcelamos a todos? Y es que tal vez “el Miami boliviano” debe reflexionar sobre la primacía de una escala de valores en la que el enriquecimiento ilícito es solo un buen negocio del que todos aspiran a participar. En las redes sociales ya puedo leer, en son de burla, que “este es el verdadero modelo de desarrollo cruceño; lo de la soya era solo una pantalla”.

Lourdes Montero es cientista social.

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Las warmis alteñas

/ 12 de diciembre de 2021 / 03:16

Llegó a mis manos uno de los escritos más potentes y motivadores que he tenido la suerte de leer en estos oscuros tiempos de pandemia. Se trata del libro Feminismos de la ciudad de El Alto: una visión desde los colectivos, que nos trae las potentes voces de alteñas que cuentan su historia y se cuentan a sí mismas desde su rebeldía en la complejidad de la urbe alteña.

El texto, coordinado por la investigadora Tania Montes e impulsado por el Centro Gregoria Apaza, es en realidad un acto colectivo de narrar el entrecruzamiento de las voces de jóvenes feministas de 12 colectivos que reflexionan sobre las barreras que impiden su libertad. Nombres como Bloque Negro, Ciberwarmis, Wiñay Wara, La Casa de la Chola, Las Martinas, Salvaginas, entre otros, van estructurando sus identidades que encuentran núcleos aglutinadores como la clase, lo étnico, identificado en este caso con lo aymara, y lo geográfico, que refiere al lugar situado desde el que hablan y es la ciudad de El Alto.

Atravesadas por la lucha en busca de la sobrevivencia y la dignidad, la polifonía de voces de estos feminismos alteños cuestiona el machismo ancestral y contemporáneo en los que se desenvuelve su vida, potenciando la fuerza colectiva de unirse de manera instintiva para protegerse unas a otras.

Y en esa su gestión de la vida, las feministas de El Alto ejercen sus convicciones protegiendo a mujeres que enfrentan violencia, acompañan abortos, y sobre todo construyendo comunidad con las mujeres de sus barrios.

Como sostiene el libro, los colectivos feministas de El Alto son herederos de tradiciones organizativas tanto del movimiento indígena como de los trabajadores mineros. Son también herederos de un diálogo de saberes con los feminismos de tradiciones organizacionales diferentes, que traen consigo características de otros contextos. La riqueza de los feminismos de El Alto, así como otros feminismos marcados por la colonización —como el chicano y el negro— es que no solamente piensan en las problemáticas de las mujeres por su condición de mujeres, sino en su condición de sujetas subalternizadas, hijas de indígenas y migrantes. Quizá una de las principales características de los feminismos alteños es su disposición a acompañar todas las luchas contra la desigualdad.

El libro nos revela que en la ciudad de El Alto existen múltiples feminismos: los radicales, los decoloniales, aquellos que hablan desde las diversidades sexuales y de género; los feminismos aymaras e, incluso, aquellos que no se etiquetan. El feminismo alteño no es una moda, no se romantiza, e incluso no todas las personas que integran los colectivos se identifican como feministas; muchas leen la sociedad desde una mirada de clase o desde otros enfoques, y otras no se identifican con el feminismo blanco hegemónico por considerarlo ajeno a su realidad.

La violencia desatada en Senkata, y la deslegitimación por parte de la sociedad boliviana de la lucha de El Alto, marcó a los feminismos contemporáneos de esta ciudad. Las entrevistadas sostienen que fue un momento en el que se preguntaron ¿qué hago con mi feminismo ante estos hechos? La respuesta fue la solidaridad y la reafirmación desde lo negado, desde lo indígena, desde lo periférico. Por ello se articularon con más fuerza para apoyar a las familias y a las víctimas de Senkata.

Al ser consultadas sobre la intencionalidad del texto, es decir, por quién buscan ser escuchadas, no dudan en sostener que desean ser leídas por las nuevas generaciones para que sepan que existen otras formas de lucha, que hay mujeres que al igual que ellas se están cuestionando. En fin, que sepan que no están solas.

Lourdes Montero es cientista social.

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25N de nuevo en las calles

/ 28 de noviembre de 2021 / 00:42

Nuevamente, el 25 de noviembre, Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, nos encuentra en las calles demandando al Estado el derecho a estar vivas. Nuevamente, las cifras de la violencia nos estremecen y la impotencia nos impulsa a romperlo todo. Nuevamente nos juntamos en las plazas a contar muertas, como en una guerra interminable por nuestra independencia y libertad.

Bolivia es una de las sociedades más violentas en contra de las mujeres y nuestras casas son el espacio más inseguro para las niñas, jóvenes y esposas/compañeras que solo quieren tomar sus propias decisiones. Llevamos más de 20 años hablando del tema y ya no sabemos qué más decir, qué más hacer, cómo proponer políticas públicas pensadas a favor del derecho a la vida.

Este año, desde la trinchera de aliadas que tenemos en el Estado, nos proponen una “Revolución Cultural para la Despatriarcalización” bajo tres ejes de acción: i) estrategias basadas en la educación, la cultura y la comunicación; ii) avanzar en el ámbito normativo; y iii) fortalecer las instituciones que trabajan por la despatriarcalización. Sin duda los tres ámbitos son centrales si queremos asumir seriamente el cambio social que requiere la atención de la violencia, pero analicemos algunos desafíos que esta propuesta va a enfrentar.

Coincidimos que la cultura y la comunicación son campos desde donde podemos desafiar las normas sociales, ideas y creencias que no solo naturalizan la desigualdad de género y la violencia, sino la fortalecen y remozan sus formas. En esta empresa es necesario el compromiso del Ministerio de Culturas y todo el sistema de fomento a la cultura, como la Fundación Cultural del Banco Central de Bolivia con todas sus acciones, redes y centros culturales. En ese camino, una idea innovadora que requiere recursos es la biblioteca feminista, esperemos sus resultados.

Un segundo eje central en la prevención es el sistema educativo. Allí los desafíos son mucho más profundos y tienen que ver con los contenidos educativos que actualmente refuerzan los roles de género y que basan su sistema de valores en ideas conservadoras; así como los contenidos no curriculares transmitidos por los propios maestros y maestras que se constituyen en actores centrales del problema por su capacidad de influencia sobre niños, niñas y jóvenes. Tal vez el nuevo ministro pueda hacer un cambio significativo en este tema.

Desde la sociedad civil seguiremos acompañando la discusión en torno a la Ley 348, pero convencidas de que sus modificaciones solo tienen sentido en el marco de una reforma mayor del sistema judicial. Es allí donde encontramos uno de los nudos críticos para la impunidad puesto que una mujer que denuncia violencia tiene que estar dispuesta a vivir un verdadero viacrucis en el sistema jurídico, donde solo triunfa quien puede sobornar más y mejor a jueces y fiscales. La promesa de la instalación del Instituto de Investigaciones Forenses (IDIF) en el departamento de Santa Cruz es un avance en la lucha contra la impunidad.

El tercer eje tiene que ver con lo institucional. En este tema lo central tiene que ver con el diálogo y voluntad sincera de trabajo coordinado con los Servicios Legales Integrales de los gobiernos municipales. Con todas sus limitaciones y deficiencias, estos espacios son los más cercanos a la ciudadanía y donde encontramos un ejército de funcionarias que todos los días conocen historias desgarradoras y despliegan todos sus esfuerzos por brindar protección a las víctimas. El fortalecimiento y apoyo a estas instancias podría provocar un verdadero cambio en la cultura de la impunidad.

Sabemos que la tarea de erradicar la violencia es titánica. Lo único que nos alienta es que este 25 de noviembre las calles fueron tomadas por las jóvenes, hartas de que el Estado les falle sistemáticamente. Es en ellas en quienes depositamos nuestra confianza de que un cambio es posible.

Lourdes Montero es cientista social.

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Una COP26 decepcionante

/ 14 de noviembre de 2021 / 00:42

Mientras en Bolivia ardemos en nuestra particular hoguera política, en el mundo se llevó adelante la conferencia sobre calentamiento global de la ONU (COP26), considerada un momento clave en los esfuerzos para enfrentar la amenaza del cambio climático. Líderes mundiales de 200 países se reunieron estas semanas en Escocia para intentar llegar a un acuerdo con el fin de reducir la contaminación ambiental. Las señales del acuerdo hasta el cierre de esta columna son un escalamiento en la inversión verde con un fuerte tinte economicista, y una reducción de la ambición respecto a la reducción del uso de combustibles fósiles.

Cinco grandes economías —China, Estados Unidos, la Unión Europea (UE), India y Rusia— son responsables este 2021 del 64% de todo el dióxido de carbono que expulsa la industria. China será la primera, con el 31% de las emisiones. Le seguirán Estados Unidos, con el 14%, la UE y la India, con un 7% cada una y Rusia con 5%.

Sin importar el detalle del resultado del acuerdo, el analista en temas ambientales Samuel Martín-Sosa sistematiza las varias dimensiones de la crisis que hay que abordar. Sostiene que podemos hablar de al menos cuatro brechas en la acción climática: de ambición, de cumplimiento, de realismo y, tal vez la más sentida en América Latina, la de justicia.

La brecha de ambición se refiere a la distancia entre lo prometido por los gobiernos y lo necesario. Todavía hay una cantidad determinada de CO2 que podemos poner en la atmósfera sin entrar en zona de alto riesgo; es lo que se conoce como presupuesto de carbono. Los compromisos de mitigación de los países son tan insuficientes que a nivel global ese presupuesto de carbono se agotará en menos de una década. Según los expertos, los países deben aumentar la ambición de sus planes en más de cinco veces para cumplir con los objetivos del Acuerdo de París.

La brecha de cumplimiento refleja la diferencia entre lo que los países prometen y lo que cumplen realmente. No existe un sistema de monitoreo del cumplimiento efectivo de las promesas, lo que deja margen para la trampa y la falta de rigor. El Acuerdo de París no obliga a cumplir las promesas y, por tanto, no hay establecido un procedimiento para penalizar a quienes no las cumplen.

La tercera brecha, la del realismo, es quizás la más peligrosa. Se trata de la diferencia entre lo que se promete y lo que realmente es posible. Escuchamos continuamente hablar del objetivo cero-neto en referencia a aquél en el que las emisiones excedentes son compensadas con captaciones de CO2 de la atmósfera vía los sumideros naturales. En realidad, cuando se habla de cero-neto se está pensando no solo en los bosques sino también en tecnologías de captura y almacenamiento de carbono, hipotéticas iniciativas tecnológicas que despiertan muchas dudas sobre sus posibilidades reales. Y la “inversión verde” puede ser parte de esta trampa.

Y la brecha de justicia, vinculada a la diferencia entre lo que los países prometen y lo que es realmente justo, empezando por lo que les correspondería en función de su responsabilidad histórica. El Acuerdo de París obliga a todos los países a contribuir, pero no a repartir de forma justa. El principio de responsabilidades comunes, pero diferenciadas, no incluye los pormenores que obliguen a los grandes responsables del problema a cargar con la mayor parte de la solución. De acuerdo con los principios de equidad, debiera producirse una eliminación de los combustibles fósiles mucho más rápida en los países donde los impactos sociales de la transición serán menores, es decir, en los países ricos. Éstos también deberían proporcionar financiación, apoyo técnico y tecnológico para permitir las transiciones en los países más pobres. Nada de esto está ocurriendo.

Por todos estos factores, hay mucho escepticismo sobre los rimbombantes anuncios de los líderes mundiales que seguramente escucharemos en estos días. Estamos muy lejos de la ambición de eliminar los subsidios al combustible fósil, una de las principales demandas de los movimientos ambientalistas. Por todo ello, acompañamos la sensación de fracaso y oportunidad perdida denunciada por los ecologistas en Glasgow.

Lourdes Montero es cientista social.

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