Voces

martes 13 abr 2021 | Actualizado a 04:32

Postales de Santa Fe de Bogotá

¿Por qué se matan los colombianos? Es la pregunta que voy a disparar

/ 26 de febrero de 2020 / 06:55

Postal uno: es difícil comprar el periódico en las calles de Bogotá. Apenas hay quioscos y es más fácil adquirir sustancias ilegales que un diario para meterse un poco de tinta en las venas. En la página cinco de El Espectador leo una breve: “Asesinan a guardia indígena en Cauca”. Se llamaba Javier Girón y pertenecía a la comunidad Kiwe Tehk Kswa’w. Un hombre que vestía prendas y gorra oscura le metió tres balazos en una tienda. En Colombia matan hoy a un líder social al día, una breve en el periódico de mañana. ¿Por qué se matan los colombianos? Es la pregunta que voy a disparar.

Paseo por Chapinero, el antiguo barrio de las clases privilegiadas de la capital. He quedado con un viejo camarada de los tiempos felices de Caracas. Se llama Aaron y se apellida Corredor, como aquel gran pedalista de los años ochenta apodado Condorito. ¿Cómo se anestesiaron para soportar el horror cotidiano? “Los oligarcas en Colombia quieren ser londinenses; los clasemedieros, norteamericanos; y los pobres, mexicanos”, sentencia mi cuate, quien trabaja ahora de productor en un canal televisivo de Bogotá.

Chapinero es un barrio de contrastes con zonas para todas las letras y todos los gustos: la zona T, la zona G, la zona rosa, la zona gay, las universidades…  Y las oficinas de Millonarios, el “ballet azul” que esta noche recibe al Always Ready en El Campín. Tan pronto pasas de admirar viejas casonas de ladrillo inglés a caminar por aceras bombardeadas y cuerpos en alquiler. Sin embargo, el mayor peligro es que un ciclista a toda velocidad te lleve por delante mientras paseas impunemente por una de sus muchas ciclovías. Y, cosa rara, en el norte de la ciudad no hay perros callejeros.

Postal dos: San Librario es una de las pocas librerías de volúmenes raros y de segunda mano. Tiene dos socios: Álvaro Castillo Granada y Camilo Delgado Idárraga. Esta mañana de febrero con el sol picando en lo más alto solo está el compañero Camilo, pues Álvaro ha partido para La Habana, su otra casa. Ahí voy otra vez con mi pregunta jodona: ¿por qué se matan los colombianos? “Soy incapaz de dar una respuesta”, dice el viejo librero y calla.

Insisto y recibo unas cortas líneas que resumen largos siglos: “Soportamos la jerarquía católica más espantosa del continente, aguantamos uno de los peores centralismos del mundo, somos un país terriblemente conservador y desigual, y disfrutamos de unas gentes adorables y solidarias con una geografía maravillosa.

Tuvimos un plebiscito donde nos preguntaron si queríamos parar de matarnos.  Ganó el No. Colombia está dormida. Colombia es un espanto”. 

Camilo habla ahora de bichos. “La hiena es el animal más amoroso del planeta y las ratas tienen mala fama. ¿Usted ha visto alguna vez a una rata robándose algo? ¿Por qué se las compara con los congresistas colombianos?”. Entonces un potencial comprador entra en San Librario. “¿Tiene libros sobre serpientes?”, fusila a boca de jarro.

Camilo se levanta del sillón de lectura, se abre paso en el caos organizado de los estantes y agarra un tomo gordo: Los ofidios venenosos deI Valle del Cauca, de Evaristo García Piedrahita, un naturalista colombiano del siglo XIX. “Acá tiene su libro de culebras, señor”, responde feliz el librero. “No le diga culebra, es despectivo. Se llaman serpientes, y a pesar de despertar entre nosotros miedo y asco, son una extraordinaria fuente de remedios gracias a su veneno”. Colombia recibe siempre de su propia “medicina”.

Postal tres: en la avenida Jiménez, un gigantesco mural de Roberto Mamani Mamani alegra con sus vivos colores el paso acelerado de los funcionarios tristes. Se llama La armonía de la Pachamama. Otras “pintadas” son menos amables: “Venecos fuera”. Camino hacia la esquina donde Jorge Eliecer Gaitán muere todos los días con el sol de media mañana.

El colombiano más universal fue Gabriel García Márquez, pero el más importante fue Gaitán, algo más que un apellido. “La oligarquía no me mata porque sabe que si lo hace, el país se vuelca y las aguas demorarán 50 años en regresar a su cauce”, dijo antes de que la ciudad ardiera en la furia del “Bogotazo”. Asesinaron al “Tribuno del pueblo” y las aguas aún siguen agitadas. La última frase que leo en las paredes alerta: “Colombia despertó”.

Ricardo Bajo

es periodista y director de la edición boliviana

del periódico mensual Le Monde Diplomatique.

Twitter: @RicardoBajo.

Comparte y opina:

Nuevo Bolívar, viejos problemas

Desenlace: la segunda parte es más de lo mismo. Montevideo Wanderers insiste con la misma fórmula hasta que llega el único gol que va a subir al “score”.

Ricardo Bajo, periodista

Por Ricardo Bajo

/ 9 de marzo de 2021 / 21:35

Introducción: Bolívar llega a su debut en Copa Libertadores tan solo con partidos amistosos disputados. El rival, Montevideo Wanderers, está en competencia. El mismo día del partido, los jugadores bolivianos de la División Profesional se ponen en huelga por sus derechos. Estamos en el horno. La “Academia” tiene en el onceno titular medio equipo nuevo: los centrales no se conocen (el español Guitián y el cruceño Quinteros); la dupla de contención Granell-Justiniano apenas engrana; en el tridente del dibujo 4-2-3-1 aparecen Álvaro Rey y Bruno Miranda con Saavedra de enganche y capitán; y arriba un desacertado Leo Ramos. La primera media de hora de Bolívar es buena, apuesta por la tenencia de la pelota, se repliega con disciplina táctica y sale vertical a la contra cuando roba. El problema es el gol. La sombra de Riquelme es alargada.

Nudo: el equipo “bohemio” con más ímpetu que fútbol se adueña del partido. Es el estilo uruguayo de toda la vida: pierna fuerte, desborde por los costados y pelotazos a los dos centros delanteros. No hay que inventar nada más. El enganche Quagliata juega a merced ante la mirada impávida de Granell-Justiniano. El catalán se mete prácticamente entre los centrales y queda muy lejos del “box” rival. Las subidas constantes de Roberto Carlos por banda izquierda dejan un hueco a sus espaldas que nadie ocupa en el relevo. Los problemas defensivos celestes son los mismos que ayer.

Desenlace: la segunda parte es más de lo mismo. Montevideo Wanderers insiste con la misma fórmula hasta que llega el único gol que va a subir al “score”. Los cambios de Bolívar apenas mejoran: John García no aparece; el juvenil cruceño de 19 años Kevin Salvatierra se muestra impreciso; y solo Menacho (por Miranda) entra enchufado. Con el 1-0 en contra, Bolívar se anima, como siempre tarde. La recta final se vuelve un ida y vuelta con el arquero boliviano Rojas de estrella, con Ramos fallando lo inaudito y con una doble sensación: el resultado es bueno y remontable en La Paz; se pudo hacer más ante un rival limitado.
Post-scriptum: El equipo del vasco Natxo González apunta buenas maneras pero todavía extraña los goles de Riquelme y el liderazgo del “Conejo” Arce.

Comparte y opina:

El Alto es del ‘Conejo’

Ricardo Bajo, periodista

Por Ricardo Bajo

/ 28 de febrero de 2021 / 20:32

La hinchada alteña disfruta de un domingo de fútbol en pandemia. Por primera vez puede ver la Copa lograda el último día del año pasado. La “prefe” y la recta están a 25 pesitos; y las curvas, a 20 bs. Se regalan por doquier calendarios 2021 con el trofeo y los rostros del presidente Andrés Costa, Ovejero, Sanguinetti y Cabrera. Los niños y niñas de las “fuerzas básicas” (como dicen en México) hacen un pasillo para recibir a los campeones, modelo CAR 2021. Los más vitoreados son Juan Carlos Arce y el propio presidente. Una barra totalmente uniformada de rojo con el logo “Eva alcaldesa” alienta al “millonario”.

Antes de comenzar el amistoso con Palmaflor, cae una lluvia en medio de una tarde soleada. “Es un buen augurio”, me dice don Saturnino que ha llegado a la cancha con su compañera, su hijo con polera albirroja y una bebé de meses en un enorme canastón. En las gradas, dos changos artistas levantan dos lindos retratos de sus nuevos/viejos ídolos: el “Conejo” Arce y Puña, que no está en el almanaque pero sí está en el corazón del pueblo alteño.

Cuando arranca el “match”, las caras nuevas son cuatro en el “eleven” titular: el panameño central Harold Cummings (con nombre de poeta, acaba viendo la roja tras una absurda entrada contra Azogue); Jorge Enrique Flores (que se lesiona tras un pinchazo); Juan Carlos Arce; y el venezolano Robert Hernández, de muy grata impresión por su excelente forma física y su verticalidad.

A la media hora, los primeros pitos de la temporada resuenan en las gradas. La hinchada de Villa Ingenio es brava e impaciente. Sobre el verde, se escucha al “Conejo” que baja a media cancha a recibir como hacía en Bolívar, que está incómodo pegado a la banda derecha, que necesita tener libertad de movimientos para filtrar pelotas. El dibujo 4-2-3-1 del chileno Sebastián Núñez no es el mejor esquema táctico para  sacar provecho de estos jugadores. En el medio carece de contención (Adrián-Samuel Galindo) y por eso en la segunda parte entra otro ex Bolívar, Cristhian Machado. Arriba, “Oveja” se siente solo y acaba siendo cambiado por otra cara nueva, Júnior Vicosa.

El CAR cumple con la costumbre: ofrece una mala primera parte y reacciona en la segunda para remontar con una pelota parada y un penal. El juego del campeón no convence tras su gira brasileña y el presidente Costa ya aprieta a su técnico, otra “tradición” del Always.

Comparte y opina:

Marcos Malavia: ‘Una sociedad sin teatro es una sociedad sin memoria’

Este hombre de teatro tiene otros frentes abiertos: la lucha por la Escuela Nacional de Teatro, dos películas y un sueño pendiente: montar ‘Hamlet’

VIDA. El teatrista y escritor Marcos Malavia nació el 20 de marzo de 1972 en Huanuni (Oruro)

Por Ricardo Bajo

/ 24 de febrero de 2021 / 11:13

Marcos Malavia está otra vez en la pelea, el leit motiv de su vida. La Escuela Nacional de Teatro atraviesa problemas económicos por el enésimo incumplimiento de la Alcaldía de Santa Cruz y Malavia, entre película y obra de teatro en Francia, ha vuelto a la trinchera para que la única escuela teatral en Bolivia no desaparezca. El orureño está por estrenar su ópera prima en cine, El novio de la muerte sobre el asesinato de Lucho Espinal y subirá a las tablas su versión de Las criadas de Genet en octubre en Francia. Va a rodar también en el Plan 3.000, el barrio que acoge hace casi 20 años a una Escuela que resiste siempre. Es un convencido de que una sociedad sin teatro y sin arte es un pueblo sin memoria.

— Mirando para atrás, hacia la fundación de la Escuela Nacional de Teatro (ENT) en 2004 en el Plan 3.000, ¿qué valoración haces?

— Efectivamente, si hago un esfuerzo de introspección sobre la escuela y estos 17 años, lo primero que me viene es que no sé cómo pudimos hacerlo y cómo todavía está en pie frente a tanta indiferencia de las instituciones y los apoyos que tenemos constantemente que reclamar, poniéndonos en una posición siempre difícil como si se tratara de un favor. Pero a pesar de todo esto estamos ahí y siempre cumpliendo con rigor.

— ¿Cuántos hombres y mujeres salieron de la Escuela Nacional de Teatro?

— Son más de 5.000 actores y actrices que se han beneficiado con la labor pedagógica de la escuela, entre los que cursaron los cursos regulares, los talleres de preparación, los Talleres Nómadas y otras acciones que hemos desarrollado. Estamos por 350 actrices y actores egresados y titulados de la escuela y que hoy están al frente de muchas compañías de teatro y son gestores culturales bastante idóneos, tanto en Santa Cruz como en otras ciudades.

En cuanto al aporte al barrio Plan 3.000, creo que es una relación de comprensión, de respeto y orgullo que se ha establecido entre nosotros durante estos años. El plan representa para nosotros una lección de vida, una forma de hacer frente a las indolencias de la sociedad y es siempre para nosotros una fuente de inspiración en el trabajo. Nos permite comprender cotidianamente el porqué de nuestro oficio y a quién lo destinamos. Es muy importante en el teatro saber a quién nos dirigimos y por qué. El teatro es y será siempre un espacio de transformación a través de la palabra comulgada, es decir que se convierte en un acto colectivo. Estar en contacto con una realidad que nos muestra la injusticia social nos permite saber dónde tenemos que poner nuestros esfuerzos como artistas. Los estudiantes que cursaron y cursan en nuestra escuela, en su mayoría salen con la conciencia de que tienen un rol que cumplir en el esfuerzo de ser un eco de las vivencias de los seres humanos y las injusticias a las cuales están sumisos, sean políticas, económicas o de vida.

DUPLA. Marcos Malavia y el guitarrista Piraí Vaca unieron esfuerzos en la obra ‘El duende’. Foto: Marcos Malavia

— ¿Cómo ves el futuro de la ENT?

— Espero que el futuro de la ENT sea el de definitivamente poder estabilizarse económicamente, permitiendo que sea una institución que tenga justamente garantizado su futuro y pueda de esta manera tener mayores proyecciones en el tiempo y asentar sus proyectos, como el caso de las jornadas de investigación. Pero esto pasa por una toma de conciencia de las necesidades por parte de las autoridades departamentales, pero también nacionales. El aporte de la Escuela no se limita a Santa Cruz, recibimos estudiantes de todo el país. Me parece que el Ministerio de Culturas o el de Educación tendrían también que venir a contribuir a la estabilización de la Escuela. En las anteriores gestiones de dichos ministerios yo inicié gestiones, pero sin ningún resultado. Creo que la idea de la necesidad de valorizar las culturas y el arte no está aún entre las prioridades de la clase política y es bastante perjudicial para el desarrollo armonioso de nuestra sociedad. 

— En estos casi 20 años de la Escuela, ¿de qué obras estás más satisfecho, si es que se puede elegir?

— Hay tres obras que me vienen a la cabeza. La primera es la que realicé con los alumnos de la primera promoción. El título era Tierra de nadie del rumano Matei Visniec. El espectáculo tuvo bastante éxito, sobre todo en el festival Peter Travesí y allí estaba toda una generación de actores y actrices que hoy están muy activos. La otra obra es Ópera pánico de Alejandro Jodorowsky, que era para mí una manera de mostrar la dureza y la poesía de la vida de los olvidados de la calle. Y la tercera es una de las últimas que realicé, Tejas verdes de Fermín Cabal, que fue estrenada en La Paz el día de la muerte del dictador García Meza, una obra que denunciaba justamente las oscuras y terribles acciones de las dictaduras militares de los años 70.

FILMACIÓN. Malavia estrenará este año su ópera prima, denominada ‘El novio de la muerte’. Foto: Marcos Malavia

— La batalla por la plata y las constantes peleas con la Alcaldía cruceña y con otras administraciones, ¿qué te dicen de la relación poder públicoculturas-artes?

— Creo que la posición del arte en nuestras sociedades ha sido siempre una fuente de conflicto, tanto para valorarlo como para mantenerlo. Desde el punto de vista económico somos totalmente improductivos, no creamos una riqueza directa que pueda multiplicarse, sobre todo el teatro, que es un evento puntual en el tiempo y espacio. Es difícil contenerlo y tolerarlo. Esto provoca una profunda incomprensión de los políticos y también de la ciudadanía para percibir la necesidad de ayudar y contribuir a su crecimiento. No ven el reporte directo a su vivencia física y material. Pero la verdad es que somos seres sociales de la representación y el arte es una expresión profunda de nuestra condición, como respirar o alimentarse.

El ser humano necesita la expresión de sus vivencias y sus sentimientos, que los mismos sean compartidos, lo que le permite relacionarse con los otros seres de su comunidad. Sentir ser parte de un todo, de una identidad que le permitirá afrontar sus incertidumbres existenciales. Es la alimentación del ser y es a eso que se dedica el artista, el arte y en mi caso, el teatro. Una sociedad sin arte y sin teatro es una sociedad sin memoria, sin perspectiva de construcción de crecimiento humano.

Es por esto que, a pesar de las dificultades, el arte y los artistas lucharán siempre por estar vivos. Los cálculos a corto término que traen la política y el poder no permiten ver que necesitamos ser apoyados por el bien de la sociedad. La obsesión de mantenerse en el poder hace que los políticos y las autoridades pierdan la visión del ser y el buen vivir interior colectivo.

— Con toda tu experiencia en Francia, “paraíso” del apoyo público a las artes/culturas, ¿cómo logras pasar sin morir en el intento de un país así a nuestro páramo boliviano?

— Francia ha comprendido desde ya hace mucho tiempo que una de las riquezas naturales más importantes de un país es la cultura y el arte. Sus esfuerzos se han encarado hacia esa riqueza natural que no se puede agotar, como son las riquezas naturales energéticas. Una de las exportaciones de primera línea de Francia es su influencia intelectual, artística y cultural. Está entre los productos más importantes exportables que cohabita con los bienes naturales, como es el caso del vino. Esta manera inteligente de abordar su influencia en el mundo ha hecho efectivamente que se aporte una atención de primera línea a la cultura y los artistas. Evidentemente tiene sus bemoles cómo se reparten esas ayudas y también el deseo intrínseco de controlar la producción cultural-artista a través de las subvenciones.

Pero no hay que negar que esta predisposición de dotar al Ministerio de Cultura un presupuesto que le permite apoyar a los artistas es un ejemplo a seguir. Los impuestos de los ciudadanos deberían de la misma manera poder garantizar que el público pueda beneficiarse del arte de manera gratuita. Jean Vilar proponía un arte “elitista para todos”. Bolivia tiene un gran potencial creativo en el arte, pero los artistas viven como pueden.

— Regresando a tus comienzos en Huanuni y Oruro, ¿qué recuerdos te vienen a la cabeza si lees las palabras: Teatro El Túnel y Líber Forti?

— Mis comienzos están siempre presentes en mi trabajo. El ser humano es a cada instante la expresión de su pasado, su presente y su futuro. Personalmente no soy muy nostálgico, pero creo que mis inicios en mi Huanuni natal y el grupo El Túnel en Oruro forjaron en mí una disciplina de trabajo y constante aprendizaje. La falta de una escuela y el empirismo con el cual comencé este oficio me enseñaron lo importante que significa tener una formación, proceder con una técnica. Esta es la razón principal que me motivó para fundar y construir el proyecto de la Escuela Nacional de Teatro. Tuve la suerte de tener maestros como Jean-Louis Barrault y Marcel Marceau. Con ellos comprendí lo que significaba poseer un conocimiento de la escena y el camino que tenía que recorrer para considerarme un artista profesional.

Dentro de mis recuerdos, evidentemente, está el encuentro con Forti. Fue para mí la primera luz brillante que comenzó a iluminar mi camino en el arte. Líber era un hombre de teatro excepcional y tenía una relación con el teatro directa y al servicio de los otros, del pueblo. Su ejemplo de trabajo fue una influencia importante en mi recorrer.

Foto: Marcos Malavia

— ¿Confías todavía en este mundo distópico en la capacidad del teatro como formador de hombres y mujeres por un mundo más justo, solidario y tolerante?

— El teatro es la consecuencia poética de la condición humana y por ello va siempre a existir. Parte del principio del desdoblamiento del ser que nos constituye y forma parte de nuestra condición existencial. El ser humano vive constantemente en una elaboración de puesta en escena, todo lo que nos rodea está sumado a esta función fundamental que es la de organizar el movimiento caótico de la vida. Cuando digo esto, digo que vivimos y nos vemos vivir constantemente y es allí donde se funda el teatro. Necesitamos hipótesis existenciales para comprender nuestra vida y comprender el comportamiento humano. El teatro ofrece este espejo de la existencia. Ahora, que se considere como un acto que toca a una pequeña parte de la población, no es a causa del arte del teatro. Esto radica sobre todo en que vivimos un mundo industrializado y todo lo que no puede reproducirse al infinito termina siendo destinado a unos cuantos pocos. Es resultado sobre todo de un disfuncionamiento de la superestructura social que es la economía. La gente de teatro somos verdaderos resistentes de esta lucha silenciosa y perversa a la cual nos ha sumido la sociedad actual, que finalmente busca deshumanizar las relaciones entre las personas. No importa que el teatro no sea un deporte de masas, lo fue en un momento de la historia del ser humano, pero es esencial para el equilibrio social que exista y esto lo saben de manera cognitiva nuestras estructural sociales.

— ¿Ha caído el teatro en cierta forma en una especie de onanismo, en personas que se quieren y se ven solo así mismos?

— Francamente no creo. Pienso sobre todo que hoy los hombres y mujeres viven un constante bombardeo a través de la redes sociales y de la preponderancia de la imagen que le exigen y lo empujan a ser un ser único y que es mirado por todos. Creando de alguna manera una sociedad más solitaria e individualista, el teatro a veces puede sufrir de esto igualmente, pero creo que ese tipo de actor o actriz termina por agotarse solo y la mayor parte queda solitaria en su mirar narciso.

— Sigues escribiendo en francés con más comodidad/facilidad que en castellano, ¿se puede sentir alguien totalmente libre en un idioma que no es el suyo propio?

— La escritura es para mí un acto de desdoblamiento como el teatro. Me posiciono siempre en el lugar del que va a leer y al cual le cuento la historia que tengo detrás mío, como si fuera un fantasma que me empuja y guía las palabras que constituyen el texto, sea un poema, una novela o la obra de teatro que escribo. Escribir en francés, contrariamente a lo que podría uno imaginarse, me da mucha más libertad que el castellano. En francés las palabras no tienen el mismo peso, como si ellas podrían tener un destino más imaginativo que las que corresponden a mi lengua materna. Es como si el hecho de escribir en otro idioma me permitiera abordar el imaginario a partir de otro punto de vista, de otra organización interior. No sé si es más fácil para mí, pero la verdad es que mi producción literaria se enriquece cuando estoy en otro idioma.

— ¿En qué trabajas actualmente?

— Acabo de terminar la postproducción de mi ópera prima en el cine llamada El novio de la muerte que rodé en Bolivia en 2019 con el 97% de actores bolivianos y que explora las circunstancias de la muerte de Luis Espinal. Es una coproducción boliviana-francesa entre Fuentes Audiovisuales (productora boliviana), Mia Production y PasoProd (francesas). Fue una experiencia bastante enriquecedora y una incursión que tenía pendiente desde hace muchos años. La película está terminada y será propuesta a diversos festivales. Espero que pronto pueda ser vista en Bolivia. He tenido un enorme placer de trabajar con los actores bolivianos que son excelentes y de una entrega única. Las preproyecciones que hemos realizado aquí en Francia fueron muy positivas en ese sentido, remarcando el formidable trabajo de esos actores y actrices.

Ahora que terminé la película estoy escribiendo otro guion que se inspira en la novela que publiqué en Francia, Un cuerpo despedazado. La película va a ser rodada casi íntegramente en el Plan 3.000 y busca mostrar la violencia y la injusticia en la cual viven las mujeres hoy a través de un personaje muy cercano a Antígona, que busca la justicia. Por otra parte acabo de terminar la puesta en escena de la obra Las criadas que tenía que estrenarse en París el mes próximo pero por la maldita pandemia se pospondrá para octubre.

OBRA. La Escuela Nacional de Teatro está ubicada en el Plan 3.000 de Santa Cruz de la Sierra. Foto: archivo La Razón

— ¿Cómo has vivido la experiencia no corporal del teatro en pandemia con Zoom, presentaciones virtuales y la ausencia física del espectador?

— Es una época singular la que vivimos. Durante varios meses he dictado mis clases por Zoom a los alumnos de la Escuela. Es una experiencia difícil porque te obliga a trabajar de una manera que no corresponde a la realidad. El teatro se aprende en el escenario, es allí que surge lo justo. El Zoom es una manera de poder continuar y tratar de paliar la dificultad que está frente a nosotros. Para el teatro,  esto es un castigo suplementario que nos impone la vida hoy. Esperemos que pronto salgamos de este túnel en el cual estamos todos.

— ¿Qué obra o autor te gustaría montar que no lo hayas hecho aún?

— Es difícil responder esa pregunta. Siento que tengo mucho que hacer por delante y muchas obras pendientes para montar, pero si podría decirte que me gustaría en un futuro próximo poder montar Hamlet, es una obra que me gustaría hacerla vivir en el escenario.

— La experiencia con Piraí Vaca en El duende fue especialmente gratificante, por lo menos para el espectador, ¿hay planes de repetir cuando pase esta maldita pandemia?

— Piraí es un genio y un hermano del alma. Esa experiencia artística nos ha unido mucho. Regularmente hablamos y comentamos nuestras experiencias artísticas. El duende es una de las obras que más satisfacciones me ha dado. Son esos momentos mágicos que unen a dos artistas y que una vez juntos todo parece fácil, como si no tendrías que hacer ningún esfuerzo para que todo funcione. Fue un momento en mi vida artística muy importante y sobre todo la acogida que tuvo la obra por todo el público. Fue realmente lo que se llama el teatro “elitista para todos”, porque es divertida pero al mismo tiempo dices cosas muy profundas con las palabras de ese hombre de teatro genial como fue Federico García Lorca. Una de las cosas que muchos no saben es que antes que considerarse poeta, Lorca fue un verdadero teatrero, llevaba sus obras a los lugares más alejados de España con su compañía de teatro. Y creo que con El duende ofrecimos esa dimensión popular que es propia de Lorca. Nuestro deseo con Piraí es volver a trabajar juntos, sea remontando El duende, sea inventando otra cosa. La vida se hace con los sueños y es así como veo que llegaremos a estar pronto nuevamente juntos en el escenario con mi entrañable amigo Piraí.

— ¿En qué momento se encuentra el Festival de Teatro en Santa Cruz?

— El Festival Internacional de Teatro de Santa Cruz es una de las obras clave para que el teatro en Santa Cruz pueda asentarse y cobrar la dinámica y el vigor que tiene hoy. Su existencia permitió que el proyecto de la Escuela Nacional de Teatro pueda crecer, sin lugar a dudas.

— ¿Cómo ves la escena cruceña? En los últimos años Santa Cruz ha vivido una explosión de teatro con una cierta inclinación por lo comercial.

— De lo que yo he visto, me parece que la escena es bastante diversa. Es cierto que hay algunas compañías que tienen el deseo de crear un teatro que podría imaginarse que es más fácil para consumir pero he visto a la par bastantes trabajos que no entran en ese cuadro y que toman riesgos llevando sus obras a barrios populares. Hay varios autores nuevos también que están montando sus propias obras. Pienso en Ariel Muñoz que tiene su compañía y que trabaja una creación bastante original; en Fred Núñez igualmente; y en las experiencias singulares de teatro de Tía Ñola, donde existe un movimiento muy importante y lo llevan con mucha pasión. Lo que sobre todo caracteriza hoy al teatro de Santa Cruz es su diversidad, creo mucho en eso. Hay que tener mucho cuidado cuando el teatro toma un ángulo ideológico o puramente estético. Cuando se busca obedecer esta concepción, es la mejor manera de alejar el público de los escenarios. Somos artífices de las vivencias humanas y estas pueden ser escuchadas por el público más amplio que sea posible.

— Saliste al exilio chileno después de un golpe, el de García Meza, ¿cómo viviste el 2019? ¿Cómo ves el ascenso de la ultraderecha?

— Creo que los errores que se cometieron en la visión política y el análisis de la situación por los que se consideran de izquierda son el resultado de esta derechización. Lamentablemente, el paradigma político no cambia. La lucha por el poder pervierte las ideas más loables. La gente que llega al poder se encuentra en una encrucijada: cómo hacer para mantenerse, de tal manera que todas las buenas ideas que podían haber tenido llegando al poder, muy a menudo se diluyen en esa lucha constante por no perderlo y mantenerse, cueste lo que cueste. Es el paradigma que hay que cambiar. La cuestión no es quedarse en el poder sino el de permitir que la coherencia que nos llevó al poder sea respetada; que el deseo por la justicia esté siempre en primer plano, cueste lo que cueste, incluso hasta perder el mismo poder.

Comparte y opina:

Seis escenas caníbales

/ 24 de febrero de 2021 / 00:51

Nueve mujeres y hombres han tomado el Museo Nacional de Arte, el “Emeneá”. Han inventado un modelo para armar y cuestionar los mecanismos religiosos de dominación del arte colonial. No han copiado obras famosas de la Colonia, las han reproducido que no es lo mismo. Ellos son los nuevos “privilegiados”: Neddy Pacheco y Yawar Gustavo Limachi, como muralistas junto a Mario Conde, Jorge Mendieta, Fabiola Gutiérrez, William Luna, Ángelo Valverde, Cristian Laime Yujra y Millka Ponce. La primera exposición del año con alma itinerante en el MNA se llama Devoción pictórica: la reproducción de la reproducción: de dispositivo de adoctrinamiento colonial a herramienta pedagógica en nuestros días. La curaduría corre a cargo de Narda Fabiola Alvarado y es parte del proyecto Dios y la máquina, la muestra sobre arte colonial del museo. Estas son seis escenas de arte pop colonial/canibalizado.

Uno: “¿cómo meterse en la cabeza del pintor colonial? ¿cómo pintar como él? El paceño Leonardo Flores solucionaba su pintura con una pincelada. Reproducir es un reto”, dice un “globo” de cómic a tiza. Los nueve “imitadores devotos” se han dado cuenta de que reproducir no es una acción mecánica, que toda pintura es una corrección. Reinterpretar es increpar al pasado, es llevar la contraria. Nosotros/ellos somos la posteridad que ha condenado al olvido a los autores desconocidos del periodo colonial.

Dos: “9.00 am: comienzo a trabajar en los bordados y encajes. Es un trabajo mecánico y repetitivo pero emocionante por el reto de completar una serie de rompecabezas. 18.00 am: aún no termino los encajes. Hay mucha ternura en el ojo chueco del Espíritu Santo en el cuadro del maestro Melchor. Hay algo raro ahí”. Los reproductores canibalizan a los pintores anónimos de nuestro arte colonial. ¿Por qué dibujamos aquello que odiamos? ¿Dónde estaba su misterio, su huella?

Tres: “el santo tiene un rostro serio y pálido con la mirada que te persigue desde cualquier ángulo, me es complicado definir su expresión”. Es un mensaje de la bitácora/“guasap” de Cristian Laime Yujra sobre el cuadro barroco Santiago Matamoros, atribuible a Leonardo Flores, último tercio del siglo XVII. “10.08 am: el caballo se hace complejo, sus ojos humanos se me hacen enigmáticos”. Los dos “Santiagos” lucen imponentes en la entrada de la Sala Díez de Medina. La mayor parte del arte pop mostró en los años 60 un estilo libre, trivial o lúdico. El “Matamoros” de Laime es un personaje cómico de historieta. Es otro expolio.

Cuatro: “¿Efecto teatral o ficcional de los cortinajes? Develar la imagen de la virgen y que todos digan: ¡guau! 10.00 am: las figurillas parecen de fácil ejecución. 20.00 am: ¡Nada fácil! Las miniaturas resultaron siendo más complicadas de lo que esperaba”. El interés es el primer canon estético, dijo John Cheever, el “Chéjov del barrio”. Sorprender desde un ángulo inesperado, hacer que nos detengamos de golpe. El “guau” onomatopéyico es puro Roy Lichtenstein. Es otro viaje en el tiempo.

Cinco: Mario Conde reproduce a Melchor Pérez de Holguín. Es un pequeño óleo sobre cobre, se llama Virgen del Rosario, barroco potosino. Conde ha elegido otra técnica, es una acuarela sobre papel. Usa sobre la pared del Museo un compás áureo para medir proporciones y transportar medidas, copia las pinceladas y las manchas del tiempo, calca el dibujo, borra trazos excedentes, dibuja sus pinceles, su barniz protector, su espátula, sus gubias, su martillo, su regla de 90 grados. Quisiera saber qué piensa Marito cuando calla.

Seis: los murales movibles armados por los muralistas Pacheco y Limachi están pensados no para ocupar una sala blanca y grande, sino para ser exhibidos, si la plata alcanza, en la avenida 6 de Marzo de El Alto y en la Plaza del Estudiante en La Paz. A la calle. Los lienzos blancos alternados en sus “reproducciones” de Descanso de la huida a Egipto (o Virgen lavandera) de Pérez de Holguín y La Sagrada Familia quieren denunciar el despojo/ robo de nuestro arte colonial a lo largo del ancho altiplano. Devoción pictórica es la canibalización/pop de nuestro arte colonial. Es una invitación para devorar la devoción. Es la caprichosa labor de inventar eternidades con brochazos de fugacidad y olvido.

    Ricardo Bajo es periodista y director de la edición boliviana del periódico mensual Le Monde Diplomatique. Twitter: @RicardoBajo

Comparte y opina:

Los cinco problemas del Tigre

Ricardo Bajo, periodista

Por Ricardo Bajo

/ 21 de febrero de 2021 / 21:18

Los dos últimos amistosos de The Strongest frente a Wilstermann dejaron aires de preocupación en Achumani. Es verdad que estamos en plena pretemporada pero los problemas del Tigre no son de hoy.

Uno: la sombra de Pablo Escobar es alargada. La propia idiosincrasia del club marca la necesidad imperiosa de fuertes liderazgos. La historia stronguista es la historia de sus caudillos. En el plantel de Alberto Illanes hay grandes jugadores pero ningún caudillo. Hay cuatro o cinco jugadores de peso que mandan pero nadie da un grito y se echa el equipo al hombro cuando llegan las malas.

Dos: el Tigre acusa falta de solidez defensiva. No hay pareja de centrales que logre consolidarse como tal. La llegada del español David Mateos sembró ilusión pero su sobrecarga ha impedido aún su debut. En el colmo de los colmos incluso se habla de una posible mala relación entre el entrenador y el ex zaguero del Real Madrid.

Tres: los stronguistas han armado prácticamente dos oncenos de jerarquía pero hay una posición que preocupa. En el puesto de volante de contención solo se cuenta con Wayar. El año pasado estaba Veizaga pero el cochabambino se fue –fallaron otra vez las formas para despedir a un jugador que dio tanto- y nunca se fichó a un reemplazante. ¿Qué pasa si el chapaco se lesiona? En el segundo amistoso frente al “rojo”, Arrascaita jugó de cinco.

Cuatro: la carencia de gol. Si bien es cierto este es un problema endémico de todos nuestros equipos y de la propia selección nacional, este hándicap se acentúa en filas gualdinegras. Illanes ha depositado la confianza en Blackburn como titular pero el panameño “devuelve” ese gesto con displicencia, con un juego estático incomprensible. Cuando ha entrado Jair Reinoso, el colombiano no logra aún complicar al técnico a la hora de decidir. El gol no es solo tarea del nueve, los hombres de segunda línea también tienen desviado el punto de mira.

Cinco: a los problemas futbolísticos –verticalidad extrema y abuso del toque intrascendente- se suma una decisión táctica del “Flaco”: salir jugando desde atrás. Esta obsesión se ha vuelto en contra pues hace del equipo un conjunto predecible. Resultado: pérdidas de pelota y ocasiones facilonas para el rival. ¿No es mejor alternar con pelota larga para saltar líneas y no obdecarse siempre con salir jugando? Por cierto, el desempeño de Castro sigue siendo un dolor de cabeza.

Comparte y opina:

Últimas Noticias