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viernes 1 jul 2022 | Actualizado a 08:35

Día Internacional de los Bosques

/ 16 de marzo de 2020 / 23:17

El 21 de marzo se celebra el Día Internacional de los Bosques, con el objetivo de concientizar sobre su importancia para las personas y el planeta. El 21 de marzo coincide con el inicio de la estación otoñal en el hemisferio sur y la primaveral en el hemisferio norte. El tema de este año es “Bosques y biodiversidad”.

Junto con los océanos, los bosques constituyen los pulmones de la tierra. Actualmente cubren un tercio de la superficie terrestre y son los ecosistemas más diversos de la superficie. Albergan el 80% de las especies de plantas y animales terrestres. También son una fuente directa de alimentos, medicinas y combustible para más de 1.000 millones de personas, incluyendo a más de 2.000 pueblos indígenas. Además, ayudan a mitigar los efectos del cambio climático, protegen los suelos y el agua, y proporcionan numerosos productos y servicios que contribuyen al desarrollo socioeconómico de los países.

A pesar de todos estos beneficios, la deforestación continúa a un ritmo imparable de cerca de 13 millones de hectáreas al año. La quema de las áreas forestales produce entre el 12% y el 20% de total de gases de efecto invernadero que emitimos cada año, más que todo el sector de transporte mundial. En Bolivia, según estudios de la Fundación Amigos de la Naturaleza (FAN), en los últimos ocho años la tasa de deforestación se encuentra en torno a las 302.000 hectáreas por año, debido principalmente al cambio de usos de suelos para la agricultura, ganadería, la minería y la tala de árboles.

Como consecuencia de esta destrucción, paisajes naturales, caracterizados por llanuras inmensas de bosques y ecosistemas muy ricos en biodiversidad, se están transformado en llanuras desiertas, con baja capacidad de producción agrícola. Esto debido a que la vocación de los suelos en la mayoría de las áreas deforestadas es forestal (dependen del bosque para mantener su productividad y fertilidad). La destrucción de los bosques está alterando el comportamiento de las lluvias y está generando un desbalance en la recarga de agua en los suelos. Y de continuar esta tendencia, la escasez de agua para producir alimentos se va a agudizar.

La acelerada pérdida de los bosques en Bolivia evidencia la necesidad de promover cuanto antes un manejo sustentable de las áreas forestales, que mitigue la deforestación y la degradación de los suelos. Asegurar la producción agrícola y la seguridad alimentaria sin afectar la superficie forestal es uno de los mayores desafíos de nuestro tiempo.

* Es Gerente de Proyectos de la Fundación Amigos de la Naturaleza (FAN).

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Día de la Tierra, 52 años después

/ 27 de abril de 2022 / 01:47

El 22 abril, en todo el mundo se celebró el Día de la Madre Tierra, fecha que se festeja desde 1970 y se aprovecha para reflexionar sobre la importancia que tiene el medioambiente, su cuidado y realmente cómo venimos actuando hacia y con el planeta. Han pasado 52 años, los datos y eventos que vemos a diario nos muestran que hemos hecho poco o nada; no se ha progresado tanto en su protección como se esperaba, el estado del planeta es mucho más grave hoy de lo que era en aquel entonces.

En los últimos 52 años, se ha aumentado drásticamente la producción y la extracción de alimentos, energía y materiales, lo que se ha traducido en alto deterioro del medioambiente a través del cambio climático, la pérdida de biodiversidad y otras formas de contaminación y degradación de los recursos naturales. Solo en Sudamérica, según datos de la RAISG (Red Amazónica de Información Socioambiental Georeferenciada), entre 1985 y 2020, en la Amazonía, 740.000 km2 de vegetación natural fueron transformados en áreas agropecuarias, superficie equivalente a los territorios de Alemania e Italia juntos. Por otro lado, entre 2001 y 2020 las quemas e incendios forestales afectaron el 14% de la Amazonía; esta superficie de 1,2 millones de km2 equivale a un territorio más grande que Bolivia.

El Informe sobre la Brecha de Emisiones de 2020 del PNUMA (Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente), afirma que estamos ejerciendo presiones extremas sobre el planeta. Vamos rumbo a un aumento de la temperatura de al menos 3 °C en este siglo. Estamos lejos de cumplir el Acuerdo de París de limitar el calentamiento global a un nivel muy inferior a los 2 °C por encima de los niveles preindustriales y de procurar contener aún más el aumento de la temperatura para mantenerlo por debajo de 1,5 °C. Al ritmo actual, el calentamiento alcanzará los 1,5 °C en torno a 2040 y probablemente antes.

Sin embargo, no todo es malo. También se ha tenido avances, por ejemplo, gracias a la cooperación y regulación, se está recuperando el agujero de la capa de ozono estratosférica que protege la Tierra. Se han creado áreas naturales protegidas, en la Amazonía representan el 24,6% (2,1 millones de km2). También se ha avanzado en la promulgación de leyes y normas para proteger la naturaleza, aunque en la práctica no están funcionando como se debe. No obstante, queda mucho por hacer y debe hacérselo mucho más rápido, sobre todo para reducir las emisiones de carbono y evitar la catástrofe climática.

Los ecosistemas sustentan todas las formas de vida de la Tierra. De la salud de nuestros ecosistemas, depende directamente la salud de nuestro planeta y sus habitantes. Necesitamos un cambio hacia un desarrollo más integral y sostenible que funcione tanto para las personas como para el planeta. Es posible y viable entender y comprender que puede existir un desarrollo con conservación donde la base sea lo ambiental.

Saúl Cuéllar es gerente de Proyecto de la FAN.

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Amazonía transformada

/ 13 de octubre de 2021 / 01:33

La Amazonía, con una extensión de más de 8,47 millones de km2 compartidos entre nueve países: Bolivia, Brasil, Colombia, Ecuador, Guyana, Guyana Francesa, Perú, Surinam y Venezuela, representa el 47% de América del Sur. Es una región megadiversa con una variedad de ecosistemas. Contiene el bosque tropical continuo más extenso del mundo y juega un rol muy importante como regulador del ciclo de carbono y del cambio climático. Además, posee una gran diversidad cultural con más de 410 grupos indígenas que poseen un legado cultural único.

Por otra parte, la Amazonía también es un territorio de altísima diversidad socioambiental en proceso de cambio acelerado, lo que genera presiones, amenazas y grandes transformaciones en el paisaje de esta región.

El 30 de agosto, la Red Amazónica de Información Socioambiental Georreferenciada (RAISG), en Alianza con MapBiomas dieron a conocer los resultados de Colección 3.0 MapBiomas Amazonía, una herramienta de mapeo que a partir de imágenes satelitales permite monitorear los cambios del uso del suelo a nivel de toda la Amazonía y hacer seguimiento de las presiones sobre sus bosques y ecosistemas naturales (https://amazonia.mapbiomas.org/). Los resultados revelan que entre 1985 y 2020, la Amazonía perdió el 52% de sus glaciares y 74,6 millones de hectáreas de su cobertura vegetal natural, un área equivalente al territorio de Chile. En el mismo periodo hubo un crecimiento del 151% en la agropecuaria, es decir, de los 48,6 millones de hectáreas que había en 1985, a 2020 esta área casi triplicó, alcanzando a 122,1 millones de hectáreas.

Asimismo, en este periodo, en la cuenca amazónica de Bolivia se perdió alrededor de 6,9 millones de hectáreas de su cobertura vegetal natural y la agropecuaria creció un 464%, de los 1,5 millones de hectáreas que había en 1985 se pasó a 8,2 millones de hectáreas en 2020.

Por otro lado, estudios recientes publicados en la revista Science Advances apuntan que la pérdida de 20 a 25% de la cobertura boscosa de la Amazonía podría significar el tipping point (punto de no retorno) para los servicios ecosistémicos de la región. Si continuara la tendencia actual verificada por MapBiomas, este punto de inflexión se podría alcanzar en esta década.

Estos resultados nos deberían llamar la atención. La situación de la Amazonía tiene que convertirse en un asunto de prioridad esencial, requiere de acciones urgentes en todos los niveles, local, nacional, regional e internacional, tanto en el ámbito público como en el privado.

“Reconstruir la historia de nuestra Amazonía mirando los cambios año a año de sus coberturas naturales, identificando pérdidas de coberturas tan importantes como los glaciares y los bosques en general, nos ayuda a construir y proponer estrategias más exactas de conservación”, Beto Ricardo, coordinador de la RAISG.

Saúl Cuéllar es gerente de Proyectos de la FAN.

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El suelo, ¿por qué es tan importante que lo cuidemos?

/ 21 de julio de 2021 / 00:53

El Día Internacional de la Conservación del Suelo se estableció el 7 de julio de 1963 en memoria del doctor Hugh Hammond Bennet (1881-1960), científico estadounidense considerado pionero en el campo de la conservación del suelo. Dedicó gran parte de su vida a demostrar que el cuidado del suelo influye directamente en su capacidad productiva. El propósito de este día es el de concientizar a la humanidad sobre la importancia fundamental que tiene el suelo dentro del frágil equilibrio medioambiental.

El suelo es un recurso muy complejo debido a su capacidad cambiante, en él ocurren numerosos procesos químicos, físicos y biológicos para la vida misma. No solo sirve como soporte para todas las formas de vida, como las plantas y animales, sino que además sirve de sustrato para el crecimiento de la vegetación, garantizando los nutrientes necesarios para todas las especies. El suelo es un recurso sustancial para combatir el cambio climático; así como en el caso de los océanos, los suelos pueden absorber gran cantidad de dióxido de carbono, lo que contribuye a mitigar el impacto de las emisiones de CO2 en el planeta.

El 95% de los alimentos que consumimos las personas provienen del suelo. El manejo sostenible de este recurso puede producir 58% más de alimentos que una producción agrícola deteriorada. De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas (ONU), hasta dos cuartas partes del suelo en el planeta se encuentran en proceso de desertificación, mientras que el 70% de la superficie agrícola mundial enfrenta un deterioro severo.

El suelo sufre una degradación progresiva a causa de la erosión, la deforestación, las quemas descontroladas, el sobrepastoreo, la expansión de las fronteras agrícolas, el uso continuado y excesivo de abonos y fertilizantes artificiales, entre otros, causando restricciones a la capacidad de producción, degradación de los ecosistemas, afectando al suministro de agua y amenazando a la seguridad alimentaria mundial.

Estamos en una época crítica para el país. Los incendios forestales son una fuerte amenaza hacia la degradación del suelo. Dependiendo de su intensidad pueden quemar las partes superficiales y hasta más profundas, llegando a la parte viva que está ahí, es decir, hongos, bacterias, bichitos y todo lo que genera biomasa que está en las capas más superficiales y que le dan su fertilidad.

Las acciones de cuidado y conservación del suelo de manera eficaz deben aplicarse todos los días de manera colectiva e individual para intentar reducir los efectos del cambio climático sobre este recurso. De lo contrario, la sostenibilidad de los ecosistemas agrícolas y la productividad del suelo podrían verse gravemente alteradas.

“La tierra productiva es nuestra base, porque cada cosa que nosotros hacemos comienza y se mantiene con la sostenida productividad de nuestras tierras agrícolas”, Bennett.

Saul Cuéllar es gerente de Proyectos de la FAN.

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Día Internacional de los Bosques

/ 2 de abril de 2019 / 04:00

Cada 21 de marzo se celebra el Día Internacional de los Bosques, con el objetivo de concientizar sobre su vital importancia para las personas y el planeta. La Asamblea General de las Naciones Unidas decidió conmemorar esta fecha a través de una resolución aprobada en 2012, cuya celebración se inició al año siguiente. El 21 de marzo coincide con el inicio de la estación otoñal en el hemisferio sur y la primaveral en el hemisferio norte.

Los bosques representan una fuente directa de alimentos, medicinas y combustible para más de 1.000 millones de personas en el mundo, incluyendo a más de 2.000 pueblos indígenas. Cubren un tercio de la superficie terrestre. Albergan el 80% de las especies de plantas y animales terrestres del planeta. Además, ayudan a mitigar los efectos del cambio climático, protegen los suelos y el agua, y proporcionan numerosos productos y servicios que contribuyen al desarrollo socioeconómico de los países. Sin embargo, a pesar de su importancia la pérdida de las áreas forestales se ha incrementado en los últimos años. La expansión de la agricultura, la ganadería, la tala de árboles y la minería impulsan su destrucción cada año a escala mundial.

En Bolivia, en los últimos siete años se han perdido en promedio 276.000 hectáreas de bosques cada año por causa de la deforestación. Como consecuencia de esta destrucción, paisajes naturales, caracterizados por llanuras inmensas de bosques y ecosistemas muy ricos en biodiversidad, se están transformando en llanuras desiertas, con baja capacidad de producción agrícola. Esto debido a que la vocación de los suelos en la mayoría de las áreas deforestadas es forestal (dependen del bosque para mantener su productividad y fertilidad).

A esto se suman los efectos del cambio climático, que están afectando de manera creciente al sector productivo con las sequías. Y es que la destrucción de los bosques está alterando el comportamiento de las lluvias, y está generando un desbalance en la recarga de agua en los suelos. Además, la necesidad de agua para producir alimentos se va a agudizar con el incremento en la pérdida de las áreas forestales.

La fuerte perturbación de los bosques en Bolivia pone en evidencia la necesidad urgente de mejorar el manejo forestal. Su buen manejo y aprovechamiento puede generar ganancias muy atractivas para el país. Por otro lado, la urgencia de desarrollar mecanismos que aumenten la producción agrícola y mejoren la seguridad alimentaria sin reducir la superficie boscosa sigue siendo uno de los mayores desafíos del país.

* Gerente de proyectos de la Fundación Amigos de la Naturaleza (FAN).

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Día de la Madre Tierra

/ 17 de abril de 2018 / 04:05

En pocos días se celebrará el Día Internacional de la Madre Tierra, el 22 de abril. Esta fecha es aprovechada para recordar que el planeta y sus ecosistemas nos dan la vida y el sustento; pero también para recapacitar y concientizar a la población sobre la importancia de cuidar y reconocer a la Tierra como nuestro hogar, tal y como lo han expresado distintas culturas a lo largo de la historia, demostrando la interdependencia entre sus ecosistemas y los seres vivos que la habitamos.

El Día Internacional de la Madre Tierra se celebra desde 1970. Aquel año, aproximadamente 20 millones de personas salieron a las calles en Estados Unidos para manifestarse por un ambiente saludable y sustentable y exigir la creación de una agencia medioambiental estadounidense, en la que ha sido considerada como la primera gran manifestación ecologista del planeta. Dos años después, la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Humano celebrada en Estocolmo en 1972 sentó las bases de la toma de conciencia mundial sobre la relación de interdependencia entre los seres humanos, otros seres vivos y nuestro planeta.

Han pasado casi 50 años desde entonces, y las amenazas contra la Madre Tierra, lejos de disminuir, se han incrementado y se han profundizado; por ejemplo, el cambio climático, la disminución de la biodiversidad, la contaminación, la deforestación y degradación forestal, las tendencias actuales de consumo y los dirigentes políticos que no apuestan por el medio ambiente.

En Bolivia, la Ley 300 Marco de la Madre Tierra y Desarrollo Integral para Vivir Bien establece que la Madre Tierra alimenta y es el hogar que contiene, sostiene y reproduce a todos los seres vivos, los ecosistemas, la biodiversidad, las sociedades orgánicas y los individuos. Si bien en los últimos años en el país se han registrado avances en el plano ideológico respecto a la protección del medio ambiente, con la promulgación de normas y leyes como la mencionada, en los hechos estos avances quedan tan solo en papeles, sin que se desplieguen esfuerzos reales para reducir las presiones y amenazas que se ciernen sobre la naturaleza.

La Tierra y sus ecosistemas son nuestro hogar. Para alcanzar un justo equilibrio entre las necesidades económicas, sociales y ambientales de las generaciones presentes y futuras es necesario que promovamos su desarrollo en armonía con la naturaleza y el planeta. A la fecha contamos con más de 22 millones de hectáreas en áreas protegidas y 15 millones de ha de sitios Ramsar. La conservación de este potencial natural que la Madre Tierra nos otorga es un desafío que no solo depende de las autoridades y de políticas estatales, sino también de nuestro accionar.

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