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Día Internacional de los Bosques

/ 16 de marzo de 2020 / 23:17

El 21 de marzo se celebra el Día Internacional de los Bosques, con el objetivo de concientizar sobre su importancia para las personas y el planeta. El 21 de marzo coincide con el inicio de la estación otoñal en el hemisferio sur y la primaveral en el hemisferio norte. El tema de este año es “Bosques y biodiversidad”.

Junto con los océanos, los bosques constituyen los pulmones de la tierra. Actualmente cubren un tercio de la superficie terrestre y son los ecosistemas más diversos de la superficie. Albergan el 80% de las especies de plantas y animales terrestres. También son una fuente directa de alimentos, medicinas y combustible para más de 1.000 millones de personas, incluyendo a más de 2.000 pueblos indígenas. Además, ayudan a mitigar los efectos del cambio climático, protegen los suelos y el agua, y proporcionan numerosos productos y servicios que contribuyen al desarrollo socioeconómico de los países.

A pesar de todos estos beneficios, la deforestación continúa a un ritmo imparable de cerca de 13 millones de hectáreas al año. La quema de las áreas forestales produce entre el 12% y el 20% de total de gases de efecto invernadero que emitimos cada año, más que todo el sector de transporte mundial. En Bolivia, según estudios de la Fundación Amigos de la Naturaleza (FAN), en los últimos ocho años la tasa de deforestación se encuentra en torno a las 302.000 hectáreas por año, debido principalmente al cambio de usos de suelos para la agricultura, ganadería, la minería y la tala de árboles.

Como consecuencia de esta destrucción, paisajes naturales, caracterizados por llanuras inmensas de bosques y ecosistemas muy ricos en biodiversidad, se están transformado en llanuras desiertas, con baja capacidad de producción agrícola. Esto debido a que la vocación de los suelos en la mayoría de las áreas deforestadas es forestal (dependen del bosque para mantener su productividad y fertilidad). La destrucción de los bosques está alterando el comportamiento de las lluvias y está generando un desbalance en la recarga de agua en los suelos. Y de continuar esta tendencia, la escasez de agua para producir alimentos se va a agudizar.

La acelerada pérdida de los bosques en Bolivia evidencia la necesidad de promover cuanto antes un manejo sustentable de las áreas forestales, que mitigue la deforestación y la degradación de los suelos. Asegurar la producción agrícola y la seguridad alimentaria sin afectar la superficie forestal es uno de los mayores desafíos de nuestro tiempo.

* Es Gerente de Proyectos de la Fundación Amigos de la Naturaleza (FAN).

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¡Agua! Ya no tenemos tiempo

/ 29 de marzo de 2023 / 01:06

Desde 1993, cada 22 de marzo se celebra el Día Mundial del Agua. Su principal objetivo es crear conciencia de la importancia de cuidar el agua, líquido elemento que es vital para la vida de los seres humanos, de las especies en la tierra y de la regulación del clima, entre otros. Asimismo, dar a conocer la problemática de los millones de personas que no tienen acceso al suministro de agua potable y las medidas urgentes que se deben tomar al respecto para hacer frente a este problema. El Día Mundial del Agua fue proclamado por la Organización de Naciones Unidas (ONU) en 1992, en Río de Janeiro, en el marco de la conferencia de las Naciones Unidas sobre el medio ambiente y el desarrollo.

Este año, el Día Mundial del Agua coincidió con el arranque de la Conferencia de la ONU sobre el Agua 2023. Han pasado casi 50 años desde la única conferencia global sobre el agua de la historia, celebrada en Mar de Plata, Argentina, en 1977. Desde entonces, las presiones sobre la cantidad y la calidad del agua han aumentado bastante. “No podemos perder más tiempo”, así lo dijo el secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres, porque estamos justo en la mitad del decenio de la Acción por el Agua que va desde 2018 hasta 2028 y también estamos en la mitad de la agenda 2030, que traza los Objetivos de Desarrollo Sostenible de aquí a 2030. El decenio de acción por el agua es importante porque traza los compromisos de los países, de empresas y de acciones civiles para poder alcanzar las metas de agua potable y saneamiento para todos.

Justo un 22 de marzo en 2018, la ONU convocó a los países para que trazaran esos compromisos voluntarios, esto para cumplir no solo el decenio, sino también los objetivos de desarrollo sostenible, especialmente el objetivo número 6 que tiene que ver con agua limpia y saneamiento. Por otro lado, el año pasado en esta misma fecha, se reunieron los países en Dusambé, capital de Tayikistán, allí crearon la agenda Acción por el Agua, que es donde se ponen todos los compromisos para cumplir este decenio y para cumplir la agenda 2030.

“El agua es la savia de la humanidad”, como lo dijo Guterres, porque tiene que ver con todo: sin agua potable no podemos tener seguridad alimentaria, sin agua potable tampoco habrá salud y tampoco habrá equidad. Ocho de cada 10 personas que no tienen acceso al agua viven en lugares rurales, esto muestra cómo la falta de agua potable impacta a los que ya son más vulnerables y cada año mueren más de 800.000 personas por falta de agua potable o de condiciones higiénicas apropiadas.

La conferencia de 2023 llega en un momento crucial en el que ninguno de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) sobre el agua va camino de cumplirse. Aunque los compromisos son voluntarios, nuestra forma de valorar el agua condicionará su gestión y su disponibilidad futura para beneficio del planeta. Proteger el agua es una tarea de todos.

Saúl Cuéllar es gerente de Proyectos de la Fundación Amigos de la Naturaleza (FAN).

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COP 27, nueva oportunidad para frenar el cambio climático

/ 9 de noviembre de 2022 / 03:09

La Cumbre del Clima ha dado inicio este domingo en Sharm el-Sheij, Egipto, con casi 200 países invitados. Su objetivo principal es encontrar acuerdos para paliar los cada vez más graves impactos del cambio climático con los problemas añadidos de la guerra y la crisis económica.

Las COP son las conferencias anuales relacionadas con el clima más grandes e importantes del planeta. El acrónimo hace referencia a la “Conferencia de las Partes”, relacionada con los países signatarios de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC), un tratado internacional para responder a la crisis climática. Este 2022, del 6 al 18 de noviembre, se celebra la vigésima séptima edición, siendo la primera la que tuvo lugar en Berlín en 1995.

Tan solo en los últimos meses, las catástrofes climáticas han causado miles de muertos, millones de desplazados e innumerables daños materiales y económicos. En Bangladesh los ríos se desbordaron y desplazaron a millones de personas. Un tercio de Pakistán se inundó. El huracán Ian dejó luto y destrucción desde el Caribe hasta Carolina en EEUU. Mientras Europa en este 2022 fue impactada por olas de calor extrema.

Los ocho últimos años han sido los más cálidos registrados hasta la fecha, según indica la Organización Meteorológica Mundial (OMM), y advierte que cada vez habitamos un planeta más caliente.

Entre los síntomas más preocupantes en Latinoamérica están los incendios, ocurriendo con mayor intensidad y frecuencia en la Amazonía. La Red Amazónica de Información Socioambiental Georreferenciada (RAISG) señala que, en las dos últimas décadas, los incendios afectaron el 14% de la Amazonía (1,2 millones de km²). Los incendios están acelerando degradación de ecosistemas claves, liberan grandes cantidades de dióxido de carbono (CO2) y aceleran el cambio climático. Poco a poco, el rol ecológico de la Amazonía está pasando de ser un sumidero de carbono a una fuente de emisiones que contribuye al efecto invernadero con la liberación de carbono por deforestación y degradación ocurrida por los incendios.

La COP 27 es una nueva oportunidad para frenar la cadena de impactos que sufre el planeta, así como para evitar el punto de inflexión o punto de no retorno de biomas claves, como la Amazonía. Es un momento decisivo en la lucha contra el cambio climático, sin lugar a duda la ciencia ha demostrado que el cambio climático traerá una secuencia de impactos que hoy está colocando en riesgo a la humanidad.

Las urgencias no han cambiado demasiado en los últimos años, necesitamos reducir drásticamente las emisiones de gases de efecto invernadero. Es fundamental evitar el impacto de la crisis climática en las regiones en vía desarrollo como Latinoamérica porque son las áreas más vulnerables donde se advierten los peores impactos. Hay que dejar de hablar y empezar a actuar, todavía se puede marcar la diferencia.

Saúl Cuéllar es gerente de Proyectos de la FAN.

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Día de la Tierra, 52 años después

/ 27 de abril de 2022 / 01:47

El 22 abril, en todo el mundo se celebró el Día de la Madre Tierra, fecha que se festeja desde 1970 y se aprovecha para reflexionar sobre la importancia que tiene el medioambiente, su cuidado y realmente cómo venimos actuando hacia y con el planeta. Han pasado 52 años, los datos y eventos que vemos a diario nos muestran que hemos hecho poco o nada; no se ha progresado tanto en su protección como se esperaba, el estado del planeta es mucho más grave hoy de lo que era en aquel entonces.

En los últimos 52 años, se ha aumentado drásticamente la producción y la extracción de alimentos, energía y materiales, lo que se ha traducido en alto deterioro del medioambiente a través del cambio climático, la pérdida de biodiversidad y otras formas de contaminación y degradación de los recursos naturales. Solo en Sudamérica, según datos de la RAISG (Red Amazónica de Información Socioambiental Georeferenciada), entre 1985 y 2020, en la Amazonía, 740.000 km2 de vegetación natural fueron transformados en áreas agropecuarias, superficie equivalente a los territorios de Alemania e Italia juntos. Por otro lado, entre 2001 y 2020 las quemas e incendios forestales afectaron el 14% de la Amazonía; esta superficie de 1,2 millones de km2 equivale a un territorio más grande que Bolivia.

El Informe sobre la Brecha de Emisiones de 2020 del PNUMA (Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente), afirma que estamos ejerciendo presiones extremas sobre el planeta. Vamos rumbo a un aumento de la temperatura de al menos 3 °C en este siglo. Estamos lejos de cumplir el Acuerdo de París de limitar el calentamiento global a un nivel muy inferior a los 2 °C por encima de los niveles preindustriales y de procurar contener aún más el aumento de la temperatura para mantenerlo por debajo de 1,5 °C. Al ritmo actual, el calentamiento alcanzará los 1,5 °C en torno a 2040 y probablemente antes.

Sin embargo, no todo es malo. También se ha tenido avances, por ejemplo, gracias a la cooperación y regulación, se está recuperando el agujero de la capa de ozono estratosférica que protege la Tierra. Se han creado áreas naturales protegidas, en la Amazonía representan el 24,6% (2,1 millones de km2). También se ha avanzado en la promulgación de leyes y normas para proteger la naturaleza, aunque en la práctica no están funcionando como se debe. No obstante, queda mucho por hacer y debe hacérselo mucho más rápido, sobre todo para reducir las emisiones de carbono y evitar la catástrofe climática.

Los ecosistemas sustentan todas las formas de vida de la Tierra. De la salud de nuestros ecosistemas, depende directamente la salud de nuestro planeta y sus habitantes. Necesitamos un cambio hacia un desarrollo más integral y sostenible que funcione tanto para las personas como para el planeta. Es posible y viable entender y comprender que puede existir un desarrollo con conservación donde la base sea lo ambiental.

Saúl Cuéllar es gerente de Proyecto de la FAN.

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Amazonía transformada

/ 13 de octubre de 2021 / 01:33

La Amazonía, con una extensión de más de 8,47 millones de km2 compartidos entre nueve países: Bolivia, Brasil, Colombia, Ecuador, Guyana, Guyana Francesa, Perú, Surinam y Venezuela, representa el 47% de América del Sur. Es una región megadiversa con una variedad de ecosistemas. Contiene el bosque tropical continuo más extenso del mundo y juega un rol muy importante como regulador del ciclo de carbono y del cambio climático. Además, posee una gran diversidad cultural con más de 410 grupos indígenas que poseen un legado cultural único.

Por otra parte, la Amazonía también es un territorio de altísima diversidad socioambiental en proceso de cambio acelerado, lo que genera presiones, amenazas y grandes transformaciones en el paisaje de esta región.

El 30 de agosto, la Red Amazónica de Información Socioambiental Georreferenciada (RAISG), en Alianza con MapBiomas dieron a conocer los resultados de Colección 3.0 MapBiomas Amazonía, una herramienta de mapeo que a partir de imágenes satelitales permite monitorear los cambios del uso del suelo a nivel de toda la Amazonía y hacer seguimiento de las presiones sobre sus bosques y ecosistemas naturales (https://amazonia.mapbiomas.org/). Los resultados revelan que entre 1985 y 2020, la Amazonía perdió el 52% de sus glaciares y 74,6 millones de hectáreas de su cobertura vegetal natural, un área equivalente al territorio de Chile. En el mismo periodo hubo un crecimiento del 151% en la agropecuaria, es decir, de los 48,6 millones de hectáreas que había en 1985, a 2020 esta área casi triplicó, alcanzando a 122,1 millones de hectáreas.

Asimismo, en este periodo, en la cuenca amazónica de Bolivia se perdió alrededor de 6,9 millones de hectáreas de su cobertura vegetal natural y la agropecuaria creció un 464%, de los 1,5 millones de hectáreas que había en 1985 se pasó a 8,2 millones de hectáreas en 2020.

Por otro lado, estudios recientes publicados en la revista Science Advances apuntan que la pérdida de 20 a 25% de la cobertura boscosa de la Amazonía podría significar el tipping point (punto de no retorno) para los servicios ecosistémicos de la región. Si continuara la tendencia actual verificada por MapBiomas, este punto de inflexión se podría alcanzar en esta década.

Estos resultados nos deberían llamar la atención. La situación de la Amazonía tiene que convertirse en un asunto de prioridad esencial, requiere de acciones urgentes en todos los niveles, local, nacional, regional e internacional, tanto en el ámbito público como en el privado.

“Reconstruir la historia de nuestra Amazonía mirando los cambios año a año de sus coberturas naturales, identificando pérdidas de coberturas tan importantes como los glaciares y los bosques en general, nos ayuda a construir y proponer estrategias más exactas de conservación”, Beto Ricardo, coordinador de la RAISG.

Saúl Cuéllar es gerente de Proyectos de la FAN.

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El suelo, ¿por qué es tan importante que lo cuidemos?

/ 21 de julio de 2021 / 00:53

El Día Internacional de la Conservación del Suelo se estableció el 7 de julio de 1963 en memoria del doctor Hugh Hammond Bennet (1881-1960), científico estadounidense considerado pionero en el campo de la conservación del suelo. Dedicó gran parte de su vida a demostrar que el cuidado del suelo influye directamente en su capacidad productiva. El propósito de este día es el de concientizar a la humanidad sobre la importancia fundamental que tiene el suelo dentro del frágil equilibrio medioambiental.

El suelo es un recurso muy complejo debido a su capacidad cambiante, en él ocurren numerosos procesos químicos, físicos y biológicos para la vida misma. No solo sirve como soporte para todas las formas de vida, como las plantas y animales, sino que además sirve de sustrato para el crecimiento de la vegetación, garantizando los nutrientes necesarios para todas las especies. El suelo es un recurso sustancial para combatir el cambio climático; así como en el caso de los océanos, los suelos pueden absorber gran cantidad de dióxido de carbono, lo que contribuye a mitigar el impacto de las emisiones de CO2 en el planeta.

El 95% de los alimentos que consumimos las personas provienen del suelo. El manejo sostenible de este recurso puede producir 58% más de alimentos que una producción agrícola deteriorada. De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas (ONU), hasta dos cuartas partes del suelo en el planeta se encuentran en proceso de desertificación, mientras que el 70% de la superficie agrícola mundial enfrenta un deterioro severo.

El suelo sufre una degradación progresiva a causa de la erosión, la deforestación, las quemas descontroladas, el sobrepastoreo, la expansión de las fronteras agrícolas, el uso continuado y excesivo de abonos y fertilizantes artificiales, entre otros, causando restricciones a la capacidad de producción, degradación de los ecosistemas, afectando al suministro de agua y amenazando a la seguridad alimentaria mundial.

Estamos en una época crítica para el país. Los incendios forestales son una fuerte amenaza hacia la degradación del suelo. Dependiendo de su intensidad pueden quemar las partes superficiales y hasta más profundas, llegando a la parte viva que está ahí, es decir, hongos, bacterias, bichitos y todo lo que genera biomasa que está en las capas más superficiales y que le dan su fertilidad.

Las acciones de cuidado y conservación del suelo de manera eficaz deben aplicarse todos los días de manera colectiva e individual para intentar reducir los efectos del cambio climático sobre este recurso. De lo contrario, la sostenibilidad de los ecosistemas agrícolas y la productividad del suelo podrían verse gravemente alteradas.

“La tierra productiva es nuestra base, porque cada cosa que nosotros hacemos comienza y se mantiene con la sostenida productividad de nuestras tierras agrícolas”, Bennett.

Saul Cuéllar es gerente de Proyectos de la FAN.

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