Voces

martes 20 oct 2020 | Actualizado a 17:00

2020, un superaño

El coronavirus nos ha demostrado que es posible un cambio transformacional en el planeta

Natalia Calderón, directora ejecutiva de la Fundación Amigos de la Naturaleza (FAN).

/ 2 de abril de 2020 / 05:15

Los seres humanos dependemos de ecosistemas estables y saludables para nuestra supervivencia. Por eso, 2020 fue declarado por las Naciones Unidas y sus aliados como un “superaño” para la naturaleza y la biodiversidad, en el que los países deberían definir una agenda de acción ambiental para la próxima década. Sin embargo, el brote del Covid-19 ha paralizado al mundo, y aunque ha dado un respiro al planeta en términos ambientales, preocupa que en el corto/mediano plazo se tomen decisiones miopes que aumenten las emisiones de gases de efecto invernadero, y que se siga degradando la naturaleza a largo plazo.

Muchos coinciden en que la naturaleza nos está enviando un mensaje con la pandemia del Covid-19. Su surgimiento resulta de actividades humanas como la deforestación, la expansión de tierras agrícolas, el aumento de la caza, el comercio de vida silvestre. Actividades que están impulsando la pérdida de biodiversidad en el planeta y el cambio climático. Esta crisis también está evidenciando cuánto dependemos unos de otros, y que los seres humanos y la naturaleza formamos parte de un sistema interconectado.

Al mismo tiempo, el Covid-19 nos ha demostrado que es posible un cambio transformacional en el planeta. Durante los meses los cielos se han limpiado, la capa de ozono se está recuperando, y se ha reducido significativamente la emisión de gases de efecto invernadero, causantes del cambio climático. Es una señal de que un mundo diferente es posible. Esta es una oportunidad sin precedentes para alejarse del crecimiento no mitigado a toda costa; y de ofrecer un equilibrio duradero entre las personas, la prosperidad y nuestros límites planetarios.

Hoy urge tomar las medidas necesarias para salvar tantas vidas como sea posible y abordar los efectos devastadores en los medios de vida y la seguridad de las personas. Sin embargo, resulta importante reconocer que el planeta enfrenta una crisis más profunda y de más largo plazo, arraigada en una serie de desafíos globales interconectados. Además, existe la oportunidad de promover soluciones que reconstruyan vidas y estimulen la actividad económica inmediatamente después de la crisis, y a la vez aceleren la transición hacia economías resilientes, bajas en carbono y sociedades ricas en naturaleza.

Nos adherimos al llamado que varias organizaciones ambientales han realizado a los líderes para que tengan el coraje, la sabiduría y la previsión de aprovechar esta oportunidad para que los planes de recuperación económica sean transformadores, al invertir en las personas, la naturaleza y el desarrollo sostenible. Hoy es el momento de trabajar todos juntos para encontrar caminos innovadores que nos ayuden a salir de esta emergencia con un reinicio económico global. Las personas y la naturaleza deben estar en el centro de esta profunda transformación. La prosperidad para la gente y el planeta solo es posible si tomamos decisiones audaces hoy, de tal manera que las generaciones futuras puedan sobrevivir y prosperar en un mundo mejor.

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Guardianes de la Amazonía

Las políticas públicas, en concordancia con la visión de desarrollo que los países amazónicos están llevando adelante en la actualidad, nuevamente tienden a invisibilizar a los pueblos indígenas

Natalia Calderón, directora ejecutiva de la Fundación Amigos de la Naturaleza (FAN).

/ 8 de julio de 2020 / 09:23

Cada vez existe más preocupación acerca de lo que está ocurriendo en la Amazonía, especialmente con la situación de los pueblos indígenas en este tiempo de pandemia que estamos viviendo. La deforestación, los incendios forestales, la pérdida de biodiversidad y ahora se suma el COVID-19, que amenaza la vida de cerca de 400 pueblos indígenas que habitan la Amazonía.

Si bien los científicos no pueden predecir cuándo un ecosistema se acerca a un punto de inflexión, ni cómo reconocer la certeza que se ha alcanzado, muchos advierten que la Amazonía se está acercando al punto de no retorno, a causa de lo que ocurre con la pérdida de cobertura forestal e incendios forestales, donde los pueblos indígenas son los más vulnerables.

Datos recientes de la Red Amazónica de Información Socioambiental Georreferenciada (RAISG), en el marco de la Iniciativa MapBiomas Amazonía, indican que la Panamazonía, un área que cubre desde los Andes pasando por la planicie amazónica y llegando hasta las transiciones con Cerrado y Pantanal, a pesar de mantener 83,4% de cobertura vegetal natural, perdió 72,4 millones de hectáreas (un área próxima al territorio de Chile) entre 1985 y 2018. Aparte, durante este periodo hubo un crecimiento de 137% en área de agricultura y ganadería.

Los mismos datos dan cuenta que los territorios indígenas juegan un rol fundamental en la conservación de los bosques de la Amazonía, ya que en términos de extensión cubren un 28% de la Panamazonía y, a la par, albergan un 33% de la cobertura forestal actual. Si bien en estos 34 años de análisis también han sufrido tranformaciones, ya que se han perdido 2,1 millones de hectáreas (ha) de bosques y la superficie destinada a agricultura y pecuaria ha aumentado en 1,8 millones de ha, ello significa tan solo un 3% de la pérdida total de cobertura forestal de la Panamazonía, resaltando el rol que los pueblos indígenas llevan a cabo secularmente como guardianes de la Amazonía.

A pesar de su importancia reconocida y de los logros alcanzados en el ámbito internacional, aún debemos estar pendientes de su inclusión en las políticas públicas y la gestión del desarrollo de nuestros países. Las políticas públicas, en concordancia con la visión de desarrollo que los países amazónicos están llevando adelante en la actualidad, nuevamente tienden a invisibilizar a los pueblos indígenas y sus derechos a la tenencia de la tierra, sobre todo frente la reactivacioń de una serie de intereses mineros, de hidrocarburos y agroindustriales en la región.

La pandemia ha revelado la situación de vulnerabilidad de los pueblos indígenas y hoy se hace urgente unirnos a las voces de sus portavoces que exigen que los oyamos, y juntos demandemos que las políticas de reactivación pospandemia respeten a la naturaleza y sus pueblos, reconociendo la sabiduría ancestral e intercultural de los pueblos indígenas como guardianes de la Amazonía.

Natalia Calderón es directora ejecutiva de la Fundación Amigos de la Naturaleza

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2020, un superaño

El coronavirus nos ha demostrado que es posible un cambio transformacional en el planeta

/ 5 de abril de 2020 / 06:40

Los seres humanos dependemos de ecosistemas estables y saludables para nuestra supervivencia. Por eso, 2020 fue declarado por las Naciones Unidas y sus aliados como un “superaño” para la naturaleza y la biodiversidad, en el que los países deberían definir una agenda de acción ambiental para la próxima década. Sin embargo, el brote del Covid-19 ha paralizado al mundo, y aunque ha dado un respiro al planeta en términos ambientales, preocupa que en el corto/mediano plazo se tomen decisiones miopes que aumenten las emisiones de gases de efecto invernadero, y que se siga degradando la naturaleza a largo plazo.

Muchos coinciden en que la naturaleza nos está enviando un mensaje con la pandemia del Covid-19. Su surgimiento resulta de actividades humanas como la deforestación, la expansión de tierras agrícolas, el aumento de la caza, el comercio de vida silvestre. Actividades que están impulsando la pérdida de biodiversidad en el planeta y el cambio climático. Esta crisis también está evidenciando cuánto dependemos unos de otros, y que los seres humanos y la naturaleza formamos parte de un sistema interconectado.

Al mismo tiempo, el Covid-19 nos ha demostrado que es posible un cambio transformacional en el planeta. Durante los meses los cielos se han limpiado, la capa de ozono se está recuperando, y se ha reducido significativamente la emisión de gases de efecto invernadero, causantes del cambio climático. Es una señal de que un mundo diferente es posible. Esta es una oportunidad sin precedentes para alejarse del crecimiento no mitigado a toda costa; y de ofrecer un equilibrio duradero entre las personas, la prosperidad y nuestros límites planetarios.

Hoy urge tomar las medidas necesarias para salvar tantas vidas como sea posible y abordar los efectos devastadores en los medios de vida y la seguridad de las personas. Sin embargo, resulta importante reconocer que el planeta enfrenta una crisis más profunda y de más largo plazo, arraigada en una serie de desafíos globales interconectados. Además, existe la oportunidad de promover soluciones que reconstruyan vidas y estimulen la actividad económica inmediatamente después de la crisis, y a la vez aceleren la transición hacia economías resilientes, bajas en carbono y sociedades ricas en naturaleza.

Nos adherimos al llamado que varias organizaciones ambientales han realizado a los líderes para que tengan el coraje, la sabiduría y la previsión de aprovechar esta oportunidad para que los planes de recuperación económica sean transformadores, al invertir en las personas, la naturaleza y el desarrollo sostenible. Hoy es el momento de trabajar todos juntos para encontrar caminos innovadores que nos ayuden a salir de esta emergencia con un reinicio económico global. Las personas y la naturaleza deben estar en el centro de esta profunda transformación. La prosperidad para la gente y el planeta solo es posible si tomamos decisiones audaces hoy, de tal manera que las generaciones futuras puedan sobrevivir y prosperar en un mundo mejor.

Natalia Calderón, directora ejecutiva de la Fundación Amigos de la Naturaleza (FAN).

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