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lunes 12 abr 2021 | Actualizado a 03:21

Adiós a la ‘dolce vitta’

La calamidad ha despertado los sentimientos más crueles, al autorizar en algunos nosocomios la admisión selectiva de pacientes

/ 4 de abril de 2020 / 08:58

Nadie imaginó que un enemigo microscópico pero poderoso terminaría con el planeta edificado por varias generaciones para el goce material de sus habitantes más afortunados, cuya felicidad era una obscena afrenta a la desgracia que padecía la mayoría de los terrícolas. Se ha ido el mundo en el que los más fuertes física, intelectual, política o económicamente se imponían a los débiles, y los sometían en uno y otro escenario.

La arrogancia de aquellos los hacía presumir de ser inmunes ante la ley; y su dinero les permitía costearse los servicios de salud más caros y sofisticados. No había escollo para el disfrute total de la vida. En menor escala, ululaban los menos ricos pero igualmente beneficiarios del sistema, sea este capitalista o comunista.

Hasta que apareció ese guerrero invisible apodado coronavirus COVID-19 en el confín de la China milenaria para difundirse primero allí y poco más tarde en el resto de Asia, Europa y en las Américas. Curiosamente África, el continente más pobre y relegado del planeta, es el menos afectado hasta hoy, aunque los africanos han sido castigados en el pasado por otras mortíferas epidemias.

Ante el nefario flagelo, han quedado inermes no solo los líderes políticos del momento, sino también los hombres de ciencia más reputados, incapaces de reaccionar prontamente.

El avance imparable del virus también ha comprometido seriamente los cimientos de la estructura financiera mundial.

El comercio internacional y los intercambios locales han sido golpeados fatalmente. Y quedó como única solución paralizar el mundo: todos encerrados en sus propias casas, bajo cuarentenas forzadas, porque los hospitales colapsaron por falta de camas disponibles, de respiraderos artificiales y, sobre todo, de personal médico idóneo y de enfermería básica.

Confrontados al ataque masivo que cobraba vidas por miles, la ciudadanía ha comenzado a cuestionar la eficacia de sus respectivos gobiernos. ¿Mejor valía una férrea dictadura como la de Xi Jinping o una democracia abierta como la italiana? Las comparaciones se apoyaban en uno y otro bando en estadísticas que variaban día a día.

Mientras en Estados Unidos la errática posición del presidente Trump era acremente criticada, no lo era menos en América Latina, con el mexicano Manuel López Obrador, cuya defensa ante el embate del COVID-19 era un amuleto religioso.

Esta catástrofe planetaria con sus cuarentenas militarizadas ha provocado escenas espeluznantes propias de una película terrorífica de ciencia ficción: calles, avenidas y parques desiertos; filas de camiones cargando cadáveres hacia fosas comunes, etc. La calamidad ha despertado los sentimientos más crueles, al autorizar en algunos nosocomios la admisión selectiva de pacientes, rechazando a los mayores de 80 años, a quienes, por vulnerables, les esperaba una muerte segura.

Al escribir estas líneas aún no hay señales de soluciones viables para detener la propagación de la pandemia, ni tampoco de tratamientos seguros y contundentes.

Entretanto, las redes sociales se llenan de fake news y hasta de propaganda política que inventa curas milagrosas, o galenos que, cual samaritanos medioevales, ofrecen sus servicios a ciertas naciones afectadas. Todo ello nos hace aguardar lo mejor, pero estar preparados para lo peor.

Carlos Antonio Carrasco es doctor ciencias políticas, miembro de la academia de ciencias de ultramar de Francia.

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La rebelión de los viejos

/ 3 de abril de 2021 / 01:08

La pandemia que azota al mundo, aparte de los estragos causados por el COVID-19, ha precipitado el reflote de la discriminación latente contra la gente de la tercera edad que fue la primera víctima de ese flagelo, apenas detectado primero en Italia y en España, donde los hospitales, rebasados en su capacidad, algunas veces se veían forzados a seleccionar a los pacientes que acudían a sus servicios de emergencia. La prioridad era, obviamente para los más jóvenes, por cuanto se sostenía que el pronóstico de remisión era improbable en los septuagenarios, y con mayor razón en los octogenarios. Esa lógica prevaleció en los asilos y residencias para ancianos que morían diariamente por centenas, solitarios, debido a las restricciones impuestas por los confinamientos, que les privaban, además, de recibir a sus familiares más cercanos. Esos episodios fueron la chispa que provocó el incendio por los derechos de la ancianidad, objetando el concepto sociológico del edadismo que podría definirse como la segregación en detrimento de las personas viejas. El edadismo es la tendencia de juzgar a un individuo por su edad (sea por viejo o por joven) evitando considerarlo apto para una actividad, un servicio, la función pública o la prestación social, desechando a priori siquiera considerar sus aptitudes o sus aspiraciones. La socióloga francesa Juliette Rennes se ha ocupado de estudiar en profundidad este fenómeno de la sociedad moderna que percibe a la ancianidad como una carga pesada sobre las nuevas generaciones, particularmente en los países desarrollados, donde miles de abuelos y abuelas son depositados por sus descendientes en asilos, cual trastos en desuso. El advenimiento de las vacunas contra el COVID-19 y la prioridad debido a su vulnerabilidad para los ancianos compensa en algún grado el desprecio que significa aislarlos durante el confinamiento.

Como muchas expresiones de protesta identitaria, de reclamos para un trato igualitario para minorías marginadas como los LGBTQ, las feministas, las #MeToo o Black Lives Matter (las vidas negras también cuentan) tienen origen en los Estados Unidos y se expanden a Europa y otras partes del mundo. Allí también surgió en la década de los 70 el grupo Grey Panters (panteras grises) que representaban a las mujeres viejas, primordialmente negras como víctimas propiciatorias del maltrato social.

Esa iniciativa de protesta colectiva de los viejos se está difundiendo velozmente bajo el principio de que la vida tiene igual valor en todas las edades y que, además no solo se trata de sobrevivencia sino del goce pleno de la vida, especialmente ahora que como efecto de la crisis los despidos laborales y/o las jubilaciones forzosas suman y siguen para los mayores de 50 años.

En efecto, sostiene la experta Juliette Rennes, el envejecimiento no se trata solo de la degradación corporal sino también del relegamiento social que asocia a esa etapa vital, la inactividad, la improductividad, la inutilidad y la obsolescencia, lo cual no es enteramente cierto, por citar solo dos ejemplos en Francia, tanto el filósofo Edgar Morin como el exdirector gde la Unesco Amadou Mahtar M’Bow hoy ostentan 100 años de edad, y siguen siendo tan fecundos intelectualmente como en sus épocas mozas, publicando libros y contribuyendo con sus ideas y sabias críticas al avance cultural universal.

Las circunstancias arriba anotadas son la base de la aparición de colectivos de la senectud segregada que se abren paso en el laberinto del tejido social para hacer valer sus derechos en aquella etapa terminal de la vida donde su sola esperanza es la celestial eternidad.

 Carlos Antonio Carrasco es doctor en Ciencias Políticas y miembro de la Academia de Ciencias de Ultramar de Francia.

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Del ‘putsch’ nazi al golpe imaginario

/ 20 de marzo de 2021 / 01:10

Con distancia de 80 años, dos golpes imaginarios en Bolivia señalan con el dedo a la pérfida Albión como eslabón primordial de eventos que no tuvieron lugar.

Ocurrió que la Guerra del Chaco fue no solamente crisol de nuevas ideas políticas germinadas en mentes civiles, sino también semillero de inquietudes entre aquellos militares jóvenes que emergieron de la contienda con ansias de heroísmo, entre ellos el singular oficial llamado Elías Belmonte Pabón, fundador principal de la logia secreta Razón de Patria (Radepa). Pleitos entre botudos provocaron su caída en desgracia que lo expelió en 1941 hacia Berlín, en exilio dorado como Agregado Militar, mientras se desencadenaba la Segunda Guerra Mundial. Gobernaba en La Paz, el general Enrique Peñaranda que, amigo de Washington, se alineó con los aliados, contrariando a los radepistas más inclinados hacia las potencias del Eje, particularmente a Alemania, que interesada en la producción de estaño, material estratégico para sus industrias bélicas, competía con Estados Unidos por el mismo botín. Sea éste el motivo o bien el peligro de que Hitler establezca una cabeza de playa en Sudamérica, fueron razones más que suficientes para tejer una intriga. El 18 de julio de 1941, el enviado gringo Douglas Jenkins visitó al canciller Alberto Ostria Gutiérrez para entregarle fotocopia de una supuesta carta interceptada a Elías Belmonte en la cual éste se habría dirigido al embajador alemán Ernst Wendler, para comprometer su cooperación en la preparación de un golpe de Estado que sería protagonizado por militares que se trasladarían desde La Paz, Santa Cruz y Trinidad, hasta Cochabamba, usando bicicletas para no llamar la atención. El 19 de julio el gobierno declaraba “persona non grata” a Wendler y el 24 de julio, daba de baja por traición a la Patria a Belmonte, a quien se le impediría asomarse siquiera a las costas sudamericanas. Peñaranda, con ese pretexto hizo una redada de elementos opositores a su gobierno en sañuda persecución. Finalizada la guerra, 30 años más tarde se descubrió que aquella carta fue una burda falsificación elaborada por Station M del Servicio Secreto británico, que con esa conjura obtuvo su objetivo buscado: Bolivia proveyó estaño barato a los aliados. Belmonte en 1979 fue desagraviado y tardíamente lució sus estrellas de general.

Irónicamente, el 8 de marzo pasado, un portal ad hoc denominado Desclassified UK, bajo el llamativo título Reino Unido apoyó el golpe de Estado en Bolivia, para acceder a su oro blanco, relata una pretendida confabulación de intereses ingleses por el litio boliviano como razón para la desestabilización del gobierno de Evo Morales, quien sería suplantado por otro más proclive a aceptar las pretensiones de empresarios británicos; para ello, se dice, se organizaron seminarios sobre ciberseguridad y otras reuniones similares.

En base a ese relato tenue y sin ningún asidero oficial que involucre al gobierno de Su Graciosa Majestad, el canciller boliviano convocó al embajador Jeff Glekin para expresarle su indignación. No tardó el comunicado de la embajada en el que se clarifica, entre otros elementos, que los eventos realizados eran parte de acuerdos con el gobierno de Morales, sobre ciencia e investigación.

Si bien el famoso putsch nazi develado en base a una carta falsificada que presumía controlar el estaño boliviano, no llegó a tener lugar, ahora es la codicia por el litio que, según aquel portal fantasma, movió a los consorcios británicos a manipular actores políticos para destronar a Evo Morales.

Lo cierto es que el 10 de noviembre de 2019, ante la renuncia y posterior fuga del presidente, una perfecta sucesión bendecida por el Tribunal Constitucional y consagrada por la Asamblea Legislativa, instauró el gobierno transitorio que organizó elecciones limpias, gracias a las cuales, asumió la primera magistratura, en buena ley, Luis Arce Catacora. La letanía cacofónica del “golpe” desvirtúa la legitimidad del actual mandatario, con fines inconfesables.

La Cancillería nacional, bien haría de privar al gobierno de la Reina Elizabeth II de esa alegación tan risueña como absurda que solo demuestra improvisada artesanía diplomática.

 Carlos Antonio Carrasco es doctor en Ciencias Políticas y miembro de la Academia de Ciencias de Ultramar de Francia.

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Bolsonaro ante la CPI

/ 6 de marzo de 2021 / 00:36

El imponente edificio de cemento, vidrio y acero de ultramoderna línea cobija a 700 funcionarios encargados de conservar las importantes piezas probatorias de los casos presentados al escrutinio, estudio y posterior sentencia dictada por los 18 jueces de la Corte Penal Internacional (CPI). Hasta ahora, la mayor parte de los acusados por crímenes contra la Humanidad eran exjefes de Estado y/o militares del continente africano. La excepción fue Slobodan Milosevich, dictador de la antigua Yugoslavia, apresado y juzgado el 01/04/2001, quien murió en su celda esperando sentencia, el 11/09/2006.

Ante ese cuadro macabro, el cacique kayapo Raoni Matuktire y el jefe de los Paiter Surui Almir Surui, a nombre de la Articulación de los Pueblos Indígenas del Brasil (APIB) presentaron el 22 de enero pasado un pliego acusatorio contra el presidente Jair Bolsonaro y varios de sus ministros, atribuyéndoles “crímenes contra la Humanidad, por muertes, exterminio, traslados forzados de poblaciones, y sometimiento en esclavitud cometidos contra los aborígenes de la Amazonía”. El documento de 65 páginas y 21 piezas de convicción fue preparado por una batería de abogados franceses y entregado a la procuradora Fatou Bensouda. Más aún, se denuncia que Bolsonaro desde que asumió el mando en enero de 2019, aplicó una política sistemática de pillaje de las riquezas de la Amazonía, imponiendo condiciones de vida insoportables a las comunidades nativas con el fin de forzarlas a migrar y así desocupar las tierras apetecidas por la agroindustria, mediante una agresiva deforestación. Incluye además el cargo de asesinato de al menos siete dirigentes indígenas.

La génesis de esa queja se remonta a septiembre de 2019, cuando los incendios forestales devastaron grandes espacios amazónicos. Fue entonces cuando el cacique Raoni, acompañado de sus lugartenientes emprendió una extensa gira por Europa para motivar a la opinión pública del peligro que representaba para el planeta entero aquella catástrofe. La presentación de Raoni, ante los medios de comunicación, causó marcada sensación mediática por el retrato físico del cacique, ataviado de imponente plumaje colorido en la cabeza y un plato engarzado en la boca. No hubo duda acerca de la legitimidad de su raigambre tribal, distinta a otros dirigentes impostores que en Sudamérica se atribuyen la representación de pueblos indígenas, para medrar en su nombre. Raoni pronto se convirtió en una celebridad instantánea. Ahora, desde su aldea Metuktire, se repone del COVID-19 y a sus 90 años, emite declaraciones tan combativas como siempre. Refiriéndose a los gobernantes blancos tanto de izquierda como Lula o conservadores tal cual Bolsonaro, dice que “ellos siguen talando los bosques y construyendo represas, a pesar de que cada vez hace más calor. Por esas razones yo no puedo dejar de luchar y después de mí, serán mis nietos quienes continuarán el combate”.

Aunque el procedimiento ante la CPI es arduo, su competencia para conocer el caso se basa en la adhesión de Brasil a la CPI como Estado-parte, ratificada en 2002. Al hacerlo, Brasilia se obliga a retirar la inmunidad de aquellos jefes de Estado que hubiesen incurrido en crímenes contra la Humanidad, que como se sabe, son imprescriptibles. Mientras el procedimiento ante la CPI siga su curso, el legendario cacique querellante confía que Bolsonaro, para entonces, habrá dejado la presidencia y que así será más fácil someterlo a un debido proceso en La Haya.

 Carlos Antonio Carrasco es doctor en Ciencias Políticas y miembro de la Academia de Ciencias de Ultramar de Francia.

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George Schultz

/ 20 de febrero de 2021 / 02:52

Si existir 100 años es ya una hazaña, vivir intensamente hasta el último día es singular excepción. Quien se apagó en su hogar implantado en el campus universitario de Stanford, California, el 6 de febrero es George Schultz, secretario de Estado de Ronald Reagan por seis laboriosos años (1982-1989), durante los cuales construyó las bases para un fresco entendimiento con la Unión Soviética y sedujo a Mikhail Gorbachev para poner fin la Guerra Fría. Aunque nos cruzamos pocas veces en el laberinto diplomático, recuerdo con incontenible ironía, aquel encuentro, sucedido en Brasil, registrado en mi libro De la revolución a la descolonización (un itinerario político y diplomático: 1952-2006), en las páginas 296-297:

Una nota importante para mí, se inscribió circunstancialmente en la Asamblea General anual de la OEA, que tuvo lugar en Brasilia en 1985. La UNESCO me designó Observador y, en tal carácter, asistí a la recepción ofrecida en honor de los delegados, en el Palacio de Itamaraty. Esa noche siguiendo mi calculada puntualidad diplomática, estuve unos diez minutos antes de la hora convocada, al igual que algunos invitados como el ecuatoriano Diego Cordovéz que representaba a la ONU, el boliviano Oscar Arze Quintanilla del Instituto Indigenista Interamericano y otros, con quienes formamos una mesa. Poco después hizo un discreto ingreso George Schultz, secretario de Estado. En esa época no era un secreto la sórdida guerra que emprendió Estados Unidos contra el Director General de la UNESCO, Amadou Mahtar M’Bow, precisamente por el NOMIC (Nuevo Orden Mundial de la Información y la Comunicación). Oscar Arze me dijo con ironía “Allá va Schultz, es tu oportunidad para arreglar el pleito con la UNESCO… ” Desafío que acepté diciendo “Tienes razón…” y acto seguido ante la mirada atónita de mis amigos, me dirigí resueltamente al encuentro del americano.

Luego de saludarlo, sin ser presentado formalmente, hablamos generalidades y en seguida lo interrogué “Y, ¿es evidente que Estados Unidos se retirará de la UNESCO…?” A lo cual me respondió con notable ingenuidad “Yes, we’re going to pull out” (Si, decididamente saldremos…) Y continúo “Pero no para siempre… ya hicimos lo propio hace unos años en la OIT.” Y me dio una extensa explicación de su estrategia, al cabo de la cual me dijo “Y por qué está Ud. tan interesado en la UNESCO?” Quien contestó por mí fue el embajador americano Diego Atencio que acababa de unirse al grupo: “Porque es el embajador de la UNESCO!” Fue tardía la identificación porque además de esa infidencia también fui testigo de un apresurado parte de guerra que le dio a Schultz, el canciller hondureño Eduardo Paz Garnica, acerca de las acciones conjuntas del ejercito de su país, al unísono con los contras nicaragüenses.

Inútil confesar que dejé la recepción para telefonear al Director General de la UNESCO, ese dato que provenía from the horse’s mouth, directamente del Secretario de Estado. Días después, Estados Unidos depositaba oficialmente su nota de preaviso de retiro de la UNESCO, donde no volvió si no diez años más tarde.

Curiosamente, Donald Trump, en 2018, repitió la argucia de Ronald Reagan y hasta hoy, Estados Unidos, continúa fuera de ese organismo internacional mientras que el senegalés Amadou Mahtar M’Bow festejará en mayo próximo su cumpleaños número 100.   

Carlos Antonio Carrasco es doctor en Ciencias Políticas y miembro de la Academia de Ciencias de Ultramar de Francia.

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Reinventando la diplomacia

/ 6 de febrero de 2021 / 02:25

La pandemia del COVID-19 que está cambiando las estructuras institucionales, el nivel de vida, los sistemas de gobierno y las condicionantes geopolíticas en el planeta entero, también ha llegado al espacio diplomático donde se opera cierta vertiginosa evolución para enfrentar los desafíos del mundo cada vez más globalizado. Remota queda la época medieval cuando se definía la diplomacia como el arte de negociar con los soberanos (que no eran muchos) o del lejano periodo colonial rubricado en el Tratado de Versalles por los pocos Estados independientes que forjaron la Sociedad de Naciones cuyo fracaso dio origen a la ONU, mediante la Carta constitutiva suscrita solo por 51 países. Hoy en día ese organismo mundial cuenta con 193 naciones. Esa dilatada relación —otrora solo interestatal— se complica con la aparición de nuevos actores paralelos como las empresas multinacionales, las organizaciones no gubernamentales (ONG), los grupos de presión de la sociedad civil, las redes sociales y otros. Si la ONU fue creada principalmente para preservar la paz mundial, ahora se añaden temas prioritarios en la agenda como el cambio climático, las epidemias, el resurgimiento del terrorismo, el narcotráfico, los derechos humanos y actualmente la manipulación geopolítica en la producción y distribución de las vacunas contra el COVID- 19. Los Estados, para adoptar sus respectivas posiciones al respecto, deberán contar con secciones especializadas en las cancillerías y además formar cuadros diplomáticos aptos para enfrentar el desafío del multilateralismo rampante. En tanto que las relaciones bilaterales primordialmente entre vecinos ligadas por acuerdos y convenios continúan su fluidez tradicional, la noción multilateral prevalece en torno a entidades regionales, esforzadas por promover políticas de integración. Ello acontece en todos los continentes, sea la Unión Europea (UE), la ASEAN (sudeste asiático) la OUA (África) la OEA (Américas) y una copiosa ensalada de letras que cobijan cofradías inoperantes

La irrupción pandémica del COVID 19 —por otra parte— ha obligado a los operadores diplomáticos a insertarse en los modernos instrumentos de la tecnología digital para programar reuniones virtuales (por ejemplo, vía Zoom), cumpliendo las barreras sanitarias en vigor. Esa modalidad presenta significativos inconvenientes insalvables frente a las ventajas de la vinculación presencial, incluyendo una fastidiosa limitación en el número de participantes y de tiempo en el uso de la palabra. Entonces surge insoslayablemente, la nostalgia por la diplomacia de viejo cuño, aquella cuando un Talleyrand, en el Congreso de Viena (1815) logra revertir la derrota de las guerras napoleónicas en una salida decorosa para la Francia vencida, usando su proverbial habilidad del arte de la negociación, para unir a los antiguos adversarios en aquel “concierto europeo” que duró un siglo.

Imposible de negar el rol cada vez más impactante de las redes sociales en el tinglado de las relaciones internacionales, usadas y abusadas por el presidente Donald Trump, cuyos inefables tuits matinales dictaban el orden del día a países amigos y enemigos. Una influencia determinante en la modulación de la opinión pública, al punto que sus homólogos de naciones grandes y chiquitas imitaban e imitan esa costumbre tornada en herramienta certera y puntual para el posicionamiento de un Estado respecto a los temas de actualidad.

Reglón aparte merecen las representaciones consulares, puente de vinculación del Estado con sus súbditos asentados en el extranjero, en muchos casos convertidos en aportadores importantes de divisas remitidas a su país de origen. En efecto, a guisa de muestra, citaremos a El Salvador receptor de remesas que representan el 16% del PIB. La defensa de los derechos humanos de los inmigrantes y la asistencia legal que se les preste, son parte de la acción consular.

Carlos Antonio Carrasco es doctor en Ciencias Políticas y miembro de la Academia de Ciencias de Ultramar de Francia.

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