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viernes 14 ago 2020 | Actualizado a 03:27

COVID-19 versus el capitalismo salvaje

El COVID-19 ha evidenciado que los Estados en el mundo, incluido el nuestro, no están preparados para atender a sus ciudadanos enfermos.

/ 4 de abril de 2020 / 09:05

Sin lugar a dudas el coronavirus COVID-19 ha desatado una de las crisis más severas de la sociedad capitalista internacional. La paralización económica ocasionará múltiples impactos, según las especificidades históricas de los distintos países. Veamos algunas ideas que se manejaban como bandera y que hoy están cuestionadas.

La globalización, que apostaba al capitalismo y a la libre circulación económica, cultural e incluso de las personas está en entredicho, porque hoy se han cerrado las fronteras de los países, ni los  bloques regionales, como la Unión Europea o la  Comunidad Andina, funcionan. Cada país se ha enclaustrado, cometiendo graves violaciones a los derechos humanos básicos.

Por ejemplo, nuestros coterráneos están en localidad chilena de Huara, frontera con Bolivia, y no pueden ingresar al país porque el Gobierno transitorio cerró los pasos fronterizos.

¿Cómo llamar a esta injusticia, que vulnera uno de los derechos humanos más elementales, como es el de salir e ingresar libremente al país de origen? Solo las dictaduras obstruían de esta manera a sus ciudadanos indeseables.

¿Estamos en una dictadura disfrazada de emergencia sanitaria? Las autoridades dicen que es para evitar más contagios. ¿Acaso nuestros conciudadanos están infectados con COVID-19? Son nuestros hermanos de origen indígena campesino que fueron expulsados por las políticas neoliberales y que hoy quieren regresar al país.

Otro hecho internacional es la crisis del conocimiento científico en el ámbito de la salud y la falta de respuesta inmediata contra la pandemia citada. En los países industriales, la mayoría de los científicos estaban más preocupados por crear productos para sus ciudadanos ególatras, como rejuvenecedores u otros similares, que en futuras enfermedades como la que hoy enfrentamos. Aunque se comenta que estamos atravesando una crisis bacteriológica ocasionada por científicos al servicio del capitalismo, a quienes no les importa la humanidad.

Hoy Estados Unidos y China se enfrascan en acusaciones de quién es el responsable de la propagación del COVID-19. Ya se sabrá quién o quiénes están detrás de esta pandemia corrosiva.

Se avecinan grandes depauperaciones. Los empresarios no querrán pagar el precio de los efectos del COVID-19 si no es a costa de los trabajadores y, sobre todo, de los ciudadanos que no tienen ingresos fijos.

En nuestro país ya se manifestaron los empresarios privados, diciendo que no debería haber aumento salarial este año. Y no sería extraño que pidan una rebaja salarial entre quienes aún conservan sus espacios laborales. Pero mirarán al Estado como a un padre, para que les costeen sus pérdidas o les condone sus deudas e impuestos. Es la actitud típica de aprovecharse del Estado-patrón a la que ya se recurre nuevamente.

Actualmente hay tanta propaganda para que nos “quedemos en casa”, ¿será que las autoridades nos quieren tanto y por eso nos quieren cuidar? Lo único que se constata nuevamente es que el Estado, mediante el Gobierno, las Fuerzas Armadas y la Policía quieren controlar todo, y sus funcionarios se mueren de rabia cuando no pueden hacerlo.

El COVID-19 nos ha permitido desmentir ese supuesto cariño del Estado a sus ciudadanos. Los Estados en el mundo, incluido el nuestro, no están preparados para atender a sus ciudadanos enfermos. Por eso hay tantas muertes, porque la pandemia superó la atención calculada siempre para unos pocos y no para todos los ciudadanos.

Los casos de España, Estados Unidos e Italia son los más dramáticos, son ejemplos reales de cómo los enfermos no forman parte de las políticas de salud para todos.

Hay una gran lección aprendida, precisamos comer bien para tener una mejor defensa inmunológica. Basta de comida chatarra; debemos volcar la mirada a nuestros alimentos ancestrales, sean andinos, amazónicos, chaqueños, u otros, pues serán una gran alternativa para el futuro. COVID- 19 uka usuxa wali llakisiyistu. Utat jan mistupxamti, sasaw sapxistu. Suma maq’añasawa, ukhamatwa jani usuntkañaniti.

Esteban Ticona Alejo, aymara boliviano, es sociólogo y antropólogo.

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Protección urgente de los bienes de Roberto Choque Canqui

/ 5 de agosto de 2020 / 02:15

El pasado 17 de julio del presente año nos dejó el historiador aymara Roberto Choque Canqui.  A lo largo de más de 50 años Roberto construyó una biblioteca especializada en historia, las ciencias sociales y humanísticas, con libros adquiridos de muchos lugares del mundo. En su condición de becario del Archivo General de Indias de Sevillla, España y del Archivo Nacional de Buenos Aires trajo muchas copias de documentos históricos coloniales como del gran Pacajes, Jesús de Machaca, San Andrés de Machaca y de otras regiones aymaras e inclusive de algunos pueblos indígenas de la Amazonía. Esta biblioteca fue incrementada con libros de su querida esposa finada, la lingüista Cristina Quisbert. A esta ingente cantidad de libros habría que añadir muchas fotografías tomadas en sus trabajos de campo, sobre todo en los últimos años.

Lamentablemente Roberto no tiene ningún heredero directo. ¿Qué sucede cuando una persona fallece sin tener descendencia directa? En general, por el comportamiento sociocultural de nuestras familias, casi siempre aparecen los medios parientes e incluso gente inescrupulosa que tratan de apropiarse de los bienes del finado/a indebidamente. ¿Qué pasa con los libros y bienes intelectuales? Casi siempre terminan subastados en mercados negros o de segunda mano e incluso convertidos en papel reciclado e higiénico. ¿Cómo se dilucidan estas rencillas? Después de bochornosas disputas familiares e incluso acompañadas de carácter legal, son vendidos los libros (por no decir rematados) por los hijos/as e incluso por las viudas “porque ocupan mucho campo”. No hay ninguna consideración del valor y aprecio que tenía el finado/a por sus libros, en fin, es como para hacer muchas crónicas.

Recuerdo que un bien que apreciaba muchísimo Roberto Choque eran sus libros, porque eran sus herramientas de trabajo en la investigación y fue otra manera de autoeducarse. Hablamos en alguna ocasión sobre qué le gustaría hacer con su biblioteca y me dijo: “Me gustaría que se conservara y sirva a las nuevas generaciones aymaras y de personas interesadas en temas indígenas de nuestro país”, aunque siempre pensaba que viviría varios años más. ¿Qué pasará con la biblioteca de Roberto Choque y Cristina Quisbert? No sabemos exactamente lo que puede suceder con el accionar de su entorno familiar secundario.

Sería maravilloso que alguna de esas personas indirectas se pronuncie públicamente y diga que están dispuestas a que la biblioteca y la casa de Roberto-Cristina sean declaradas patrimonios del Estado boliviano y sirvan como un espacio de fomento a la investigación y la educación. Pero también sabemos que hay un peligro inminente de la apropiación indebida de estos bienes y que puede terminar destruido el trabajo de más de 50 años de vida y de sacrificio. ¿Qué puede hacer el Estado Plurinacional y la sociedad boliviana, en el caso de Roberto Choque-Cristina Quisbert, que corre el peligro de expropiación inescrupulosa de sus bienes y sobre todo de su biblioteca?

Tenemos la Ley 530 del Patrimonio Cultural Boliviano promulgado en 2014. Entre algunos de sus postulados señala que una casa y un bien material cultural (en este caso la biblioteca, los documentos históricos) podrían pasar a la tuición del Estado al ser declarados por la Asamblea Legislativa Plurinacional como Patrimonio Cultural del Estado Boliviano. Hacemos un llamado de emergencia a la comunidad nacional e internacional, sobre todo a los jóvenes, para apoyar esta solución y que el Órgano Legislativo Plurinacional, con carácter de urgencia, pueda declarar a la casa y la biblioteca de Roberto Choque y Cristina Quisbert como Patrimonio Cultural de los bolivianos, por la desprotección extrema que sufren en este momento.

Sería una manera de honrar y reconocer el enorme aporte intelectual y de sacrificio que les tocó vivir en vida. ¿Será que la Universidad Mayor de San Andrés, donde Roberto dictó clases y aportó con sus investigaciones, pueda apoyar esta iniciativa ciudadana? Y sería deseable que otras instituciones académicas, culturales y organizaciones sociales ligadas a la cultura ancestral del país, se pronuncien y apoyen esta iniciativa de emergencia cultural extrema. Con este propósito se constituyó una Coordinadora interinstitucional y los interesados/as en apoyar pueden contactarse con el teléfono 69836826.

Jach’a jilat Roberto Choque ukhamaraki Cristina Quisbert jupanakan pankanakapa, ukhamaraki utapxa, jaya larinakapawa katuntasiñ munapxi. Unjtasiñasawa, arsuñasawa uka ñanqha sarawiruxa.

Esteban Ticona es aymara boliviano, sociólogo y antropólogo

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Roberto Choque Canqui

/ 25 de julio de 2020 / 11:08

En esta época dificultosa nos ha dejado el historiador Roberto Choque Canqui. Se han hecho varias semblanzas de su vasta producción intelectual. Yo solo quiero testimoniar algunos pasajes de mi larga amistad con Roberto.

Lo conocí en el Archivo de La Paz (ALP) de la avenida 6 de Agosto, aún era estudiante de la universidad. Había oído hablar de él, sobre todo como parte de la primera generación de aymaras post 1952 que lograron ingresar a la universidad. Roberto fue el primer aymara que estudió Historia en la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA). Yo iba a revisar documentos de los ayllus y comunidades andinos de principios del siglo XX. Un día nos topamos en esos ambientes del ALP y me preguntó “¿quién eres y qué haces?” Yo iniciaba la búsqueda de documentos del movimiento de los caciques apoderados como Santos Marka T’ula y de muchos otros. Al saber que no provenía de la carrera de Historia me dijo “vienen muchos a buscar documentos, pero luego desaparecen”. Recuerdo que después de varios años le recordé esa frase y me dijo: “no sabía que investigar documentos te gustaba”. Nos hicimos muy amigos y poco a poco fuimos compartiendo nuestras inquietudes y trabajos.

En otra ocasión me enseñó su investigación Sublevación y masacre de comunarios de Jesús de Machaca, editado modestamente en 1979 por el área de antropología del Instituto Boliviano de Cultura (IBC). En 1986 fue publicada en libro como La masacre de Jesús de Machaca, apoyada por el Centro Chitakolla.

A raíz de estas publicaciones hablamos sobre la versión oral que yo recogía de los comunarios/as de Jesús de Machaqa. Un tiempo después emprendimos junto con Xavier Albó, Félix Layme y Roberto la tarea de publicar cuatro tomos de la serie Jesús de Machaqa, la marka rebelde. Fue la ocasión para compartir nuestros trabajos. Publicamos otra versión ampliada de Sublevación y masacre de 1921 (Cipca, 1996), donde la mitad del libro es la investigación documental de Roberto y la otra parte es la versión oral que recogí de las comunidades de Jesús de Machaqa. Recuerdo que la presentamos en Sullkatiti-Qhunqhu, la mitad del territorio del gran ayllu de Jesús de Machaqa. En la ocasión, Roberto explicó a los asistentes algunos pormenores de su inquietud de investigar sobre la sublevación de 1921 y cuán difícil fue hacerlo sin apoyo.

En 2003, Roberto Choque publicó Cinco siglos de historia, Volumen 1 de la serie indicada. Me tocó colaborar, junto con Xavier Albó, Félix Layme y Astvaldur Astvaldsson, en las fuentes orales del pasado de Jesús de Machaqa. Este trabajo es la versión histórica más profunda y de largo alcance sobre una las regiones aymaras más interesantes de los Andes bolivianos.

En los últimos años el trabajo de Roberto fue reconocido paulatinamente y fue abriéndose más espacios para sus investigaciones, como el área de la educación indígena que era otra de sus pasiones, y el de los movimientos indígenas y sus líderes. Recuerdo que su tesis de licenciatura Situación social y económica de los revolucionarios del 16 de julio de 1809 recién se publicó en 2008, auspiciada por el Gobierno Municipal de La Paz. ¿Por qué tardó tantos años su divulgación, a pesar de ser muy interesante? Según Roberto, sufrió una especie de veto, porque es la versión crítica de un aymara sobre los acontecimientos de la revolución paceña de 1809. Roberto Choque se quedaba triste y muchas veces en silencio cuando le preguntaba sobre el sufrimiento y formas de discriminación que soportó en la carrera de Historia por algunos de sus colegas y del sistema universitario.

A pesar de su formación de historiador, siempre intentó desmarcarse de esa visión tradicional y elitista. En los últimos años emprendió junto a su esposa Cristina (ya finada), el trabajo de campo antropológico. El resultado de esta incursión es su libro Pablo Zárate Willka y la rebelión indígena, publicada por el CIS de la Vicepresidencia en 2017.

Jach’a jilïri Roberto, wiñay markamaruwa sarawayxtaxa. Lurawinakamasa, amtawinakasa warawarjamaw k’ajani alax pachata. ¡¡¡¡¡Jallalla Roberto Choque Canqui!!!!!

Esteban Ticona es aymara boliviano, sociólogo y antropólogo.

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Adrián Villanueva Quisbert

Llamó la atención su profunda humildad; tenía una enorme experiencia de haber vivido en varios países

/ 28 de junio de 2020 / 07:31

En pasados días el mundo artístico de nuestro país, sobre todo en la región andina boliviana, quedó consternado ante la desaparición del músico y fabricante innovador de instrumentos musicales Adrián Villanueva Quisbert, acaecida en Londres, Inglaterra. Quiero testimoniar algunas facetas, tal vez poco conocidas, y lo que hacía en estos últimos años en nuestro país.

Había oído hablar de él, pero lo conocí en ocasión de un curso sobre diplomacia cultural de los pueblos, organizado en la Cancillería de nuestro país. Los postulantes al diplomado tenían que pasar por una evaluación mediante una hoja de vida artística en ejercicio y una entrevista. Me llamó la atención su profunda humildad, pues tenía una enorme experiencia de haber vivido en varios países del mundo como músico y sobre todo en Europa, convirtiéndose en uno de los embajadores natos de nuestros pueblos y su creación artística. A pesar de ese recorrido en la difusión de nuestro arte en el mundo, no dejaba de expresar que teníamos que seguir aprendiendo y reconociendo el arte de los pueblos ancestrales de nuestro país.

Ya en el curso de formación, siempre mostraba gran voluntad para compartir sus experiencias, rememoraba sus orígenes de aymara urbano y las enseñanzas de sus padres y abuelos en el quehacer artístico. Le gustaba comunicar a los más jóvenes sobre su vivencia y cómo sobrellevó algunas situaciones difíciles en el viejo continente.

Tuvimos la oportunidad de viajar a Santiago, Chile, en ocasión del primer encuentro de Academias diplomáticas de Bolivia y Chile en el año 2009. Él fue parte de una pequeña delegación de estudiantes de diplomacia. En la ocasión llevó algunos de sus charangos, quenas y un pututu de plata fabricados por él y expuso en uno de los salones de la Academia diplomática de Chile. Los charangos de Adrián llevaban el aditamento de tener los retratos de Pablo Neruda, Salvador Allende y Violeta Parra, que llamó la atención de los chilenos de la diplomacia. Pasadas las sesiones académicas nos tocó confraternizar y fue la ocasión para improvisar un grupo musical. Adrián, con su infaltable quena, junto a la charanguista Flor Isabel, la guitarra de Edwin Pantoja y la voz de Esther Marisol posibilitaron oír nuestra música y bailar la cueca boliviana. También visitamos el Palacio de la Moneda, la casa de Pablo Neruda, el museo de Violeta Parra y un centro minero de cobre. En todas estas visitas llevaba su pututu de plata, que llamaba poderosamente la atención, sobre todo en la Moneda.

Después del diplomado, casi siempre estaba de viaje, por ejemplo, a Japón e Inglaterra. Me comentó “que tenía más herramientas para seguir difundiendo nuestro arte y música fuera del país”. Al regreso de sus viajes intercambiamos ideas y recuerdos en un puesto de los libros usados del mercando Lanza. Él buscaba discos de vinil antiguos y yo libros, era el tiempo para conversar sobre varios temas. En otras ocasiones le acompañaba su hija pequeña, que no dejaba de mirar libros y él los compraba. También buscaba obras de música. Recuerdo que me encargó en varias ocasiones un libro antiguo, diciendo “si encuentras en estos puestos u otro lugar La música de los incas y su supervivencia de Raoul Marguerite D’ Harcourt”, que según él, lo había visto en París, pero que no pudo comprarlo.

Otro recuerdo grato fue que desfilamos un 23 de marzo, memoria de nuestra pérdida marítima. Hicimos un lugar especial para la Academia Diplomática Plurinacional, él tenía su pututu de plata e iba adelante, llamando la atención de la gente, pues en un desfile de estas características no suele marcharse con este tipo de instrumentos. Así de sencillo y de convicciones claras fue Adrián. Munat jilata, wiñay markamaruwa sarawayxtaxa. Jikisiñkama jilata. ¡Jallalla Adrián!

Esteban Ticona Alejo
es aymara boliviano, sociólogo y antropólogo.

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De frente en el ch’amak pacha Jikisiñkama: adiós Juan de Dios Yapita

Fue uno de los primeros lingüistas aymaras que junto a otra aymara, Juana Vázquez y la estadounidense Martha Hardman introdujeron al mundo académico el estudio del idioma aymara

/ 13 de junio de 2020 / 06:29

En el mundo aymara cuando alguien muere, se dice wiñay markaparuw sarawayxi, se fue a su eterno hogar. Es lo que ocurrió con Juan de Dios Yapita Moya, quien nos dejó de este mundo terrenal en pasados días. Fue uno de los primeros lingüistas aymaras que junto a otra aymara, Juana Vázquez y la estadounidense Martha Hardman introdujeron al mundo académico el estudio del idioma aymara a fines de la década de los 60 y principios de los 70 del siglo XX, con el título de Aymara, compendio de estructura fonológica y gramatical, originalmente publicado en 1974 y reeditado en 1988.

Cuando era niño oía a mi madre decir “el profesor Yapita está enseñando aymara gratis en la escuela de la zona”. ¿Enseñar aymara en una época donde el castellano era la lengua ultra hegemónica? Sí, ese fue el valor y el coraje de Juan de Dios de apostar a la re-valorización de un idioma ancestral discriminado. Tenía mucha curiosidad de saber e ir a esas clases; pero no hubo ocasión.

Varios años después, tuve el privilegio de que sea mi profesor en la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA), en la carrera de sociología donde dictaba clases. Recuerdo que en la primera clase que tuvimos le comenté que hablaba aymara pero no sabía escribir, y me dijo “puedes dar un examen de clasificación” y así fue, me sometí a un examen de conocimiento del idioma y me llevó al último nivel donde solo enseñaba la escritura y la gramática. Recuerdo el Manual del Alfabeto y Fonémico aymara (1982) que fue el ABC con el que aprendí a escribir.

Fue la oportunidad de conocer algunas de sus obras como Estructura morfológica verbal aymara (1985). Además de T”ak”iparjam Arktañataki. Guía gramatical del aymara I, II y IIIAmuyt’añataki de 1986, que es una recopilación de frases y reflexiones profundas del mundo aymara.

Nos hicimos muy amigos, lo visitaba en la institución que dirigía, el Instituto de Lengua y Cultura Aymara (ILCA), pionera en las instituciones culturales nativas del país. Esta entidad formó varias generaciones de aymaras rurales y urbanos que reflexionábamos en torno a la identidad y con fuerte énfasis en la re-valorización de las lenguas nativas y la investigación propia.

Me contó que su primera profesión fue de contador general, pero su pasión fue la lingüística y los idiomas. Tuvo una larga estadía en Estados Unidos, en el Centro de Estudios Latino Americanos en Gainesville, Universidad de Florida. Fue el espacio que le dio la oportunidad de investigar, de sistematizar y de enseñar el aymara fuera del país. A pesar que él había iniciado su enseñanza de manera libre en una escuela marginal de la ciudad de La Paz, solo a su regreso de Estados Unidos le dieron algo más de importancia. Estas son las paradojas del colonialismo interno que tuvo que soportar y que aún vivimos en el país.

El ILCA publicaba un boletín titulado Yatiñasawa (Debemos saber), que era una gaceta de noticias del momento y todo en aymara, creo que fue la pionera en hacer periodismo en lenguas nativas. También fue editor de aymara newsletter. No menos interesantes son sus libros Enseñanza del aymara como segunda lengua (1986), dirigido sobre todo a los no aymaras, y Vocabulario castellano, inglés, aymara, publicado por Indicep en 1978.

ILCA también publicaba trabajos de otros autores como Desarrollo del alfabeto aymara de Félix Layme (1980); Una introducción programada a la lingüística. Fonética y fonémica de Cynthia D. Buchaman (1983); Aymar tayka de Basilia Copana (1986); El idioma aymara, variantes regionales y sociales de Lucy Therina Brigs, entre otros.Tata Yapita, wiñayatakiwa lurawinakamaxa ukhamaraki amtawinakamaxa. Aruskipasixpñanakasakipunirakispawa, ¡Jallalla Tata Yapita

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Periodismo en tiempos del COVID-19

El trabajo informativo es vital en circunstancias especiales como la actual

/ 30 de mayo de 2020 / 07:44

En estos días de cuarentena obligada, estamos casi forzados a buscar buena información sobre lo que sucede con la proliferación de la pandemia COVID-19 en el país y el mundo. El trabajo informativo es vital en estas circunstancias especiales. ¿El periodismo boliviano está preparado para afrontar circunstancias de emergencia como las del COVID-19? Hay una enorme cantidad de información, incluyendo a las redes sociales. Pero esta información es sumamente discutible, porque gran parte no todo tiene asidero y otra parte es meramente repetitiva y especulativa. Algunos medios escritos y unos cuantos canales de televisión se han esforzado por brindar mayor credibilidad en la información. Ponderamos a algunos/as periodistas de la calle, que prácticamente se han convertido en periodistas de la guerra. El buscar fuentes directas desde el lugar de los hechos es sumamente importante y riesgoso, pero permite ver qué sucede para que cada quien saque sus propias conclusiones.

En los medios televisivos sus periodistas se han dedicado a brindar información desde sus casas. ¿Qué puede informar un comunicador desde su hogar? ¿Presentarnos a su familia? Con lo cual repiten lo que ha pasado en alguna región del país. A nivel técnico, tales despachos desde las casas son bastante defectuosos, pues se habla con mucho eco e imágenes borrosas, en fin. ¿Los dueños de los canales obligan a que se hagan despachos desde la casa? ¿Todo con el afán de mantenerse activos y trabajando? ¿No sería mejor informar con coberturas desde las calles? Posiblemente esto sea difícil hacerlo, porque todos nos cuidamos. ¿Pero acaso no estamos en tiempos de guerra bacteriana? No sé si en las carreras de comunicación se enseña cómo desenvolverse en circunstancias especiales. Si no se lo hace, sería bueno abordar este asunto.

Toda la banalidad periodística ha quedado algunos días arrinconada, aunque no deja de manifestarse en los programas de cocina, en los que se insiste en comer comida chatarra, pero no se dice nada sobre cómo alimentarnos mejor. Creo que sería de gran provecho si algún medio de comunicación se propone enseñar/educar sobre qué deberíamos comer de aquí hacia adelante, para tener mejores defensas en nuestro organismo. Siempre se va a lo fácil, como “lávate las manos”, práctica que si bien es necesaria, es muy circunstancial

En esta etapa del COVID-19 constatamos que no existe un periodismo educativo. Por lógica, el canal Universitario debería cumplir ese rol, pero solo repite viejos moldes de comunicación y conservadorismo. Tampoco existe un periodismo analítico y crítico. El canal oficial todo el tiempo alaba hechos que no pasan en la realidad. En los conflictos del año pasado varios comunicadores decían que hacían periodismo de vanguardia, ¿dónde está ese vanguardismo en tiempos del COVID-19?

El periodismo deportivo también ha desaparecido por la inocuidad. ¿Qué van a informar sobre aquellas prácticas deportivas en las que se gana mucho dinero y de las que el comunicador deportivo siempre ha usufructuado, pero hoy ya no es importante?

Ni qué decir de los programas de comentarios políticos, que también intentan reciclarse en análisis de salud. Estos sofistas contemporáneos han quedado arrinconados por la velocidad del COVID-19. También oímos hablar de “científicos”, que son los grandes asesores contra el COVID-19. ¿Será que asesoran? No escuché ningún programa periodístico con estos científicos. Lo que sí hemos escuchado es que un embajador-científico boliviano podría involucrado en el escándalo por la compra de los 170 respiradores con sobreprecio. Vaya ejemplo de “científicos” que tenemos. Uka ch’imi laq’u usuxa wali mirtañ muni, laka tapantasiñamawa, ampara jariqasiñamawa sasaw uruy arumas parlistu. Suma manq’añasawa, ukampixa ch’urkatañaniwa uka laq’u ch’mi usuruxa.

Esteban Ticona Alejo, aymara boliviano, sociólogo y antropólogo.

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