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jueves 4 jun 2020 | Actualizado a 20:16

COVID-19 versus el capitalismo salvaje

El COVID-19 ha evidenciado que los Estados en el mundo, incluido el nuestro, no están preparados para atender a sus ciudadanos enfermos.

/ 4 de abril de 2020 / 09:05

Sin lugar a dudas el coronavirus COVID-19 ha desatado una de las crisis más severas de la sociedad capitalista internacional. La paralización económica ocasionará múltiples impactos, según las especificidades históricas de los distintos países. Veamos algunas ideas que se manejaban como bandera y que hoy están cuestionadas.

La globalización, que apostaba al capitalismo y a la libre circulación económica, cultural e incluso de las personas está en entredicho, porque hoy se han cerrado las fronteras de los países, ni los  bloques regionales, como la Unión Europea o la  Comunidad Andina, funcionan. Cada país se ha enclaustrado, cometiendo graves violaciones a los derechos humanos básicos.

Por ejemplo, nuestros coterráneos están en localidad chilena de Huara, frontera con Bolivia, y no pueden ingresar al país porque el Gobierno transitorio cerró los pasos fronterizos.

¿Cómo llamar a esta injusticia, que vulnera uno de los derechos humanos más elementales, como es el de salir e ingresar libremente al país de origen? Solo las dictaduras obstruían de esta manera a sus ciudadanos indeseables.

¿Estamos en una dictadura disfrazada de emergencia sanitaria? Las autoridades dicen que es para evitar más contagios. ¿Acaso nuestros conciudadanos están infectados con COVID-19? Son nuestros hermanos de origen indígena campesino que fueron expulsados por las políticas neoliberales y que hoy quieren regresar al país.

Otro hecho internacional es la crisis del conocimiento científico en el ámbito de la salud y la falta de respuesta inmediata contra la pandemia citada. En los países industriales, la mayoría de los científicos estaban más preocupados por crear productos para sus ciudadanos ególatras, como rejuvenecedores u otros similares, que en futuras enfermedades como la que hoy enfrentamos. Aunque se comenta que estamos atravesando una crisis bacteriológica ocasionada por científicos al servicio del capitalismo, a quienes no les importa la humanidad.

Hoy Estados Unidos y China se enfrascan en acusaciones de quién es el responsable de la propagación del COVID-19. Ya se sabrá quién o quiénes están detrás de esta pandemia corrosiva.

Se avecinan grandes depauperaciones. Los empresarios no querrán pagar el precio de los efectos del COVID-19 si no es a costa de los trabajadores y, sobre todo, de los ciudadanos que no tienen ingresos fijos.

En nuestro país ya se manifestaron los empresarios privados, diciendo que no debería haber aumento salarial este año. Y no sería extraño que pidan una rebaja salarial entre quienes aún conservan sus espacios laborales. Pero mirarán al Estado como a un padre, para que les costeen sus pérdidas o les condone sus deudas e impuestos. Es la actitud típica de aprovecharse del Estado-patrón a la que ya se recurre nuevamente.

Actualmente hay tanta propaganda para que nos “quedemos en casa”, ¿será que las autoridades nos quieren tanto y por eso nos quieren cuidar? Lo único que se constata nuevamente es que el Estado, mediante el Gobierno, las Fuerzas Armadas y la Policía quieren controlar todo, y sus funcionarios se mueren de rabia cuando no pueden hacerlo.

El COVID-19 nos ha permitido desmentir ese supuesto cariño del Estado a sus ciudadanos. Los Estados en el mundo, incluido el nuestro, no están preparados para atender a sus ciudadanos enfermos. Por eso hay tantas muertes, porque la pandemia superó la atención calculada siempre para unos pocos y no para todos los ciudadanos.

Los casos de España, Estados Unidos e Italia son los más dramáticos, son ejemplos reales de cómo los enfermos no forman parte de las políticas de salud para todos.

Hay una gran lección aprendida, precisamos comer bien para tener una mejor defensa inmunológica. Basta de comida chatarra; debemos volcar la mirada a nuestros alimentos ancestrales, sean andinos, amazónicos, chaqueños, u otros, pues serán una gran alternativa para el futuro. COVID- 19 uka usuxa wali llakisiyistu. Utat jan mistupxamti, sasaw sapxistu. Suma maq’añasawa, ukhamatwa jani usuntkañaniti.

Esteban Ticona Alejo, aymara boliviano, es sociólogo y antropólogo.

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Periodismo en tiempos del COVID-19

El trabajo informativo es vital en circunstancias especiales como la actual

/ 30 de mayo de 2020 / 07:44

En estos días de cuarentena obligada, estamos casi forzados a buscar buena información sobre lo que sucede con la proliferación de la pandemia COVID-19 en el país y el mundo. El trabajo informativo es vital en estas circunstancias especiales. ¿El periodismo boliviano está preparado para afrontar circunstancias de emergencia como las del COVID-19? Hay una enorme cantidad de información, incluyendo a las redes sociales. Pero esta información es sumamente discutible, porque gran parte no todo tiene asidero y otra parte es meramente repetitiva y especulativa. Algunos medios escritos y unos cuantos canales de televisión se han esforzado por brindar mayor credibilidad en la información. Ponderamos a algunos/as periodistas de la calle, que prácticamente se han convertido en periodistas de la guerra. El buscar fuentes directas desde el lugar de los hechos es sumamente importante y riesgoso, pero permite ver qué sucede para que cada quien saque sus propias conclusiones.

En los medios televisivos sus periodistas se han dedicado a brindar información desde sus casas. ¿Qué puede informar un comunicador desde su hogar? ¿Presentarnos a su familia? Con lo cual repiten lo que ha pasado en alguna región del país. A nivel técnico, tales despachos desde las casas son bastante defectuosos, pues se habla con mucho eco e imágenes borrosas, en fin. ¿Los dueños de los canales obligan a que se hagan despachos desde la casa? ¿Todo con el afán de mantenerse activos y trabajando? ¿No sería mejor informar con coberturas desde las calles? Posiblemente esto sea difícil hacerlo, porque todos nos cuidamos. ¿Pero acaso no estamos en tiempos de guerra bacteriana? No sé si en las carreras de comunicación se enseña cómo desenvolverse en circunstancias especiales. Si no se lo hace, sería bueno abordar este asunto.

Toda la banalidad periodística ha quedado algunos días arrinconada, aunque no deja de manifestarse en los programas de cocina, en los que se insiste en comer comida chatarra, pero no se dice nada sobre cómo alimentarnos mejor. Creo que sería de gran provecho si algún medio de comunicación se propone enseñar/educar sobre qué deberíamos comer de aquí hacia adelante, para tener mejores defensas en nuestro organismo. Siempre se va a lo fácil, como “lávate las manos”, práctica que si bien es necesaria, es muy circunstancial

En esta etapa del COVID-19 constatamos que no existe un periodismo educativo. Por lógica, el canal Universitario debería cumplir ese rol, pero solo repite viejos moldes de comunicación y conservadorismo. Tampoco existe un periodismo analítico y crítico. El canal oficial todo el tiempo alaba hechos que no pasan en la realidad. En los conflictos del año pasado varios comunicadores decían que hacían periodismo de vanguardia, ¿dónde está ese vanguardismo en tiempos del COVID-19?

El periodismo deportivo también ha desaparecido por la inocuidad. ¿Qué van a informar sobre aquellas prácticas deportivas en las que se gana mucho dinero y de las que el comunicador deportivo siempre ha usufructuado, pero hoy ya no es importante?

Ni qué decir de los programas de comentarios políticos, que también intentan reciclarse en análisis de salud. Estos sofistas contemporáneos han quedado arrinconados por la velocidad del COVID-19. También oímos hablar de “científicos”, que son los grandes asesores contra el COVID-19. ¿Será que asesoran? No escuché ningún programa periodístico con estos científicos. Lo que sí hemos escuchado es que un embajador-científico boliviano podría involucrado en el escándalo por la compra de los 170 respiradores con sobreprecio. Vaya ejemplo de “científicos” que tenemos. Uka ch’imi laq’u usuxa wali mirtañ muni, laka tapantasiñamawa, ampara jariqasiñamawa sasaw uruy arumas parlistu. Suma manq’añasawa, ukampixa ch’urkatañaniwa uka laq’u ch’mi usuruxa.

Esteban Ticona Alejo, aymara boliviano, sociólogo y antropólogo.

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Médicos, entre la insensibilidad y las chambonadas

El momento que esta pandemia empiece a bajar es cuando el 60% o más de la población esté contaminada.

/ 16 de mayo de 2020 / 07:06

Los efectos de la pandemia provocada por el coronavirus SARS-CoV2 están reflejando la cruda realidad de la sociedad, la cual no se trasluce fácilmente en tiempos normales. El médico griego Hipócrates, quien vivió en el siglo V a.C., escribió cuáles debían ser las obligaciones de los que ejercen la medicina. En el juramento hipocrático destaca el “no llevar otro propósito que el bien y la salud de los enfermos”. Fue la base de la obligación que Hipócrates les hizo hacer a sus discípulos. Implícitamente, el compromiso hipocrático está en contra de la eutanasia.

¿Cuál es la conducta de los médicos que juraron a los principios de Hipócrates? Algunos cumplen aquel mandado de defender la vida, pero creo que una gran mayoría ha quedado atrapada en la comercialización capitalista de la salud. Después de oír algunas declaraciones de nuestros médicos que fungen como autoridades del Estado, uno queda horrorizado y hasta impaciente por saber de la actitud tomada, e incluso duda de la formación profesional que recibieron.

¿Qué declaró el ex ministro de salud Aníbal Cruz? “Yo calculo 900 pacientes para los próximos siete días, y calculo para el próximo mes, en 30 días, 9.000 pacientes. En cuatro meses calculo 48.000 pacientes y si hablamos de la tabla de decesos, en 30 días tendríamos 720 fallecidos de acuerdo con el porcentaje que estamos manejando. Lo que quiere decir que en los próximos cuatro meses tendríamos 3.840 fallecidos”.

¿Cómo interpretamos esta desafortunada declaración? La lógica de una autoridad de Estado de salud pasa por números, cálculos y proyecciones estadísticas de los muertos. ¿En qué quedó la apuesta por la vida? ¿Será común en estudios de la pandemia utilizar puros cálculos que prácticamente insensibilizan al ser humano? ¿La afirmación es una apología de la muerte? Para los médicos, somos nomás números y cifras, además de montos en dinero.

El actual ministro de salud, Marcelo Navajas, expresó: “Desde el primer día en mis declaraciones ustedes han recibido la verdad sobre la pandemia y lo que va a suceder. El momento que esta pandemia empiece a bajar es cuando el 60% o más de la población esté contaminada. A partir del 80%, 70%, vamos a decir que la hemos ganado. Y lamentablemente en ese combate y durante ese tiempo vamos a tener muchos fallecidos y vamos a tener todavía más fallecidos…”.

¿Cómo desciframos? Muy similar a la primera declaración, y al decir “lo que va a suceder” nos lleva a pensar que más que una interpretación del especialista de medicina es la versión de un nigromante que solo ve muertos. Lo más grave es decir que cuando el 60% o más de la población se contamine, vamos a derrotar a la COVID-19. Esta explicación denota una total insensibilidad y nos lleva a muchas otras interrogaciones. Por ejemplo, si la solución pasa por el contagio del 60% o más de la población, entonces ¿para qué estamos en cuarentena?

En esta lógica simplista, con contagiarnos hasta llegar al 60% y más se acabará la infección. Incluso con ese mismo razonamiento así ganaríamos tiempo frente a la pandemia y no estaríamos tantos días encerrados. ¿Para qué tanto gasto y despilfarro de dinero si la solución es contagiarnos? ¿Para qué equipar hospitales, contratar más médicos y personal de salud si la solución es contagiarnos hasta el 60% o más? Urge saber si en algún momento funcionó esa lógica de que para detener una pandemia hay que contagiarse hasta el 60% o más, porque eso autogeneraría la cura.

¿El ex ministro de salud Aníbal Cruz y el ministro Marcelo Navajas apuestan implícitamente por la eutanasia colectiva con el COVID-19? Pareciera que existe el deseo de que más gente se infecte, porque así son los resultados de sus cálculos científicos. Kamachiñanisa uka ministru tukturanakampixa. Sapxistuwa: katuñani uka usu, ukhamatwa k´umarachasiñanixa. ¿Kamsapxtasa uka ñanqha amuyutxa?

Esteban Ticona Alejo, aymara boliviano, sociólogo y antropólogo.

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El fracaso de la medicina occidental

La diferencia entre los modelos de salud se ha evidenciado mucho más en esta coyuntura.

/ 2 de mayo de 2020 / 07:24

La pandemia desatada por el coronavirus COVID-19 ha puesto en crisis el modelo capitalista de salud pública y el manejo hegemónico de la medicina occidental en el mundo. Está claro el fracaso de este modelo, porque sencillamente los científicos occidentales no han encontrado una cura contra el coronavirus y la Organización Mundial de la Salud (OMS) no tiene muy claro cómo actuar frente a un virus de alta velocidad.

Las decisiones de los diferentes gobiernos están marcadas por la hegemonía de uno de los dos paradigmas que tradicionalmente han organizado el campo de la salud en el mundo. Por un lado está la visión de la salud pública occidental conectada con los intereses del capitalismo, cuya plataforma conceptual solo considera factores externos; ideología política que no puede explicar por qué muy pocas personas acceden a la salud. Del otro lado está la visión de la salud a partir de la experiencia histórica, social, cultural y civilizatoria de los diferentes pueblos ancestrales, que apuestan sobre todo por la prevención y luchan por la liberación de los pueblos y el derecho a la salud propia y universal.

Esta es la salud indígena, popular, que incluye a la medicina tradicional china y otras formas no occidentales que hoy han quedado marginadas. Es lamentable que en nuestro país la medicina tradicional o ancestral haya quedado relegada a presentaciones de pequeños shows, que solo sirven para ambientar la casa. La medicina de los kallawaya ha quedado silenciada frente a los doctorcitos occidentalizados. Es preciso afirmar que la medicina ancestral nuevamente está siendo arrinconada, porque supuestamente existe una medicina científica occidental. ¿Pero qué hacen los “científicos” para detener al COVID-19? Absolutamente nada, incluso los que dicen ser científicos hoy están profesando frases como “Dios nos libre o nos ampare de la pandemia”.

La diferencia entre los modelos de salud se ha evidenciado mucho más en esta coyuntura. El modelo hegemónico, que sirve de enlace entre el capitalismo y el sistema de prácticas dominantes en salud, aparece como el único salvador y defensor de la vida. Mediante una racionalidad centrada en la enfermedad (hoy el COVID-19), organiza los sistemas de atención a partir de ejes demarcados por la gran industria farmacéutica y de producción tecno-médica; mediando en el papel que cumple para la legitimación del orden mundial capitalista salvaje, que apuesta a la diferencia de las clases sociales, al racismo y a la acumulación de la riqueza. Hoy, a pesar de la emergencia humanitaria mundial, se sigue especulando con ciertos productos como los barbijos, los respiradores automáticos y los insumos para las pruebas de laboratorio para detectar el COVID-19.

El bloque de países capitalistas y occidentales ha decidido dejar correr la pandemia en resguardo de la prosecución de la economía capitalista, bajo el argumento de la historia natural de la enfermedad y un cierto “maltusianismo” ante la población jubilada y los adultos mayores. El gran ejemplo es Estados Unidos o Brasil, donde no les importa el número de muertos.

La batalla contra el COVID-19 ya es una lección histórica, que ha puesto en evidencia los intereses dominantes del sistema de salud capitalista. Para quienes apostamos por un cambio profundo societal, urge un cambio civilizatorio que luche por la salvaguarda la humanidad y el planeta con sistemas de salud propios y desde la ética de la vida, pues el capitalismo jamás apostará por la vida humana y la salud de la Madre Tierra. Jichhurunakanxa wali llakisiyapxistu COVID-19 uka usuxa. Suma manq’añasawa jan uka usu katuñataki. Ch’ullqhichañasawa janchisa ¿janicha ukhamaxa?

Esteban Ticona Alejo, aymara boliviano, sociólogo y antropólogo.

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El COVID-19 y los problemas sociales

Se quiere aplicar la lógica del mercado para todos, es decir, la lógica de la sumisión y la obediencia ciega

/ 18 de abril de 2020 / 07:30

La lacerante realidad evidencia que la atención médica está pensada para unos cuantos, y hoy existe la amenaza de que el número de infectados con COVID-19 crezca, sin que los centros de salud puedan abastecer la demanda.

La pandemia está impulsando una crisis social, económica, política y cultural profunda en todas las sociedades. Y nos permite ver con más claridad la situación de una sociedad capitalista colapsada, con gobiernos que no pueden atender a sus enfermos. En nuestro caso, ocurren hechos de discriminación contra los contagiados, protagonizados incluso por algunos médicos y personal de salud, formas de estigmatización y hasta exabruptos de autoritarismo de parte de los representantes del Estado.

Esta realidad también nos permite constatar la profunda pobreza que persiste en un gran sector de la población boliviana. La clase social neoliberal, o los pititas, hoy están impulsando actos de solidaridad a favor de los sectores que se han quedado sin alimentos, por estar obligados a quedarse en casa. Algún ciudadano preguntó: ¿ahora por qué no bloquean al coronavirus con sus pititas? Tarde o temprano la clase trabajadora del día a día elegirá no morir de hambre, desobedeciendo la cuarentena y su militarización, más allá del riesgo de contagiarse con el COVID-19. Está claro que siempre elegirán buscar un trabajo para poder comer.

Una de estas familias se preguntaba en un medio de comunicación “¿cómo creer a los políticos que hoy fungen como autoridades y nos dicen que nos quedemos en casa por nuestra vida?”. En otros momentos ni se acordaban y menos se preocupaban por nuestra salud, aunque sigue siendo “normal” contraer otras enfermedades igual de riesgosas como el coronavirus. Esta reflexión nos lleva a preguntarnos ¿cómo ha contribuido la mediatización del COVID-19 al show y a la consiguiente magnificación del problema, cuando existen otras enfermedades igual de mortíferas, aunque su reproducción sea diferente, o los índices de criminalidad y accidentes son igual de numerosos en el mundo?

Otro tema interesante que se trasluce en esta coyuntura es la noción del trabajo. Mientras los empresarios piensan en la pérdida de sus jugosas ganancias, el ciudadano común piensa en cómo seguir remando en la vida, porque el trabajo no solo le permite sobrevivir, sino también le da independencia y el orgullo de valerse por sí mismo. Posiblemente esta forma de encarar la vida tiene que ver mucho con las autonomías comunales de la región andina. El Gobierno anuncia pagar los bonos, pero a estas alturas ya huele a propaganda política electoral.

Estos días también se dan varias paradojas como hacer énfasis en la limpieza y la demostración del poder coercitivo del Estado. Existe un profundo contraste entre un supermercado y las ferias o qhatus andinos. Se quiere aplicar la lógica del mercado para todos, es decir, la lógica de la sumisión y la obediencia ciega. Se oye decir: “las ferias aglomeran a mucha gente, pero los mercados no”. Los intentos de erradicar estas formas indias de intercambio de productos no es casual, es una forma de pensar y de actuar colonialmente.

Los medios televisivos nos permiten ver otros hechos, como las arengas a favor del uso de “barbijo” y la importancia de guardar “la distancia social”, consejos que sin embargo no todos cumplen en las conferencias de prensa… Se busca someter a los ciudadanos, incluso desinfectándonos en el sentido de hacernos más limpios, sin saber con qué químicos nos están rociando, a pesar de que la reproducción del COVID-19 no tiene que ver con la suciedad.

Uka q’ara, misti  jaqinakaxa sapuruwa sapxistu, jan mistupxampi utata sasa, jan mistuñan ukasti ¿kunampis saraqañani, manq’añani?

Esteban Ticona Alejo, aymara boliviano, sociólogo y antropólogo.

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