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Sunday 29 Jan 2023 | Actualizado a 01:55 AM

2020, un superaño

El coronavirus nos ha demostrado que es posible un cambio transformacional en el planeta

/ 5 de abril de 2020 / 06:40

Los seres humanos dependemos de ecosistemas estables y saludables para nuestra supervivencia. Por eso, 2020 fue declarado por las Naciones Unidas y sus aliados como un “superaño” para la naturaleza y la biodiversidad, en el que los países deberían definir una agenda de acción ambiental para la próxima década. Sin embargo, el brote del Covid-19 ha paralizado al mundo, y aunque ha dado un respiro al planeta en términos ambientales, preocupa que en el corto/mediano plazo se tomen decisiones miopes que aumenten las emisiones de gases de efecto invernadero, y que se siga degradando la naturaleza a largo plazo.

Muchos coinciden en que la naturaleza nos está enviando un mensaje con la pandemia del Covid-19. Su surgimiento resulta de actividades humanas como la deforestación, la expansión de tierras agrícolas, el aumento de la caza, el comercio de vida silvestre. Actividades que están impulsando la pérdida de biodiversidad en el planeta y el cambio climático. Esta crisis también está evidenciando cuánto dependemos unos de otros, y que los seres humanos y la naturaleza formamos parte de un sistema interconectado.

Al mismo tiempo, el Covid-19 nos ha demostrado que es posible un cambio transformacional en el planeta. Durante los meses los cielos se han limpiado, la capa de ozono se está recuperando, y se ha reducido significativamente la emisión de gases de efecto invernadero, causantes del cambio climático. Es una señal de que un mundo diferente es posible. Esta es una oportunidad sin precedentes para alejarse del crecimiento no mitigado a toda costa; y de ofrecer un equilibrio duradero entre las personas, la prosperidad y nuestros límites planetarios.

Hoy urge tomar las medidas necesarias para salvar tantas vidas como sea posible y abordar los efectos devastadores en los medios de vida y la seguridad de las personas. Sin embargo, resulta importante reconocer que el planeta enfrenta una crisis más profunda y de más largo plazo, arraigada en una serie de desafíos globales interconectados. Además, existe la oportunidad de promover soluciones que reconstruyan vidas y estimulen la actividad económica inmediatamente después de la crisis, y a la vez aceleren la transición hacia economías resilientes, bajas en carbono y sociedades ricas en naturaleza.

Nos adherimos al llamado que varias organizaciones ambientales han realizado a los líderes para que tengan el coraje, la sabiduría y la previsión de aprovechar esta oportunidad para que los planes de recuperación económica sean transformadores, al invertir en las personas, la naturaleza y el desarrollo sostenible. Hoy es el momento de trabajar todos juntos para encontrar caminos innovadores que nos ayuden a salir de esta emergencia con un reinicio económico global. Las personas y la naturaleza deben estar en el centro de esta profunda transformación. La prosperidad para la gente y el planeta solo es posible si tomamos decisiones audaces hoy, de tal manera que las generaciones futuras puedan sobrevivir y prosperar en un mundo mejor.

Natalia Calderón, directora ejecutiva de la Fundación Amigos de la Naturaleza (FAN).

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Carretera al infierno climático con el pie en el acelerador

/ 21 de diciembre de 2022 / 02:10

El Secretario General de la ONU inició la cumbre climática, en noviembre de este año, con un mensaje que resume muy bien la situación que estamos enfrentando, “estamos en una carretera al infierno climático con el pie en el acelerador”. Los últimos ocho años han sido los más cálidos de los que se tiene registro en el ámbito mundial, el nivel del mar está aumentando al doble de la velocidad de la década de 1990, y el aumento promedio de la temperatura global es ya de 1,15 grados centígrados (muy cerca del límite de los 1,5 que alguna vez se fijaron como tope en el olvidado Acuerdo de París).

Incansablemente, científicos, organismos internacionales y la sociedad civil han advertido que si no se toman medidas drásticas hoy, será más difícil y costoso adaptarse a estos efectos en el futuro. Sin embargo, los esfuerzos mundiales por frenar el calentamiento global son insuficientes, y los resultados de las negociaciones internacionales en la cumbre del clima, decepcionantes. La COP27 nos dejó un avance histórico para ayudar a los países vulnerables a lidiar con las pérdidas y los daños causados por los impactos del cambio climático, sin embargo, también nos deja una preocupación acerca de la gravedad de la situación ambiental.

El planeta requiere un esfuerzo titánico que aún los países nos han demostrado que no están dispuestos a encarar. Si bien, también hay aspectos positivos como los avances tecnológicos, la inversión sostenible, algunos compromisos empresariales y de gobiernos locales, las iniciativas pilotos, el rol de los pueblos indígenas protegiendo una gran cantidad de bosques, la mayor sensibilidad social, todo esto además de ser indispensable, nos ha demostrado que es insuficiente si no se escalan soluciones para contener el calentamiento global en niveles aceptables para el futuro de la especie humana.

Si bien Bolivia no es uno de los causantes del cambio climático, cerramos el año con un escenario climático fuertemente vinculado al fenómeno de La Niña, de extrema sequía, escasez de agua y una temporada atípica de incendios forestales, con devastadoras consecuencias para la producción de alimentos, los medios de vida de poblaciones locales y las funciones ambientales que brindan nuestros bosques. Que pone sentido de urgencia a poner el acelerador en la acción climática para cumplir con el compromiso reforzado de contribución a la lucha del cambio climático en los sectores de cambio de uso de suelo e incendios forestales en nuestro país. Necesitamos transitar de los compromisos a la acción en todos los sentidos. También es urgente movilizar financiamiento climático y encarar la adaptación al cambio climático en todas las escalas y dimensiones, y dejar de tratar a los efectos del cambio climático solamente a través de la atención a desastres.

Es urgente tomar todas las medidas necesarias para salir de esta carretera al infierno climático, ya tan advertido. No podemos olvidar que, si ahora no se toman medidas drásticas y si no pasamos de los compromisos de papel a la acción verdadera, será el año más frío de la vida de los niños de hoy.

Natalia Calderón es directora ejecutiva de la FAN.

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Acción climática a orillas del Mar Rojo

/ 26 de octubre de 2022 / 02:17

Cada 24 de octubre se celebra el Día Internacional contra el Cambio Climático para alertar acerca de los efectos devastadores de este problema en el mundo, mientras que los desastres climáticos sin precedentes están provocando disrupciones generalizadas y devastadoras batiendo niveles históricos de lluvia, calor, sequía, incendios y tormentas que impactan en casi todos los rincones del mundo.

Este año la crisis climática, el efecto dominó del COVID- 19 y la guerra en Ucrania, marcan más que nunca la necesidad urgente de que los países trabajen juntos en la Cumbre Climática (COP27) para acelerar la acción climática y reconstruir la confianza de que la acción colectiva global puede resolver uno de los mayores desafíos de la humanidad.

La COP27 se llevará a cabo en Sharm el Sheikh, Egipto, del 6 al 18 de noviembre de 2022. Es esencial que los tomadores de decisión avancen varios temas clave para promover la acción y el apoyo climático internacional en el futuro: 1) Crear un mecanismo financiero para hacer frente a pérdidas y daños, ya que para varios países en desarrollo y la sociedad civil los mecanismos financieros existentes no son suficientes para atender las necesidades diferenciadas y adicionales a la financiación para la adaptación, la asistencia humanitaria o la ayuda al desarrollo; 2) ampliar el apoyo para la adaptación, ya que la intensificación de los impactos del cambio climático requiere que se aceleren y amplíen las medidas de adaptación para abordar adecuadamente las necesidades de los países y comunidades vulnerables; 3) fortalecer los objetivos nacionales de reducción de emisiones, se espera que los países “revisen y fortalezcan” sus objetivos de reducción de emisiones para 2030, conocidos como “contribuciones determinadas a nivel nacional” o NDC; 4) mecanismos financieros, el financiamiento climático volverá a ser un tema clave en la COP27, para asegurar que se cumplirá la promesa de financiamiento climático de $us 100.000 millones y avanzar en nuevos compromisos; 5) avanzar en el inventario mundial para marcar el ritmo de la acción climática.

Y el reto más importante: 6) Convertir en acción los compromisos climáticos de Glasgow. En Glasgow, los gobiernos, las empresas y otras partes interesadas hicieron una serie de compromisos emocionantes: frenar las emisiones de metano, detener y revertir la pérdida de bosques, alinear el sector financiero con emisiones cero-neto para 2050, acelerar la eliminación gradual del carbón, duplicar los niveles de 2019 de financiamiento para adaptación al 2025, escalar la adaptación liderada localmente y poner fin al financiamiento internacional para combustibles fósiles, por nombrar solo algunos. Sin embargo, estos compromisos deben traducirse en acciones concretas, y debe hacerse visible la evidencia del progreso real hacia estos objetivos elevados.

El sabor a poco de los resultados de la COP 26 y el contexto de un mundo inestable, pone a la COP 27 en la mirada de los jóvenes y la sociedad civil que ven con escepticismo la posibilidad de un progreso en las negociaciones multilaterales. Sin embargo, el contexto también ofrece la oportunidad de fomentar una mayor cooperación en el momento en que el mundo más lo necesita. Ese es el potencial que los líderes, los gobiernos y las empresas deben aprovechar en las próximas semanas para la acción climática a orillas del Mar Rojo.

Nuestros ojos estarán sobre los gobernantes que nos representan en la instancia más importante de multilateralismo para la acción climática, con la esperanza de que realmente hagan todos los esfuerzos necesarios para encaminar al mundo hacia un futuro más próspero.

Natalia Calderón es directora ejecutiva de la FAN.

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Fika, una pausa para pensar sobre nuestro futuro

/ 22 de junio de 2022 / 00:36

El 2 y 3 de junio se celebró en Estocolmo, Suecia, una reunión internacional crucial sobre medio ambiente, bajo el lema “Estocolmo+50: un planeta sano para la prosperidad de todos-nuestra responsabilidad, nuestra oportunidad”. Estocolmo+50 conmemoró la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente Humano de 1972 y celebró 50 años de acción medioambiental mundial. Al reconocer la importancia del multilateralismo para hacer frente a la triple crisis planetaria de la Tierra —el clima, la naturaleza y la contaminación—, como antesala para acelerar la aplicación del Decenio de Acción de las Naciones Unidas para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible, incluida la Agenda 2030, el Acuerdo de París sobre el cambio climático, el Marco Mundial de la Biodiversidad posterior a 2020, y fomentar la adopción de planes de recuperación verdes posteriores a la Conferencia de Estocolmo-19.

Hubo una serie de “diálogos de liderazgo”, que junto a las declaraciones en el plenario arrojaron ideas y conversaciones interesantes sobre los últimos 50 años y las acciones necesarias para avanzar. El principal resultado de la reunión fue una serie de recomendaciones centradas en el derecho a un medio ambiente sano y sostenible, cambiando nuestro sistema económico, acelerando la implementación de los compromisos existentes, reconstruyendo la confianza y fortaleciendo el multilateralismo.

La pausa para el café, en Suecia, es una práctica esencial de la identidad nacional, la palabra para esto es fika. Para los suecos, fika implica algo más que un breve descanso con café o capuccino para refrescarse. De hecho, podría decirse que el café es la parte menos importante de un ritual mucho más sofisticado y arraigado. Para los suecos, la pausa para el café o fika se trata de tomar una “pausa”, ya sea solo o con colegas o amigos, para salir del trabajo del día, conversar o pensar, reflexionar sobre eventos recientes o planificar con anticipación. Uno podría describirlo como la creación de un claro, un espacio que interrumpe suavemente los patrones rutinarios recibidos del pasado y refresca nuestro sentido de propósito y compromiso con las tareas que tenemos por delante.

De alguna manera, Estocolmo+50 fue el momento fika definitivo. Fue la oportunidad de salir del modo de negociación habitual de los delegados, hacer una “pausa” y hacer un balance del progreso desde 1972, y reflexionar sobre lo que está surgiendo en toda su complejidad en 2022.

Nos encontramos en la antesala de eventos del multilateralismo clave, y necesitamos pensar en la oportunidad que todos tenemos de pensar y sobre todo actuar por nuestro planeta. De las decisiones que tomemos hoy depende el futuro de las futuras generaciones. Es nuestra responsabilidad y nuestra oportunidad de actuar. En estos momentos, las esperanzas de la humanidad y, sobre todo, de mucho jóvenes que a partir de los resultados de Estocolmo+50 tengamos una hoja de ruta sobre recomendaciones y compromisos orientados a los resultados, que podrían traducirse en una acción de seguimiento audaz y transformadora a través de un multilateralismo justo y eficaz.

Después de esta pausa, es nuestro turno de actuar y de alzar la voz para que nuestros gobernantes actúen en consecuencia con la triple crisis planetaria que estamos afrontando.

Nuestra responsabilidad, nuestra oportunidad.

Natalia Calderón es directora ejecutiva de la FAN.

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Del Buey al Tigre: desafíos 2022

/ 19 de enero de 2022 / 03:00

Desde la antigüedad los chinos realizaron estudios muy detallados sobre el movimiento del sol, de la luna y de la tierra alrededor del astro rey, y determinaron una serie de ciclos que se convierten en lo que hoy conocemos como el Año Nuevo Chino. Este 1 de febrero de 2022 dejamos atrás al Buey para ingresar en la etapa del Tigre de Agua, según la ciencia Bazi, que se conoce popularmente como astrología china.

El tigre es el animal que representa la astucia y el sigilo. Se espera que este 2022 el año del tigre de agua será el más guerrero para definir el rumbo de gran parte de la humanidad después de dos años consecutivos de pandemia de COVID- 19. Este nuevo año trae consigo una serie de desafíos ambientales, vinculados a una pandemia que nos ha hecho repensar la relación del ser humano con la naturaleza, pero al mismo tiempo plantea una necesidad de reactivación económica urgente, y ambas dimensiones no están siendo consideradas en su justa dimensión en los planes de recuperación a nivel global.

Cambio climático, el desafío desapercibido. Se considera que la crisis climática es una de las peores crisis que experimentará la humanidad. Incansablemente se ha advertido que si no se toman medidas drásticas hoy, será más difícil y costoso adaptarse a estos efectos en el futuro. Sin embargo los esfuerzos mundiales por frenar el calentamiento global son insuficientes. Si bien Bolivia no es uno de los causantes del cambio climático, necesitamos reforzar nuestro compromiso de contribución a la lucha del cambio climático en los sectores de cambio de uso de suelo e incendios forestales. También es urgente movilizar financiamiento climático y encarar la adaptación al cambio climático en todas las escalas y dimensiones, y dejar de tratar a los efectos del cambio climático solamente a través de la atención a desastres.

Los incendios forestales de 2019 pusieron el tema en la agenda ambiental. Y aunque en 2020 y 2021 la cantidad de área quemada ha ido disminuyendo, no significa que hemos hecho lo suficiente por responder a esta problemática tan compleja. Los regímenes de incendios están cambiando los paisajes de todo el mundo, y los efectos combinados del cambio climático y el uso del suelo son factores principales en la duración más prolongada de las temporadas de incendios. Es urgente una revisión de la normativa actual y abrogación de las normas contraproducentes. Las políticas públicas deben ser consistentes para atender el problema adecuadamente. Las respuestas efectivas al problema deben estar incorporadas en instrumentos de políticas públicas, que a su vez estén integrados en un contexto más amplio de gestión del territorio y contribuyan al manejo sostenible de los recursos naturales, el desarrollo local y la conservación del medio ambiente, donde la articulación entre los diversos sectores y actores es clave y, por el momento, aún es incipiente.

En el país la deforestación es uno de los desafíos más importantes en materia ambiental. Mientras en Bolivia seguimos viendo cifras de incremento de deforestación que nos posiciona entre los países con mayor deforestación a nivel regional y mundial, existe un consenso de más de un centenar de países de que es necesario tomar las medidas necesarias para frenar la deforestación e inclusive ponerle fin hasta 2030, del cual Bolivia no ha formado parte. Existe una evidente no-articulación intersectorial en la agenda de tierras y bosques, y una delicada situación en cuanto a los avasallamientos. La lucha contra la deforestación no es tarea de una sola institución, necesita ser abordada de manera transversal e intersectorial por todo el Estado y en todos sus niveles: municipal, departamental y nacional. A esto se suman las políticas de apertura de nuevos mercados para los commodities relacionados con la deforestación en Bolivia —carne y soya— sin explicitar claramente cómo se evitará el aumento de la frontera agrícola y las exigencias de sostenibilidad de estos mercados.

Áreas protegidas bajo presión. En Bolivia, nuestra Constitución Política del Estado (CPE) reconoce que éstas constituyen un bien común y forman parte del patrimonio natural y cultural del país, ya que cumplen funciones ambientales, culturales, sociales y económicas para el desarrollo sustentable. Sin embargo, la viabilidad y permanencia de estos espacios hace mucho tiempo que están en riesgo debido al aumento de las presiones como asentamientos no controlados, tala ilegal, comercio ilegal de fauna silvestre, narcotráfico, los devastadores incendios forestales y el cambio climático, además del evidente y continuo debilitamiento de su gestión.

Estos son algunos de los desafíos ambientales más importantes en el país. Esperamos que transitemos de la lentitud del buey a la agilidad del tigre a la hora de tomar decisiones que tienen que ver con los principales desafíos ambientales que enfrenta el planeta y nuestro país.

Natalia Calderón es Directora Ejecutiva Fundación Amigos de la Naturaleza.

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¿Vaso medio lleno o medio vacío?

/ 22 de diciembre de 2021 / 06:45

Una crisis global ha conmocionado al mundo, por la gran cantidad de muertes y las grandes dificultades económicas causadas. Estamos hablando del COVID-19. Sin embargo, por terrible que sea esta pandemia, el cambio climático podría ser peor. Después de dos años de espera, y muchas expectativas acerca de lo que nuestros gobernantes podrían hacer para efectivamente enfrentar una de las peores crisis que experimentará la humanidad, la crisis climática. Hoy, después de los resultados de la COP26 en Glasgow, ¿será que tenemos un vaso medio lleno o quizás medio vacío?

Es difícil medir los resultados de las negociaciones sobre cambio climático en términos absolutos. Glasgow estuvo lejos de ser un fracaso como Copenhague, pero tampoco fue un éxito transformador comparable a París. Se lograron avances, pero no lo suficiente para satisfacer a la ciencia que nos advierte sobre los efectos e impactos del cambio climático y mucho menos a los jóvenes que solo ven mediocridad en las acciones acerca de un futuro que es suyo.

Elevar la ambición de los objetivos nacionales de reducción de emisiones (contribuciones determinadas a nivel nacional, NDC) fue una tarea crítica para la COP26. En este frente, los gobiernos se quedaron cortos: si las nuevas metas actualizadas por 120 partes se implementaran por completo (y esto está lejos de ser seguro), se prevé que provocarán un calentamiento de 2,4 °C a finales de siglo, aún insuficiente.

El Pacto Climático de Glasgow, el principal resultado político de la COP26, solicita a los gobiernos que revisen y fortalezcan sus NDC antes de fines de 2022 para alinearlas con el objetivo de temperatura del Acuerdo de París. También hace por primera vez referencia a «acelerar los esfuerzos hacia la eliminación progresiva de la energía del carbón y la eliminación gradual de los subsidios ineficientes a los combustibles fósiles». Las discusiones sobre financiamiento climático, adaptación y pérdidas y daños fueron el centro de atención en Glasgow y fueron puntos críticos de controversia, y aunque hay metas de recaudación sigue siendo incierto cuándo se recaudará la suma en su totalidad, si se movilizarán fondos entre 2020 y 2025, y a pesar de las metas para adaptación y el mecanismo de daños y pérdidas, queda claro que será necesario hacer mucho más para abordar las necesidades de los países en desarrollo vulnerables al clima.

La COP26 vio una serie de acuerdos plurilaterales sobre temas clave como la eliminación gradual de diversas formas de combustibles fósiles y el fin de la deforestación. Estas iniciativas tienen el potencial de acelerar la descarbonización, pero será fundamental monitorear su implementación y hacer que los gobiernos y otras instituciones rindan cuentas, y vayan más allá de los discursos, como el que ya escuchamos en Nueva York hace algunos años sobre el fin de la deforestación que nunca ocurrió.

Si bien se lograron algunos avances en la COP26, los próximos 12 meses serán cruciales para determinar si los acuerdos formales alcanzados en Glasgow brindan motivos para mantener el optimismo de que la meta de 1,5 °C todavía existe y son suficientes para generar confianza entre los países y entre los ciudadanos y los gobiernos, que hasta ahora vemos el vaso medio vacío.

Natalia Calderón es directora ejecutiva de la FAN.

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