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martes 1 dic 2020 | Actualizado a 01:04

Los condenados de Pisiga

La necesidad de llegar a su hogar para protegerse frente al acecho del coronavirus les hizo pensar que en su país iban a encontrar el auxilio estatal correspondiente

/ 14 de abril de 2020 / 06:40

Entre otras funciones, el carnet de identidad avala tu pertenencia a una nación. Entonces, en un lugar militarizado marcado por la conflictividad, la retención de ese documento significa condenarte, aunque sea temporalmente, a ser un don nadie, incluso en tu propio país. Quizás los emigrantes bolivianos varados en Pisiga, en la frontera con Chile, se sienten de esta manera. En el contexto de la crisis sanitaria provocada por el COVID-19, el gobierno de Jeanine Áñez no solo les retuvo su carnet de identidad (lo cual constituye una violencia simbólica), sino que, peor aún, les ha negado el ingreso a su propio país, condenándolos a una situación de angustia, dolor y precariedad.

Estos condenados por el Gobierno boliviano viven un infierno en Pisiga. La mayoría de ellos son de escasos recursos y trabajan en el norte chileno. Tienen empleos y salarios precarios, que solo les alcanza para el pan de cada día de sus hijos. Antes de la Colonia, el norte chileno fue un territorio aymara. Pero ellos se sienten extranjeros, más aún, inmigrantes. Ellos sufren una doble discriminación: por ser bolivianos y por ser aymaras.

A estos compatriotas, al igual que al resto de nosotros, la llegada del coronavirus COVID-19 los sorprendió y atrapó en suelo chileno. Muchos de ellos se quedaron varados en la frontera. La necesidad de llegar a su hogar para protegerse frente al acecho del coronavirus les hizo pensar que en su país iban a encontrar el auxilio estatal correspondiente. Quizás pensaron que iban a pasar por un control sanitario riguroso, como suceden en otros países, para luego, si están sanos, ingresar sin problemas a su país.

Pero se equivocaron. Para el Gobierno transitorio, estos migrantes son un peligro sanitario, son parias; por tanto, se los condena al hambre, al frío y al dolor, expuestos al inclemente frío otoñal de Pisiga y al propio acecho del COVID-19 (por ejemplo, los 16 baños dispuestos por el Gobierno no cuentan con alcohol en gel). Una situación de mucha vulnerabilidad para estos migrantes bolivianos, muchos de ellos niños.

Esta forma de manejar el conflicto “biopolítico” en Pisiga revela un rasgo clasista/racista en el Gobierno transitorio. La mayoría de los migrantes varados son pobres y aymaras, y por estas razones son considerados “salvajes”. Entonces, el discurso gubernamental de lo salvaje/no salvaje encuentra en esta crisis sanitaria su propio sentido simbólico, lo cual explica el trato de los emigrantes en esa zona fronteriza. En la antípoda, 35 bolivianos contrataron un avión para poder regresar desde Santiago de Chile.

Mientras tanto, los condenados de Pisiga son hostigados permanentemente por policías y militares, evidenciando otro rasgo gubernamental: el represivo. La obstinación de dejarlos en un estado de confinamiento precario tensiona la frontera. El mensaje gubernamental de que no va a  doblegar en sus decisiones, aunque éstas representan un atentado contra los derechos humanos, es parte de su cariz autoritario. Incluso un alcalde chileno anticipó que presentará una denuncia contra el Gobierno boliviano en instancias internacionales. La respuesta del Ministro de Justicia fue acusar a ese alcalde de “masista”. Luego, se disculpó con un tono discriminador: “Hoy cometí una Evada, mil disculpas al alcalde de Colchane por haberle tildado de masista”. Este mensaje racial parece formar parte de un guion armado para esconder la incompetencia e indolencia gubernamental en la administración de la crisis sanitaria. Quizás por esta razón se inventaron un chivo expiatorio: los masistas.

Entre tanto, los condenados de Pisiga no solo sufren de la insensibilidad gubernamental, sino también de la propia prensa. Un periódico tituló: “Unos 300 bolivianos amenazan con ingresar a la fuerza al país por Pisaga”, criminalizándolos. A su vez, el Ministro de Defensa les dice “Quince días pasan rápido”. Quizás ellos podrían responderle con un grafiti pintado en una pared cerca del puerto de Iquique que afirma: “Somos extranjeros en nuestro propio territorio”.

Yuri F. Tórrez, sociólogo.

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El Diego: cuatro silencios

Silencio uno: cada vez que Maradona agarraba la pelota en San Mamés, la hinchada del Athletic Club guardaba un extraño silencio, muy parecido al que se produce en el circo segundos antes de un triple mortal sin red

/ 30 de noviembre de 2020 / 21:51

Dice Charly García que lo importante en una pieza musical no son las notas sino las pausas entre ellas. No hay música sin silencios. La vida del Diego fue un permanente cántico de barra interrumpido por silencios abismales.

Silencio uno: cada vez que Maradona agarraba la pelota en San Mamés, la hinchada del Athletic Club guardaba un extraño silencio, muy parecido al que se produce en el circo segundos antes de un triple mortal sin red. El bullicio propio de la vieja “Catedral” se transformaba en una ausencia de ruido expectante ante cualquier posibilidad de milagro. Esa tarde de septiembre de 1983, lo único que escuché desde el fondo norte fue el tobillo partido del Diego tras una durísima entrada de “Goiko”. Después se calló la tribuna bajo un espeso manto de nada.

Silencio dos: volví a ver a Maradona cuando regresó a Bilbao nueve años después, en octubre de 1992, para debutar con el Sevilla de Bilardo tras su paso como nuevo dios por Nápoles. Con la camiseta blanca impoluta, 32 años y sobrepeso, el Diego alabó al estadio donde había sufrido su peor lesión: “San Mamés es precioso, divino”. Horas antes del “match”, tomó un café en el hotel de concentración con Andoni Goikoetxea, su “verdugo”. El silencio volvió cuando agarró una pelota para ejecutar una falta al borde del área que acabó en gol. El primer abrazo que recibió fue de un “cholo”, el Simeone.

Silencio tres: cuando a mediodía del pasado miércoles, la noticia de la muerte de “Maradó” nos despertó a todos, la primera sensación después del estupefacto fue una rara ausencia de palabras. La incredulidad recorría el planeta. Cuando la mala nueva comenzó a ser asimilada, los cánticos entre lágrimas y nudos en la garganta lo inundaron todo. Jamás un entierro estuvo rodeado de tanta pasión, de un sufrimiento colectivo del tamaño del cielo.

Silencio cuatro: el cementerio privado de Bella Vista está custodiado por la policía. A lo lejos se va apagando la última barra emocionada. La vida del Diego, el futbolista más grande, se ha callado para siempre. Fue y es mito popular, símbolo de rebeldía contra los poderosos y encarnación de la magia del talento que cultivó como nadie el arte del silencio, el grito más fuerte. Ahora que duele respirar, queda la gratitud. No hay música -ni cántico ni marcha triunfal- ajena a los silencios. Gracias, compañero Diego.

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Reconocer el valor del agua

Utilizamos el agua por muchos motivos que van del baño y la bebida a la atención de necesidades industriales, pero, sobre todo, la utilizamos para producir alimentos.

/ 30 de noviembre de 2020 / 00:50

“El agua es la fuerza motriz de toda la naturaleza”. Así se expresó Leonardo da Vinci, y no puede decirse que el legendario genio haya sido el único en percatarse de su importancia.

Utilizamos el agua por muchos motivos que van del baño y la bebida a la atención de necesidades industriales, pero, sobre todo, la utilizamos para producir alimentos. La agricultura absorbe el 70% de las extracciones mundiales. Si el agua no se utiliza con sensatez, surge un panorama sombrío.

Hoy en día, uno de cada seis habitantes del planeta vive en zonas aquejadas de graves limitaciones de agua. Más del 90% de ellos se encuentran en Asia y África del Norte. En América Latina y el Caribe, el 4% vive en áreas con extrema escasez; si bien esta proporción puede parecer insignificante, implica que más de 20 millones de personas enfrentan una alta escasez de agua. A escala mundial, la disponibilidad per cápita de recursos de agua dulce ha disminuido más de un 20% en los dos últimos decenios.

Los países con una amplia disponibilidad de agua tienen barra libre. Un ejemplo es el Brasil, donde corresponden a cada residente casi 42.000 m3 anuales de agua dulce renovable. Sin embargo, la mayor parte de esa agua se encuentra en la Cuenca Amazónica y la población no la utiliza. Los grandes países productores de alimentos, como China y los Estados Unidos de América, dependen considerablemente, a escala interna y por la vía comercial, de acuíferos que se agotan con rapidez; el hecho de que actualmente no haya indicios evidentes de estrés por falta de agua no significa que no los vaya a haber mañana.

¿Qué debemos hacer? La respuesta se resume en hacer más con menos.

Ello supone reconocer el valor del agua. El agua tiene un precio, y el aprovechamiento de la señal de ese precio puede incentivar claramente a los agricultores a mejorar la productividad de su agua. Los métodos son diversos: mejoras en el riego, una mejor selección de los cultivos, métodos innovadores de almacenamiento y conservación y muy diversas soluciones basadas en la naturaleza que den cabida con frecuencia a la acuicultura. Todos ellos necesitan de una gobernanza sólida e inclusiva que permita atender las necesidades básicas de todos, especialmente las de los pequeños productores rurales.

Todo enfoque sostenible pasa por una comprensión sólida de las condiciones y necesidades imperantes, en particular por lo que se refiere al acceso a agua potable sana, el agua con fines de desarrollo industrial y las necesidades de agua de los ecosistemas a escala territorial, que carecen de abastecimiento suficiente en casi la mitad de los sistemas de riego utilizados hoy.

En consecuencia, la contabilidad del agua y su auditoría, prácticas poco habituales, deben servir de punto de partida a toda estrategia eficaz dirigida a hacer frente a la escasez y el desabastecimiento de agua.

En El estado mundial de la agricultura y la alimentación de 2020, nuevo informe principal de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, se examina en profundidad la cuestión trazando los puntos álgidos, repasando los diversos sistemas de ordenación del agua en el mundo y señalando vías de mejora.

No hay tiempo para llorar ni necesidad de ello. Existen algunas perspectivas halagüeñas. Por ejemplo, en el África subsahariana, donde los índices de inseguridad alimentaria y crecimiento demográfico son los más altos, la ampliación del riego ofrece un amplio horizonte, lo cual puede impulsar considerablemente la productividad agrícola garantizando a la vez un uso eficiente del agua. Actualmente, solo el 3% de las tierras de cultivo de esa región está provisto para el riego. También existe un gran potencial para expandir el riego en América Latina y el Caribe y mejorar la productividad del agua. La expansión inteligente puede fomentarse a través de programas específicos que ofrezcan a los pequeños agricultores un mayor acceso a la energía y al crédito. Las inversiones deben ir acompañadas de sistemas de gobernanza equitativos, inclusivos y eficaces para garantizar el uso sostenible del agua, ya que casi una décima parte de las tierras de cultivo de la región está experimentando limitaciones de agua.

Lao Tzu, el gran sabio del taoísmo clásico, afirmó que el agua “beneficia en gran medida a todas las cosas, sin conflictos”. Observó su condición de elemento fluido, suave y flexible, lo cual, como se señala en el informe de la FAO sobre el estado mundial de la agricultura y la alimentación, hace que su gestión no sea inherentemente demasiado difícil.

Podemos y debemos aprender y aplicar nosotros mismos esa cualidad para velar por que el agua siga haciendo magia a favor de los casi 10.000 millones de personas que habitarán nuestro planeta en 2050.

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Otro 25N de marchas por la vida de las mujeres

Tratando de denunciar este recrudecimiento de la violencia contra las mujeres y demandando acción al Estado, las feministas volvimos a las calles, lugar de protesta que nunca debimos abandonar.

/ 30 de noviembre de 2020 / 00:46

Conmemoramos este 25 de noviembre, Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, en un país lleno de contradicciones. Lo único que no cambia son las cifras visibles de la violencia: cerca de 30.000 denuncias por violencia familiar o doméstica; más de 5.000 denuncias por violación, abuso deshonesto y estupro (de las cuales, 1.288 son cometidos en niños y niñas); 127 denuncias por acoso y violencia política y 105 feminicidios, cada vez con más crueldad y saña. Y detrás de estas cifras, miles de historias de impunidad en el sistema de justicia que desnudan que, en Bolivia, a pesar de todas las leyes favorables, las cosas no cambian y más bien empeoran.

Tratando de denunciar este recrudecimiento de la violencia contra las mujeres y demandando acción al Estado, las feministas volvimos a las calles, lugar de protesta que nunca debimos abandonar. Así, a pesar de la pandemia, diversos colectivos autoconvocados salieron a las calles en La Paz, Cochabamba, Santa Cruz, Tarija, Chuquisaca, Potosí, Oruro y El Alto. Con pañuelos lilas y verdes, miles de jóvenes portaban sus pancartas haciendo suyas las palabras de Vivir Quintana en su Canción sin miedo: Yo todo lo incendio, yo todo lo rompo/ Si un día algún fulano te apaga los ojos/ Ya nada me calla, ya todo me sobra/ Si tocan a una, respondemos todas.

Los medios tradicionales no reflejaron la protesta, obnubilados por la muerte de Maradona. Fueron las redes sociales las que ampliaron la voz de miles de mujeres. Con la consigna «La Policía no me cuida/ me cuidan mis amigas» las marchas protestaban en las puertas de la Fiscalía, los Tribunales de Justicia y en la UTOP, instituciones símbolo de la falla estructural del Estado en la protección de la vida de las mujeres.

Y justo el 25N muere Maradona, provocando la primera contradicción. ¡Qué difícil es asumir que los ídolos de pueblo, los que emocionan multitudes, nuestros caudillos y líderes son casi siempre hijos saludables del patriarcado! Y las feministas argentinas tuvieron que preguntarse: ¿Se puede ser feminista y llorar a Diego Maradona? Recogemos las palabras de Natu Maderna en esa contradicción: “Maradona conmovió a un pueblo entero, ¿por qué los feminismos se van a alejar de un fenómeno que logró igualar a les argentines en una felicidad inconmensurable? Yo soy feminista, no busco ser perfectamente feminista (…) Maradona es un montón de cosas que no nos gustan…que no nos gustan de él y de un montón de hombres más. Problematizarlo solo en él, no tiene sentido alguno. La batalla está en otro lugar y la estamos dando”.

Y la segunda gran contradicción que nos golpea este 25N es la detención domiciliaria de un feminicida. El vocal de la Sala Penal dos, Willy Arias, que beneficia con detención domiciliaria a William Kushner Dávalos, quien el pasado septiembre había sido sentenciado a 30 años de presidio. Para acceder a ese beneficio, Kushner pagó una fianza de Bs 50.000 que podría ser utilizada, según Arias, para su recaptura. Es la tercera vez que el juez Arias beneficia con detención domiciliaria a un acusado de feminicidio. Lo hizo también en septiembre de este año con Cidal Ch., uno de los acusados por la muerte de la premilitar Carmen Rosa Mollo Ayllón, y en mayo, también determinó dar detención domiciliaria a Franklin Q. F., presunto autor de la muerte de Grisel C. P.

Así, el sistema de justicia continúa fallando a las mujeres y se presenta como el principal cómplice del patriarcado. Su mensaje reiterativo y pedagógico es que la violencia contra las mujeres no se castiga, pues frecuentemente el feminicida encuentra un juez que facilita la impunidad.

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La Constitución de la India

La India no solo pasó a existir desde 1949, sino que empezó a construirse desde ese año bajo la búsqueda de una identidad constitucional; esta es la importancia de esta Constitución

/ 30 de noviembre de 2020 / 00:39

El 26 de noviembre de 1949 se promulgó la Constitución Política de la India, que entró en vigencia el 26 de enero de 1950. La importancia de esta Constitución es múltiple, pues dio nacimiento al Estado de la India, entendido como una asociación compleja de estados (554 estados regidos por príncipes o marajás que habían sobrevivido bajo la administración colonial británica), con una población de más de 1.300 millones de habitantes, con un mosaico extenso de identidades, religiones, lenguas y culturas, además del sistema de castas que habitan en su organización social.

En 1888, John Strachei, uno de los administradores coloniales de la India, dio una conferencia bajo el título ¿Qué es la India?, en la que dijo: «Ese país no existe, y éste es el primero y más importante de los hechos que podamos aprender acerca de la India. La India es un nombre que damos a una dilatada región que comprende multitud de países diferentes»; por ello la Constitución de la India dio nacimiento a ese país que no existía, creando un Estado singular, posiblemente con la democracia y el sistema jurídico y político más complejos que hay en el planeta.

El profesor italiano Domenico Amirante ha caracterizado a este sistema político-jurídico como «La democracia de los superlativos» que gestiona más de 800 millones de votantes a las urnas para las elecciones políticas, que posee, como decíamos, la mayor diversidad cultural del mundo y un modelo de Estado multicultural, con un sistema de estados federales asimétricos y una justicia dinámica, basada en las culturas y los pueblos que reflejan un pluralismo jurídico que se construye en esta relación fuerte de culturas.

La Constitución de la India tardó en redactarse tres años. La Asamblea Constituyente fue convocada en 1946, los constituyentes fueron elegidos por asambleas provinciales y se precisó de un comité de redacción que tenía como finalidad plasmar en el texto constitucional el pasado, el presente y proyectar el futuro del nuevo Estado.

La India no solo pasó a existir desde 1949, sino que empezó a construirse desde ese año bajo la búsqueda de una identidad constitucional; esta es la importancia de esta Constitución, que más que un punto de llegada de un proceso histórico de construcción de un nacionalismo (Ghandi buscaba esta construcción nacionalista inspirado en los procesos nacionalistas de la unidad italiana) era un punto de partida para construir un Estado singular. Si bien todo Estado es en sí una singularidad en sí misma, en el caso de la India el reto ha sido y es mucho más arduo, por la diversidad y complejidad referida.

La Constitución de la India posee 395 artículos y 12 anexos, y comparte con la boliviana el récord de ser considerada una de las más extensas del mundo.

es abogado y filósofo

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Investigar sin exclusiones

No es difícil rastrear el origen de tales afirmaciones, temerarias y desinformadas: basta con prestar atención a los discursos (”narrativas”, le llaman algunos) de los operadores mediáticos y de sus fuentes

Por La Razón

/ 30 de noviembre de 2020 / 00:34

La llegada e inicio de tareas del Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI), conformado por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos a solicitud del gobierno transitorio, en diciembre de 2019, ha sido acompañada de sospechas, cuando no irresponsables ataques, contra su imparcialidad e idoneidad. La crítica parece provenir de quienes se saben más culpables.

En efecto, en conversaciones cotidianas, casi tanto como en publicaciones y comentarios en las redes sociales, ha sido cosa común en los últimos días ver y escuchar toda clase de descalificaciones al equipo de cinco investigadoras e investigadores que tienen la misión de hallar la verdad y proponer reparaciones para las víctimas de violencia y vulneraciones de los DDHH en Bolivia entre el 1 de septiembre y el 31 de diciembre del pasado año.

No es difícil rastrear el origen de tales afirmaciones, temerarias y desinformadas: basta con prestar atención a los discursos (”narrativas”, le llaman algunos) de los operadores mediáticos y de sus fuentes, que buscan predecir que el resultado de la investigación evidenciará que las vulneraciones a los DDHH provinieron “solo” de lado del Gobierno, olvidando, si no ignorando, que únicamente el Estado es responsable de los derechos enunciados en la Constitución Política y en los tratados y pactos multilaterales de los que el Estado es signatario.

Esos mismos discursos/narrativas omiten informar, en primer lugar, lo ya señalado: que la investigación del GIEI abarca un lapso mayor al de lo sucedido desde la frustrada elección de octubre de 2019 hasta los días posteriores a la discutible posesión de la Presidenta interina; y en segundo lugar que el mandato del Grupo es investigar “la violencia y las vulneraciones a los DDHH”; lo que implica ir más allá de las masacres de Senkata y Sacaba, e incluso de lo que el exsecretario ejecutivo de la CIDH Paulo Abrao ha calificado como “violaciones masivas y generalizadas a los derechos humanos” durante el gobierno transitorio.

Respecto de las críticas y descalificaciones al GIEI, tanto como al informe preliminar entregado en diciembre de 2019 por la CIDH y hasta a los cuatro otros informes internacionales y tres nacionales sobre lo sucedido en el trágico noviembre de 2019, Abrao dice que “las versiones que minimizan la gravedad de lo ocurrido en Sacaba y Senkata y descalifican la naturaleza de las denuncias, afectan la dignidad de las víctimas y las revictimizan”. Esta actitud está presente más que nunca en la política boliviana.

Lo dijimos en este mismo espacio ayer, y en varias ocasiones en las últimas semanas: el país necesita restañar sus heridas, procesar el dolor y superar el rencor. Difícil será hacerlo en medio de campañas orientadas a desinformar y diseminar la duda sobre quienes deben encontrar y mostrar la verdad. El mandato del GIEI, sin necesidad de discursos destemplados, ya incluye la obligación de investigar “sin exclusiones”.

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