Voces

sábado 15 may 2021 | Actualizado a 01:26

Una delgada línea

Existe una delgada línea entre la necesidad de subsistencia y la probabilidad del contagio

/ 28 de abril de 2020 / 06:30

El confinamiento es un concepto burgués. “La idea es que todos tengamos una casa individual, un poco burguesa, en la que podamos refugiarnos. El confinamiento es necesario para frenar la pandemia actual, evidentemente. Ahora, como sociólogo, veo que la idea del confinamiento tiene un cierto número de presuposiciones y no corresponde a la realidad. Es como si la vida de los pobres no tuviera ningún valor”, expresa Hamza Esmili, investigador y profesor de la Universidad de París VIII, en una entrevista para BBC Mundo.

En casi todo el mundo, los gobiernos han determinado que la gente se quede en sus casas y trabajen a través de internet (teletrabajo). Sin embargo, ¿cómo le dices a una persona que vende refrescos, verduras, frutas, que vive del día, que trabaje desde casa? Para este sector esta forma de trabajo no constituye ni siquiera una posibilidad. Por tanto, sabiendo que de todas maneras van a salir a trabajar fuera de sus hogares, surge la pregunta si no tienen miedo de contagiarse. Pues, claro que tienen. No se necesitan muchos estudios para comprender que el miedo a contagiarse está a flor de piel.

Bruno Rojas, investigador del Centro de Estudios para el Desarrollo Laboral y Agrario (CEDLA), indica que en Bolivia más del 50% del empleo es precario e informal, y que está más cerca del desempleo. Según datos del INE, en el último trimestre de 2019 la tasa de desempleo en las principales ciudades del país fue del 4,83% (es decir que cinco de cada 100 habitantes en edad de trabajar se encontraban sin empleo), superior al 4,29% registrado a inicios de 2019.

Resulta evidente que los efectos de la cuarentena van a repercutir negativamente en toda la economía nacional, pero en este momento quienes más dificultades están enfrentando son las personas que pertenecen a este sector del mercado laboral, precario e informal. Muchos de los cuales salen a las calles a trabajar pese al incremento de contagios de COVID-19, y que tratan de protegerse del virus con lo que está a su alcance. Existe una delgada línea entre la necesidad de subsistencia y la probabilidad del contagio.

Estamos por entrar a un momento crítico en la pandemia, cuando los casos positivos pueden comenzarse a contar por miles. Sin embargo, no podemos crucificar al que se contagió porque tuvo que salir a ganarse el pan para llevar a su casa, más aún cuando en el mediano plazo, según  aseguran los especialistas, gran parte de la población se contagiará. Nadie quiere enfermarse, pero está claro que no todos pueden quedarse en el “búnker” de su casa esperando a que les lleguen provisiones. La delgada línea entre la protección personal y mi entorno y la necesidad es la que debemos aprender a manejar.

Sara Espinoza, subgerente socio-ambiental en investigación y proyectos geoespaciales de la Fundación Amigos de la Naturaleza (FAN)

Comparte y opina:

Infraestructura verde

/ 21 de agosto de 2018 / 04:24

En las ciudades existen espacios no cementados compuestos por árboles, césped, arbustos, plantas ornamentales y otros que podemos observar, por ejemplo, en parques, plazas, calles, canales de drenaje, etc. Muchos de estos lugares conforman redes interconectadas de áreas naturales, a las cuales denominamos áreas o espacios verdes; los cuales cumplen funciones transcendentales para las sociedades que no suelen ser apreciadas a cabalidad. De hecho, solemos olvidar que éstos no solo hacen tolerable la vida en las ciudades, sino hasta posible.

En efecto, por un lado, las plazas, parques y áreas verdes en general constituyen lugares de esparcimiento que generan grandes beneficios, físicos y mentales, a los ciudadanos por el simple hecho de permitirles tener contacto con la naturaleza. Beneficios que deberían ser ampliamente conocidos e impulsados por aquellos que tienen en sus manos la planificación de las ciudades. Por otro lado, esta infraestructura verde no solo sostiene la vida de algunas especies de animales, como aves e insectos, sino que además proporciona funciones ecológicas básicas, como regular el régimen hidrológico del entorno, evitando inundaciones; absorber la emisión de gases contaminantes (principalmente CO2), contrarrestar la contaminación acústica, etc.

En su artículo 17, el Plan de Ordenamiento Urbano y Territorial del municipio de Santa Cruz establece que debemos “Diseñar un modelo urbano que combine las necesidades de densificar la ciudad, rellenando los grandes vacíos, sin sacrificar su paisaje urbano, su carácter de ciudad verde y su calidad de vida”. Pero la realidad es otra. La configuración espacial de la capital cruceña tiene vacíos respecto a la planificación y ubicación de las plazas, parques y jardines. Por este motivo, muchos barrios destinan espacios mínimos para esta infraestructura verde. Y como resultado de ello se crean “islas de calor urbano”, que deterioran la calidad de vida de los habitantes, por las elevadas temperaturas y problemas de contaminación atmosférica que generan, entre otros.

La interrelación entre las personas y lo natural sencillamente no es tomada en cuenta a la hora de planificar las ciudades; un principio básico para poder aprovechar los recursos naturales sin sacrificar los espacios verdes que aún quedan en las zonas periurbanas y que son los “pulmones” de las ciudades.Por ello, resulta de vital importancia que los planes territoriales de desarrollo integral (PTDI) de los municipios se elaboren bajo una visión conjunta del territorio, en procura de aprovechar las posibilidades para tener una mejor calidad de vida, que van de la mano con la supervivencia de los espacios verdes.

Temas Relacionados

Comparte y opina:

Paisaje urbano

/ 29 de mayo de 2018 / 04:08

Una de las principales conclusiones del 1º Congreso Internacional de Paisaje Urbano, celebrado en diciembre de 2015 en Sao Paulo (Brasil), fue la necesidad de trabajar en la consolidación de la gestión del paisaje urbano como uno de los elementos esenciales de la agenda local, por su demostrada capacidad para influir en la mejora de la calidad de vida en las ciudades. En el 2º congreso, organizado en 2017 en Barcelona (España), se resaltó la importancia de un nuevo modelo de desarrollo urbano ideológico que insiste, cada vez más, en la oportunidad de rehabilitar y dar nuevos y mejores usos a los espacios colectivos ciudadanos por encima de crear más ciudades.

Los municipios son los llamados a trabajar por la recuperación de la calidad del espacio público urbano, con la mirada puesta hacia la construcción de ciudades vibrantes, activas, con interacción social, donde uno de los elementos importantes son sus calles: “La calle no es simplemente una carretera destinada a servir las comunicaciones directas entre dos puntos” (Cerdá 1863, en Soria 1996). Este nuevo modelo plantea rescatar las calles con nuevas formas de movilidad (ciclovías, bulevares peatonales), e impulsar lugares de encuentro e intercambio cara a cara entre los ciudadanos, de tal manera que los peatones y vecinos cuenten con espacios seguros para realizar distintas actividades, entre ellas, socializar.

Otro elemento del paisaje urbano son los denominados condominios cerrados, espacios en los que los ciudadanos han optado por reunirse bajo la idea de seguridad, lejanos de la ciudad y de todas sus actividades culturales y sociales; lo que a su vez genera una externalidad: un mayor número de vehículos, según advierte el estudio titulado Plan Maestro de Transporte. Esto demuestra que, para sorpresa de muchos, el transporte público no es el principal culpable del caos vehicular, sino el gran número de vehículos particulares, que generan congestión y desorden, los cuales son potenciados por el comercio informal que existe en varios sectores claves de la ciudad.

La planificación urbana debe dar respuestas a estos problemas, y es responsabilidad de los gobiernos locales hacer cumplir las normas de urbanismo y acudir a los diferentes estudios que ya se han hecho para mejorar la calidad de vida de los ciudadanos. Es fundamental que los municipios, sean grandes o pequeños, dispongan de planes de paisaje urbano que les ayuden a recuperar la memoria colectiva y el sentido de pertenencia de sus pobladores.

Temas Relacionados

Comparte y opina: