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sábado 28 nov 2020 | Actualizado a 12:50

No coma carne de monte

La carne silvestre es el alimento de los grandes predadores como el jaguar o el puma, los cuales, si no encuentran su comida en el bosque, la buscarán en los corrales.

/ 29 de abril de 2020 / 06:46

No se sabe con exactitud qué origen tuvo el coronavirus, pero no hay duda de que ciertas mutaciones o nuevos vectores en lugares donde no existían son el resultado del aumento de la temperatura, la pérdida de ecosistemas y el comercio de vida silvestre. El consumo de carne de animales silvestres es una práctica frecuente en nuestro medio, especialmente en el oriente, entre las comunidades del bosque. En carreteras y mercados de áreas rurales se sigue ofreciendo carne de venado, ciervo, jochi, chancho de monte, tatú, y la gente acude como si fueran exquisiteces.

Desde el punto de vista culinario, es necesario entender que la carne de monte no puede ser sabrosa porque, en general, se trata de carne de animales viejos. Y algo similar ocurre con el pescado: se celebra que sea el más grande, pero el más grande es el más viejo, y el más viejo no sabe a nada. Es poco frecuente que el cazador o pescador mate animales jóvenes, pues suelen ser mucho más ágiles para huir de disparos, trampas o redes. En realidad, no se trata de carne sabrosa, sino de la habilidad de las cocineras para darle sabor, de la misma forma en que, en los antiguos cotos de caza de la aristocracia europea, los cocineros incorporaron hierbas y aromatizantes para crear salsas que disimulaban el insípido sabor de la carne vieja cazada con gran algarabía por el príncipe. Esta necesidad del oficio enriqueció la culinaria europea y permitió descubrir hierbas y saborizantes naturales.

Desde el punto de vista de la conservación, es necesario recordar que la carne silvestre es el alimento de los grandes predadores como el jaguar o el puma, los cuales, si no encuentran su comida en el bosque, la buscarán en los corrales, exacerbando el antiguo conflicto entre ser humano y fauna. De la misma forma, eliminar peces amenaza su población, porque alcanzan la edad de reproducción en varios años, cuando están de gran porte, además de afectar a sus predadores como lagartos, caimanes y peces carnívoros.

Comer carne de monte y descontrolar la pesca significa atentar contra la biodiversidad, porque no solo se reduce la población de los predadores que encabezan la cadena alimenticia, sino que además se amenaza la supervivencia de las familias de comunidades del bosque que tienen como fuente de proteína la carne de animales silvestres y del pescado. No es lo mismo cazar y pescar para consumo de la comunidad que instalar pensiones a lo largo del camino, fomentando con esta demanda la cacería y la pesca indiscriminadas. Siguiendo con esta costumbre, habrá una mayor amenaza contra los animales silvestres por la crisis económica al pasar la peste desatada por el coronavirus.

Desde el punto de vista de pandemias, comprendamos que la destrucción de la biodiversidad aumenta la incidencia de enfermedades zoonóticas, incrementando el riesgo para la salud humana al reducir la diversidad de huéspedes en los que se introduce un patógeno. Cada vez hay menos especies silvestres y más animales domésticos, reduciendo la variabilidad genética. No hay duda que después del COVID-19 modificaremos nuestra conducta en muchos aspectos, porque la naturaleza nos puso en esta situación insólita para cambiarnos. Tratemos de destinar muchos más recursos a educar para masificar la consciencia ambiental y para que costumbres como la de comer carne de monte y comerciar animales exóticos sean erradicadas definitivamente. Este artículo, por ejemplo, será más leído por gente que nunca comió carne de monte que por los que siguen con esa costumbre.

Wolf Rolón Roth, ingeniero agrónomo, especializado en desarrollo rural.

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Notas para la Memoria y la Justicia

/ 28 de noviembre de 2020 / 01:35

Llegaron casi de madrugada, eran más de una decena de policías armados, fiscales y otras personas no identificadas. Irrumpieron en todas las habitaciones, en la cocina y hasta en los baños. Buscaban debajo de las camas, en el interior de los roperos y en cada gaveta de la biblioteca. En la requisa se llevaron consigo libros, películas y documentales, cuadros y discos de música, si alguien preguntaba por qué, la respuesta era “por sediciosos”. Esas eran sus pruebas del delito. Ese día también desaparecieron otros objetos de valor, dicen que en los allanamientos de entonces fue usual que roben objetos de las viviendas. Cualquiera pensaría que está leyendo un relato de tiempos de Hitler en la Alemania nazi; o quizás uno de la dictadura de Videla o Pinochet. Y no, todo eso que el esfuerzo por la memoria nos hizo pensar que nunca más sucedería, sucedió en Bolivia tras el golpe de Estado de 2019. Ese allanamiento, político, terrorista y aleccionador fue en la casa de mis padres, buscando tomar presos sin más razón que el odio y la venganza.

En 1986 el profesor Fernando Volio Jiménez, costarricense, quien fuera Relator Especial de la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas para Chile, durante la dictadura de Pinochet, consideró los allanamientos como una de las peores formas de represión. Justamente este tipo de prácticas pestilentes son de las que más le gusta al fascismo. De hecho, los informes de Derechos Humanos de Chile en los años 80 no distan de mucho de los que se produjeron durante el Gobierno de Áñez. La International Human Rigth Clinic, apéndice de la Escuela de Leyes de Harvard, ha titulado su informe con una frase icónica y cruda: Nos dispararon como animales. En este documento se reúne una serie de testimonios que fueron recopilados por los investigadores, aún durante el gobierno de facto y hoy constituye una de las fuentes más importantes para la reconstrucción de los hechos y para la historia.

Si hubo algo que el Gobierno de facto no perdonaría era justamente que el proyecto popular sea de todas y de todos, del campo y de la ciudad, desde Senkata hasta Sopocachi. Fueron días muy duros. Cada día se despertaba con varios detenidos en todo el país, pasaban las horas y se desconocían los paraderos de la gente que había sido vista por última vez siendo tomada presa, sin órdenes judiciales, incluso por civiles. Hoy se sabe que muchos de esos “civiles” fueron paramilitares. No faltaron delatores que no dudaron en declarar absurdos — a cambio de quién sabe qué — y en colaborar con la persecución política; así fue como Orestes Sotomayor y Alejandra Salinas terminaron presos injustamente. Otros, por supuesto, inquebrantables, rechazaron ofrecimientos de Ministros, Viceministros y otros enviados especiales del Gobierno, que pretendían lograr acusaciones que les permitieran fortalecer sus teorías, mismas que iban siendo publicitadas sin ningún tipo de reparo por varios medios de comunicación. Por mencionar un par de ejemplos, así pasó en el caso de Patricia Hermosa, exjefa de gabinete presidencial y con Álex Ferrier, exgobernador del Beni, ambos encarcelados por el régimen.

A Carlos de La Rocha, médico de formación, el Gobierno de Áñez lo acusó de seis delitos, ninguno de ellos probado hasta hoy, por el solo hecho de ser parte de los movimientos de solidaridad con Cuba. Queda claro que una ruptura del orden constitucional como la que se vivió en Bolivia no solo tuvo objetivos para el interior de las fronteras del país, con ésta y otro tipo de acciones como la expulsión de las brigadas médicas cubanas — en plena pandemia— el conservadurismo develó su agenda geopolítica para Latinoamérica y para el Mundo.

Las apuestas para la reconfiguración política son muy altas. Ante los ojos de este tiempo se presenta la caída de la retórica neoliberal, en medio de una pandemia descontrolada y de olas de represión y muerte por parte de quienes defienden que los Gobiernos sigan siendo de pocos. Murieron millones en el mundo por COVID-19 sin que el andamiaje de las instituciones internacionales pueda hacer algo, sin que la venerada mano invisible del mercado resuelva algo. En Bolivia, además, murieron decenas con balas policiales, militares y paramilitares porque el poder tenía que demostrar que estaba dispuesto a pagar cualquier costo a fin de demostrar que ni las urnas ni las movilizaciones sociales frenarían su avanzada. Apostaron todo sin ningún tipo de límites, ni siquiera el de la muerte; pero la gente de abajo también apostó todo, a pesar del dolor, del duelo, de las familias separadas por la persecución política y del hambre característica de un Gobierno de pocos.

En Bolivia ha triunfado la gente y esa victoria es inapelable porque cuajó en las urnas. Hay por delante el enorme reto de la reconstrucción de la estabilidad política y económica. Ha triunfado la gente porque el Estado ha asumido la demanda por la Memoria y la Justicia. No falta mucho para que ya no se tengan presos políticos, saldo de un año oscuro en la historia del país. La victoria es inapelable mas no es perpetua y justamente por eso es fundamental la Memoria, la investigación, la verdad y la justicia.

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El narcogeneral afortunado

/ 28 de noviembre de 2020 / 01:33

Cuando el 15 de octubre pasado el general mexicano Salvador Cienfuegos (72) aterrizó en el aeropuerto de Los Ángeles, lo esperaban agentes de la DEA para arrestarlo, acusado de ser “el padrino” del narcotráfico y lavado de dinero entre 2015 y 2017, en connivencia con el cártel H-2, sucedáneo de la mafia de los hermanos Beltrán Leiva. Los cargos están sustentados con meticuloso detalle en un expediente de 743 páginas, condimentadas de audios telefónicos, fotografías, mensajes y otras pruebas incriminantes contra quien fuera ministro de Defensa durante el sexenio de Enrique Peña Nieto (2012-2018).

Hasta entonces todo hacía pensar que el otrora poderoso personaje seguiría el triste destino de otros militares descubiertos por la DEA, como el general panameño Manuel Antonio Noriega, condenado en 1992 a 40 años de cárcel; el coronel boliviano Luis Arce Gómez, a 30 años (1992); o el exzar antidroga de Bolivia general René Sanabria, a 14 años (2011), todos ellos sentenciados por la inflexible justicia americana. Sin embargo, en el tema Cienfuegos, un mes después de su captura, el 18 de noviembre, invocando “consideraciones sensibles e importantes de política exterior”, una jueza neoyorkina cerró inesperadamente el caso y levantó los cargos que pesaban sobre él, posibilitando su inmediato retorno a territorio mexicano, donde airoso recuperó su calidad de hombre libre, toda vez que allí no hay causa abierta en su contra. Esa misteriosa exculpación, primera en la Historia, tiene origen en la gestión diplomática del Gobierno mexicano que protestó sigilosamente el arresto, aduciendo acuerdos bilaterales de cooperación con Washington en materia de la lucha contra el tráfico de drogas, argumento básico para reclamar no haber sido informado de las investigaciones llevadas a cabo por la DEA contra el mentado general. No obstante, ese trámite poco transparente parece ocultar un chantaje en ciernes: la amenaza de expulsión de una cincuentena de agentes de la DEA estacionados en México, lo cual obviamente perjudicaría letalmente la cooperación en ese rubro. Pero más allá de esa hipótesis también se especula sobre un desesperado pedido directo del presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO) a Donald Trump, quien aprecia que su homólogo sea el único que hasta hoy no hubiese reconocido el triunfo de su rival Joe Biden, en las recientes elecciones.

En el nivel interno, este hecho confirma el notorio sometimiento del poder civil al estamento militar, que más allá de sus específicas funciones constitucionales ha sumado otras tales como la construcción de aeropuertos, el control sanitario por el COVID-19 o la lucha contra el narcotráfico. Entonces, podría haber existido una fuerte presión castrense a AMLO para exigir apoyo al general en desgracia, porque sin sostén militar, AMLO correría el riesgo de tambalear. Ahora se viene un gran reto para el sistema judicial mexicano, donde la Fiscalía enfrentará su habitual corrupta artesanía contra las sofisticadas pruebas acopiadas por la DEA. En tanto, aún es difícil prever si la nueva administración Biden cohonestará el gesto de Trump o, por el contrario, demandará la extradición del fugitivo general.

Por último es pertinente comentar la ambigua moralidad de AMLO, que ignorando el grito revolucionario “sufragio libre, no reelección”, apoya a Trump, a Ortega, a Maduro y a Morales, rememorando aquel adagio muy mexicano: “a los amigos, todo; a los enemigos, nada y a los indiferentes, la ley”.

Carlos Antonio Carrasco es doctor en Ciencias Políticas y miembro de la Academia de Ciencias de Ultramar de Francia.

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Se fue Diego, el jugador del pueblo

/ 27 de noviembre de 2020 / 12:19

La villa, el potrero, el barro, los arcos con dos piedras, las zapatillas rotas (las únicas…), Doña Tota protestando desde la esquina, pidiendo que vayas a hacer la tarea… “Pará, mami, dos goles más…” Ya está oscuro, pero la zurda sigue, la picardía, un amague acá y dos que pasan de largo, un caño allá… La habilidad suprema unida a la fuerza mental, el deseo de ayudar a la familia, la prueba en Argentinos Juniors, los sueños de Primera, la Selección… “Mi meta es jugar un Mundial y ser campeón”.

Los códigos… El 2 que busca achicarte a golpes: “Te dan y te la aguantás, te levantás y seguís jugando”. El miedo cero: “A estos les jugamos donde quieran y les hacemos cuatro…” La arenga eterna en el túnel: “¡A no achicarse nadie, eh…! ¡Ellos no son más que nosotros! ¡Vamos que tenemos que ganar…! ¡Vamos, carajoooo…!”

Las leyes del juego… “El pase nunca para atrás, la gambeta hacia adelante, levantar la cabeza, entrar al área, buscar el segundo palo, apuntar abajo que los arqueros no llegan, tocar al ras, en los penales pegarle a una punta, cabecear con los ojos abiertos…”

Esa microscópica gotita de esperma llevaba los genes de millones de argentinos, del país más futbolero de la Tierra. Contenía la experiencia acumulada, la pasión, la sabiduría de un pueblo que vivió para la pelota. Y salió Diego… Diego Armando Maradona, el Pibe de Oro. El que los reunió a todos: la gambeta de Houseman y Juan Ramón Verón, el genio de Bochini, la zurda de Sívori, la potencia de Batistuta, la altivez de Mario Kempes, el talento de Pontoni, la guapeza de Moreno, el carácter de Di Stéfano… Toda la historia celeste y blanca de la pelota confluyó en esa gotita que germinó en el vientre de Doña Tota. Y nació el jugador del pueblo.

Esa gotita se corporizó en el gol a los ingleses. En ese viaje desde la media cancha íbamos todos, todos metidos en ese cuerpo retacón y fuerte, en esa mente arrogante y ganadora. Y con cada inglés que quedaba atrás gritábamos “bieeeeennn…” El zaguero inglés Butcher dijo años después: “Nunca le vi la cara, sólo la nuca”.

¡Qué suerte haber sido contemporáneos de Diego…! Haber visto su arte, su obra completa, la zurda creativa y demoledora. Ha sido el futbolista con más épica de la historia, el que cuando le llegaba la pelota uno pensaba que podía hacer cualquier cosa, así tuviera diez adelante. Una tarde en Italia volvieron al vestuario en el entretiempo, Napoli perdía y jugaba mal, Diego entró rabioso al vestuario:

-¿Por qué no me pasan la pelota, viejo…?

-Por que estás muy marcado, Diego-, se excusó Ciro Ferrara.

-Vos dámela siempre, que yo algo voy a hacer.

Sufrió verdaderas salvajadas de sus marcadores, alevosía jamás vista con otro jugador, pero nunca arrugó ni dejó de pedirla. Y tenía el cuerpo de acero, resistía todo.

Suele contarlo José Pekerman, surgido también del semillero de Argentinos Juniors:

-Estábamos en Primera, entrenábamos temprano y después de nosotros practicaba la novena. Todos los profesionales nos quedábamos a ver entrenar a Maradona. Ya se sabía que hacia genialidades con catorce años.

Ahí empezó la escalera hacia el cielo. El debut a los quince y en la primera bola que tocó le hizo un caño a Juan Domingo Cabrera, de Talleres. Y los primeros goles, la platita inicial que la modestia de Argentinos le puso en el bolsillo. Con ello se llevó de vacaciones a su familia (Don Diego, Doña Tota y nueve hermanos) a Mar del Plata, a conocer el mar. Para tenerlo feliz, Argentinos le alquiló una casa en La Paternal, así dejaba la villa. Y le compró un Ford Taunus usado. “Pero está lindo, Diego…”, lo confortaron los dirigentes. A los dieciséis le llegó la Selección, el gran amor de su vida. Y con ella el ruido grande, los clubes del mundo que pugnaban por el pibe de Fiorito. Pero una interminable y loquísima negociación lo llevó a Boca: a préstamo por un año a cambio de dos millones de dólares (¡en 1981…!) y seis jugadores. Es difícil narrar hacia afuera la expectativa que el pase y su estreno en la Bombonera despertaron en el país. Cuando Diego asomó sus rulos por el túnel literalmente explotó el estadio. Aún transitaba los veinte años, aunque ya le afloraba el carácter indomable, reclamante, contestatario.

Como jugador tuvo todo lo que se puede esperar de un supercrack: clase, valentía, magia, talento, espíritu ganador, rebeldía. Europa se rindió a su estilo fue auténticamente sudamericano. Como personaje ha sido cinematográfico, inigualable. Es uno de los fenómenos más notables que ha dado el deporte universal.

Luego vinieron el Barcelona, los Mundiales, el Napoli, la gloria total, la leyenda, los honores, los excesos, las peleas, los desplantes… Vivió varias vidas, hizo y dijo todo lo quiso sin importarle las consecuencias. Ganó fortunas, se las gastó, volvió a ganar. Tuvo infinidad de mujeres y muchos hijos regados por ahí. El límite de todo era él mismo. La única que lo mandó fue su madre. Don Diego si acaso le ganaba por bonachón. Imponía la ley en cada vestuario. Estuvo por encima de cada Presidente de la Nación, insultó a la FIFA, a todos los poderes. No esperaba agradar, cautivó con su fútbol. Y no se apartó nunca de su clase. Para lo bueno y para lo malo, no existe nada más argentino que Diego Maradona. Él era la bandera, la camiseta, lo que había para hacerle frente al contrario. Por eso lo amaron.

Se fue agradecido con la gente; en su retorno al fútbol argentino como técnico de Gimnasia todos los clubes, todas las hinchadas le hicieron homenajes increíbles. Hasta le preparaban un trono en lugar del banco de suplentes. Recibió ovaciones, lagrimeó, se sintió otra vez como al comienzo en Argentinos. Cercanos a su entorno refieren que ya no quería nada más, deseaba despojarse del personaje, sacarse el traje de Maradona para vivir unos años como un hombre común. Anhelaba sentarse en un sillón del living con su perro al lado a mirar partidos, lejos de todo. Pero el personaje lo perseguía a donde estuviera. Murió sólo, sin ningún afecto cerca. El complejo entramado familiar no podía llegar a él. Lloraba mucho últimamente, quizás veía que la vida se le escurría temprano; ya había gastado varias. ¡Y con tanto por vivir…!

Sabíamos que podía suceder y aún así nos tomó con la guardia baja: ¡murió Maradona…! ¿Cómo…? No puede ser… Sí, un paro cardíaco, se fue Diego. Y nos quedamos mudos, congelados. Ahora empieza a ser recuerdo, el mortal se va, queda el legado del artista, almacenado en las retinas, en los textos, en los videos. Provocó cientos de millones de “ooooooooohhhhh…” Su herencia es la magia, el asombro, la alegría que generó. Con la muerte, muere todo lo demás, sobrevive su obra.

El Gobierno decretó tres días de duelo nacional y recibirá funerales de estado en la Casa Rosada. Va a ser parecido al adiós de Gardel y de Perón, a esa altura. A él le hubiese gustado, seguro, algo menos solemne, un velatorio a todo volumen con la voz de Rodrigo entonando “La mano de Dios”:

-Y todo el pueblo cantó: / ‘Maradó, Maradó…’ / nació la mano de Dios / ‘Maradó, Maradó…’ / sembró alegría en el pueblo / regó de gloria este suelo…

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La pandemia en el sistema educativo

/ 27 de noviembre de 2020 / 01:26

La pandemia es una disrupción de tal magnitud que alteró la vida de las personas, sociedad y madre tierra. En educación, visibilizó con mayor “crudeza” los problemas estructurales del sector, los agravó y dio origen a otras problemáticas.

La pandemia “ha dado lugar al cierre masivo de las actividades presenciales de instituciones educativas en más de 190 países con el fin de evitar la propagación del virus y mitigar su impacto. Según UNESCO, a mediados de mayo de 2020, más de 1.200 millones de todos los niveles de enseñanza, en todo el mundo, habían dejado de tener clases presenciales en la escuela. De ellos, más de 160 millones eran estudiantes de América Latina y el Caribe…”  (CEPAL, UNESCO 2020). La solución fue “quédate en casa” y con ella “aprendizaje a distancia” en y fuera de línea. En Bolivia se denominó “educación virtual”, aunque también se anunció la “educación a distancia”.

La emergencia puso en aprietos a gobernantes y a toda la población. En medio de todo este panorama, se pusieron de moda aplicaciones y plataformas como WhatsApp, Classroom, Zoom, Meed, etc., a la par de las acciones de organismos internacionales y empresas de telecomunicaciones. Con el propósito de sostener la realización de actividades educativas a como dé lugar antes de la clausura del año escolar, las autoridades educativas dispusieron que maestros, estudiantes, madres y padres de familia, “corran a la ferretería” (en sentido figurado) para conseguir instrumentos que permitan la realización de “clases virtuales”, solución necesaria pero no suficiente. La cuestión va más allá de una transición casi mecánica de educación presencial a educación a distancia, pone, una vez más, en debate lo que entendemos por educación.

Para el desarrollo de la educación a distancia en línea, como punto de partida, corresponde asegurar: disponibilidad y buen funcionamiento de los dispositivos, teléfono celular, tableta y/o computadora; accesibilidad a la red de internet con suficiente capacidad, así como a las aplicaciones y plataformas; clara definición, el conocimiento y buen desarrollo de la metodología de uso de las TIC en educación; establecimiento de condiciones materiales similares para llevar a cabo actividades educativas virtuales y relaciones adecuadas entre los actores de los procesos educativos. En la práctica, ninguno de estos factores fue debidamente atendido para sustituir adecuadamente a la educación presencial. Es más, según el estudio citado, los supuestos “nativos digitales” —principalmente jóvenes y en algunos casos docentes — carecían de experiencia para el desarrollo de procesos educativos en línea; si bien hacen uso intensivo de las TIC, en la mayoría de los casos se restringe a “bajar información” genérica, comunicación entre estudiantes y de ellos con sus docentes, redactar documentos a título de hacer tareas o informes, o sea, no desarrollan actividades propiamente educativas.

No existen condiciones materiales y metodológicas, ni tampoco formación y experiencia suficientes para el desarrollo de la educación virtual. También es llamativo que, siendo un área de tantos avances, no se haya profundizado la educación a distancia fuera de línea como los impresos, la radio y televisión, los videos, etc. Además, no se elaboró un plan nacional para la implementación de la educación virtual.

Lo más importante, no se tomó en cuenta que la educación virtual supone cambios substanciales en los procesos educativos, como el manejo del tiempo y espacio, así como la comunicación y las relaciones. En el fondo, supone revisar la concepción y el sentido de la educación, así como la pedagogía, didáctica y metodología.

La educación es un hecho social y cultural; no es simplemente “enseñanza-aprendizaje”, es convivencia personal. Es un hecho profundamente humano y debería generar una opción ética de transformación. La educación no es “deseabilidad social”, es un derecho fundamental, por lo tanto es de calidad y pertinencia para todas y todos, a lo largo y ancho de la vida. No se trata solo de la transmisión ni acumulación de conocimientos, afecta a la formación integral de los seres humanos. Si es así, la educación por naturaleza es presencial y vivencial. Las otras modalidades de educación, principalmente la educación a distancia con el uso de TIC es complementaria. No se propone prescindir de la tecnología, se trata de ser coherente con la naturaleza de la educación.

Tomando las palabras de Saskia Sassen, neerlandesa, socióloga, hay que “Recuperar lo que hemos destruido”. Es tiempo de re-pensar en un nuevo modelo de vida, en otro modelo civilizatorio que redefina qué sociedad, qué Estado, qué economía. En cuanto al sector precisamos reconstruir la educación, repensar los proyectos educativos. Requerimos fortalecer el desarrollo de la educación de la vida y en la vida, para Vivir Bien. Una educación pública con calidad y pertenencia, presencial y vivencial, en la que la educación a distancia en o sin línea sea complementaria.

Largo y urgente trecho por caminar…

Noel Aguirre Ledezma es educador popular y pedagogo. Fue ministro de Planificación del Desarrollo y viceministro de Educación Alternativa y Especial.

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Definiciones en la transición

/ 27 de noviembre de 2020 / 01:23

Toda transición política tiene sus matices de percepción según sea el punto de vista desde el que se analice; aunque el último cambio político suena más a retorno que a transición, ya se aprecian tintes autoritarios, de venganza en algunos casos y también de imposición de autoridades por los grupos corporativos de toda laya que no tardan en reaparecer cuando la oportunidad se presenta. Sin entrar en estos detalles, que escapan del alcance de esta columna, me llamó la atención la perspectiva variopinta que tiene la gente sobre la reactivación del sector productivo minero e industrial del país, que va desde mantener la preponderancia de la minería artesanal e informal como protagonista de primera línea, ignorar al sector privado manteniendo la camisa de fuerza que le impide aportar más al desarrollo de la minería mediana y de gran escala, mantener la expectativa en antiguos distritos ya casi marginales como Huanuni, Karachipampa, Corocoro o Telamayu, hasta proponer un Ministerio del Litio para reactivar el proyecto de Uyuni (Nota en El Financiero de La Razón del 22.11.20). Todo comprensible desde el punto de vista político pero incoherente, para decir lo menos, desde el punto de vista técnico.

Como reitero en mis escritos, la tarea principal ahora es definir si se quiere hacer minería moderna, de clase mundial, amigable con el medioambiente y que genere excedentes para el Estado y para los operadores o se quiere fomentar la minería tradicional que genera empleo a un alto costo ambiental y económico para el Estado y en el caso del oro se da un mix un poco raro pero efectivo de grupos corporativos que se aprovechan de la informalidad y/o ilegalidad para amasar fortunas en detrimento de los intereses del Estado. Hay una tercera posición obviamente, la de los grupos antiminería que tienen hoy la posibilidad de demostrar que la transición hacia una economía verde en el país es factible sin el sector extractivista (minería e hidrocarburos). Tomada la definición hay protocolos a seguir, áreas y proyectos potenciales a desarrollar, tecnologías a las que se puede acceder y personal idóneo para manejar los emprendimientos.

Otra definición necesaria, ¿seguiremos dependiendo de la inversión estatal en minería como hasta ahora o se abrirán accesos al capital privado nacional y extranjero para nuevos proyectos mineros e industriales? Hay que modificar la Constitución y las leyes sectoriales para viabilizar la segunda opción.

También es necesario definir si proyectos como la producción de hierro y acero del Mutún o la extracción e industrialización de sales de litio, potasio, boro, etc., al grado de productos intermedios y finales (v.g. cátodos y baterías de uso múltiple en el caso del litio) son objetivos políticos a conseguir a toda costa, o se pretende viabilizar proyectos competitivos en el ámbito global. Para lo último, es necesario “medir” en cada etapa la viabilidad de cada uno de ellos a nivel de Evaluación Técnica Preliminar, Pre factibilidad, hasta llegar a su Factibilidad Final (PEA, PFS, FFS por sus siglas en ingles); no estamos acostumbrados a estas delicadeces pero ya va siendo hora de un manejo adecuado de la inversión, más aún de aquella proveniente de las arcas del Estado. Así evitaríamos generar elefantes blancos o proyectos de muy baja competitividad como es el caso de la actual planta piloto de carbonato de litio, que tiene una recuperación del 18% y tendría que competir con un nivel tecnológico de última generación en proyectos similares en curso en Chile y Argentina, que tienen recuperaciones mayores al 90%, costos muy bajos y mínima afectación del entorno hidrológico de los salares. Y podemos seguir.

Dionisio J. Garzón M. es ingeniero geólogo, exministro de Minería y Metalurgia.

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