Voces

Friday 9 Dec 2022 | Actualizado a 08:11 AM

Una mirada al cambio

Durante la cuarentena la interrelación entre las personas se ha visto facilitada con los distintos recursos que ofrece la tecnología.

/ 30 de abril de 2020 / 06:36

En pocos meses nuestras vidas han cambiado radicalmente, respecto al hacer y pensar sobre el futuro. Con la inesperada llegada de un peligroso virus proveniente de Asia, que hoy en todo el planeta, ha perdido importancia el mundo político; y se cierne una sombra, en la que la luz asume contornos imprevistos y ambiguos, al igual que nuestro vivir actual.

Este tiempo viene cargado de dudas y preguntas acerca del futuro, cuyas respuestas no son nada concretas incluso para los países desarrollados, ya que la pandemia desatada por el coronavirus COVID-19, además de desestabilizar la vida humana, constituye un gran desafío para todos los ámbitos. Por tanto, son momentos en los que se requiere una “reinvención” social; vale decir, extraer los valores propios de las sociedades, sin olvidar que la realidad que exige importantes “cambios”, especialmente en la vida y el hacer del habitante.

Todas las naciones enfrentan el mismo desafío, pues es un hecho que el nuevo coronavirus no va a desaparecer fácilmente, y no se tiene claro el camino que seguirá la pandemia. Pero sí se puede afirmar que el COVID-19 ha disminuido la seguridad del sujeto, pero también el significado que produce su libertad de acción.

Independientemente de aquello, con esta terrible enfermedad y las medidas adoptadas para contenerla, la interrelación se ha visto facilitada con los distintos recursos que ofrece la tecnología (celulares, iphone, tablets, computadoras, televisores smart, entre otros) y las redes sociales (Facebook, Twitter, Instagram, WhatsApp, Tik Tok, Zoom, etc.), para permitir el “encuentro” entre la ciudadanía.

Así, una vez que lo virtual ha ingresado de forma franca a nuestras vidas, el contacto intercontinental que podemos lograr hoy en cuestión de segundos no deja de sorprender. Y lo propio ocurre con los innumerables contenidos que se pueden transmitir o recibir, por ejemplo los videos sobre el coronavirus, las relaciones humanas, el medio ambiente, hechos graciosos, materiales educativos, de investigación y otros.

La necesidad de comunicación ha obligado a la población a aprender sobre tecnología digital, pues esta transformación del hacer y sentir humano promete un futuro en una franca vida en red. En esta medida, la generación y procesamiento de información se ha convertido en parte de nuestras fuentes de valor y de oportunidad para lograr grandes transformaciones.

Respecto al contacto personal tan reprimido en estos días, la historia y la vida cotidiana dan cuenta de que el ser humano nació con una relación directa con el espacio externo, y esa era la esencia de la ciudad efervescente de la que gozábamos hasta hace poco. Por tanto, la vida urbana juega un rol determinante en el devenir del ciudadano.  Por ejemplo, la nueva vivienda o espacio habitacional no deberá dejar de lado su innovación, lo que sin duda constituye un hermoso desafío para los arquitectos. Para terminar, es evidente que la ciudad silenciosa que predomina gracias a la cuarentena ha sacado a relucir una cualidad con la que se deberá hacer frente luego a la nueva realidad: la creatividad, entendida como la fuerza más productiva y poderosa en el ingreso definitivo del planeta a la era digital.

Patricia Vargas, periodista

Comparte y opina:

Eclipse a la cultura

/ 9 de diciembre de 2022 / 01:06

En el último tiempo la ciudad de La Paz fue testigo de expresiones urbanas que crecieron en dimensión y número; sin embargo, algunas de ellas fueron sobredimensionadas, olvidando que esta urbe escribió su historia con hechos sociales y culturales trascendentales, los cuales son capaces de describirla sin necesidad de inventar otros.

Cuando ocurre aquello pareciera que está forzando el hecho de dar identidad a una ciudad que tiene por demás la suya propia y no requiere del sobredimensionamiento de costumbres o hechos que parecieran mostrarse hasta artificiales y engañosos. Es más, se debiera recordar que La Paz tiene un prestigio simbólico adquirido en el tiempo, lo que no tiene discusión alguna.

Además, desde su origen esta ciudad ha demostrado su condición territorial de lugar de manifestaciones culturales, donde lo simbólico subyace a cualquier otro tipo de expresiones que pretendan ser popularizadas, como es el caso de la “entrada” de los comerciantes navideños disfrazados de papanoeles al Parque Urbano Central. Una actividad que pareciera manipular el sentido espiritual de la Navidad hacia lo comercial.

De igual manera, no faltan otras entradas barriales que olvidan el valor y prestigio cultural de ciertas expresiones propias de La Paz, como es la entrada del Gran Poder. Todo ello hace necesario recordar que el patrimonio cultural es resistente a cualquier proceso de imitación. Una realidad que muestra, sin equivocación alguna, cómo “una actuación social puesta en escena, simulacro, espejo de espejos, es un modelo sin origen real”, como afirman ciertos escritos.

Volviendo al tema de la feria, no se debe olvidar que los mercados navideños existen en la mayoría de las ciudades del mundo y que se caracterizan por ser pequeños lugares amables, pensados para el disfrute de la población y no solo para el comercio. Es cierto que la gente necesita trabajar y vender, pero precisamente por eso la feria navideña de La Paz debe mostrarse como tal: un mercado de venta de productos navideños que no requiere de papanoeles que invadan la ciudad antes de su instalación en el sector mencionado.

En cuanto a otras manifestaciones urbanas, se debe remarcar que La Paz siempre ha contado con sorprendentes expresiones que no requieren incrementarse con aportes adicionales, pues poseen la suficiente fuerza cultural, por lo que el sobredimensionamiento de otras actividades como la mencionada parece innecesario. Esto por la esencia cultural, que se ha convertido en evidencia histórica.

Asimismo, es importante indagar el significado de ciertos espacios públicos y respetar sus límites porque corren el riesgo de perder el valor que aún tienen. Es el caso de la plaza del estadio, hoy utilizada para ferias dominicales, pese a ser un espacio rememorativo (copia del templete de Tiwanaku) que invita al paseo turístico y de la población.

En ese sentido, una actuación social puesta en escena no debiera tener lugar en una ciudad como La Paz, que tiene una identidad consolidada, propia y singular. Sobra pues el sobredimensionamiento o imposición de manifestaciones que solo confunden las expresiones propias, que además ya consolidaron a los lugares más destacados de la urbe.

Para terminar, toda teatralización del patrimonio es un esfuerzo, por similar y olvidar que existe un origen, una sustancia fundante con bienes simbólicos propios, los cuales pueden convertirse en claves para deconstruir hasta los vínculos entre cultura y sociedad.

Patricia Vargas es arquitecta.

Temas Relacionados

Comparte y opina:

El arte de la calle

/ 25 de noviembre de 2022 / 02:54

Imaginemos a la ciudad de La Paz como una urbe planificada, ordenada, silenciosa, de belleza equilibrada… y está claro que jamás la reconoceríamos como tal. Esto, porque ella expresa grandes y sorprendentes cualidades, pero referidas esencialmente a su vida efervescente, la cual eclipsa al visitante por sus expresiones propias. De ahí que su habitante aprendió a vivir entreverado y al medio del movimiento de esta ciudad.

Esta visión nos acerca a definirla como una urbe singular, cuya imagen dominante se impone no solo a la mirada del espectador, sino al vivir citadino, apoyada por un conjunto de expresiones que reafirman que La Paz es una ciudad real pero llena de contradicciones. Y eso invita a prestar mayor atención a sus cualidades y problemas, los cuales inspiren nuevas manifestaciones de un arte, el de las calles.

Actualmente, las urbes comenzaron a amplificar sus expresiones particulares para que relaten el hecho de que una ciudad, además de ser vivida, inspira mensajes artísticos que muestran la fuerza de su esencia vivencial. Se busca intervenciones de arte que conlleven un discurso que articule su sentido de constructo expresivo y su contenido imaginativo, el cual logre crear signos que aparecen y desaparecen de la ciudad.

Hoy existen ciudades como Viena, la capital del arte moderno, cuya singularidad se asienta en importantes academias o universidades de formación artística. Es más, esa urbe cuenta con un número apreciable de obras de arte mural, como es el caso de la denominada Gustav Klimt sosteniendo un gato, en homenaje a ese pintor de talla mundial que cautivó al espectador por la voluptuosidad de su dibujo, el trazo caleidoscópico de sus pinturas y la belleza del ornamento de sus obras.

Y no faltan otras ciudades como México, que desde hace décadas incorporó al arte mural en diferentes áreas y ambientes, donde esas obras conmemorativas reflejan a personalidades como Frida Kahlo en lugares estratégicos del Distrito Federal.

La Paz tuvo un primer mural, pintado aproximadamente en los años 60, en el lateral exterior del edificio que hoy es el Ministerio de Justicia. Una obra supuestamente realizada por Wálter Solón Romero, hoy desaparecida. Sin embargo, en los últimos tiempos la población joven aprovecha ciertos muros en lugares estratégicos para plasmar el arte de la calle con distintos motivos. Ahí están, por ejemplo, los caballos pintados en la zona Sur o aquella obra que se esconde en un muro de la avenida Arce.

Pequeñas intervenciones de arte imaginario que se distinguen del arte urbano porque conllevan un discurso que sugiere una ciudad posible y se acerca en ciertos casos a lo virtual.

Muestras que implantan en la urbe imágenes que exaltan el estado de ánimo del ciudadano a través del arte. Una nueva expresividad que aparentemente ha dejado atrás aquellos mensajes políticos burdos y agresivos que la población veía con desagrado. Hoy, en cambio, no faltan los ejemplos sutiles que vienen cargados de significados.

El arte urbano aprendió a expresar realidades distintas, desde las más sencillas que representan a la sociedad, hasta aquellas que conllevan un sentido social enmarcado en lo estético y con un contenido profundo.

Por el contrario, el arte de la calle no se ocupa de la transformación física-espacial, sino de buscar aparecer en la ciudad. De esa manera, se interesa en el individuo, quien —como afirma Popper — es el actor urbano y el catalizador y mediador de crear un diálogo entre el espacio y la ciudad. Una nueva propuesta que denota que en La Paz existe “más energía que materia”.

Patricia Vargas es arquitecta.

Comparte y opina:

La politización del espacio urbano

/ 11 de noviembre de 2022 / 00:58

Desde hace muchísimos años el espacio público es el lugar de expresión ciudadana, y prueba de ello es el periodo en que la religiosidad comenzó a redimir a la fe católica, ampliando sus expresiones en las calles de las ciudades. El nacimiento de la exterioridad de esas manifestaciones a partir de la secularización (procesiones) y la subjetivación tornaron al espacio público en un lugar de expresión social. Una realidad que se fue ampliando con nuevos contenidos, que hoy se presentan esencialmente en las protestas sociales masivas.

Así, plazas y calles de los centros urbanos se convirtieron en el lugar de la expresión ciudadana más importante: la de las reivindicaciones sociales. En esos sitios las personas que protestan desvelan no solo sus demandas, sino también sus anhelos y necesidades económicas.

Sin embargo, en los últimos tiempos esas manifestaciones sociales se tornaron desmesuradas debido a la excesiva agresividad que muestran, lo que redujo el valor de su significado y omitió el hecho de que muchas de ellas contribuyeron en la construcción de la historia de esta nación y lograron importantes transformaciones en la sociedad.

Hay que recordar que estudiosos y filósofos afirmaban que el sujeto colectivo solo puede liberarse de una realidad sin porvenir mediante la libre expresión social. Esta última como promesa de la fidelidad a sí mismo.

La Paz es la ciudad más practicada del país en cuanto a la cantidad de marchas políticas que acoge, una realidad que de alguna manera ha incorporado en la vida de su población la comprensión de lo político, que a su vez se traduce en cierta madurez respecto a la acción social.

No faltan ejemplos como el de los cocaleros o los mineros, cuyas expresiones violentas de hace algunos días parecían haber olvidado que los reclamos sociales aún son mecanismos vigentes. Es que la fuerza desmedida y hasta violenta de aquellas protestas denotaron un voluntarismo activista excesivo, quizá más de intereses grupales que de una verdadera lucha social. Esto, porque evidentemente toda manifestación social conlleva la fuerza de un contenido significativo, el cual empero, no necesita convertirse en verdaderamente violento. Una pérdida del valor de las otrora manifestaciones sociales.

En esa línea, toda síntesis pasiva de un universo de significaciones como son las expresiones sociales pareciera recordar lo significante que conllevan sus protestas. Esto especialmente en el caso de los mineros.

Lo singular, y para sorpresa del país, es lo que sucedió en estos últimos días en la ciudad de Santa Cruz, donde se adoptaron las mismas formas de expresión social en el Cristo Redentor. Un estratégico punto urbano de encuentro poblacional que en los últimos años se ha convertido en el lugar más importante de las concentraciones ciudadanas. Y es justamente aquello lo que le ha dotado de una marca singular a su valor urbano. Lamentablemente, no faltaron otras protestas en calles y avenidas, donde la población vivió un exceso de violencia.

Sartre afirmaba que toda expresión social es el medio privilegiado que debiera ser aprovechado para ampliar y consolidar las solicitaciones sociales, sin embargo, es evidente que todo exceso da cuenta de que una estrategia cuando es demasiado violenta no solo fundamenta el atarse a sí misma, sino limita el resolver los problemas.

Mucho más, no debiera olvidarse que una expresión ciudadana pacífica es el medio privilegiado para convertirse en la razón sin límite de las esperanzas de un pueblo.

Patricia Vargas es arquitecta.

Comparte y opina:

La Ciudad de la Educación

/ 28 de octubre de 2022 / 01:42

La Ciudad de la Educación, ubicada fuera de Doha, capital de Qatar, también denominada Al Rayyan, es un territorio destinado al asentamiento de muchas universidades reconocidas de Norteamérica, Europa y otros.

Este proyecto resulta muy llamativo porque avanza para convertirse en una verdadera ciudadela educativa, pensada y planificada como un gran centro de concentración de instalaciones educacionales, donde la apropiación de conocimientos y formación esmerada es el origen y sentido de su desarrollo.

Lo destacable es cómo ese gran espacio fue planeado —según escritos— no solo para instalar distintos centros de educación superior de ese país, sino también para otros niveles (como colegios o únicamente facultades) que se desenvuelven en esa gran espacialidad, la cual cubre 14 kilómetros.

Las instalaciones de los mencionados colegios sorprenden por las condiciones que ofrecen y que confirman su denominación de Casas de la Educación. Un nombre por demás significativo, ya que la extensión del conocimiento se da a partir de un sentido educativo singular.

De esa manera, la presencia de centros educativos como la Virginia Commonwealth University o la Escuela Universitaria Georgetown de Servicio Exterior da cuenta de que ese territorio educacional no solo acoge a universidades, sino también a colegios y escuelas profesionales. Lo que confirma la mirada al futuro con el que fue concebido.

Tampoco se puede dejar de mencionar a la Academia Bridge Program de Inglaterra, que desde 2001 inauguró un centro que ofrece programas preuniversitarios destinados a encaminar el ingreso de los jóvenes a las diferentes universidades asentadas en el lugar.

Indudablemente, esta ciudadela educacional desarrolla una idea muy loable, ya que acoge a una especie de sucursales de grandes y reconocidas universidades, así como a distintos colegios internacionales.

Otro aspecto llamativo es que en la Ciudad de la Educación existe un centro de aprendizaje para estudiantes con gran potencial de conocimiento, pero con problemas académicos. Allí se les ayuda en el “desarrollo de sus habilidades compensatorias de las diferencias individuales de aprendizaje”, según afirman sus escritos.

Ese hecho supone que la extensión y contenido educativo en los centros que se instalan en esa urbe parten de nuevos y singulares sistemas de enseñanza, lo que seguramente es apoyado por la práctica formativa.

Independientemente de aquello, se debe precisar que las ciudadelas universitarias en Estados Unidos o Inglaterra funcionan como centros educacionales independientes, mientras que la Ciudad de la Educación concentra centros de distintos niveles de enseñanza, como facultades universitarias, universidades completas, colegios y demás. Todos ellos, planificados y construidos dentro del concepto de una infraestructura educativa diferenciada.

Así, la Ciudad de la Educación acoge a universidades de cualificación, cuyos programas académicos y de capacitación tienen como base un plan didáctico apropiado. Además, su infraestructura cuenta con otras instalaciones destinadas a la extensión del conocimiento como el parque científico y tecnológico. Una inversión que sin duda tiene como fin su consolidación como Gran Sede Educacional sobre la base de sistemas educacionales seguramente innovadores.

Lo anterior se constituye en una muestra de cómo la educación debe contar hoy con espacios apropiados para la extensión del conocimiento, y estar instrumentada y apoyada además por las nuevas tecnologías.

Patricia Vargas es arquitecta.

Temas Relacionados

Comparte y opina:

Las calles relatan…

/ 14 de octubre de 2022 / 01:52

El ciudadano común conoce su urbe, la recorre, la siente, la imagina y es el personaje determinante que construye la vida citadina. Esto, porque diariamente la descubre, y podríamos asegurar que aun sin verla sería capaz de describirla gracias a la apropiación de sus distintos significantes.

Y son justamente las experiencias las que llevan a definir a la ciudad como el escenario de lo urbano. El lugar de encuentro apoyado por la riqueza de ciertas expresiones que forman parte de la construcción de su identidad.

Ya desde el inicio de la época moderna, pensadores urbanos valoraron esas nacientes manifestaciones de la población y descubrieron que lo incógnito es el mayor valor que colabora en la cimentación de la singularidad expresiva de lo urbano. En este caso, la música callejera.

La ciudad de La Paz cuenta con una vida urbana por demás efervescente, en la que algunos de sus habitantes son los personajes que aprovechan en mostrar —en fragmentos de tiempo— cómo la expresividad artística musical se apropia de cada lugar. Momentos en los que crean pequeños espectáculos que extraen sensaciones únicas y hasta emotivas gracias a los sonidos de sus instrumentos, a los que acompañan, en ciertos casos, con el canto.

Innegablemente, la ciudad vivida es un artificio, un constructo humano que pone en sus marcas vivibles la impronta de una realidad atiborrada de situaciones distintas y sumamente creativas. Un valor que no se apoya en fisiografías artificiales disfrazadas con ropaje de ciudad imaginada, sino todo lo contrario, muestra la realidad de este momento en que parte de la sociedad busca distintos medios de subsistencia.

Es justamente ese imaginador de valores y significados urbanos quien encuentra en La Paz, especialmente en la zona central, el espacio apropiado para la práctica de diversas expresiones artísticas, entre ellas las musicales. Con ello, convierte a la ciudad en el escenario público que es capaz de parar el tránsito del caminante para que aprecie ese pequeño espectáculo musical que nace de rincones inimaginables. Llama la atención que las voces pertenecen, en algunos casos, a niños que le cantan a la ciudad. Voces cuyo timbre no podría pasar desapercibido.

Esas muestras musicales se asemejan a las que existen en las grandes ciudades europeas, con la diferencia de que allí esas manifestaciones alegran, por ejemplo, los ingresos al metro (transporte subterráneo).

No resulta descabellado que en la ciudad de La Paz se vaya descubriendo valores a través de esas actuaciones, que no solo le otorgan una cualidad artística al espacio público del recorrido (la calle), sino que representan uno de los medios en los que se esconde talento singular.

Independientemente de aquello, muy poca gente ve en el canto otro sistema de comunicación históricamente ligado al lenguaje. En el caso de los artistas callejeros, esa expresión urbana que desarrollan en las calles podría enseñarnos bastante sobre el modo de percibir el mundo que tienen y, consiguientemente, comprender las vivencias que desgranan en sus canciones en el único espacio que pueden expresar su arte, las calles.

La ciudad de La Paz es una urbe cuya población cuenta con valores musicales encomiables, que demuestran cómo ese arte eleva su condición de sociedad creativa gracias al talento innato presente en ella.

Evidentemente, los pequeños territorios que la conforman no tienen una característica fija ni única; sin embargo, cuentan con el significado musical, esencial y propio de nuestra cultura.

Patricia Vargas es arquitecta.

Comparte y opina: