Voces

miércoles 28 jul 2021 | Actualizado a 02:22

1 de mayo en tiempos difíciles

La actual crisis debiera considerarse como una oportunidad para atenuar los abismos de la desigualdad social

/ 3 de mayo de 2020 / 06:28

Todas las previsiones sobre el curso que abarcaría la crisis del coronavirus COVID-19 a escala planetaria han sido sobrepasadas por la realidad. A estas alturas sigue siendo un acontecimiento en pleno desarrollo, lo que impide extraer conclusiones definitivas, que podrían ser desmentidas muy rápidamente por los hechos. Pareciera que el único tema en el que muchos concuerdan es que, concluida la pandemia, la normalidad a la que se arribe no será la misma. El mundo habrá cambiado mucho. Según los optimistas, para bien. Según los pesimistas, para mal. Y según los escépticos (como quien escribe este artículo), nada cambiará hacia un signo positivo sin una acción organizada y consciente de la mayoría de la gente.

En tal sentido, la actual crisis debiera considerarse como una oportunidad, quizá la última, para atenuar los abismos de la desigualdad social, y para frenar, por lo menos en parte, la agresión contra el entorno natural que nos rodea, del que formamos parte y con el cual debiéramos reconciliarnos. ¿Soñar no cuesta nada? Verdad, es un sueño, una aspiración ideal legítima e irrenunciable. Si los seres humanos estuviésemos completamente privados de soñar, si no pudiésemos adelantarnos a la realidad y contemplar con la imaginación la obra bosquejada, sería imposible entender las causas que motivan a las personas a emprender grandes obras.

Los líderes que en 1886 fueron ejecutados en Chicago soñaron con la jornada laboral de ocho horas y con una sociedad libre de la degradante semiesclavitud de niños y mujeres. Más de 200 años después se los sigue homenajeando como pioneros de muchas conquistas posteriores.

Juan Albarracín, Luis Oporto y otros autores recuerdan que la conmemoración del 1 de mayo, promovida en Bolivia inicialmente por pequeños grupos de artesanos e intelectuales como la “fiesta del Día del trabajo”, paulatinamente se fue transformando en una jornada de reafirmación de reivindicaciones, de fortalecimiento de la organización y de despliegue de propuestas de cambio social. Los  autores señalan que en 1907 la Sociedad de Obreros “El Porvenir” organizó en La Paz la celebración del 1 de mayo “en homenaje y recuerdo de la tragedia de Chicago” con el siguiente programa: “30 de abril: velada artística literaria, realizada en el Teatro Municipal. 1 de mayo: desfile de trabajadores, agrupados en organizaciones gremiales y obreras. Recepción social en el hotel ‘París’”. “El festival artístico-literario organizado por las instituciones obreras de La Paz fue calificado de espléndido con discursos aplaudidos, como el del delegado de la Unión Gráfica Nacional, Wenceslao Ballón”.

La prensa liberal de la época saludó entusiasta estas celebraciones, con el obvio propósito de reforzar la utilización como masa votante que hacían de los grupos de artesanos y obreros. Pero no faltaron voces en contrario. El Diario publicó el 30 de abril una nota que en parte salientes decía: “¡Alerta! Se trata de festejar, por primera vez, la fiesta del trabajo en Bolivia, el próximo 1 de mayo, este sería el paso más temerario. Es una manifestación emboscada de la protesta contra el capitalismo… La fiesta del trabajo es esencialmente socialista… es de aquellas que tratan de inculcar en los pueblos la criminal utopía de la igualdad soñada. Obreros, ¡no sóis socialistas! ¿Por qué cooperar en una manifestación caracterizada del socialismo? ¡Alerta obreros! Y alerta también vosotros los de las clases acomodadas. Lo que hoy se proyecta es una chispa que puede producir un gran incendio”.

El 1 de mayo pasado estuvo marcado por el aislamiento social impuesto por la cuarentena, es comprensible. Pero también abundaron reflexiones que, pese a todo, no renuncian el objetivo de una sociedad menos polarizada entre ricos y pobres. De hecho, repartir el peso de la salida de la crisis y la recuperación con un mínimo de equidad debiera significar que aporten más los que tienen más… y ahí se verá qué intereses predominan en cada uno de los gobiernos.

Carlos Soria Galvarro, periodista.

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La democracia tiene una deuda con Marcelo

/ 25 de julio de 2021 / 00:26

Jaime Camacho era un pastor evangélico que compartió con nosotros una parte de la estadía en Puerto Cavinas, a orillas del río Beni, lugar donde la dictadura de García Meza y Arce Gómez confinó a medio centenar de presos políticos. No he sabido nada de él en los últimos años, tal vez ya partió hacia el añorado paraíso celestial de sus prédicas. Hasta el golpe del 17 de julio de 1980 trabajaba en las oficinas de la Corte Nacional Electoral.

—Jaime, ¿por qué te tomaron preso y te mandaron a este infiernillo llamado también “capital del mosquito”?

—Lo que pasa es que en cuanto se pudo me presenté a mi puesto de trabajo. Ahí me capturaron y luego de muchos malos tratos y humillaciones, me dijeron que me soltarían siempre y cuando diga por radio, televisión y prensa que hubo fraude en las elecciones.

—¿Y tú que les dijiste?

—Que no me constaba pues…

—Entonces querían que digas una mentira.

—Sí, pero en mi religión está prohibido mentir. Por eso estoy aquí.

He ahí una de las muchas anécdotas que se pueden contar de la prisión, la tortura, el confinamiento y el exilio de la dictadura de los “luises” (ver Dossier Confinados en Puerto Cavinas en www.carlossoriag.com).

Lo cierto es que los golpistas hicieron todo lo posible para justificar sus acciones con el argumento de un presunto fraude en las elecciones del 29 de junio de ese año. Con tal objeto buscaban pronunciamientos de las dirigencias corruptas o suplantadas de organizaciones sociales, de campesinos, del magisterio, de profesionales y otras así, como también de personas individuales tipo Jaime Camacho. Jamás presentaron pruebas contundentes e irrefutables (¿les suena?).

Los atrabiliarios golpistas de julio inventaron la mentira de que Marcelo Quiroga Santa Cruz murió combatiendo. Todos los que estuvimos ese día en la sede de la Federación de Mineros donde funcionaba la COB, desmentimos categóricamente esa falacia, nos sumamos a las valientes palabras de Cristina, su viuda, que pocos días después del golpe les dijo en su cara… “su asesinato fue premeditado. A pesar de las gestiones hechas por la familia y diversas instituciones, las autoridades militares se niegan a entregar sus restos. Todo un poder del Estado, respaldado por tanques y metralletas le temen a un muerto” (21 de julio de 1980). ¡En 41 años esto no ha cambiado! Bolivia y la democracia boliviana arrastran una deuda imperdonable con Marcelo.

Para quienes vivimos estos acontecimientos y damos testimonio de ellos, el tiempo se está acabando. Solo en lo que va del año partieron: Ramiro, Édgar, Emil, David, Milton y Eduardo, seis entrañables y cercanos compañeros de lucha forjados en la Jota.

Por eso respaldamos la propuesta: en el nuevo edificio de la Federación de Mineros debe habilitarse el espacio para un memorial que resguarde y promueva el recuerdo de las luchas obreras y populares y en especial de los que allí cayeron: Marcelo Quiroga Santa Cruz, Carlos Flores Bedregal y Gualberto Vega Yapura. Y también recordar a Genaro Flores Santos, líder aymara que en 1980 coordinaba la resistencia clandestina de la COB y fue baleado por la represión, dejándolo inválido por el resto de su vida.

Y recordar a los y las jóvenes que “los libros no muerden” y que “no hay peor ciego que el que no quiere leer”. Les recomiendo, entre otros, buscar en bibliotecas (incluso virtuales): Justicia y Dignidad: alegato y sentencia en el juicio a la dictadura de García Meza, 1993 (segunda edición, 2018). Para que no se olvide la dictadura de Luis García Meza (ASOFAMD, 1997). Un libro para escuchar a Marcelo Quiroga Santa Cruz (segunda edición, 2016), compilación de Yolanda Téllez, viene adjunto un CD de audio con discursos y entrevistas de Marcelo. Si tienen paciencia y les pica la curiosidad, pueden ver también la trilogía 1980, en el blog mencionado arriba.

García Meza y Arce Gómez fueron nada más que la cola de Banzer, y como el próximo mes se cumplen 50 de la instauración de su dictadura, volveremos sobre el tema. No hay de otra.

Carlos Soria Galvarro es periodista.

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La Razón: de nuevo un diario completo

/ 11 de julio de 2021 / 01:08

¡Alegra el retorno de este periódico a sus ediciones los siete días de la semana! En primer lugar, porque significa eliminar los “saltos” de los martes y jueves que podrían dar lugar a cabos sueltos o vacíos, quizá solo perceptibles en la perspectiva del tiempo. No hay que olvidar que una característica esencial de la actividad periodística es precisamente su “periodicidad”, que es de donde toma su nombre, aunque ésta puede ser diaria, interdiaria, semanal u otra. El medio impreso, la “prensa”, a lo largo de varios siglos es el que ha marcado con mayor fuerza las ediciones cotidianas, al punto que es frecuente usar la palabra “diario” como sinónimo de “periódico”. Y esto seguirá siendo así por muchísimo tiempo pues los espacios por internet, creaciones novedosas y complementos ineludibles como los creados por LA RAZÓN en este tiempo (streaming), no sustituirán las emisiones cotidianas de información estructurada según formatos cambiantes, pero en lo fundamental, heredados de la prensa escrita.

¡Bienvenido entonces el retorno de LA RAZÓN a su cabal condición de diario!

Sin embargo, hay más. Si este retorno ha podido realizarse estimamos que se debe al hecho de haber alcanzado, a partir de una dura crisis en 2020, un nivel de estabilidad empresarial que lo hizo posible. Y esto podría significar una recuperación de mayor autonomía propiamente periodística, frente a los poderes tanto políticos como económicos, entre los que se cuenta el propietario de LARAZÓN y Extra, empresario venezolano-paraguayo también vinculado en Bolivia al negocio ferrocarrilero y otros rubros. Ese no es un secreto para nadie. Junto al reconocimiento público de esa relación se ha dicho reiteradamente que la línea editorial de ambos medios era, es y será definida por los respectivos equipos periodísticos y su personal responsable, sin injerencia del propietario; aspiración legítima pero no siempre fácil de aplicar, más aún en situaciones críticas, como las del pasado año, en las que la mano administrativa penetró a fondo para hacer una reestructuración completa, en muchos casos dolorosa y dura, que no puede haber dejado de influir en la línea editorial.

El tema nos remite a la recordada y muy querida colega Ana María Romero de Campero, quien a tiempo de recibir el Premio Nacional del Periodismo, en 1998, alertó sobre esa anómala tendencia a que los empresarios y sus burócratas a título de marketing, de la competencia o de las conveniencias del sometimiento político, se entrometían en terrenos propios del quehacer periodístico. Se hablaba mucho en esos tiempos de establecer normativas que eviten que las empresas periodísticas sean parte de corporaciones de distintos rubros, el negocio periodístico debía ser autosostenido para realmente manejarse por lo menos con cierta independencia. Quizá el avance ha sido muy pequeño en esta materia y la llegada del internet alteró aún más ese complejo panorama.

Rafael Archondo Jr. con unos novedosos y entretenidos modelos de investigación y a partir de las experiencias que vivió en carne propia cuando fue censurado en LA RAZÓN, entonces en manos del grupo Garafulic, publicó el libro Incestos y Blindajes: Radiografía del campo político-periodístico (Plural, 2003). Critica un extremo determinismo que sería predominante y asumiendo, eso sí, un extremo relativismo, eslabona al sistema político con el sistema periodístico en el mar inestable de las gelatinosas y cambiantes correlaciones de fuerzas. Tal vez era una visión anticipada de su alejamiento del proceso de cambio, su agresiva ruptura con LA RAZÓN y su amigable reencuentro con la nueva generación de los Garafulic que, sospecho, defiende los mismos intereses que la anterior.

Colofón: ¿Qué es mejor, nadar contra la corriente o dejarse llevar por ella?

Carlos Soria Galvarro es periodista.

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La educación es un tema de todos

/ 26 de junio de 2021 / 23:34

Entrampados como estamos los bolivianos con los temas políticos, económicos y sanitarios, no quedan espacio ni tiempo disponibles para examinar a fondo el tema educativo. Vueltos algún día a la “nueva normalidad”, quizá solo entonces terminemos por darnos cuenta de la gravísima situación de la educación.

Hay que admitir que ya la pandemia nos agarró sumamente atrasados en la utilización de las nuevas tecnologías de información y comunicación, las famosas TIC, con su potencial de auxiliar para los procesos educativos. Si bien hubo avances discretos en la distribución de dispositivos a maestros y estudiantes del sector público, no marchó en paralelo la capacitación para su óptimo manejo, y lo más grave, no se estableció la debida conectividad con la red de redes (la internet), especialmente en las unidades educativas alejadas de los centros urbanos. La escasa producción de material digital por parte de las autoridades educativas en todos los niveles, y es de lamentar, coincide con la falta de creatividad e iniciativa del grueso del magisterio, empeñado como está en continuar en la inercia reivindicativa, como si nada estuviera pasando en Bolivia y en el mundo.

Pero la gravedad deriva no solo del desaprovechamiento de capacidades instaladas, sino del inexorable ahondamiento de las brechas sociales. En efecto, los establecimientos educativos privados mal que bien, con sus respectivas tensiones, logran compensar en buena medida la falta de clases presenciales con clases virtuales. Muchos medios de difusión cuando abordan el tema educativo se refieren únicamente a esos “tiras y aflojas” entre padres de familia y propietarios de colegios.

¿Quién se ocupa con seriedad de lo que está pasando en las aulas del sistema público? ¿A quiénes llegan las clases virtuales? ¿Cuál el balance que se tiene al respecto? ¿Cuánto fue el daño real de la descabellada clausura de la gestión del año anterior? ¿Se justifica el inflexible y prolongado “descanso pedagógico” actual? ¿No será un descanso sobre otros descansos? (a estas alturas ni maestros ni alumnos deben estar muy cansados de hacer tan poco o casi nada). En resumen, la población estudiantil mayoritaria tanto de las ciudades como especialmente de las áreas rurales, que antes ya estaba siendo mal preparada, con la pandemia recibe el mayor peso de los golpes y la disminución sustancial de sus oportunidades. De no hacer nada para rectificar esta cruda realidad, los problemas se agudizarán con el resultado directo de incrementarse la desigualdad social en el país.

Pero, ¿se puede hacer algo? Lo que no tiene que hacerse es contemplar la situación con los brazos cruzados.

El Gobierno debiera adelantarse y atender los reclamos atendibles de los maestros. Priorizar la vacunación de todo el sector. Producir masivamente textos educativos en la Editorial del Estado. Descongestionar la toma de decisiones a nivel departamental y municipal.

Gobernadores y alcaldes deben olvidarse por el momento del cemento y el ladrillo. Proponerse más bien ayudar a recuperar y mejorar la calidad de la educación.

Maestros y maestras no debieran esperar instructivos escritos sobre lo que hay que hacer. Debieran desplegar sus iniciativas recordando a Elizardo Pérez y Avelino Siñani que, por encima de enormes dificultades, aplicaron el principio de que la pedagogía es creación.

Empresas del Estado como Entel y ABE (administradora del satélite), en coordinación con los municipios, debieran poner en marcha lo que dicen haber construido (por lo menos 2.000 telecentros satelitales), en un tiempo breve ninguna comunidad boliviana, por pequeña o alejada que sea, debiera quejarse de no tener conexión a internet y otras telecomunicaciones, un servicio público esencial consagrado como un derecho constitucional.

Por supuesto, comunidades campesinas, juntas vecinales y toda la gama de asociaciones culturales y deportivas tendrían que hacer lo suyo, por todas las vías a su alcance en la formación de bibliotecas-telecentros y la promoción de la lectura.

¿Estamos predicando en el desierto? Tal vez sí… tal vez no.

Carlos Soria Galvarro es periodista.

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Una vez más sobre el Che y los libros

/ 13 de junio de 2021 / 02:01

Se han escrito y se siguen escribiendo libros sobre el personaje que este 14 de junio hubiera cumplido 93 años: Ernesto Guevara de la Serna, más conocido como el Che.

Solo de autores bolivianos hemos registrado alrededor de un centenar; y no se crea que todos son encomios y alabanzas, baste mencionar que por lo menos 15 de ellos son de autores militares que, como es previsible, respiran por la herida; los hay también ensayos históricos de gran factura como los realizados por Gustavo Rodríguez Ostria (el último de los cuales tendrá una pronta edición póstuma); otros de matiz interpretativo y a la vez testimonial como los publicados en serie por Humberto Vázquez Viaña antes de fallecer; y también recopilaciones documentales como la serie El Che en Bolivia en cinco volúmenes (con dos ediciones impresas y una última digital descargable sin costo en www.chebolivia.org).

A ojo de buen cubero, podríamos afirmar que solamente la cruenta Guerra del Chaco y la irrenunciable reivindicación marítima produjeron en Bolivia un mayor número de libros que el Che.

He aquí algunos trabajos de bolivianos y extranjeros que nos parecen relevantes: los 10 Quaderni della Fundazione Ernesto Che Guevara (1998-2016), publicados en Italia por Roberto Massari, en los inicios solo en italiano y después en ediciones multilingües; más de una quincena de libros de la pareja cubana Froilán González-Adys Cupull producidos con similar persistencia; el rico aporte explicativo y reflexivo de En la selva (Los estudios desconocidos del Che Guevara… con el que el argentino Néstor Cohan rodea la publicación primicial de lo que él llama Cuadernos de lectura de Bolivia (apuntes y fichas bibliográficas de puño y letra del Che, confeccionados en Bolivia); Ramiro Barrenechea publicó en Santa Cruz Che: Revolución absoluta (2018), comprende: 1) La máscara invisible (destinada a demoler la argumentación de los dirigentes del PCB, principalmente Jorge Kolle), 2) La otra cara del espejo (sostiene la existencia de un “cerco interno” de los dirigentes comunistas bolivianos contra el Che), 3) Frente al capitalismo absoluto: revolución absoluta (ingresa al debate ideológico actual sobre el capitalismo y contra las posverdades que descartan cualquier cambio revolucionario), 4) Hacia una sociedad comunitaria postestatal (interesante parte propositiva).

Una escena imaginaria extravagante: sentados en torno a una mesa dialogan sobre la pertinencia de la obra y el pensamiento del Che, Humberto con Dogmas y herejías de la guerrilla del Che, Gustavo con su inmenso bagaje de información acumulada como historiador, Ramiro con Frente al capitalismo absoluto: revolución absoluta, Néstor con lo mejor de En la selva …, Roberto con Guevara y Marx: ´remaque´ crítico de una antigua película y la pareja Froilán-Adys con La CIA contra el Che. De seguro se desatarían interesantes controversias, enfoques diversos y dejarían temarios abiertos, tanto a la investigación histórica como a la reflexión teórica. Lástima que ya no se pueda realizar “en vivo” dicho debate. Humberto, Gustavo y Ramiro fallecieron en los últimos tiempos, solo quedan sus textos que, de uno u otro modo, recuperan al Che histórico, amenazado de ser convertido en un mito.

¿Puede y debe ser abordada por el mundo académico boliviano la temática aquí planteada? Creemos firmemente que sí, a la sola condición de hacer a un lado la maraña de prejuicios y nada más abrir los ojos ante la realidad que, dicho sea de paso, está mostrando sus más crueles y dramáticas aristas en virtud de la pandemia que actualmente padecemos.

El coloquio Che Guevara (1967-2017): imágenes, símbolos y legados, organizado en 2017 por la Université de Versailles Saint Quentin (Francia), hubiera sido imposible sin esos dos elementales requisitos. Se anuncia ahora que, con las presentaciones, también se hace un libro impreso. Uno más.

Carlos Soria Galvarro es periodista.

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Lo que deben y no deben hacer los periodistas

/ 30 de mayo de 2021 / 00:33

Varias personas amigas y algunos colegas saludaron el recordatorio que hicimos sobre el Código Nacional de Ética Periodística y el reglamento vigente para el funcionamiento de su tribunal (TNÉP).

Dado que vivimos una temporada saturada de corruptelas, completamos la tarea resumiendo los puntos esenciales del código que, dicho sea de paso, soportó la prueba del tiempo: más de un decenio de vigencia. El TNÉP funcionó, a pesar del alejamiento del sector empresarial que estableció por separado su propio mecanismo exclusivo y excluyente. Remarcamos esto pues cuando el código se aprobó incluía a “los propietarios de los medios públicos y privados”. ¿Será que lo asumen por lo menos en parte, al haber participado en su elaboración?

Pues bien, luego de los propietarios el código abarca a directores, editores, periodistas, trabajadores que tengan que ver con las tareas informativas… así como quienes expresen opiniones a través de los medios. Todos ellos deben:

1) Informar con exactitud, equilibrio, veracidad, oportunidad, pluralismo y contextualizando los contenidos; 2) Presentar las distintas facetas de la información, tomando en cuenta las diversas fuentes…; 3) Presentar la información claramente diferencia de los comentarios. En ningún caso la información debe ser mezclada con opinión o condicionada por publicidad comercial, publicidad y o propaganda o por cualquier otro tipo de presión; 4) Usar siempre fuentes reconocidas, idóneas, apropiadas, confiables y verificadas para obtener noticias, grabaciones, fotografías, imágenes y documentos; 5) Proteger la identidad de las fuentes confidenciales…; 6) Citar obligatoria y correctamente las fuentes cuando éstas no sean confidenciales; 7) Respetar el embargo informativo y el “fuera de registro” (off the record); 8) Acatar y promover el respeto a la legislación referida a proteger los derechos de las personas sin discriminación alguna en el marco de la diversidad humana cultural y social; 9) Defender la naturaleza como un bien colectivo, contribuir a educar para su cuidado y promover la denuncia de hechos que generen contaminación y destrucción ambiental; 10) Salvaguardar la presunción de inocencia promoviendo un tratamiento informativo respetuoso para las personas involucradas; 11) Respetar la dignidad, el honor, la intimidad y la vida privada de todas las personas públicas y privadas (grupos humanos específicos…), deben referirse a sucesos o circunstancias de carácter privado cuando éstos involucren un interés público justificado y demostrable; 12) Proteger la identidad e integridad de todas las personas… sin discriminación alguna.

Asimismo, no deben:

1) Difundir informaciones falsas ni tendenciosas ni guardar silencio, parcial o total sobre hechos noticiosos; 2) Acudir al sensacionalismo ni exhibir… imágenes de cadáveres, de heridos graves o de personas en situaciones extremas, de manera morbosa y reiterativa; 3) Engañar, sobornar, intimidar, presionar… a sus fuentes, ni recurrir a dispositivos no autorizados para obtener información; 4) Invadir la privacidad de las personas fotografiando, grabando o filmando, cuando se le haya solicitado no hacerlo; 5) Hacer apología del delito ni emitir juicio anticipado sobre personas acusadas; 6) Utilizar su influencia como periodistas para obtener ventajas personales de cualquier índole…; 7) Utilizar información reservada… para su beneficio, en detrimento de terceros; 8) Recibir remuneración, obsequio o prebenda alguna de instituciones… que frecuenten en el ejercicio del periodismo.

Dejamos pendientes la cláusula de conciencia y el derecho a réplica y rectificación. Lo dicho hasta aquí basta y sobra para el comentario. ¿No les parece?

Carlos Soria Galvarro es periodista.

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