Voces

viernes 29 may 2020 | Actualizado a 05:38

Neurosis

Este 1 de mayo la lucha nos tocó en combo: dictadura, pandemia, oportunismo, narcovínculos, corrupción, traición, etc.

/ 3 de mayo de 2020 / 06:49

La neurosis es un trastorno mental, y la persona que lo padece está angustiada por la realidad y no la acepta; entonces necesita manipularla, mentirse a sí misma a tal punto que cree en su propio engaño y se comporta neuróticamente. En Bolivia las y los racistas, tanto de derecha como de izquierda, feministas y ecologistas, intelectuales y comerciantes, vociferaron por 14 años que el gobierno «del indio» era el peor. Sus alaridos neuróticos se intensificaron, y desde el 2019 bloquearon las calles, despojando a la mayoría de la gente trabajadora de su pan cotidiano. ¡Grave! Llevamos un año y medio bloqueadas y bloqueados en nuestra economía.

En el país la mayoría somos trabajadores por cuenta propia, no somos empleados. No está mal ser trabajadora por cuenta propia, lo que está mal es que el Estado Plurinacional no haya logrado darnos seguridad social (salud, jubilación, seguro de desocupación, etc.). Bueno, caminábamos un proceso de cambio para construir otro país, se ganó una elección con el 47% de los votos que neuróticamente fue desconocida. No podían admitir, en su sano juicio, que a pesar de tanta plata que metieron, tantas difamaciones y traiciones, igual nomás se haya ganado las elecciones de 2019. Nuestro proceso de cambios fue interrumpido por un régimen autoritario, que masacró a más de 36 hermanos bolivianos.

Ciertamente la democracia es mejor que la dictadura, pero la democracia sigue siendo un instrumento manipulado por la burguesía, a través del cual ejerce su opresión. Pues cuando no les conviene, desconocen el voto, encarcelan a los vocales del Tribunal Electoral, cambian las reglas y reprimen para torcer los resultados.

 ¿Que teníamos? Un proceso de cambios que no caminaba con la velocidad, la claridad y la eficacia que queríamos, pero eso era lo que teníamos y fue lo mejor en más de 500 años. Nosotras luchábamos contra las manipulaciones del poder que, por muy compañeros que sean, no faltaban entre ellos; machistas, algunos corruptos, impostoras, envidiosas y demás. Los sueños se construyen, no son una donación de algún hermano o padre de la patria. Ningún gobierno va hacer revoluciones, solo los pueblos las hacen. Pero ciertamente hay gobiernos que pueden ayudar, cumpliendo con el pueblo que lo eligió.

La vulnerabilidad de nuestros cuerpos y de nuestras vidas, hoy como nunca, forman parte de nuestra cotidianeidad. Los superhéroes y las mujeres maravilla han quedado lejos de los sentimientos que hoy ocupan nuestra piel. Este 1 de mayo la lucha nos tocó en combo: dictadura, pandemia, oportunismo, narcovínculos, corrupción, traición, etc. Pero el petardo-cacerolazo fue genial. ¡No queremos gobierno dictatorial! ¡Queremos elecciones ya! ¡90 días es una eternidad! La neurosis del racismo boliviano todavía tiene a alguna gente presa de sus alucinaciones. ¡Imagínense! Dicen ser oposición del régimen actual, y que son «saca dictaduras». ¿Algo parecido a sacacorchos? Ja, ja. Neuróticos y neuróticas no tengan miedo de la realidad, el proceso de cambio al mando del pueblo, donde estamos indios e indias, construirá el Vivir bien de todos y todas (de neuras también) y de nuestra madre y hermana naturaleza.

Julieta Paredes, feminista comunitaria

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Los ‘puros’

Desde hace 14 años que las y los ‘puros’ se dedicaron a descalificar todo el proceso de cambio

/ 17 de mayo de 2020 / 06:49

Ya la historia nos dio ejemplos de la estupidez y la crueldad humana al manipular, para intereses de dominación, el concepto de pureza. Por ejemplo, la vieja aristocracia feudal y colonial en nuestros territorios, especialmente en Sucre, quiso diferenciarse del resto a través del mito de la sangre azul. Ignorantes de los efectos de la falta de melanina en sus pieles, que los hacía casi transparentes a tal punto que se veían sus venas, divulgaron el cuento de la sangre azul.

Otro ejemplo de este tipo de manipulación es el concepto de la “pureza de la raza aria” enunciado por Hitler y sus seguidores, quienes condujeron a todo un pueblo (al alemán) a convertirse en cómplices de miles de crueles asesinatos, cometidos contra judíos, artistas, intelectuales y homosexuales, tanto de Alemania como de otros países, que no estaban de acuerdo con el nazismo.

Las y los “puros” viven la neurosis de su existencia sin mancha y sin errores; y con ese autoengaño se dan el permiso de señalar con el dedo, juzgar y condenar. En el caso del golpe autoritario que sufre el pueblo boliviano, desde hace 14 años que las y los “puros” se dedicaron a descalificar todo el proceso de cambio. Incluso pese a beneficiarse económicamente de las políticas públicas propiciadas por los “impuros”, complotaban desde dentro y fuera del gobierno del MAS.

La pureza racista y fascista hoy se pronuncia ante la evidencia de la incapacidad y corrupción del gobierno que ellos mismos, los “puros”, pusieron. Ante tanta mediocridad y corrupción, sus discursos dan cuenta de su neurosis, hablan sobre la gran culpa que tienen los indios de poner al Gobierno actual. ¿Pueden creer? Argumentan que hubo un fraude, que nunca demostraron. Por el contrario, esta mentira se cae a pedazos ante las encuestas de intención de voto. Pero eso no importa, todos son unos indios mentirosos, y por culpa de ellos está Jeanine Áñez en el gobierno, dicen.

También dicen que los partidarios de Evo tienen la culpa, y por tanto no deberían postularse de nuevo. ¿Por qué no, si lo hizo bien? Dicen que violaba la Constitución, pero se olvidan que la nueva CPE fue atacada antes de nacer por las y los “puras” en Sucre. Y que el artículo para restringir la reelección fue impuesto entre gallos y media noche por el miedo que tenían al proceso de cambio. Hoy el régimen de Áñez vulnera continuamente la Constitución y no le hacen un golpe de Estado; y tampoco hacen vaquita para comprar militares y policías corruptos.

Son tan “puros” y “puras” que pueden convivir con el robo, la represión, la censura a los medios de comunicación, los narcovínculos, la corrupción. Pero jamás se mezclarían con la chusma, ahí está el límite. Por eso, ante las elecciones que el pueblo impone con el petardazo y cacerolazo contra la dictadura, tienen que manipular a través de los medios serviles a la “pureza” racista. Cambian encuestas y trabajan para legitimar a su caballero como candidato, que servirá para las políticas fascistas, racistas e imperialistas de EEUU.

Julieta Paredes, feminista comunitaria

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Lavarse las manos

Sabemos que la existencia de políticas públicas nos va a dar fe de gobiernos responsables, sean de izquierda, derecha, centro, de arriba o de abajo

/ 19 de abril de 2020 / 08:25

En este tiempo se puso como un requisito de protección de la vida lavarse las manos. Si bien se trata de una buena práctica de higiene personal, también es una expresión que nos acompaña en la vida política; desde la lavada de manos de Poncio Pilatos en la muerte de Jesús, hasta la lavada de dólares de economías corruptas neoliberales. Lavarse las manos, entonces, nos refiere a quien no se hace responsable de sus actos y consecuencias.

Los virus se pueden quitar de las manos con agua y jabón, pero las responsabilidades de la debacle actual en Bolivia ¡no! Hay que dar cuenta de más de 36 asesinados por los militares en Sacaba y Senkata; del saqueo de las arcas públicas no solo con jugosos sueldos para autoridades, sino también del despilfarro del dinero de los y las bolivianas que hasta les lleva a meter las manos en las AFP. ¿Qué no es así? Pues ahora no podemos saberlo con pruebas, porque cualquier intento de investigación será entendido como sedición.

Sabemos que la existencia de políticas públicas nos va a dar fe de gobiernos responsables, sean de izquierda, derecha, centro, de arriba o de abajo. La política pública es la capacidad de planificar y saber lo que se está haciendo o qué se va a hacer. Pero cuando se asalta el poder como ladrones piratas, viene después la farra. «Cualquier cosa es mejor que el indio», decían. Y hoy la falta de políticas públicas se hace evidente, para dar paso a la improvisación de gente angurrienta de poder, que no le atina ni una que merezca reconocimiento.

¿Qué hicimos para merecer este castigo de la vida? Pues no poca cosa, hermanas y hermanos. Para empezar, aflojamos nuestra fuerza y mística política revolucionaria. Incorporamos a nuestras filas de las organizaciones sociales a gente corrupta y traidora. Dimos crédito al arribismo clase mediero, que mira a la mezquina y mediocre burguesía boliviana con la boca abierta. Dejamos la formación y el análisis político, la creatividad en las propuestas y movilizaciones por «likes» en las redes.

Las y los piratas dieron el golpe desde las calles y desde las instituciones como militares y policías; y hoy, presurosamente en las redes, estas mismas «pititas» lanzan discursos y análisis al grado que no las reconoces; parecen más radicales entre los y las radicales. Y nuevamente no faltan entre nuestras filas gente que no tiene memoria, los escuchan, postean y miran con la boca abierta. Es imprescindible no dejarnos engañar en esos falsos discurso dizque de «oposición» al régimen de Áñez. Es una oposición de mentiras, son las y los mismas racistas de pensamiento neoliberal, posmoderno. Ahora vieron en el espejo del Gobierno su mediocridad y sinvergüenzura; esa que campea desde hace 500 años, excepto los últimos 14 años. Periodo en el que, a pesar de los errores cometidos, se hizo políticas públicas para los pueblos. Por más que se laven las manos, no podrán borrar sus responsabilidades. ¡Vamos Bolivia, recuperemos el proceso de cambios revolucionarios!

Julieta Paredes, feminista comunitaria.

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Mucha clase y ningún medio

Entre los principios que sustentan la vida cotidiana de la burguesía esta la idea de que todo se puede comprar y vender

/ 5 de abril de 2020 / 07:03

No voy a caer en la tentación de analizar la pandemia desatada por el coronavirus COVID-19, creo que es importante cuidar la vida de todas y todos, y escuchar a quienes saben y conocen del tema. Me parece necesario contribuir este tiempo con un análisis sobre los procesos políticos en nuestro país. En mi anterior artículo escribí sobre los errores políticos de llamar clase media a un pueblo trabajador que mejoró sus condiciones de vida gracias al proceso de cambios de los últimos 14 años; y como feministas comunitarias hemos luchado para que sean revolucionarios.

Entre los principios que sustentan la vida cotidiana de la burguesía esta la idea de que todo se puede comprar y vender. Otra idea que tienen es que su estilo de vida (comida, ropa, diversión, estética, gustos culturales etc.) es el mejor, y por eso es altamente deseable por los pobres o por la gente del pueblo. La burguesía piensa que todos quieren ser como ellos y ellas, y se esfuerzan en imponer su imagen y estilo de vida a través de los medios de comunicación, el arte, la educación y la religión.

En el proceso de cambio con el hermano indígena aymara Evo Morales se han cumplido tareas que la burguesía boliviana mediocre colonizada nunca pudo cumplir, por ejemplo, desarrollar empresas de producción “made in Bolivia”, además de carreteras, escuelas técnicas y tecnología. El proceso de cambio también impulsó en favor del pueblo trabajador el valor adquisitivo del dinero boliviano, e impulsó la creación de redes de agua potable, gas domiciliario, caminos, internet, hospitales, facilidades para obtener vivienda digna y educación, entre otros. Todo esto contribuyó a mejorar los niveles de vida y las condiciones cotidianas del pueblo trabajador; lo que nos permitió obtener un poco a lo que tenemos derecho como humanidad.

El conocimiento, el confort, el arte, la educación no son propiedad de la burguesía. La burguesía roba todo eso a través del régimen capitalista del trabajo y la economía. Los grandes inventos de la humanidad no los elaboran los burgueses; solo compran y patentan estos inventos, que son de la humanidad, para que la gente pague para tenerlos en su vida. El de clase media es un concepto ambiguo, entendiendo que las palabras y conceptos tienen que ayudarnos a develar las formas de la opresión y no a enmascararlas para suavizar su accionar nefasto.

En el mundo capitalista están los burgueses, quienes son poquísimos en cada territorio, y está el pueblo trabajador. Dentro de la clase trabajadora están los proletarios, que son los obreros y las obreras; también están las y los técnicos y profesionales, que son pueblo trabajador. Entonces, si una obrera pone a su hija o hijo a estudiar, y luego se titulan como ingeniera o ingeniero; éstos siguen siendo clase trabajadora, y percibirán ingresos medios por su trabajo y no estarán tan mal pagados como su padre o madre. Gravísimo error político llamar clase media a los y las hijas del pueblo trabajador, pues los convirtieron en desclasados.

Julieta Paredes, feminista comunitaria

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