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viernes 18 sep 2020 | Actualizado a 10:35

Kant y el derecho

Para Federico II, un juez representaba el imperio y la primacía absoluta de la ley, que significa la independencia judicial frente al despotismo y la arbitrariedad.

/ 18 de mayo de 2020 / 06:17

Cuenta la leyenda que una mañana de 1747 el rey Federico II de Prusia, molesto porque un molino cercano a su palacio afeaba el paisaje, envió a un edecán para que lo compre y así poder demolerlo. El dueño del molino, un campesino corriente, se negó a venderlo. Entonces el mismo Federico II fue a verlo y lo amenazó de que si no vendía el molino, él lo demolería de todas formas, al fin de cuentas, era el rey. Al día siguiente el molinero se presentó en el palacio y fue recibido por el rey, quien le preguntó si había comprendido cuán justo y generoso había sido con él, pues no le quitó el molino, sino que le ofrecía comprarlo.

El campesino no respondió y entregó al rey una orden judicial que prohibía al rey expropiar o apoderarse de un bien que no es de su propiedad, porque las leyes que el mismo había promulgado así lo ordenaban. Mientras Federico II leía la medida cautelar, todos sus vasallos, cortesanos y funcionarios temblaban, imaginando la furia que se desataría contra el terco molinero y contra el atrevido magistrado. Pero concluida la lectura de la orden judicial, Federico II levantó la mirada y exclamó: me alegra que todavía existan jueces.

Un juez, para Federico II, representaba el imperio y la primacía absoluta de la ley, que significa la independencia judicial frente al despotismo y la arbitrariedad. No es posible la actuación independiente del Poder Judicial si éste está sometido a otro órgano de poder, como en los modelos presidencialistas, en los que el Poder Ejecutivo impera frente a los otros poderes.

Immanuel Kant, quien vivió en Prusia en los tiempos de Federico II, concibió al Estado de derecho como una idea rectora; es decir, un mandato racional rector de los actos tanto de gobernados como de gobernantes. En tanto idea rectora racional, los seres humanos pueden representarse la ley y adecuar sus actos a su mandato. Para Kant, el derecho no es más que “el conjunto de condiciones bajo las cuales el arbitrio de uno puede conciliarse con el arbitrio del otro según una ley universal de la libertad”. El estudio detallado sobre el derecho según Kant se encuentra en la Metafísica de las costumbres, escrito de madurez en el que Kant elabora una fundamentación de la doctrina universal del derecho y que debería ser de lectura obligatoria para los abogados. 

Con el tiempo, el Estado legal de derecho se transformó en el Estado constitucional de derecho, en el que no solo la ley, sino todos los actos, órganos y poderes estatales deben estar sometidos a la Constitución no solo en lo formal, sino también en sus contenidos. Es decir, en los derechos, garantías, atribuciones y competencias que funcionan como límites al poder abusivo de los gobernantes. Idea rectora que se prorroga desde los tiempos de Federico II hasta hoy.

Farit Rojas es filósofo y abogado.

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¿República vs. Estado plurinacional?

Para el autor hay que poner en tela de juicio esta consabida ‘contradicción’

/ 9 de septiembre de 2020 / 07:38

Para Maquiavelo, en El Príncipe, todos los estados fueron y son repúblicas o principados.

Obviamente Maquiavelo se concentra en esta obra sobre los principados, pues se dedicó al estudio de la república en otro escrito, más extenso y complejo, denominado Discursos sobre la primera década de Tito Livio. Es importante esta cita pues opone la república a los principados, lo contrario a la república serían las autocracias, sean estas monarquías o principados; en consecuencia, la república es aquella forma de gobierno en la que el poder radica en una voluntad colectiva.

Doscientos años después, Montesquieu señalará que hay tres formas de gobiernos: el republicano, el monárquico y el despótico. El llamado gobierno republicano es aquel en el que todo el pueblo, o una parte mayoritaria, tiene el poder supremo, en contraste con las otras dos formas autocráticas: la monarquía y el despotismo.

En consecuencia, el opuesto a la república es la monarquía. La idea de la república se encuentra en la etimología de la palabra, res (cosa) pública (del pueblo), es la forma de gobierno orientada hacia el bien común y se basa en la participación de los ciudadanos, bajo una ciudadanía extendida y protegida por un extenso catálogo de derechos fundamentales. La república, como forma de gobierno, se encuentra en la división y separación de los órganos de poder, por ello Montesquieu encontrará la forma republicana en la Constitución, pues si no hay separación de poderes no hay Constitución. El pensamiento de Montesquieu influirá en los revolucionarios franceses que señalarán, en el artículo 16 de la Declaración de derechos del hombre y del ciudadano de 1879 que una sociedad en la que no esté establecida la garantía de los derechos, ni determinada la separación de los poderes, carece de Constitución. La tensión es siempre la misma, evitar que el poder se concentre en pocas manos o en una sola y garantizar la soberanía del pueblo. Se trata de una idea o noción liberal, en tanto la separación de los órganos de poder ralentiza el ejercicio del mismo, y su adecuación a la Constitución legitima el ejercicio del poder. El llamado poder público es legítimo, y es público, sí y solo sí, el mismo se enmarca en lo señalado en la Constitución y las leyes, que es la base de lo que llamamos Estado de Derecho. Sin embargo, la idea de república no es únicamente una expresión del liberalismo, la llamada Unión Soviética era en realidad la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, aunque con muchas diferencias a las nociones liberales, la idea de república era, en esencia, la misma, es decir, lo contrario a la autocracia de los zares. 

Se ha dicho, considero erróneamente, que Bolivia ha dejado de ser república desde 2009; sin embargo, la sola idea de Constitución debería hacernos pensar lo contrario, Bolivia no ha abandonado su forma republicana desde el 11 de agosto de 1825, cuando mediante un decreto adquiere la forma republicana de gobierno.

Esta formulación de Bolivia como república la encontramos en el parágrafo I del artículo 11 de la Constitución de 2009, que señala:

Artículo 11. I. La República de Bolivia adopta para su gobierno la forma democrática participativa, representativa y comunitaria, con equivalencia de condiciones entre hombres y mujeres.

Y se menciona a la  república en los artículos 146, parágrafo II (Presidente, Vicepresidente y Senadores de la República; 202, numeral 1 (la acción abstracta de inconstitucionalidad solo puede ser interpuesta por el Presidente de la República); 202, numeral 7 (la consulta sobre la constitucionalidad de proyectos de ley por parte del Presidente de la República; 238, numeral 3 (se menciona al Presidente y al Vicepresidente de la República en relación a las causales que impiden el acceso a cargos públicos electivos; y, 339, parágrafo I (el Presidente de la República podrá decretar pagos no autorizados por la ley del presupuesto únicamente en casos extraordinarios).

La soberanía del pueblo se encuentra señalada en el artículo 7,  la forma democrátrica (participativa, representativa y comunitaria) es explícita en el artículo 11, y la separación y división de poderes se la encuentra en el artículo 12. Está demás referir que el texto constitucional de 2009 es uno que presenta el catálogo más extenso de derechos fundamentales, pues el mismo se extiene desde el artículo 13 al artículo 107, y si el catálogo no fuera suficiente, el artículo 256 señala que los derechos que se encuentran en instrumentos y tratados internacionales en materia de derechos humanos y que declaren derechos más favorables a los contenidos en la Constitución se aplicarán de manera preferente sobre ésta.

Entonces, los elementos básicos de una república se encuentran en la Constitución, y lógicamente el Estado Plurinacional no es lo opuesto a la república.

¿A qué se opone el Estado Plurinacional? Pues al Estado-nación, pero esta oposición hoy en día es muy difícil de sostener, pues, como ya decía Will Kymlicka en los años 80 del siglo pasado, de todos los estados a nivel mundial son casi inexistentes los estados-nación, en tanto la pluralidad de culturas y de pueblos y naciones hacen muy difícil retornar al proyecto del Estado-nación, empezando por los proyectos multinacionales y plurinacionales que se generaron en la India, en África, luego de la Conferencia de Bandung (1955) y de los procesos de descolonización de los años 60 y 70 del siglo XX, continuando con la experiencia de Canadá, que desde 1982 reconoce la herencia multicultural (multicultural heritage), terminando en la complejidad de proyectos multinacionales y plurinacionales que se puedan encontrar en curso, con nociones como la democracia consosiacional en estados como Bélgica, que posee una diversidad cultural y lingüísitica similar a la de otros estados europeos (piénsese en España o Italia).

Pero, ¿por qué hay este imaginario de oposición entre Estado plurinacional y república? Tal vez la respuesta se la encuentre en el preámbulo de la Constitución, que señala que dejamos en el pasado el Estado colonial, republicano y neoliberal. Sin embargo, lo que la Asamblea Constituyente buscó dejar atrás era el Estado que bajo la idea de república continuaba prácticas coloniales excluyentes y aunque no reconocíamos una monarquía se trataba de una versión republicana con prácticas coloniales de exclusión, es decir una república colonial que es claro que ya dejamos en el pasado hace mucho.

(*) Farit Rojas Tudela es abogado constitucionalista

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Constitucionalismo popular

/ 7 de septiembre de 2020 / 10:17

Una Constitución Política del Estado produce numerosos efectos de los cuales unos cuantos se derivan a un contenido jurídico, otros efectos son específicamente políticos, relacionados con la manera en la que una sociedad moldea su convivencia. La lectura jurídica de la Constitución denomina a ésta como norma fundamental, norma suprema o norma de normas (es decir de la que depende la existencia de todo el ordenamiento jurídico). Una lectura política no jugaría a estas sinonimias, pues la Constitución en ante todo política, una lectura de este tipo la encontramos en el llamado “constitucionalismo popular”.

El constitucionalista norteamericano Bruce Ackerman describe en los tres volúmenes de su obra We the people que la Constitución norteamericana se configura en la actividad constitucional, que no es una práctica únicamente jurídica sino y ante todo es política. Ackerman reflexiona sobre la manera en la que los estadounidenses han transformando una serie de prácticas e instituciones injustas, por ejemplo la legitimación de la esclavitud a su extrema prohibición, sin reformar su Constitución, sino redescubriéndola mediante el diálogo político que se hace de ella.

Con una argumentación similar y un fuerte trabajo en fuentes históricas, Larry Kramer lleva a cabo en su obra The people themselves una reconstrucción de la etapa fundacional del constitucionalismo popular en la que demuestra que la interpretación constitucional no solo correspondía al pueblo norteamericano sino que además la ejercía efectivamente. Kramer argumenta que este constitucionalismo popular, es decir de control de constitucionalidad por parte de la población movilizada, fue intermitente y en muchas situaciones debe realizarla aún, es decir que el pueblo, cuando está marcado por desacuerdos profundos, debe recuperar el control de constitucionalidad y quitárselo a los tribunales. Obviamente se trata de una lectura y justificación más política que jurídica, por ello partíamos señalando que lo jurídico es solo uno de los efectos que produce la Constitución, la otra dimensión, que para algunos pensadores es incluso más importante son los efectos políticos.

Pero los efectos jurídicos parecen querer doblegar a los políticos, un ejemplo de ello lo vemos en el libro de Kramer, que en su versión en inglés se titula The people themselves es decir «el pueblo por ellos mismos», traducción que me parece más fiel a la intención política del autor, que Constitucionalismo popular y control de constitucionalidad como fue traducida la obra al castellano. Hace unas semanas se publicó en nuestro país el libro Constitucionalismo popular y neo constitucionalismo latinoamericano del profesor Jorge Asbún, una breve, pero excelente, introducción al constitucionalismo popular.

Farit Rojas es abogado y filósofo.

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‘Mise en abyme’

/ 24 de agosto de 2020 / 01:20

Mise en abyme o caída en abismo es un artificio literario de múltiples aplicaciones, Lucien Dällenbach señala que se trata de un espejo interno en que se refleja el conjunto del relato por reduplicación simple, repetida y especiosa. Lo que tenemos cuando el texto trae consigo un mise en abyme son múltiples relatos en un relato, lo cual disemina el «un» a una pluralidad, a una diferencia.  Pero la caída en abismo no trata en sí de la unidad del relato sino de la multiplicidad del mismo, a las capas de relato que lo habitan, aunque es evidente que puede ser fundamental para la interpretación nunca acabada de una obra.

Veamos un ejemplo en la pintura, el llamado Retrato de Giovanni Arnolfi y su esposa de Jan van Eyck, o Las meninas de Diego Velázquez, la mise en abyme recae en el espejo, en lo que Foucault también ha llamado «heterotopia», en el otro lugar que refleja el espejo, en el afuera que la pintura misma muestra, que afecta la unidad y realiza a la vez una especie de paralaje que, más que distorsionar el objeto, lo abre a su multiplicidad que lo constituye. La caída en abismo también permite ver los fantasmas que recorren la obra.

La existencia de esta figura no trata de explicar mejor la obra, tampoco trata de ser una función distractora, el artificio muestra en sí la condición crítica de la obra, en tanto el espejo o la narración especular (si abandonamos la pintura y regresamos al texto) se reconfigura como un palimpsesto múltiple. Entonces, se trata de recuperar la idea de que todo texto es siempre un borrador, que hay un afuera que lo complementa, pero no en busca de la unidad, sino en busca de cuestionar justamente esa unidad. Se trata, a mi modo de entender, de una posibilidad, que existe en todo texto, de deconstrucción.

La interpretación de un texto precisa de una lectura atenta, pues la caída en abismo aflora de manera sutil e ingeniosa. El texto se encuentra en una constante deconstrucción nos dice Derrida, y la interpretación es una manera de sacar a la superficie un conjunto de posibilidades del texto, nunca todas, pero las suficientes para dejar la unidad en cuestionamiento y mirar de frente la singularidad de nuestra interpretación.

¿No hay una mise en abyme en el texto constitucional, cuando en el artículo 196, parágrafo II cuando señala que, en su función interpretativa, el Tribunal Constitucional Plurinacional (TCP) aplicará como criterio de interpretación, con preferencia, la voluntad del constituyente, de acuerdo con sus documentos, actas y resoluciones? ¿No es este el espejo de la obra? Y la caída en abismo es más compleja pues cada sentencia del TCP provoca una reconfiguración de la pretendida unidad del texto.

La mise en abyme nos enseña que no hay lecturas simples, sino lectores simplones.

Farit Rojas T. es abogado y filósofo.

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Momento constitutivo

/ 10 de agosto de 2020 / 15:00

Momento constitutivo es una categoría desarrollada por el pensador boliviano René Zavaleta Mercado en la que se trata de dar cuenta de aquel momento en el que las cosas empiezan a ser lo que van a ser por un largo tiempo. Es decir, cuando se estructuran formas de vida social, económica y política que se han de desplegar por un largo tiempo, hasta que llegue un nuevo momento constitutivo. Entonces, se trata de un momento de articulación de saber-poder y subjetividad.

La estrategia de Zavaleta consistía en recorrer la historia hasta encontrar un cambio estructural que daba cuenta del presente en que vivimos, entonces rastreaba las causas que producían este momento constitutivo a partir de la revisión histórica, de los procesos políticos que lo puedan explicar. Entonces comprendía que hubo un momento constitutivo anterior que había entrado en crisis.

En la idea de Zavaleta de lo que es un momento constitutivo se encuentra presente una manera, una forma específica de articulación del Estado y la sociedad, también llamada forma primordial, es decir una articulación de procesos económicos y políticos duradera.

Un ejemplo. Zavaleta consideraba que un momento constitutivo fue la revolución de 1952, debido a que ésta (re)configura un determinado modelo de estructuras y de formas de vida social que se desplegaron por un largo tiempo. La revolución no solo generó transformaciones en la noción de ciudadanía o en la tenencia de la tierra, sino que generó las bases, muchas veces inconscientes, de cambios y transformaciones en la intervención política de la población.

Entonces una manera de analizar la historia puede ser buscando estos momentos constitutivos, estos momentos en los que se genera una manera de articulación de las relaciones de poder en una sociedad determinada.

Los momentos constitutivos están relacionados con procesos políticos específicos, es decir procesos de organización de la sociedad civil, de movilizaciones sociales, de territorializaciones y desterritorializaciones, de articulación de discursos, como formas y modos de representar y politizar las crisis y conflictos que llevan a la generación de un momento constitutivo. Los procesos políticos deben ser pensados no coyunturalmente, sino como procesos de larga duración que determinan la acción política particular, que constituyen sujetos políticos que posiblemente no eran visibles antes.     

Esta estrategia me parece la más plausible para dar cuenta de las transformaciones del Estado. Desde mi comprensión el Estado no es algo. No es una cosa. El Estado es una estructura de relaciones de poder que se materializa en determinados momentos y actos. Lo hace con mucha fuerza y deja una huella, una marca, una manera en la que se articula institucionalidad, legalidad y legitimidad.

Farit Rojas Tudela es abogado y filósofo.

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Foucault

/ 27 de julio de 2020 / 07:19

Cuando a Michel Foucault le preguntaron ¿cómo quisiera que se lo llame, filósofo, historiador, pensador?, él respondió: «soy una artificero, fabrico algo que sirve para hacer un cerco, una guerra, una destrucción».

En otra entrevista, cuando le preguntaron si era o no marxista, Foucault señaló: “creo haber sido localizado una tras otra, y a veces simultáneamente, en la mayoría de las casillas del tablero político: anarquista, izquierdista, marxista ruidoso u oculto, nihilista, antimarxista explícito o escondido, tecnócrata al servicio del ‘gaullismo’, neoliberal. Un profesor americano se lamentaba que se invitara a los Estados Unidos a un criptomarxista como yo, y fui denunciado en la prensa de los países del Este como cómplice de la disidencia. Ninguna de estas características es por sí misma importante; su conjunto, por el contrario, tiene sentido. Y debo reconocer que esta significación no me viene demasiado mal”.

¿Por qué esta obsesión de clasificar a Foucault? Tal vez porque lo que decía resultaba incómodo. Foucault nos enseñó que nunca hay que dar nada por definitivo, pues cuando nos empezamos a instalar cómodamente en la seguridad de una verdad (clara, segura y evidente) es en ese momento en el que nuestra capacidad de pensar corre mayor peligro. Tener certezas es un síntoma de que dejamos de pensar, pues lo propio del pensamiento vivo es cambiar de pensamiento. Las personas tienden a abrazar una verdad cuando se cansan de pensar, cuando encuentran la comodidad que otorga el lugar común de repetir lo que piensan los demás, y si es necesario mentir y engañar para quedarse en ese cómodo lugar, por supuesto que lo hacen.

Cada determinado tiempo regreso a Foucault, no solo para escribir sobre él, o dar alguna clase o curso sobre su obra, sino para recordar que la contradicción es la fuerza del pensamiento.

Foucault murió en París el 25 de junio de 1984, pero pese a que ya no esté en este mundo, aún sigue publicando. Siguen saliendo a la luz, cursos y libros inéditos. Hace un año atrás se lanzó al público la traducción al español del inédito Historia de la sexualidad, tomo 4: Las confesiones de la carne, este año se prevé la publicación del curso sobre Sexualidad de 1964 en Clermont-Ferrand, y el curso sobre El discurso de la sexualidad en la Universidad de Vincennes en 1969. Pero tal vez el texto más importante que aún falta publicarse sea el de curso 1971-1972 en College de France, titulado Teoría e instituciones penales, con el que comienza sus investigaciones sobre el Derecho como dispositivo de poder para la producción de discursos de verdad. Se trata del comienzo de un recorrido que terminará en la publicación del libro Vigilar y Castigar en 1975. Foucault no pierde actualidad, porque es un autor que nos invita a pensar.

Farit Rojas es abogado y filósofo.

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