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martes 22 jun 2021 | Actualizado a 07:46

La respuesta de la UE contra el COVID-19 en Bolivia

Solo podemos ganar esta lucha mundial si la enfrentamos unidos.

/ 22 de mayo de 2020 / 06:24

La pandemia del COVID-19 está provocando profundos cambios en todo en el mundo, que van a tener consecuencias duraderas y estructurales para los países y para la forma de relacionarnos; pero no ha modificado el compromiso europeo. En plena crisis sanitaria, mientras enfrenta la pandemia dentro de sus fronteras, con más de 1,5 millones de infectados y más de 100.000 fallecidos, la Unión Europea ha decidido seguir mirando al resto del mundo. El Equipo Europa (Team Europe, como se conoce en inglés) es la respuesta global de la UE en apoyo a la lucha que llevan adelante países socios y poblaciones vulnerables contra este mal.

La iniciativa fue presentada por el alto representante de la Unión Europea, Josep Borrell, el 9 de abril pasado y compromete fondos de más de 20.000 millones de euros provenientes de recursos de cooperación existentes de la UE que pueden ser redireccionados, créditos de instituciones financieras europeas, y programas de cooperación de nuestros Estados miembros. Como lo dijo nuestro Alto Representante, solo podemos ganar esta lucha mundial si la enfrentamos unidos.

 El paquete combina fondos de programas existentes (cerca de 11.000 millones de euros), con el apoyo de instituciones como el Banco Europeo de Inversiones y el Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo (5.000 millones de euros) y de los Estados que forman parte de la UE (4.000 millones de euros). Bolivia es uno de los países que tiene la oportunidad de aprovechar estos fondos.

A través de una iniciativa de programación conjunta (acciones coordinadas y complementarias entre la UE y sus Estados Miembros) tenemos en marcha programas de cooperación que pueden ser muy bien utilizados para enfrentar la pandemia: hay 19 millones de euros en desembolsos presupuestarios que pueden ser dispuestos flexiblemente por el Gobierno de Bolivia. De ellos, hemos entregamos ya 5 millones en marzo y vendrán 14 millones más hasta agosto.

 Adicionalmente, tenemos previstos 31 millones de euros para apoyar el acceso al agua en Bolivia, 20 millones para la recuperación económica en zonas rurales, y 4,5 millones para apoyo a medidas socioeconómicas y de derechos humanos. Nuestro compromiso con Bolivia incluye también la posibilidad de utilizar los fondos otorgados por el Banco Europeo de Inversiones (43 millones de euros) para apoyar el programa Mi Agua. Y nuestra agencia de cooperación humanitaria ECHO está trabajando en reorientar proyectos presentes hacia la prevención, higiene y acceso al agua, que se firmarán en breve.

Pero nuestros Estados miembros tienen además programas de cooperación de cada país presente en Bolivia: Francia ha logrado redireccionar casi un millón de euros para acciones de emergencia y apoyo al Cenetrop. Realiza además gestiones ante empresas privadas francesas para movilizar compras internacionales de insumos de protección, y está trabajando en un préstamo de emergencia de 92 millones de euros para apoyar medidas sociales para poblaciones vulnerables (en coordinación con el Banco Mundial).

 Alemania ha aportado ya con la compra de insumos de bioseguridad para la Gobernación de Tarija y para la Policía. Apoya en campañas de prevención en grupos vulnerables, y especialmente tiene en marcha un programa de 31,5 millones de euros en apoyo a Santa Cruz y Saguapac en la mejora del sistema de saneamiento.

Suecia trabaja junto a UNICEF, UNFPA y organismos no gubernamentales especializados en emergencias para combatir la pandemia, y apoya especialmente en los municipios de La Paz, El Alto, Montero y Tarija en la continuidad de los servicios de saneamiento ambiental, proporcionando equipos de bioseguridad y desinfección.

Italia ha otorgado un crédito de 21,5 millones de euros a 40 años plazo, con 31 años de gracia. Una porción de esos fondos se puede utilizar para combatir la pandemia. Adicionalmente, ha colocado a disposición equipos especializados para pruebas de detección del COVID-19

A la cooperación de la UE y de sus Estados miembros hay que sumar los apoyos  europeos a organismos internacionales como Naciones Unidas. Este es el caso por ejemplo del Fondo Global para combatir enfermedades contagiosas, que cuenta con un aporte de 21 millones de euros y que ya se está utilizando por el PNUD para enfrentar el COVID-19 en Bolivia.

La presencia europea  en Bolivia es multifacética y en beneficio del país y de su población. Cumplimos 25 años de presencia en Bolivia este año y vamos a mantener ese compromiso en la lucha contra el COVID-19, en la organización de elecciones transparentes que permitan la recuperación de la plena normalidad democrática y en el desarrollo integral de una Bolivia cada día más próspera, cohesionada, solidaria y abierta al mundo.

Ya con un pie en el estribo, tras cuatro años muy intensos y satisfactorios en el país, estoy convencido de que en el futuro se presentarán otros episodios brillantes en la relación entre la Unión Europea y Bolivia.

León de la Torre Krais, embajador de la Unión Europea (UE) en Bolivia.

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Un nuevo impulso europeo

Una UE más fuerte exige profundizar en nuestros valores comunes como la libertad, la igualdad y la solidaridad.

/ 30 de septiembre de 2017 / 04:00

En su reciente discurso sobre el estado de la Unión, el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, enfatizó que el proyecto de integración europeo se había recuperado de las crisis financiera e institucional y que las velas de nuestra nave común se habían vuelto a hinchar de vientos favorables. Con esta metáfora la Unión Europea (UE)  afirma que ha recuperado la confianza en sí misma y que también asume plenamente sus responsabilidades globales, como uno de los actores esenciales del escenario mundial. Y es que las noticias de Europa han sido mucho más positivas en el último año y en todos los ámbitos.

Así, las elecciones en los distintos Estados miembros han reflejado la confianza de los más de 500 millones de ciudadanos europeos en el proyecto europeo y en los valores democráticos que compartimos y son la base de la Unión. Tras España y Francia, ahora Alemania ha revalidado su compromiso abrumadoramente mayoritario con  los valores europeos. El populismo está ciertamente presente en la política europea, pero sigue siendo marginal y solo se nutre de los fracasos que ya estamos superando.

Gracias a cinco años de recuperación económica hemos podido dejar atrás la crisis y hoy el desempleo es el más bajo de los últimos nueve años y estamos creciendo por encima del 2%, superando así las cifras de Estados Unidos. Ha sido esencial el Plan Europeo de Inversiones, que ha movilizado 225.000 millones de euros, permitiendo que circule de nuevo el crédito, sin olvidar la disciplina presupuestaria, pues los déficits públicos han bajado de una media del 6,6% a un 1,6%. La recuperación económica es una realidad que queremos que se sienta por todos los ciudadanos.

Incluso el brexit, que tanto nos conmocionó, está encarrilado en unas negociaciones que, alcancen o no un acuerdo, nos ayudan a despejar el futuro de una UE de 27 miembros y numerosos países candidatos a sumarse. Por eso avanzaremos en nuestro proyecto de integración, como demanda la mayoría de los ciudadanos europeos.

Y es que Europa solamente avanza cuando es audaz. Así lo ha demostrado en los 60 años de este proceso único de integración en el que países que históricamente han estado enfrentados han sabido ceder soberanía y construir juntos un futuro común. Precisamente en marzo celebramos el 60 aniversario de los Tratados de Roma reafirmando el compromiso de los 27 con el proyecto europeo y reconociendo la necesidad de ser ambiciosos y no recrearnos en los éxitos ya logrados. La autocomplacencia no nos debe guiar y debemos avanzar de acuerdo con el “modelo europeo”, que se basa en el debate democrático y transparente y finalmente en la búsqueda de los consensos más amplios posibles.

Una UE más fuerte exige profundizar en nuestros valores comunes; la democracia, el Estado de derecho, la libertad, la igualdad y la solidaridad son nuestras señas de identidad, internas y en nuestras relaciones externas. Somos una Comunidad de Derecho, un ideal por el que tenemos que velar continuamente; para que se consolide la igualdad entre los Estados miembros, grandes o pequeños, entre los ciudadanos de distintos países; se consolide la  equidad en la retribución del trabajo o las garantías similares para todos los consumidores. La solidaridad entre las regiones y los ciudadanos también deben ser defendidos, a veces frente a populismos disfrazados de nacionalismos egoístas que no tienen cabida legal ni en sus países ni en la Unión.

En nuestras relaciones exteriores hemos reflejado nuestras convicciones al conceder asilo el año pasado a 720.000 refugiados, tres veces más que Estados Unidos, Canadá y Australia juntos. El reto que suponen los flujos migratorios ha sido enorme para Europa y se está realizando un esfuerzo notable para erradicar los flujos irregulares, reducir drásticamente la pérdida de vidas humanas en el Mediterráneo, defender más eficazmente nuestras fronteras exteriores y administrar de manera sostenible y respetando nuestros valores la inmigración legal. No es un fenómeno transitorio, los progresos todavía son insuficientes y la UE seguirá comprometida con sus socios en el vecindario y en África (entre otros a través del fondo fiduciario UE-África de 2.700 millones de euros) para mantener vías legales, combatir a los traficantes y ofrecer alternativas en los países de origen.

También en nuestras relaciones comerciales la UE ha tejido una red de acuerdos regionales y bilaterales que la consolidan como el primer mercado del mundo, y que le permiten trasladar sus valores, como son las normas sociales o medioambientales, de manera transparente y constructiva. En América Latina estamos actualizando algunos acuerdos con socios estratégicos y confiamos  en un pronto acuerdo con el Mercosur.

Los retos globales como son el cambio climático o la ciberseguridad o el terrorismo, así como las incertidumbres y los riesgos políticos que amenazan nuestra convivencia exigen que se refuerce el papel de la Unión como garante de paz y seguridad. En ese sentido, resulta esencial la nueva Estrategia Global de Política Exterior y Seguridad, que nos da los instrumentos necesarios para asumir todos los compromisos en el escenario internacional. Esperemos que los vientos nos sigan siendo favorables.

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