Voces

miércoles 8 jul 2020 | Actualizado a 03:10

Hambrientos de pan y democracia

Este contagio popular propagado en los territorios del hambre y la pobreza son gritos de protesta

/ 26 de mayo de 2020 / 06:02

En el periodo prehispánico, los sonidos producidos por los pututus precedían rituales de sanación o retumbos de rebelión. Hoy, en medio de la pandemia, esos sonidos ancestrales, al tono de los cacerolazos y petardos en las urbes, nuevamente se oyen por doquier en el norte de Potosí, como protesta por el hambre en el decurso de la emergencia sanitaria, y también para exigir “elecciones ya”.

Este gran “pututazo” de los ayllus del norte de Potosí es señal del malestar de los hambrientos por pan y democracia. Al igual que la propagación del COVID-19, la indignación popular se extiende a los barrios populares y las comunidades rurales. Este contagio popular propagado en los territorios del hambre y la pobreza son gritos de protesta por la mala gestión sanitaria y económica del Gobierno transitorio, que condena a los pobres a un hambre punzante.

Esta indignación popular se encarnó en el conflicto desatado en el botadero de Kara Kara, al sur de la ciudad de Cochabamba, en demanda de una canasta de alimentos familiar y elecciones nacionales. Este conflicto fue instrumentalizado por el Gobierno para estigmatizar a los vecinos de Kara Kara, reproduciendo imaginarios raciales patentizados en discursos de las autoridades y columnas de opinión que criminalizan/estigmatizan racialmente a los movilizados de Kara Kara.

Esta lógica binaria civilizado/salvaje fue acompañada por otro clivaje: higiénico/contagioso, proporcionando a este conflicto su propio matiz. Los imaginarios raciales tildaron otra vez a los movilizados como los culpables de que la ciudad esté apestada por basurales y, en el curso de la presencia del COVID-19, se asociaba a la basura acumulada como un foco de infección para la salud de la “gente de bien” de Cochabamba. De esta manera, el gobierno de Áñez quizás buscaba un chivo expiatorio para arremeter con una estrategia discursiva/simbólica para inflar un ambiente de tensión, y así tener una cortina de humo que distraiga a la opinión pública de los casos de corrupción que permean la actual gestión gubernamental.

Esta personificación del chivo expiatorio (masista, salvaje y violento) anida en el imaginario de la clase media urbana. En el conflicto de Kara Kara, el Gobierno intentó reactivar aquellos imaginarios raciales que fueron vitales para las movilizaciones urbanas de octubre y noviembre pasados. En rigor, la construcción de ese fantasma masista que iba a invadir la ciudad sirvió para generar una psicosis colectiva, y hoy intentaron resucitar a ese fantasma devenido en un espectro apestado.

El Gobierno necesitaba de esta estrategia discursiva para recuperar a su base social: la clase media, hoy desconsolada por el proceder corrupto gubernamental. Aunque su subjetividad racista (sus prejuicios hacia los indígenas/campesinos) sigue latente. Sin embargo, los movilizados de Kara Kara se dieron cuenta de que estaban ingresando en una trampa gubernamental, y negociaron rápidamente para desactivar el conflicto, vaciando de pretextos al gobierno de Áñez, hoy a la deriva.

Mientras tanto, el hambre sigue acechando a los más pobres. Para los hambrientos de pan y democracia, el establecimiento de un gobierno legitimado por vía del voto es vital para generar consensos con el propósito de enfrentar a la pandemia y al hambre. Quizás por estas razones los sonidos de los pututus siguen haciendo eco por dondequiera.

Yuri F. Tórrez, sociólogo.

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Encuestas electorales

Como sea, las encuestas constituyen un valioso instrumento en procesos electorales como “fotografías” sucesivas sobre la intención de voto en momentos determinados, conforme a muestras no necesariamente comparables.

/ 6 de julio de 2020 / 08:43

Por La Razón

La primera actividad del calendario electoral habilitada para los comicios del 6 de septiembre fue la difusión de encuestas de intención de voto. Se levantó así el paréntesis establecido por el TSE el 21 de marzo, cuando el Gobierno provisorio decretó cuarentena total por el coronavirus. Ahora que se retomó el proceso con fecha cierta, es fundamental garantizar la calidad de las encuestas.

Como parte de las innovaciones normativas del sistema electoral boliviano, la Ley del Régimen Electoral incluyó hace una década un importante conjunto de reglas tanto para la elaboración como para la difusión de estudios de opinión en materia electoral. Antes de 2010, solo se regulaban plazos de publicación. La nueva normativa, reforzada técnicamente por sucesivos reglamentos del TSE, se estrenó en las elecciones judiciales de 2011. Y se aplicó con buen resultado en los comicios generales de 2014.

¿Por qué es necesaria e importante esta normativa, vigente también en otros países de la región? Primero, porque cuida la calidad en la elaboración de las encuestas, con arreglo a criterios técnicos mínimos, limitando su manipulación. Segundo, porque implica el registro documentado de las empresas responsables de hacer encuestas, con lo cual se evitan entidades “fantasmas”. Y tercero, porque se garantiza que en la difusión de datos electorales se incluya al menos la ficha técnica. No es poca cosa.

Hay un incipiente debate en el país acerca de la confiabilidad de las encuestas de intención de voto. Algunas encuestas preelectorales, cuando se hace una serie comparable en diferentes momentos, son valiosas en identificar tendencias en las preferencias electorales. Pero tienen límites y diferencias, a veces importantes, respecto al resultado de la votación. Ello ocurre, en especial, por los indecisos, la exclusión de votantes del área rural y la curiosa práctica de no ponderar los votos válidos.

Como sea, las encuestas constituyen un valioso instrumento en procesos electorales como “fotografías” sucesivas sobre la intención de voto en momentos determinados, conforme a muestras no necesariamente comparables. En esa condición, son en sí mismas objeto de la agenda informativa y de opinión, así como herramientas para orientar las estrategias de las fuerzas políticas. Claro que algunos operadores mediáticos, pese a la normativa, usan instrumentalmente estos estudios para sus fines políticos.

¿Qué se espera en torno a los comicios del 6 de septiembre? Debido a la pandemia, la recolección de información se hará mediante encuestas telefónicas personales. Ello reduce más todavía su alcance. Será importante por ello la verificación técnica realizada por el TSE. Pero sin duda las próximas encuestas, luego de casi cuatro meses de ausencia de datos autorizados, mostrarán el impacto de la emergencia sanitaria en las candidaturas. Y sin duda incidirán en sus posicionamientos estratégicos. Los datos importan.

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Pensar el futuro, una metamorfosis esperada

Si bien ya hemos coexistido en el pasado con otras catástrofes, hasta ahora no habíamos vivido esta situación de aislamiento físico/social, fronteras cerradas, ciudades encapsuladas, ciudades paralizadas y vacías.

/ 6 de julio de 2020 / 08:35

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Sin lugar a dudas, como ya lo dijimos en un artículo anterior, la intervención del hombre ha sido fundamental para el desarrollo como para la destrucción de los centros urbanos, y esta no es la primera vez ni será la última que las ciudades y las condiciones urbanas sufran transformaciones tanto en sus formas de habitarlas, como en sus costumbres y disciplina, en sus normas y nuevos planteamientos.

La planificación urbana tuvo su rol esencial al momento de la reconstrucción de las ciudades, la Primera Guerra Mundial dio por concluida la cultura “fin de siglo”, y precisamente la Segunda Guerra fue el punto de partida para los cambios trascendentales para el urbanismo del siglo XX, principalmente para embellecerlos y por el auge que generaron las innovaciones tecnológicas de la Revolución Industrial, traducidas en nuevos tejidos y tramas urbanas. Esta ideología progresista desde finales del siglo XIX favoreció a mejorar las condiciones físicas de las áreas urbanas, provocando significativas transformaciones en el modelo territorial y urbanístico.

Durante este “modernismo” se comenzaron a materializar las nuevas aportaciones teóricas y transformaciones urbanas, así es como surgen los planteamientos de la ciudad lineal por Valentin Knight, la ciudad jardín por Ebenezer Howard, y se desarrollan las primeras “utopías urbano-tecnológicas” del grupo inglés Archigram y los metabolistas japoneses.

Muchos de estos estilos de principios ideológicos triviales pusieron durante los años 80 en la palestra mundial al “posmodernismo” y con ella los Planes de Tokyo, de La Habana y de Filadelfia con el objeto de transformar la imagen de estos centros urbanos; aparecen también ciudades como Abuja, Brasilia, Chamdigarh, Dacca, Naipyidó y Putrajaya.

Aldo Rossi decía que: “Las catástrofes no ocasionan cambios urbanos por sí mismas sino que aceleran las transformaciones que ya se estaban imaginando”, y con la caída del Muro de Berlín en 1989, el mundo cambió nuevamente impulsando el establecimiento de ciudades más ordenadas, equitativas socialmente hablando, mejor estructuradas y duraderas; se conforman escalas y categorías de ciudades como “megalópolis”, “megaciudades” y “ciudades globales” gracias a la concepción urbana de la “globalización”.

Si bien ya hemos coexistido en el pasado con otras catástrofes, hasta ahora no habíamos vivido esta situación de aislamiento físico/social, fronteras cerradas, ciudades encapsuladas, ciudades paralizadas y vacías; nos hemos dado cuenta de que aún somos un país con deficiencia en infraestructuras y carencia de servicios, y que aún existen grandes grupos de desigualdad y pobreza. Intentar volver a la normalidad no será fácil y mucho menos continuar con lo que existía inicialmente.

Para 2050 se estima que el 72% de la población mundial vivirá en ciudades, incrementando el riesgo de propagación de nuevas epidemias, y las condiciones físico infraestructurales siempre han sido resultado de las distintas catástrofes. Los romanos fueron los pioneros en adoptar medidas higiénicas con su sistema de alcantarillado, baños públicos, sistemas de agua corriente y no lograron obtener buenos resultados; aún en la Edad Media no existían baños, ni la más mínima higiene, lo que los obligaba a abanicarse para disipar el mal olor y no por el calor.

La posglobalización y el tardo capitalismo de los cuales ya se estaba especulando en este “supermodernismo”, ahora serán una realidad; a partir de ahora existe un antes y habrá un después, tendremos que pensar en nuestro futuro desde la metamorfosis del presente, para crear diversos escenarios futuros y forjar herramientas claves para definir acciones estratégicas para las ciudades del futuro.

*Es arquitecto, docente e investigador.
Especialista en planificación, gestión y políticas públicas

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K’ara K’ara o la cara del estigma

Esta zona, por lo tanto, no es solamente endeble a la basura, sino a los estigmas raciales. O sea, se convirtió en un chivo expiatorio para el gobierno de Jeanine Áñez.

, / 6 de julio de 2020 / 08:28

Al amanecer frío del pasado sábado, helicópteros y aviones militares sobrevolaron en actitud amenazante sobre K’ara K’ara, al sur de Cochabamba, donde está ubicado el botadero municipal. Parecían aves de rapiña en búsqueda de su carroña, actitud similar a lo ocurrido el 15 de noviembre de 2019, en Sacaba, momentos antes de la masacre de campesinos. Esta vez, en K’ara K’ara no fue una masacre, pero sí una represión atroz: gasificaron las casas de los pobladores. En medio de la pandemia, para las autoridades del Gobierno transitorio, K’ara K’ara se erigió en uno de los principales blancos de su campaña de criminalización de la protesta popular.

Desde siempre, K’ara K’ara fue un escenario conflictivo recurrente por la presencia del botadero y gracias al crecimiento demográfico quedó inservible por la basura generada en la ciudad. Pero, esta zona de emigrantes andinos también es un lugar pobre donde viven los más vulnerables de la ciudad (43% de los niños padecen de anemia y las niñas de entre 5 y 12 años padecen de desnutrición crónica), que cohabitan con una basura inmunda.
Esta zona, por lo tanto, no es solamente endeble a la basura, sino a los estigmas raciales. O sea, se convirtió en un chivo expiatorio para el gobierno de Jeanine Áñez. De allí, ese juego discursivo perverso: lo sanitario y lo racial combinados funciona para la estigmatización.

Desde el anterior conflicto en mayo, cuando se impidió el ingreso de carros basureros al botadero, surgieron voces y plumas agraviando racialmente a los pobladores y criminalizando la protesta social en K’ara K’ara. Hoy que se reavivó el conflicto –amén al apresamiento de algunos dirigentes de la zona con el so pretexto que habían provocado terrorismo y atentado a la salud pública en el anterior conflicto–, nuevamente aparecieron en las redes sociales y en algunos medios periodísticos esas sentencias segregacionistas, inclusive de algunos académicos, hacia los movilizados.

Esa visión estigmatizadora sobre los pobladores de K’ara K’ara, considerados como “calamidades sanitarias” o “cuerpos peligrosos” para la salud de los cochabambinos, posibilitó al gobierno de Áñez, a través del ministro Arturo Murillo, activar sus dispositivos policiales/militares y parapoliciales, en nombre de la “higiene y la salud pública”, tildando a los vecinos de K’ara K’ara como “criminales”, “sediciosos” y causantes de los focos de infección sanitaria en la ciudad por la acumulación de la basura. Así se ejerce una violencia simbólica y, a la vez, una violencia física, traducida en una persecución atroz contra los dirigentes, una represión recurrente e inclusive amenazándolos por parte de sus grupos parapoliciales de impedir el paso de los carros aguateros a K’ara K’ara.  
Mientras hay miles de bolivianos, contagiados del COVID-19, muriéndose por falta de una adecuada administración sanitaria y varios de ellos velándose en las calles, el Gobierno usa la pandemia para la persecución política obsesiva, poniendo en riesgo no solo la salud pública, sino la salud psíquica de los bolivianos. Y, lo peor, con el aplauso de algunos sectores urbanos acomodados.

No debemos olvidar, los imaginarios raciales fueron cruciales para la movilización de los sectores urbanos en octubre y noviembre pasados, para derivar, luego, en el golpe de Estado. Entonces, el gobierno de Áñez quiere activar, una vez más, esos imaginarios con el propósito político de sembrar terror no solo en Cochabamba, sino en toda Bolivia para convulsionar el país y así tener, junto a la pandemia, otro pretexto para evitar las elecciones del 6 de septiembre.

*Es sociólogo

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Ciudadanía activa en el desarrollo tecnológico

El ritmo del desarrollo tecnológico hace cada vez más difícil estar actualizado y tomar posición al respecto de las ofertas tecnológicas.

/ 6 de julio de 2020 / 08:21

Las Tecnologías de Información y Comunicación (TIC) y la tecnología en general tienen un rol central en nuestras vidas ya sea a través de las redes sociales, la televisión y nuestros celulares, como a través de otros mecanismos menos evidentes como los algoritmos que gobiernan las lógicas de las plataformas tecnológicas o la inteligencia artificial que incluye a las computadoras en procesos de análisis y predicción complejos.

Las personas solo vemos y entendemos la etapa del uso de esos procesos complejos de creación: cómo funciona un celular, cómo descargar una app, qué se requiere para abrir una cuenta en un servicio, etc. No logramos entender los problemas que implican todos los pasos para llegar a que una tecnología esté en nuestras manos. Esta complejidad, nuestra falta de entendimiento de ella y la creencia de que la tecnología no tiene dinámicas de poder son algunos de los principales temas de debate acerca de la tecnología hoy en día.

El ritmo del desarrollo tecnológico hace cada vez más difícil estar actualizado y tomar posición al respecto de las ofertas tecnológicas, sea un juego con FaceApp que pide datos personales a cambio de mostrar cómo nos veríamos como viejos, o sea una empresa como Google o Cisco ejecutando políticas educativas públicas en un país. Preguntas como ¿Está bien jugar con FaceApp siendo que ya tantos servicios tienen nuestros datos de reconocimiento facial (una más qué importa)? ¿O será que es posible tomar decisiones acerca de qué datos personales compartir con qué empresas y bajo qué términos?

En el segundo ejemplo, las preguntas: Si un Estado no tiene la capacidad tecnológica de Google o Cisco, ¿el mejor camino para una política educativa de calidad es firmar convenios con estas empresas para que ejecuten políticas públicas tan sensibles como la educación? ¿O existen otros caminos que incluyan la soberanía tecnológica de los Estados y de la ciudadanía a la vez que incluyan desarrollos tecnológicos a los procesos educativos?

Las respuestas no son blanco o negro, no podemos llegar a la conclusión que las empresas de base tecnológica son los actores malos y no hay que trabajar con ellas bajo ningún aspecto o que los Estados siempre quieren usar tecnología para vigilar a su ciudadanía, por lo que hay que enfrentarlos, o que la ciudadanía nunca hace uso abusivo de las tecnologías. Ninguna de estas aseveraciones es completamente real o completamente falsa. Hay debates amplios detrás de cada una de ellas.

Lo que queda, aunque creamos que no hay tiempo para ello, es informarse lo mejor que se pueda, entender que hay juegos de poder en cada fase del desarrollo tecnológico y tomar un rol activo en la defensa de los derechos ciudadanos al usar estas tecnologías.

*Es ciberactivista y burócrata.
blog: www.internetalaboliviana.
word-press.com

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Una plaga de ignorancia deliberada

Trump no solo ha fracasado en su intento por afrontar el desafío político que supone la COVID-19. Con sus palabras y acciones, en particular su negativa a usar cubrebocas, ha alentado y potenciado la veta antirracional de Estados Unidos.

/ 5 de julio de 2020 / 18:17

A principios del siglo XX, el sur de Estados Unidos fue devastado por la pelagra, una enfermedad desagradable que ocasiona las “cuatro D”: dermatitis, diarrea, demencia y deceso. Al principio, la naturaleza de la pelagra era incierta, pero, para 1915, Joseph Goldberger, un inmigrante húngaro empleado por el Gobierno federal, había demostrado de forma concluyente que se debía a deficiencias nutricionales relacionadas con la pobreza y en particular a una dieta a base de maíz.

Sin embargo, durante décadas muchos ciudadanos y políticos sureños se negaron a aceptar este diagnóstico y declararon ya sea que la epidemia era una ficción creada por los norteños para insultar al sur o que la teoría nutricional era un ataque a la cultura sureña. Y las muertes por pelagra siguieron en ascenso. ¿Les suena familiar?

Hace meses que sabemos lo que se necesita para controlar la COVID-19. Se necesita un periodo de confinamiento serio para reducir la prevalencia de la enfermedad. Solo entonces se puede reabrir la economía, manteniendo el distanciamiento social según sea necesario, e incluso entonces se necesita un régimen de pruebas generalizadas, trazabilidad y aislamiento de los individuos potencialmente infectados para mantener el virus suprimido.

La mayoría de los países avanzados han seguido este camino. No obstante, Estados Unidos es excepcional, en un sentido negativo. Nuestro índice de casos nuevos nunca disminuyó tanto, porque la disminución de los índices de infección en el área de Nueva York fue compensada por el aumento o la disminución de las infecciones en el sur y el oeste. Ahora los casos están en aumento a nivel nacional, así como en los estados de Arizona, Texas y Florida.

Es cierto que las muertes siguen disminuyendo en toda la nación, aunque están aumentando en algunos estados. Esto refleja alguna combinación de la forma en que las muertes se retrasan con respecto a las infecciones, mejores precauciones para los ancianos, que son los más vulnerables, y un mejor tratamiento a medida que los médicos aprenden más sobre la enfermedad.

Alrededor de 600 estadounidenses siguen perdiendo la vida al día; es decir, estamos experimentando el equivalente a seis 11 de Septiembre cada mes. Y muchos de los enfermos que no mueren por el COVID-19 quedan debilitados por la enfermedad, a veces de no usar cubrebocas, y por lo tanto poner en peligro a otras personas de manera gratuita, se ha convertido en un símbolo político: Trump ha sugerido que algunas personas usan cubrebocas únicamente para señalar su desaprobación hacia la figura presidencial, y muchos estadounidenses han decidido que la necesidad de usar cubrebocas en espacios cerrados es un ataque a su libertad.

En consecuencia, el distanciamiento social se ha vuelto partidista: los autodenominados republicanos hacen menos que los autodenominados demócratas. Todos vimos cómo se desarrolla esto en Tulsa, Oklahoma, donde se congregó una gran multitud (si bien más pequeña de lo que se esperaba), en su mayoría sin cubrebocas y en un entorno cerrado diseñado para propagar el coronavirus.

La moraleja de esta historia es que la respuesta singularmente pobre de Estados Unidos al coronavirus no es resultado nada más de un mal liderazgo en las altas esferas de gobierno, aunque decenas de miles de vidas se habrían salvado si tuviéramos un presidente que se ocupara de los problemas en lugar de tratar simplemente de ignorarlos.

También nos va mal porque, como muestra el ejemplo de la pelagra, en la cultura estadounidense hay una larga racha de pensamiento contrario a la ciencia y la experiencia, la misma racha que nos hace estar excepcionalmente poco dispuestos a aceptar la realidad de la evolución o a reconocer la amenaza del cambio climático.

No somos una nación de ignorantes; muchos, probablemente la mayoría de los estadounidenses, están dispuestos a escuchar a los expertos y actuar responsablemente. Pero hay una facción beligerante dentro de nuestra sociedad que se niega a reconocer los hechos inconvenientes o incómodos y que prefiere creer que los expertos están de algún modo conspirando en su contra.

Trump no solo ha fracasado en su intento por afrontar el desafío político que supone la COVID-19. Con sus palabras y acciones, en particular su negativa a usar cubrebocas, ha alentado y potenciado la veta antirracional de Estados Unidos.

Y este rechazo a la experiencia, la ciencia y la responsabilidad en general nos está matando.

Paul Krugman es premio Nobel de Economía.
© The New York Times Company, 2018. Traducción de News Clips.

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