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sábado 19 jun 2021 | Actualizado a 04:33

Coronavirus, una ‘guerra’ perdida

No estamos en guerra contra el SARS-CoV2, porque sencillamente este no está en guerra con nadie, solo se reproduce siguiendo su función biológica

/ 29 de mayo de 2020 / 07:12

La pandemia del COVID-19 ha generado el uso y abuso de un lenguaje militar entre varios medios de comunicación, el Gobierno y las fuerzas del orden. Policías, militares y políticos continuamente hacen declaraciones donde aluden al “enemigo invisible” y a una “guerra” que estaríamos librando los bolivianos y el resto de los pobladores del planeta. Nos hablan de las “batallas” del personal médico, mientras se nos pide “sacrificios” si queremos vencer al enemigo; lo que significa “acatar” las medidas y tener “disciplina”.

El uso constante de esta terminología solo puede obedecer a una estrategia estatal para crear una conciencia de grupo (esprit de corps) entre una ciudadanía confinada, cuya moral está por los suelos después de más de dos meses de cuarentena. Después de todo, no existe evidencia alguna que demuestre que el nuevo coronavirus tenga cierto grado de inteligencia, al menos no el suficiente como para declarar la guerra a la humanidad y en particular a nuestras autoridades. No estamos en guerra contra el SARS-CoV2, porque sencillamente este no está en guerra con nadie, solo se reproduce siguiendo su función biológica, como muchos otros organismos vivos.

Ante la falta de un enemigo real, los promotores de esta supuesta “guerra” necesitan crear adversarios para justificar el despliegue de la parafernalia castrense. Lamentablemente, durante esta crisis sanitaria el Gobierno está convirtiendo a los bolivianos en sus antagonistas. El ciudadano que ose romper la cuarentena se convierte en el enemigo, a pesar de hacerlo porque necesita trabajar para no morir de hambre o porque sencillamente desea expresar su inconformidad con la situación.

Las últimas acciones del Gobierno parecen confirmarlo. ¿Cómo contribuye un desfile militar, como los que se realizaron en Cochabamba y La Paz el 9 de mayo, puede contribuir a mitigar las infecciones? ¿En qué ayuda limitar la libertad de expresión, mediante un decreto supremo, a bajar los contagios de COVID-19? La pandemia requiere una solución sanitaria, no una estrategia militar. Mientras tanto, lo que ocurre en el país es bastante desalentador.

El personal médico no cuenta con los elementos mínimos de bioseguridad para realizar su trabajo, arriesgando su vida a diario. La población es acusada de atentar contra la salud cuando ejerce su legítimo derecho a la protesta, mientras mira con incertidumbre que no hay medidas claras para mitigar el desempleo y la pobreza que surgirán luego de la cuarentena. Si es que en verdad estamos en una “guerra”, parece que ya la hemos perdido.

Mario Portugal Ramírez, sociólogo.

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Internet en tiempo electoral

/ 20 de agosto de 2019 / 23:48

En solo dos décadas, el teléfono celular se ha constituido en un medio para mantenernos comunicados e informados en tiempo real de lo que acontece a nivel mundial y doméstico. La Unión Internacional de Comunicaciones, entidad de las Naciones Unidas, señala que para 2017 el acceso a internet mediante celulares alcanzó a 4,3 billones de personas. En marzo, la Autoridad de Regulación y Fiscalización de Telecomunicaciones y Transporte (ATT) reportó que el 91, 16% de las conexiones a internet en Bolivia se realizan por telefonía móvil, cifra llamativa que debe contextualizarse: el país tiene el servicio más lento y caro de la región.

Un sistema democrático se fortalece con la participación informada de sus ciudadanos, por lo cual el internet tiene un rol importante. Con servicios como WhatsApp, Facebook o Twitter, el votante tiene a mano información política y electoral que le puede ayudar a decidir su voto, luego de una deliberación informada. Los actores políticos en campaña electoral son conscientes de la facilidad para llegar al votante, y usan estos medios para compartir sus consignas políticas. Sin embargo, hay una tendencia a propagar rumores e información falsa (fake news) para desprestigiar al adversario y así ganar más votos.

Lo preocupante es cuando el electorado concreta su voto en torno a esos rumores, debido a la poca costumbre para verificar los hechos y la renuencia a informarse por otros medios escritos, cuya lectura toma más de unos minutos. En consecuencia, los proyectos político-electorales reciben escasa o nula difusión, pues los contendientes políticos se concentran en perfeccionar el cotilleo, que se disemina para reducir los votos del adversario. De esta manera, el internet en época electoral se transforma en una caja de resonancia que inviste de veracidad al embuste. Son tiempos de la posverdad, en los que se soslayan los hechos para manipular los sentimientos y las creencias del electorado.

Como electores, debemos evitar la diseminación de rumores y noticias falsas, susceptibles de repercutir aún más en nuestro incipiente sistema democrático. Un primer paso es verificar los hechos, buscando fuentes alternativas de información que nos den una perspectiva de la situación y sus causas. También es aconsejable someter el mensaje político a discusión, sea con otros votantes o con los mismos candidatos, para no simplemente compartirlo como verdad indiscutible. Por último, deberíamos interpelar y denunciar a quienes tergiversan los hechos para obtener nuestro voto. El propio internet nos permite vigilar sus acciones políticas pre y postelectorales. Debemos usar la tecnología disponible para vigorizar la democracia en el país.

* Sociólogo y escritor.

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