Voces

domingo 5 jul 2020 | Actualizado a 10:33

Diplomacia a la distancia

La actividad diplomática de las relaciones entre los Estados, sea ésta bilateral o multilateral, se ha visto significativamente afectada por la pandemia.

/ 30 de mayo de 2020 / 07:47

Ni George Orwell ni Franz Kafka, en sus más atrevidas predicciones para el futuro o en sus macabras alucinaciones, pudieron imaginar el mundo en que ahora vivimos, bajo el manto fúnebre del COVID-19. Pandemia que, obviamente, afecta la actividad diplomática de las relaciones entre los Estados, sea ésta bilateral o multilateral. En esta última modalidad, el confinamiento universal ha provocado el cierre casi total de los espacios físicos reservados al trajín de los cabildeos y al acomodo de amplios salones arreglados para acoger a los delegados de 195 naciones independientes. Esto sucede tanto en el Palacio de Cristal de las Naciones Unidas en Nueva York, al ocre palacete horizontal en Ginebra, o a la sede de la Unesco en París.

Sin embargo, los miles de funcionarios del sistema onusiano, habiendo sido relegados a sus respectivos hogares desde mediados de marzo, deben someterse a las nuevas reglas que el tele-trabajo impone. Igual cosa acontece con los delegados permanentes acreditados que, privados de sus sendos despachos, están condenados a pegarse a las pantallas de sus ordenadores y a sus celulares para leer su correspondencia o para comunicarse con sus colaboradores.

Curiosamente, a falta de vinculación presencial, la labor rutinaria se ha incrementado, como fruto del ocio al que los burócratas están sometidos. Ahora, unos y otros cuentan con mayor tiempo para revisar expedientes otrora olvidados o negligentemente acumulados en los desvanes del olvido. También las decenas de reuniones multilaterales programadas con gran antelación debieron volver a planificarse, unas sine die (sin plazo), y otras previniendo la adopción de ejercicios virtuales vía Skype o Zoom. Plataformas en las que los participantes se escuchan mutuamente sin verse; o cuando lo hacen, el moderador puede cortarle el sonido o la imagen, según su humor.

Teniendo en cuenta la complejidad técnica de estos medios, el tiempo de intervención es medido en minutos y segundos, la mayoría de las veces insuficientes para exponer un argumento convincente acorde con la sintonía intelectual o política del impetrante. Este innovador intercambio de ideas y razonamientos está en perfecto desacuerdo con la tradicional praxis diplomática que consiste esencialmente en convencer y seducir hacia su campo a sus interlocutores circunstanciales. El distanciamiento obligatorio exime, además, de la tentación inevitable que el contacto físico causa a menudo: simpatías o antipatías sin causa aparente. Pero también priva a los intervinientes de su posible excelsitud oratoria y del histrionismo que va aparejado en los maestros de la retórica.

En todo caso, efecto de la pandemia, la secretaría de los organismos internacionales ha adquirido mayor poder en la toma de decisiones que de otra manera deberían haber pasado por el tamiz de los órganos controladores: sea el buro o el consejo ejecutivo respectivo. En el orden meramente administrativo, si bien cierto tipo de teletrabajo puede reemplazar la labor presencial, existen numerosos puestos de secretarias, recepcionistas, guardianes, limpiadores, etc. que resultan redundantes con el encierro, y que sin embargo inciden en la planilla de pagos que sigue corriendo. Ante la incertidumbre acerca de la duración del COVID-19 y de su secuela de confinamientos, la crisis económica que se avizora seguramente golpeará la fluidez de los aportes financieros de los Estados a las agencias internacionales. Entonces, la diplomacia a distancia podría cobrar mayor relevancia.

Carlos Antonio Carrasco, doctor en Ciencias Políticas, miembro de la Academia de Ciencias de Francia de Ultramar.

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El rey en su laberinto

El rey emérito Juan Carlos está atrapado por millonarias sumas depositadas en fundaciones bajo su control

/ 28 de junio de 2020 / 07:34

En los ajetreos diplomáticos me crucé varias veces con aquel apuesto monarca, desbordante en simpatía, de contagioso sentido del humor, hacedor de la historia contemporánea del Reino de España y forjador garante de su democracia moderna. Siguió a su padre Don Juan al exilio en Portugal, donde el dictador Franco lo cautivó para ser el artífice de la transición democrática. Popular en las reuniones presidenciales iberoamericanas, era mediador entre sus pares y conciliador de diferendos. Lo visitamos con el entonces presidente Sánchez de Lozada en su Palacio de la Zarzuela y luego con su sucesor Carlos Mesa, lo recibimos en Santa Cruz, el 17 de noviembre de 2003 para que dirija la 23ª Cumbre Iberoamericana. Ser jefe de protocolo ofrece la oportunidad de testimoniar eventos históricos sin necesariamente ser protagonista de éstos. En otra ocasión, alterné con él durante los funerales del mandatario galo François Mitterrand. Todos esos recuerdos de imagen vuelven a mi memoria cuando leo en la prensa europea el calvario que está sufriendo el rey emérito Juan Carlos atrapado por millonarias sumas depositadas en fundaciones bajo su control.

Como “la donna e mobile” no sorprende que su antigua amiga Corinna zu Sayn- Wittgenstein (56) aristócrata alemana, sea la principal divulgadora de sus secretos bancarios, además de ser también la más notoria beneficiaria, pues la largueza royal depositó en su cuenta de Bahamas 65 millones de dólares. En efecto, el viejo Rey, cercano amigo de varios monarcas de los estados petroleros del Golfo, recibió suculentos regalos —entre ellos— 100 millones de dólares del Gobierno saudí, una maleta depositada en Suiza con 1,74 millones de euros de parte del emir de Bahrein, la propiedad “La Mareta” en las Canarias, obsequiada por el rey jordano Hussein, el yate “Fortuna” de manos del saudí Fouad, etc. Éstas y otras gollerías aterrizaban en su Fundación Lucum registrada en Panamá. Todas esas transacciones fueron reveladas por la aristócrata sajona a Manuel Villarejo, excomisario de la Policía española, infidencias que fueron recogidas por instancias judiciales suizas que investigan a fondo el asunto.

Añádase a ello que Felipe VI se desmarcó ostensiblemente de esa Fundación y además anuló a su padre el emolumento anual que éste percibía de la Casa Real, como anteriormente había retirado a su hermana Cristina, el título de Duquesa de Palma de Mallorca, cuyo marido el basquetbolista Iñaqui Urdangarin fuera condenado a cinco años de cárcel por malversación de fondos fiscales.

En su descargo podría afirmarse que las ligazones peligrosas cultivadas por Juan Carlos con los jeques árabes lo convirtieron en el mejor lobista que tuvo España para obtener jugosos contratos en ventas de armamentos y otras bien retribuidas inversiones.

Aquellos infortunios reales han ciertamente restado el respaldo popular a la monarquía, que algunos sondeos le otorgan —ahora— solo el 4,34 sobre 10 de apoyo. Sin embargo, esa ficción gubernativa continúa siendo símbolo de estabilidad institucional y cordón umbilical de la unidad nacional en el Reino, no obstante que, según encuestas, si se convocase a un referendo, los partidarios de la monarquía sumarían 47% frente a una cifra semejante de republicanos. Un empate catastrófico que agrava las actuales circunstancias de la política doméstica hispana.

Carlos Antonio Carrasco,
es doctor en Ciencias Políticas, miembro de la Academia de Ciencias de Francia de Ultramar.

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Libros para después de la pandemia

El vespertino parisino Le Monde auscultó la opinión de 40 escritores acerca de un libro que aconsejarían

/ 14 de junio de 2020 / 06:11

¿Qué Mundo vendrá después? es la tenebrosa interrogante en la mente de los aterrados terrícolas quienes a diario esquivan la muerte en todo momento y cualquier lugar.

Bajo esa pregunta, el prestigioso vespertino parisino Le Monde auscultó la opinión de 40 afamados escritores acerca de un libro que cada cual de ellos aconsejaría a sus lectores. Entre las obras escogidas y las razones para ser incluidas se registra piezas maestras de la bibliografía universal y otras no tanto. En todo caso, la encuesta sirve para ponerse a tono con lecturas olvidadas o descuidadas o simplemente para descubrir otras de las que desconocíamos su valor o su sola existencia. Comienzo por destacar los 14 títulos más divulgados:

1.- La divina comedia, de Dante Alighieri (1472). Esta reseña nos dice lo esencial de nosotros mismos desde su inicio fervoroso: “Nel messo del cammin di nostra vita/mi retrovai per una selva oscura…”

2.- La vida por delante de Roman Gary (1975), quien fuera Agregado Cultural de Francia, en La Paz.

3.- Viajes en Italia de Stendhal (1817). Un homenaje a la bella Italia tan duramente golpeada por la horrible pesadilla.

4.- Los alimentos terrestres de André Gide (1897). Leerlo es evadirse para retroceder y repensar nuestra existencia en términos más dulces y humanos.

5.- Las almas muertas de Nicolás Gogol (1842). ¿Cuánto valen las macabras estadísticas que cada tarde nos traen las noticias del COVID-19?

6.- Las grandes esperanzas de Charles Dickens (1861). Cuando el héroe comprende que se equivocó en todo y que no le queda sino revenir sobre sus pasos.

7.- Al otro lado del espejo de Lewis Carroll (1871). La memoria se ejerce simultáneamente entre el pasado y el futuro y en medio del laberinto, la salida es difícil.

8.- Don Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes (1605-1615). Como el hidalgo, tendremos que inventarnos un futuro y mirar con nostalgia el pasado.

9.- De la democracia en América de Alexis de Tocqueville (1835). Se dice que en la historia no hay causas sino efectos. Uno de ellos será la invención de una nueva arquitectura democrática, con receta universal.

10.- Los ojos de Elsa de Louis de Aragón (1942). Solo la poesía nos ayudará a cruzar los puentes: celui que croyait au ciel/celui qui n’y croyait pas/tous deux adoreaient la belle/prisionniere des soldats.

11.- Cándido o el optimismo de Voltaire (1759). Después del terremoto de Lisboa (1775), el subsiguiente tsunami y otras calamidades, la reflexión del viejo cínico es que el objetivo no sea el poderío, sino el goce de la vida de cada cual.

12.- Le Cantique de l’apocalypse joyeuse de Arto Paasilinna (2009). Donde una pluma finlandesa describe lo cotidiano de una aldea que sobrevive a la debacle universal.

13.- Nunca volveré a ver el mundo de Ahmed Altan (2019). Textos redactados en una prisión turca, el peor de los infiernos que no apaga el ansia de vivir, pese a la escasa perspectiva.

14.- La constelación del perro de Peter Heller (2013). Novela que es una canción pastoral de elegía del apocalipsis que deja como elementos terminales solo la amistad y el amor.

Carlos Antonio Carrasco
es doctor en Ciencias Políticas, miembro de la Academia de Ciencias de Francia de Ultramar.

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La crisis del multilateralismo

La seguridad humana ha sido relegada para dar prioridad a cuestiones estratégicas y al equilibrio de poderes.

/ 16 de mayo de 2020 / 07:02

Alarma y sorprende que ante la gigante amenaza que significa para la humanidad entera el COVID-19, las grandes potencias, detentadoras del poder económico y militar, no hubiesen acordado una acción coordinada para enfrentar tamaño flagelo. El tardío encuentro el 10 de abril en videoconferencia entre los miembros permanentes del Consejo de Seguridad fracasó estrepitosamente, al no poder arribar a un texto común en el comunicado final. Entre otros argumentos, Washington insistía en mencionar el origen chino del virus, punto al que China se opone, aduciendo que no se podía politizar tan grave tema.

Pocos días después, Estados Unidos retiraba su aporte financiero a la Organización Mundial de la Salud (OMS) (17% de su presupuesto), acusándola de complacencia con Pekín y mala gestión de la crisis. La actitud estadounidense no es si no resultado de la terca posición de Donald Trump respecto al multilateralismo en general. A inicios de su mandato, se retiró de los acuerdos de París contra el cambio climático, del problema nuclear iraní, de la limitación de armas nucleares intermedias con Rusia, y de su membrecía en la UNESCO.

Entretanto, Pekín se propuso llenar los vacíos que dejaba Washington, lanzando iniciativas como la “Nueva ruta de la seda”. Paralelamente, Xi Jinping movía sus alfiles para controlar cuatro de las 15 agencias internacionales; a saber: la Organización de la Aviación Civil Internacional (OACI), la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT), la Organización de Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial (ONUDI), y la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO). Todas ellas encabezadas ahora por un funcionario chino. El COVID-19 ha permitido a China desplegar la agresiva “diplomacia de las máscaras”, brindándole la ocasión de asistir con donaciones y ventas rápidas de implementos sanitarios no solo a países del tercer mundo, sino también a naciones occidentales.

El multilateralismo no afecta la soberanía de los Estados, porque se funda sobre la cooperación interestatal. Las normas jurídicas, según los procedimientos acordados, se pueden imponer a todos, pero únicamente si los gobiernos así lo aceptan. Solamente el Consejo de Seguridad, cuyas resoluciones son vinculantes para los países miembros de la ONU, puede imponer reglas contundentes. De ahí su importancia para lidiar globalmente contra el COVID-19. En cuestiones relativas a la salud, los Estados son más reticentes a ceder soberanía, por las muchas aristas que conciernen, como movimientos migratorios, higiene, educación y libertad de circulación, entre otros.

Ahí radica la debilidad de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Bueno es recordar que, en el sistema de Naciones Unidas, es el pariente pobre, que solo cuenta con $us 4.000 millones para sus programas y gastos operativos. Aunque su tarea primordial es la producción de normas y sobre todo de alerta temprana acerca de epidemias y otras calamidades sanitarias. Si la razón de ser del sistema onusiano es la seguridad colectiva para el mantenimiento de la paz, la actual pandemia significa también una amenaza importante para el mantenimiento de la paz y la armonía internacional. Como apunta el secretario General de la ONU, Antonio Gutiérrez, lamentablemente la seguridad humana ha sido relegada para dar prioridad a cuestiones estratégicas y al equilibrio de poderes.

Bajo las circunstancias anotadas, cabe destacar que el mandatario galo, Emmanuel Macron, insiste en la idea de salvar el multilateralismo, considerado como el arte para que los Estados manejen colectivamente las crisis. Esa es la base por la cual Francia promueve una cumbre del P-5 (es decir, los miembros permanentes del Consejo de seguridad). Aunque mañana siempre es tarde, queda la esperanza que la sensatez prime sobre el egoísmo de los cinco grandes.

Carlos Antonio Carrasco, doctor en ciencias políticas, miembro de la Academia de Ciencias de Ultramar de Francia.

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Pandemia: el retorno de los cuervos

Semanas de encierro compulsivo en este confinamiento planetario despierta odios, celos, envidias, rencores y antipatías antes guardadas furtivamente

/ 2 de mayo de 2020 / 07:27

Entre las secuelas que trae la pandemia del nuevo coronavirus está la afloración de los más bajos instintos en los hombres y mujeres que juegan en el planeta esa especie de ruleta rusa cuyo concurso sin convocatoria expresa es obligatorio, además de letal. Semanas de encierro compulsivo en este confinamiento planetario despierta odios, celos, envidias, rencores y antipatías antes guardadas furtivamente. La observancia impuesta, de cumplimiento riguroso, con severas penas para los infractores provoca irritación en quienes cumplen, mansamente, la condena contra aquellos que no la acatan. Entonces, el fenómeno de la delación se expande hasta límites obscenos, en unos países más que en otros.

Ello sucede particularmente en Francia, cuya remembranza histórica más marcada es el comportamiento social durante la ocupación nazi en la Segunda Guerra Mundial. Se dice que en los archivos policiales figuran casi 5 millones de cartas anónimas con denuncias sobre vecinos que ocultaban judíos, que traficaban en el mercado negro o que frecuentaban medios homosexuales. Es entretenido saber que a aquellas personas dedicadas a tan innoble tarea se las apodaba “corbeaux”, cuervos en francés, debido a que en un bullado caso los laboratorios policiales descubrieron en 1922 a la autora de cientos de misivas, que durante cinco años circularon entre el vecindario denunciando no solo los actos ilegales, si no también intimidades como el adulterio, el incesto y otros secretos que sembraron horrendos pleitos entre los habitantes de un pequeño poblado.

Llevada a los tribunales, Angele Laval se presentó con un singular atuendo: toda vestida de negro y velo de viuda. De ahí se acuño el término “cuervo”, inmortalizado en 1943 en la película de Georges Cluzot. Desde entonces, las delaciones anónimas se atribuyen a los cuervos que, en esta época de confinamiento, han reaparecido en bandadas impresionantes: la prensa local comenta que las centrales telefónicas encargadas de acopiar denuncias de este estilo se encuentran colapsadas por miles de llamadas, la mayor parte, obviamente, anónimas.

En Francia, la delación sigue siendo una pasión, estimulada en ciertos dominios como por ejemplo los delitos fiscales en materia de impuestos. Inclusive el fisco promete compensaciones a denuncias que culminen con el descubrimiento de un fraude, justificando esa actitud como un premio al deber cívico en pro del bien común y de la justicia social. Otros elementos de acusación son los actos terroristas y atentados conexos, las acciones contra abusos sexuales con menores o personas vulnerables.

Con la vulgarización del uso de las redes sociales, la proliferación de las fake news (noticias falsas) y la exaltación de los whistle blowers (soplones), y de famosos como Julian Assange o Edward Snowden, la frontera entre el deber ciudadano y la acusación bastarda se hace muy difusa. Y lo que antes era considerado como una sigilosa ocupación despreciable, parece transformar en amables palomas a los sicofantas representados en los siniestros cuervos.

Carlos Antonio Carrasco, doctor en Ciencias Políticas, miembro de la Academia de Ciencias de Ultramar de Francia.

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Un embajador vs el narcoministro

Raymond Cesaire fue un hábil diplomático que brilló en Santiago, en Lima, en el Congo y en otros destinos

/ 18 de abril de 2020 / 07:39

En la misma semana corona-viral fallecieron el embajador francés Raymond Cesaire, en París, y el exministro del Interior de Bolivia Luis Arce Gómez, en una clínica paceña. Como ambos, fui testigo y actor en ese aciago 17 de julio de 1980, jornada del más sangriento golpe de Estado perpetrado en la historia de Bolivia.

En tanto que ministro de Educación y Cultura, a tempranas horas de ese día acudí al llamado angustioso de la presidenta Lydia Gueiler, para asistir a una reunión de gabinete. Minutos antes se había amotinado la guarnición de Trinidad y el cuartelazo inició su marcha. Los ministros militares se encontraban ausentes, y el único que estaba presente, el de Defensa, se apresuraba en hacer aprobar su decreto para compras —decía— impostergables.

Hacia mediodía, nos llegó la noticia del asalto a la COB, y del asesinato de Marcelo Quiroga Santa Cruz. Más tarde irrumpió fieramente en el Palacio Quemado un contingente de paramilitares al mando del conocido delincuente “Mosca” Monroy. La Presidenta nos encomendó a Oscar Peña Franco y a mí indagar la situación. No fuimos muy lejos. En la sala de edecanes una golpiza ensangrentó a Oscar y, simultáneamente, el “Mosca” encañonó su metralleta en mi vientre hasta que el edecán Agustín García me liberó, amenazándolo a su vez con su pistola. Momento en que el asesino se explicó: “No se meta capitán, nos mandan los ‘luchos’”. Se refería a Luis García Meza y a Arce Gómez.

Prontamente logramos sacar a la presidente Gueiler de su despacho a la azotea del Palacio, donde permaneció hasta su traslado a la nunciatura apostólica. En el entretecho palaciego permanecimos ocultos en posición fetal tres ministros (los otros dos eran Salvador Romero Pittari y Jaime Ponce García). Por la tarde recién pude telefonear a mi amigo el embajador francés Cesaire, solicitando asilo diplomático.

La negativa del Gobierno golpista a concederme salvoconducto forzó mi confinamiento en la residencia francesa de Obrajes por largos tres meses junto con otros combatientes. Cesaire, quien raudamente encabezó la acción diplomática de sus colegas, nos traía diariamente noticias manifiestas y encubiertas. Un día, luego de entrevistarse con Arce Gómez (a quien hostigaba regularmente) me advirtió de la animadversión que sentía hacia mi persona, y me ofreció exfiltrarme en una operación clandestina autorizada por París y organizada prolijamente por el propio embajador.

Una fría madrugada me embarqué junto con el médico comunista Mario Barragán, también asilado, en el Mercedes Benz con chapas diplomáticas que conducía Claudie Cesaire, esposa del embajador. Vencimos el riesgo de tres retenes militares hasta llegar a orillas del Lago Titicaca, donde nos esperaba un botecillo y otros cuatro compañeros. Atravesamos las aguas sagradas con mil vicisitudes para arribar a Puno. Operación exitosa.

Años después, coincidimos con Raymond Cesaire en varios niveles diplomáticos, incluyendo la coyuntura vecinal en la capital gala. Vivía él en la avenue Bosquet y yo, en Champs de Mars. También fuimos colegas en la Academia de Ciencias de Ultramar y en la Legión de Honor, donde ambos ostentamos el alto grado de comendador. Raymond fue hábil diplomático que brilló en Santiago, en Lima, en el Congo y en otros destinos. Cabeza de una familia ejemplar, deja un gran vacío para sus hijos, Jean Marc, Benedicte y Bertrand, y en los amigos que supo cultivar y que admiraban su talento, su coraje y su estilo reverente de gran señor.

Carlos Antonio Carrasco*

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