Voces

domingo 5 jul 2020 | Actualizado a 09:00

Periodismo en tiempos del COVID-19

El trabajo informativo es vital en circunstancias especiales como la actual

/ 30 de mayo de 2020 / 07:44

En estos días de cuarentena obligada, estamos casi forzados a buscar buena información sobre lo que sucede con la proliferación de la pandemia COVID-19 en el país y el mundo. El trabajo informativo es vital en estas circunstancias especiales. ¿El periodismo boliviano está preparado para afrontar circunstancias de emergencia como las del COVID-19? Hay una enorme cantidad de información, incluyendo a las redes sociales. Pero esta información es sumamente discutible, porque gran parte no todo tiene asidero y otra parte es meramente repetitiva y especulativa. Algunos medios escritos y unos cuantos canales de televisión se han esforzado por brindar mayor credibilidad en la información. Ponderamos a algunos/as periodistas de la calle, que prácticamente se han convertido en periodistas de la guerra. El buscar fuentes directas desde el lugar de los hechos es sumamente importante y riesgoso, pero permite ver qué sucede para que cada quien saque sus propias conclusiones.

En los medios televisivos sus periodistas se han dedicado a brindar información desde sus casas. ¿Qué puede informar un comunicador desde su hogar? ¿Presentarnos a su familia? Con lo cual repiten lo que ha pasado en alguna región del país. A nivel técnico, tales despachos desde las casas son bastante defectuosos, pues se habla con mucho eco e imágenes borrosas, en fin. ¿Los dueños de los canales obligan a que se hagan despachos desde la casa? ¿Todo con el afán de mantenerse activos y trabajando? ¿No sería mejor informar con coberturas desde las calles? Posiblemente esto sea difícil hacerlo, porque todos nos cuidamos. ¿Pero acaso no estamos en tiempos de guerra bacteriana? No sé si en las carreras de comunicación se enseña cómo desenvolverse en circunstancias especiales. Si no se lo hace, sería bueno abordar este asunto.

Toda la banalidad periodística ha quedado algunos días arrinconada, aunque no deja de manifestarse en los programas de cocina, en los que se insiste en comer comida chatarra, pero no se dice nada sobre cómo alimentarnos mejor. Creo que sería de gran provecho si algún medio de comunicación se propone enseñar/educar sobre qué deberíamos comer de aquí hacia adelante, para tener mejores defensas en nuestro organismo. Siempre se va a lo fácil, como “lávate las manos”, práctica que si bien es necesaria, es muy circunstancial

En esta etapa del COVID-19 constatamos que no existe un periodismo educativo. Por lógica, el canal Universitario debería cumplir ese rol, pero solo repite viejos moldes de comunicación y conservadorismo. Tampoco existe un periodismo analítico y crítico. El canal oficial todo el tiempo alaba hechos que no pasan en la realidad. En los conflictos del año pasado varios comunicadores decían que hacían periodismo de vanguardia, ¿dónde está ese vanguardismo en tiempos del COVID-19?

El periodismo deportivo también ha desaparecido por la inocuidad. ¿Qué van a informar sobre aquellas prácticas deportivas en las que se gana mucho dinero y de las que el comunicador deportivo siempre ha usufructuado, pero hoy ya no es importante?

Ni qué decir de los programas de comentarios políticos, que también intentan reciclarse en análisis de salud. Estos sofistas contemporáneos han quedado arrinconados por la velocidad del COVID-19. También oímos hablar de “científicos”, que son los grandes asesores contra el COVID-19. ¿Será que asesoran? No escuché ningún programa periodístico con estos científicos. Lo que sí hemos escuchado es que un embajador-científico boliviano podría involucrado en el escándalo por la compra de los 170 respiradores con sobreprecio. Vaya ejemplo de “científicos” que tenemos. Uka ch’imi laq’u usuxa wali mirtañ muni, laka tapantasiñamawa, ampara jariqasiñamawa sasaw uruy arumas parlistu. Suma manq’añasawa, ukampixa ch’urkatañaniwa uka laq’u ch’mi usuruxa.

Esteban Ticona Alejo, aymara boliviano, sociólogo y antropólogo.

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Adrián Villanueva Quisbert

Llamó la atención su profunda humildad; tenía una enorme experiencia de haber vivido en varios países

/ 28 de junio de 2020 / 07:31

En pasados días el mundo artístico de nuestro país, sobre todo en la región andina boliviana, quedó consternado ante la desaparición del músico y fabricante innovador de instrumentos musicales Adrián Villanueva Quisbert, acaecida en Londres, Inglaterra. Quiero testimoniar algunas facetas, tal vez poco conocidas, y lo que hacía en estos últimos años en nuestro país.

Había oído hablar de él, pero lo conocí en ocasión de un curso sobre diplomacia cultural de los pueblos, organizado en la Cancillería de nuestro país. Los postulantes al diplomado tenían que pasar por una evaluación mediante una hoja de vida artística en ejercicio y una entrevista. Me llamó la atención su profunda humildad, pues tenía una enorme experiencia de haber vivido en varios países del mundo como músico y sobre todo en Europa, convirtiéndose en uno de los embajadores natos de nuestros pueblos y su creación artística. A pesar de ese recorrido en la difusión de nuestro arte en el mundo, no dejaba de expresar que teníamos que seguir aprendiendo y reconociendo el arte de los pueblos ancestrales de nuestro país.

Ya en el curso de formación, siempre mostraba gran voluntad para compartir sus experiencias, rememoraba sus orígenes de aymara urbano y las enseñanzas de sus padres y abuelos en el quehacer artístico. Le gustaba comunicar a los más jóvenes sobre su vivencia y cómo sobrellevó algunas situaciones difíciles en el viejo continente.

Tuvimos la oportunidad de viajar a Santiago, Chile, en ocasión del primer encuentro de Academias diplomáticas de Bolivia y Chile en el año 2009. Él fue parte de una pequeña delegación de estudiantes de diplomacia. En la ocasión llevó algunos de sus charangos, quenas y un pututu de plata fabricados por él y expuso en uno de los salones de la Academia diplomática de Chile. Los charangos de Adrián llevaban el aditamento de tener los retratos de Pablo Neruda, Salvador Allende y Violeta Parra, que llamó la atención de los chilenos de la diplomacia. Pasadas las sesiones académicas nos tocó confraternizar y fue la ocasión para improvisar un grupo musical. Adrián, con su infaltable quena, junto a la charanguista Flor Isabel, la guitarra de Edwin Pantoja y la voz de Esther Marisol posibilitaron oír nuestra música y bailar la cueca boliviana. También visitamos el Palacio de la Moneda, la casa de Pablo Neruda, el museo de Violeta Parra y un centro minero de cobre. En todas estas visitas llevaba su pututu de plata, que llamaba poderosamente la atención, sobre todo en la Moneda.

Después del diplomado, casi siempre estaba de viaje, por ejemplo, a Japón e Inglaterra. Me comentó “que tenía más herramientas para seguir difundiendo nuestro arte y música fuera del país”. Al regreso de sus viajes intercambiamos ideas y recuerdos en un puesto de los libros usados del mercando Lanza. Él buscaba discos de vinil antiguos y yo libros, era el tiempo para conversar sobre varios temas. En otras ocasiones le acompañaba su hija pequeña, que no dejaba de mirar libros y él los compraba. También buscaba obras de música. Recuerdo que me encargó en varias ocasiones un libro antiguo, diciendo “si encuentras en estos puestos u otro lugar La música de los incas y su supervivencia de Raoul Marguerite D’ Harcourt”, que según él, lo había visto en París, pero que no pudo comprarlo.

Otro recuerdo grato fue que desfilamos un 23 de marzo, memoria de nuestra pérdida marítima. Hicimos un lugar especial para la Academia Diplomática Plurinacional, él tenía su pututu de plata e iba adelante, llamando la atención de la gente, pues en un desfile de estas características no suele marcharse con este tipo de instrumentos. Así de sencillo y de convicciones claras fue Adrián. Munat jilata, wiñay markamaruwa sarawayxtaxa. Jikisiñkama jilata. ¡Jallalla Adrián!

Esteban Ticona Alejo
es aymara boliviano, sociólogo y antropólogo.

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De frente en el ch’amak pacha Jikisiñkama: adiós Juan de Dios Yapita

Fue uno de los primeros lingüistas aymaras que junto a otra aymara, Juana Vázquez y la estadounidense Martha Hardman introdujeron al mundo académico el estudio del idioma aymara

/ 13 de junio de 2020 / 06:29

En el mundo aymara cuando alguien muere, se dice wiñay markaparuw sarawayxi, se fue a su eterno hogar. Es lo que ocurrió con Juan de Dios Yapita Moya, quien nos dejó de este mundo terrenal en pasados días. Fue uno de los primeros lingüistas aymaras que junto a otra aymara, Juana Vázquez y la estadounidense Martha Hardman introdujeron al mundo académico el estudio del idioma aymara a fines de la década de los 60 y principios de los 70 del siglo XX, con el título de Aymara, compendio de estructura fonológica y gramatical, originalmente publicado en 1974 y reeditado en 1988.

Cuando era niño oía a mi madre decir “el profesor Yapita está enseñando aymara gratis en la escuela de la zona”. ¿Enseñar aymara en una época donde el castellano era la lengua ultra hegemónica? Sí, ese fue el valor y el coraje de Juan de Dios de apostar a la re-valorización de un idioma ancestral discriminado. Tenía mucha curiosidad de saber e ir a esas clases; pero no hubo ocasión.

Varios años después, tuve el privilegio de que sea mi profesor en la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA), en la carrera de sociología donde dictaba clases. Recuerdo que en la primera clase que tuvimos le comenté que hablaba aymara pero no sabía escribir, y me dijo “puedes dar un examen de clasificación” y así fue, me sometí a un examen de conocimiento del idioma y me llevó al último nivel donde solo enseñaba la escritura y la gramática. Recuerdo el Manual del Alfabeto y Fonémico aymara (1982) que fue el ABC con el que aprendí a escribir.

Fue la oportunidad de conocer algunas de sus obras como Estructura morfológica verbal aymara (1985). Además de T”ak”iparjam Arktañataki. Guía gramatical del aymara I, II y IIIAmuyt’añataki de 1986, que es una recopilación de frases y reflexiones profundas del mundo aymara.

Nos hicimos muy amigos, lo visitaba en la institución que dirigía, el Instituto de Lengua y Cultura Aymara (ILCA), pionera en las instituciones culturales nativas del país. Esta entidad formó varias generaciones de aymaras rurales y urbanos que reflexionábamos en torno a la identidad y con fuerte énfasis en la re-valorización de las lenguas nativas y la investigación propia.

Me contó que su primera profesión fue de contador general, pero su pasión fue la lingüística y los idiomas. Tuvo una larga estadía en Estados Unidos, en el Centro de Estudios Latino Americanos en Gainesville, Universidad de Florida. Fue el espacio que le dio la oportunidad de investigar, de sistematizar y de enseñar el aymara fuera del país. A pesar que él había iniciado su enseñanza de manera libre en una escuela marginal de la ciudad de La Paz, solo a su regreso de Estados Unidos le dieron algo más de importancia. Estas son las paradojas del colonialismo interno que tuvo que soportar y que aún vivimos en el país.

El ILCA publicaba un boletín titulado Yatiñasawa (Debemos saber), que era una gaceta de noticias del momento y todo en aymara, creo que fue la pionera en hacer periodismo en lenguas nativas. También fue editor de aymara newsletter. No menos interesantes son sus libros Enseñanza del aymara como segunda lengua (1986), dirigido sobre todo a los no aymaras, y Vocabulario castellano, inglés, aymara, publicado por Indicep en 1978.

ILCA también publicaba trabajos de otros autores como Desarrollo del alfabeto aymara de Félix Layme (1980); Una introducción programada a la lingüística. Fonética y fonémica de Cynthia D. Buchaman (1983); Aymar tayka de Basilia Copana (1986); El idioma aymara, variantes regionales y sociales de Lucy Therina Brigs, entre otros.Tata Yapita, wiñayatakiwa lurawinakamaxa ukhamaraki amtawinakamaxa. Aruskipasixpñanakasakipunirakispawa, ¡Jallalla Tata Yapita

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Médicos, entre la insensibilidad y las chambonadas

El momento que esta pandemia empiece a bajar es cuando el 60% o más de la población esté contaminada.

/ 16 de mayo de 2020 / 07:06

Los efectos de la pandemia provocada por el coronavirus SARS-CoV2 están reflejando la cruda realidad de la sociedad, la cual no se trasluce fácilmente en tiempos normales. El médico griego Hipócrates, quien vivió en el siglo V a.C., escribió cuáles debían ser las obligaciones de los que ejercen la medicina. En el juramento hipocrático destaca el “no llevar otro propósito que el bien y la salud de los enfermos”. Fue la base de la obligación que Hipócrates les hizo hacer a sus discípulos. Implícitamente, el compromiso hipocrático está en contra de la eutanasia.

¿Cuál es la conducta de los médicos que juraron a los principios de Hipócrates? Algunos cumplen aquel mandado de defender la vida, pero creo que una gran mayoría ha quedado atrapada en la comercialización capitalista de la salud. Después de oír algunas declaraciones de nuestros médicos que fungen como autoridades del Estado, uno queda horrorizado y hasta impaciente por saber de la actitud tomada, e incluso duda de la formación profesional que recibieron.

¿Qué declaró el ex ministro de salud Aníbal Cruz? “Yo calculo 900 pacientes para los próximos siete días, y calculo para el próximo mes, en 30 días, 9.000 pacientes. En cuatro meses calculo 48.000 pacientes y si hablamos de la tabla de decesos, en 30 días tendríamos 720 fallecidos de acuerdo con el porcentaje que estamos manejando. Lo que quiere decir que en los próximos cuatro meses tendríamos 3.840 fallecidos”.

¿Cómo interpretamos esta desafortunada declaración? La lógica de una autoridad de Estado de salud pasa por números, cálculos y proyecciones estadísticas de los muertos. ¿En qué quedó la apuesta por la vida? ¿Será común en estudios de la pandemia utilizar puros cálculos que prácticamente insensibilizan al ser humano? ¿La afirmación es una apología de la muerte? Para los médicos, somos nomás números y cifras, además de montos en dinero.

El actual ministro de salud, Marcelo Navajas, expresó: “Desde el primer día en mis declaraciones ustedes han recibido la verdad sobre la pandemia y lo que va a suceder. El momento que esta pandemia empiece a bajar es cuando el 60% o más de la población esté contaminada. A partir del 80%, 70%, vamos a decir que la hemos ganado. Y lamentablemente en ese combate y durante ese tiempo vamos a tener muchos fallecidos y vamos a tener todavía más fallecidos…”.

¿Cómo desciframos? Muy similar a la primera declaración, y al decir “lo que va a suceder” nos lleva a pensar que más que una interpretación del especialista de medicina es la versión de un nigromante que solo ve muertos. Lo más grave es decir que cuando el 60% o más de la población se contamine, vamos a derrotar a la COVID-19. Esta explicación denota una total insensibilidad y nos lleva a muchas otras interrogaciones. Por ejemplo, si la solución pasa por el contagio del 60% o más de la población, entonces ¿para qué estamos en cuarentena?

En esta lógica simplista, con contagiarnos hasta llegar al 60% y más se acabará la infección. Incluso con ese mismo razonamiento así ganaríamos tiempo frente a la pandemia y no estaríamos tantos días encerrados. ¿Para qué tanto gasto y despilfarro de dinero si la solución es contagiarnos? ¿Para qué equipar hospitales, contratar más médicos y personal de salud si la solución es contagiarnos hasta el 60% o más? Urge saber si en algún momento funcionó esa lógica de que para detener una pandemia hay que contagiarse hasta el 60% o más, porque eso autogeneraría la cura.

¿El ex ministro de salud Aníbal Cruz y el ministro Marcelo Navajas apuestan implícitamente por la eutanasia colectiva con el COVID-19? Pareciera que existe el deseo de que más gente se infecte, porque así son los resultados de sus cálculos científicos. Kamachiñanisa uka ministru tukturanakampixa. Sapxistuwa: katuñani uka usu, ukhamatwa k´umarachasiñanixa. ¿Kamsapxtasa uka ñanqha amuyutxa?

Esteban Ticona Alejo, aymara boliviano, sociólogo y antropólogo.

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El fracaso de la medicina occidental

La diferencia entre los modelos de salud se ha evidenciado mucho más en esta coyuntura.

/ 2 de mayo de 2020 / 07:24

La pandemia desatada por el coronavirus COVID-19 ha puesto en crisis el modelo capitalista de salud pública y el manejo hegemónico de la medicina occidental en el mundo. Está claro el fracaso de este modelo, porque sencillamente los científicos occidentales no han encontrado una cura contra el coronavirus y la Organización Mundial de la Salud (OMS) no tiene muy claro cómo actuar frente a un virus de alta velocidad.

Las decisiones de los diferentes gobiernos están marcadas por la hegemonía de uno de los dos paradigmas que tradicionalmente han organizado el campo de la salud en el mundo. Por un lado está la visión de la salud pública occidental conectada con los intereses del capitalismo, cuya plataforma conceptual solo considera factores externos; ideología política que no puede explicar por qué muy pocas personas acceden a la salud. Del otro lado está la visión de la salud a partir de la experiencia histórica, social, cultural y civilizatoria de los diferentes pueblos ancestrales, que apuestan sobre todo por la prevención y luchan por la liberación de los pueblos y el derecho a la salud propia y universal.

Esta es la salud indígena, popular, que incluye a la medicina tradicional china y otras formas no occidentales que hoy han quedado marginadas. Es lamentable que en nuestro país la medicina tradicional o ancestral haya quedado relegada a presentaciones de pequeños shows, que solo sirven para ambientar la casa. La medicina de los kallawaya ha quedado silenciada frente a los doctorcitos occidentalizados. Es preciso afirmar que la medicina ancestral nuevamente está siendo arrinconada, porque supuestamente existe una medicina científica occidental. ¿Pero qué hacen los “científicos” para detener al COVID-19? Absolutamente nada, incluso los que dicen ser científicos hoy están profesando frases como “Dios nos libre o nos ampare de la pandemia”.

La diferencia entre los modelos de salud se ha evidenciado mucho más en esta coyuntura. El modelo hegemónico, que sirve de enlace entre el capitalismo y el sistema de prácticas dominantes en salud, aparece como el único salvador y defensor de la vida. Mediante una racionalidad centrada en la enfermedad (hoy el COVID-19), organiza los sistemas de atención a partir de ejes demarcados por la gran industria farmacéutica y de producción tecno-médica; mediando en el papel que cumple para la legitimación del orden mundial capitalista salvaje, que apuesta a la diferencia de las clases sociales, al racismo y a la acumulación de la riqueza. Hoy, a pesar de la emergencia humanitaria mundial, se sigue especulando con ciertos productos como los barbijos, los respiradores automáticos y los insumos para las pruebas de laboratorio para detectar el COVID-19.

El bloque de países capitalistas y occidentales ha decidido dejar correr la pandemia en resguardo de la prosecución de la economía capitalista, bajo el argumento de la historia natural de la enfermedad y un cierto “maltusianismo” ante la población jubilada y los adultos mayores. El gran ejemplo es Estados Unidos o Brasil, donde no les importa el número de muertos.

La batalla contra el COVID-19 ya es una lección histórica, que ha puesto en evidencia los intereses dominantes del sistema de salud capitalista. Para quienes apostamos por un cambio profundo societal, urge un cambio civilizatorio que luche por la salvaguarda la humanidad y el planeta con sistemas de salud propios y desde la ética de la vida, pues el capitalismo jamás apostará por la vida humana y la salud de la Madre Tierra. Jichhurunakanxa wali llakisiyapxistu COVID-19 uka usuxa. Suma manq’añasawa jan uka usu katuñataki. Ch’ullqhichañasawa janchisa ¿janicha ukhamaxa?

Esteban Ticona Alejo, aymara boliviano, sociólogo y antropólogo.

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El COVID-19 y los problemas sociales

Se quiere aplicar la lógica del mercado para todos, es decir, la lógica de la sumisión y la obediencia ciega

/ 18 de abril de 2020 / 07:30

La lacerante realidad evidencia que la atención médica está pensada para unos cuantos, y hoy existe la amenaza de que el número de infectados con COVID-19 crezca, sin que los centros de salud puedan abastecer la demanda.

La pandemia está impulsando una crisis social, económica, política y cultural profunda en todas las sociedades. Y nos permite ver con más claridad la situación de una sociedad capitalista colapsada, con gobiernos que no pueden atender a sus enfermos. En nuestro caso, ocurren hechos de discriminación contra los contagiados, protagonizados incluso por algunos médicos y personal de salud, formas de estigmatización y hasta exabruptos de autoritarismo de parte de los representantes del Estado.

Esta realidad también nos permite constatar la profunda pobreza que persiste en un gran sector de la población boliviana. La clase social neoliberal, o los pititas, hoy están impulsando actos de solidaridad a favor de los sectores que se han quedado sin alimentos, por estar obligados a quedarse en casa. Algún ciudadano preguntó: ¿ahora por qué no bloquean al coronavirus con sus pititas? Tarde o temprano la clase trabajadora del día a día elegirá no morir de hambre, desobedeciendo la cuarentena y su militarización, más allá del riesgo de contagiarse con el COVID-19. Está claro que siempre elegirán buscar un trabajo para poder comer.

Una de estas familias se preguntaba en un medio de comunicación “¿cómo creer a los políticos que hoy fungen como autoridades y nos dicen que nos quedemos en casa por nuestra vida?”. En otros momentos ni se acordaban y menos se preocupaban por nuestra salud, aunque sigue siendo “normal” contraer otras enfermedades igual de riesgosas como el coronavirus. Esta reflexión nos lleva a preguntarnos ¿cómo ha contribuido la mediatización del COVID-19 al show y a la consiguiente magnificación del problema, cuando existen otras enfermedades igual de mortíferas, aunque su reproducción sea diferente, o los índices de criminalidad y accidentes son igual de numerosos en el mundo?

Otro tema interesante que se trasluce en esta coyuntura es la noción del trabajo. Mientras los empresarios piensan en la pérdida de sus jugosas ganancias, el ciudadano común piensa en cómo seguir remando en la vida, porque el trabajo no solo le permite sobrevivir, sino también le da independencia y el orgullo de valerse por sí mismo. Posiblemente esta forma de encarar la vida tiene que ver mucho con las autonomías comunales de la región andina. El Gobierno anuncia pagar los bonos, pero a estas alturas ya huele a propaganda política electoral.

Estos días también se dan varias paradojas como hacer énfasis en la limpieza y la demostración del poder coercitivo del Estado. Existe un profundo contraste entre un supermercado y las ferias o qhatus andinos. Se quiere aplicar la lógica del mercado para todos, es decir, la lógica de la sumisión y la obediencia ciega. Se oye decir: “las ferias aglomeran a mucha gente, pero los mercados no”. Los intentos de erradicar estas formas indias de intercambio de productos no es casual, es una forma de pensar y de actuar colonialmente.

Los medios televisivos nos permiten ver otros hechos, como las arengas a favor del uso de “barbijo” y la importancia de guardar “la distancia social”, consejos que sin embargo no todos cumplen en las conferencias de prensa… Se busca someter a los ciudadanos, incluso desinfectándonos en el sentido de hacernos más limpios, sin saber con qué químicos nos están rociando, a pesar de que la reproducción del COVID-19 no tiene que ver con la suciedad.

Uka q’ara, misti  jaqinakaxa sapuruwa sapxistu, jan mistupxampi utata sasa, jan mistuñan ukasti ¿kunampis saraqañani, manq’añani?

Esteban Ticona Alejo, aymara boliviano, sociólogo y antropólogo.

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