Voces

lunes 29 nov 2021 | Actualizado a 16:14

Periodismo en tiempos del COVID-19

El trabajo informativo es vital en circunstancias especiales como la actual

/ 30 de mayo de 2020 / 07:44

En estos días de cuarentena obligada, estamos casi forzados a buscar buena información sobre lo que sucede con la proliferación de la pandemia COVID-19 en el país y el mundo. El trabajo informativo es vital en estas circunstancias especiales. ¿El periodismo boliviano está preparado para afrontar circunstancias de emergencia como las del COVID-19? Hay una enorme cantidad de información, incluyendo a las redes sociales. Pero esta información es sumamente discutible, porque gran parte no todo tiene asidero y otra parte es meramente repetitiva y especulativa. Algunos medios escritos y unos cuantos canales de televisión se han esforzado por brindar mayor credibilidad en la información. Ponderamos a algunos/as periodistas de la calle, que prácticamente se han convertido en periodistas de la guerra. El buscar fuentes directas desde el lugar de los hechos es sumamente importante y riesgoso, pero permite ver qué sucede para que cada quien saque sus propias conclusiones.

En los medios televisivos sus periodistas se han dedicado a brindar información desde sus casas. ¿Qué puede informar un comunicador desde su hogar? ¿Presentarnos a su familia? Con lo cual repiten lo que ha pasado en alguna región del país. A nivel técnico, tales despachos desde las casas son bastante defectuosos, pues se habla con mucho eco e imágenes borrosas, en fin. ¿Los dueños de los canales obligan a que se hagan despachos desde la casa? ¿Todo con el afán de mantenerse activos y trabajando? ¿No sería mejor informar con coberturas desde las calles? Posiblemente esto sea difícil hacerlo, porque todos nos cuidamos. ¿Pero acaso no estamos en tiempos de guerra bacteriana? No sé si en las carreras de comunicación se enseña cómo desenvolverse en circunstancias especiales. Si no se lo hace, sería bueno abordar este asunto.

Toda la banalidad periodística ha quedado algunos días arrinconada, aunque no deja de manifestarse en los programas de cocina, en los que se insiste en comer comida chatarra, pero no se dice nada sobre cómo alimentarnos mejor. Creo que sería de gran provecho si algún medio de comunicación se propone enseñar/educar sobre qué deberíamos comer de aquí hacia adelante, para tener mejores defensas en nuestro organismo. Siempre se va a lo fácil, como “lávate las manos”, práctica que si bien es necesaria, es muy circunstancial

En esta etapa del COVID-19 constatamos que no existe un periodismo educativo. Por lógica, el canal Universitario debería cumplir ese rol, pero solo repite viejos moldes de comunicación y conservadorismo. Tampoco existe un periodismo analítico y crítico. El canal oficial todo el tiempo alaba hechos que no pasan en la realidad. En los conflictos del año pasado varios comunicadores decían que hacían periodismo de vanguardia, ¿dónde está ese vanguardismo en tiempos del COVID-19?

El periodismo deportivo también ha desaparecido por la inocuidad. ¿Qué van a informar sobre aquellas prácticas deportivas en las que se gana mucho dinero y de las que el comunicador deportivo siempre ha usufructuado, pero hoy ya no es importante?

Ni qué decir de los programas de comentarios políticos, que también intentan reciclarse en análisis de salud. Estos sofistas contemporáneos han quedado arrinconados por la velocidad del COVID-19. También oímos hablar de “científicos”, que son los grandes asesores contra el COVID-19. ¿Será que asesoran? No escuché ningún programa periodístico con estos científicos. Lo que sí hemos escuchado es que un embajador-científico boliviano podría involucrado en el escándalo por la compra de los 170 respiradores con sobreprecio. Vaya ejemplo de “científicos” que tenemos. Uka ch’imi laq’u usuxa wali mirtañ muni, laka tapantasiñamawa, ampara jariqasiñamawa sasaw uruy arumas parlistu. Suma manq’añasawa, ukampixa ch’urkatañaniwa uka laq’u ch’mi usuruxa.

Esteban Ticona Alejo, aymara boliviano, sociólogo y antropólogo.

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Quieren retornar al Estado nación con el federalismo

/ 28 de noviembre de 2021 / 00:52

Hace pocos días el gobernador del departamento de Santa cruz, Luis Fernando Camacho, lanzó la idea de que “avancemos” a un Estado Federal porque supuestamente se combatiría mejor “la hegemonía del gobierno del Movimiento Al Socialismo”. Detrás de este anuncio de continuidad de la guerra contra los indios, se comienza a tejer la intención de retornar al viejo Estado nación de orígenes europeos, coloniales, implantados en la época republicana. Hay que recordar que las élites políticas latinoamericanas, ante la incapacidad de crear un propio Estado con fuertes raíces indígenas, negras y populares, han hecho una burda imitación del Estado nación europeo, incluida su organización política administrativa.

¿Por qué el gobernador Camacho se afana en levantar la bandera del federalismo? Hay una ambición personal, ya no es extraña su vocación de dictadorcito, fascista, racista y de representar los intereses de una oligarquía empresarial conservadora. Específicamente, ahora quiere moverse políticamente a nivel nacional: 1) Por el fracaso del último “paro indefinido multisectorial”, que pretendió llevar adelante con el círculo de potentados cruceños y sus seguidores “pititas”, plataformas, comités cívicos, etc., con el mismo libreto del golpe de Estado de noviembre de 2019; 2) Ante la decepción estrepitosa, vuelven al libreto de sus abuelos, el federalismo, para ver si resulta algo.

Sin explicar lo que es el federalismo, usando algunas palabritas como el centralismo, pretenden generar un discurso anti Estado Plurinacional. No es ninguna novedad la propuesta del federalismo en nuestro país y más bien recordarles que fue la bandera de los viejos separatistas. ¿Por qué no fue posible implantar el federalismo en el país? A fines del siglo XIX hubo un fuerte debate y discusión sobre el federalismo y con resultados cruentos como la guerra federal de 1899, donde la élite paceña, y particularmente José Manuel Pando, tejió su discurso por la implantación del federalismo, pero al final se echó atrás y diluyó esa idea.

Otra experiencia y gran oportunidad fue la Asamblea Constituyente, entre 2006 y 2008, que se cristalizó en el referéndum de 2009. ¿Por qué no se planteó y se aprobó en este evento sin precedentes el federalismo? Muy simple, en el siglo XXI las ideas de reproducir el federalismo en los Estados nación han fracasado, la experiencia de España es una muestra clara.

Lo más grave, el intento de la federalización del Estado es la tentativa de retornar al modelo del Estado nación, aunque se diga que es el federalismo contra la centralización; pero está bajo cánones de unicidad en todo. Es decir, se intenta retornar a tener un solo idioma (re-castellanización), una sola cultura (boliviana), etc. En definitiva, se quiere retornar al monoculturalismo en todos sus aspectos.

Precisamente la creación del Estado Plurinacional, en términos formales desde 2009, tiene la base de las luchas de los pueblos ancestrales y populares de nuestro país. La tesis política de la CSUTCB de 1984 es donde se menciona por primera vez la creación de un Estado Plurinacional, que va a ser alimentada por otras marchas indígenas, como la de la CIDOB, que pidió Asamblea Constituyente a principios de la década de 2000.

Está claro que a los comités cívicos, sectores políticos y sociales colonialistas no les interesa tener una administración de Estado propio, originado en base a nuestras raíces históricas. Les interesa seguir imitando, aunque sea rústicamente, porque piensan que lo extranjero o ser colonizado es lo mejor.

Otra pregunta, ¿cuál es nuestra experiencia en 13 años de autonomías departamentales y regionales? En vez de seguir retrotrayendo se debería apostar en profundizar las autonomías de los departamentos y ampliar más las autonomías regionales.

Wasitampiwa una añathuya jaqinakaxa jisk’achañ munistu. Kamachuxa, chuchaskakiwa, wali uñisistu. Patrun sarawiruwa kuntayañ muni. Arsusiñasawa.

Esteban Ticona Alejo es aymara boliviano, sociólogo y antropólogo.

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El THOA cumplió 38 años

/ 14 de noviembre de 2021 / 00:48

El Taller de Historia Oral Andina (THOA), fundado el 13 de noviembre de 1983, cumplió 38 años de vida. Es una institución conformada por profesionales aymaras, quechuas, aunque no exclusivamente. Sus orígenes se remontan en las aulas de la carrera de Sociología de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA) en la ciudad de La Paz, los primeros años de la década de los años 80.

No es la primera institución de profesionales indígenas, pero sí es la principal comunidad académica que cuestionó formas de conocimiento occidental y apostó por la re-valorización de otras formas de discernimiento, basada en las memorias y oralidades ancestrales. Esta propuesta no pudo ser comprendida en un espacio de la UMSA, donde prevalecía —y aún continúa— la excesiva occidentalización del conocimiento cientificista y el rechazo sutil a otras formas de comprensión y cientificidad. Razón fundamental para desprenderse del espacio académico tradicional y conservador, para abrazar y/o re-tornar a los ayllus y comunidades ancestrales andinas.

En sus 38 años el THOA atravesó por varias situaciones, desde crisis internas y ataques externos. Pero lo más importante, supo mantenerse de no convertirse en una Organización No Gubernamental (ONG) y no ser sucursal de financiadores de todo lastre. Varios investigadores han escrito la historia del THOA y ojalá en algún momento se puedan publicar para mejor conocimiento de los interesados.

¿Cuáles son los aportes fundamentales del THOA? Sin lugar a dudas, son los más descolonizadores e innovadores en la metodología de la investigación en ciencias sociales y humanas, haciendo de la oralidad uno de los espacios para la comprensión de la dinámica societal. Sus investigaciones bilingües aymara-castellano y quechua-castellano, acompañados de trabajos de campo, no como la búsqueda del otro sino el del re-encuentro, le han permitido una dinámica particular a sus investigaciones publicadas.

La primera publicación, El indio Santos Marka T’ula, cacique principal de los ayllus de Qallapa y apoderado general de las comunidades originarias de la República, de 1984, es también la historia de la fundación del THOA, en un folleto de 50 páginas, que recoge la historia de vida de Santos Marka T’ula, aquel comunario de Ch’uxña-Ilata de la provincia G. Villarroel en el departamento de La Paz. Gran parte de su vida la dedicó a luchar contra las haciendas, apostando por la restitución y el respeto a las comunidades ancestrales del país. Marka T’ula fue encarcelado en muchas ocasiones con autoridades como Faustino Llanque, Rufino Willka y muchas otras, por reclamar los derechos más elementales de los habitantes ancestrales del país. Murió el 13 de noviembre de 1939 en un hospital de la ciudad de La Paz, de manera misteriosa, y nunca fue esclarecido su caso. La familia de Marka T’ula está convencida de que fue asesinado por los médicos que lo atendieron.

La fecha de la desaparición física dio vida al THOA, para seguir en esa misma senda, pero con otros métodos de lucha. Hoy el THOA no solo está conformado por la primera y segunda generación, sino ya por la tercera, donde jóvenes entusiastas apuestan por continuar el thakhi iniciado hace 38 años, con temáticas como la alimentación ancestral, la espiritualidad y el derecho al agua, entre otras. En esta nueva generación están personas del Perú y Japón, entre otro/as. Además, el THOA se ha internacionalizado en su aporte y hoy es muy bien acogido no solo por académicos/as extranjeros, sino también por movimientos indígenas, el caso ecuatoriano es un ejemplo concreto.

Hace pocas horas celebramos con invitados nacionales e internacionales. Los participantes de México, Chile, Ecuador, Perú y Estados Unidos propusieron que el THOA sea el kurmi o el arcoíris que origine otros THOA en el gran Abya Yala y ojalá se pueda avanzar en ese horizonte. No estamos lejos de esta idea amplia, cuando Santos Marka T’ula buscó documentos coloniales en archivos de Argentina y Perú y comprendió que nosotros no solo estamos situados en Bolivia, sino en el continente. Rendimos nuestro homenaje a los que nos dejaron en este camino, como Roberto Santos, Ramón Conde, Ruth Flores y Demetrio Marca.

THOA sutinixa ma jach’a sarnaqawi. Jach’a thakhiwa, achachilanakasan, awichanakasan amtapampi ch’amanchatawa. ¡Jallalla THOA!

Esteban Ticona Alejo es aymara boliviano, sociólogo y antropólogo.

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Recordar a los que se fueron a la eternidad

/ 31 de octubre de 2021 / 01:09

En el tiempo del COVID-19 muchos seres queridos nos dejaron. Varios con la pandemia, otros no y en distintos períodos. Pareciera que estamos en el jiwaña pacha o el tiempo de la muerte. ¿Cuántos más se irán o cuántos sobreviviremos? Hoy también es el tiempo de la búsqueda. Hay personas entrañables que no sabemos cómo están, a pesar de la comunicación rápida vía redes sociales. Tanta información y uno se topa con muchos homónimas/ os que en vez de ayudarnos con la ubicación rápida se convierten en trabas. Estas son las profundas contradicciones de la sociedad red y de la información.

Todo este dolor, sea por la enfermedad y/o por las ausencias de las personas adoradas, nos lleva a varias preguntas, sobre nosotros y sobre nuestras acciones. Pero no dejamos de preguntarnos “por qué se fue, hubiese vivido más tiempo”. Hoy más que nunca transitamos entre la vida y la muerte. Uno quiere vivir un poco más para estar con la familia, con los hermanos/as, con los amigos… En horas previas para recibir el ajayu de nuestros seres queridos en nuestras casas, se piensa nuevamente en qué es la vida y qué es la muerte. Sabemos que en las colectividades occidentales le tienen pavor a la muerte, en cambio en las sociedades andinas, la muerte es parte de la vida y tenemos que aprender a convivir con ella.

En esta ocasión quiero nombrar a algunas personas entrañables que se fueron y que aún cuesta creer que hayan partido al wiñaymarka o al pueblo de la eternidad. A Juana Vásquez, la primera mujer aymara y lingüista, que partió sola. A Cristina Quisbert, otra lingüista investigadora que se fue al lado de Roberto. A Juan de Dios Yapita, el gran artífice para la concreción de la gramática aymara. A Roberto Santos, Roberto Choque, Germán Choque (Kara Chukiwanka) y Felipe Quispe El Mallku, historiadores de distintas generaciones que nos brindaron información profunda y reflexión sobre nuestros pueblos aymara y quechua. A Ramón Conde y Ruth Flores, sociólogos críticos y cofundadores del Taller de Historia Oral Andina (THOA), que nos dejaron lucha y valor en la reivindicación sobre nuestros pueblos ancestrales. Cómo no recordar a Donato Ayma, aquel radialista que hacía que el aymara y el quechua suenen como poemas desde su locución. A Inocencio Cáceres, otro comunicador, que teatralizando desde los medios nos conectó con el pasado de las luchas de nuestros pueblos. A Demetrio Marca, el músico, cantor y creador en aymara, que junto con su charango soñó por un porvenir mejor. A Félix Layme, otro lingüista que promocionó el idioma aymara masivamente. A Daniel Sirpa, con quien empezamos nuestro activismo y militancia anticolonial.

A Siku Mamani, quien desde la senda de la música ancestral nos dejó huellas imborrables. Acabo de enterarme, pues lo busqué y lo busqué, que otro jilata, Julián Ticona, con quien planeábamos hacer un encuentro de los Ticona, bajo el nombre de Jawilla Laqatu, se fue…

Finalmente, nombro a dos destacados hermanos kichuas del Ecuador. A Luis de la Torre, que desde la lingüística andina batalló por la educación intercultural y bilingüe. Lucho fue más que amigo, un hermano que nos brindó apoyo y cobijo en su tierra. A Antonio Males, aquel recopilador de la oralidad de los pueblos de la sierra, que en una dedicatoria de su libro me expresó: “Para el hermano y compañero…, con mi afectuoso saludo, con la esperanza y la fe en que un día tendrá plena vigencia la tradición histórica de nuestros pueblos de los Andes. Esta historia de los hombres sencillos y grandeza de Imbabura, ñuca shunquhuan…”.

Kunapachatixa amtastan, munat jilat kullakanaktxa llakisiñjamawa. Wiñay markaparuwa sarawayxaxpi. Lurawinakapa, amtawinakapaxa k’ajaskakiwa.

Esteban Ticona Alejo es aymara boliviano, sociólogo y antropólogo.

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La UJC, fascista, racista, antihumana…

/ 17 de octubre de 2021 / 00:34

Después de la interrupción o la crisis profunda del Facebook a nivel mundial de hace unos días, Frances Haugen, una extrabajadora de esta empresa de redes sociales multinacional, testificando ante el Senado estadounidense denunció de las prácticas perversas de la compañía, reclamando que intervenga y que regule la actividad de la multinacional. Además, señaló que Facebook antepone sus beneficios por encima de la seguridad de los usuarios y oculta la nocividad de sus plataformas, fomentando la división social y debilitando la democracia. ¿Nuestras autoridades del sistema judicial se pronunciarán al respecto? Si no fuese así, el Gobierno debería actuar ante tan grave denuncia sobre el accionar de Facebook en nuestro país. Nos interesan los medios de comunicación de estos tiempos, que apuesten a las políticas de convivencia intercultural y que combatan formas de racismo y la exclusión social.

Precisamente, después de ver las diferentes páginas de las redes sociales de la Unión Juvenil Cruceñista (UJC) de Santa Cruz, dije: ¡Cuánta razón tiene la extrabajadora Haugen! En las hojas de la UJC se encuentran formas de racismo explícito e implícito. Lo más peligroso, la UJC glorifica y difunde las ideas de dos genocidas de la humanidad, Francisco Franco de España y Adolf Hitler de Alemania. Hitler hablando de crecimiento económico, cuando sabemos que lo único que sabía este carnicero era aniquilar a la humanidad porque no eran blancos.

Hoy España y Alemania ¿sienten orgullo por estos criminales? Sé que para ambos países, sobre todo para los pueblos, son la peor vergüenza de su historia. Entonces, ¿por qué se permite que unos supuestos jóvenes cívicos se ufanen mellando la dignidad de la humanidad, de Santa Cruz, abrazando las políticas antihumanas de Franco y Hitler? Tenemos una ley contra el racismo y toda forma de discriminación, ¿por qué las autoridades judiciales no aplican esta ley de oficio contra estas formas de expresión y difusión del racismo fascista de la UJC y sus allegados? ¿Miedo, mucho miedo contra el poder despótico de unos cuantos ricachones?

Otro hecho pávido es la propaganda de la UJC para el 12 de octubre de 1492, con frases como “12 de octubre América No fue invadida y saqueada. Fue civilizada y evangelizada” (sic). Estos racistas y fascistas ¿alguna vez leyeron a Simón Bolívar y los líderes liberales de la “independencia de nuestro país”? El comportamiento de algunos liberales de romper con el colonialismo fue digno, aunque no se hayan concretizado esos ideales porque nos quedamos en formas de colonialismo interno. ¿Conocerán el diario del Tambor Vargas? Aquel citadino orureño que decidió abrazar 14 años la guerrilla emancipadora contra España y se indianizó definitivamente.

Oímos vociferar en las movilizaciones del Comité Cívico pro Santa Cruz, sus partidos políticos y sus adherentes, incluido a los indios/ as desclasados y traidores, que defienden la democracia. Pero, paralelamente la UJC publicita no la democracia, sino las dictaduras racistas al estilo de Franco y Hitler. ¿Saben distinguir entre el fascismo extremo de Franco, Hitler y el liberalismo democrático, al menos en términos teóricos? ¿Alguna vez leyeron al cura católico Bartolomé de las Casas, que defendió a los indios? ¿De qué civilización nos hablan? No están retrotrayendo ni a sus abuelos latifundistas de otrora, y alguno de ellos era crítico con el colonialismo. Qué manera de alardear adscribiéndose a personajes más nefastos y criminales de lesa humanidad. ¿De qué evangelización nos hablan? ¿La evangelización de la extirpación de las idolatrías? Les interesa tener indios evangelizados que dejaron der ser espiritualmente pueblos ancestrales o simples imitadores de la fe dominante y esclavos de los dioses occidentales.

No se puede permitir en nuestro país que a nombre de la democracia se quiera implantar el verdadero régimen fascista y racista. A España y Alemania, mediante sus representaciones diplomáticas, les correspondería pronunciarse ante tan grave uso de personajes que mellaron la dignidad de la humanidad.

Urge que el Estado y la sociedad intervengamos, no puede haber grupos políticos irregulares que a nombre del civismo hagan luchas contra la humanidad.

Uka anu q’uxtañ jaqinakaxa, jaqi jiwañan amuyuniwa. Union Juvenil Cruceñista ñanqha anuyunipxiwa. Tukkhañasawa uka q’ara amuyunakapxa.

Esteban Ticona Alejo es aymara boliviano, sociólogo y antropólogo.

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La wiphala redentora y antirracista

/ 3 de octubre de 2021 / 00:26

La wiphala o la bandera de los pueblos ancestrales andinos, tiene una larga historia sobre cómo se originó y se instituyó poco a poco. Hoy los pueblos aymara, quechua y uru se han simbolizado plenamente en esta distinción. La wiphala contemporánea tiene que ver mucho con la propuesta que realizó el historiador aymara Germán Choque Condori o Kara Chukiwanka, quien la rediseñó en la década de los años 70 del siglo XX. Germán o Kara publicó varios libros donde sustenta arqueológicamente, históricamente y políticamente. Aunque hay experiencias previas. Por ejemplo, el educador y político aymara Eduardo Nina Quispe izaba la wiphala en la fundación de sus escuelas en las comunidades, en los primeros años de la década de 1930, como informa en los boletines que publicaba.

El re-nacimiento se da en una época de fuerte presencia del marxismo en América Latina. Este boom también influyó en la izquierda boliviana, sobre todo en la Central Obrera Boliviana (COB). La Central Obrera estaba en sus mejores épocas, cuando convocaba masivamente al pueblo trabajador y a sus allegados. Las grandes manifestaciones y marchas de la COB eran encabezadas por sus principales dirigentes, que llevaban como símbolo de lucha la bandera roja con la hoz y el martillo.

Los jóvenes militantes del movimiento anticolonial llamados indianistas y kataristas, habían tomado y fundado la CSUTCB en 1979, y trataban de ser reconocidos por la COB. No fue sencilla esta tarea porque comenzaron a usar su propio símbolo, la wiphala. Aquí se produjeron los primeros cuestionamientos de los trabajadores más ortodoxos con los “campesinos” aymaras y quechuas. Los marxistas obreros, sobre todo los mineros, no solo veían de reojo el uso de la wiphala, sino que tildaban a los “campesinos” de ser racistas. El principal fundador de la CSUTCB, Genaro Flores Santos, testimonia toda esta experiencia dolorosa del movimiento campesino contemporáneo.

Esta miopía clasista de los obreros hizo que la generación de Kara Chukiwanka tome las plazas, como la de San Francisco, la de la 16 de Julio de El Alto, para difundir el significado de la wiphala, hasta que se fue haciendo carne el símbolo, en las propias organizaciones del sindicalismo campesino, los movimientos políticos aymara y quechua, y la ciudadanía marginada del país.

Cuánta razón tienen los jóvenes de hoy, que heredaron todas estas experiencias, de manifestar su total repudio contra la prohibición de izar la wiphala en la plaza principal de la ciudad de Santa Cruz. Este símbolo no es del Movimiento Al Socialismo (MAS), sino de los pueblos aymara, quechua, uru, y en sus diferentes formas organizativas del país. ¿Qué hay detrás de prohibir a uno de los símbolos nacionales? Es el odio al kolla, al indio del occidente. Esto es la otra forma de racismo emblemática. Lo más grave fue y es pivotado por la principal autoridad del departamento de Santa Cruz, Luis Fernando Camacho. ¿Camacho es camba? Según datos de algunos investigadores, los abuelos de Camacho fueron migrantes criollos del occidente. En términos muy sencillos, él es un “acambao” o se siente “cambizado”. La frase de que “el kolla acambao es más odioso y peligroso que el propio camba” es precisa para Camacho. Lo que sí se constata es que contra el indio kolla pueden unirse cambas, no cambas y extranjeros antinacionales. A los que se suman los indios desclasados y/o traidores.

Hoy la wiphala representa más que a los pueblos indígenas, pues los sectores desposeídos y excluidos del sistema capitalista también se sienten representados en esta bandera. No es extraño que los pueblos y nacionalidades del Ecuador la hayan adaptado a sus necesidades, como también lo han hecho los de Colombia, el Perú, en fin.

Hace pocos días, en la expulsión vergonzosa y humillante a los ciudadanos venezolanos en Iquique, grupos de manifestantes chilenos han usado arbitrariamente la wiphala. Cabe a la Cancillería de nuestro Estado Plurinacional hacer una protesta diplomática a Chile del uso absurdo del símbolo nacional, reconocido plenamente en nuestra Constitución Política de 2009, para fines xenófobos y discriminatorios.

Janipuniwa waliki, wasitampiwa uka anu q’uxtañ jaqinakaxa tuwasipxistu, wiphalas jaquqapxi Santa Cruz markana. Arsusiñasawa ¿ janicha ukhamaxa?

Esteban Ticona Alejo es aymara boliviano, sociólogo y antropólogo.

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