Voces

viernes 14 ago 2020 | Actualizado a 07:27

Cuestión de piel

Los pueblos nos hermanamos y nos unimos.

/ 14 de junio de 2020 / 06:23

Es un dolor y es una indignación muy profunda la que sentimos, sentimientos que nos conmueven por todas las muertes y violencias, sufridas en manos de racistas que no titubean en quitarnos la vida, encarcelarnos injustamente y perseguirnos. La indignación y el dolor no pueden nublarnos la capacidad de análisis, deben —al contrario— ser elementos humanos que nos den mayor claridad y comprensión, para ubicar los intereses que están en juego. El racismo y las movilizaciones en EEUU denunciando el racismo, ocupan hoy las pantallas de la tele y las redes sociales y me llama la atención que se habla como de dos equipos, definidos por “el color de la piel”, dicen.

Una de las estratagemas del sistema dominante es el reduccionismo con el pretexto de especialización y especificidad. Hoy se habla de color de la piel, como si la piel existiese separada de los cuerpos, cuando en realidad se trata de tonalidades de piel, miles o millones de tonalidades, de la misma piel de la humanidad. No existe ni la piel ni el sexo fuera de los cuerpos y los cuerpos son una materialidad histórica y política. Entonces el uso político de las tonalidades de las pieles podemos ubicarlo en la invasión colonial de 1492 en lo que hace a nuestro continente, mal llamado América, Abya Yala para nosotras.

Nuestros pueblos en los territorios de Abya Yala se ven sorprendidos con la llegada tanto de gente de pieles más claras que las nuestras y otra gente de pieles más oscuras, es este hecho colonial que evidencia históricamente la manipulación de las tonalidades de las pieles, para construir las jerarquías, opresiones y explotaciones entre las y los seres humanos del mundo de hoy. A nosotras y nosotros pueblos originarios, los invasores coloniales se empeñaron en exterminarnos, Grodin y Veizzer hablan de 70 millones, en su último libro, sobre el genocidio de los pueblos originarios de Abya Yala. Nuestros cuerpos perjudicaban la ambición de los europeos, perjudicaban la angurria de apropiarse de nuestro hogar y de nuestra madre naturaleza. Por eso nos desaparecieron y nos siguen desapareciendo y exterminando.

Usaron los cuerpos de nuestros hermanos y hermanas africanos, que esclavizados, eran la fuerza de trabajo imprescindible para sustituir a los indios rebeldes y flojos que no querían trabajar para los señores.

Fueron nuestros y nuestras ancestras indígenas que cobijaron a nuestras y nuestros hermanos afros, que huían de la esclavitud y que fueron haciendo los quilombos en los territorios de Abya Yala. Los pueblos nos hermanamos y nos unimos. Como mujeres de pueblos originarios de estos territorios, mantenemos la reflexión y la propuesta de liberación de la madre tierra de las garras de la propiedad privada, así todo mundo puede tener hogar y comida para vivir.

Hoy las movilizaciones en EEUU están lideradas por jóvenes adultos negros de clase media, y es necesario recordar que este sistema de dominio planetario se recicla a través de las propuestas de inclusión.

Hermanas y hermanos, nunca como ahora, la humanidad —con ayuda y permiso de nuestra madre naturaleza— tiene la posibilidad de soñar otro mundo donde podamos “Vivir bien” todas y todos. Hagámoslo posible.

Julieta Paredes
es feminista comunitaria.

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Mi palabra

/ 9 de agosto de 2020 / 00:22

Una de las enseñanzas de mis mayores estaba dirigida a responsabilizarme de lo que hago y lo que digo, “la palabra es lo único que tenemos los pobres”, me decía mi abuela. En un afán de inculcarme esa parte de la herencia de la educación en la oralidad.

La palabra sale de mi boca

esa la boca que aprendió a masticar los sonidos

sonidos con los que lastimaron

los oídos de mis mayores

y los oídos de nosotras y nosotros su continuación

Siglos de estridencias, años de violencias que estremecieron

la piel que guarda

la música de nuestra memoria.

Quisieron se diluya nuestro ser y existencias

en el silencio de las tumbas

Pero desde ahí volvimos

armadas de palabras

Tengo la palabra

m abuelo me entrenó la lengua

desde niña hice los ejercicios de las 5 vocales

para afilar las consonantes

y plantar nuestros pensamientos de palabras estalladas y glotalizadas.

Hoy tengo los sonidos en la boca

hoy tengo los signos en la mano

escribo en la lucha de pueblos ancestrales

los sonidos del corazón que late de esperanzas

Por eso mi palabra, que es lo único que tengo

promete a mis hijas e hijos

Que no descansaré, hasta acabar con todo tipo de opresiones

y plantar las semillas de la Comunidad de comunidades.

Julieta Paredes es feminista comunitaria

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Cómplices

/ 26 de julio de 2020 / 00:35

La violencia contra las mujeres es uno de los instrumentos de control del sistema dominante, que tiene el objetivo de paralizar con el miedo a la mitad de la humanidad. Es claro que es parte de una violencia estructural, del sistema económico, político y cultural. Esta violencia sistémica se manifiesta, en primera instancia, a través de los comportamientos machistas y violentos de los hombres cercanos, familiares, hacia las mujeres. Esta claridad es el aporte teórico político del proceso de cambio, con las leyes 243 y 348, que, aunque con vacíos, expresan el caminar de las organizaciones de mujeres en Bolivia: La violencia de los hombres hacia las mujeres está formando parte de la base que sustenta un sistema de dominación.

Es decir, el hombre indígena y trabajador, que también es explotado y discriminado, se hace cómplice del sistema, golpeando, discriminando, matando a las mujeres de su familia. Para que después el sistema de dominación patriarcal explote el doble o triple a las mujeres, les pague menos por igual trabajo, las venda y subaste en los prostíbulos y la trata y tráfico, no les permita la participación política, las discrimine imponiendo modelos estéticos y culturales, y demás elementos que hacen a una violencia estructural que es capitalista, colonialista y depredadora de la madre naturaleza.

O sea que luchar contra la violencia de los hombres hacia las mujeres es la primera tarea de un revolucionario y de una revolucionaria; es el punto de partida para creer que queremos de verdad una sociedad del “Vivir bien”. No pueden ser revolucionarios en la calle y torturadores en su casa. No podemos seguirnos matando entre nosotros, las mujeres somos la mitad revolucionaria de nuestro pueblo, la muerte de nuestras compañeras y hermanas es la muerte de nosotros y nosotras mismas. ¡Paremos los feminicidios!

Las mujeres del proceso de cambio desenmascaramos a un feminismo neoliberal y liberal, un feminismo oenegero que es cómplice del capitalismo, del racismo colonialista y del golpe autoritario a la democracia del pueblo. Mujeres de derecha fascista, que le sirvieron a los anteriores gobiernos de derecha y le siguen sirviendo hoy desde las plataformas ciudadanas y racistas. Son serviles a los dictámenes de Estados Unidos, el FMI. La tenemos clara, las mujeres no somos iguales, las mujeres del pueblo tenemos posición política y propuestas de futuro. Somos valientes defensoras de la vida, de todas las vidas. Valientes luchadoras contra el capitalismo y el racismo colonialista, recuperaremos la democracia para construir el Vivir bien.

Estas otras mujeres oportunistas, oenegeras y derechistas nunca levantaron la voz ante un sistema de muerte, máximo negociaron en los lobbys, leyes como la 1674, que no le hizo ni pellizco al sistema y más bien sirvió para fortalecer el machismo a través de la conciliación, conciliaciones que la mayoría de las veces fueron en contra de las mujeres. Desde el proceso de cambio se hicieron las mejores leyes para las mujeres, pero la ley no cambia las conductas y esa es nuestra tarea, acabar con la violencia hacia las mujeres, acabar con los femicidios, eso es parte de nuestras luchas para recuperar el proceso de cambio, y es una lucha de mujeres y hombres revolucionarios.

Julieta Paredes es feminista comunitaria.

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Con soplos del rebeldía

Necesitamos refundar la democracia para construir los gobiernos de la vida en Comunidad, donde todas y todos tengan todo lo que necesiten.

/ 12 de julio de 2020 / 08:56

Las energías de vida del planeta Tierra nos dan una oportunidad histórica para cambiar el rumbo suicida de la humanidad. ¡Cuándo si no es ahora! para entender que la vulnerabilidad que sentimos en nuestros cuerpos es el espacio para sentir que es en comunidad y no individualmente como se sostiene la vida. Este manifiesto es un mensaje desde el Feminismo Comunitario de Abya Yala.

 Los Estados-Nación y los gobiernos muestran su ineptitud para garantizar la sobrevivencia de la humanidad. La democracia como forma de legitimación de gobiernos se encuentra en crisis. Develan su verdadero origen: son mecanismo para garantizar la dictadura del capital y de los valores burgueses, blancoides de la cultura eurocentrada. Necesitamos refundar la democracia para construir los gobiernos de la vida en Comunidad, donde todas y todos tengan todo lo que necesiten, que a nadie le falte nada, que nadie acumule, que todas y todos compartan y que nos cuidemos mutuamente.

El trabajo humano es esa acción que permite crear y construir, hoy está atrapado en el empleo, que es la forma como el capitalismo usufructúa de la fuerza de trabajo. El trabajo debe ser liberado del empleo y debe servir para crear y construir el Vivir Bien de la humanidad y de la madre y hermana Naturaleza. Proponemos como transición a la Comunidad de Comunidades cuatro horas de trabajo empleado con el mismo o mejores salarios, reconociendo que el trabajo doméstico de las mujeres en sus familias ha creado, durante casi 300 años, plusvalía para los capitalistas y los Estados capitalistas.

Necesitamos que el conocimiento y la tecnología nos permitan encontrar caminos para luchar contra la usura, la acumulación y la apropiación de los bienes comunes de la humanidad. Recuperar a las universidades para el servicio de las necesidades de los pueblos, profundizarla revolución universitaria de los años 60 y 70.

Nuestros pueblos originarios, con toda la multiversidad de sus cuerpos, expresiones de sus cuerpos, lenguas y culturas siempre han transitado el continente Abya Yala buscando garantizarla vida, hoy quienes la transitan y tienen dinero se llaman turistas, y quienes la transitan protegiendo la vida se llaman migrantes, clandestinos, trabajo negro. Ninguna y ningún ser humano debe ser ilegalizado, clandestinizado o reprimido. Construir la Comunidad de los pueblos y naciones.

Los pueblos y nuestras organizaciones estamos atrapadas y atrapados en prácticas machistas y vanguardistas de la política, los gobiernos populares fueron un avance pero no se atrevieron a romper el molde democrático burgués, blanco, capitalista y machista. Ningún gobierno hace revoluciones, las revoluciones las hacemos los pueblos organizados, pero ayuda tener gobiernos que apoyen estos procesos revolucionarios. Queremos recuperar la democracia en su significado y en su práctica para los pueblos revolucionarios, y cuidar los procesos políticos que nos favorecen. La banca privada es un sector inútil, sin embargo gana con la especulación, el sobrevalor del papel dinero y la manipulación del valor de los productos convertidos en mercancías en las bolsas. Toda la banca debe ser estatal, municipal y comunitaria.

Los pueblos originarios de Abya Yala vivimos hace más de 500 años el exterminio, sin embargo subsistimos y seguiremos viviendo, pues tenemos mucho que decirle a la humanidad; exigimos que nos dejen vivir como queremos, que no maten nuestras autoridades, que no las persigan y encarcelen, que se libere a la madre y hermana Naturaleza de la propiedad privada.

*Es feminista comunitaria

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Machaq Mara

Este Sol, en su caminar en círculo, nos promete tener la memoria delante para que los pasos sean más atinados.

/ 28 de junio de 2020 / 07:24

Las semillas son posibilidades, energías cargadas de esperanzas, no importa el tamaño de las semillas, su tamaño no va a determinar la trascendencia de su existencia. Así, escondidas en la tierra, las semillas recibieron y reciben a la madre agua que junto con la madre tierra las cuidan y hacen crecer; algunas fuertes y pródigas, otras un poco más débiles y otras mueren para alimentar las energías de otras. Ha empezado un nuevo Wilka Kuti, una nueva vuelta del Sol, a veces padre a veces madre. Este Sol, en su caminar en círculo, nos promete tener la memoria delante para que los pasos sean más atinados, más encaminados al Vivir Bien.

Que todas y todos tengan todo, que a nadie le falte nada, que nadie acumule, que nadie desperdicie, son mensajes de un comienzo para el Vivir Bien de la humanidad y de la humanidad con nuestra madre y hermana naturaleza. Es un camino que como pueblos estamos recorriendo, la colonización ha interrumpido nuestro camino propio y ahora tenemos que caminar también con otros y otras, que tienen buen corazón pero que a veces se equivocan.

Machaq Mara, nuevo año, nuevo tiempo para renovar fuerzas y para continuar la lucha. ¿Qué siempre pues hicimos tan mal para que nos odien tanto? No entiendo a los y las bolivianos que desprecian tanto el proceso de cambio. Parecen borrachos de odio y no reconocen a sus hermanos, debe ser porque odian al indio que hay dentro de ellos.

La pandemia era un momento, una oportunidad para demostrar la capacidad intelectual, administrativa y ética de la derecha colonialista y racista. Era el momento de actuar, según lo que dicen ser; gente de pureza de origen —léase, no contaminados con los indios— que garantizaría una pureza moral, por ejemplo: ellos y ellas no son ni rateros ni narcotraficantes como los indios.

Era el momento de demostrar que quieren un país unido y respetuoso de las diferencias. Era pues el momento de demostrar lo sabios e inteligentes que dicen ser, porque los indios —peor las indias— ni hablar sabemos. Era pues el momento y se aplazaron.

Carlos Mesa se fue, como un buen titiritero, a administrar el gobierno sin hacerse ver, dando opiniones o mejor podemos decir directrices desde bambalinas. Mesa, además de gestar el golpe, dejó hacer y dejó pasar al gobierno golpista, sin ningún tipo de freno, inclusive defendió a su “señora presidenta” de los ataques de los “salvajes” masistas. Hoy es el segundo acto de su teatrito conservador e infame contra las energías revolucionarias, corta los hilos de los títeres y dialoga directamente con el dueño de este circo burgués colonizador y machista, los EEUU. Hoy se pone al servicio del capital depredador de la madre tierra, depredador del trabajo humano, depredador de la alegría de vivir con dignidad. El segundo acto se llama “hacerse al buenito, al conciliador, al razonable” para ganar votos.

En este Wilka Kuti, como aymaras elevamos nuestras esperanzas a las energías y sabidurías de nuestros pueblos, que nos den las fuerzas, las palabras, las ideas para luchar y construir el Vivir Bien en nuestros territorios. ¡Jallalla Pachamama!

Julieta Paredes
es feminista comunitaria.

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El reflejo

La humanidad de nuestros cuerpos nos hermana en las miserias y en la belleza de nuestros actos y decisiones.

/ 31 de mayo de 2020 / 07:25

Vivir tranquilos y tranquilas hoy es una tarea muy difícil para quienes necesitan despreciar y oprimir a los demás, para sentir sus vidas en seguridad. Los discursos de ridiculización y burla del “otro”, “del indio”, no es otra cosa que la expresión de la angustia que les da el saber que siendo diferentes, somos todos y todas iguales. La humanidad de nuestros cuerpos nos hermana en las miserias y en la belleza de nuestros actos y decisiones. Todas y todos somos capaces de ser heroínas y héroes; pero también podemos ser los más avezados maleantes, todo depende de las decisiones éticas que tomamos en la vida.

Estamos en un momento en la historia de Bolivia en el que ya no pueden ocultar el carácter autoritario y dictatorial del régimen, tampoco el cinismo impune de sus actos. Quienes trabajaron arduamente 14 años para derrocar el proceso de cambios políticos, del pueblo boliviano, hoy están desnudados en sus prácticas oligarcas y fascistas. Prácticas que fueron enmascaradas en un “levantamiento de pititas”, amarrando y linchando los sueños y esperanzas del pueblo en las esquinas de nuestras asustadas ciudades.

Querían colgar, en el farol de las plazas, un proceso que, con todos sus errores, es lo mejor que hemos tenido. Pues fue un tiempo para mirarnos, valorarnos y construirnos como gente que quiere vivir bien, sin lastimar, explotar, violentar u oprimir a los y las otras. ¿Que todo eso se hizo maravillosamente? No, pero de eso se trataba, de luchar y construir, proponer y argumentar, dialogar, y en el debate avanzar, profundizar. Un proceso de cambios que revolucione las profundas opresiones de Bolivia no es cosa de varita mágica.

Hoy, los racistas de izquierda, las feministas y ecologistas racistas se miran en el espejo del régimen que ellas y ellos, bien felices, pusieron, masacrando a más de 35 hermanos que piden justicia. Se miran en el espejo del régimen y no quieren ver su imagen. Crean, en su angustia, un espejismo, y concluyen que “la Áñez es igual que los indios”. No, “la Áñez” es igual a ustedes, son ustedes quienes la pusieron, y las decisiones que toman (tanto en el Gobierno como en sus jailonas casas) son decisiones éticas lamentablemente impulsadas por el odio racista que nos tienen.

En Bolivia somos una canasta de muchas diferencias de colores de pieles, culturas, tamaños, opciones, pensamientos. Las diferencias no son contradicciones en sí, somos diferentes pero iguales en el valor existencial de cada una de nuestras vidas. Se trata de tener dignidad, iniciativa, creatividad para impulsar el país. No se vale que, al ver que lo estábamos haciendo mejor, vengan a matarnos, encarcelarnos, perseguirnos y de paso, ni sepan gobernar. Los indios no somos ni mejor ni peor, somos gente igual que cualquier humano y humana. Ahora el régimen pitita va a hacer rote, pasanaku entre oligarcas racistas; le toca a los “caballeros”. Ya lo dijimos en noviembre, “estarán agazapados detrás de las faldas”, para eso les sirven las mujeres de derecha. Pero también el pueblo está organizado, para defender un proceso de esperanzas para Bolivia.

Julieta Paredes, feminista comunitaria

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