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miércoles 28 oct 2020 | Actualizado a 01:33

Ganadería en sabanas inundables

Las políticas públicas deben promover y difundir prácticas de pastoreo racional en predios demostrativos

/ 22 de junio de 2020 / 07:51

Las sabanas inundables son ecosistemas de alta variabilidad hidroclimática y geomorfológica. Humedales que mantienen caudales ecológicos mínimos en los ríos durante la estación seca y sustentan el ciclo hidrológico en las cuencas regulando inundaciones. Se encuentran en pocos lugares del mundo debido a estas características particulares. Bolivia cuenta con más de 13 millones de hectáreas de sabana inundable —entre los Llanos de Moxos y el Pantanal— en la que pastorea el 42% de la población nacional de ganado bovino. Al ser lugares muy diferentes en clima, suelos y paisaje del resto del trópico nacional, la ganadería debe desarrollarse aplicando tecnología propia.

En estas enormes áreas de pradera natural existe una variada oferta natural de forraje que debe ser adecuadamente utilizado en base al pastoreo racional. La práctica del no manejo, tan extendida en la ganadería nacional del oriente, es particularmente destructiva en esta ecoregión y es la responsable de la pérdida de valioso forraje natural a través de la quema y el sobrepastoreo. Las políticas públicas deben promover y difundir prácticas de pastoreo racional en predios demostrativos y promocionar el conocimiento de la composición florística de la pradera.

La variabilidad climática de esta zona ocasiona que existan dos temporadas críticas en la disponibilidad de forraje para el ganado —inundación y sequía— lo que obliga a la conservación de forraje con mayor urgencia que en otras zonas. Cosechar forraje en época de abundancia para secarlo y conservarlo para épocas críticas no es una práctica extendida en la ganadería de sabanas inundables, lo que redunda en una baja productividad. Estas prácticas deben enseñarse y facilitarse a los productores en predios demostrativos.

La ganadería de bovinos de carne, como toda pecuaria de engorde, consiste en que el animal gane peso en el menor tiempo posible. Para optimizar la ganancia diaria de peso, es necesario contar con alimento que supla todos los requerimientos nutritivos, lo que no es posible en la pradera natural. Esto obliga a que la ganadería en sabanas inundables se concentre sólo en la cría y recría de ganado. El acabado de engorde debe hacerse en lugares en los que se cuenta con ingredientes que completen el balance alimenticio.

La aptitud de ganancia de peso en el menor tiempo posible en un ambiente tropical se logra a través del mejoramiento genético de los animales en engorde, lo que en nuestro medio se ha alcanzado con la raza cebuina Nelore. Sin embargo, el mejoramiento de esta raza se ha basado en el pastoreo de forraje cultivado; queda mucho por investigar en sabanas mal drenadas el aporte genético que se podría obtener del tipo de ganado mejor adaptado a digerir forraje natural, como se ha hecho en el Chaco nacional al comprobar la mejor aptitud de ganado criollo para digerir forraje arbóreo. En este sentido también contribuye la introducción de búfalos, animales de aptitudes acuáticas y capacidad de convivencia con la fauna que, junto con el resto de las prácticas señaladas, permite mitigar el viejo conflicto de la ganadería con predadores felinos como el jaguar y el puma.

El Estado y las universidades pueden contribuir mucho al incremento de la productividad utilizando la sabana inundable como un laboratorio para encarar con imaginación el desafío global de desarrollar prácticas rentables compatibles con la conservación de la biodiversidad.

Wolf Rolón Roth, Ingeniero Agrónomo especializado en Desarrollo Rural.

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¿Cuál MAS ganó y por qué?

/ 27 de octubre de 2020 / 08:12

Desde las elecciones nacionales y pasada la perplejidad tras los resultados —para muchos, incluido el Sr. Michel que, al filo de medianoche, mencionaba un 45% obtenido por el MAS—, dos preguntas han permeado los comentarios y opiniones —descontando los triunfalistas y revanchistas, tan aturdidos como los demás—: ¿Cuál MAS ganó? Y en la misma lógica: ¿Por qué ganó? Responderé la segunda primero.

La primera respuesta es que hubo una amplia autonegación de la realidad. Desde centrarse en el rechazo a Morales y su rosca que tendría mayoritariamente la población —actora de “las pititas”— como la razón decisiva al decidir el voto, o en la negación de las tendencias que anunciaban la mayoría de las encuestas —el “cártel de las encuestadoras mentirosas” para Jorge Quiroga y Luis Fernando Camacho—; confiar en que un posible “voto útil” aparecería como factor de victoria, como en 2019 pero sin necesidad de ganarlo en campaña directa —reclamándolo como derecho frente a un librero— o por la infravaloración del verdadero impacto de la crisis económica y social tras el coronavirus en la gran mayoría de los bolivianos —muchos de la clase media emergente que dejaban de serlo y otros que cruzaban los límites de las estadísticas de las pobrezas. Muchos nos equivocamos porque —conscientes los que opinábamos sí de que el “milagro económico” entre 2008 y 2015 no fue resultado de ningún arte de barbiloque sino de fenómenos de mercado donde no incidíamos— no comprendimos que, para los que ahora vivían con muchas escaseces y avizoraban mucha más, el “milagro” sí sucedió y les benefició y el “milagrero” era Luis Arce Catacora. Hasta acá mi mea culpa.

Las del 18 fueron elecciones tranquilas, sin conflictos relevantes ni violencia, algo contra los augurios que llevábamos semanas esperando. ¿Acaso agosto no fue el desborde de la violencia marcada por el desprecio al prójimo? Lo fue. ¿Acaso Arce y Choquehuanca no eran quienes representaban el regreso de los violentos? Y entonces empieza la duda.

¿Es que hay hoy “un MAS” —trancado en su pasado de soberbia, corrupción y despilfarro— o hay “varios MAS”? Como para muchos en Bolivia que pensaron que Luis Arce Catacora fue “el ministro del éxito económico del MAS” y su vicepresidencial David Choquehuanca Céspedes, “el indigenista conciliador que relegaron los que ‘se robaron’ el MAS”, también muchos de ellos pudieron pensar que “había otro (u otros) MAS”. Arce y Choquehuanca hicieron mucho por poner distancia con Morales: Arce no apoyó los bloqueos de agosto y afirmó que “Evo debe aclarar sus asuntos pendientes con la justicia”; Choquehuanca repitió en varias ocasiones que “él no era del MAS sino de IPSP”. ¿Fueron táctica o convicciones? El tiempo lo dirá.

Como mencioné en mi anterior columna (Indecisos (y políticos) golean para el MAS, 20/10], Bolivia llegó a octubre 2020 para terminar un proceso electoral iniciado en octubre 2018, fracasado en octubre 2019 con el fraude y que llegó ahora tras tres postergaciones de fecha comicial por la pandemia, sin finalizar la crisis sanitaria e inmerso dentro de una amplia crisis económica que pondrá en jaque al próximo gobierno. Pero no solo fue el cansancio de los electores y todo lo antes mencionado los que decidieron el voto: también debió pesar el “Octubre Negro” de 2003 y cuán posible podría volver la inestabilidad —que hizo saltar dos gobiernos: a Sánchez de Lozada y a De Mesa.

Si la estrategia ganadora fue el distanciarse del MAS “duro” y presentar a Arce como “el mago de la economía”, pronto sabremos si el próximo Gobierno podrá —o querrá, quizás— mantener el equilibrio entre el MAS “duro”, el posible MAS “conciliador” —“renovador”— y los no-masistas que votaron por Arce: Un equilibrio azaroso.

¿Arce y los que lo acompañen podrán paliar la crisis? Lo que resulte —por éxito o fracaso— definirá los próximos cinco años.

José Rafael Vilar es analista y consultor político

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Masas de agosto y voto de octubre

/ 26 de octubre de 2020 / 02:25

Mucho antes de que naciera el sol, nacieron los Uru-Chipaya, ícono de una de las culturas originarias más antiguas de América Latina. Salieron ilesos de la arremetida cultural desde los incas hasta la colonia española. Síntesis del Estado Plurinacional. Allí, un reportaje gráfico, el día de las elecciones, registra ciudadanos con sus trajes típicos solo para fechas especiales, emitiendo su voto. Ellos sintetizan lo nacional-popular que apostó a las elecciones para recuperar la democracia desportillada desde el golpe de Estado de 2019.

René Zavaleta hablaba que la crisis y el acto electoral son dos formas de revelación de lo social y lo político. Ambas, son intensas y movimientos estructurales como moleculares de la sociedad abigarrada boliviana. En efecto, para comprender la coyuntura política ambas formas se imbrican.

Hace un año, como parte de una cruzada conspirativa antes de las elecciones y posteriormente urdiendo el discurso del fraude electoral y la defensa de la democracia y, a la vez, azuzando el odio de la clase media urbana, protagonizaron una movilización para forzar la renuncia presidencial de Evo Morales con el auxilio de un motín policial y la renuncia de una autoridad castrense devino en un golpe de Estado posesionando a Jeanine Áñez como presidenta transitoria, que a los pocos días perpetró masacres contra indígenas/campesinos. Posteriormente, el gobierno de Áñez se tiñó de un autoritarismo atroz con persecuciones políticas y judiciales.

La pandemia posibilitó que este gobierno se sumergiera en un pantanal de corrupción. Con el saqueo de los recursos naturales y acompañada con un discurso del miedo para provocar zozobra en los sectores sociales articulados a lo nacional-popular. Un sometimiento a los rectores impuestos por el gobierno norteamericano. Todo ello mermó significativamente el proyecto de restauración oligárquica/conservadora en curso.

Mientras tanto, después de una perplejidad inicial, lo nacional-popular organizó la resistencia al golpe de Estado, que sirvió para recuperar el ajayu del Movimiento Al Socialismo- Instrumento Para la Soberanía de los Pueblos (MAS-IPSP). En efecto, esa mística eclipsada por la burocratización partidaria fue recuperada en el curso del interregno autoritario del gobierno de Áñez.

Quizás, el momento decisivo de las movilizaciones de lo nacional-popular fue en agosto. Allí, las masas de agosto —parangón a lo que Zavaleta denominó las masas de noviembre de 1979 para dar cuenta de la autodeterminación de las masas para abortar el golpe de Estado de Alberto Natusch—, con su movilización lograron blindar la fecha para las elecciones que inclusive fue leída equivocadamente por muchos analistas políticos, anunciando el declive de la hegemonía del MAS-IPSP y, por lo tanto, vislumbraban, una vez más, la derrota de lo nacional-popular. En esa lectura miope, no preveían el potencial democratizador y la advertencia del “cuarto intermedio” fue factor decisivo para bajar las ínfulas de sectores propensos a la ruptura constitucional abonando el decurso democrático.  

Entonces, los ecos de las masas de agosto movilizadas ondeando wiphalas, esgrimiendo el discurso democrático —en 2019 fue usado por la clase media movilizada—, se tradujo en la victoria electoral del 18 de octubre de 2020. Quizás, lo más importante de la diferencia electoral amplia obtenida por el MAS-IPSP despejó cualquier tentación de prorroguismo golpista o fraude electoral. Así se recuperó la democracia.

Yuri Tórrez es sociólogo.

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El círculo virtuoso de la calidad educativa

/ 26 de octubre de 2020 / 02:23

La calidad educativa puede ser entendida como el conjunto de cualidades intelectuales, sociales, morales y emocionales que se generan en los estudiantes, resultado de la integración de las dimensiones que componen el círculo virtuoso de la calidad educativa: normativo, infraestructura, profesores y estudiantes.

El componente normativo, en general, está definido por el Gobierno mediante la estrategia o plan sectorial en materia educativa, instrumento que define el objetivo estratégico y las directrices sectoriales, el mismo debe contener elementos socioculturales propios de cada país rescatando los valores y tradiciones culturales para la mejor asimilación de los contenidos curriculares, pero además, es imprescindible que esté en concordancia con los parámetros y lineamientos internacionales en materia educativa, incorporando de esta manera al país en el contexto mundial. En este núcleo se incluyen, además, el diseño curricular de las asignaturas, las metodologías de evaluación y la reglamentación interna de cada institución educativa, elementos alineados al plan sectorial.

El segundo componente se refiere a la infraestructura que contiene los ambientes físicos para el desarrollo pleno de la actividad educativa, aulas, pupitres y pizarras; asimismo, laboratorios, ambientes deportivos y espacios recreativos, a estos elementos se suman las computadoras, pantallas digitales y conexiones a internet como herramientas imprescindibles de apoyo.

Otro de los elementos fundamentales dentro del círculo virtuoso de la educación se refiere a los profesores, que deben tener vocación, capacidad intelectual, formación académica y pedagógica para transmitir sus conocimientos a los educandos, mediante diferentes herramientas en el desarrollo de sus clases, además de ser motivadores y exigentes, con capacidad de identificar liderazgos, facilitadores que cumplan con la programación y los objetivos académicos establecidos para cada gestión.

El círculo se completa con el elemento central del proceso, los estudiantes, los cuales deben tener principios y valores, respeto por el otro y sus diferencias, equilibrio emocional, conscientes de sus derechos y deberes, con metas claras y deseo de superación, capaces de asimilar los conocimientos impartidos por sus profesores y motivados a la investigación. Parte de estas cualidades son impartidas en el hogar, siendo la institución educativa un complemento determinante en la formación académica.

Estas dimensiones conforman el círculo virtuoso de la calidad educativa, interaccionan de manera sistemática e integral, generando de esta manera sinergias para lograr calidad y excelencia en la educación.

Bolivia está muy distante de alcanzar, al menos, alguno de los núcleos mencionados, las razones son estructurales y no atribuibles a ésta o la anterior gestión de gobierno, vienen de muchas décadas pasadas en las cuales ha existido poca o nula atención por parte de las autoridades de turno que se conformaron con diseños superficiales y poco estructurados en esta materia, que no contribuyeron al desarrollo pleno de la educación boliviana.

La pandemia obligó la implementación de clases a distancia y/o virtuales a instituciones, profesores y estudiantes que tuvieron que improvisar en la utilización de estos sistemas para tratar de salvar la presente gestión educativa; sin embargo, es importante resaltar que gran parte de los estudiantes en Bolivia no cuentan con acceso y cobertura a internet, además de carecer de equipos para este propósito, desnudando de esta manera las deficiencias en materia educativa.

Las medidas desacertadas de la actual gestión de gobierno, clausura del año escolar y la desorientación al sistema universitario, entre otras, han dejado a la educación en el limbo del abismo y en colapso, por lo que resulta imprescindible e ineludible que la próxima gestión de gobierno considere a la educación como una verdadera prioridad nacional, corrigiendo de esta manera los errores del pasado y visualizando una educación de calidad para todas y todos.

Gustavo Gómez es economista y académico universitario.

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Por la boca de las urnas hablamos…

/ 25 de octubre de 2020 / 07:09

Una semana antes de las elecciones nacionales, fuimos a distendernos a la bahía de Guaqui, puerto donde las gaviotas marinas hicieron su hogar desde los años 40, atrapadas en los vagones del tren de carga y se adaptaron al lago. Decidimos dar un paseo en bote; desde la popa, una chola sonriente repartía fideos tostados para que estas aves nos persiguieran; así lo hicieron en gran número. Al bajar del bote nos dijo: Este domingo las bocas de las urnas van a hablar por nosotros. Jamachnaka (aves), eso dicen.

Hace algunas semanas comentamos el escepticismo democrático de Borges, quien, después de las elecciones en Argentina —luego de una sangrienta dictadura— manifestó que le habían refutado espléndidamente por sus resultados. Eso nos ocurrió a nosotros cuando entendimos la visión de la señora que delegaba su voz a las urnas dotadas de vida.

El rotundo fracaso de los grupos y asociaciones políticas coyunturales, todas conformadas para enfrentar al IPSP-MAS, fue debido a múltiples factores que ya todos reconocen, entre ellos el absoluto desconocimiento de la Bolivia profunda, a la que éstos califican como premoderna, ignorante y salvaje. El principal candidato de la derecha democrática, Carlos Mesa, nunca pasó la frontera cultural de la Pérez Velasco en La Paz, jamás llegó al Plan Tres Mil en Santa Cruz y menos al mercado Calatayud en Cochabamba, espacios de encuentro y entrelazamientos entre las urbes y áreas rurales. Estos son territorios donde se negocia, celebra y acuerdan acciones. No se acercaron a los cuerpos y por lo tanto no fueron capaces de intentar descifrar cómo se comportarían estas colectividades mayoritarias, para quienes todo tiene vida, desde la tierra hasta un automotor. Ante la arremetida restauradora del viejo orden republicano, restablecieron el silencio como arma de autodefensa, asimilada desde los tiempos cíclicos del awqa pacha, (tiempo de guerra) coloniales, durante la república, en el año de desgobierno que agoniza, y enfrentar a los grupos racistas y conservadores.

 Durante la satanización al anterior gobierno del MAS, no dudaron en usar las peores artimañas jurídicas y comunicacionales que pusieron en manos de crápulas dispuestos a todo por recibir un estipendio jugoso; entonces, como arma, el silencio implicaba saber cernir el trigo del vidrio molido. Ocultaron los combustibles para impedir el desplazamiento en el área rural, sabían que ese voto leal al IPSP no podían voltearlo. Los campesinos caminaron varias leguas, comunidades enteras se desplazaron cargando el apthapi y llegaron a sus centros de votación. El silencio, como instrumento, obligaba caminar por los túneles interconectados que no ven desde la ciudad. Prometieron que el uso del carnet caducado sería válido para la votación ¿Sería cierto? El estar en silencio también implicaba desconfiar. Enormes filas en el Segip durante varias semanas, aseguraron que un posible pretexto de última hora no impediría hacer hablar a las urnas. Los restauradores republicanos aseguraron que el pueblo daría el voto castigo al MAS, pero usaron su gastado lenguaje de odio y estar en silencio comporta, sobre todo, saber oír y castigar al revés.

Ese domingo, en la iglesia de Guaqui, construida con los sillares milenarios de Tiwanaku, donde se venera al Tata Santiago y se baila morenada en su día (25 de julio), hicimos rebautizar con su nombre nuestro viejo automotor, con otras personas. Todo está vivo aquí, por eso se delega a las urnas para que hablen por ellos, por eso en tiempo de apronte belicoso es mejor estar: ¡Callaro… nomás!

Los derrotados en las urnas no salen del shock; prisioneros del internet, creen que hubo fraude. Deambulan en las plazas, confundidos, se resisten a creer que solo vivieron una ficción alimentada por grupos de poder que, desde la televisión y las redes sociales, aprovecharon precisamente eso que indilgan al mundo indígena y cholo, ignorancia. Algunas personas quieren irse a otro país y les responden que las puertas están abiertas de par en par, otros les dicen que más bien estudien la historia de Bolivia pero no en los libros de Carlos Mesa. Sin horizonte, sin líderes creativos, se desvanecerán un tiempo para volver a aglutinarse y conformar una oposición ciega. Las urnas hablaron y ahora empieza lo más difícil.

Édgar Arandia Quiroga es artista y antropólogo.

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‘Pienso en Bolivia y en su democracia’

/ 25 de octubre de 2020 / 07:08

Lo obligaron a renunciar y con él buscaron que todos renunciemos. Era una acción humillante y desdeñosa hacia nuestra democracia. A partir de ese instante, todo fue unidireccional con calificaciones cargadas de resentimiento y advertencias de detenciones y judicialización.

La historia de nuestra región está signada por un enorme listado de momentos políticos de quiebres en el poder civil. El 29 de junio de 1954 Jacobo Árbenz, hasta entonces presidente de Guatemala, era obligado a renunciar en una acción donde las Fuerzas Armadas de aquel país, confabuladas con la CIA, terminaron con la revolución que se había iniciado en 1944. Escribió Luis Cardoza y Aragón: “Pienso en Árbenz, nos habían derrotado, lo habían vejado en el aeropuerto de Guatemala, en él nos habían vejado a todos los guatemaltecos”.

 El 16 de septiembre de 1955, cuando la tarde recién comenzaba en aquel infausto día para la democracia y el movimiento obrero argentino, las fuerzas del general Eduardo Lonardi iniciaron el ataque militar que intimaría al general Perón a renunciar a la presidencia tras una década en el gobierno. El líder argentino no ofreció resistencia y tampoco quiso acudir a los trabajadores para instalar una defensa que podía terminar en un “baño de sangre”. Horas después admitía que ya no había nada que hacer.

Unas décadas más tarde, en septiembre de 1973, otro líder emblemático de una Latinoamérica siempre agobiada era emplazado a renunciar. El entonces comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas chilenas, general Augusto Pinochet, otorgaba un plazo perentorio al presidente Salvador Allende para que haga dejación de su investidura. La respuesta del mandatario fue la que solo hombres de una trascendencia histórica como la de Allende pueden tener: “Pagaré con mi vida la lealtad del pueblo. Y les digo que tengo la certeza que la semilla que entregáramos a la conciencia digna de miles y miles de chilenos, no podrá ser cegada definitivamente… Trabajadores de mi Patria, quiero agradecerles la lealtad que siempre tuvieron, la confianza que depositaron en un hombre que solo fue intérprete de grandes anhelos de justicia”. El día 11 de aquel mes, rechazando cualquier posibilidad de renunciar al mandato que el voto popular le confirió, ofrendó su vida ante las fuerzas de Pinochet.

En el tiempo, las formas mutaron a “insinuaciones” menos presenciales, pero no por ello faltas de efectividad. El Neogolpismo que ya había actuado bajo formas militaristas y eventos de judicialización en la región, se pronunció en Bolivia el 10 de noviembre de 2019, cuando el general Kaliman en conferencia de prensa leyó un comunicado del conjunto de las Fuerzas Armadas de Bolivia:  “Ante la escalada de conflictos que atraviesa el país y velando por la vida, la seguridad y la garantía del imperio de la CPE, en conformidad al artículo 20 de la Ley Orgánica de las FFAA y luego de analizar la situación conflictiva, sugerimos al presidente del Estado que renuncie”. Las alternativas para el poder civil de entonces se redujeron a dos caminos únicamente: la vía Perón o la decisión de Allende. Consumaron un golpe porque tenían intereses de clase dominante y otros notoriamente económicos, pero un hecho mayor los inquietó siempre, quienes gobernaban, distintos en color de piel y apellidos, les eran antipáticos por su contenido popular. Para validar socialmente el golpe precisaban de la indignación colectiva, la narrativa del fraude electoral fue el argumento. Nunca lo probaron, pero les sirvió para despedazar la institucionalidad electoral y la vida de miles de bolivianos.

Pienso en Bolivia y en el valor formidable de 3.393.801 mujeres y hombres que le dijeron al país y al mundo que en Bolivia hubo un grito pacífico y democrático, de una enorme voz popular que dijo no al fraude, no al golpe, no al odio y no a la intolerancia.

Jorge Richter es politólogo.

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