Recordando las historias de la mitología griega me vino a la mente Cronos (Saturno para los romanos), quien destaca en el relato acerca del temor que se apoderó de él ante la posibilidad de perder su poder sobre el mundo. Cronos devoraba uno a uno a sus hijos en cuanto nacían; el recelo de que crecieran y pudieran de alguna forma arrebatarle el poder lo llevó a aniquilar a su propia descendencia. Zeus fue el único de sus hijos que pudo ser escondido por su madre y así esquivó una muerte segura. En cuanto creció se valió de la guerra para tomar el poder y así cumplió el miedo más grande de su progenitor: Zeus desterró a su padre a los confines del Tártaro.

Esta historia puede considerarse tétrica y extraída de la mente fantasiosa de un narrador, pensar en los motivos que llevan a una persona a aniquilar a sus hijos de forma consciente, estratégica y con sus propias manos puede parecer irreal. No obstante de parecernos un cuento, en ella se refleja una de las caras más oscuras del ser humano. En nuestros tiempos y desde hace años, le hemos dado el nombre de infanticidio.

Desde la gestión 2014, el Código Niño, Niña y Adolescente se encargó de modificar lo establecido en el Código Penal en cuanto al infanticidio. A partir de allí se establece que cualquier persona puede llegar a cometer este delito, quitando la carga exclusiva que recaía antes solo sobre la madre. A pesar de los cambios en la norma y habiéndose otorgado una sanción mayor para quienes incurran en ese delito, hasta hoy el ser humano no ha logrado eliminar de sí mismo una de las miserias que al parecer duerme en su interior: la necesidad de eliminar lo que potencialmente puede perjudicarle o molestar y que en ocasiones le ha llevado a aniquilar a sus propios hijos, cuando estos aún permanecen en la niñez.

Saturno devorando a su hijo, obra del pintor español Francisco de Goya (1746-1828) ha cobrado vida y se encuentra muy presente en la actualidad. Según el Ministerio Público se registraron 31 infanticidios en nuestro país en lo que va del año. Algunos podrían considerar que no es una cifra alarmante, sin embargo ¿Deberíamos esperar al incremento de infanticidios, para considerar políticas que coadyuven a la disminución de casos?

En algún momento se llegó a creer que las mujeres asesinadas por sus parejas, exparejas o maridos eran un mito urbano. Hoy le hemos dado el nombre de feminicidio y aún no hemos hallado la forma de frenar ese delito. Pero es posible que aún estemos a tiempo de detener otra pandemia social, si consideramos que el establecimiento de políticas de prevención de delitos es vital; mucho más si estos vienen de la mano de una escala axiológica estructurada, que repercute en la educación temprana de nuestros ciudadanos.

Pamela Quino Montenegro, es abogada