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miércoles 14 abr 2021 | Actualizado a 21:13

Cuando Saturno devora a sus hijos

En nuestros tiempos y desde hace años, le hemos dado el nombre de infanticidio.

/ 23 de junio de 2020 / 06:47

Recordando las historias de la mitología griega me vino a la mente Cronos (Saturno para los romanos), quien destaca en el relato acerca del temor que se apoderó de él ante la posibilidad de perder su poder sobre el mundo. Cronos devoraba uno a uno a sus hijos en cuanto nacían; el recelo de que crecieran y pudieran de alguna forma arrebatarle el poder lo llevó a aniquilar a su propia descendencia. Zeus fue el único de sus hijos que pudo ser escondido por su madre y así esquivó una muerte segura. En cuanto creció se valió de la guerra para tomar el poder y así cumplió el miedo más grande de su progenitor: Zeus desterró a su padre a los confines del Tártaro.

Esta historia puede considerarse tétrica y extraída de la mente fantasiosa de un narrador, pensar en los motivos que llevan a una persona a aniquilar a sus hijos de forma consciente, estratégica y con sus propias manos puede parecer irreal. No obstante de parecernos un cuento, en ella se refleja una de las caras más oscuras del ser humano. En nuestros tiempos y desde hace años, le hemos dado el nombre de infanticidio.

Desde la gestión 2014, el Código Niño, Niña y Adolescente se encargó de modificar lo establecido en el Código Penal en cuanto al infanticidio. A partir de allí se establece que cualquier persona puede llegar a cometer este delito, quitando la carga exclusiva que recaía antes solo sobre la madre. A pesar de los cambios en la norma y habiéndose otorgado una sanción mayor para quienes incurran en ese delito, hasta hoy el ser humano no ha logrado eliminar de sí mismo una de las miserias que al parecer duerme en su interior: la necesidad de eliminar lo que potencialmente puede perjudicarle o molestar y que en ocasiones le ha llevado a aniquilar a sus propios hijos, cuando estos aún permanecen en la niñez.

Saturno devorando a su hijo, obra del pintor español Francisco de Goya (1746-1828) ha cobrado vida y se encuentra muy presente en la actualidad. Según el Ministerio Público se registraron 31 infanticidios en nuestro país en lo que va del año. Algunos podrían considerar que no es una cifra alarmante, sin embargo ¿Deberíamos esperar al incremento de infanticidios, para considerar políticas que coadyuven a la disminución de casos?

En algún momento se llegó a creer que las mujeres asesinadas por sus parejas, exparejas o maridos eran un mito urbano. Hoy le hemos dado el nombre de feminicidio y aún no hemos hallado la forma de frenar ese delito. Pero es posible que aún estemos a tiempo de detener otra pandemia social, si consideramos que el establecimiento de políticas de prevención de delitos es vital; mucho más si estos vienen de la mano de una escala axiológica estructurada, que repercute en la educación temprana de nuestros ciudadanos.

Pamela Quino Montenegro, es abogada

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El Efecto Diderot en Navidad

/ 10 de enero de 2019 / 03:13

El Efecto Diderot es un fenómeno social relacionado con los bienes de consumo. Sucede que en algunas ocasiones al adquirir un objeto sentimos la necesidad de comprar otro que está relacionado con el primero. Por lo general, no solemos estar conscientes de esta “necesidad” capaz de impulsar una espiral de compras de cosas que no necesitamos; la cual a su vez puede llevarnos a asumir deudas difíciles de saldar.

El filósofo y escritor francés Denis Diderot (1713-1784) escribió un ensayo al respecto titulado Arrepentimientos al despedirme de mi viejo albornoz. En este texto detalla cómo un albornoz escarlata (una capa con capucha) que le obsequiaron cambió por completo su vida. El albornoz era tan elegante que al llegar a su hogar evidenció que desentonaba con el resto de sus bienes. Esto lo impulsó a cambiar poco a poco no solo su vestimenta, sino también el resto de sus enseres, como sus sillas e incluso sus cuadros, lo que lo llevó a endeudarse y, a la postre, a la ruina financiera. Todo esto por “culpa” de una capa nueva, por un simple regalo.

Al igual como le sucedió a Diderot hace varios siglos, en la actualidad muchas personas se encuentran encerradas en una espiral de consumismo que se agrava en la época navideña. Con el aguinaldo ya depositado, muchos consideran una obligación gastar por completo este salario adicional adquiriendo objetos que no necesitan. Entretanto, los trabajadores independientes buscan obtener mayores ganancias con la esperanza de cambiar algunos objetos de su hogar, regalar los juguetes de moda a sus hijos, o comprar aquellos productos que no pudieron adquirir durante el año. Todos luchan por comprar y comprar. Se desatan “batallas” en las ferias y galerías para adquirir la última novedad, como si lo material pudiera garantizarnos la felicidad.

Debemos reconocer que todos en algún momento hemos caído o caeremos presas del Efecto Diderot. Además, la publicidad navideña nos invita a formar parte de la espiral del consumismo. Pero evitar el endeudamiento y la poca previsión económica para el futuro depende de cada uno. Para no convertirnos en víctimas de este fenómeno es necesario adquirir conciencia de su existencia, de su sutileza y, ante todo, entender cómo funciona. Para ello debemos analizar qué es lo que impulsa nuestras compras en procura de ralentizarlas. No debemos rendirnos ante las compras compulsivas y los eslóganes marketeros que buscan vendernos productos que en realidad no necesitamos, cayendo en cuenta de que si prescindimos de ellos, de todas formas podemos tener una Navidad y una vida feliz en general al lado de nuestros seres queridos; algo que un simple objeto no puede otorgarnos.

* Abogada.

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