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miércoles 5 ago 2020 | Actualizado a 09:38

México frente a su espejo

La llegada al poder de Morena y el liderazgo fuerte de López Obrador han reordenado el tablero político mexicano

/ 23 de junio de 2020 / 06:54

Hace dos años, Andrés Manuel López Obrador (AMLO) llegó al poder con un gran caudal de apoyo electoral y abanderando un proyecto de refundación nacional para México, país cuyo sistema político arrastra graves problemas estructurales que lo han situado durante décadas en el límite de la democracia en dimensiones tan clave como el control territorial y la seguridad pública. Las expectativas por un cambio social progresista que pusiera fin a un sistema corrompido conviven desde entonces con los sesgos que persisten como herencia de un sistema corrompido.

Según se desprende de una lectura global de la I encuesta CELAG realizada en México, de alcance nacional, la sociedad se encuentra en un momento de transición: en términos gramscianos, el viejo orden pareciera negarse a morir (en muchos sentidos), al tiempo que el nuevo no es capaz (aún) de nacer plenamente.

Dicha fase de transición constituye un horizonte de posibilidad que continúa abierto, impulsado fundamentalmente por la gran popularidad del actual Mandatario y, en parte, por la ausencia de liderazgos relevantes en el espectro opositor.

Uno de los principales cambios de paradigma que propone la “Cuarta transformación” (4T) tiene que ver con comenzar a dejar atrás la mirada de recelo hacia “los políticos” para empezar a confiar en que este nuevo proyecto y quienes lo encarnan serán capaces de solucionar los problemas de fondo. De ahí la emblemática promesa de AMLO de “barrer la corrupción como se barre las escaleras: de arriba para abajo”.

Reflejo de esta transición es que si bien en la actualidad 37,1% de los mexicanos considera que más allá de quien gobierne el principal problema estructural del país es la “impunidad/ corrupción”, al mismo tiempo más de la mitad de la ciudadanía (52,9%) se posiciona en la vereda contraria a la de la antipolítica y sostiene que “no todos los políticos son corruptos, algunos son honestos”. Esta proporción está en sintonía con la valoración pública del actual Mandatario.

A un año y medio de haber entrado en funciones, la figura de AMLO continúa despertando niveles de confianza muy elevados. Más de la mitad de los mexicanos tiene una imagen positiva del presidente (55,3%). Más aún, las sensaciones positivas (54,8%) respecto a su figura —afecto, confianza, respeto— casi duplican a las negativas (29,6%) —decepción, rechazo—. Y, además, dicha afinidad tiene un correlato en términos de identificación partidaria, puesto que al consultar a los mexicanos si tienen simpatía hacia algún partido político, una cuarta parte elige a Morena —mientras que el PAN y el PRI, los dos partidos tradicionales mexicanos, sumados apenas alcanzan un 16%—.

Hay otro dato que resulta ilustrativo de esta transición: en la actualidad, un 38,4% de mexicanos y mexicanas cree que el país “vive un momento de transformación profunda”, y la misma proporción se inclinaría por AMLO si mañana hubiese nuevas elecciones. Esto indica que existe un bloque propio afianzado que resultará determinante en la correlación de fuerzas para afrontar los desafíos más complejos que el Gobierno tiene por delante, entre ellos resolver el problema de inseguridad ciudadana derivada de la penetración del crimen organizado, la cuestión migratoria y las tensiones con los sectores de poder local, principalmente el gran empresariado.

En conclusión, la llegada al poder de Morena y el liderazgo fuerte de López Obrador han reordenado el tablero político mexicano. AMLO expresa todavía hoy el anhelo de esperanza en una sociedad que rechaza el modelo del PRIAN, pero es pronto para calibrar la dimensión transformadora de su proyecto, aún más en un contexto que se ha visto complejizado por la irrupción de la pandemia y el consecuente deterioro social que traerá aparejado a nivel local la crisis económica global.

Gisela Brito y Guillermo González
miembros del Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (CELAG).

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La sociedad chilena empuja el cambio

Buena parte de los imaginarios sociales de los chilenos están en un proceso de reconfiguración

/ 1 de junio de 2020 / 06:02

En octubre de 2019, Chile sorprendió al mundo con un estallido social que nadie preveía. La expresión masiva del malestar de millones de chilenos que salieron a las calles, aún en un contexto fuertemente represivo, hicieron saltar por los aires las frágiles costuras del “país modelo neoliberal” de América Latina. No se trataba de un fenómeno coyuntural, sino de un punto de quiebre dado por un cúmulo de demandas sociales insatisfechas que el sistema político actual es incapaz de absorber y procesar. De ahí que se impusiera el significante cambio constitucional como demanda mayoritaria para poner fin a un modelo económico, político y social que no funciona.

En ese desajuste estructural tienen que buscarse las claves para analizar el contexto actual y las perspectivas que se abren sobre el futuro político de Chile. Una lectura global de la encuesta nacional realizada por el Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (CELAG) evidencia que el momento de efervescencia política que atraviesa el país no ha sido eclipsado por la irrupción de la pandemia del nuevo coronavirus, el cual sí estaría contribuyendo a acentuar las deficiencias del modelo económico en términos de las desigualdades que genera. En el último año, cuatro de cada 10 chilenos intentaron acceder a créditos para financiar sus gastos, y la pandemia significó un golpe adicional al bolsillo para tres de cada cuatro chilenos: la mitad (50,2%) redujo parte sus recursos económicos a causa de la situación actual, al tiempo que uno de cada cuatro (23,9%) perdió por completo su fuente de ingresos.

En relación al actual Gobierno, la opinión mayoritaria sigue siendo muy contraria a Sebastián Piñera: un 71,7% de los chilenos y chilenas califica su gestión de forma negativa, y tiene un saldo de imagen de -52,9% (diferencia entre negativa y positiva). Dejando de lado el contexto del COVID-19, casi dos tercios (64%) de los encuestados consideran que el Gobierno abusó de sus facultades en el uso del Estado de excepción y el toque de queda durante el último año, dato que se relaciona con que tres cuartos de la ciudadanía (74,3%) tiene una mirada de aprobación sobre las protestas sociales que se desencadenaron a partir de octubre.

Que Chile vive un momento de transformación política es una opinión que comparte la mayoría de la sociedad (61,6%), cuestión que en principio parecería poner en duda la idea extendida de que la chilena es una sociedad mayoritariamente apática y abre una perspectiva interesante para analizar lo que vendrá cuando el pico de la pandemia pase y vuelvan a agitarse las aguas de la política nacional. Al ser consultados sobre el clima de sensaciones sobre la situación actual, al igual que sucede en otros países, la sensación predominante, por lejos, es la incertidumbre (48,7%). En cambio, cuando se consulta qué palabra expresa mejor las sensaciones en torno al cambio constitucional, las sensaciones positivas trepan hasta el 60,7%, repartidas entre “esperanza” (43,5%) y “confianza” (17,2%), lo cual configura un clima de alta expectativa positiva.

Esta breve radiografía muestra que buena parte de los imaginarios sociales de los chilenos están en un proceso de reconfiguración que no tiene una dirección necesariamente unívoca. Crece el cuestionamiento al modelo económico, centro de gravedad de un modelo de sociedad que también está en crisis, donde sentidos comunes neoliberales fuertemente arraigados están empezando a convivir con percepciones emergentes en torno al rol del Estado como garante de derechos fundamentales (por ejemplo, el acceso a un recurso tan vital como el agua, además de la salud y la educación). Cuánto se mueva la política chilena en un sentido progresista u en otro conservador dependerá de la capacidad de las fuerzas políticas para aglutinar y abanderar tales demandas. Campo fértil para el progresismo, hay.

Gisela Brito y Guillermo González, miembros del Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (CELAG).

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