Voces

martes 15 jun 2021 | Actualizado a 09:57

Marcas de la cuarentena

En sus mensajes, Áñez no deja su discurso electoral; siempre se refiere al pasado, su ‘herencia’ y al MAS

/ 24 de junio de 2020 / 06:34

El sábado 21 de marzo, el país comenzaba a preocuparse por el inicio de los contagios del nuevo coronavirus. Ese día era el último de la vida “normal” de los bolivianos, porque al día siguiente iba a comenzar la cuarentena. Ese día se reportaban 19 casos de contagios de COVID-19; ahora, con el reporte del lunes, suman 25.493.

Hasta el Tribunal Supremo Electoral (TSE) había suspendido el calendario con miras a las elecciones del 3 de mayo.

El país quedaba en inactividad con el propósito de evitar más contagios y salvar vidas frente a la pandemia que azota al mundo en proporciones catastróficas.

Suspendidas las elecciones, se creía que el gobierno de la presidenta-candidata Jeanine Áñez iba a dedicarse plenamente a la emergencia sanitaria.

A juzgar por la naturaleza de su origen, no ocurrió así. Entre las medidas para paliar la enfermedad, las sanciones atemorizaron a la población, de la que hubiera sido mejor esperar su empatía con el problema.

¿Qué marcó más esta dura cuarentena de más de tres meses en el país? ¿El encierro en casa, los bonos, la suspensión de viajes, el uso de barbijos o las sanciones a quienes violentaron las reglas?

Quizás muchas de esas sensaciones, limitaciones o acciones. Sin embargo, tres hechos resultan relevantes, que a la vez señalan la impronta del Gobierno.

La corrupción, las elecciones y la amenaza fueron típicas en algunas autoridades. En esto último, el abanderado es el ministro de Gobierno, Arturo Murillo, que reparte amenazas a diestra y siniestra, y casi todos los días.

Por eso caminan a pie juntillas, guardan detención o fueron sentenciados desde personas particulares, “guerreros digitales”, autoridades o militantes políticos contrarios.

Amenazó con la ley a quien fuera director del Fondo Indígena Rafael Quispe por una reunión en plena cuarentena, pidió juicio para el alcalde José María Leyes por la compra supuestamente irregular de comida para policías y militares, protestó por que no metan “caca” en la cabeza de algunos policías hartados de tanta tarea dura en la primera línea de la emergencia sanitaria, procesó a decenas de militantes del Movimiento Al Socialismo (MAS) y lo último que dijo —con información falsa, porque los comunarios no tomaron Misicuni— lo mostró en su perfil autoritario: “Si tocan a un solo soldado o a un solo policía, después no se quejen de las consecuencias. Queremos mantener en paz la fiesta, queremos llegar a unas elecciones en paz”.

Las elecciones suspendidas y luego resistidas también fueron la marca del Gobierno. En sus mensajes, Áñez no deja su discurso electoral; siempre se refiere al pasado, su “herencia” y apunta constantemente de todos los males al gobierno de Evo Morales y al partido de éste, el MAS.

Sus colaboradores hacen lo mismo y hasta repiten el guion de los “dos caminos”, el de la unidad o sedición y terrorismo. En esto, el ministro de Justicia, Álvaro Coímbra, hasta apuntó al alcalde de Colchane, en Chile, de ser del MAS.

Decenas de casos de corrupción se desataron en esta cuarentena, muchos de ellos por la compra de insumos o equipos. La compra de 170 respiradores españoles, cuyo sobreprecio fue calculado por el Ministerio Público en más de $us 3 millones, resulta un insulto para la emergencia. Comprados con la urgencia de la pandemia y descargados los equipos en el país, nunca comenzaron a funcionar. Por esto cayó el otrora ministro de Salud Marcelo Navajas y señalado el embajador Mohammed Mostajo, ahora de vuelta en Estados Unidos con el sospechoso argumento de haberlo hecho para retomar sus actividades.

La emergencia es incierta aún y las elecciones ya tienen fecha, quizás sean éstas la mejor oportunidad para hacer el escrutinio de un gobierno transitorio que comienza a resultar chico ante los grandes problemas.

Rubén Atahuichi
es periodista.

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Nueve momentos: Carlos Mesa fue el factor clave de la sucesión de Jeanine Áñez

En su declaración ante la comisión de fiscales, el 8 de junio reciente, la exmandataria transitoria recordó que Mesa objetó la sucesión de la senadora Adriana Salvatierra.

Carlos Mesa, en una concentración en la avenida Costanera de La Paz, en la que gritó: "¡O voy preso, o voy a la presidencia!"

/ 14 de junio de 2021 / 03:17

Jeanine Áñez acaba de vincular a Carlos Mesa con su sucesión y develar que éste impidió que Adriana Salvatierra u otros senadores del MAS asuman el poder en noviembre de 2019. Entonces, el expresidente se convirtió en el factor clave de la transición.

En su declaración ante la comisión de fiscales, el 8 de junio reciente, la exmandataria transitoria recordó que Mesa, entonces candidato perdedor de las luego anuladas elecciones del 20 octubre, objetó la sucesión de la senadora del Movimiento Al Socialismo (MAS) y de otros correligionarios suyos, aunque había dicho que esa “sucesión debería ser constitucional y que no aceptaría ninguna sucesión inconstitucional”.

“Luego, el señor Carlos Mesa realiza una declaración en una radio mencionando que no aceptaría la sucesión de Adriana Salvatierra”, contó Áñez, detenida en la cárcel de Miraflores y ahora acusada también de resoluciones contrarias a la Constitución y las leyes, además de presuntos delitos de sedición, terrorismo y conspiración, a instancias de la exdiputada del MAS Lidia Patty.

Nada más al saberse de la renuncia de Evo Morales, el 10 de noviembre de 2019, el candidato de Comunidad Ciudadana (CC) dijo que la sucesión presidencial debía estar a cargo de “alguien que no sea del MAS”, como también recordó Áñez en su declaración ante los fiscales.

Mesa rozó entonces la segunda vuelta y en esa condición se convirtió en uno de los principales líderes de oposición y, así, en uno de los actores clave del quiebre institucional de entonces en al menos nueve momentos.

Primer momento, el TREP. Al paralizarse la Transmisión de Resultados Electorales Preliminares (TREP), la noche del 20 de octubre, el expresidente protestó por la falla del sistema, una transmisión de actas de votación paralela al cómputo oficial, aunque no vinculante.

Al día siguiente, en conferencia de prensa llamó a movilizaciones y vigilias en el país, “para estar en todos los tribunales electorales con la fuerza de la gente”. Consideró que la paralización del TREP pretende “bloquear la segunda vuelta”.

Fue el primer momento del protagonismo de Mesa en la crisis poselectoral. Denunció en la noche en la ciudad de Santa Cruz un “fraude escandaloso”.

En coincidencia con esas declaraciones, también esa noche, el entonces presidente del Comité Cívico pro Santa Cruz, Luis Fernando Camacho, anunció movilizaciones. “Mañana, a las 12.00 del día, empezamos a parar este país”, arengó en un primer cabildo en la Feria Exposición de Santa Cruz (Expocruz).

Fue el inicio de la revuelta, que tres semanas después terminaría con la renuncia de Morales.

El expresidente Evo Morales llamó a Carlos Mesa «el principal golpista» de 2019.

Segundo momento, la advertencia de Mesa. Una semana después, cuando las protestas se habían extendido en el país, una multitudinaria protesta tomó la avenida Costanera de La Paz. Allí, Mesa denunció que Morales y el vicepresidente Álvaro García lo acusaban de generar violencia.

Se declaraba otra vez víctima de las presuntas irregularidades en las elecciones. “Debo decirles que aquí estoy: ¡O voy preso, o voy a la presidencia!”, gritó con euforia ante la multitud.

Tercer momento, apoyo a Camacho. El 6 de noviembre, Mesa buscó a Camacho en el aeropuerto de El Alto. Para entonces, el líder cívico había logrado paralizar el país y porfiaba por tercera vez en llegar a La Paz, esta vez a dejar la carta de renuncia de Morales que él mismo redactó.

Sin conseguir su propósito, el candidato presidencial esperó al líder cívico hasta las 19.30 de ese día. “La Policía me bloqueó e impidió que me acercara a LF Camacho en el momento de su llegada al aeropuerto. Denuncio esta vulneración a mis derechos ciudadanos” (sic), justificó en su cuenta de Twitter.

Camacho prefirió propiciar las movilizaciones “sin políticos”. Pero a las 21.11, en la plaza Uyuni de La Paz, Mesa apareció junto a su acompañante de fórmula, Gustavo Pedraza, y el expresidente Jorge Quiroga para decir que no estaba en el aeropuerto, esto ante el supuesto acoso de los masistas en El Alto.

Cuarto momento, anulación de elecciones. De reclamar su derecho a una posible segunda vuelta, Mesa pasó a plantear la anulación de las elecciones. En una entrevista con el diario español El País, publicada el 23 de octubre, decía: “La segunda vuelta debe realizarse porque legítimamente votó el pueblo boliviano!”.

Sin embargo, días después, el 3 de noviembre, CC y Mesa cambiaron de posición: “La mejor solución a esta crisis, en las actuales circunstancias, es una nueva elección, administrada por un nuevo órgano electoral imparcial y con la observación rigurosa de la comunidad internacional”.

Se esperaba que la declaración abunde sobre las declaraciones de Camacho, un día antes en un cabildo multitudinario en el Cristo Redentor de Santa Cruz, cuando había invocado la participación de las Fuerzas Armadas en las movilizaciones, “para estar al lado de su pueblo”.

Quinto momento, pedido de renuncia. El domingo 10 de noviembre, Mesa pidió la renuncia de Morales y García, de quienes dijo que “no están en condiciones” de presidir nuevas elecciones. “Creemos que ésta es una decisión que debe tomar el presidente Morales; si le queda un ápice de patriotismo, debería dar un paso al costado”, dijo.

Morales, muy temprano ese día, había anunciado nuevas elecciones, “incorporando a nuevos actores políticos”, y la elección de un nuevo Tribunal Supremo Electoral (TSE), con el fin de bajar las tensiones y pacificar el país.

Esa madrugada había intentado comunicarse con el secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), Luis Almagro, quien se había anticipado a difundir el informe preliminar sobre los comicios del 20 de octubre, en el que la misión de observadores había hallado “graves irregularidades”.

Acto seguido, Almagro sugirió la continuidad del mandato de Morales.

Sexto momento, reuniones extralegislativas en la UCB. Mesa jugó un papel central en las negociaciones propiciadas por la Iglesia Católica y la Unión Europa (UE) inmediatamente después de la renuncia de Morales.

Allí hizo saber que no apoyará una eventual sucesión de Salvatierra, que había renunciado a la presidencia de la Cámara de Senadores de forma verbal. Áñez contó detalles de esa cita en la Universidad Católica Boliviana (UCB).

Ni Salvatierra ni otro senador del MAS estaban consignados entre las posibilidades. “Se dice que en la reunión se propuso que debía elegirse como presidente interino a un senador con experiencia, a lo que Carlos Mesa indica que la sucesión debería ser constitucional y que no aceptaría ninguna sucesión inconstitucional”, contó la exmandataria.

Además, recordó que supo de una reunión previa en la casa de José Antonio Quiroga, en la editorial Plural, a la que presuntamente asistieron Salvatierra, el entonces ministro de Comunicación, Manuel Canelas, y Ricardo Paz, asesor de Mesa.

Ahí preguntaron a Mesa sobre esa posibilidad. “Quiroga llama al señor Carlos Mesa por teléfono para consultarle y éste le responde que la ciudadanía no aceptaría esa sucesión, (que) las protestas continuarían”, prosiguió Áñez.

Séptimo momento, la opción Áñez. Alejada la posibilidad de que alguien del MAS sea quien suceda a Morales, Mesa y CC impulsaron la proclamación de Áñez, entonces segunda vicepresidenta de la Cámara de Senadores, con el apoyo de los asistentes a la cita en la UCB, salvo las representantes del MAS.

El propio Ricardo Paz, asesor de Mesa, se encargó de llamar la tarde del 10 de noviembre a Áñez, que se encontraba en Trinidad (Beni), para proponerle la decisión. “Entre las 18.00 y 19.00 (era de noche) yo recibo una llamada de Ricardo Paz, que me pone en altavoz, me explica que ellos estaban en una reunión buscando una reunión”, dijo la exmandataria transitoria en su declaración ante el Ministerio Público.

Estaba decidida la situación. En una entrevista con Piedra, papel y tinta de La Razón, la exdirectora de la Unidad de Investigaciones (UIF) Teresa Morales contó que el 11 de noviembre, en la reunión de la UCB, Mesa preguntó a Salvatierra sobre qué le parecía Áñez presidenta. “’Yo no entiendo por qué me preguntan si ya la señora Áñez se está moviendo en la cápsula presidencial; seguramente ustedes habrán decidido cosas’”, citó Morales a la senadora.

Es más, al día siguiente, de nuevo en la UCB, Mesa preguntó a la legisladora del MAS si había presentado su renuncia. Morales contó que Salvatierra respondió que “solo en redes sociales”.

La reunión previa a la autoproclamación de Áñez, el 12 de noviembre de 2019.

Octavo momento, garantías a la Asamblea. Al principio, Mesa propugnó una “sucesión constitucional” y también exigió garantías para el desarrollo de las sesiones con ese fin en la Asamblea Legislativa.

Ese 11 de noviembre, el expresidente instó a la Policía y a las Fuerzas Armadas a garantizar la seguridad de los legisladores del MAS para las sesiones de sucesión constitucional. Es más, pidió a la población no hostigar a los oficialistas.

Consideró que será importante que el MAS haga quórum en la Asamblea Legislativa. Ésta es “la única posibilidad de construir una sucesión democrática y una acción que esté bajo la norma constitucional para que el mundo no nos acuse de haber llevado un gran golpe de Estado”, justificó.

Noveno momento, la tesis del golpe. El 24 de enero de 2020, Áñez se proclamó candidata a la presidencia para las elecciones, inicialmente, del 3 de mayo. La decisión generó protestas y cuestionamientos de algunos políticos, en razón de que la mandataria había llegado al poder solo para llamar a nuevas elecciones.

Uno de ellos fue Mesa, que tres días después hizo un texto llamativo en su blog para cuestionar la candidatura de Áñez, que había formado la alianza Juntos con Samuel Doria Medina y Luis Revilla, entre otros.

“La tesis del golpe de Estado se basa en la idea de que quien lo dio usa la sucesión constitucional como una excusa para hacer realidad su verdadera intención: apropiarse del gobierno en el largo plazo como quien se apropia de un botín”, escribió el candidato de CC en un texto llamado Una decisión equivocada.

A cuatro días de la develación de Áñez sobre el papel de Mesa en la sucesión constitucional, por cuya acción el MAS y el Gobierno han comenzado un proceso político y judicial, el expresidente no se manifestó. El sábado, La Razón intentó infructuosamente con sus allegados una posición sobre el caso.

Mesa ya tuvo la experiencia de librarse del camino de la sucesión con otros políticos en 2005, cuando pidió a los entonces presidentes de las cámaras de Senadores, Hormando Vaca Díez (fallecido), y de Diputados, Mario Cossío, a resignar esa posibilidad para dar paso a la asunción del entonces presidente de la otrora Corte Suprema de Justicia, Eduardo Rodríguez Veltzé.

“Éste es un tiempo de renunciamientos, éste es un tiempo en el que el país no puede seguir apostando a la locura”, dijo el 7 de junio de aquel año.

La diferencia de entonces con el cambio de gobierno de 2019 fue que el viejo Congreso Nacional aceptó la renuncia de Mesa y, a la vez, posesionó a Rodríguez Veltzé.

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Áñez devela que Mesa objetó a Salvatierra y que Paz la llamó para proponerle el cargo

“El señor (José Antonio) Quiroga llama al señor Carlos Mesa por teléfono para consultarle y éste le responde que la ciudadanía no aceptaría esa sucesión (de Adriana Salvatierra)”.

La senadora Jeanine Áñez, en reunión con al clero de la Iglesia Católica, antes de su proclamación, el 12 de noviembre de 2019. Foto: RTP

/ 11 de junio de 2021 / 15:03

Jeanine Áñez reveló que Carlos Mesa objetó la sucesión de Adriana Salvatierra tras la renuncia de Evo Morales y recordó que la noche de aquel 10 de noviembre de 2019 Ricardo Paz, asesor del expresidente, la llamó para proponerle el cargo.

“Entre las 18.00 y 19.00 (era de noche) yo recibo una llamada de Ricardo Paz, que me pone en altavoz, me explica que ellos estaban en una reunión buscando una reunión”, dijo la exmandataria transitoria en su declaración ante el Ministerio Público, el 8 de junio reciente, a la que accedió La Razón.

Áñez se refirió así a una primera reunión que la Iglesia Católica y la Unión Europea (UE) habían propiciado a las 18.00 de ese domingo en la Universidad Católica Boliviana (UCB), en La Paz, con el fin de encontrar una salida extralegislativa a la crisis política de entonces.

“Me sorprendo de la llamada, me dicen que estaban buscando la mejor forma constitucional, de cómo hacer una transición y cómo en el Senado todos habían renunciado”, dijo en referencia a las renuncias de entonces de Salvatierra, a la sazón presidenta de la Cámara de Senadores, y Rubén Medinacelli, primer vicepresidente, del Movimiento Al Socialismo (MAS).

Áñez, detenida ahora en la cárcel de Miraflores de La Paz a denuncia de la exdiputada del MAS Lidia Patty por presuntos delitos de conspiración, sedición y terrorismo, contó que los asistentes a la reunión de la UCB le preguntaron si estaba dispuesta “a asumir la presidencia para hacer el proceso de transición y llamar a nuevas elecciones constitucionales”.  

“Yo respondo que estaría dispuesta si podría contribuir a la pacificación del país”, recordó en la declaración ante los fiscales del caso.

“Y, obviamente, si no habría ninguna oposición. Recalco que nunca me ofrecí, ni que iba a ser una impostura de mi parte, que tampoco lo esperaba, pero sí podía contribuir con la pacificación. Yo acepté”, dijo Áñez.

A pesar de que al inicio de su detención dijo que se acogería al silencio en este caso llamado “golpe de Estado”, la otrora segunda vicepresidenta de la Cámara de Senadores declaró el martes 8 de noviembre ante el fiscal de materia Omar Alcides Mejillones y los oficiales de investigación tenientes Carlos Vargas y Emanuel Gemio. Fue asistida por los abogados Alaín de Canedo Ostria y Norka Cuéllar.

Al principio de su declaración, Áñez recordó que supo de una reunión previa en la casa de José Antonio Quiroga, en la editorial Plural, a la que presuntamente asistieron Salvatierra, el entonces ministro de Comunicación, Manuel Canelas, y Paz, asesor de Mesa.

Dijo que Salvatierra les había recordado que ante una eventual renuncia de Morales ella “accedería a la presidencia por sucesión constitucional y llamará a elecciones con un nuevo Tribunal Constitucional (sic)”.

“Y le consulta si eso sería aceptado por el señor Carlos Mesa. El señor Quiroga llama al señor Carlos Mesa por teléfono para consultarle y éste le responde que la ciudadanía no aceptaría esa sucesión, (que) las protestas continuarían”, continuó Áñez, aunque también dijo que Mesa buscaba una salida constitucional.

«Se dice que en la reunión se propuso que debía elegirse como presidente interino a un senador con experiencia, a lo que Carlos Mesa indica que la sucesión debería ser constitucional y que no aceptaría ninguna sucesión inconstitucional. Algunos señalaron que debería elegirse a un senador con experiencia, pero a esa propuesta el señor Carlos Mesa menciona que la sucesión debería ser constitucional», relató.

“Luego, el señor Carlos Mesa realiza una declaración en una radio mencionando que no aceptaría la sucesión de Adriana Salvatierra”, insistió Áñez.

Entonces, Mesa era uno de los principales actores políticos, arropado por los resultados de las elecciones generales del 20 de octubre que le daban el segundo lugar, aunque los había cuestionado debido a un presunto “fraude monumental”.

Al día siguiente, el lunes 11 de noviembre, el excandidato presidencial de Comunidad Ciudadana (CC) participó de otras reuniones en la UCB. Y el 12, horas antes de la proclamación de Áñez, también.

En una entrevista con el ‘streaming’ Piedra, Papel y Tinta, de La Razón, la exdirectora de la Unidad de Investigaciones Financieras (UIF) Teresa Morales dijo que asistió a dos de esas reuniones, pero como “guardaespaldas” de Salvatierra, sin derecho a “voz y voto”, al no ser ni legisladora ni autoridad política.

“Ninguna salida llevaba a lo que ellos querían, instalar un gobierno. Con toda claridad, Carlos Mesa le preguntó a Adriana ‘¿qué les parece que Jeanine Áñez fuera presidenta? Estaban sentados frente a frente, y Adriana les dijo: ‘Yo no entiendo por qué me preguntan si ya la señora Áñez se está moviendo en la cápsula presidencial; seguramente ustedes habrán decidido cosas’”, contó.

Luego de esa reunión, en la tarde-noche, Áñez se proclamó, primero, titular de la Cámara de Senadores, y, luego, sucesora de Morales, en sendos actos en los que no hubo resolución legislativa alguna, quorum y presencia de los dos tercios del MAS.

Además de Mesa y Paz, a la reunión de las 18.00 del 10 de noviembre asistieron el monseñor Eugenio Scarpellini y Aurelio Pessoa, en representación de la Iglesia Católica; el representante de la UE, León de la Torre, y los diplomáticos españoles Emilio Pérez de Ágreda y Cristina Borreguero, entre otros, según contó Áñez.

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Áñez llama ‘imaginarias y fantasiosas’ a las nuevas acusaciones en su contra

La exmandataria transitoria informó en sus redes sociales que el martes prestó declaraciones informativas ante las autoridades judiciales.

Jeanine Áñez, cuando fue detenida en marzo de este año. Foto: Rodwy Cazón

/ 9 de junio de 2021 / 13:37

A través de sus redes sociales, la expresidenta transitoria Jeanine Áñez, en prisión preventiva en la cárcel de Miraflores de La Paz, consideró que las nuevas acusaciones en su contra son “imaginarias y fantasiosas”.

“Ayer, la expresidenta constitucional de Bolivia prestó su declaración informativa de manera amplia sobre las imaginarias y fantasiosas nuevas acusaciones del gobierno del MAS”, escribió la exmandataria, encarcelada desde el 13 de marzo de este año.

A instancias de la exdiputada del Movimiento Al Socialismo (MAS) Lidia Patty, Áñez fue acusada inicialmente por los presuntos delitos de sedición, terrorismo y conspiración en el llamado caso “golpe de Estado” cuyo proceso está foliado como “Luis Fernando Camacho y otros”.

Sin embargo, en el transcurso del proceso, el presidente de la Cámara de Senadores, Andrónico Rodríguez, solicitó la acusación contra Áñez por resoluciones contrarias a la Constitución y las leyes, en razón de la sucesión ocurrida dos días después de la renuncia del entonces presidente Evo Morales en noviembre de 2019.

El 12 de noviembre, la exsenadora de Unidad Demócrata (UD) se proclamó presidenta de la Cámara de Senadores, primero, y mandataria transitoria, después, en sendos actos sin resolución ni quorum, menos asistencia de la bancada mayoritaria del MAS.

Otros procesos fuero adicionados a petición del Ministerio de Gobierno y la Procuraduría General del Estado. La exmandataria detalló esos juicios por “anticipación y prolongación de funciones, asociación delictuosa, resoluciones contrarias a la Constitución y las leyes, sedición, incumplimiento de deberes, incumplimiento de deberes y seducción de tropas”.

Áñez, junto a otros 16 colaboradores suyos, es requerida también como testigo en el proceso seguido en Estados Unidos y Bolivia a raíz de la detención de su ministro de Gobierno, Arturo Murillo, acusado de sobornos e intento de lavado de dinero.

En 2019, el exministro propició la compra de material antidisturbios a un costos de $us 5,6 millones, de los cuales $us 2,3 millones resultaron sobreprecio para el pago de sobornos a funcionarios bolivianos, entre ellos Murillo, por parte de la empresa intermediaria Bravo Tactical Solutions.

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¿Golpe o no? A los hechos

/ 9 de junio de 2021 / 03:00

Algún día habrá terminado esta disputa ideológica sobre si hubo o no golpe de Estado en 2019. Por el momento, esas diferencias han vuelto a poner en vilo al sistema político nacional, que precisamente ayer se enfrentó incluso a puños durante la interpelación al ministro Eduardo del Castillo a raíz de la detención de Jeanine Áñez.

¿Fue golpe el que desembocó en la renuncia de Evo Morales? Los detractores de la hipótesis defienden la versión de que no fue así, que Morales sucumbió debido a un “monumental” fraude, que renunció por cuenta propia y que fue “el pueblo” el que terminó con su destino.

Luego de las fallidas elecciones de aquel año, una sucesión de hechos puso en duda la teoría negacionista del golpe o el quiebre institucional, como quisieran matizarlo quienes aceptan el hecho pero no se animan a decirlo con sensatez.

Ya meses antes de las elecciones, cierto funcionario de la Embajada de Estados Unidos difundía en sus encuentros con los medios de información una encuesta que señalaba que el 72% de los bolivianos cree que en octubre “va a haber fraude”.

Meses antes también Luis Almagro se había “ganado la confianza” de Morales para conseguir que una misión de la OEA asista a los comicios. Fue llamativo el cambio de actitud del uruguayo cuando incluso consideró que Morales tenía el derecho de asistir a una repostulación, meses después de haber cuestionado el fallo del Tribunal Constitucional que habilitó al entonces mandatario para las elecciones o la negativa de Morales de respetar los resultados adversos del referéndum de 2016.

Almagro se convertiría luego en la pieza clave de la caída de Morales. ¿Narrativa? No, hechos reales.

Luis Fernando Camacho, entonces líder cívico cruceño, apareció en escena también. Fue quien motivó el motín de la Policía Boliviana, invocó a las Fuerzas Armadas (“Fue mi padre quien cerró con los militares para que no salgan”, admitió después) y horas antes de la dimisión de Morales plantó en el Palacio de Gobierno una Biblia, una bandera y una “carta de renuncia” de Morales.

Morales renunció luego de varios actos previos de desobediencia de parte de, primero, el comando de la Fuerza Aérea y otros jefes militares. Y, finalmente, fue el Estado Mayor de las Fuerzas Armadas el que le pidió renunciar, en absoluta violación del principio constitucional de subordinación.

Horas antes, varios ministros, legisladores y un gobernador, incluso su hermana, habían sufrido amenazas, presiones, ataques y quema de sus viviendas. El caso de César Navarro fue grave: lo amenazaron de muerte para obligarle a renunciar, lo presionaron con la vida de su sobrino si no tomaba esa decisión y quemaron su casa.

Fue llamativa también la renuncia de la línea de sucesión: Adriana Salvatierra, presidenta del Senado, tenía orden de aprehensión, y a Víctor Borda, de Diputados, le quemaron su vivienda en Potosí. Rubén Medinaceli también sufrió amenazas.

La “sucesión” no consideró la Constitución ni los reglamentos legislativos. Fue definida en una reunión extralegislativa en la Universidad Católica bajo un argumento “lo más cercano posible a la Constitución”, como diría luego Waldo Albarracín, y con personalidades sin función pública.

La noche del domingo de la renuncia, Áñez ya se sabía presidenta. Al día siguiente llegó a La Paz bajo una cápsula presidencial y en la noche conminó a las Fuerzas Armadas a salir a las calles. Prometió ese día promover la lectura de las renuncias de Morales y de Álvaro García. Mientras, Carlos Mesa exhortaba a los políticos de oposición a garantizar para el acto de sucesión la instalación de la Asamblea Legislativa, para no darle pretexto al MAS de posicionar la idea del golpe de Estado. No ocurrió así, como se demostró después.

El 12 de noviembre, luego de suspender una sesión de la Cámara de Senadores, Áñez se hizo de la titularidad del cargo. Minutos después, se proclamó presidenta en un acto en el que no hubo resolución ni quórum, menos presencia de la bancada de los dos tercios del MAS.

Solo un discurso hegemónico niega esos hechos, y en esto muchos medios de información, analistas y periodistas “independientes” juegan un rol importante.

¿Hubo golpe o no? Los hechos muestran que sí, aunque con eufemismos. La historia tendrá su palabra, más allá de que Morales no tenía la legitimidad para ser candidato aquel fatídico año.

Rubén Atahuichi es periodista.

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Mesa y CC no respaldarán juicios bajo ‘mentiras’ por el ‘golpe de Estado’ y la sucesión

En las reuniones extralegislativas por la sucesión presidencial en 2019, Mesa y CC fueron un factor clave para la proclamación de Jeanine Áñez.

/ 7 de junio de 2021 / 12:29

En medio del escándalo de la detención en Estados Unidos del exministro Arturo Murillo y la deslegitimación del gobierno transitorio de Jeanine Áñez, Comunidad Ciudadana (CC) anunció que no respaldará juicios bajo “mentiras” de “golpe de Estado” y sucesión “inconstitucional”.

“No respaldaremos juicios que tengan como sustento la mentira de un inexistente ‘golpe de Estado’, o que pretendan criminalizar la sucesión constitucional que derivó en la presidencia transitoria”, expresó la alianza política en un comunicado colgado en redes sociales por Carlos Mesa.

Sin embargo, CC cuestionó que el oficialismo esté viabilizando procesos judiciales de anteriores gestiones.

“CC ratifica el compromiso de viabilizar los juicios que estén adecuadamente fundamentados, sin dejar de lado la exigencia de que se garantice el debido proceso y que se realicen respetando la independencia y transparencia en la administración de justicia”, complementó.

«La verdad es que el gobierno de Jeanine Áñez ha perdido legitimidad con el citado escándalo y el caso respiradores», señala el texto.

La posición de CC sucede al escándalo de la detención de Murillo, acusado de presuntos sobornos e intento de lavado de dinero en Estados Unidos, provenientes del posible sobreprecio de $us 2,3 millones en la compra de material antidisturbios en 2019, por cuya compra el Estado pagó $us 5,6 millones a Bravo Tactical Solutions (BTS), la empresa intermediaria que adquirió los equipos a la fabricante brasileña Cóndor.

CC deslindó vínculos con el gobierno transitorio a la luz del caso Murillo.Quienes fueron parte de ese gobierno y colocaron representantes en el gabinete y en las instituciones públicas, son responsables de esa gestión y de sus consecuencias”, se lee en el comunicado.

Entre el 11 y 12 de noviembre de 2019, la Unión Europea (UE) y la Iglesia Católica propiciaron diálogos extralegislativos para definir la sucesión presidencial a raíz de la renuncia, el 10, de Evo Morales, presionado por movilizaciones poselectorales, un motín policial y la sugerencia de dimisión planteada por las Fuerzas Armadas.

Mesa y CC, que cobraron notoriedad política al rozar la segunda vuelta en los comicios de entonces, se convirtieron en actos centrales de esas reuniones convocadas en la Universidad Católica Boliviana (UCB).

Entonces, según el relato a La Razón de Teresa Morales, Mesa preguntó a la senadora Adriana Salvatierra, que asistió a las citaciones en su condición de senadora del Movimiento Al Socialismo (MAS): “‘¿Qué les parece que Jeanine Áñez fuera presidenta?”.

“Estaban sentados frente a frente, y Adriana les dijo: ‘Yo no entiendo por qué me preguntan si ya la señora Áñez se está moviendo en la cápsula presidencial; seguramente ustedes habrán decidido cosas’”, complementó Morales, que esa vez dice que asistió a la UCB como “guardaespaldas” de Salvatierra, al saberse sin voz ni voto debido a su condición de funcionaria sí, pero no legisladora.

De la reunión de la UCB emergió el nombre de Áñez, entonces fuera de línea sucesoria al ser segunda vicepresidenta de la Cámara de Senadores. La Constitución Política establece que ante la renuncia del presidente y vicepresidente del Estado asume la presidencia del Estado el o la titular de la Cámara de Senadores o, finalmente, el presidente de la Cámara de Diputados.

Mesa había asistido a la reunión junto con su abogado, ahora diputado, Carlos Alarcón, y asesor Ricardo paz. También estuvieron presentes Jorge Quiroga y el abogado constitucionalista Luis Vásquez; Jerjes Justiniano, en representación del entonces líder cívico cruceño Luis Fernando Camacho; Samuel Doria Medina con Roberto Moscoso; el monseñor Eugenio Scarpellini; León de la Torre, de la UE; Rolando Villena, de Conade (Comité Nacional de Defensa de la Democracia), y Juan Carlos Núñez, director de la fundación Jubileo.

Al día siguiente, el 12 de noviembre, se sumaron la diputada Susana Rivero (MAS) y el senador Óscar Ortiz, de Unidad Demócrata (UD).

Sin embargo, según reveló Morales, hubo otras reuniones paralelas, a las que asistieron Waldo Albarracín, de Conade, quien en una entrevista con María Galindo reveló que esa reunión se definió una salida a la crisis “lo más cercana posible a la Constitución”.

La noche del 12 de noviembre de ese año, Áñez se proclamó presidenta en dos actos legislativos sin resolución ni quorum reglamentario, y sin la presencia de la bancada del MAS, entonces de mayoría de dos tercios de la Asamblea Legislativa.

Entonces, Mesa y CC respaldaron la «constitucionalidad» de la sucesión de Áñez, de quien, sin embargo, el expresidente dijo que si consumara su candidatura en 2020 validaría la tesis del «golpe de Estado».

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