Voces

lunes 25 oct 2021 | Actualizado a 16:43

Adrián Villanueva Quisbert

Llamó la atención su profunda humildad; tenía una enorme experiencia de haber vivido en varios países

/ 28 de junio de 2020 / 07:31

En pasados días el mundo artístico de nuestro país, sobre todo en la región andina boliviana, quedó consternado ante la desaparición del músico y fabricante innovador de instrumentos musicales Adrián Villanueva Quisbert, acaecida en Londres, Inglaterra. Quiero testimoniar algunas facetas, tal vez poco conocidas, y lo que hacía en estos últimos años en nuestro país.

Había oído hablar de él, pero lo conocí en ocasión de un curso sobre diplomacia cultural de los pueblos, organizado en la Cancillería de nuestro país. Los postulantes al diplomado tenían que pasar por una evaluación mediante una hoja de vida artística en ejercicio y una entrevista. Me llamó la atención su profunda humildad, pues tenía una enorme experiencia de haber vivido en varios países del mundo como músico y sobre todo en Europa, convirtiéndose en uno de los embajadores natos de nuestros pueblos y su creación artística. A pesar de ese recorrido en la difusión de nuestro arte en el mundo, no dejaba de expresar que teníamos que seguir aprendiendo y reconociendo el arte de los pueblos ancestrales de nuestro país.

Ya en el curso de formación, siempre mostraba gran voluntad para compartir sus experiencias, rememoraba sus orígenes de aymara urbano y las enseñanzas de sus padres y abuelos en el quehacer artístico. Le gustaba comunicar a los más jóvenes sobre su vivencia y cómo sobrellevó algunas situaciones difíciles en el viejo continente.

Tuvimos la oportunidad de viajar a Santiago, Chile, en ocasión del primer encuentro de Academias diplomáticas de Bolivia y Chile en el año 2009. Él fue parte de una pequeña delegación de estudiantes de diplomacia. En la ocasión llevó algunos de sus charangos, quenas y un pututu de plata fabricados por él y expuso en uno de los salones de la Academia diplomática de Chile. Los charangos de Adrián llevaban el aditamento de tener los retratos de Pablo Neruda, Salvador Allende y Violeta Parra, que llamó la atención de los chilenos de la diplomacia. Pasadas las sesiones académicas nos tocó confraternizar y fue la ocasión para improvisar un grupo musical. Adrián, con su infaltable quena, junto a la charanguista Flor Isabel, la guitarra de Edwin Pantoja y la voz de Esther Marisol posibilitaron oír nuestra música y bailar la cueca boliviana. También visitamos el Palacio de la Moneda, la casa de Pablo Neruda, el museo de Violeta Parra y un centro minero de cobre. En todas estas visitas llevaba su pututu de plata, que llamaba poderosamente la atención, sobre todo en la Moneda.

Después del diplomado, casi siempre estaba de viaje, por ejemplo, a Japón e Inglaterra. Me comentó “que tenía más herramientas para seguir difundiendo nuestro arte y música fuera del país”. Al regreso de sus viajes intercambiamos ideas y recuerdos en un puesto de los libros usados del mercando Lanza. Él buscaba discos de vinil antiguos y yo libros, era el tiempo para conversar sobre varios temas. En otras ocasiones le acompañaba su hija pequeña, que no dejaba de mirar libros y él los compraba. También buscaba obras de música. Recuerdo que me encargó en varias ocasiones un libro antiguo, diciendo “si encuentras en estos puestos u otro lugar La música de los incas y su supervivencia de Raoul Marguerite D’ Harcourt”, que según él, lo había visto en París, pero que no pudo comprarlo.

Otro recuerdo grato fue que desfilamos un 23 de marzo, memoria de nuestra pérdida marítima. Hicimos un lugar especial para la Academia Diplomática Plurinacional, él tenía su pututu de plata e iba adelante, llamando la atención de la gente, pues en un desfile de estas características no suele marcharse con este tipo de instrumentos. Así de sencillo y de convicciones claras fue Adrián. Munat jilata, wiñay markamaruwa sarawayxtaxa. Jikisiñkama jilata. ¡Jallalla Adrián!

Esteban Ticona Alejo
es aymara boliviano, sociólogo y antropólogo.

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La UJC, fascista, racista, antihumana…

/ 17 de octubre de 2021 / 00:34

Después de la interrupción o la crisis profunda del Facebook a nivel mundial de hace unos días, Frances Haugen, una extrabajadora de esta empresa de redes sociales multinacional, testificando ante el Senado estadounidense denunció de las prácticas perversas de la compañía, reclamando que intervenga y que regule la actividad de la multinacional. Además, señaló que Facebook antepone sus beneficios por encima de la seguridad de los usuarios y oculta la nocividad de sus plataformas, fomentando la división social y debilitando la democracia. ¿Nuestras autoridades del sistema judicial se pronunciarán al respecto? Si no fuese así, el Gobierno debería actuar ante tan grave denuncia sobre el accionar de Facebook en nuestro país. Nos interesan los medios de comunicación de estos tiempos, que apuesten a las políticas de convivencia intercultural y que combatan formas de racismo y la exclusión social.

Precisamente, después de ver las diferentes páginas de las redes sociales de la Unión Juvenil Cruceñista (UJC) de Santa Cruz, dije: ¡Cuánta razón tiene la extrabajadora Haugen! En las hojas de la UJC se encuentran formas de racismo explícito e implícito. Lo más peligroso, la UJC glorifica y difunde las ideas de dos genocidas de la humanidad, Francisco Franco de España y Adolf Hitler de Alemania. Hitler hablando de crecimiento económico, cuando sabemos que lo único que sabía este carnicero era aniquilar a la humanidad porque no eran blancos.

Hoy España y Alemania ¿sienten orgullo por estos criminales? Sé que para ambos países, sobre todo para los pueblos, son la peor vergüenza de su historia. Entonces, ¿por qué se permite que unos supuestos jóvenes cívicos se ufanen mellando la dignidad de la humanidad, de Santa Cruz, abrazando las políticas antihumanas de Franco y Hitler? Tenemos una ley contra el racismo y toda forma de discriminación, ¿por qué las autoridades judiciales no aplican esta ley de oficio contra estas formas de expresión y difusión del racismo fascista de la UJC y sus allegados? ¿Miedo, mucho miedo contra el poder despótico de unos cuantos ricachones?

Otro hecho pávido es la propaganda de la UJC para el 12 de octubre de 1492, con frases como “12 de octubre América No fue invadida y saqueada. Fue civilizada y evangelizada” (sic). Estos racistas y fascistas ¿alguna vez leyeron a Simón Bolívar y los líderes liberales de la “independencia de nuestro país”? El comportamiento de algunos liberales de romper con el colonialismo fue digno, aunque no se hayan concretizado esos ideales porque nos quedamos en formas de colonialismo interno. ¿Conocerán el diario del Tambor Vargas? Aquel citadino orureño que decidió abrazar 14 años la guerrilla emancipadora contra España y se indianizó definitivamente.

Oímos vociferar en las movilizaciones del Comité Cívico pro Santa Cruz, sus partidos políticos y sus adherentes, incluido a los indios/ as desclasados y traidores, que defienden la democracia. Pero, paralelamente la UJC publicita no la democracia, sino las dictaduras racistas al estilo de Franco y Hitler. ¿Saben distinguir entre el fascismo extremo de Franco, Hitler y el liberalismo democrático, al menos en términos teóricos? ¿Alguna vez leyeron al cura católico Bartolomé de las Casas, que defendió a los indios? ¿De qué civilización nos hablan? No están retrotrayendo ni a sus abuelos latifundistas de otrora, y alguno de ellos era crítico con el colonialismo. Qué manera de alardear adscribiéndose a personajes más nefastos y criminales de lesa humanidad. ¿De qué evangelización nos hablan? ¿La evangelización de la extirpación de las idolatrías? Les interesa tener indios evangelizados que dejaron der ser espiritualmente pueblos ancestrales o simples imitadores de la fe dominante y esclavos de los dioses occidentales.

No se puede permitir en nuestro país que a nombre de la democracia se quiera implantar el verdadero régimen fascista y racista. A España y Alemania, mediante sus representaciones diplomáticas, les correspondería pronunciarse ante tan grave uso de personajes que mellaron la dignidad de la humanidad.

Urge que el Estado y la sociedad intervengamos, no puede haber grupos políticos irregulares que a nombre del civismo hagan luchas contra la humanidad.

Uka anu q’uxtañ jaqinakaxa, jaqi jiwañan amuyuniwa. Union Juvenil Cruceñista ñanqha anuyunipxiwa. Tukkhañasawa uka q’ara amuyunakapxa.

Esteban Ticona Alejo es aymara boliviano, sociólogo y antropólogo.

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La wiphala redentora y antirracista

/ 3 de octubre de 2021 / 00:26

La wiphala o la bandera de los pueblos ancestrales andinos, tiene una larga historia sobre cómo se originó y se instituyó poco a poco. Hoy los pueblos aymara, quechua y uru se han simbolizado plenamente en esta distinción. La wiphala contemporánea tiene que ver mucho con la propuesta que realizó el historiador aymara Germán Choque Condori o Kara Chukiwanka, quien la rediseñó en la década de los años 70 del siglo XX. Germán o Kara publicó varios libros donde sustenta arqueológicamente, históricamente y políticamente. Aunque hay experiencias previas. Por ejemplo, el educador y político aymara Eduardo Nina Quispe izaba la wiphala en la fundación de sus escuelas en las comunidades, en los primeros años de la década de 1930, como informa en los boletines que publicaba.

El re-nacimiento se da en una época de fuerte presencia del marxismo en América Latina. Este boom también influyó en la izquierda boliviana, sobre todo en la Central Obrera Boliviana (COB). La Central Obrera estaba en sus mejores épocas, cuando convocaba masivamente al pueblo trabajador y a sus allegados. Las grandes manifestaciones y marchas de la COB eran encabezadas por sus principales dirigentes, que llevaban como símbolo de lucha la bandera roja con la hoz y el martillo.

Los jóvenes militantes del movimiento anticolonial llamados indianistas y kataristas, habían tomado y fundado la CSUTCB en 1979, y trataban de ser reconocidos por la COB. No fue sencilla esta tarea porque comenzaron a usar su propio símbolo, la wiphala. Aquí se produjeron los primeros cuestionamientos de los trabajadores más ortodoxos con los “campesinos” aymaras y quechuas. Los marxistas obreros, sobre todo los mineros, no solo veían de reojo el uso de la wiphala, sino que tildaban a los “campesinos” de ser racistas. El principal fundador de la CSUTCB, Genaro Flores Santos, testimonia toda esta experiencia dolorosa del movimiento campesino contemporáneo.

Esta miopía clasista de los obreros hizo que la generación de Kara Chukiwanka tome las plazas, como la de San Francisco, la de la 16 de Julio de El Alto, para difundir el significado de la wiphala, hasta que se fue haciendo carne el símbolo, en las propias organizaciones del sindicalismo campesino, los movimientos políticos aymara y quechua, y la ciudadanía marginada del país.

Cuánta razón tienen los jóvenes de hoy, que heredaron todas estas experiencias, de manifestar su total repudio contra la prohibición de izar la wiphala en la plaza principal de la ciudad de Santa Cruz. Este símbolo no es del Movimiento Al Socialismo (MAS), sino de los pueblos aymara, quechua, uru, y en sus diferentes formas organizativas del país. ¿Qué hay detrás de prohibir a uno de los símbolos nacionales? Es el odio al kolla, al indio del occidente. Esto es la otra forma de racismo emblemática. Lo más grave fue y es pivotado por la principal autoridad del departamento de Santa Cruz, Luis Fernando Camacho. ¿Camacho es camba? Según datos de algunos investigadores, los abuelos de Camacho fueron migrantes criollos del occidente. En términos muy sencillos, él es un “acambao” o se siente “cambizado”. La frase de que “el kolla acambao es más odioso y peligroso que el propio camba” es precisa para Camacho. Lo que sí se constata es que contra el indio kolla pueden unirse cambas, no cambas y extranjeros antinacionales. A los que se suman los indios desclasados y/o traidores.

Hoy la wiphala representa más que a los pueblos indígenas, pues los sectores desposeídos y excluidos del sistema capitalista también se sienten representados en esta bandera. No es extraño que los pueblos y nacionalidades del Ecuador la hayan adaptado a sus necesidades, como también lo han hecho los de Colombia, el Perú, en fin.

Hace pocos días, en la expulsión vergonzosa y humillante a los ciudadanos venezolanos en Iquique, grupos de manifestantes chilenos han usado arbitrariamente la wiphala. Cabe a la Cancillería de nuestro Estado Plurinacional hacer una protesta diplomática a Chile del uso absurdo del símbolo nacional, reconocido plenamente en nuestra Constitución Política de 2009, para fines xenófobos y discriminatorios.

Janipuniwa waliki, wasitampiwa uka anu q’uxtañ jaqinakaxa tuwasipxistu, wiphalas jaquqapxi Santa Cruz markana. Arsusiñasawa ¿ janicha ukhamaxa?

Esteban Ticona Alejo es aymara boliviano, sociólogo y antropólogo.

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Identidad, fútbol, Farías y fracasos…

/ 19 de septiembre de 2021 / 01:15

Vivimos en un mundo globalizado y una sociedad del espectáculo. Los medios de comunicación son una herramienta gravitante en esta realidad porosa. La globalización, que no es más que la internacionalización de las actividades de las sociedades, desde lo económico, lo político, lo espiritual, lo social, etc., pero con sus inequidades y formas de colonialismo. Estos factores externos e internos coadyuvan para construir las identidades globalizadas e incluso las identidades nacionales. El fútbol se ha convertido en una de las actividades privadas e internacionalizadas que ayudan en esa construcción. A pesar de las consecuencias de la pandemia del COVID- 19, fue la actividad que volvió a la cuasi normalidad, porque genera mucho dinero.

También por la globalización y el espectáculo, el fútbol ha penetrado en los rincones más apartados del mundo. Particularmente en el caso nuestro, hoy se hace mucho deporte en los ayllus y comunidades más retirados de los centros urbanos.

A pesar de las prohibiciones y restricciones, es la actividad que desafió formas de jugar o de realizar partidos. Hay que recordar que fue en las canchas de barrios periurbanos donde muchos jóvenes desafiaron a las prohibiciones, realizando fútbol sin medidas de bioseguridad.

No es casual que en muchas provincias se organicen nuevamente actividades relámpago de fútbol entre provincias, cantones y comunidades. ¿Pero quiénes son los referentes, sobre todo para los niños/as y jóvenes? A nivel internacional, son los modelos como Messi, Ronaldo, Neymar Jr. y otros. A nivel nacional, indudablemente, los referentes son los clubes profesionales y la selección nacional.

Es interesante estudiar esta actividad tan rentada y preguntar ¿por qué y cómo nos hacen sentir parte de algún club o selección?, cuando en términos formales no son más que empresas privadas que usan el marketing para en-cubrir la supuesta pertenencia. En términos muy lógicos, una selección es una empresa privada porque los clubes son entes privados. La FIFA es una empresa transnacional que impone a los Estados para que no se metan en sus asuntos, razón por la que no pueden intervenir las federaciones nacionales y a los clubes.

A pesar de esta situación hegemónica, se acepta todo de la FIFA para no ser despojados de la representación internacional. Esta empresa privada del fútbol construyó una selección nacional, supuestamente representativa de todos, cuando en la realidad es una actividad de intereses de algunos grupos sociales. Pero, a pesar de esta situación, el fútbol coadyuva, quizás de forma determinante, en la construcción de la identidad nacional.

Hoy se dice “la selección boliviana es de todos”. En esta construcción identitaria, los niños y los jóvenes que crecen y sueñan con ser mejor representados por los seleccionados están cayendo en profundas frustraciones sociales. El fútbol boliviano atraviesa una profunda crisis. Hay que recordar los escándalos económicos de corrupción y hasta manipulaciones regionalistas, etc. En este escenario aparece un director técnico llamado César Farías, que hasta el momento demostró ser un gran p’ajp’aku o gran impostor, en lenguaje más sencillo, que convenció a incautos dirigentes para ser nombrado director. Aparte del jugoso sueldo que gana, hoy su dirección es totalmente cuestionada. Sabemos en qué posición está la selección boliviana dentro de las sudamericanas que disputan los partidos eliminatorios para ir al campeonato mundial.

No es casual que al señor Farías le digan “el vendehumos” y otro término más preciso nació hace pocos días, cuando él declaró que la selección luchará como los mineros. La respuesta del ciudadano común fue dedicarle una canción que se llama Juku-minero, es decir, ladrón de minerales, que es una analogía de “ladrón de sueños”.

Hace pocos días tuve la oportunidad de interactuar con jóvenes y su profunda tristeza por lo que le sucede a la selección. Son jóvenes especiales porque varios de ellos trabajan en Chile y Argentina. Uno de ellos me dijo “es tan humillante ver jugar a la selección que nuestra autoestima está por los suelos”. En términos sociológicos, lo único que ha hecho este señor Farías es afectar la autoestima de los jóvenes y la identidad boliviana, que también es nuestra identidad, de ser los peores. ¿Es culpa de Farías, es tropiezo de los mediocres jugadores, de los dirigentes? Para mí, es el fracaso de la empresa privada capitalista que se llama fútbol.

Uka anu q’uxtañ jaqixa Farias sutinixi, ma ipi jaqipi, ukhamaraki uka pilut mat’aqirinakaxa janiw sumakiti lurawinakapaxa.

Esteban Ticona Alejo es aymara boliviano, sociólogo y antropólogo.

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Ausencias en el informe del GIEI

/ 5 de septiembre de 2021 / 00:55

El Informe sobre los hechos de violencia y vulneración de los derechos humanos ocurridos entre el 1 de septiembre y el 31 de diciembre de 2019, elaborado por el Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI) y que fue presentado en pasados días al presidente Luis Arce, es digno de destacarse. Tiene 471 páginas y es accesible a los interesados, otro aspecto para resaltar.

Sin embargo, hay actuaciones, como de la prensa, que no están en el informe. ¿Cuál fue el papel de la prensa? No de los periodistas. El papel de los medios de comunicación en sus diferentes expresiones, de los empresarios de la comunicación. ¿Cuánto y cómo alentaron el conflicto? o ¿cuánto y cómo buscaron la pacificación? ¿Cuáles son esos medios de comunicación? ¿Cómo interpretar a la prensa televisiva que cada noche transmitía los cabildos desde Santa Cruz y La Paz, con amenazas y acciones concretas para derrocar a un gobierno constituido mediante votos? ¿La prensa actuó de manera independiente? En fin, son preguntas que me hubiese gustado se contemplen en el informe.

El GIEI, en sus recomendaciones, no observa el papel de la prensa en las sociedades contemporáneas; no analiza el rol de los medios de comunicación en época de conflictos sociales, no solo como informadores, sino también como actores políticos.

Llama la atención la siguiente frase: “El ataque contra la casa de Casimira Lema tiene señales de haber sido dirigido contra ella por sus labores profesionales, lo que ofende no solamente a su persona, sino que constituye una violación del derecho a la libertad de expresión. Tiene además un efecto amedrentador para otros periodistas, que busca silenciar voces disidentes” (página 109). ¿Por qué la bronca de la sociedad crítica contra la señora Lema y afines? Hay que recordar a los del GIEI que hace años la señora Lema fue parte de varias redes de televisión y desde esos espacios siempre fue muy contraria a los intereses de los sectores indígenas y populares del país. Fiel a esa línea conservadora, la señora, ya con otros periodistas del canal universitario de La Paz, alentaron y transmitieron en directo todas “las acciones heroicas de los pititas”, que fueron violencia y más violencia…

Hay otro tema, ¿cuál fue el papel de las universidades? Empezando del exrector de la UMSA Waldo Albarracín, la Universidad Católica, donde se cristalizó el golpe, y otras universidades privadas, que bajo amenazas sacaron a jóvenes a marchar en las noches a las calles de la ciudad.

Las iglesias católica y evangélica, en sus vertientes conservadoras, tuvieron su rol preciso. ¿Acaso no se entró al Palacio Quemado con la biblia en la mano? En el informe no se recomienda a las iglesias occidentales que se abstengan de hacer política.

Lamentablemente, el GIEI se quedó solo en los análisis jurídicos y humanitarios, pero no en lo societal. ¿Cómo vivir en una sociedad aún colonizada y racializada? Cuando las élites de otrora, hoy quieren retomar sus espacios de poder e intentan iniciar los procesos de re-colonización del país, como volver a la República, etc. El racismo es parte circunstancial de sus vidas y parte de su discurso social y político. ¿Será que los/as colonizadores de buena voluntad dejarán de ser racistas? Sabemos también que influyen a otros sectores sociales, incluidos grupos indígenas y sectores populares. Entonces, recomendar que haya una cumbre contra el racismo es una idea a saco roto, ¿para qué si tenemos una ley contra el racismo y toda forma de discriminación? Pero, ¿cuántos racistas están en la cárcel? Gente del Comité Cívico pro Santa Cruz, los Conade, los “pitita”, plataformas… deberían estar juzgados por practicar racismo abierto y solapado, o ¿no es así?

El uso del concepto de “otredad” a la que alude el documento, es una mirada absolutamente evolucionista de la sociedad, tan paternalista y occidental. No cabe para la sociedad boliviana. Más que afirmar la otredad precisamos escudriñar las desigualdades, el racismo estructural, las relaciones de dominación del capitalismo salvaje, etc. Gran parte del documento hace énfasis en que no debería haber discriminación jurídica de ningún tipo, pero el concepto de otredad precisamente permite esa diferenciación social. El Estado plurinacional apuesta por la diversidad, que no es la otredad.

Para finalizar, la pregunta para el GIEI, ¿cuántas horas de testimonio grabaron? Entiendo que por razones de seguridad no se dicen los nombres de los/as entrevistadas en el informe. El presidente Luis Arce anunció la fundación de las Casas de la Memoria, sería plausible que la primera donación de la memoria lo haga el GIEI.

Giei jupanakaxa wali qillqantawayapxatayna, uka jan walt’awi sarnaqawinakasata. Walikirakiw ma tuqitxa, maysatx janikirakiw waljamakiti, ¿ janicha ukhamaxa?

Esteban Ticona Alejo es aymara boliviano, sociólogo y antropólogo.

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Félix Layme Pairumani

/ 22 de agosto de 2021 / 03:30

Qué doloroso es hablar de hermanos y compañeros que nos dejan y se marchan a la eternidad en estos tiempos del COVID-19. Nuestra amistad con Félix es de muchos años, cuando él trabajaba en el Instituto Nacional de Estudios Lingüísticos (INEL), pionero en el trabajo lingüístico y quizás único por sus investigaciones profundas y la apuesta por la revalorización de las lenguas ancestrales del país.

Félix ha tenido varias facetas en su vida, no solo fue un gran lingüista y divulgador del idioma aymara, sino también un gran investigador de campo y asimismo un buen fotógrafo. Además fue una persona muy desprendida con las nuevas generaciones. Recuerdo que para publicar mi primer libro, El escribano de los caciques apoderados (1992), me aceptó muy generosamente escribir el epílogo denominado El aymara de un escribano, que es una reflexión sobre cómo habla el aymara el escribano Condori, nacido a principios del siglo XX.

A mediados de la década de 1990, a raíz de la publicación de la serie de cuatro volúmenes Jesús de Machaqa, la Marka rebelde: Cinco siglos de historia de Roberto Choque; Sublevación y masacre de 1921 de Roberto Choque y Esteban Ticona; La Lucha por el poder comunal de Esteban Ticona y Xavier Albó y Las voces de los Wak’a de Astvaldur Asvaldsson, nos tocó conocernos mucho más. En esta serie ayudó de manera desinteresada y muy entusiasta en tres volúmenes. Recuerdo que Xavier Albó siempre ponderaba diciendo “Félix es el investigador nato de Jesús de Machaca”. Su obra Tradiciones históricas de Jesús de Machaca era citada por varios investigadores del quehacer andino, aunque nunca se publicó; pero es un manuscrito recogido por Layme a lo largo de muchos años de investigación sobre su pueblo. En nuestras largas reuniones de organización de los volúmenes citados, Félix nos hacía notar una serie de entretelones de lo acontecido en la región estudiada, porque a pesar de que él residía en la ciudad de La Paz, siempre estaba viajando a su lugar de origen.

Otro momento inolvidable fue en la presentación de los libros citados en la ciudad y la región de Jesús de Machaca. En ocasión de la presentación del libro de Roberto y mi persona en el ayllu Sullkatiti, límite de las dos parcialidades de los 12 ayllus históricos de Jesús de Machaca, Félix se confundió entre los asistentes y tomó el rol de filmar y fotografiar el acto. Algo similar ocurrió en la presentación de los libros en la ciudad de La Paz.

Un aspecto que siempre admiré de Félix fueron sus ganas de superación y conocer más y más. De autoformarse en la investigación social, cultural y lingüística. Él fue un profesor rural pero jamás se quedó en esa situación, tan pronto vio la forma de salir adelante lo hizo. Recuerdo que una vez me contó que tenía muchas ganas de hacer fichas de campo en su trabajo como profesor y no tenía dónde escribir, y usó el reverso de las papeletas de votación, que las convirtió en libretas de campo.

Otro aspecto valorable y que hasta hoy no ha sido imitado y menos superado fue el papel divulgador de la lengua aymara. Fue uno de los primeros en irradiarla mediante un periódico fundado por él, llamado Jayma (trabajo comunitario para el beneficio común), en este tabloide de ocho páginas publicaba noticias y reflexiones en aymara, castellano y quechua. Mediante el periódico Presencia propagó separatas del diccionario aymara-castellano, que se convirtieron en el gran diccionario, hoy imprescindible para investigadores aymaras o no.

Félix en los últimos años fue también una persona muy activa en las redes sociales, generosamente puso a disposición de sus seguidores o interesados algunas de sus investigaciones en versión digital. Además de difundir otros libros digitales muy interesantes. A propósito, nuestros otros encuentros fueron en algunos de los puestos de venta de los libros usados del mercado Lanza, donde teníamos amigos comunes. Al saber lo que le pasó, uno de sus grandes amigos se puso muy triste, no porque le compraba libros, sino porque más allá de ello fue un gran amigo y conversador sobre temas nacionales e internacionales.

Jach’a Jilata Félix Layme, wiñay markamaruwa sarawayxtaxa. !!! Jallalla munat jach’a jilata!!!

Esteban Ticona Alejo es aymara boliviano, sociólogo y antropólogo.

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