Voces

domingo 9 ago 2020 | Actualizado a 04:29

Pensar el futuro, una metamorfosis esperada

Si bien ya hemos coexistido en el pasado con otras catástrofes, hasta ahora no habíamos vivido esta situación de aislamiento físico/social, fronteras cerradas, ciudades encapsuladas, ciudades paralizadas y vacías.

/ 6 de julio de 2020 / 08:35

XXX

Sin lugar a dudas, como ya lo dijimos en un artículo anterior, la intervención del hombre ha sido fundamental para el desarrollo como para la destrucción de los centros urbanos, y esta no es la primera vez ni será la última que las ciudades y las condiciones urbanas sufran transformaciones tanto en sus formas de habitarlas, como en sus costumbres y disciplina, en sus normas y nuevos planteamientos.

La planificación urbana tuvo su rol esencial al momento de la reconstrucción de las ciudades, la Primera Guerra Mundial dio por concluida la cultura “fin de siglo”, y precisamente la Segunda Guerra fue el punto de partida para los cambios trascendentales para el urbanismo del siglo XX, principalmente para embellecerlos y por el auge que generaron las innovaciones tecnológicas de la Revolución Industrial, traducidas en nuevos tejidos y tramas urbanas. Esta ideología progresista desde finales del siglo XIX favoreció a mejorar las condiciones físicas de las áreas urbanas, provocando significativas transformaciones en el modelo territorial y urbanístico.

Durante este “modernismo” se comenzaron a materializar las nuevas aportaciones teóricas y transformaciones urbanas, así es como surgen los planteamientos de la ciudad lineal por Valentin Knight, la ciudad jardín por Ebenezer Howard, y se desarrollan las primeras “utopías urbano-tecnológicas” del grupo inglés Archigram y los metabolistas japoneses.

Muchos de estos estilos de principios ideológicos triviales pusieron durante los años 80 en la palestra mundial al “posmodernismo” y con ella los Planes de Tokyo, de La Habana y de Filadelfia con el objeto de transformar la imagen de estos centros urbanos; aparecen también ciudades como Abuja, Brasilia, Chamdigarh, Dacca, Naipyidó y Putrajaya.

Aldo Rossi decía que: “Las catástrofes no ocasionan cambios urbanos por sí mismas sino que aceleran las transformaciones que ya se estaban imaginando”, y con la caída del Muro de Berlín en 1989, el mundo cambió nuevamente impulsando el establecimiento de ciudades más ordenadas, equitativas socialmente hablando, mejor estructuradas y duraderas; se conforman escalas y categorías de ciudades como “megalópolis”, “megaciudades” y “ciudades globales” gracias a la concepción urbana de la “globalización”.

Si bien ya hemos coexistido en el pasado con otras catástrofes, hasta ahora no habíamos vivido esta situación de aislamiento físico/social, fronteras cerradas, ciudades encapsuladas, ciudades paralizadas y vacías; nos hemos dado cuenta de que aún somos un país con deficiencia en infraestructuras y carencia de servicios, y que aún existen grandes grupos de desigualdad y pobreza. Intentar volver a la normalidad no será fácil y mucho menos continuar con lo que existía inicialmente.

Para 2050 se estima que el 72% de la población mundial vivirá en ciudades, incrementando el riesgo de propagación de nuevas epidemias, y las condiciones físico infraestructurales siempre han sido resultado de las distintas catástrofes. Los romanos fueron los pioneros en adoptar medidas higiénicas con su sistema de alcantarillado, baños públicos, sistemas de agua corriente y no lograron obtener buenos resultados; aún en la Edad Media no existían baños, ni la más mínima higiene, lo que los obligaba a abanicarse para disipar el mal olor y no por el calor.

La posglobalización y el tardo capitalismo de los cuales ya se estaba especulando en este “supermodernismo”, ahora serán una realidad; a partir de ahora existe un antes y habrá un después, tendremos que pensar en nuestro futuro desde la metamorfosis del presente, para crear diversos escenarios futuros y forjar herramientas claves para definir acciones estratégicas para las ciudades del futuro.

*Es arquitecto, docente e investigador.
Especialista en planificación, gestión y políticas públicas

Comparte y opina:

Mirar el pasado para repensar la ciudad

Diversas manifestaciones en los fenómenos urbanos afectaron a las ciudades del presente

/ 23 de junio de 2020 / 06:50

Los problemas de salud pública fueron los que hicieron repensar la ciudad, porque las enfermedades afligían tanto a los ricos como a los pobres, dijo Richard Sennett en su libro Construir y Habitar: Ética para la ciudad, y Bolivia, al igual que muchas ciudades del mundo, sufren nuevamente de una nueva pandemia, una nueva catástrofe sanitaria mundial de gran impacto urbano. Millones de personas han muerto a raíz de estas enfermedades infecciosas a lo largo del tiempo y muchas de ellas han cambiado el curso de la historia, afectando a la gran mayoría de las ciudades del mundo.

Recordemos las predicciones de Michel de Notre-Dame, en Les Propheties donde predijo las grandes enfermedades infecciosas del siglo XX como las pandemias gripales o el ébola, y para el siglo XXI se halla entre sus cuartetos una nueva peste que traerá consigo penuria y hambre, y a pesar que ese “fin del mundo” aún es lejano, el siglo XXI se vino cargado de muchas catástrofes para la humanidad e indudablemente para nuestros centros urbanos, porque son las áreas que aglomeran grandes cantidades poblacionales y varios sectores vulnerables.

Por otro lado, tampoco podemos ignorar al mundo cinematográfico para comprender mejor la idea de las consecuencias y los posibles cambios de la humanidad en zonas urbanas como en 12 Monkeys, Outbreak, I Am Legend y World War Z, entre otras. En este género de películas de enfermedades y contagios se puede apreciar una mezcla de drama, miedo, tragedia, fantasía y ciencia ficción que revive nuestra situación actual y en muchos de los films la destrucción, abandono o cambios surgidos en las formas de habitar las ciudades donde se desa-rrollaron las epidemias.

Estos cambios surgidos en los planteamientos urbanos que conocemos hasta el día de hoy son efecto de las guerras y de las grandes pestes surgidas a través del tiempo, desde lo que fue la peste de Atenas en la gran metrópoli del mundo griego antiguo durante la guerra del Peloponeso en el año 430 a.C. y que fue catastrófica para este imperio; o la peste Antonina en la que murieron más de cinco millones de personas en el año 165 d.C. en el Imperio Romano y propagada en las tropas militares por falta de higiene, gran concentración de población, y es cuando el emperador instruye a todos los ciudadanos usar tapabocas; la peste negra o peste bubónica en la Edad Media en el continente europeo en la que murieron dos terceras partes de la población y fue asociada a la sobrepoblación, hacinamiento y falta de higiene; la gripe española que fue una de las más mortíferas de toda la historia con la pérdida de cinco veces más habitantes que durante la Primera Guerra Mundial.

Hoy convivimos con el coronavirus, por el que todas las ciudades del mundo han entrado en cuarentena o aislamiento físico. El virus hasta la fecha ha matado a más de 440.000 habitantes, afectando principalmente a zonas urbanas y es donde una vez más se demuestran las deficientes condiciones en cuanto a infraestructura y servicios, en cuanto a pobreza y desigualdad, en cuanto a planificación y crecimiento de las ciudades.

Llámese como se llame —en la antigüedad se le nombró “castigo de la divinidad”, pues no fue pura casualidad que las pestes existieran precisamente cuando había guerras, catástrofes o crisis de la humanidad. Los cristianos le denominaron “el día del juicio final” y desde el punto de vista del budismo es un “proceso evolutivo necesario”—, ahora podemos aseverar que el verdadero virus del planeta es el hombre, estamos pasando por un proceso de regeneración de la Tierra que nos brinda la oportunidad de reinventarnos y regenerarnos para ser dignos huéspedes de ella.

Sergio Vargas Montero
es arquitecto, docente e investigador.
Especialista en Planificación, Gestión y Políticas Públicas.

Comparte y opina: