Nunca deja de asombrarme por qué no hay más personas indignadas, consternadas y asqueadas por la crueldad y la mala actuación de Donald Trump.

Casi 140.000 estadounidenses han muerto a causa del COVID-19 y más de tres millones han contraído la enfermedad. Además, el panorama de nuestro país es funesto: los casos van en aumento y el número de fallecimientos sigue creciendo. Esta todavía es la primera ola; la segunda solo podría sumarse y ser catastrófica.

Sin embargo, los secuaces de Trump están atacando a Anthony Fauci, el principal experto en enfermedades infecciosas del país, exigiendo que todas las escuelas vuelvan a abrir en el otoño, pese a la furia del virus, y sosteniendo la mentira de que el motivo por el que tenemos más casos es porque se realizan más pruebas.

Trump ha politizado tanto la pandemia que ahora las personas se rehúsan de manera sistemática a usar cubrebocas en lugares públicos e insisten en que obligarlas a hacerlo es una violación a sus derechos individuales.

Por su parte, los legisladores republicanos solo cuestionan mínimamente el liderazgo letal de Trump, si es que acaso lo hacen.

Los jóvenes, cansados del aislamiento, se están reuniendo en bares y fiestas y sin duda han asimilado parte del mito de que son invencibles y que la pandemia pasará rápido.

No obstante, en vez de demostrar liderazgo y hacer las cosas lo más sencillas y eficaces posibles (insistir en la prescripción del cubrebocas a nivel nacional, así como aumentar las pruebas y el rastreo de los contactos), parece que Trump está haciendo lo contrario.

Como lo dio a conocer The Washington Post la semana pasada: “Según sus asesores, en las últimas semanas, Trump ha estado dedicando menos tiempo y energía al manejo de la pandemia y solo ocasionalmente ha hablado en detalle sobre este tema en sus presentaciones públicas. Uno de estos asesores dijo que el Presidente ‘en realidad ya no está trabajando en eso. No quiere que lo distraigan. No está llamando para pedir las cifras. No le preocupan los casos de coronavirus’”. Trump está, simplemente, metiendo la cabeza en la arena y tratando de que el virus se vaya solo porque así lo desea, de alejarlo con mentiras, o lo está dejando que cobre víctimas hasta que ya no quede ninguna.

Además, no parece que quiera conocer el verdadero impacto del virus y tampoco quiere que la población lo conozca.

Como lo informó The New York Times el sábado, los republicanos del Senado habían diseñado una propuesta para otro paquete de ayuda para la pandemia, el cual incluía miles de millones de dólares para realizar más pruebas y rastreos de contactos, así como dinero para los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por su sigla en inglés) y los Institutos Nacionales de Salud Pública, pero la Casa Blanca detuvo estas gestiones de financiamiento.

Este escollo provocará la muerte de más estadounidenses.

También hay que mencionar que la propuesta de la Casa Blanca para el nuevo proyecto de ley incluye “eliminar $us 2.000 millones que se le iban a asignar al Indian Health Service, el cual es responsable de brindar atención médica a más de la mitad de los ciudadanos originarios del país y a los nativos de Alaska, quienes han sido devastados por la pandemia y son especialmente vulnerables al virus”, según el Times.

Sumemos el hecho de que el Gobierno ha dicho que tal vez siga separando a los niños de sus padres y mantenga a los padres en centros de detención, incluso después de que un juez federal dictaminó que los niños deberían ser liberados porque los brotes de COVID-19 habían hecho que las condiciones de las instalaciones no fueran seguras y que su detención fuera inconstitucional.

Sin embargo, el gobierno de Trump se ha opuesto a ello: “La solución a una transgresión constitucional de las condiciones de confinamiento es solucionar la transgresión, no liberar a los denunciantes”.

Añadamos a eso el hecho de que el gobierno de Trump presentó un escrito el mes pasado en el que solicitaba a la Corte Suprema que revocara la Ley de Protección al Paciente y Cuidado de la Salud Asequible en medio de la pandemia, lo cual eliminaría la cobertura de hasta 23 millones de estadounidenses vulnerables.

Además, sumemos el hecho de que como lo informó el Times a principios de este mes: “El gobierno de Trump ha notificado formalmente a Naciones Unidas que Estados Unidos se retirará de la Organización Mundial de la Salud, medida que recortaría una de las mayores fuentes de financiamiento de la principal organización de salud global en medio de una pandemia”.

También, el gobierno de Trump les dijo a los estados que dejaran de enviar la información sobre el coronavirus a los CDC y que mejor la enviaran al Departamento de Salud y Servicios Sociales. Como informó CNBC, a consecuencia de la medida, “ya han desaparecido los datos públicos del sitio web de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades”.

Así que, tengo que volver a preguntar: ¿Dónde queda nuestra indignación? ¿Cómo puede estar sucediendo esto? ¿Cómo se ha permitido que ocurra? Se está dejando que personas de carne y hueso, los estadounidenses, se enfermen y mueran mientras Trump juega una partida política. ¿Por cuánto tiempo más se permitirá que continúe?

Charles M. Blow es columnista de The New York Times