Voces

viernes 18 jun 2021 | Actualizado a 02:08

Cómplices

/ 26 de julio de 2020 / 00:35

La violencia contra las mujeres es uno de los instrumentos de control del sistema dominante, que tiene el objetivo de paralizar con el miedo a la mitad de la humanidad. Es claro que es parte de una violencia estructural, del sistema económico, político y cultural. Esta violencia sistémica se manifiesta, en primera instancia, a través de los comportamientos machistas y violentos de los hombres cercanos, familiares, hacia las mujeres. Esta claridad es el aporte teórico político del proceso de cambio, con las leyes 243 y 348, que, aunque con vacíos, expresan el caminar de las organizaciones de mujeres en Bolivia: La violencia de los hombres hacia las mujeres está formando parte de la base que sustenta un sistema de dominación.

Es decir, el hombre indígena y trabajador, que también es explotado y discriminado, se hace cómplice del sistema, golpeando, discriminando, matando a las mujeres de su familia. Para que después el sistema de dominación patriarcal explote el doble o triple a las mujeres, les pague menos por igual trabajo, las venda y subaste en los prostíbulos y la trata y tráfico, no les permita la participación política, las discrimine imponiendo modelos estéticos y culturales, y demás elementos que hacen a una violencia estructural que es capitalista, colonialista y depredadora de la madre naturaleza.

O sea que luchar contra la violencia de los hombres hacia las mujeres es la primera tarea de un revolucionario y de una revolucionaria; es el punto de partida para creer que queremos de verdad una sociedad del “Vivir bien”. No pueden ser revolucionarios en la calle y torturadores en su casa. No podemos seguirnos matando entre nosotros, las mujeres somos la mitad revolucionaria de nuestro pueblo, la muerte de nuestras compañeras y hermanas es la muerte de nosotros y nosotras mismas. ¡Paremos los feminicidios!

Las mujeres del proceso de cambio desenmascaramos a un feminismo neoliberal y liberal, un feminismo oenegero que es cómplice del capitalismo, del racismo colonialista y del golpe autoritario a la democracia del pueblo. Mujeres de derecha fascista, que le sirvieron a los anteriores gobiernos de derecha y le siguen sirviendo hoy desde las plataformas ciudadanas y racistas. Son serviles a los dictámenes de Estados Unidos, el FMI. La tenemos clara, las mujeres no somos iguales, las mujeres del pueblo tenemos posición política y propuestas de futuro. Somos valientes defensoras de la vida, de todas las vidas. Valientes luchadoras contra el capitalismo y el racismo colonialista, recuperaremos la democracia para construir el Vivir bien.

Estas otras mujeres oportunistas, oenegeras y derechistas nunca levantaron la voz ante un sistema de muerte, máximo negociaron en los lobbys, leyes como la 1674, que no le hizo ni pellizco al sistema y más bien sirvió para fortalecer el machismo a través de la conciliación, conciliaciones que la mayoría de las veces fueron en contra de las mujeres. Desde el proceso de cambio se hicieron las mejores leyes para las mujeres, pero la ley no cambia las conductas y esa es nuestra tarea, acabar con la violencia hacia las mujeres, acabar con los femicidios, eso es parte de nuestras luchas para recuperar el proceso de cambio, y es una lucha de mujeres y hombres revolucionarios.

Julieta Paredes es feminista comunitaria.

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Entre mujeres

/ 13 de junio de 2021 / 01:41

Las energías de las luchas de las mujeres en lo que hoy llamamos Bolivia, han nutrido con muchas experiencias y reivindicaciones que favorecen a todos y todas que habitamos estos territorios. Cuestionar la representación parlamentaria dentro de la democracia burguesa, es una muestra de ello.

El feminismo tiene la cuna de la Revolución Francesa y proviene del planteamiento de luchas por los derechos individuales de las mujeres, principalmente basados en los derechos que las mujeres burguesas consideraban como sus demandas, ante los hombres burgueses en Europa.

Es necesario, sin embargo, analizar el concepto globalizador de “las mujeres” porque es uno destinado a confundirnos y manipularnos a partir de que vivimos en nuestros cuerpos el machismo, como un instrumento de control de nuestras vidas; es un concepto que pretende decir que las mujeres entre mujeres seríamos iguales, y no lo somos.

Quiero compartir el análisis de la actuación de las mujeres en el poder. Desde los movimientos sociales —en el proceso de cambios en Bolivia— iniciamos discusiones profundas sobre la forma cómo se llevaba adelante la participación política de las mujeres; si bien estábamos presentes, a veces era una simple decoración.

El proceso de cambios se inicia en 2003; sin embargo, desde 1985 en nuestros territorios el sistema dominante, a partir de los financiamientos de la cooperación internacional, privatizó el accionar político organizativo de las mujeres, supeditándolas a la intermediación de las ONG.

Tanto en Bolivia como en Perú, como ejemplo de este accionar, las ONG hablaban con los Estados y gobiernos neoliberales a nombre de las organizaciones de mujeres, este control no permitía la organización autónoma, el pensamiento propio, las demandas y metodologías propias de las mujeres. Controlaron su iniciativa y creatividad, pero lo peor fue que en la negociación e intermediación de las demandas de las mujeres, las ONG y las feministas neoliberales de los partidos consiguieron limosnas ridículas, como el 35% de cuotas para las mujeres, más ridículo aún cuando esa cuota de poder en el gobierno de las representantes de las mujeres estaba en las manos y los cuerpos de las mujeres familiares y amigas de los hombres neoliberales.

Las mujeres de la derecha como Jeanine Áñez y Keiko Fujimori son hoy una excelente representación de lo que son y en lo que están estas mujeres como clase social.

Están llenas de amargura y odio, racistas, ávidas de la sangre y la humillación del pueblo.

Las mujeres no somos lo mismo y los procesos de cambios revolucionarios en los que se inscriben en Bolivia y Perú van a garantizar los derechos de todas las mujeres, incluidas las derechistas, pero construyendo un país sin discriminaciones y opresiones de ningún tipo.

Julieta Paredes es feminista comunitaria.

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Entre conservadores

/ 30 de mayo de 2021 / 00:03

El proceso de cambios revolucionarios en Bolivia enfrenta un momento vital, donde fuerzas y energías conservadoras atacan —desde dentro y desde fuera— todo el tejido de las alianzas y pactos constructivos hilados desde las organizaciones sociales, que son las redes vivas que sostienen este proceso.

El pueblo boliviano ha realizado y ensayado — a través del Movimiento Al Socialismo (MAS)— una nueva estrategia de los pueblos que luchan y se enfrentan a las manipulaciones del sistema dominante, que usa la institucionalidad de la democracia para legitimar la cooptación del gobierno y el manejo del poder del Estado, en beneficio de la hegemonía cultural y la acumulación capitalista.

Usar la democracia burguesa, a través de una sigla partidaria, tener en el hermano Evo un símbolo de nuestros pueblos originarios, ganar las elecciones y tomar el gobierno para las organizaciones sociales vivas, fue una jugada genial. Fue el logro de una nueva metodología de coordinación, que enlazaba las reivindicaciones corporativas más sentidas con el objetivo político de construir el “vivir bien” desde el poder popular. Esta metodología, ciertamente, no fue inspirada en el centralismo democrático del leninismo, más bien tomaba el ajayu de las formas ancestrales de los pueblos originarios, que por cientos de años se mantuvieron vigentes en sus autogobiernos.

Esta forma tuvo diferentes momentos, lo que habla de que evidentemente el proceso de cambios estaba en marcha. Después de aquel primer momento, grupos de influencia dentro del MAS se conformaron. Poco a poco estos grupos muestran distintas posiciones políticas, pero que coexisten, se nutren y son funcionales a la administración del gobierno.

El siguiente momento está marcado por la crítica a la participación de las organizaciones sociales, tildándola de desorganizada, anarquista, arbitraria, donde cada quien hace lo que quiere. A raíz de eso se aplica una presión constante para conformar —dicen— un partido en serio. Hace pocos días en una entrevista, un “pitita” dijo que el MAS es el único partido en Bolivia y que muy probable se convierta en lo que es el PRI de México que gobernó 30 años. Esa es la esperanza de la derecha boliviana, que el MAS se pudra.

¿Cómo lograr que se supere esa tendencia de convertir al MAS en un partido y siga construyendo la orgánica revolucionaria de los pueblos? Recordar que derrotamos al golpe no con la lógica partidaria. Fueron todos los esfuerzos unidos, principalmente las organizaciones y movimientos sociales movilizados, que derrotaron el golpe. El conservadurismo partidario es la vieja lógica del poder que burocratiza los sueños y las revoluciones. Como pueblos originarios heredamos los conocimientos de la organización, en nuestros ayllus y comunidades. La formación política y orgánica fuerte al interior de nuestras organizaciones consideramos que es la clave para saber a dónde vamos a trabajar y combatir los apetitos personales, la corrupción, el machismo, el racismo, el desclasamiento, el arribismo y muchas otra conductas y sentimientos que nos alejan de construir el “vivir bien” de la humanidad y de la madre y hermana naturaleza,

Julieta Paredes es feminista comunitaria.

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Viejas mañas

/ 15 de mayo de 2021 / 23:20

La derecha europea se ha desgañitado al lanzar discursos condenatorios contra la búsqueda de justicia del pueblo boliviano. Les parece “dudosos” los procesos porque los jueces y fiscales son dudosos, pues señoras y señores, son los mismos jueces y fiscales que encarcelaron injustamente a hermanas y hermanos del proceso de cambios, solo por ser masistas, y Uds. boca callada en ese momento. Claro que son dudosos estos jueces y fiscales, hace mucho tiempo que estamos en ese problema, no es de ahora y la Unión Europea y esa derecha fascista lo saben. Lo sabían y no dijeron nada, es más, apenas la golpista puso a andar su régimen de facto, la Unión Europea le inyectó recursos y fueron los embajadores, presurosos a sacarse la foto para que sepa el mundo que la dictadura era lavada internacionalmente, con la cara y las manos de los embajadores europeos. ¡qué vergüenza!

¿De dónde viene esta sinvergüenzura de los y las europeas? Pues de su complejo de superioridad, basado en la ignorancia que les acompaña por cinco siglos, desde la invasión colonial a nuestros territorios de Abya Yala en 1492. Olvidan que pudieron imponer su dominio gracias a las divisiones y problemas internos que como pueblos teníamos, fueron traidoras y traidores de los territorios los que les sirvieron a los invasores colonialistas; cierto, son muy hábiles manipuladores —los europeos—, saben aprovechar las broncas internas de nuestros pueblos.

Este aparato judicial es herencia colonial, desde entonces siempre fue así, por eso en el proceso de cambios la Justicia tuvo un cambio fundamental. Para el pueblo lo que es del pueblo, es decir que podamos votar por los mejores magistrados y magistradas, eso indudablemente es lo mejor que hicimos sobre la representación social de la responsabilidad de la Justicia. Pero desde el Ministerio de Justicia no se acompañó ese proceso, que anunciaba un cambio cultural y educativo en las conductas respecto del derecho del otro y de la otra. No se puso en acción políticas comunicacionales, educativas y culturales para crear conciencia sobre la Justicia. No se hizo un proceso educativo y epistemológico para jueces y fiscales —las escuelas de jueces repiten los mismos errores que las universidades—, mucho menos se hicieron procesos de descolonización y despatriarcalización del aparato judicial y de las concepciones de lo que es justo con relación a las otras personas y a la madre y hermana naturaleza.

Facilonamente se habla —peor—, se ordena la reforma judicial; claro, cuando les conviene. Apuntan con el dedo a quitarle al pueblo el derecho a decidir y ahí se esconde el racismo. ¿Qué sabe el pueblo sobre justicia? No, no vamos a dejar que se nos quiten derechos, tampoco vamos a dejar sin justicia a todos y todas quienes fueron víctimas del golpe de Estado. Los juicios a los y las golpistas deben seguir, ser públicos (online) y transparentes. Mientras tanto hay que hacer cambios necesarios dentro de la Justicia, cambios que apunten hacia un proceso revolucionario del derecho, con la descolonización, la despatriarcalización y el desaburguesamiento del aparato judicial y la justicia en Bolivia.

Julieta Paredes es feminista comunitaria.

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Trabajadora y trabajador

/ 1 de mayo de 2021 / 23:33

El 1 de mayo la clase obrera internacional nuevamente, y como todos los años, sale a las calles a marchar, para volver a dejar establecido que las luchas proletarias continúan. Una de las trampas machistas de los análisis políticos, de nuestros compas, es hablar en un supuesto masculino incluyente, “el proletariado”, que invisibiliza la memoria de lucha de las mujeres.

El 1 de mayo recuerda que en 1886 se produce una huelga en Haymarket, en Chicago (Estados Unidos). Por las ocho horas laborales mucha gente es apresada y cinco compañeros son ejecutados, acusados —sin pruebas contundentes— de poner una bomba que mató policías. Es el momento en que la clase trabajadora propone la división del día de 24 horas en tres partes: 8 horas para el trabajo, 8 horas para el sueño, 8 horas para la casa. Son luchas que hasta hoy nos convocan al análisis y la reflexión.

Por eso quiero traer a la memoria de las luchas de la clase obrera a nosotras, las mujeres, a quienes no nos regalaron nada como trabajadoras, las mujeres luchamos cada una de nuestras conquistas, las condiciones laborales, las horas de trabajo semanal, el salario, entre otras.

El 8 de marzo de 1857, es decir, 29 años antes del 1 de mayo de 1886, las mujeres llamadas garment workers, que eran trabajadoras textiles de Nueva York, organizaron una huelga que pedía salarios justos y condiciones más humanas para el trabajo, y fueron brutalmente reprimidas y detenidas; dos años más tarde organizarían su sindicato. El 8 de marzo de 1908, 15.000 mujeres tomaron nuevamente las calles de Nueva York para luchar por el sustento económico de la vida y por la calidad de vida, esto se simbolizó en la consigna “Pan y rosas”. La tragedia del incendio del 25 de marzo de 1911, cuando murieron 123 mujeres jóvenes y niñas, y 23 hombres, logró la reducción a 54 horas semanales de trabajo y seguridad contra incendios en las fábricas (recordar que hoy son 48 horas semanales, teóricamente).

El aporte histórico que el marxismo hizo y hace a la humanidad con el análisis de las relaciones capitalistas de producción es, sin duda, un instrumento en las luchas de los pueblos, pero será necesario que los hombres de la clase obrera, los intelectuales de la clase obrera, puedan dar un salto cualitativo, aquel que forma parte del método dialéctico del materialismo histórico, que tanto pregonan, y así puedan finalmente entender que las mujeres somos la mitad del pueblo trabajador, la mitad de los procesos revolucionarios de la humanidad, la mitad de los problemas que día a día enfrentamos como pueblo trabajador, pero también somos la mitad de las propuestas de soluciones. Es imprescindible erradicar el machismo.

Paradójicamente, mientras el 1 de mayo es un día de lucha, el 8 de marzo es la celebración del “día de la mujer” y se nos regala chocolates, rosas y peluches… ¡uff! Cómo se destroza la memoria de las luchas de las mujeres y esto con complicidad de la clase proletaria. ¡¡Jallalla proceso de cambios revolucionarios!!!

Julieta Paredes es feminista comunitaria.

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El Instrumento

/ 17 de abril de 2021 / 23:41

Para refundar y recuperar nuestro territorio de Bolivia, hemos apoyado la construcción del Instrumento Político por la Soberanía de los Pueblos (IPSP), que junto a la sigla del MAS nos convoca —en elecciones— a las urnas. El proceso de cambios revolucionarios va mucho más allá tanto en alcance como en profundidad, el proceso es el thaki, el camino de los sueños del Vivir Bien, el suma qamaña.

Hasta hoy no hay otro instrumento que reúna y convoque a las organizaciones vivas en Bolivia, y es instrumento porque en medio de muchas contradicciones, errores y traiciones, se han construido propuestas, reflexiones y una serie de posicionamientos teórico políticos que nos permiten mirar con dignidad, desde nuestra ancestralidad y memoria histórica —mirar decía—, a todos los pueblos del mundo.

No es cuestión de cambiar de sigla, color de camiseta o de candidato, aunque en elecciones dentro de la democracia burguesa es importante el candidato; para el proceso de cambios revolucionarios es importante cómo se elige a los candidatos y candidatas, cual el proceso que permite recoger el thaki, pues éste se construye desde la memoria organizativa y administrativa de nuestros pueblos originarios. Es el camino hecho desde las pequeñas responsabilidades de la comunidad, la evaluación comunitaria de ese camino, el muyo y rote en las funciones son algunos elementos. No quiero romantizar, no voy a decir que no hay machismo en la práctica de la norma heterosexual expresada en el chacha-warmi, donde las mujeres van de yapa, de “ayucas” de sus maridos, ellas no van con mandato; cierto también que hay excepciones, por eso muy pocas mujeres están decidiendo políticamente.

La crítica y autocrítica dentro del Pacto de Unidad estuvo siempre… oíganlo bien… siempre hemos estado acompañando nuestro proceso, no es de ahora. Desde el principio, desde la Asamblea Constituyente, con voces críticas estuvimos aportando públicamente y en reuniones específicas. Cierto que la mayoría de las veces han hecho como si no hubieran escuchado, pero en medio de esa disputa de sueños hemos construido y seguiremos construyendo. Entonces, cuando los intelectuales racistas de izquierda, las feministas racistas, los y las ecologistas odia indios, cuando todos los fachos “pititas” se hacen a los descubridores de la pólvora, cuando dicen que señalan los “errores” del MAS, dan risa, no hacen más que evidenciar su origen contrarrevolucionario, amargados de angustias y complejos existenciales ante indios e indios que saben autogobernarse, planificar y crear.

Qué es lo que tenemos ahora, tenemos hermanos y hermanas muy valiosos para el proceso que se han desesperado, enojado y decepcionado, hermanos y hermanas que se han ido con personajes que pueden ofrecerles pegas o pueden escucharles en sus críticas, pero todos estos personajes criados dentro del MAS no son un instrumento de los pueblos, son proyectos personales que se inician y se ahogarán en su propio lodo, pues serán manejados por los fachos racistas nacionales e internacionales.

Nosotras estamos y seguiremos con el Instrumento de los Pueblos, seguiremos construyendo, planificando y creando desde las mujeres que somos la mitad revolucionaria de Bolivia y los compañeros y compañeras del MAS tendrán que lavarse los oídos y escuchar. ¡ Jallalla proceso de cambios!

Julieta Paredes es feminista comunitaria.

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