Voces

domingo 20 sep 2020 | Actualizado a 20:11

Comité de Sabios

/ 24 de agosto de 2020 / 01:17

Se dice que antes y durante la pandemia, deliberaban en la Casa del Pueblo junto a su líder, el científico Mohammed Mostajo, que llegó arropado por supuestos sesudos estudios y su relación con la hija de la Presidenta. Pero nos abandonó apenas se supo que debía ser incluido en las investigaciones de la estafa de los 170 respiradores españoles que, desde mediados de mayo, no funcionan. Los Sabios forman un “Comité Científico”, que nunca se enteró que esa compra no solo estaba viciada de corrupción, sino que era inútil.

El Comité Científico, cada vez que se habló de culminar el proceso electoral, nos aterrorizó con el crecimiento apocalíptico de la pandemia. Pontificaban desde los medios: la gran contaminación será en agosto, será en septiembre, será en octubre. Pero no se enteraron que las que realmente multiplicaban eran las farmacias con los precios de las medicinas básicas que el Ministerio de Salud sugirió como tratamiento del COVID-19 en sus dos primeras fases. No se supo que pidieran control a las farmacias, será por eso que a casi seis meses de la pandemia no existe control de precios. Pero tampoco se enteraron que ante la gran demanda que ellos mismos anunciaban, podría haber escasez y no hicieron nada para evitarla.

No se les ocurrió que un hospital COVID con menos de 50 camas y otro con menos de 100, para un millón de habitantes (un 5% puede necesitar internación hospitalaria, dicen los expertos), colapsarían en un dos por tres y rechazan enfermos hace cuatro meses. Ni se les ocurrió la compra de tests o pruebas. Uno de ellos me dijo que son muy caras y que podrían haber llegado a costar $us 32 millones. Y para no dejar dudas de su inteligencia que ve al resto como alta expresión de la estupidez, me dijo que Perú es uno de los países que más pruebas aplicó y más contagios tiene, porque la prueba no mata el virus.

Los Sabios del Comité Científico tampoco se enteraron que hospitales del Complejo de Miraflores, como el del Tórax, están más de dos meses cerrados, primero por contagio de su personal, luego porque no se hizo la desinfección y ahora porque deben atender enfermos de COVID. Pero eso está en veremos porque no les pagan una deuda superior a los Bs 2 millones. Tampoco instruyeron previsiones para evitar que los sospechosos de contagio estén horas en filas frente a las filiales de la Caja de Salud, en la calle, sufriendo por su situación y convertidos en espectaculares focos de contagio. Ni que en la administración pública se obliga a los enfermos contagiados a tramitar por horas su baja médica. Y que se les obliga a volver al trabajo así no tengan el certificado negativo de haber superado la enfermedad. Y menos se les ocurrió, pese a sus cálculos terroríficos de muertes, que el cementerio, como los hospitales, iba a colapsar y seis meses después se sigue buscando otro lugar para los entierros.

Nuestros Sabios hacen campaña contra las elecciones y contra el dióxido de cloro, pero no se oponen a que se pague con seis meses de adelanto el aguinaldo para la población más sensible, cuando sobre todo los bancos estatales tienen dos tercios de su personal enfermo, lo que alarga las filas y el contagio. Tampoco tomaron previsiones contra la escasez de oxígeno medicinal cuya importación, por algo fue autorizada el 30 de julio, días antes de los bloqueos. Porque son Sabios no actúan solos, tienen Ministros, Comité de Emergencia Nacional, Comités Departamentales, los Sedes y un largo etcétera de colaboradores.

Freddy Morales es periodista.

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Bloqueo de guante blanco

/ 7 de septiembre de 2020 / 10:32

El bloqueo del hospital gigante, estatal, de tercer nivel ya lleva casi tres meses. No se presta atención de consulta externa a los 150 pacientes que hasta antes del bloqueo acudían cada día y fueron suspendidas las internaciones, cirugías y otros servicios que ofrecía. Unos 20.000 pacientes eran internados, por año, antes del bloqueo. La inédita situación ocurre en un marco de pandemia, cuando los hospitales habilitados para atender pacientes por coronavirus están colapsados desde hace meses. Precisamente este hospital bloqueado, ha sido asignado para atender casos de COVID-19, pero el tiempo pasa y sigue bloqueado, inutilizado.

El 15 de junio se hizo el anuncio oficial de suspensión de servicios cuando se detectó que parte de su personal había sido infectado por coronavirus. De inmediato suspendió la atención de consulta externa y fueron dando de alta a los pacientes internados. El hospital quedó vacío.

En casi un mes, los Comités de Emergencias y demás organismos creados para enfrentar la pandemia, no hicieron nada para desinfectarlo, de modo que siguió cerrado y vacío. Hasta que un buen día decidieron habilitarlo para pacientes con coronavirus. El personal del hospital ronda las 320 personas, entre médicos, enfermeras, auxiliares, de los que, según su director Édgar Pozo, en este tiempo, por lo menos 150 enfermaron y cinco fallecieron.

Para la atención de coronavirus, el personal del hospital solicitó lo básico: equipos de bioseguridad. La primera entrega se hizo dos meses y medio después del cierre, el jueves 2 de septiembre. Se prometió ítems para sustituir al personal contagiado pero aún no llegan. Se solicitó que se les pague una deuda de más de Bs 2 millones que les adeuda el Estado por el primer semestre del año y tampoco se les paga.

Solicitaron equipos para habilitar más salas de terapia intensiva, y en tres ocasiones les enviaron cuatro respiradores inservibles. Los últimos cuatro, la pasada semana. Sometidos a prueba de 24 horas de funcionamiento se comprobó que no soportan un funcionamiento continuo. Estos equipos deben estar encendidos por un mes o más, sin parar, porque sustituyen la función de los pulmones. Lo peor, tienen el software defectuoso, lo que hace que se programe para la necesidad de un paciente, pero el equipo se descontrola con la consecuencia obvia, en vez de ayudar a vivir, provoca la muerte. Los últimos cuatro son parte de 324 respiradores chinos comprados por el Gobierno nacional con sobreprecio de $us 22.000 cada uno, según documentos que ya son públicos. Y éstos se suman a los 170 respiradores también con sobreprecio e inútiles comprados por el Gobierno nacional a España. Son, solo en estos dos casos, 494 pacientes privados por la corrupción de acceder a un respirador en circunstancias de vida o muerte. Si se multiplica por las semanas y meses que estos respiradores no prestan atención a quien los necesita con urgencia, se tiene una idea del daño que produce este bloqueo, el oficial, el de guante blanco. Y los Colegios Médicos y los Comités Científicos, ni chis ni mus. Silencio total.

El hospital gigante, estatal, de tercer nivel que aquí se refiere, es el Instituto Nacional del Tórax, uno de los ocho de especialidades del complejo de salud de Miraflores. Pero hay otros de esos ocho en la misma situación: cerrados. Y hay otros hospitales, construidos por el anterior gobierno, también cerrados o que tardaron en ser habilitados solo por el cálculo político, mientras gritos desgarradores clamaban que les abran las puertas de los dos hospitales COVID colapsados para dar una oportunidad al familiar enfermo.

Freddy Morales es periodista.

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Falso afán

Solo en Santa Cruz, el Cenetrop reportó una demora de 20 días para emitir resultados. Más de 4.000 pruebas rezagadas. Capacidad de procesar 500 por día cuando le llegan 1.500.

/ 5 de julio de 2020 / 17:40

En Riberalta, ciudad intermedia del departamento el Beni, se instaló un centro para atención de pacientes con COVID-19 con capacidad de 40 camas. Esta semana, se anunció el colapso de ese centro pero también de otros de atención de otras dolencias en esa ciudad.  Los datos proporcionados por la doctora Mauren Cuba, de la Red de Salud de Riberalta, son reveladores: la ciudad supera los 100.000 habitantes. Es previsible que el 5% de la población requiera atención hospitalaria, lo que supondría unas 5.000 personas, durante todo el periodo de la pandemia. Si se internaran cada 15 días 40 pacientes, se necesitarían 65 meses, unos cinco años para mantener un nivel de lleno completo de la escasa infraestructura. Si hay más de 40 pacientes cada 15 días el centro COVID-19 colapsa. Y eso es lo que está sucediendo. Queda en evidencia que no se tomaron las mínimas medidas para garantizar la atención de enfermos, sin tomar en cuanta si esos 40 tienen lo básico: respiradores, unidades de terapia intensiva y un largo etcétera. Un problema adicional es el contagio del personal de salud por no contar con los equipos de bioseguridad. En la última semana se reportaron 56 médicos y 81 de otro personal en salud infectados, lo que provoca escasez de profesionales para atender a víctimas de la pandemia y de otras enfermedades.

La misma fórmula se puede aplicar para cualquier otra ciudad del país. La Paz, con un millón de habitantes, tiene dos centros COVID. Uno con 90 camas “colapsado” que obligó a abrir otro con casi 60 camas. Unas 150 camas para un millón de habitantes, de los que, según estadísticas, un 5% podrá necesitar recibir atención en un hospital.  Esto al margen de médicos y personal de salud infectados en otros centros de otras especialidades. Según el Sindicato de Ramas Médicas, Sirmes, más de 300 profesionales están infectados, lo que obligó al cierre temporal de atención de otras especialidades, por ejemplo, en varios de los hospitales de especialidades del complejo de salud de Miraflores. 

Estos datos demuestran que es muy fácil llegar al colapso porque no se tomaron las mínimas previsiones. Otro botón de muestra es que el requisito de las pruebas o test como método de conocimiento y control de casos positivos es en extremo escaso y lo poco que hay también colapsó. Solo en Santa Cruz, el Cenetrop reportó una demora de 20 días para emitir resultados. Más de 4.000 pruebas rezagadas. Capacidad de procesar 500 por día cuando le llegan 1.500.

Se supone que, en algún momento, éstos y otros datos nos revelarán con crudeza la inconsistencia de las medidas adoptadas para enfrentar la emergencia sanitaria. Mucho ruido y pocas nueces, dicen los sabios. Falso afán dicen los abuelos cuando se refieren a quien hace alarde de que hace pero que, en los hechos, no hace nada que no sea escándalo. Además de falso afán, zancadillas, como la corrupción en la compra de los 170 respiradores que derivó en el precintado de la oficina estatal que autoriza las compras de insumos médicos contra la pandemia y echó por tierra el anuncio de, por ejemplo, el Alcalde de La Paz, de compra de 500.000 pruebas,  reducidas luego a 250.000 y que, finalmente quedaron en cero. Falso afán.

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Un guionista malvado

El discurso político del Gobierno plantea “posicionar la idea fuerza”

/ 20 de junio de 2020 / 06:35

Jueves 18 de junio: la señora Jeanine Añez lee un discurso en la Academia de Policías. Horas después sus Ministros de Gobierno, Arturo Murillo, y de Defensa, Fernando López, leen una declaración, aupados por las cúpulas de las Fuerzas Armadas y la Policía, en el hall de Palacio de Gobierno.  A los tres les mandan leer casi lo mismo:

Añez: “Es el camino que el gobierno y la enorme mayoría de las familias y los hogares bolivianos queremos. El camino de la unidad, el camino de los bonos, el camino de reactivar la economía, el camino de cuidar la salud, el camino del orden, de la democracia y de la ley. En suma, el camino de ayudarnos entre todos”.

Murillo: “La enorme mayoría del pueblo boliviano no quiere una Bolivia donde unos bolivianos enfrenten a los otros, quieren una Bolivia donde unos bolivianos ayuden a los otros”.

López: “El camino de la presidenta es el camino de la democracia y de la unidad de todos los bolivianos, es el camino donde unos bolivianos ayudan a los otros”.

Al margen de exponer a sus repetidores y a la propia cúpula del gobierno al ridículo, el redactor de discursos de Palacio expone un limitado dominio del idioma español. No usa sinónimos ni la riqueza de las palabras para expresar de otro modo un mismo concepto. Denota pereza en procurar impacto para la más básica consigna de la teoría del discurso político que plantea “posicionar la idea fuerza” que, en este caso, es mediocre y burda: el MAS es malo, Jeanine es buena.  En ese a afán no tiene problema en hacer repetir lo mismo a los más prominentes representantes del gobierno de un país.

Si en la columna hubiese más espacio, podríamos demostrar más pereza intelectual, ya que tanto la señora Añez, como sus Ministros Murillo y López, repiten (leen) también, casi calcadas, las mismas acusaciones, adjetivos y amenazas contra el Movimiento al Socialismo y su jefe Evo Morales.

Es el mismo libretista que le hace afirmar a la señora Añez que las compras y adquisiciones estatales son transparentes y se las puede revisar en páginas web, que provee de materiales médicos, equipos de bioseguridad, de respiradores y ventiladores, de unidades de terapia intensiva, de pruebas de COVID-19, de aplazamiento del pago de deudas a la Banca y otras mentiras. Veamos solo uno de esos ejemplos, el tema de la Banca manejado con trampa por el gobierno: la ley dice que todos los deudores no pagan créditos sino hasta seis meses después de levantada la cuarentena. Ella firmó un decreto que cuenta los seis meses desde que empezó la cuarentena y quienes tienen salario fijo deben pagar luego de tres meses de iniciado el aislamiento obligatorio. Es el mismo libretista que le hizo leer que castigará la corrupción “caiga quien caiga”, otra mentira. Cuando la Asamblea Legislativa aprobó una ley para que haya elecciones nacionales hasta el 2 de agosto, le hizo firmar una carta en que reclamaba que lo comicios se realicen el 6 de septiembre. Ahora que la fecha del sufragio es el 6 de septiembre, le hace decir que “¿quién se va a morir si se aplazan las elecciones por uno o dos meses más?”.

El redactor de discursos es malvado. No tiene reparos en exponer a una presidenta y a dos de sus más influyentes ministros, por tanto, a todo un país, al disparate y el absurdo.

Freddy Morales es periodista

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Benditos fiesteros

Se anuncian ahora ‘vuelos solidarios’ en favor de quienes se encuentran lejos de sus hogares no porque sea su derecho, sino, para intentar echar tierra sobre unas veleidades lúdicas irrefrenables.

/ 9 de mayo de 2020 / 06:11

A mes y medio de declarada la cuarentena total, tal parece que a algunas autoridades de gobierno se les ha ablandado el corazón, al anunciar que se dará facilidades para que miles de ciudadanos retornen a los lugares donde residen, incluso con vuelos solidarios y pasajes aéreos a muy bajo costo. Según el Ministro de Obras Públicas, son más de 5.000 las personas varadas dentro del país. Hemos escuchado sus súplicas a través de los medios de comunicación y las redes sociales, y durante semanas recibieron desprecio, e incluso acusaciones de una supuesta irresponsabilidad por haber estado fuera de casa en el inicio de la emergencia sanitaria. Se olvidó que las restricciones entraron en vigencia prácticamente de un día para otro. ¿Pero qué ablandó corazones tan “espinados”, como dice la canción del grupo mexicano Maná?

Puede que esas más de 5.000 personas se lo deban a los fiesteros. Un punto de referencia es el viaje que hizo la hija de la presidente Jeanine Añez el pasado fin de semana a Roboré para relajarse en el sitio turístico de Aguas Calientes. Fueron casi 1.000 kilómetros en un avión expreso de la Fuerza Aérea. Al parecer, las críticas la obligaron a dedicar parte de su descanso a entregar algunas “donaciones”.

Una semana después, se conoció de otro avión militar que transportó al hijo de una diputada oficialista desde Tarija a La Paz para que pueda participar del festejo de cumpleaños de la misma hija de la Mandataria que levantó polémica en Roboré. La serie de mentiras enunciadas por la madre del galán para justificar aquel viaje y otras explicaciones complicaron a las más altas autoridades de gobierno (fue imposible dejar de comparar el cumpleaños de la hija de la señora Jeanine y sus consecuencias con el cumpleaños del hijo de la alcaldesa masista de Vinto, Patricia Arce). Pocas horas más tarde se supo que el Ministro de la Presidencia había trasladado a la Miss Rurrenabaque 2016 en otro avión militar desde el Beni a La Paz. Más mentiras y más escándalo.

El maltrato oficial a los bolivianos “en tránsito” es grosero. A los que venían por tierra de Chile se los rechazó y condenó por estar supuestamente adiestrados “políticamente” para venir a desestabilizar al gobierno de la señora Áñez. El Director de Migración los mostró en la televisión como delincuentes, apuntándoles con el dedo, a tiempo de afirmar que ni siquiera tenían equipaje como prueba de sus actividades “subversivas”, (luego se los vio retornar de la frontera hacia Iquique con sus pesados bultos). Miles de compatriotas van a Chile cada año a ganar algo de dinero en la época de cosecha de frutas.

Y para que no haya por dónde perderse sobre la orientación de los gobernantes, a los que pudieron pagarse un vuelo expreso desde Santiago no se les puso obstáculos ni acusaciones. Es obvio que aquellos compatriotas que volvieron de la capital chilena en un vuelo chárter, y no de la frontera, no fueron a ganar unos pesos en la cosecha. No es difícil imaginar que muchos de los que ahora regresan deben estar agradecidos con los abusivos. Pues si no hubiese sido por esos fiesteros, tal vez seguirían sufriendo más días de desprecio. Se anuncian ahora “vuelos solidarios”, traslados o autorizaciones de viaje por tierra en favor de quienes se encuentran lejos de sus hogares no porque se lo merezcan o porque es su derecho humano, sino, para intentar echar tierra sobre unas veleidades lúdicas irrefrenables. Camino a casa más de uno exclamará: “¡Benditos fiesteros!”.

Freddy Morales, periodista

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