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martes 29 sep 2020 | Actualizado a 03:16

País cautivo, la barca de todos

/ 25 de agosto de 2020 / 09:19

Bolivia es un país cautivo de la violencia y los bloqueos del MAS en caminos y avenidas y en la Asamblea, del coronavirus y de un azaroso proceso electoral que, en medio de las tensiones de ambos, justificadamente se ha dilatado.

¿Por qué cautivo del MAS? Amén de los 14 años de manejo del país y de sus bloqueos y enfrentamientos la década anterior, porque desde que el 21 de octubre fracasó en consumar su fraude, ha intentado recuperar el Poder, ya sea por métodos violentos en noviembre pasado y cada vez que oportunistamente creyera lograrlo (boomerangs para el mismo MAS, incluso acusando fracturas) y desde la Asamblea, bloqueando al Ejecutivo y proponiendo festinada y malintencionadamente.

Cautivo del coronavirus, que trastocó al país (y el mundo) porque detuvo la economía y agravó la ya muy precaria sanidad pública, objeto de demagogia pero permanente abandono del MAS y falta de inversión de gobiernos precedentes.

Cautivo de la “oposición democrática” porque desde el fracaso de la unidad en enero y la proclamación como candidata de la presidente Añez Chávez, los partidos y frentes con candidaturas se distanciaron del Gobierno, sin colaborarle efectiva ni discursivamente. El intento de acercamiento en febrero, promovido por el Comité Pro Santa Cruz, tuvo tibios resultados que pudieron mejorarse en una segunda cita para abril que la endemia frustró.

Y, por último, cautivo del propio Gobierno, tanto porque la pandemia y el doble traspaso de fecha de las elecciones han sido una combinación lógica pero perversa para un gobierno surgido para puente transitorio como por errores propios, no pocas veces consecuencia de inexperiencias e improvisaciones de gestión tras muchos años solo en oposición activa (como el haber facilitado la corrupción de masistas y oportunistas: caso respiradores) y otros que han sido vicios “heredados” de años de otros gobiernos hacer la política.

La candidatura de la presidenta Añez Chávez, totalmente legal desde nuestro ordenamiento constitucional, le ha impedido mantener una posición de árbitro respecto al resto de los partidos y conllevó que todo anuncio de su gestión se pudiera interpretar (maliciosamente o no) como “campaña”. La decisión de terciar en las elecciones, impelida tanto por el fracaso del llamado a la unidad (frustrado previo de su proclamación) como por la necesidad de su fuerza política de mantener el Poder electoralmente, ha sufrido los embates de la crisis sanitaria, del masismo (hoy en visible fractura como cuestionada la guía de Morales y el grupo exiliado en Argentina) y el cerco “distanciador” de la “oposición democrática”.

Por lo demás, asumo que, a pesar de desaciertos, anuncios incumplidos e improvisaciones consecuentes del calamitoso estado sanitario nacional y del bloqueo legislativo masista, la gestión de la pandemia, sin ser excelente, ha logrado evitar el colapso sanitario del país y gestionar la crisis mejor que otros países de la región, evitando niveles catastróficos, lo que ha redundado que (si no hay recontagios) algunos departamentos ya estén saliendo de la fase aguda y entrando en estadios de meseta, aunque otros (con mucho por consecuencia de las últimas violencias masistas) estén subiendo sus niveles de contagio.

El mensaje “Esperanza en medio de la adversidad” de la reciente CVII Asamblea de Obispos de Bolivia marca urgencias que son prioridad para todos los bolivianos: la solidaridad, la educación de calidad y la sanidad para todos, el bien común y el respeto a la libertad, entre otros. Importante como todo ello es su constatación de heridas sociales aún no sanadas, polarizaciones en nuestra sociedad, y su prédica para todos de solidaridad y esperanza, reales desarmes espirituales entendidos sin sectarismos ni egoísmos. Asumamos ese reto porque Bolivia es la barca de todos.

José Rafael Vilar es analista y consultor político.

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Nuevo panorama, aún dudoso escenario

/ 22 de septiembre de 2020 / 13:52

Desde el 18 de agosto han salido cuatro encuestas que fueron marcando tendencia: Mercados y Muestras (1: 18 de agosto y 2: 15 de septiembre), Ciesmori (6 de septiembre) y Tu Voto Cuenta (16 de septiembre). La de IPSOS, anterior a la primera de Mercados y Muestras (MyM), era solo urbana y con mayor error de muestra.

En votos totales (incluyendo los que no se cuentan en resultados finales, como voto en blanco y nulo, y las no definidas, como voto secreto y no sabe/no responde) y redondeando los porcentajes de intención de voto, la candidatura de Luis Arce Catacora (MAS) transitó entre el 23% (MyM1), 26% (Ciesmori), 25% (MyM2) y 29% (TVC), lo cual podría dar a suponer que tuvo un repunte entre mediados de agosto y de septiembre del 6% (entre Ciesmori y TVC se reduce al 3%), en parte atribuible por los errores muestrales; también, el estudio de agosto estuvo inmediato con los conflictos violentos de ese mes y en septiembre inferiríamos que las denuncias de estupro para su líder autoexiliado no incidieron. De todas formas, ya que esas fotografías (eso son las encuestas de intenciones de votos) dan un leve ascenso al masismo (luego de la caída respecto a la prepandemia), es bueno analizar al resto de los candidatos y variables para conocer de dónde recibió las nuevas intenciones aportadas.

Carlos de Mesa Gisbert (Comunidad Ciudadana) obtuvo, en porcentajes, el 23% (MyM1, empatado con Arce), 17% (Ciesmori), 22% (MyM2) y 19% (TVC), valores más altos en MyM y menores en Ciesmori y TVC; en éstos dos, el spread con Arce es de solo el 2%, “bailando” en los errores muestrales. En el mismo período, Jeanine Añez Chávez (Juntos) pasó del 12% (MyM1, lejos del 18% en febrero por la misma encuestadora), 10% (Ciesmori), 8% (MyM2) y 8% (TVC), una diferencia aproximada del 4% entre la primera y la cuarta encuesta pospandemia que (considerando su caudal electoral) no hubiera ido para el MAS. El siguiente, Luis Fernando Camacho Vaca, transitó entre el 6% (MyM1), 7% (Ciesmori), 8% (MyM2) y 10% (TVC, posible error muestral) y el resultado de TVC le dio el tercer lugar pero aún significativamente lejos de De Mesa. El resto de los candidatos siempre salieron de las posibilidades parlamentarias y de mantener su sigla.

Los indecisos transitaron por 19-17-21-10% y los ninguno/blanco/nulo entre el 11-9-11-18% (no incluyo voto secreto), por lo que podemos concluir que la reducción de los indecisos (excepto MyM2) pudo beneficiar a Arce y, menos, a Camacho (aunque quizás su leve ascenso pudo beneficiarse más de los candidatos residuales).

Analizando proyecciones promediadas sobre votos válidos (prorrateando indecisos/voto secreto y obviando ninguno/blanco/nulo) en los estudios de septiembre, Arce obtendría el 38% (37-37-40%; TVC lo dio ganador en primera), Mesa el 28% (24-33-26%, favorecido por MyM2 y entre 10 y 14% debajo de Arce), Camacho el 13% (12-12-14%, sin posibilidades y a entre 16 y 18% de Arce) y Añez el 11% (14-12-8%).

El jueves 17, tras las últimas proyecciones muy desfavorables, la Presidenta preventivamente decidió bajarse para evitar la victoria del MAS. Esto tendrá dos efectos: el reacomodo de los votos de Juntos (que beneficiarían principalmente el voto útil a De Mesa y, quizás, una fracción a Camacho) y la posibilidad de que entre los cuatro candidatos residuales hayan nuevas bajadas.

La próxima encuesta confirmará una fotografía muy diferente: Las posibilidades de Camacho de competir en balotaje son nulas (debería duplicar sus intenciones de voto); Arce solo tiene posibilidades de contraerse; el voto útil va a decidir y los votos que se drenen del voto útil solo beneficiarán la mayoría legislativa masista, como analizó Jimena Costa recordando que, para 2014, Raúl Peñaranda demostró cómo los votos al PDC redujeron los elegidos para bancadas no masistas y potenciaron los 2/3 del MAS.

José Rafael Vilar es analista y consultor político.

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Sin liebres, la hora de las tortugas

/ 8 de septiembre de 2020 / 10:49

El domingo pasado, Unitel difundió la tercera encuesta de intenciones de voto que este año preparó Ciesmori para la Red, también la tercera autorizada por el OEP después de la pandemia y la tercera vía telefónica. Analicémosla.

Lo primero significativo es que todos los candidatos bajan en el histórico de las tres de Ciesmori (que mantendré en pro de comparación): en votos no ponderados (totales), respecto del 15 de marzo pasado Luis Arce (MAS-IPSP) baja del 33,3% al 26,2% (-7,1%, lejos también de la primera de Ciesmori del 16 de febrero donde obtuvo el 31,6% de las preferencias); Carlos de Mesa (Comunidad Ciudadana), del 18,3% al 17,1% (una caída del 1,2%, aún en el margen de error del 2,2% y que retoma el mismo valor de febrero) y la actual presidenta Jeanine Añez, del 16,9% al 10,4% (-6,5%, lejos del 16,5% en febrero).

Al resto de los candidatos, más lejano, los encabeza Luis Fernando Camacho (Creemos), que del 7,1% baja al 6,9% (en febrero tuvo el 9,6%); Chi Hyun Chung (FPV), del 3,8% baja a 3,3%; Feliciano Mamani (PAN-BOL), desde el 1,9% baja al 0,6%; Jorge Quiroga (Libre 21), del 1,7% mejora al 2,5% (dentro del margen de error), y Maricruz Bayá (ADN) “sube” del 0% al 1% (en marzo ADN no tenía candidato). El resto de los datos obtenidos es: No sabe/No responde 16,6%, Blanco/Ninguno 6,6%, Voto secreto 6,1% (ya decidido) y Nulo 2,7%, por lo que el universo de votos válidos no incluiría los porcentajes de Blanco/Ninguno/Nulo (9,3%) y sí incluiría los de No sabe/No responde/Voto secreto, un margen de 22,7%; éste es el caudal para captar votos de los punteros (incluso en Voto secreto, que puede mutar).

Resumiendo los votos válidos con prorrateo proporcional de los Ns/Nr/Secreto, el MAS-IPSP tendría el 37,3% de las intenciones válidas (sobre el que se ha denominado “voto duro”: alrededor del 35%), CC 24,2%, Juntos 14,4%, Creemmos 12,4%, FPV 5,9% y Libre 21 3,8% mientras PAN-BOL y ADN estarían por debajo del baremo del 3% de votos válidos (0,7% y 1,3%, respectivamente). Tomando esas intenciones proyectadas, el MAS-IPSP estaría a 2,7% de lograr ganar en primera vuelta y al 13,1% de su más cercano (CC) y al 22,9% del siguiente (Juntos), lo que hace imprescindible una reorganización y sinceramiento de las candidaturas para provocar una segunda vuelta y no una victoria del MAS-IPSP, con independencia que éste pueda seguir bajando; en ello influenciarán también los negativos de cada candidatura, analizados por Ciesmori pero no divulgados (a pesar de que eran mencionados por los comentaristas durante el programa televisivo de la presentación).

Desde el punto de prelación regional, en marzo el MAS-IPSP ganaba en 4 regiones (La Paz, Cochabamba, Oruro y Pando), Juntos en 3 (Beni, Santa Cruz y Tarija) y CC en 2 (Potosí y Chuquisaca). A la fecha, la encuesta de intenciones revela que el MAS-IPSP capturó Tarija a Juntos y Potosí a CC, mientras Creemos logró preeminencia en Santa Cruz. En la posibilidad de recuperar territorios perdidos, a CC le será difícil (no imposible) superar la diferencia del 9,3% con el MAS-IPSP en Potosí, mientras que a JUNTOS sería un poco menos para recuperar Tarija (5,7% a favor del MAS-IPSP), a la vez que el 3,9% tras Creemos puede ser remontado, como pasó en las encuestas de febrero a marzo.

Como conclusión, no hay nada definitivo: el MAS-IPSP es muy probable que siga bajando, CC debe dejar esperar el debilitamiento del resto (sobre todo porque en La Paz, su origen, pierde al 17,9% de diferencia) y Juntos debe hacer una profunda reingeniería estratégica para competir de segundo (y recuperar Santa Cruz, asegurando dos senadores y primera mayoría de plurinominales, además de potenciar sus uninominales). Hora de correr.

José Rafael Vilar es analista y consultor político.

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El onanismo pseudoideologizado del masismo

/ 11 de agosto de 2020 / 09:25

Yo, yo, yo… y los demás (Io, io, io… e gli altri) fue una excelente y premiada sátira del cine italiano de los años 60 contra las feroces formas del egoísmo cotidiano. Por su parte, Onán aparece en el capítulo 38 del Génesis como epítome del egoísmo por su práctica contraceptiva del coitus interruptus al negarse a ser padre (insatisfaciendo a su esposa Tamar, viuda de su hermano mayor Er, previendo que un varón desheredaría a Onán los derechos de primogenitura porque el niño sería considerado, según la ley hebrea, hijo de Er), luego desde el medioevo extendida la condena a la autosatisfacción (el “pecado de Onán”), ambas como prácticas pecaminosas en la concepción hebreo-cristiana de que el coito es para buscar la reproducción. Tengamos ambas como fundamento de lo que postularé.

Si Onán fue “el que derramaba la semilla en la tierra”, el Movimiento al Socialismo – Instrumento Político por la Solidaridad de los Pueblos (ambas siglas ajenas: MAS comprada a la Falange Socialista Boliviana e IPSP “heredada” de la Asamblea por la Soberanía de los Pueblos de Alejo Véliz Lazo, apartado luego del MAS como fue Filemón Escóbar y otros fundadores) pasó de ser un movimiento con profundas reivindicaciones sociales y culturales (reivindicando éstas lo indígena) a convertirse en una pseudoideología pastiche que combinaba elementos indigenistas, marxistas, pseudosindicalistas y revisionistas con posiciones racistas del katarismo del siglo XVIII (obviadas en el siglo XX por la mayoría del katarismo contemporáneo) e indianismo de Fausto Reinaga, proceso en el que fomentó el discurso del empoderamiento indígena-originario pero sin traspasarle el poder real que quedó (al margen de Evo Morales Ayma y algunos otros pocos de origen indígena, como Nemesia Achacollo Tola) en sectores criollos (Álvaro García Linera, Luis Arce Catacora o Juan Ramón Quintana Taborga como identificadores) que, excepto García Linera en el terrorismo del EGTK, no tenían origen en las luchas sociales, “semilla desperdiciada” por el MAS que potenció, solo simbólicamente, con las “coronaciones” en Tiwanaku en 2006, 2010 y 2015 derrapando los valores reivindicativos que presuntamente defendía y potenciaba.

Quince años después de la que, sin dudas, fue una legítima victoria de Morales Ayma en 2005, pero con una importante adición de votos de clases medias que querían salir del terror económico y social que existía desde los bloqueos (con asesinados incluidos) en el Chapare y el Altiplano desde fines de los años 90, el MAS hoy vuelve a esgrimir su estrategia del terror: bloquear a como dé lugar, despreciando las consecuencias en víctimas ajenas (peor en pandemia con urgencias de suministros médicos, principalmente oxígeno) y propias y promoviendo, con violencia permanente, dificultades y carestías a la población civil, intentando repetir las consignas y acciones terroristas de noviembre pasado.

Los diálogos promovidos por el Ejecutivo y el Legislativo junto al TSE para bajar las tensiones, independiente de los pocos resultados iniciales en el del Ejecutivo y el fracaso en el de la Asamblea, son sumamente importantes como señales proactivas al país, como también lo son el apoyo de la OEA y la intercesión de organizaciones multilaterales, la Unión Europea y la Iglesia Católica en busca de la pacificación.

En un enturbiado panorama electoral (pandemia, candidaturas, crisis heredada y prevista mayor en la economía), las acciones desestabilizadoras del MAS son indiferentes a cualquier fecha comicial porque ¿para qué interesarse en elecciones si puede obtener el Poder sin ellas? Ése es el objetivo real masista. Para evitarlo, urge la unidad de todos los sectores democráticos, fallada en enero pero hoy inevitable e imperiosa de acciones coadyuvantes.

José Rafael Vilar es analista y consultor político.

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Llegamos al mañana por la puerta de atrás

/ 28 de julio de 2020 / 09:47

Cuando el 11 y 12 de noviembre, recién convalesciente de una delicada operación, seguí en televisión y medios virtuales la renuncia y huída del doble defraudador Evo Morales Ayma y el posterior acuerdo de transición constitucional —ejemplo de consensos mínimos—, y pensé que podíamos llegar a vivir un mejor mañana. Hoy, tras la grave epidemia, la iniciada crisis económica y el permanente enfrentamiento político, entiendo que “llegaremos por la puerta de atrás”.

Estos días, leí dos publicaciones sobre el carácter de transición del gobierno actual. Uno era del último zoon politikón boliviano: el expresidente Jaime Paz Zamora —conste que no le tengo ninguna adherencia— y el otro de la exdiputada, exprecandidata presidencial y politóloga Jimena Costa Benavides. Aunque tengo varias discrepancias con ambas publicaciones, coincido plenamente en que el actual gobierno de Jeanine Añez Chávez es de plena sucesión constitucional pero no lo conceptuaría de transición. Para justificarlo y señalar diferencias con ambos, expondré mis razones.

En stricto sensu, el gobierno de la presidente Añez Chávez asumió el ejercicio del Ejecutivo con el propósito de realizar elecciones transparentes en Bolivia y el fraude se sustituyera por el ejercicio de la voluntad popular: desde el inicio y hasta el 22 de marzo —inicio del frenazo de las actividades no imprescindibles por la propagación interna del COVID-19— trabajó prioritariamente para la transición a un nuevo gobierno elegido democráticamente. Las urgencias de la epidemia y las electorales de algunas tendencias impidieron que produjera la efectiva transición para dar al próximo gobernante —quien fuera, ajeno al MAS— la oportunidad de continuar la imprescindible reingeniería del Estado y su legalidad; por el contrario, el gobierno de Añez Chávez ha tenido que abocarse a contener la epidemia —desde las graves carencias en salud dejadas por el cuatroceno masista y con la falta de recursos que se dilapidaron desde el anterior período—, paliar la carestía en la microeconomía de la población —incidiendo en ese empeño nuevamente la falta de recursos dejados—, prevenir la conflictividad social azuzada por el masismo —terrorismo muchas veces—y, a la vez como era su mandato, lograr un nuevo gobierno elegido mayoritariamente y con todas las garantías de ejercicio de derechos y transparencia.

El gobierno de la presidente Añez Chávez sin dudas ha tenido errores continuados achacables a la inexperiencia en el ejercicio de gobernar y consecuente improvisación; también casos de nepotismo y corrupción —el principal: de los respiradores, consecuencia de no haber actuado desde el inicio en desmantelar de masistas los niveles de decisión de la función pública—, y no ha logrado una adecuada comunicación desde el Estado. Todo agudizado por el continuo enfrentamiento —partidario y legislativo— instruido desde Buenos Aires, la falta de acuerdo del arco de fuerzas democráticas —desunidas en fase electoralista y trascendido a la sociedad—, además de descoordinaciones internas. No obstante a todo ello, las luces resultantes son más que las sombras.

Tres candidatos han ejercido o ejercen la presidencia: Añez Chávez, Carlos de Mesa Gisbert y Jorge Quiroga Ramírez, los dos primeros hasta ahora con posibilidades y ya descartadas para el tercero. Los tres han gobernado por sucesión constitucional pero solo el de Quiroga Ramírez fue de paso entre el inicio de la crisis institucional del país con Banzer Suárez y su explosión con Sánchez de Lozada; por el contrario, De Mesa Gisbert intentó —fracasadamente— gestionar la crisis y Añez Chávez aún lo intenta.

Deseo que todos nuestros políticos se munan de lo que Salomón pidió: espíritu atento para gobernar […] y para decidir entre lo bueno y lo malo. Nos urge.

José Rafael Vilar es analista y consultor político.

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El elegir en los tiempos del COVID

/ 14 de julio de 2020 / 12:01

«La epidemia (…) había causado en once semanas la más grande mortandad de nuestra historia.”

(Gabriel García Márquez)

Parafrasié «El amor en los tiempos del cólera» (1985) porque hoy —como el mismo impacto que tuvo el cólera en Colombia entre 1849 y 1850 y motivó la novela— el COVID-19 causa la mayor mortandad documentada en tiempo real que hayamos conocido. No sé si alguna Fermina Daza verá a algún Florentino Ariza, pero sí que el tema electoral —a pesar de la endemia creciente— se nos instala, a veces concebido como panacea y otras como azote en su —hasta ahora— inmediatez.

Concluía mi anterior columna («Rumbo a la nueva ‘(a)normalidad’») asegurando que la siguiente sería con menos pandemia y más elecciones. La realidad da dosis de ambas.

Un amigo querido me facilitó la Guía para organizar elecciones en tiempos de pandemia de la OEA. Interesante documento, casi un vademécum de todo lo posible electoralmente en estos tiempos de COVID pero que, en su lectura, me detuvo en su capítulo Celebrar o postergar. El dilema de las elecciones: “Mantener una fecha preestablecida puede tener implicancias sanitarias y poner en peligro la salud de las personas. Posponer la celebración acarrea consideraciones constitucionales y legales”; y propone cuatro factores de análisis: CONDICIONES DE SALUD, MARCO JURÍDICO, ACUERDOS POLÍTICOS y FECHA. Me centraré en salud y fecha.

Muchos países han postergado sus diversas elecciones por el coronavirus. En Latinoamérica lo han hecho Bolivia y República Dominicana (generales), Chile (plebiscito), Uruguay y Paraguay (municipales), México (algunas estatales), entre otros. Las de República Dominicana se postergaron del 17 de mayo al 5 de julio, en medio de mucha tirantez política y poco más del 55% de participación, con morbilidad (casos detectados x 100.000 habitantes) de 433,8, recuperados el 47,1% del total de casos y mortalidad sobre morbilidad del 2%, todos datos hasta el domingo pasado (Bolivia ese día tenía 405,7 de morbilidad, 30,4% de recuperados y 3,7% de mortalidad sobre morbilidad). Otro ejemplo de lo que pueden representar elecciones fue el de las municipales francesas: la primera vuelta el 15 de marzo (dos días antes de declarar cuarentena) tuvo el 44% de participación; la segunda vuelta el 28 de junio (postergada del 22 de marzo) tuvo el 40% de participación, con más de 208.000 afectados, más de 30.000 fallecidos y 36,4% de recuperados.

Eso nos lleva al factor fecha. Según el estudio del 7 de julio del Institute for Health Metrics and Evaluation de la Universidad de Washington en Seattle (reconocido por la OMS), Francia el 28 de junio estaba ya en el menor nivel de sus contagios y República Dominicana, el día de la elección, estaba en una etapa baja de su curva de contagios (aunque el IHME augura que alrededor del 20/7 le crezcan geométricamente los casos). Bolivia, en ese mismo estudio proyectivo y con las condiciones de flexibilización actuales, se proyecta con 58.000 casos promedio al 6 de septiembre.

Pero hay opciones, la diferencia es la posibilidad. En Galicia hubo elecciones el domingo, con rígidas condiciones de bioseguridad y votó casi el 59%; pero España está en fase de salida de la epidemia y la población gallega es casi la sexta parte de la boliviana repartida por un 2,7% de la superficie boliviana, además que muchos votaron por correo y el voto no es obligatorio. Islandia (su población es el 3,1% de la nuestra) votó durante varios días. En otros hay voto electrónico, con menos contacto. ¿Podríamos implementar alguna —o algunas— de éstas para el 6 de septiembre?

Y aún quedaría otra posibilidad: acuerdos políticos serios. Valdría la pena que la mayoría democrática los considerara, aunque signifique desarmar consignas y limitar ansiedades.

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