Voces

miércoles 23 sep 2020 | Actualizado a 00:19

Nazis en Bolivia

/ 26 de agosto de 2020 / 01:49

La historiografía boliviana tiene un vacío: la presencia nazi durante los años 30 y la primera mitad de los 40 del pasado siglo. ¿Es intencional ese hueco? ¿Hubo nazis bolivianos? La respuesta es sí. Nazis en Bolivia: sus militantes y simpatizantes 1929-1945 de Irma Lorini (Plural editores, 2016) es un libro apasionante. Uno queda sorprendido por la dimensión organizativa y “destructora” (Lorini dixit) que tuvo la ideología nazi en “un país tan lejano y con población tan mezclada y heterogénea” como el nuestro. ¿Y cuántos eran? No eran muchos pero hacían mucho ruido. ¿Suena familiar en estos días? La respuesta también es sí. Una estadística de 1933 del Instituto Alemán de Extranjeros de Stuttgart enumeraba a las personas de lengua materna alemana que vivían en Bolivia (de los 2.000 alemanes en total). Eran 905 arios del Tercer Reich, 24 austríacos alemanes, 21 bolivianos de origen alemán, 16 checoslovacos alemanes, 51 alemanes-suizos, cuatro húngaros, cuatro daneses y un chileno.

Un cachito: ¿Los nazis aceptaban a los bolivianos nazis en sus filas? La respuesta es no. Obvio, microbio. La doctrina racista del III Reich los excluía pues no eran “arios”. Incluso un alto funcionario alemán, Robert Ley, calificó a Bolivia de “país de idiotas”, junto a Cuba y Uruguay. Los hijos de matrimonios bolivianos-alemanes eran reconocidos como alemanes pero… no “alemanes puros” (los reichsdeutschen).

Pero, ¿quiénes fueron esos nazis bolivianos? Hubo de todo, como en botica. Un personaje clave de esa trama olvidada fue Federico Nielsen Reyes, embajador boliviano en Berlín durante los Juegos Olímpicos de 1936 donde participó un familiar suyo en el “concurso de arte” junto al abanderado Alberto Conrad Machuca, estudiante de Riberalta, que “compitió” en natación. Don Alberto quedó último (puesto 45) en la prueba de 100 metros libres. Evidentemente, el beniano no era un “alemán puro”.

Federico Nielsen Reyes representó la cara amable del nazismo. Otros públicamente fieles admiradores del Führer y con estrechas relaciones con el III Reich fueron el alcalde paceño Hugo Ernst Rivera (uno de los fundadores de la industria cervecera nacional), Julio Sanjinés, el ex ministro de Minas Dionisio Foianini Banzer y Elías Belmonte (del cual un informe nazi llegó a decir que tenía “sangre india”). El propio padre del presidente Germán Busch Becerra, Pablo Busch, también figura en la lista de “caras conocidas”.

Los cuatro Colegios Alemanes (por orden de fundación, Oruro, La Paz, Cochabamba y Santa Cruz) fueron instrumentos para la propaganda nazi, así como determinadas casas comerciales alemanas, distribuidas por el eje troncal, la región minera, la Chiquitanía y ciudades como Trinidad, Riberalta, Puerto Suárez, Rurrenabaque y Guayaramerín.

El primer nazi conocido arribado al país fue Ernst Röhm. El más conspicuo inspirador de las SA (Sturm Abteilung, sección de choque, cuerpo de paramilitares dentro del partido nazi) fue bien recibido por ciertos círculos sociales paceños. Lorini recoge un testimonio literal: Röhm era visto como “inteligente, cultivado y agradable”. No era algo extraño en la época, figuras claves de nuestra política, literatura, periodismo o ejército como Víctor Paz Estenssoro, Carlos Montenegro o Augusto Céspedes, demostraron simpatía con el régimen nazi en algún momento de sus vidas, según cita el mencionado libro.

Incluso en 1936 se otorgó el Cóndor de los Andes a dos conocidos nazis: Gauleiter Ernest Wilhelm Bohle (jefe de la organización para el extranjero AO del NSDAP, Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán) y el comisario responsable de Bolivia, Willy Köhn. ¿Por qué esa mancha en nuestra más alta medalla nunca fue objeto de reparación histórica? Quizás la respuesta sea siempre la misma: el recuerdo de la presencia nazi en Bolivia molesta, fatiga, perturba.

En Alemania existe una disposición extendida de afrontar a través de las investigaciones históricas el barbarismo de los nazis. ¿En Bolivia también? ¿Existen causas ideológicas/sociales que intentan “ocultar” esta parte de nuestra vida? ¿Por qué el libro de Irma Lorini pasó desapercibido? Unos pocos creen que es mejor olvidar y esconder la basura debajo de la alfombra. Otros muchos creen que los pueblos que no conocen su historia están condenados a repetirla.

Ricardo Bajo es periodista y director de la edición boliviana del periódico mensual Le Monde Diplomatique. Twitter: @RicardoBajo.

Temas Relacionados

Comparte y opina:

Nadie nos gana

En el fútbol de hoy en día, ningún manual es “ley de Dios”

/ 21 de septiembre de 2020 / 13:12

La Libertadores volvió tras meses de parón

Por Ricardo Bajo

El regreso de la Copa Libertadores ha quemado los libretos. En el fútbol de hoy en día, ningún manual es “ley de Dios”. Estos son los tres mandamientos que han dejado de estar escritos en piedra:

Uno: para jugar en La Paz hay que llegar sobre la hora. Falso. Palmeiras se instaló en Achumani días antes y venció a Bolívar. La altura tiene mucho de mito fabricado. Hace 90 años un equipo argentino jugó por primera vez en el Siles y ganó. No llegaron sobre la hora. Atlético Tucumán venció por partida doble (y mismo resultado: 1-3) a dos combinados de La Paz Football Association en febrero de 1930.

Llegar sobre la hora es parte de la campaña contra la altura. ¿Seguirán a partir de ahora el ejemplo de Palmeiras otros equipos? Hace rato que los únicos que se ahogan en La Paz son nuestros jugadores por su nefasta condición física.

Dos: el fútbol es de la gente. Falso.

El regreso de la Copa ha demostrado el poder de la industria. El fútbol nació como deporte aristocrático y se popularizó a nivel mundial cuando fue apropiado por las clases trabajadoras. La pandemia ha llegado para la venganza de los ricos: la televisión, los grandes capitales de los patrocinadores y los dueños millonarios han sacado, por fin, a los pobres de las canchas. Como escribe Carles Viñas en la revista Panenka, solo pedimos una cosa: “no lo llamen fútbol”. El fútbol, sin hinchada presente, no es tal, acaso puro y vil negocio. Falta el alma.

Tres: los partidos oficiales dan ventaja. Falso. La Libertadores de este año es un torneo injusto, prostituido. Viola una regla esencial: competir en igualdad de condiciones. Países como Brasil llevan cuatro meses jugando y otros como Argentina, Venezuela o Bolivia han detenido sus torneos desde marzo. ¿Cuál fue la excusa que algunos pusieron para las dos derrotas bolivianas en casa —de Wilstermann y Bolívar— en la Copa?

No jugamos desde hace seis meses.

Estudiantes de Mérida remontó un 0-2 en casa contra Alianza Lima y otro equipo venezolano (Caracas F.C.) venció a domicilio por primera vez en Colombia (frente al histórico DIM). Nosotros también somos campeones: nadie nos gana en el torneo de las vergüenzas dirigenciales. Mientras las “leyes divinas” del fútbol son quemadas, en Bolivia seguimos fieles a nuestro mandamiento favorito: Amarás a la derrota —y a la excusa— sobre todas las cosas.

(*) Ricardo Bajo es periodista

Temas Relacionados

Comparte y opina:

Bolívar se cansa

La pandemia ha venido a ratificar una cosa que ya sabíamos: la diferencia abismal entre nuestro pobre fútbol y el resto. Eso sí, a quilombos de “dirigentes” no nos gana nadie.

/ 17 de septiembre de 2020 / 18:14

Incidencias del Bolívar - Palmeiras. Foto: Conmebol

Introducción: ha vuelto el fútbol, ha vuelto la Copa Libertadores, ha vuelto Bolívar. Han pasado seis meses, parecen seis siglos. La “Academia” necesita ganar sus tres partidos de local. Antes tiene que ganar en el viejo Siles al “verdao”, entrenado por un ex técnico del Real Madrid, Vanderley Luxemburgo. Palmeiras lleva tres días en La Paz a contrarruta de la moda de los últimos tiempos. La ventaja de los brasileños se llama quince partidos oficiales en plena pandemia. El fútbol volvió en junio en el país de Bolsonaro, el presidente que llamó “gripezinha” al virus que ya ha matado a 130.000 personas en el planeta Brasil. La consigna de Vivas es apretar arriba con un 4-4-2 (con Ábrego y Rey en la banca): es la presión alta que está de moda en el fútbol mundial. ¿Aguantará la gasolina celeste para los 90 minutos? ¿Quién se cansará antes? Un “trapo” en la curva norte recuerda al entrañable Abdul Aramayo.

Nudo: en los primeros quince minutos Palmeiras llega tres veces. Bolívar se muestra falto de ritmo, lento, previsible e impreciso; abusa del pelotazo frontal y comete errores de bulto, algunos insólitos en el nivel profesional como un corner ridículo de Saavedra o un penal absurdo de Jusino a la media hora. Luxemburgo se refugia bien atrás con un sólido 4-1-4-1. Cuando la tiene, pelotea, descansa gracias a la calidad de sus “players” con pasado “europeo”. El anunciado “pressing” es solo una idea en la cabeza de Vivas. La salida de la pelota en manos del paraguayo Oviedo, tosco en el manejo, es uno de los tantos problemas de Bolívar. El volumen ofensivo también es monoteísta: rezos a San Riquelme y su testa.

Desenlace: en la segunda parte, Vivas vuelve al plan ensayado (el 4-3-3- con Ábrego ya en cancha). Pone toda la carne en el asador pero falta la idea. A falta de fútbol, Bolívar acelera las pulsaciones de su corazón. Arce baja a la posición de cinco para armar. Es la imagen de la confusión. Un zapatazo a la escuadra de Menino pone el 0-2. ¿Por qué se regaló la primera parte? ¿Por qué no disparó Bolívar de lejos y se obsesionó con el pelotazo? El 1-2 (de cabezazo de Riquelme) solo alcanza para el maquillaje. La pandemia ha venido a ratificar una cosa que ya sabíamos: la diferencia abismal entre nuestro pobre fútbol y el resto. Eso sí, a quilombos de  “dirigentes” no nos gana nadie.

Temas Relacionados

Comparte y opina:

‘Queda mucho Chaco por narrar

El director de cine Diego Mondaca habla de boleros de caballería, del abuelo que luchó en las cañadas, de los colores más hermosos que jamás haya visto, de los soldados aymaras y quechuas que ayer pelearon y hoy siguen en el Chaco, de ese dolor que nos dejó la guerra y no se va todavía

/ 16 de septiembre de 2020 / 07:32

Por Ricardo Bajo

Una docena de soldados bolivianos de la Guerra del Chaco sobrevive aún. Han pasado 85 años del final de la contienda bélica que enfrentó absurdamente a dos pueblos hermanos, el boliviano y el paraguayo. La herida de la “guerra estúpida” (Augusto Céspedes dixit) sigue impregnada en el alma de todos y todas a través de los relatos de familia. La memoria pisa fuerte. El cine, el teatro, el cómic, la música y la literatura no dejan de volcar sus miradas —aunque sea a cuentagotas— sobre los fortines del Chaco Boreal. El cineasta orureño Diego Mondaca alista el estreno de su tercera película, Chaco. La pandemia retrasó su estreno en Bolivia previsto para marzo. Eso también nos quitó el maldito virus.

—¿Cuándo nace Chaco?

—Chaco nació como un murmullo. Con la memoria de un murmullo de bolero de caballería, ese sonido ronco y cansino que retumba en los barrios de La Paz, en centros mineros, en movilizaciones sociales. A mí me remite directamente al funeral de mi abuelo, quien fue un soldado en la guerra y probablemente experimentó lo que la película expone.

Mientras tapiaban la tumba sonaba un bolero de caballería, esa música que se usó en la guerra para despedir o recibir a los soldados, o a sus cuerpos. Desde ese recuerdo partió Chaco. Este sonido del bolero es algo que todos los bolivianos reconocemos, porque, de una u otra manera, lo tenemos incrustado en la memoria y en el cuerpo.

—¿Cómo has filmado el “infierno verde” y todos sus colores?

—El bosque del Chaco es muy cambiante, por zonas y estaciones del año. Contiene una belleza rara, nueva para mí y quizás única en el mundo. Al mismo tiempo tiene la carga del olvido y el silencio. Es como si el exterminio que significó la guerra aún pese en el aire del Chaco. El rodaje fue muy intenso, cargado de una ritualidad hermosa. Todos entendimos que estábamos haciendo una película sobre nuestros muertos, entonces cada escena se construía como un pequeño homenaje, un ritual ante esas almas que aún penan y deambulan por el Chaco. Eso para mí es inolvidable y muy conmovedor. Marcó el ritmo del trabajo todos los días, de cada escena y cada detalle. En general, tenemos aún un imaginario del Chaco y la guerra en colores de blanco y negro, o sepia. Esto es por el registro que se tiene y circula de la guerra. Sin embargo ahí existen colores maravillosos, diversos y muy extraños, nuevos. Debe ser uno de los lugares más hermosos que vi, por eso mismo nos fuimos acercando y registrando imágenes y sonidos con mucho respeto, sin engolosinarnos ni subestimando su potencia.

—¿Dónde hallaste a tu particular elenco para una película coral como Chaco?

—Me empeñé en buscar personalmente a cada uno de los actores, busqué principalmente en el teatro. Me interesa mucho el trabajo corporal que se hace desde ahí; esa conciencia del cuerpo y espacio que ejercitan, su intensidad expresiva. Todo el cuerpo, de cada uno de los actores, debía expresar esa descomposición psicológica que buscábamos. El cuerpo humano como presa de sí mismos, y del Chaco. Esto era muy importante para todos, tanto para los actores principales: Raymundo Ramos, Omar Calisaya, Jorge Arias, Mauricio Toledo y Fabián Arenillas, como para todos los extras y figurantes que los seleccionamos con la ayuda de Javier Cuéllar, el director de arte. Trabajamos con los soldados que estaban cumpliendo su servicio militar en Ibibobo. Grata fue nuestra sorpresa al constatar que la gran mayoría de ellos provenían de las zonas de las minas y del altiplano, lo mismo que sucedió hace más de 80 años. La historia siempre se repite.

El cruce de idiomas, sobre todo el aymara y quechua, son parte central de la propuesta estética de la película, de modo que esto era clave para el casting. Un 90% de nuestros actores habla aymara o quechua como lengua materna y así está en la película. También está reflejada esa perversa intención de anular el idioma del otro, de ejercer violencia, minimizándola o ridiculizándola. La violencia que se ejerce sobre el hombre también se ejerce sobre su idioma. 

—¿Por qué elegiste a un alemán que a todos nos hace recuerdo a Kundt como personaje central al frente de la tropa indígena?

—Kundt representa esa figura de “salvador” que reaparece constantemente en varios periodos de nuestra historia, como aquel caudillo que con su sola presencia resolverá nuestros problemas, conflictos y encaminara al “verdadero” progreso. Es también esa figura de poder, patronal, que se empeña en hacernos creer que lo sabe y domina todo, y trata de ocultar sus debilidades sacrificando a sus propios seguidores o afiliados. Es también ese foráneo al que buscamos inútilmente para imitar o parecernos, creyendo que es mejor que nosotros y nos reducimos ante él/ella renunciando o negando lo que somos y anulando nuestras posibilidades propias de salir adelante.

—Las artes plásticas, la música, la literatura y el periodismo a través de la crónica se ocuparon y ocupan de la guerra. ¿Por qué el teatro y el cine llegaron tarde y a cuentagotas?

—Es muy buena pregunta. No entiendo por qué el cine y el teatro demoraron tanto en atender un tema tan importante y determinante. Quizás sea por lo complejo de la guerra, por el dolor que significa. No lo sé. Lo que no ha podido hacer el cine lo ha hecho la literatura y la música, que tienen la posibilidad de ser más incisivas, y por eso llegan primero, con más precisión y profundidad. Construir imágenes a partir de esa desolación y muerte que dejó la guerra requiere tiempo y reflexión, además de una voluntad colectiva y políticas de Estado que las fomenten e incentiven. Pese a nuestro país abigarrado y asfixiado, la literatura siempre ha sabido reaccionar rápido y con claridad, no solamente en torno a la Guerra del Chaco, sino a lo largo de la historia de Bolivia.

—¿Quedan aún vetas por explotar?

—Sobre la Guerra del Chaco y sus alrededores todavía hay mucho que recuperar y explorar. Muchas historias y miradas que narrar. Es para festejar, por ejemplo, que el Teatro de Los Andes se pose sobre esta memoria. El Chaco es un territorio habitado por comunidades de las que podemos aprender mucho. Lo importante es no instrumentalizarlas ni avasallar sus espacios con maniqueísmos ni romanticismos que sabemos, o al menos debiéramos saberlo, entorpecen y crean mayores distancias o desencuentros. Hay mucha y nueva producción literaria desde el Chaco, ellas y ellos narrando sus historias y reflejando su complejo mundo, un mundo distinto, y que siempre estuvo ahí.

—Tus dos primeras películas (La Chirolay Ciudadela) fueron documentales. ¿Cómo ha sido esta primera experiencia en la ficción?

—Ha sido muy exigente y a la vez gratificante como mis trabajos previos. Chaco me posibilitó experimentar narrativas y formas desde otro lugar, con otro tiempo y ritmo. Exigencias nuevas que fueron muy retadoras. Remontarme al pasado para intentar entender o develar un presente fue un reto enorme, pero lo sentí muy necesario y urgente. En mis tres películas hay, al menos en un par de instantes, en los que se diluyen completamente esas líneas o criterios de documental o ficción. Todo es una ilusión. Lo que fui aprendiendo y experimentando con La Chirolay Ciudadela lo intenté aplicar a Chaco, algunas cosas funcionaron y otras no tanto. Pero surgieron otras nuevas, renovadas, y que evolucionaron maravillosamente, como, por ejemplo, el trabajo sonoro que comenzamos a experimentar y jugar desde La Chirola, que avanzó en Ciudadelay que ahora, en Chaco, consigue un resultado envolvente e inquietante del que estamos muy felices. La película fue concebida desde el sonido, y pudimos ser fieles a esas emociones iniciales, hasta el final. Chacoes una película elaborada con mucha meticulosidad, hay muchos detalles y “cositas” pequeñas que se entretejen, creando un gran mosaico con distintos tonos y niveles.

—Chaco está teniendo un periplo feliz por certámenes internacionales desde su debut en Rotterdam. ¿Es necesario este “aval” de los festivales antes de estrenar en Bolivia?

—Estoy muy agradecido que el trabajo que desarrollamos con mis compañeros y compañeras  continúe teniendo buena recepción de un público diverso, y que lo ha ido apreciando y explorando desde distintas disciplinas. Por otro lado, no creo que los festivales pretendan o puedan establecerse como la ‘última palabra’, para eso están los públicos; pero sí considero que los festivales de cine son espacios importantes donde nuestro trabajo se exhibe por primera vez, se discute ante la crítica especializada y colegas de todo el mundo. Son espacios de validación y para compartir, para ver aquello que se considera importante y nuevo.

—El tráiler de la película es un gran plano general fijo, teatral y casi silencioso. Podría ser una secuencia de Sanjinés, Malick o Herzog. A ratos, Chaco podría ser vista como un viejo western del abuelo John Ford y su “patrulla perdida”. ¿De qué otras referencias has bebido?

—Mis referentes fílmicos no han variado esencialmente, y por ahí sigue rondado el trabajo de Sanjinés y el Grupo Ukamau, Glauber Rocha, Werner Herzog y varios otros. Pero sobre todo es la literatura la que sigue siendo mi referente y asidero más potente. Desde allí he podido imaginar y acercarme a la posibilidad de una imagen para el Chaco, lo que es muy complejo dadas las escasas referencias de imágenes (fotografías o imágenes en movimiento) y sonidos que se tienen tanto del período de la guerra como del espacio mismo, además sin perder de vista que las fotografías que circulan sobre la guerra fueron realizadas por el Ejército y oficiales de ese entonces, una élite criollo mestiza, con su mirada sesgada hacia el indígena, que en los años treinta aún seguía siendo pongo o esclavo. Esa élite que retrató la guerra más trataba de narrar una aventura épica y patriótica, o lo pintoresco que les resultaba ver a un indígena aymara vestido de militar, que aportar un testimonio de lo que verdaderamente sucedía. 

Por suerte ese no fue el caso de la pintura, que sí se acercó mucho más y narró el horror de la guerra, el abandono y padecimiento de los soldados, como también evidenció las diferencias de clase y privilegios en el Ejército. Ahí están los ejemplos de Cecilio Guzmán de Rojas o Raúl G. Prada, entre otros.

Puedes ver el trailer de «Chaco» en esta dirección:  https://www.youtube.com/watch?v=H10O4onSZOA

De Hollywood a ‘Boquerón’

La Guerra del Chaco todavía no ha terminado y Hollywood ya tiene la película. No es una broma. En abril de 1935, dos meses antes de la firma de la paz, la Universal Pictures estrena Storm Over the Andesdel director Christy Cabanne, un antiguo asistente de dirección del legendario D.W. Griffith. La película es presentada bajo la leyenda: The terrific drama of love and Chaco War in the clouds. Tiene dos versiones, una en inglés protagonizada por la estrella Jack Holt en el papel de un piloto boliviano y otra en castellano titulada Alas sobre el Chaco, con los españoles José Crespo y Antonio Moreno junto a la mexicana Lupita Tovar. Nada más arrancar la contienda, en diciembre de 1932, se estrena en Buenos Aires En el infierno del Chacodel argentino Roque Funes —operador del Ejército paraguayo. Es un gran éxito durante el conflicto en los cines de Asunción.

En 1936 (el 29 de septiembre, martes) se estrena en La Paz en el Cine París La Guerra del Chacodel cochabambino Luis Bazoberry García. Es un fracaso total.

Nadie quiere ver la derrota en pantalla grande. La película pasa también sin pena ni gloria por el Princesa, el Mignon y el Teatro Municipal. En 1962 se reestrena con el título de El infierno verdeen el Cine Tesla. El mediometraje tiene imágenes de batallas en movimiento propias de un documental de guerra y fotos fijas (Bazoberry fue fotógrafo profesional y trabajó en la Aviación como aerofogrametrista).

La película fue sonorizada en Barcelona y montada por el editor catalán Joan Pallejá con plata del propio Bazoberry. Se recuperó gracias a su hijo odontólogo que donó la cinta a Cinemateca Boliviana y se reestrenó con una copia restaurada en 2015 en la propia Cinemateca donde estuvo un mes en cartelera. También se exhibió en Cochabamba, Santa Cruz, Oruro, Potosí y Trinidad.

Temática. El afiche de la película de Luis Bazoberry, de 1936, que pasó sin pena ni gloria

Más cintas sobre la guerra

Otras películas sobre la guerra son:  Hacia la gloria (1932) de Mario Camacho, Raúl Durán, José Jiménez y Arturo Borda; La Guerra del Chaco(1932) del paraguayo Agustín Carron Quell; La Campaña del Chaco(1933) de Juan Peñaranda Minchín; En la tierra del Guarán(1934) de la productora argentina Lumiton Cinematográfica; Guerra en el infierno verde (1935, producción alemana de la UFA); Hijo de hombre del argentino Lucas Demare y con el español Paco Rabal de protagonista (1961 con guion de Roa Bastos, también llamada Choferes del Chaco); Khunuskwi, recuerdos del porvenir(1990), de Silvia Rivera Cusicanqui; La última batalla(1992), de Rodrigo Ayala Bluske; Cachorros de león (1997) del paraguayo Manuel Cuenca;  Réquiem por un soldado (2002, ficción) de la paraguaya Galia Giménez; Hamaca paraguaya(2006) de su compatriota Paz Encina; Iyambaé en la Guerra del Chaco(2006) de Jürgen Riester; Desde el fondo (2008) de Adriana Montenegro; Boquerón(2015) de Tonchy Antezana; La redención(2017) del paraguayo Hérib Godoy sobre la batalla de Nanawa y Fuertes(2019), de Óscar Salazar y Franco Traverso. Actualmente el cineasta Joaquín Serrano prepara para 2022 el primer largometraje paraguayo de animación, Alas de gloria, sobre el primer combate aéreo de la guerra.

Una de las escenas de la cinta de Mondaca

Comparte y opina:

Vivas, recuerda Bilbao

Vivas llegó a estar 16 años bajo la sombra de su querido Bielsa. Ambos son rosarinos, ambos son “leprosos”.

/ 14 de septiembre de 2020 / 17:44

Vivas durante un cotejo en el campeonato Apertura

Por Ricardo Bajo

Hace más de diez años, en el verano boreal, solía ir a Santa María de Lezama a ver los entrenamientos pretemporada de Bielsa en el Athletic Club de Bilbao. Junto al actual técnico del inglés Leeds, estaba de asistente técnico Claudio Alejandro Vivas, ahora al frente del club Bolívar. Las prácticas eran un espectáculo, casi mejores que los partidos.

La exigencia física y táctica del tándem y su obsesión por la repetición dominaban las arduas horas de trabajo. Vivas llegó a estar 16 años bajo la sombra de su querido Bielsa. Ambos son rosarinos, ambos son “leprosos”.

Vivas comenzó su era posjugador como espía de los rivales de “Nuls” (Newell´s Old Boys) cuando todavía no había redes sociales, ni drones, ni se televisaban todos los partidos, cuando éramos felices.

Hace unas semanas, Vivas dio una entrevista y recordó su etapa en Bilbao, mi ciudad natal. No se acordaba de las dos finales en un mismo año a la que llegó por primera vez el Athletic Club (Copa del Rey y Copa UEFA, ambas perdidas, ante Barça y Atlético de Madrid, respectivamente). No se acordaba de la profunda huella dejada en la hoyada (en el “Botxo”) ni de aquella inolvidable temporada. Se acordaba de Javi Martínez, un jugador que llegó procedente de Osasuna por seis millones de euros y terminó siendo traspasado por 40 millones al Bayern de Múnich. Vivas, como Bielsa, se enorgullece de mejorar futbolistas, de hacerlos crecer individual y colectivamente hablando. Los títulos llegan —si es que llegan— después.

Sin lugar a dudas, ésta es una forma de estar en este mundo salvaje donde solo sirve la victoria, donde ser segundo es sinónimo de fracaso. El “doctor” Sócrates lo sintetizó así: “Ser campeón es un detalle”. Importa el viaje, no el destino final.

De todo esto me estaba acordando cuando leí en el periódico las dudas de Vivas sobre si poner de inicio al joven Víctor Ábrego —revelación del Preolímpico Sub-23 de Colombia de este año— o al español, recién llegado, Rey. Ábrego puede ser la llave para hacer saltar por los aires la defensa de Palmeiras este miércoles (20.30) de Copa Libertadores; puede ser el hombre ideal para el desborde y para generar los espacios y poner en práctica la presión alta y así dejar sin oxígeno al equipo que tiene a Jair Messías Bolsonaro como su hincha más conocido. Quizás, “Él” nombre sea Víctor.

(*) Ricardo Bajo es periodista

Temas Relacionados

Comparte y opina:

La abuela (Grillo) cumple 10 años

‘La abuela Grillo’ es mucho más que una película hermosa y profunda. Es un verdadero fenómeno social silencioso. Cumple 10 años de su estreno y hoy anuncia nueva wawa: un libro ilustrado basado en el cortometraje de animación más exitoso de la historia del cine boliviano

/ 9 de septiembre de 2020 / 07:34

Abuela Grillo

Por Ricardo Bajo

La abuela Grillo no crece, es como Mafalda. Cumple 10 años y su leyenda aumenta sin cesar. La abuela Grillo es un personaje de culto y ha trascendido fronteras, desde América Latina a Japón, desde Rusia a Turquía, pasando por miles de hogares bolivianos. La película es vista una y otra vez, lo único que permanece es la emoción, el sentimiento, la rebeldía, las lágrimas. No hay una sola abuela Grillo, hay tantas como espectadores la han sentido, la han gozado, la han acompañado. El personaje ya no es de sus creadores, ha sido apropiado por millones de personas en todo el mundo que han visto esta obra ícono que trata de concienciar sobre el derecho al agua y mucho más.

La abuela Grillo es el cortometraje más exitoso de la historia del cine y la animación boliviana. También es un verdadero fenómeno social silencioso. La “opera prima” del francés Denis Chapon —animada por un equipo excelso de ilustradores nacionales— es un hiten las redes sociales (entre YouTube y Vimeo ha sido vista por más de dos millones de personas). El público boliviano quiere, desea y sueña con un segundo capítulo, con un tercero, con un cuarto y un quinto. Si Mi sociotuvo una segunda parte, 30 años después. ¿Por qué no resucitar a la Abuela Grillo que nunca murió?

El happy endcombativo con guion de Alfredo Ovando y Liliana de la Quintana (de la productora boliviana Nicobis), el mexicano Israel Hernández y el propio director galo Denis Chapon han enamorado a una gran comunidad de pedagogos, profesoras, cinéfilos y dibujantes. La animación estuvo en manos de un verdadero dream team (equipo de ensueño) del cómic nacional integrado por: Alejandro Alazar Salazar, Cecilia Delgado, Susana Villegas, Joaquín Cuevas, Mauricio Sejas, Miguel Mealla, Román Nina y Salvador Pomar. Estos ocho artistas —seleccionados entre 600 postulantes y 23 elegidos para un taller en La Paz— viajaron finalmente en 2009 a Dinamarca para armar la película estrenada un año después en un intercambio cultural organizado por Hanna Habermann del Centro para la Cultura y el Desarrollo de dicho país nórdico.

“La experiencia en Europa fue un trabajo intenso, arrancamos por el dibujo de la figura humana hasta llegar a los principios de la animación y la narración audiovisual”, recuerda Joaquín Cuevas. El talentoso equipo boliviano se caracterizaba por la motivación y el entusiasmo de aprender. Fue una verdadera escuela.

La abuela Grilloes una mirada al futuro basada en una leyenda milenaria del pueblo ayoreo. Es un corto animado, sin palabras, musicalizado con una canción de la potosina universal Luzmila Carpio (que interpreta al personaje central), uniendo así a los pueblos hermanos de los llanos (el Chaco) con el altiplano. La tonada en quechua especialmente escrita para la película y llamada Chillchi parita (Suave lluviecita) eleva la ternura del cortometraje hasta los cielos y las nubes cargadas de agua. La letra de la canción no fue subtitulada con un propósito bien definido: el público que no entiende el quechua se queda con todo el sentimiento y sensibilidad que esa lengua es capaz de transmitir, de emocionar.

“El impacto, 10 años después, va en aumento. Hay niños pequeños y adultos reunidos juntos en familia viendo por primera vez la película. Hemos creado el año pasado una fan page en Facebook para celebrar este aniversario e interactuar con los espectadores. Hay niños que se saben la canción, hay obras de teatro. Tenemos a chicos y chicas dibujando los personajes. El público se ha apropiado espontáneamente. Hay gente que la ve una y otra vez y se sigue emocionando y llorando. Una madre que vio con su hija y se durmió con la última canción arrullada de Luzmilla. No son cosas que se planean. No planeamos para que se diera en los colegios, que se pasara con la finalidad de concientizar, ha llegado a todos esos lugares sin querer queriendo”, dice uno de los dibujantes, Salvador Pomar.

Animación de Abuela (Grillo). Foto: Espacio Simón I. Patiño

Los dioses agradecidos

La abuela de la leyenda es la señora de la lluvia. Cuando ella canta, los dioses agradecidos, hacen llover y así reverdece la vida allá por donde ella pasa. En una de esas, la comunidad expulsa a la abuela por culpa de una inundación. Cuando se ve obligada a migrar del campo a la ciudad (en la fábula decide irse a vivir al Segundo Cielo, desde donde envía lluvia cada vez que alguien cuenta su historia), es secuestrada por dos villanos que se dedican al negocio privado de la venta de agua en los barrios más necesitados. Es el despojo de los saberes, es el despojo del agua.

La privatización y el derecho humano al acceso de este recurso público navegan por la película boliviana/danesa durante sus ya míticos 12 minutos 43 segundos. La lucha popular en las calles rompe las cadenas de la abuela Grillo que vuelve a cantar en libertad para beneficio de todos y todas. El recuerdo de la Guerra del Agua y la victoria popular con la expulsión del consorcio británico-estadounidense durante el gobierno de Hugo Banzer Suárez sobrevuelan la obra.

La máxima que nunca falla —“habla de tu pueblo y serás universal”— se cumple a rajatabla de nuevo. El director francés, autor del story board también, cuenta cómo sintió la historia desde sus inicios. “La animación es un arte colectivo y la historia siempre tuvo una intencionalidad universal, nací en el sur de Francia y también en mi ciudad tuvimos problemas de acceso al agua por sequías, en muchos países del mundo saben lamentablemente que significa vivir sin agua potable, por eso la película ha sido tan bien recibida”, cuenta Denis Chapon.

“La abuela Grillo marcó un antes y un después en la animación boliviana, nos dimos cuenta entonces que, como bolivianos, éramos capaces de crear historias nuestras, capaces de creer en nosotros. El límite nos lo ponemos nosotros ahora”, dice MikeMealla. El propio Román Nina trabaja actualmente como director de arte en la primera película animada del cine peruano, Nuna.

La animación estuvo en manos de un verdadero ‘dream team’ (equipo de ensueño) del cómic nacional. Foto: Espacio Simón I. Patiño

El Activismo Medioambiental

El corto ha sido incluso más visto fuera de Bolivia que dentro y ha adquirido una fama como pieza clave para el activismo medioambiental, fuera y dentro de los colegios, fuera y dentro de las organizaciones, sin tener nunca esa intencionalidad. La historia de la película se basa en un mito ancestral del pueblo ayoreo. El ritual se llama asojna (ave sagrada y mítica que actúa para el bien colectivo, temida también por los que obran mal) y está relacionado con la primera lluvia a través de un personaje milenario, el grillo Direjná.

La abuela llega ahora con una wawa también internacional bajo el brazo: el libro de 45 páginas a todo color que editarán en breve la librería social-editorial La Libre de Cochabamba, Comsoc Comunicación Social  (un grupo de educomunicadores en Cataluña) y la editorial cooperativa catalana Polen Ediciones. Las ilustraciones estarán a cargo del dibujante Denis Chapon y los textos son de la escritora Claudia Michel. Los ángulos, los fondos, los planos y los personajes pasarán de las pequeñas y grandes pantallas al libro, un viaje al inverso de muchos grandes éxitos editoriales que se hicieron más famosos después en el cine.

El viernes 28 de agosto para celebrar el aniversario, el Espacio Simón I. Patiño proyectó el cortometraje a través de Zoom y Facebook Live y organizó un conversatorio/cumpleaños moderado por Francisco PaquiLeñero con la participación del director y cinco integrantes del equipo creativo. Después de la charla las visualizaciones de la película en las redes sociales aumentaron otra vez sin parar. La hinchada de la abuela Grillo crece y crece. Y quiere más.

Foto: Espacio Simón I. Patiño

La abuelita aventurera

“La primera vez que vi La abuela Grillo era una niña, estaba aún en el colegio en primaria.

Me encantó y luego me interesé por averiguar a qué momento histórico de Bolivia  se hacía referencia. Gracias a La abuela Grillo aprendí sobre la Guerra del Agua y nuestra esencia como Bolivia nos. Aún así, el mensaje que transmite es universal. Es fantástico”. (Malu Rueda)

“Tuve la suerte de poder trabajar con la película en una biblioteca popular de Argentina, con audiencia muy linda de menores”. (Cintia Arapa)

“La abuela Grillo nos ha hecho reflexionar para seguir defendiendo la vida y el agua en Oaxaca, México”. (Julián Caballero).

“Pude compartir Abuelita Grillo con diferentes proyectos ambientales en Centroamérica, con jóvenes en universidades y hasta con niños en comunidades mayas. Todos quedaron impresionados, ¡que viva por siempre la abuelita Grillo aventurera! (Marianela Laura Quisbert)

“Siempre que la veo, me caen unas lágrimas. (Ruth Flores)

(*) Para poder ver el video y formar parte de la familia de la abuela Grillo, entra en estas dos direcciones: http://www.youtube.com/user/AbuelaGrillo, https://vimeo.com/11429985

El blog de la película es: https://abuegrillo.blogspot.com/

Comparte y opina:

Últimas Noticias