La pérdida acelerada de la biodiversidad, el cambio climático y la crisis sanitaria invitan a la humanidad a reflexionar más profundamente sobre cómo nos hemos relacionado con nuestro planeta y la naturaleza. A un nivel más personal esta pausa mundial nos ha sensibilizado de una manera más tangible a entender la importancia de mantener un medio ambiente sano y equilibrado.

Las áreas protegidas han sido reconocidas como la pieza fundamental para proteger la naturaleza y la solución más concreta para enfrentar estos grandes desafíos globales. Éstas se han convertido en el objeto central de los esfuerzos de la conservación de la biodiversidad.

Hace casi 30 años, la Cumbre de Río marcó un importante hito dando un fuerte impulso a la creación de más áreas protegidas en el ámbito mundial. Inicialmente la conservación de la biodiversidad era fuertemente motivada por principios éticos como la responsabilidad hacia las generaciones futuras. Más adelante la importancia pasa a ser una necesidad para la sociedad, entendiendo que los ecosistemas y sus especies proveen de servicios y múltiples bienes para la gente y sus medios de vida. El reconocimiento de que los ecosistemas proporcionan beneficios como la provisión de agua y alimentos, la absorción de contaminantes, la formación de suelos, la polinización o las posibilidades de recreación y turismo entre otras tantas, se hace más visible.

Tanto en el contexto del cambio climático como de la seguridad alimentaria, organizaciones mundiales destacan el rol de las áreas naturales protegidas como las principales herramientas para adaptarse a los nuevos escenarios del clima, así como reservorios de valiosos recursos genéticos para mejorar la producción de alimentos. Hoy nuevamente, los expertos han planteado que la conservación de la naturaleza va de la mano de nuestra salud y que la protección del medio ambiente es la medida más efectiva para prevenir y preservar la salud humana.

El 4 de septiembre se celebra el Día Nacional de las Áreas Protegidas. Este año en especial, la fecha nos invita a preguntarnos si realmente somos conscientes del valor de nuestras áreas protegidas y de la necesidad urgente de reducir sus amenazas y sumar esfuerzos para fortalecerlas. También es un llamado al compromiso individual por un bien común.

Heidy Resnikowski es subgerente en Planes de Manejo de la Fundación Amigos de la Naturaleza