Voces

viernes 18 jun 2021 | Actualizado a 02:45

Necroresistencias…, necropititas, necroplataformas…

/ 6 de septiembre de 2020 / 03:18

En estos últimos tiempos presenciamos la proliferación de nombres como Resistencia Cochala, los “pititas”, plataformas ciudadanas y otros nombres similares, alegando de que son defensores de la democracia y la libertad; pero en los hechos estos grupos no son más que organizaciones irregulares, paramilitares que solo buscan dañar al prójimo e incluso causar la muerte.

A raíz del asesinato cruel de la joven Betsabé Mara Alacia por el oficial de la Policía Adán Boris Mina Alanes, en la ciudad de Cochabamba, han quedado muchos cabos sueltos que no han sido aclarados, menos están siendo investigados por las autoridades y tampoco mereció la atención de la prensa que solo se alimenta del sensacionalismo del momento. Como recordarán, descubierto el cuerpo calcinado de Betsabé, el oficial Mina fue apresado y presentado públicamente por el Ministro de Gobierno como el asesino de la joven.

En la exhibición pública, el policía lucía una melena que incluso cubría su rostro. ¿Un teniente de la Policía usa una melena larga? Cabellos largos de esa dimensión crecen en varios meses, entonces, ¿dónde ejercía sus funciones el policía Mina? Se ha denunciado que Mara estaba cumpliendo con una “misión de apoyo y coordinación” a los paramilitares denominados Resistencia Cochala. Si esta denuncia es válida, quedaría demostrado que el melenudo Mina capacitaba al grupo irregular mencionado, despistando físicamente. ¿En qué consistía el apoyo al grupo paramilitar, fascista? ¿En entrenar y transmitir formas de violencia de las más crueles (¿cómo la que hizo con Betsabé?) contra los ciudadanos que no están de acuerdo con el Gobierno transitorio? Ésta y otras preguntas tendrían que explicar las autoridades del Gobierno central.

Pero hay una pregunta crucial, si estamos en democracia y gozamos de plena libertad, ¿por qué se permite la existencia de grupos irregulares que a nombre de defender la democracia se capacitan para amenazar y atentar las libertades más básicas de los ciudadanos? Si se confirma la denuncia, lo grotesco que quedaría la Policía Boliviana de permitir que civiles paramilitares se muevan y quieran controlar el orden público.

En esta línea de matonaje político de la Resistencia Cochala, los/as “pititas”, las plataformas y los comités cívicos, la Defensoría del Pueblo nacional denunció que desde hace varios días se registran agresiones de grupos violentos organizados que se instalan en puertas de la institución en la ciudad de La Paz. Lo más vergonzoso es que hace algunos días atacaron a jóvenes y adolescentes trabajadores de y en la calle y a sus familias, que habían recibido ayuda en alimentos e insumos de bioseguridad de la Defensoría en esta etapa difícil del contagio de COVID-19. ¿Dónde está el discurso de solidaridad de las/os “pititas”, cuando en los hechos solo saben maltratar y amenazar a los grupos sociales más vulnerables del país? Violando los derechos más elementales del ser humano, pregonan que actúan a nombre de la democracia capitalista y liberal.

Autoridades del Gobierno central y de la Policía nacional no se han pronunciado ante la denuncia de la Defensoría. El silencio ¿explica la estrecha relación de grupos irregulares con la Policía?

Lo que queda claro es que la deshumanización total y la industrialización de la muerte es lo que prima en esta etapa del COVID-19. El Estado boliviano está siendo infiltrado cada vez más por grupos irregulares y delincuenciales. A los ojos de los colonizadores, que fungen como autoridades del Gobierno y dirigentes de entes cívicos, la vida de los ciudadanos no es más que la vida de los salvajes y animales. En esta lógica colonialista, la identidad nacional se concibe nuevamente como la identidad contra el otro/a. La violencia colonial ahora se apoya en el terror irregular y sagrado de la Biblia. Esto es el necropoder del sistema colonial, capitalista y racista de exclusividades que hoy se irradia peligrosamente.

Janiwa akch’as walikiti sarnaqäwisanakatakix. Q’ara, misti, ch’uxña, chitaku jaqinakax wali tukkhañ munisti. Amuyasiñasaw jilata, kullakana.

Esteban Ticona es aymara boliviano, sociólogo y antropólogo.

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La medicina ancestral para combatir el COVID-19

/ 30 de mayo de 2021 / 00:42

Peligrosamente se está construyendo una sola forma de combatir al COVID- 19, mediante la vacunación, es decir, a través de la medicina occidental. Pese a que hoy existen varias vacunas contra el COVID-19, no son efectivas al 100%. ¿Para qué vacunarse, además de esperar dos inmunizaciones, incluidos el tiempo y las filas, si no hay garantía de no contagiarse? La gente acude cada vez menos a los centros de prevención. Posiblemente inmunizarse sea un alivio psicológico y una esperanza para las personas con enfermedades de base para no infectarse; pero no todos estamos con enfermedades de base, ya que nos cuidamos y estamos bien. Además, es nuestro derecho decidir qué hacemos con nuestros cuerpos, pese a la propaganda de que la única solución es mediante la vacunación.

Hoy se habla muy poco de las otras medicinas, una en particular, la medicina ancestral que ayudó y seguirá haciéndolo en nuestro país en momentos muy álgidos en el combate contra el COVID-19, pero hoy apenas se la menciona y menos se implementa su uso eficaz. Lamentablemente, en esta tercera ola, el Viceministerio de Medicina Tradicional no ha entrado en la lucha contra el COVID-19 con el conocimiento ancestral de nuestros pueblos. El uso adecuado de la medicina indígena y popular no se publicita de manera clara. El viceministerio tiene la obligación de reencauzar los errores y presentar una política precisa de emergencia efectiva y económica.

La medicina occidental ha fracasado y la muestra de ello es que no existe una sola vacuna que combata al 100% el COVID-19. A pesar de ese fiasco, hoy compramos vacunas a los países fabricantes que nos venden con muchas mezquindades. ¿Para qué comprar más vacunas si no es efectiva al 100%? Lo más correcto sería comprar solo para las personas que la necesitan y tengan enfermedades de base. En este tiempo se ha ratificado que la medicina occidental es mera erogación de dinero y más dinero, y pensada para muy pocos.

¿Qué se hace con las personas sanas o que no quieran vacunarse? Es preciso que el Gobierno inicie una gran campaña sobre cómo alimentarnos mejor y a partir de nuestros productos tradicionales del país, porque así coadyuvaríamos mejor a combatir el COVID-19, porque potenciaríamos más nuestro sistema inmunológico, que según los pocos y verdaderos científicos “es la mejor vacuna natural”. Es lamentable que aún tengamos programas en televisión dando recetas de comidas “chatarras”, en tiempos de emergencia contra la salud pública nacional. Aquí la televisión boliviana tiene la obligación de apostar por programas sobre alimentos sanos y nutritivos, que es otra forma de combatir al COVID-19.

Vemos el arribo de vacunas vía aérea y se habla mucho de cuánto dinero dispone el Gobierno central, las gobernaciones y los municipios para luchar con el COVID-19, pero no se dice nada sobre cómo fomentamos el uso de la medicina tradicional, los alimentos sanos y nutritivos de manera más organizada e incluso rigurosa. Menos se expresa sobre cómo se apoyará a los productores del cultivo de las plantas medicinales y los alimentos naturales. Sabemos que hay que promover más plantas medicinales, más producción orgánica, pero ¿qué plantas más se precisan, qué alimentos orgánicos? Los distintos niveles de los gobiernos tienen que llevar la iniciativa de planificar sobre la marcha, incluido las áreas urbanas, lo que ante la falta de empleo puede ser un área muy interesante para paliar los bajos ingresos.

Se ha denunciado en algún momento el peligro de la desforestación en ciertas regiones por la extracción indiscriminada de la medicina tradicional. ¿Cómo enfrentamos este problema?

“Wakunasim,Wakunasim…”, sakixay uruy arumasa parlchistuxa. Jiwasanakan qullanakasaxa janiw yäqatakiti. Suma manq’añasaw, jiwas juyranakasa, ukham lurañanixa wali k’umarakipuniskañaniwa.

Esteban Ticona Alejo es aymara boliviano, sociólogo y antropólogo.

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En el Sur y desde el sur

/ 2 de mayo de 2021 / 00:16

Este año vemos con mucho interés y agrado cómo algunos países del sur del gran continente de Abya Yala o América, como Bolivia, Ecuador y Perú, mediante sus poblaciones indígenas, campesinas, afros y sectores populares le han dado una dinámica particular en la lucha política nacional.

En el caso boliviano, el triunfo de Luis Arce y David Choquehuanca, a la presidencia y vicepresidencia, respectivamente, por el MASIPSP con el 55% de la votación en las elecciones de octubre de 2020, le han dado una lección contundente de democracia en las urnas a las élites neoliberales y golpistas que intentaban prorrogar su mandato hasta más que se pueda. A pesar de este triunfo, aún vemos los resabios colonialistas, practicando la política de la sinrazón, en base al prejuicio racial, y que esperan otro momento para desestabilizar y generar inconformidad. La política de la derecha y sus variantes no es la democracia limpia, sino formas de dictadura y fascismo con las que se sienten realizadas para seguir dominando bajo el eje capitalista.

El movimiento social indígena en el Ecuador fue el gran protagonista del gran levantamiento en octubre de 2019, que hizo tambalear al neoliberalismo del presidente Lenín Moreno. A pesar de la derrota política en las elecciones de marzo de Pachakutik, brazo político de la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (Conaie), que estuvo a punto de librar la batalla electoral en la segunda vuelta por la presidencia del país.

El expresidente Rafael Correa y su partido no pudieron llevarse bien con la Conaie. Aquí hay un gran problema, irresuelto en nuestros países, ¿por qué las izquierdas no se llevan bien con los pueblos indígenas y afros? Hoy el movimiento indígena ecuatoriano está muy fraccionado, el quiebre entre la Conaie y Pachakutik es muy visible. Algunos estudiosos lo atribuyen a la derechización de Pachakutik en el sector del excandidato a la presidencia Yaku Pérez. ¿Cuál es la diferencia entre las izquierdas y la Conaie? Esta adscripción al conservadurismo les llevó a incentivar el voto nulo en las elecciones en la segunda vuelta, y al único que beneficiaron fue al multimillonario Guillermo Lasso, hoy presidente electo. ¿Hubo un acuerdo de Yaku Pérez y la fracción de la Conaie con las políticas neoliberales de Lasso?

Para el caso del Perú, el surgimiento del profesor quechua Pedro Castillo en la política nacional es el despertar de las poblaciones indígenas, campesinas y sectores populares, que se sienten plenamente identificados, frente a los políticos elitistas y tradicionales. La presencia de Keiko Fujimori, una mujer nacida en Perú, pero a la hora de la identificación cultural es una japonesa con fuerte ligazón norteamericana, representa lo que son las élites políticas y sectores sociales más conservadores de este país. Castillo se ha convertido en el símbolo de la lucha contra las formas de colonialismo contemporáneo y aún muy arraigados en el vecino país hermano.

¿Qué hay de común entre los países citados? Que sus poblaciones ancestrales, populares y profundamente anticoloniales ya no están dispuestas a seguir subordinadas nuevamente con las políticas neoliberales. Hoy han pasado de simples votantes a grandes protagonistas y dispuestos a cambiar los destinos políticos de su países.

El escenario es de gran expectativa, no sé si el gobierno del banquero Lasso en el Ecuador terminará su gestión, cuando tiene un Parlamento que no está bajo su control. Los indios han exhortado que están dispuestos a salir a las calles para combatir las políticas contrarias al pueblo, como la Alianza del Pacífico. Una autocrítica entre la izquierda y la Conaie les llevaría a iniciar otra etapa en las relaciones que tal vez a futuro les permita acceder al poder. Para el caso peruano, parece que Pedro Castillo ganará la presidencia en la segunda vuelta; pero si eso sucede no se descarta que quieran violentar la presidencia ganada democráticamente, posiblemente con una forma de golpe de Estado al estilo de los golpistas bolivianos de la extrema derecha.

Jiwas jach’a markasana, ukhamaraki Perú, Ecuador markanakanxa wali unjtasiwinakawa utji. Pedro Castillo quechua jilatawa, wali irptaski apnaqañataki Markapa. Ecuador tuqinxa, phiñasiñanakawa utji. Ukhampachasa, jiwasanakax wali sarantayasktana.

 Esteban Ticona Alejo es aymara boliviano, sociólogo y antropólogo.

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Rebrote del COVID-19 y políticas insuficientes

Quedarnos con la política colonial de apostar por una sola medicina, siempre nos llevará al fracaso.

/ 27 de diciembre de 2020 / 01:25

El mundo de la medicina occidental vive nuevamente horas de miedo y terror ante el fracaso de no poder enfrentar airosamente al COVID-19. Además, hoy se hace propaganda de la existencia de una nueva cepa aparecida en Inglaterra que sería muy contagiosa, aunque no muy letal. Hasta ahora no existe una vacuna exitosa, aunque hay muchas que dicen ser buenas, llámese de los rusos, los chinos, etc., pero que están en calidad de prueba o con efectos defectuosos.

Ratificamos nuestra hipótesis de que la medicina occidental capitalista de los hospitales y las clínicas ha fracasado frente al COVID- 19, porque no encuentran el antídoto o la vacuna para enfrentar efectivamente. ¿Qué pasó con los científicos de la medicina a un año de la proliferación del COVID-19 en el mundo? Perdieron la batalla en dar la respuesta inmediata a una pandemia más veloz que las mentes de los médicos científicos. Aunque hay algunos países que enfrentaron de una mejor manera al COVID-19, caso de Cuba, pero no sabemos más que ese dato, por falta de información y prejuicio.

La medicina colonialista ha generado mayor dependencia porque seguimos esperando que nos lleguen las vacunas salvadoras de Europa o Estados Unidos, pese a su defectuosidad. Nuestros médicos, a excepción de algunos, repiten lo que se dice en el Primer Mundo, incluso en las equivocaciones. Frente a esta estrepitosa derrota, algunos pseudocientíficos coparon los espacios serios. Por ejemplo, Mohamed Mostajo, el exasesor del gobierno de facto de Jeanine Áñez, hoy fugitivo en “gringolandia” de la Justicia boliviana, pero aún se autoalaba que fue “un buen asesor”. ¿De qué? ¿De formas de hacer mejor corrupción?

En medio, los lamentos de los galenos, sobre todo de la dirigencia que siempre repite “que no tienen nada y no hay cómo enfrentar al COVID-19”, porque supuestamente les falta la ropa adecuada, ítems para el personal, etc., etc.

Hace pocos días el presidente del Estado Plurinacional, Luis Arce, resaltó las bondades de la otra medicina, la tradicional o ancestral que permitió enfrentar al COVID-19; pero lamentablemente el Viceministerio de Medicina Tradicional no hace ninguna política en esta línea trazada. Sencillamente está opacada por el Ministerio de Salud, dependiente de la mentalidad occidental. En esta coyuntura, urge que la sociedad no solo reconozca la otra medicina paritaria y exitosa en la lucha contra el COVID-19, sino que reciba el apoyo e incentivo en las comunidades de los pueblos indígenas del país. Sin la intervención de la medicina ancestral hoy hubiésemos tenido miles de muertos. ¿Cómo hacemos política para la medicina ancestral? Esa es la tarea del viceministerio citado, que hoy está sumido en la inercia.

Es lamentable que las universidades, sobre todo las estatales y las carreras de medicina y salud no hayan propuesto líneas generales a la sociedad, al Estado y mucho menos se hayan sumergido en investigaciones de largo alcance sobre el COVID-19. Al primer contagio pareciera que huyeran de la misma, ¿acaso no son soldados que están en guerra contra el mal que causa al ser humano? La medicina es un espacio de guerra y el médico es un soldado de la vida, entonces ¿por qué no se enfrentan en esta etapa difícil con armas nuestras y ancestrales? Hoy ante el inminente rebrote, urge no solo dar respuestas inmediatas, sino tener claro que los hospitales no están hechos para toda la población del país y por lo tanto siempre será un fracaso dar solución en torno a estas entidades. Aquí urge hacer políticas de una mejor alimentación con productos naturales y el uso de la medicina ancestral, que serán elementos vitales para enfrentar mejor al COVID-19. Quedarnos solo con la política colonial de apostar por una sola medicina, siempre nos llevará al fracaso.

Uka Covid19 ñanqha usuxa, wasitampiwa mirtañ muni. Wakisiwa jiwasanakan qullanakasampi tukkhañasa. Uka Hospital utanakak uñch’ukiskañan ukkhaxa janiwa jank’as qullaskañaniti.

 Esteban Ticona Alejo es aymara boliviano, sociólogo y antropólogo.  

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Santos Marka T’ula

/ 15 de noviembre de 2020 / 00:10

El 13 de noviembre se recordó 81 años de la muerte del líder aymara y quechua del movimiento indígena de los caciques apoderados Santos Marka T’ula, acaecida en la ciudad de La Paz en 1939. Desde 1914 hasta su muerte fue el representante más importante de los ayllus y comunidades de la región andina del país, que luchó contra todas las formas de usurpación de tierras de los potentados. Este movimiento desarrolló, sobre todo, la defensa legal de los ayllus y comunidades, cimentados en las pocas concesiones formulados en documentos coloniales y republicanos. Aunque en determinados momentos, ante la imposibilidad de ser oídos en sus justas demandas, se rebelaron masivamente frente a sus opresores.

Según testimonios que recogimos hace  varios años, los hijos de Marka T’ula estaban convencidos de que su padre fue eliminado físicamente por los médicos que le atendieron en el hospital, ya que solo tenía tos. Se preguntaban: “¿Cómo reclamar en esa época donde todo estaba contra nosotros y peor hacia los que lideraban pidiendo justicia?” En el Cementerio General de la ciudad de La Paz no hay datos sobre su fallecimiento.

Lo más impactante en su vida sucedió en 1918, cuando lo arrojaron al río Cajón en los Yungas, a lo que sobrevivió con la ayuda de los pueblos amazónicos. Sus enemigos fueron los latifundistas, que estaban asociados con curas, monjas, militares, policías, políticos y muchas autoridades del Estado. Santos Marka T’ula viajaba a pie por las comunidades andinas aymaras y quechuas, explicando a sus hermanos/as por qué se tenía que defender las tierras ancestrales. Uno de sus escribanos, Rosendo Zárate, recuerda que en este peregrinaje invocaba poéticamente: Pasakalli, pasarpayitatawa; q’anasillas, q’anarpayitatawa; jararankhu, jararpayitatawa. La traducción aproximada es: Gusanillo, me dejarás pasar; escarabajo, me desenredarás; lagarto, me desatarás.

Marka T’ula y otros caciques apoderados como Francisco Tangara, de Calacoto; Faustino Llanque, de Jesús de Machaca; Rufino Willka, de Achacachi; Santos Cornejo, de Achocalla; Francisco Mata, de Huarina y muchos otros, sufrían permanentes hostigamientos y en varios casos eran apresados por ser supuestos instigadores del orden público, cuando se les arrebataba la documentación obtenida de distintos archivos.

Marka T’ula apenas sabía firmar y ¿por qué quería acceder a la documentación colonial y republicana escrita? Él pedía a sus escribanos como Leandro Condori, Rosendo Zárate y otros que le leyeran la documentación obtenida, lo que les permitía defender mejor sus tierras comunales. Queda claro que no solo era la lectura textual en castellano, sino una traducción del castellano al aymara. Esta vía le permitió saber de memoria qué documentación tenía en sus manos. Su escribano Condori nos contó que él sabía casi de memoria lo que contenían los documentos que eran favorables a los pueblos indígenas y cuando eran arrebatados Don Santos lloraba por esa pérdida.

En 1920, el movimiento indígena desconfiado de que las prefecturas y los tribunales les arrebaten, deciden depositar algunos de sus expedientes en el Archivo General de la Nación de Sucre, hoy llamado Archivo y Biblioteca Nacionales de Bolivia (ANB). El certificado que obtienen dice: “Archivo General de la Nación. CERTIFICA: que el indígena originario Santos Marka Tola ha depositado en esta oficina nacional cinco expedientes relativos a todas las diligencias que ha seguido los originarios… Los referidos expedientes se hallan archivados en esta oficina…”.  A raíz de este dato, durante varios años buscamos acceder a esta colección porque estaba perdida. Hace poco tiempo fueron localizados los cinco legajos por el personal del ANB. ¿Qué es lo que contienen esos cinco legajos depositados hace 100 años por Marka T’ula en el ANB? Hay que estudiar detenidamente esos documentos para saber más sobre este movimiento de defensores de los ayllus y las comunidades.

Tuvimos la experiencia de organizar el archivo privado de Marka T’ula, que resguardaba celosamente su hijo Gregorio. Después de su fallecimiento se hizo cargo alguno de sus hijos. Sería interesante que la nueva autoridad del ANB inicie una especie de salvataje de esos archivos para que siga existiendo la memoria de la lucha de los caciques apoderados.

¡Honor y gloria a este insigne defensor del ayllu y la comunidad andina, junto con otros líderes como Feliciano Condori, Dionicio Paxipati, Celedonio Luna, Feliciano Marasa, y muchos otros! Santus Marka T’ula, jach’a awkin sarnaqäwipaxa musparañjamawa, ukhamaraki jan armañatakiwa. Waynanak, tawaqunakawa yatiqapxañapa uka suma unjtasiwita. ¡¡¡Jallalla Santus Marka T’ula!!!

Sería interesante que el ANB inicie una especie de salvataje de los archivos de este defensor del ayllu y la comunidad andina.

Esteban Ticona Alejo

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Se les cayeron los calzones

Los campesinos, los indios, los obreros, las cholas, los mestizos sensatos y sectores populares urbanos ganaron con el 55,10%.

/ 1 de noviembre de 2020 / 01:31

Todos contra los indios, los campesinos, los obreros, las cholas…” fue la consigna electoral del odio profundo de los políticos q’aras, karayanas, mistis y también de algunos ch’uxñas o traidores indios a las poblaciones ancestrales y populares de la Bolivia profunda en la campaña electoral del pasado 18 de octubre. Se repitió hasta la repugnancia que el MAS-IPSP ha gobernado 14 años… y solo faltaba decir “¿cómo hemos tolerado tantos años que un indio (Evo Morales) sea presidente de ‘mi Bolivia’?” Es decir, un país solo de ellos. Pero fingidamente se manifestaban como los grandes defensores de la democracia, de la libertad y hasta de la tolerancia, vaya cinismo de estas castas sociales del país.

La rancia política conservadora, apoyada por varios medios de comunicación, armaron una gran ficción apantallada y comentada por los analistas despistados, pensando que estaban expresando el sentir de los ciudadanos e incluso representando lo que se deliberaba en la sociedad. Los periodistas y sus allegados lloraban porque no hubo ¡el gran debate presidencial!, como se efectúa en otros países, que fue la intención más burda y colonial de imitar.

Mientras las élites de las áreas urbanas pensaban que en las áreas rurales no pasaba nada, o a decir de aquel funesto pseudoperiodista español Alejandro Entrambasaguas, que los indios no usaban celulares, la realidad era lo contrario. Había mucho debate y reflexión en las comunidades rurales sobre lo que había sucedido en los últimos 11 meses y por quien votarían. Todo se realizó por WhatsApp, las redes sociales y en los idiomas ancestrales.

La noche del 18 de octubre, el Órgano Electoral Plurinacional y los medios de comunicación la convirtieron en una larga espera, ¿con la intención de ahogar la fiesta del ganador? Los presentadores de los canales de televisión y sus charlatanes analistas esperaban resultados en “boca de urna” que nunca llegaban y ya no tenían con qué improvisar y solo repetían frasecitas como “En segundos los resultados en boca de urna”, “En instantes, resultados en…”, hasta que decían “Bolivia aguarda los resultados de la votación”, en fin. Al parecer nunca estudiaron algunas técnicas de espontaneidad para momentos de emergencia, ¡qué papelón de las/os vedettes de la pantalla chica!

Ya sabemos el resultado general. Nuevamente los indios, los campesinos, los obreros, las cholas, los mestizos sensatos y sectores populares urbanos del país, representados en el MAS-IPSP, ganaron con el 55,10%, lejos de Comunidad Ciudadana, que obtuvo la segunda ubicación con el 28%. Y ¿ahorasti? Hoy pocos políticos y sus aliados se resignan por el fracaso y aceptan la derrota. Los más radicales y antiindios pretenden generar inestabilidad buscando adhesiones. Esta línea fascista y oligárquica quiere salvar al país arrodillándose y orando. Agarrados de la Biblia frente a un Comando Militar en Santa Cruz y en Sucre, piden que el Ejército y los policías tomen el poder mediante otro golpe de Estado. Justifican que ese acto ridículo sería “constitucional”. ¿En alguna parte de la CPE plurinacional se habla de golpe de Estado constitucional? Hay que recordarles que Luis García Meza y el grupo de militares narcotraficantes, en el golpe de 1980, también decían que van a salvar Bolivia, e incluso que comerían solo chuño si no tenían ayuda extranjera.

Hoy el pueblo profundo que fue humillado con la quema de su wiphala por algunos policías ignorantes, ahogado en sangre en Senkata (El Alto) y Sacaba (Cochabamba) por los militares, que fueron estigmatizados como hordas, salvajes, bestias humanas y varios de sus líderes fueron encarcelados, reclaman justicia.

La muerte reciente del trabajador minero de Colquiri y secretario ejecutivo de la Federación Sindical de Trabajadores Mineros de Bolivia, Orlando Gutiérrez, fue a consecuencia del atentado criminal que sufrió por los necropititas. Estos paramilitares se camuflan bajo la libertad democrática aunque su accionar es de puro garrote. Toca al Ministerio Público investigar de oficio y castigar a los culpables.

Será imprescindible que las Fuerzas Armadas y la Policía Boliviana (representadas en personas específicas) sean enjuiciadas porque públicamente pidieron al presidente Morales, en noviembre de 2019, que renuncie a su cargo y eso es sedición y golpe de Estado.

Q’ara, misti, chitaku, ch’uxña jaqinakaxa, wasitampiwa kutkatañ munistu. ¿Kamachañanisa? Unjtasiñasawa, amuykipasiñasawa, mä pitataw uka ipi jaqinakarux tukkhañasa.

*Esteban Ticona es aymara boliviano, sociólogo y antropólogo

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