Voces

viernes 18 sep 2020 | Actualizado a 20:30

Necroresistencias…, necropititas, necroplataformas…

/ 6 de septiembre de 2020 / 03:18

En estos últimos tiempos presenciamos la proliferación de nombres como Resistencia Cochala, los “pititas”, plataformas ciudadanas y otros nombres similares, alegando de que son defensores de la democracia y la libertad; pero en los hechos estos grupos no son más que organizaciones irregulares, paramilitares que solo buscan dañar al prójimo e incluso causar la muerte.

A raíz del asesinato cruel de la joven Betsabé Mara Alacia por el oficial de la Policía Adán Boris Mina Alanes, en la ciudad de Cochabamba, han quedado muchos cabos sueltos que no han sido aclarados, menos están siendo investigados por las autoridades y tampoco mereció la atención de la prensa que solo se alimenta del sensacionalismo del momento. Como recordarán, descubierto el cuerpo calcinado de Betsabé, el oficial Mina fue apresado y presentado públicamente por el Ministro de Gobierno como el asesino de la joven.

En la exhibición pública, el policía lucía una melena que incluso cubría su rostro. ¿Un teniente de la Policía usa una melena larga? Cabellos largos de esa dimensión crecen en varios meses, entonces, ¿dónde ejercía sus funciones el policía Mina? Se ha denunciado que Mara estaba cumpliendo con una “misión de apoyo y coordinación” a los paramilitares denominados Resistencia Cochala. Si esta denuncia es válida, quedaría demostrado que el melenudo Mina capacitaba al grupo irregular mencionado, despistando físicamente. ¿En qué consistía el apoyo al grupo paramilitar, fascista? ¿En entrenar y transmitir formas de violencia de las más crueles (¿cómo la que hizo con Betsabé?) contra los ciudadanos que no están de acuerdo con el Gobierno transitorio? Ésta y otras preguntas tendrían que explicar las autoridades del Gobierno central.

Pero hay una pregunta crucial, si estamos en democracia y gozamos de plena libertad, ¿por qué se permite la existencia de grupos irregulares que a nombre de defender la democracia se capacitan para amenazar y atentar las libertades más básicas de los ciudadanos? Si se confirma la denuncia, lo grotesco que quedaría la Policía Boliviana de permitir que civiles paramilitares se muevan y quieran controlar el orden público.

En esta línea de matonaje político de la Resistencia Cochala, los/as “pititas”, las plataformas y los comités cívicos, la Defensoría del Pueblo nacional denunció que desde hace varios días se registran agresiones de grupos violentos organizados que se instalan en puertas de la institución en la ciudad de La Paz. Lo más vergonzoso es que hace algunos días atacaron a jóvenes y adolescentes trabajadores de y en la calle y a sus familias, que habían recibido ayuda en alimentos e insumos de bioseguridad de la Defensoría en esta etapa difícil del contagio de COVID-19. ¿Dónde está el discurso de solidaridad de las/os “pititas”, cuando en los hechos solo saben maltratar y amenazar a los grupos sociales más vulnerables del país? Violando los derechos más elementales del ser humano, pregonan que actúan a nombre de la democracia capitalista y liberal.

Autoridades del Gobierno central y de la Policía nacional no se han pronunciado ante la denuncia de la Defensoría. El silencio ¿explica la estrecha relación de grupos irregulares con la Policía?

Lo que queda claro es que la deshumanización total y la industrialización de la muerte es lo que prima en esta etapa del COVID-19. El Estado boliviano está siendo infiltrado cada vez más por grupos irregulares y delincuenciales. A los ojos de los colonizadores, que fungen como autoridades del Gobierno y dirigentes de entes cívicos, la vida de los ciudadanos no es más que la vida de los salvajes y animales. En esta lógica colonialista, la identidad nacional se concibe nuevamente como la identidad contra el otro/a. La violencia colonial ahora se apoya en el terror irregular y sagrado de la Biblia. Esto es el necropoder del sistema colonial, capitalista y racista de exclusividades que hoy se irradia peligrosamente.

Janiwa akch’as walikiti sarnaqäwisanakatakix. Q’ara, misti, ch’uxña, chitaku jaqinakax wali tukkhañ munisti. Amuyasiñasaw jilata, kullakana.

Esteban Ticona es aymara boliviano, sociólogo y antropólogo.

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El racismo colonial del Comité Cívico de Santa Cruz

/ 22 de agosto de 2020 / 00:34

La madrugada del lunes 3 de agosto se inició la huelga general indefinida y el bloqueo de caminos en todo el territorio boliviano, a convocatoria de la Central Obrera Boliviana (COB) y de los movimientos sociales que conforman el Pacto de Unidad, exigiendo del Tribunal Supremo Electoral el respeto a la fecha de elecciones establecida mediante ley para el 6 de septiembre del presente año.

Una multitudinaria marcha en la Ceja, donde dirigentes de la COB, de la Confederación Nacional de Mujeres Indígenas de Bolivia “Bartolina Sisa”, de la Federación Única de Trabajadores de La Paz “Tupaj Katari” y otras organizaciones juveniles y vecinales anunciaron las medidas de presión, aprobadas en un cabildo realizado el 28 de julio, en la ciudad de El Alto.

Por su parte, el histórico líder aymara Felipe Quispe, el Mallku, apostó por el bloqueo de caminos total declarando que “las movilizaciones serán más contundentes y revolucionarias porque el Gobierno se hizo la burla. Las elecciones debieron ser el 6 de septiembre, ya se está haciendo la burla con la población. Muy tarde quieren trancar el corral porque el burro ya está muerto dentro. Las cosas eran desde el primer día que estaba llegando el COVID-19”.

En medio de este conflicto que se agravaba días tras día, apareció a la palestra el presidente del Comité Cívico de Santa Cruz, Rómulo Calvo. Haciendo gala de su total ignorancia descalificó a los actores de los bloqueos de manera despectiva y racista. ¿Qué expresó textualmente Calvo, entre aplausos en la asamblea del Comité, el 11 de agosto? “Este Comité no descansará hasta ver tras las rejas a estas bestias humanas, indignas de ser llamados ciudadanos. Colonos que muerden la mano a la tierra que les abre los brazos para que salgan de la pobreza, y pagarán esta tamaña afrenta”, expresó amenazante.

No es extraño que personas vinculadas a los comités cívicos del país y particularmente de Santa Cruz, tengan esta visión retrograda de los diferentes ciudadanos/as de nuestro país. ¿Cómo explicar esta mirada racista y xenófoba hacia nuestros coterráneos? La fusión de la mentalidad de patrón-empresario, que aún piensa como al inicio de la colonización española que los indios eran bestias y no tenían alma es una explicación; pero también la continuidad de ese pensamiento colonialista, alimentada día tras día desde sus bisabuelos, abuelos y padres gamonales de que son mejores invasores y dueños absolutos de estas tierras.

El señor Calvo se siente totalmente un colonizador nato al denominar colonos a los collas o indios campesinos del occidente del país, que bloqueaban las carreteras. Además de pensar que estos sitiadores son mal pagadores porque los patrones/empresarios les dieron trabajo en sus tierras y éstas no son del país. El grupo de choque neofascista del comité cívico, la Unión Juvenil Cruceñista, salió a algunas carreteras a desbloquear “su territorio”, es una expresión clara de cómo actuaron a nombre de la vida y la democracia, humillando vilmente a nuestros coterráneos.

Lo que me causó estupor es que Calvo se reafirme y cite en varias declaraciones públicas que el término de “bestias humanas” estaría mencionado en el diccionario de la Real Academia Española (RAE). En el diccionario de la RAE están los términos de “bestia” y “humano” pero por separado y no juntos como nos quería hacer creer. Calvo pensó que citando a la RAE tendría elegancia su afirmación y justificaría su uso, cuando en el fondo es una expresión altamente racista y xenófoba. El racismo elegante e incluso académico y científico no se justifica en estos tiempos y hay que combatirlo en cualquier escenario. El Ministerio Público debería enjuiciar de oficio y aplicar la Ley 045 de 2010, de lucha contra el racismo y toda forma de discriminación.

Khä Santa Cruz markana q’ara qamiranakax uywakstans ukhamaruw uñjistu. Uka q’ara amuyxa tukkhañasawa, kuttañasawa ¿janicha ukhamaxa?

Esteban Ticona es aymara boliviano, sociólogo y antropólogo.

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Protección urgente de los bienes de Roberto Choque Canqui

/ 5 de agosto de 2020 / 02:15

El pasado 17 de julio del presente año nos dejó el historiador aymara Roberto Choque Canqui.  A lo largo de más de 50 años Roberto construyó una biblioteca especializada en historia, las ciencias sociales y humanísticas, con libros adquiridos de muchos lugares del mundo. En su condición de becario del Archivo General de Indias de Sevillla, España y del Archivo Nacional de Buenos Aires trajo muchas copias de documentos históricos coloniales como del gran Pacajes, Jesús de Machaca, San Andrés de Machaca y de otras regiones aymaras e inclusive de algunos pueblos indígenas de la Amazonía. Esta biblioteca fue incrementada con libros de su querida esposa finada, la lingüista Cristina Quisbert. A esta ingente cantidad de libros habría que añadir muchas fotografías tomadas en sus trabajos de campo, sobre todo en los últimos años.

Lamentablemente Roberto no tiene ningún heredero directo. ¿Qué sucede cuando una persona fallece sin tener descendencia directa? En general, por el comportamiento sociocultural de nuestras familias, casi siempre aparecen los medios parientes e incluso gente inescrupulosa que tratan de apropiarse de los bienes del finado/a indebidamente. ¿Qué pasa con los libros y bienes intelectuales? Casi siempre terminan subastados en mercados negros o de segunda mano e incluso convertidos en papel reciclado e higiénico. ¿Cómo se dilucidan estas rencillas? Después de bochornosas disputas familiares e incluso acompañadas de carácter legal, son vendidos los libros (por no decir rematados) por los hijos/as e incluso por las viudas “porque ocupan mucho campo”. No hay ninguna consideración del valor y aprecio que tenía el finado/a por sus libros, en fin, es como para hacer muchas crónicas.

Recuerdo que un bien que apreciaba muchísimo Roberto Choque eran sus libros, porque eran sus herramientas de trabajo en la investigación y fue otra manera de autoeducarse. Hablamos en alguna ocasión sobre qué le gustaría hacer con su biblioteca y me dijo: “Me gustaría que se conservara y sirva a las nuevas generaciones aymaras y de personas interesadas en temas indígenas de nuestro país”, aunque siempre pensaba que viviría varios años más. ¿Qué pasará con la biblioteca de Roberto Choque y Cristina Quisbert? No sabemos exactamente lo que puede suceder con el accionar de su entorno familiar secundario.

Sería maravilloso que alguna de esas personas indirectas se pronuncie públicamente y diga que están dispuestas a que la biblioteca y la casa de Roberto-Cristina sean declaradas patrimonios del Estado boliviano y sirvan como un espacio de fomento a la investigación y la educación. Pero también sabemos que hay un peligro inminente de la apropiación indebida de estos bienes y que puede terminar destruido el trabajo de más de 50 años de vida y de sacrificio. ¿Qué puede hacer el Estado Plurinacional y la sociedad boliviana, en el caso de Roberto Choque-Cristina Quisbert, que corre el peligro de expropiación inescrupulosa de sus bienes y sobre todo de su biblioteca?

Tenemos la Ley 530 del Patrimonio Cultural Boliviano promulgado en 2014. Entre algunos de sus postulados señala que una casa y un bien material cultural (en este caso la biblioteca, los documentos históricos) podrían pasar a la tuición del Estado al ser declarados por la Asamblea Legislativa Plurinacional como Patrimonio Cultural del Estado Boliviano. Hacemos un llamado de emergencia a la comunidad nacional e internacional, sobre todo a los jóvenes, para apoyar esta solución y que el Órgano Legislativo Plurinacional, con carácter de urgencia, pueda declarar a la casa y la biblioteca de Roberto Choque y Cristina Quisbert como Patrimonio Cultural de los bolivianos, por la desprotección extrema que sufren en este momento.

Sería una manera de honrar y reconocer el enorme aporte intelectual y de sacrificio que les tocó vivir en vida. ¿Será que la Universidad Mayor de San Andrés, donde Roberto dictó clases y aportó con sus investigaciones, pueda apoyar esta iniciativa ciudadana? Y sería deseable que otras instituciones académicas, culturales y organizaciones sociales ligadas a la cultura ancestral del país, se pronuncien y apoyen esta iniciativa de emergencia cultural extrema. Con este propósito se constituyó una Coordinadora interinstitucional y los interesados/as en apoyar pueden contactarse con el teléfono 69836826.

Jach’a jilat Roberto Choque ukhamaraki Cristina Quisbert jupanakan pankanakapa, ukhamaraki utapxa, jaya larinakapawa katuntasiñ munapxi. Unjtasiñasawa, arsuñasawa uka ñanqha sarawiruxa.

Esteban Ticona es aymara boliviano, sociólogo y antropólogo

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Roberto Choque Canqui

/ 25 de julio de 2020 / 11:08

En esta época dificultosa nos ha dejado el historiador Roberto Choque Canqui. Se han hecho varias semblanzas de su vasta producción intelectual. Yo solo quiero testimoniar algunos pasajes de mi larga amistad con Roberto.

Lo conocí en el Archivo de La Paz (ALP) de la avenida 6 de Agosto, aún era estudiante de la universidad. Había oído hablar de él, sobre todo como parte de la primera generación de aymaras post 1952 que lograron ingresar a la universidad. Roberto fue el primer aymara que estudió Historia en la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA). Yo iba a revisar documentos de los ayllus y comunidades andinos de principios del siglo XX. Un día nos topamos en esos ambientes del ALP y me preguntó “¿quién eres y qué haces?” Yo iniciaba la búsqueda de documentos del movimiento de los caciques apoderados como Santos Marka T’ula y de muchos otros. Al saber que no provenía de la carrera de Historia me dijo “vienen muchos a buscar documentos, pero luego desaparecen”. Recuerdo que después de varios años le recordé esa frase y me dijo: “no sabía que investigar documentos te gustaba”. Nos hicimos muy amigos y poco a poco fuimos compartiendo nuestras inquietudes y trabajos.

En otra ocasión me enseñó su investigación Sublevación y masacre de comunarios de Jesús de Machaca, editado modestamente en 1979 por el área de antropología del Instituto Boliviano de Cultura (IBC). En 1986 fue publicada en libro como La masacre de Jesús de Machaca, apoyada por el Centro Chitakolla.

A raíz de estas publicaciones hablamos sobre la versión oral que yo recogía de los comunarios/as de Jesús de Machaqa. Un tiempo después emprendimos junto con Xavier Albó, Félix Layme y Roberto la tarea de publicar cuatro tomos de la serie Jesús de Machaqa, la marka rebelde. Fue la ocasión para compartir nuestros trabajos. Publicamos otra versión ampliada de Sublevación y masacre de 1921 (Cipca, 1996), donde la mitad del libro es la investigación documental de Roberto y la otra parte es la versión oral que recogí de las comunidades de Jesús de Machaqa. Recuerdo que la presentamos en Sullkatiti-Qhunqhu, la mitad del territorio del gran ayllu de Jesús de Machaqa. En la ocasión, Roberto explicó a los asistentes algunos pormenores de su inquietud de investigar sobre la sublevación de 1921 y cuán difícil fue hacerlo sin apoyo.

En 2003, Roberto Choque publicó Cinco siglos de historia, Volumen 1 de la serie indicada. Me tocó colaborar, junto con Xavier Albó, Félix Layme y Astvaldur Astvaldsson, en las fuentes orales del pasado de Jesús de Machaqa. Este trabajo es la versión histórica más profunda y de largo alcance sobre una las regiones aymaras más interesantes de los Andes bolivianos.

En los últimos años el trabajo de Roberto fue reconocido paulatinamente y fue abriéndose más espacios para sus investigaciones, como el área de la educación indígena que era otra de sus pasiones, y el de los movimientos indígenas y sus líderes. Recuerdo que su tesis de licenciatura Situación social y económica de los revolucionarios del 16 de julio de 1809 recién se publicó en 2008, auspiciada por el Gobierno Municipal de La Paz. ¿Por qué tardó tantos años su divulgación, a pesar de ser muy interesante? Según Roberto, sufrió una especie de veto, porque es la versión crítica de un aymara sobre los acontecimientos de la revolución paceña de 1809. Roberto Choque se quedaba triste y muchas veces en silencio cuando le preguntaba sobre el sufrimiento y formas de discriminación que soportó en la carrera de Historia por algunos de sus colegas y del sistema universitario.

A pesar de su formación de historiador, siempre intentó desmarcarse de esa visión tradicional y elitista. En los últimos años emprendió junto a su esposa Cristina (ya finada), el trabajo de campo antropológico. El resultado de esta incursión es su libro Pablo Zárate Willka y la rebelión indígena, publicada por el CIS de la Vicepresidencia en 2017.

Jach’a jilïri Roberto, wiñay markamaruwa sarawayxtaxa. Lurawinakamasa, amtawinakasa warawarjamaw k’ajani alax pachata. ¡¡¡¡¡Jallalla Roberto Choque Canqui!!!!!

Esteban Ticona es aymara boliviano, sociólogo y antropólogo.

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Adrián Villanueva Quisbert

Llamó la atención su profunda humildad; tenía una enorme experiencia de haber vivido en varios países

/ 28 de junio de 2020 / 07:31

En pasados días el mundo artístico de nuestro país, sobre todo en la región andina boliviana, quedó consternado ante la desaparición del músico y fabricante innovador de instrumentos musicales Adrián Villanueva Quisbert, acaecida en Londres, Inglaterra. Quiero testimoniar algunas facetas, tal vez poco conocidas, y lo que hacía en estos últimos años en nuestro país.

Había oído hablar de él, pero lo conocí en ocasión de un curso sobre diplomacia cultural de los pueblos, organizado en la Cancillería de nuestro país. Los postulantes al diplomado tenían que pasar por una evaluación mediante una hoja de vida artística en ejercicio y una entrevista. Me llamó la atención su profunda humildad, pues tenía una enorme experiencia de haber vivido en varios países del mundo como músico y sobre todo en Europa, convirtiéndose en uno de los embajadores natos de nuestros pueblos y su creación artística. A pesar de ese recorrido en la difusión de nuestro arte en el mundo, no dejaba de expresar que teníamos que seguir aprendiendo y reconociendo el arte de los pueblos ancestrales de nuestro país.

Ya en el curso de formación, siempre mostraba gran voluntad para compartir sus experiencias, rememoraba sus orígenes de aymara urbano y las enseñanzas de sus padres y abuelos en el quehacer artístico. Le gustaba comunicar a los más jóvenes sobre su vivencia y cómo sobrellevó algunas situaciones difíciles en el viejo continente.

Tuvimos la oportunidad de viajar a Santiago, Chile, en ocasión del primer encuentro de Academias diplomáticas de Bolivia y Chile en el año 2009. Él fue parte de una pequeña delegación de estudiantes de diplomacia. En la ocasión llevó algunos de sus charangos, quenas y un pututu de plata fabricados por él y expuso en uno de los salones de la Academia diplomática de Chile. Los charangos de Adrián llevaban el aditamento de tener los retratos de Pablo Neruda, Salvador Allende y Violeta Parra, que llamó la atención de los chilenos de la diplomacia. Pasadas las sesiones académicas nos tocó confraternizar y fue la ocasión para improvisar un grupo musical. Adrián, con su infaltable quena, junto a la charanguista Flor Isabel, la guitarra de Edwin Pantoja y la voz de Esther Marisol posibilitaron oír nuestra música y bailar la cueca boliviana. También visitamos el Palacio de la Moneda, la casa de Pablo Neruda, el museo de Violeta Parra y un centro minero de cobre. En todas estas visitas llevaba su pututu de plata, que llamaba poderosamente la atención, sobre todo en la Moneda.

Después del diplomado, casi siempre estaba de viaje, por ejemplo, a Japón e Inglaterra. Me comentó “que tenía más herramientas para seguir difundiendo nuestro arte y música fuera del país”. Al regreso de sus viajes intercambiamos ideas y recuerdos en un puesto de los libros usados del mercando Lanza. Él buscaba discos de vinil antiguos y yo libros, era el tiempo para conversar sobre varios temas. En otras ocasiones le acompañaba su hija pequeña, que no dejaba de mirar libros y él los compraba. También buscaba obras de música. Recuerdo que me encargó en varias ocasiones un libro antiguo, diciendo “si encuentras en estos puestos u otro lugar La música de los incas y su supervivencia de Raoul Marguerite D’ Harcourt”, que según él, lo había visto en París, pero que no pudo comprarlo.

Otro recuerdo grato fue que desfilamos un 23 de marzo, memoria de nuestra pérdida marítima. Hicimos un lugar especial para la Academia Diplomática Plurinacional, él tenía su pututu de plata e iba adelante, llamando la atención de la gente, pues en un desfile de estas características no suele marcharse con este tipo de instrumentos. Así de sencillo y de convicciones claras fue Adrián. Munat jilata, wiñay markamaruwa sarawayxtaxa. Jikisiñkama jilata. ¡Jallalla Adrián!

Esteban Ticona Alejo
es aymara boliviano, sociólogo y antropólogo.

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De frente en el ch’amak pacha Jikisiñkama: adiós Juan de Dios Yapita

Fue uno de los primeros lingüistas aymaras que junto a otra aymara, Juana Vázquez y la estadounidense Martha Hardman introdujeron al mundo académico el estudio del idioma aymara

/ 13 de junio de 2020 / 06:29

En el mundo aymara cuando alguien muere, se dice wiñay markaparuw sarawayxi, se fue a su eterno hogar. Es lo que ocurrió con Juan de Dios Yapita Moya, quien nos dejó de este mundo terrenal en pasados días. Fue uno de los primeros lingüistas aymaras que junto a otra aymara, Juana Vázquez y la estadounidense Martha Hardman introdujeron al mundo académico el estudio del idioma aymara a fines de la década de los 60 y principios de los 70 del siglo XX, con el título de Aymara, compendio de estructura fonológica y gramatical, originalmente publicado en 1974 y reeditado en 1988.

Cuando era niño oía a mi madre decir “el profesor Yapita está enseñando aymara gratis en la escuela de la zona”. ¿Enseñar aymara en una época donde el castellano era la lengua ultra hegemónica? Sí, ese fue el valor y el coraje de Juan de Dios de apostar a la re-valorización de un idioma ancestral discriminado. Tenía mucha curiosidad de saber e ir a esas clases; pero no hubo ocasión.

Varios años después, tuve el privilegio de que sea mi profesor en la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA), en la carrera de sociología donde dictaba clases. Recuerdo que en la primera clase que tuvimos le comenté que hablaba aymara pero no sabía escribir, y me dijo “puedes dar un examen de clasificación” y así fue, me sometí a un examen de conocimiento del idioma y me llevó al último nivel donde solo enseñaba la escritura y la gramática. Recuerdo el Manual del Alfabeto y Fonémico aymara (1982) que fue el ABC con el que aprendí a escribir.

Fue la oportunidad de conocer algunas de sus obras como Estructura morfológica verbal aymara (1985). Además de T”ak”iparjam Arktañataki. Guía gramatical del aymara I, II y IIIAmuyt’añataki de 1986, que es una recopilación de frases y reflexiones profundas del mundo aymara.

Nos hicimos muy amigos, lo visitaba en la institución que dirigía, el Instituto de Lengua y Cultura Aymara (ILCA), pionera en las instituciones culturales nativas del país. Esta entidad formó varias generaciones de aymaras rurales y urbanos que reflexionábamos en torno a la identidad y con fuerte énfasis en la re-valorización de las lenguas nativas y la investigación propia.

Me contó que su primera profesión fue de contador general, pero su pasión fue la lingüística y los idiomas. Tuvo una larga estadía en Estados Unidos, en el Centro de Estudios Latino Americanos en Gainesville, Universidad de Florida. Fue el espacio que le dio la oportunidad de investigar, de sistematizar y de enseñar el aymara fuera del país. A pesar que él había iniciado su enseñanza de manera libre en una escuela marginal de la ciudad de La Paz, solo a su regreso de Estados Unidos le dieron algo más de importancia. Estas son las paradojas del colonialismo interno que tuvo que soportar y que aún vivimos en el país.

El ILCA publicaba un boletín titulado Yatiñasawa (Debemos saber), que era una gaceta de noticias del momento y todo en aymara, creo que fue la pionera en hacer periodismo en lenguas nativas. También fue editor de aymara newsletter. No menos interesantes son sus libros Enseñanza del aymara como segunda lengua (1986), dirigido sobre todo a los no aymaras, y Vocabulario castellano, inglés, aymara, publicado por Indicep en 1978.

ILCA también publicaba trabajos de otros autores como Desarrollo del alfabeto aymara de Félix Layme (1980); Una introducción programada a la lingüística. Fonética y fonémica de Cynthia D. Buchaman (1983); Aymar tayka de Basilia Copana (1986); El idioma aymara, variantes regionales y sociales de Lucy Therina Brigs, entre otros.Tata Yapita, wiñayatakiwa lurawinakamaxa ukhamaraki amtawinakamaxa. Aruskipasixpñanakasakipunirakispawa, ¡Jallalla Tata Yapita

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