Voces

sábado 24 oct 2020 | Actualizado a 11:27

Sin liebres, la hora de las tortugas

/ 8 de septiembre de 2020 / 10:49

El domingo pasado, Unitel difundió la tercera encuesta de intenciones de voto que este año preparó Ciesmori para la Red, también la tercera autorizada por el OEP después de la pandemia y la tercera vía telefónica. Analicémosla.

Lo primero significativo es que todos los candidatos bajan en el histórico de las tres de Ciesmori (que mantendré en pro de comparación): en votos no ponderados (totales), respecto del 15 de marzo pasado Luis Arce (MAS-IPSP) baja del 33,3% al 26,2% (-7,1%, lejos también de la primera de Ciesmori del 16 de febrero donde obtuvo el 31,6% de las preferencias); Carlos de Mesa (Comunidad Ciudadana), del 18,3% al 17,1% (una caída del 1,2%, aún en el margen de error del 2,2% y que retoma el mismo valor de febrero) y la actual presidenta Jeanine Añez, del 16,9% al 10,4% (-6,5%, lejos del 16,5% en febrero).

Al resto de los candidatos, más lejano, los encabeza Luis Fernando Camacho (Creemos), que del 7,1% baja al 6,9% (en febrero tuvo el 9,6%); Chi Hyun Chung (FPV), del 3,8% baja a 3,3%; Feliciano Mamani (PAN-BOL), desde el 1,9% baja al 0,6%; Jorge Quiroga (Libre 21), del 1,7% mejora al 2,5% (dentro del margen de error), y Maricruz Bayá (ADN) “sube” del 0% al 1% (en marzo ADN no tenía candidato). El resto de los datos obtenidos es: No sabe/No responde 16,6%, Blanco/Ninguno 6,6%, Voto secreto 6,1% (ya decidido) y Nulo 2,7%, por lo que el universo de votos válidos no incluiría los porcentajes de Blanco/Ninguno/Nulo (9,3%) y sí incluiría los de No sabe/No responde/Voto secreto, un margen de 22,7%; éste es el caudal para captar votos de los punteros (incluso en Voto secreto, que puede mutar).

Resumiendo los votos válidos con prorrateo proporcional de los Ns/Nr/Secreto, el MAS-IPSP tendría el 37,3% de las intenciones válidas (sobre el que se ha denominado “voto duro”: alrededor del 35%), CC 24,2%, Juntos 14,4%, Creemmos 12,4%, FPV 5,9% y Libre 21 3,8% mientras PAN-BOL y ADN estarían por debajo del baremo del 3% de votos válidos (0,7% y 1,3%, respectivamente). Tomando esas intenciones proyectadas, el MAS-IPSP estaría a 2,7% de lograr ganar en primera vuelta y al 13,1% de su más cercano (CC) y al 22,9% del siguiente (Juntos), lo que hace imprescindible una reorganización y sinceramiento de las candidaturas para provocar una segunda vuelta y no una victoria del MAS-IPSP, con independencia que éste pueda seguir bajando; en ello influenciarán también los negativos de cada candidatura, analizados por Ciesmori pero no divulgados (a pesar de que eran mencionados por los comentaristas durante el programa televisivo de la presentación).

Desde el punto de prelación regional, en marzo el MAS-IPSP ganaba en 4 regiones (La Paz, Cochabamba, Oruro y Pando), Juntos en 3 (Beni, Santa Cruz y Tarija) y CC en 2 (Potosí y Chuquisaca). A la fecha, la encuesta de intenciones revela que el MAS-IPSP capturó Tarija a Juntos y Potosí a CC, mientras Creemos logró preeminencia en Santa Cruz. En la posibilidad de recuperar territorios perdidos, a CC le será difícil (no imposible) superar la diferencia del 9,3% con el MAS-IPSP en Potosí, mientras que a JUNTOS sería un poco menos para recuperar Tarija (5,7% a favor del MAS-IPSP), a la vez que el 3,9% tras Creemos puede ser remontado, como pasó en las encuestas de febrero a marzo.

Como conclusión, no hay nada definitivo: el MAS-IPSP es muy probable que siga bajando, CC debe dejar esperar el debilitamiento del resto (sobre todo porque en La Paz, su origen, pierde al 17,9% de diferencia) y Juntos debe hacer una profunda reingeniería estratégica para competir de segundo (y recuperar Santa Cruz, asegurando dos senadores y primera mayoría de plurinominales, además de potenciar sus uninominales). Hora de correr.

José Rafael Vilar es analista y consultor político.

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Indecisos (y políticos) golean para el MAS

/ 20 de octubre de 2020 / 09:48

El domingo fueron las elecciones. Contra los augurios, fueron elecciones tranquilas, sin conflictos relevantes ni violencia, una fiesta democrática celebrada por propios —Presidenta Áñez, TSE, Conferencia Episcopal— y ajenos —veedores internacionales. Las recriminaciones y perplejidades vinieron con las tendencias que, de madrugada, revelaron los exit polls de la empresa Ciesmori y de la organización TuVotoCuenta.

Al final de la jornada de votación, circuló un presunto resultado de TuVotoCuenta que daba una diferencia entre Arce (MAS-IPSP) y De Mesa (COMUNIDAD CIUDADANA) de 44,7% a 32,2%, respectivamente, y Arce —superado el 40% con diferencia del 12,5%— era ganador en primera vuelta. 

Los resultados de los los exit polls fueron más amplios aun: Ciesmori dio 52,4% a Arce y 31,5% a De Mesa —Arce pasaba del 50% más un voto, se acercaba al 53,7% de Morales en 2005 y sobrepasaba el 47,8% del fraude de Morales en 2019—; TuVotoCuenta dio el 53,0% (Arce) y el 30,8% (De Mesa). En ambas, Camacho tenía el 14,1%.

¿Por qué estos resultados? Un análisis desprejuiciado empieza por el cansancio electoral: un proceso iniciado en octubre de 2018 con la convocatoria a primarias, fracasado en octubre de 2019 con el fraude y que llegó a octubre de 2020 —tras tres postergaciones por la pandemia—, sin finalizar la crisis sanitaria y dentro de una crisis económica de amplias proporciones que tensionará, sin dudas, la gestión del próximo gobierno.

El segundo factor: la desunión de los opositores al MAS —siete partidos y alianzas— frente a una organización —más que un partido, aunque en el imaginario lo sea— que, más allá de fricciones internas, estaba unificado bajo una consigna: volver al Poder. La constatación por las encuestas —tan despreciadas por candidatos sin opciones— de la incapacidad de ganar llevó a la bajada de Juntos al reinicio de las campañas pospandemia, y, extemporánea ya, de Libre 21 y ADN. ¿Hubiera significado algo la bajada —tantas veces autoinsinuada antes— de Creemos? Si sus votos hubieran migrado todos a De Mesa, matemáticamente pudo provocar una segunda vuelta pero también hubiera frustrado a sus seguidores, convencidos de su presunto liderazgo —circunscrito en lo regional, inexistente en lo nacional.

La pandemia de coronavirus desnudó falencias del Gobierno transitorio —además de que abandonó el papel de árbitro para ser participante, lo que perjudicó el proceso alargado—, de la oposición y sus candidatos, y adelantó —ampliándola— la crisis económica que se preveía gestionaría el próximo gobierno. Esto ayudó a Arce: como ministro de Economía administró —con aciertos y desaciertos— el boom extraordinario de ingresos por materias primas que, entre 2008 y 2014, dio una falsa bonanza al país pero que el gobierno del MAS logró atribuir, en el imaginario popular, a la gestión de Arce y su partido; ese mismo imaginario, lejos de la macroeconomía, ahora le atribuyó la capacidad mágica —suposición muy errada— de poder solucionar la crisis y le dio muchos votos.

Por último —seguro dejo algo sin analizar—, las mismas campañas: el MAS-IPSP y Creemos se lanzaron en terreno —espero con suficiente bioseguridad— a captar votos y devotos, mientras Comunidad Ciudadana se redujo a las redes y los medios, a medias entre la abulia y, quizás, la soberbia.

El discurso de victoria por Arce tuvo tags positivos —unidad, reconciliación, recuperación— y silencios manifiestos —sin mención de Evo ni el grupo de Buenos Aires, distanciamiento en sus mensajes que ya avanzaba desde los sucesos de agosto y posteriores. ¿Cuánto será cálculo político y cuánto voluntad manifiesta?

El domingo, el parto electoral fue sin violencia. Confiemos que el proceso hasta la proclamación oficial y la transición sigan así.

José Rafael Vilar es analista y consultor político

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Voto convencido, esperanzado o por miedo

/ 13 de octubre de 2020 / 09:23

No voy a hablar del contenido de las encuestas porque, aunque pudiera argüir que el artículo 116 b) de la Ley Electoral 026/2010 me ampara hacerlo hasta el miércoles 14 de octubre porque no es “difusión o publicación de estudios de opinión en materia electoral”, como restringe el artículo 130 a) de la misma norma, pero como un medio me censuró (autocensura) la grabación de una entrevista en vivo donde les comparaba encuestas, prefiero no hacerlo.

Pero como nada me inhibe de hablar en general, voy a hacerlo, con la complicidad de ustedes, mis lectores.

Entre el 8 y el 11 pasados se difundieron cuatro encuestas (me abstengo de identificarlas), con lo que llegamos a 10 realizadas a partir del 22 de julio (solo considero las encuestas de carácter nacional autorizadas por el TSE) y con ellas llegamos a un status de equilibrio (emocional, claro) inestable y al límite: ¿habrá segunda vuelta?, ¿alguien ganará en primera? El margen entre los síes y los noes de los dos primeros ubicados (no los menciono para evitar susceptibilidades legales) en tres de ellas es entre uno y dos puntos porcentuales, redondeados. Y acá va el dilema conflictual: las encuestas dan entre 10 y 22 puntos porcentuales para indecisos: ¡el tercer “candidato con más ‘intenciones’” sería… el que no sabría aún por quién votar! Claro que esas respuestas encuestadas pueden ser para “marear la perdiz” de los estrategas y encuestadores, pero en el atribulado y constreñido (en adhesiones) panorama electoral pospandemia captar indecisos es la opción A+ de cualquier estratega. (Para los que están preguntándose qué pasa con el voto exterior como alícuota del total de habilitados, el porcentaje global es el 4,1% y los mayores aportantes, Argentina (1,9%), España (0,8%) y Brasil (0,6%), cuyas intenciones no fueron encuestadas pero que tienen claras tendencias “históricas”.)

No voy a pedir a Argos Panoptes que nos preste alguno de sus cien ojos para ver mejor ni que Tiresias o Calcas nos auguren. Solo categorizaré un poco los posibles motivadores de votos.

Primero tenemos un “voto convencido”, aquél que un elector —fanático o no— proveerá al lema o candidatura que le empatiza y que deviene en el voto duro, o inamovible. Luego está el “voto esperanzado”, aquél que el elector asigna a un lema o candidatura —y muchas veces: una consigna— que moviliza sus aspiraciones; un ejemplo claro de este voto es el “voto útil” de 2019: para sacar al MAS del poder y que migró de varias candidaturas hacia la que daba más opciones de lograrlo. Por último, me referiré al “voto por miedo”.

El “voto por miedo” no es racional: es puramente emocional. Responde a una única afirmación, que puede expresarse de diversas formas: “me aterra la vuelta del MAS”, “no quiero que regrese el MAS”… “ya no puedo vivir bajo el MAS”(espero que nadie se ofenda por estas alusiones tan precisas e intencionadas).

Como emoción, el miedo debe estar en la base de Maslow: el miedo puede ser tan fuerte motivador como el hambre. Y el miedo —ése que está al final del callejón sin salida y aparece cuando ya se pierden las opciones con esperanza— puede, en pocos días, cambiar totalmente —trastocar— los augurios previos para una elección: ya pasó —por esperanza— en la semana del silencio electoral de 2019, ¿y qué no pasaría por miedo?

Quizás —solo quizás— esta semana —incluyo el domingo con el bolígrafo frente de la papeleta— sea de muchas decisiones abruptas (quizás no). Lo cierto es que aritméticamente —oh Diofanto— solo hay dos candidatos —no tres— que podrían —si el voto ciudadano lo decide— presidir Bolivia los próximos cinco años, pero también hay muchos sentimientos encontrados, asentados en la memoria del país.

Confiemos que el parto sea sin violencia.

José Rafael Vilar es analista y consultor político

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(No)debate, ‘perversa encuesta’ y Diofanto

/ 6 de octubre de 2020 / 07:47

El final de semana pasado hubo dos eventos anunciados como debates pero realmente muy diferentes: Después de 18 años (aquél en el que el candidato Manfred Reyes Villa arguyó desconocer a su suegro), candidatos presidenciales bolivianos se encontrarían juntos frente a Bolivia para presentar sus ideas.

El primero, con la asistencia de todos ellos y organizado por la Federación de Asociaciones Municipales de Bolivia (FAM) con participación de la Confederación Universitaria Boliviana (CUB), con el pretencioso nombre del Gran Debate y que resultó un no-debate (foro) sin periodistas, para que los candidatos dijeran sus posiciones más que propuestas en sí; quizás lo más rescatable fue cuando el candidato del MAS aclaró que él arreglaría todo lo que el ministro de Economía del MAS (él mismo) erró en el cuatroceno pasado. Quedaron varias susceptibilidades en la audiencia: el evento fue transmitido por la Red ATB (la preferida del masismo y de bajísimo rating); fue efectuado en el hotel Radisson de Santa Cruz de la Sierra, operado por la Sociedad Nulife Hoteles SRL cuyo accionista mayoritario es Juan Valdivia Almanza, principal accionista de Gravetal y exdiputado del MAS; por último, el coorganizador fue Max Mendoza Parra, presidente de la CUB y miembro del CONALCAM (masista), experto en lides universitarias donde lleva 28 años como estudiante sin egresar.

El del domingo, en La Paz, fue muy diferente desde su organización (Confederación de Empresarios Privados, Asociación Nacional de Periodistas, Fundación Jubileo y UMSA, entre otros) y con patrocinio de organizaciones internacionales; con periodistas conocidos (Myriam Claros y Tuffí Aré) y los candidatos asistentes hicieron lo que se espera de un debate: réplicas y dúplicas a los comentarios de los otros.

Hubo dos ausencias: de los candidatos del MAS y de Creemos. El del MAS se justificó diciendo que estaba comprometido para una entrevista en vivo en la Red Uno, la que, casualmente, fue cambiada de otro día ya anunciada para ese domingo dejando dudas si era un gafe grave de coordinación (imposible cuando dirigía Marcos Montero, recientemente fallecido) o una intencionalidad de boicot al debate. Por su parte, el candidato de Creemos arguyó que, como el candidato Carlos de Mesa (Comunidad Ciudadana) se ausentaba si el del MAS no asistía, no iba aunque perdía la oportunidad de ser el candidato presente con más intenciones de voto; al final, De Mesa asistió tras el reclamo de las organizaciones a cargo mientras que los asesores de Creemos no le advirtieron a su candidato que esos “anuncios de ausencia” son tácticas para que, al confirmar después la presencia, se realce la imagen de importancia (por el reclamo y condescendencia con éste) del candidato que presuntamente iba a ausentarse; así, el candidato de Creemos no aprovechó la oportunidad de captar entre los aún muchos indecisos.

No analizaré el desempeño de cada candidato ni en sus afirmaciones: voy a sus actitudes. Posiblemente los largos años sin este ejercicio democrático (Morales Ayma, por razones obvias, siempre lo eludió), llevó a algunas actitudes excesivas de los candidatos de ADN y, sobre todo, Frente Para la Victoria (FPV). Preocupante sí, y mucho, que el FPV negara credibilidad al actual Tribunal Supremo Electoral (TSE) y, aun así, participara de unos comicios en los que no confía, negándose a aceptar desde ya los resultados, en una actitud muy similar a la sostenida por el MAS.

Por último: Quiroga (y antes Camacho) acusó de manipuladas las encuestas avaladas por el TSE que no le benefician. Las encuestas de intención de voto son fotografías de un momento dado y, por ende, susceptibles a modificarse por factores relacionados con la campaña o la situación del país. Faltan aún otras hasta el 18 y ese día sabremos de su fiabilidad.

Así es la democracia… y la Arithmetica de Diofanto de Alejandría.

José Rafael Vilar es analista y consultor político

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Nuevo panorama, aún dudoso escenario

/ 22 de septiembre de 2020 / 13:52

Desde el 18 de agosto han salido cuatro encuestas que fueron marcando tendencia: Mercados y Muestras (1: 18 de agosto y 2: 15 de septiembre), Ciesmori (6 de septiembre) y Tu Voto Cuenta (16 de septiembre). La de IPSOS, anterior a la primera de Mercados y Muestras (MyM), era solo urbana y con mayor error de muestra.

En votos totales (incluyendo los que no se cuentan en resultados finales, como voto en blanco y nulo, y las no definidas, como voto secreto y no sabe/no responde) y redondeando los porcentajes de intención de voto, la candidatura de Luis Arce Catacora (MAS) transitó entre el 23% (MyM1), 26% (Ciesmori), 25% (MyM2) y 29% (TVC), lo cual podría dar a suponer que tuvo un repunte entre mediados de agosto y de septiembre del 6% (entre Ciesmori y TVC se reduce al 3%), en parte atribuible por los errores muestrales; también, el estudio de agosto estuvo inmediato con los conflictos violentos de ese mes y en septiembre inferiríamos que las denuncias de estupro para su líder autoexiliado no incidieron. De todas formas, ya que esas fotografías (eso son las encuestas de intenciones de votos) dan un leve ascenso al masismo (luego de la caída respecto a la prepandemia), es bueno analizar al resto de los candidatos y variables para conocer de dónde recibió las nuevas intenciones aportadas.

Carlos de Mesa Gisbert (Comunidad Ciudadana) obtuvo, en porcentajes, el 23% (MyM1, empatado con Arce), 17% (Ciesmori), 22% (MyM2) y 19% (TVC), valores más altos en MyM y menores en Ciesmori y TVC; en éstos dos, el spread con Arce es de solo el 2%, “bailando” en los errores muestrales. En el mismo período, Jeanine Añez Chávez (Juntos) pasó del 12% (MyM1, lejos del 18% en febrero por la misma encuestadora), 10% (Ciesmori), 8% (MyM2) y 8% (TVC), una diferencia aproximada del 4% entre la primera y la cuarta encuesta pospandemia que (considerando su caudal electoral) no hubiera ido para el MAS. El siguiente, Luis Fernando Camacho Vaca, transitó entre el 6% (MyM1), 7% (Ciesmori), 8% (MyM2) y 10% (TVC, posible error muestral) y el resultado de TVC le dio el tercer lugar pero aún significativamente lejos de De Mesa. El resto de los candidatos siempre salieron de las posibilidades parlamentarias y de mantener su sigla.

Los indecisos transitaron por 19-17-21-10% y los ninguno/blanco/nulo entre el 11-9-11-18% (no incluyo voto secreto), por lo que podemos concluir que la reducción de los indecisos (excepto MyM2) pudo beneficiar a Arce y, menos, a Camacho (aunque quizás su leve ascenso pudo beneficiarse más de los candidatos residuales).

Analizando proyecciones promediadas sobre votos válidos (prorrateando indecisos/voto secreto y obviando ninguno/blanco/nulo) en los estudios de septiembre, Arce obtendría el 38% (37-37-40%; TVC lo dio ganador en primera), Mesa el 28% (24-33-26%, favorecido por MyM2 y entre 10 y 14% debajo de Arce), Camacho el 13% (12-12-14%, sin posibilidades y a entre 16 y 18% de Arce) y Añez el 11% (14-12-8%).

El jueves 17, tras las últimas proyecciones muy desfavorables, la Presidenta preventivamente decidió bajarse para evitar la victoria del MAS. Esto tendrá dos efectos: el reacomodo de los votos de Juntos (que beneficiarían principalmente el voto útil a De Mesa y, quizás, una fracción a Camacho) y la posibilidad de que entre los cuatro candidatos residuales hayan nuevas bajadas.

La próxima encuesta confirmará una fotografía muy diferente: Las posibilidades de Camacho de competir en balotaje son nulas (debería duplicar sus intenciones de voto); Arce solo tiene posibilidades de contraerse; el voto útil va a decidir y los votos que se drenen del voto útil solo beneficiarán la mayoría legislativa masista, como analizó Jimena Costa recordando que, para 2014, Raúl Peñaranda demostró cómo los votos al PDC redujeron los elegidos para bancadas no masistas y potenciaron los 2/3 del MAS.

José Rafael Vilar es analista y consultor político.

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País cautivo, la barca de todos

/ 25 de agosto de 2020 / 09:19

Bolivia es un país cautivo de la violencia y los bloqueos del MAS en caminos y avenidas y en la Asamblea, del coronavirus y de un azaroso proceso electoral que, en medio de las tensiones de ambos, justificadamente se ha dilatado.

¿Por qué cautivo del MAS? Amén de los 14 años de manejo del país y de sus bloqueos y enfrentamientos la década anterior, porque desde que el 21 de octubre fracasó en consumar su fraude, ha intentado recuperar el Poder, ya sea por métodos violentos en noviembre pasado y cada vez que oportunistamente creyera lograrlo (boomerangs para el mismo MAS, incluso acusando fracturas) y desde la Asamblea, bloqueando al Ejecutivo y proponiendo festinada y malintencionadamente.

Cautivo del coronavirus, que trastocó al país (y el mundo) porque detuvo la economía y agravó la ya muy precaria sanidad pública, objeto de demagogia pero permanente abandono del MAS y falta de inversión de gobiernos precedentes.

Cautivo de la “oposición democrática” porque desde el fracaso de la unidad en enero y la proclamación como candidata de la presidente Añez Chávez, los partidos y frentes con candidaturas se distanciaron del Gobierno, sin colaborarle efectiva ni discursivamente. El intento de acercamiento en febrero, promovido por el Comité Pro Santa Cruz, tuvo tibios resultados que pudieron mejorarse en una segunda cita para abril que la endemia frustró.

Y, por último, cautivo del propio Gobierno, tanto porque la pandemia y el doble traspaso de fecha de las elecciones han sido una combinación lógica pero perversa para un gobierno surgido para puente transitorio como por errores propios, no pocas veces consecuencia de inexperiencias e improvisaciones de gestión tras muchos años solo en oposición activa (como el haber facilitado la corrupción de masistas y oportunistas: caso respiradores) y otros que han sido vicios “heredados” de años de otros gobiernos hacer la política.

La candidatura de la presidenta Añez Chávez, totalmente legal desde nuestro ordenamiento constitucional, le ha impedido mantener una posición de árbitro respecto al resto de los partidos y conllevó que todo anuncio de su gestión se pudiera interpretar (maliciosamente o no) como “campaña”. La decisión de terciar en las elecciones, impelida tanto por el fracaso del llamado a la unidad (frustrado previo de su proclamación) como por la necesidad de su fuerza política de mantener el Poder electoralmente, ha sufrido los embates de la crisis sanitaria, del masismo (hoy en visible fractura como cuestionada la guía de Morales y el grupo exiliado en Argentina) y el cerco “distanciador” de la “oposición democrática”.

Por lo demás, asumo que, a pesar de desaciertos, anuncios incumplidos e improvisaciones consecuentes del calamitoso estado sanitario nacional y del bloqueo legislativo masista, la gestión de la pandemia, sin ser excelente, ha logrado evitar el colapso sanitario del país y gestionar la crisis mejor que otros países de la región, evitando niveles catastróficos, lo que ha redundado que (si no hay recontagios) algunos departamentos ya estén saliendo de la fase aguda y entrando en estadios de meseta, aunque otros (con mucho por consecuencia de las últimas violencias masistas) estén subiendo sus niveles de contagio.

El mensaje “Esperanza en medio de la adversidad” de la reciente CVII Asamblea de Obispos de Bolivia marca urgencias que son prioridad para todos los bolivianos: la solidaridad, la educación de calidad y la sanidad para todos, el bien común y el respeto a la libertad, entre otros. Importante como todo ello es su constatación de heridas sociales aún no sanadas, polarizaciones en nuestra sociedad, y su prédica para todos de solidaridad y esperanza, reales desarmes espirituales entendidos sin sectarismos ni egoísmos. Asumamos ese reto porque Bolivia es la barca de todos.

José Rafael Vilar es analista y consultor político.

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