Voces

jueves 1 oct 2020 | Actualizado a 08:00

¡Maten al indio!

/ 13 de septiembre de 2020 / 05:42

Frase recurrente durante toda la historia de Bolivia, a causa de las constantes sublevaciones de las naciones que siempre estuvieron resistiendo a los colonizadores ibéricos y a los otros que llegaron después; inclusive antes  que un grupo de doctorcitos criollos  huayralevas (con las levas al viento) tuvieran la provechosa idea de restaurar sus privilegios coloniales creando un fundo y bautizarlo República de Bolívar para que el Libertador, tocado en su egolatría, aceptara el proyecto. Es decir que la restauración tampoco es una acción política nueva, siempre la pulsión entre el viejo orden aupado por las castas y los sucesivos intentos de cambiarlo tuvieron esa oscilación histórica.

No otra cosa pasó durante la llamada Guerra Federal, entre el federalista General Pando y el constitucionalista Fernández Alonso, cuando el líder aymara Zárate Willka, aliado del General, profesaba” la doctrina según la cual la sociedad andina debía retornar al antiguo orden prehispánico o por lo menos a uno parecido, y esto hace suponer su intención de favorecer, en los hechos, la vuelta del mismo, aprovechando el estado de guerra (pachakuti) en el que intervino”, a decir de Condarco (1969). Este líder aymara emitió una proclama en Caracollo exigiendo respeto, pese a admitir la república con los diezmos y primicias del colonato. En sus partes salientes proclama: “2° Con grande sentimiento ordeno a todos los indijinas que guarden respeto con los vecinos y no hagan tropelías (ni crismes) porque todos los indijinas han de levantarse para el combate y no para estropear a los becinos/tan lo mismo deben respetar a los blancos o besinos a los indijinas porque somos de una misma sangre e hijos de Bolivia y deben quererse como entre  hermanos i con indianos… 4° Tanto hago la prevención a los blancos o besino para que guarden el  respeto con los indijinas según /lo/ epresado en el marjen… (sic) 28 de marzo de 1899”.

Ya sabemos cómo terminó este suceso histórico para llegar a un momento constitutivo inestable: eliminaron a Zárate Willca y establecieron un acuerdo  entre Pando y Fernández Alonso porque  avizoraban que perderían sus privilegios. Nunca cumplieron con la nación indígena sobre la restitución territorial. Los periódicos de la época califican a los sublevados de salvajes, bestias, ignorantes, etc., visión sedimentada en el imaginario criollo mestizo que ha cambiado muy poco y que ahora es acentuada por la prensa audiovisual.

En el Gran Chaco, las constantes invasiones por parte de los herederos de la colonia a los territorios de las naciones indígenas chiriguanas-guaraníes, tapietes y tobas determinaron a los líderes a firmar un tratado de paz el 15 de septiembre de 1884, ante el peligro del exterminio y genocidio de sus pobladores. Seis años antes del estallido de la Guerra Federal, lo que nos hace suponer que existían relaciones entre estos grupos.

Los capitanes nombrados para la firma, elaboraron los temas y presentaron al representante del gobierno, Coronel Estensoro, varios puntos, entre éstos: “Cierren U.U todos los Caminos de la Guerra como lo hemos hecho nosotros i si encontramos en alguna parte sangre; la cubriremos con tierra para que no se conserve ningún recuerdo. Nos hemos inferido grandes males de parte a parte i como ya ahora somos amigos no tenemos que hacernos cargos ni reclamos de ningún género porque si es verdad que nosotros hemos robado ganado vacuno caballar y mular y muerto a caraís (blancos) i hecho cautivas a unas señoras, las que siempre hemos devuelto, Uds. también nos han quitado caballos y mulas nos han hecho cautivos a nuestros hijos y mujeres en número infinito… (sic)”. Este documento tiene el punto cuarto que dice: “Una vez rotos los presentes tratados por parte de U.U, no se aceptaran otros i se declarará la guerra de exterminio completo (sic)” El franciscano Gianechini fue el mediador.

En el Acre (1901) estaban sucediendo similares conflictos con los territorios del caucho, origen de la esclavitud de grupos indígenas; por lo tanto, asegurar que hubo pacificaciones son  eufemismos. Hubo treguas que se fracturan cada década y media para empezar otra vez y buscar el momento constitutivo que siempre será frágil. La acumulación histórica de la exclusión de las mayorías bolivianas sigue creciendo y podemos repetir la historia.

Édgar Arandia Quiroga es artista y antropólogo.

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El factor ‘khencha’

/ 27 de septiembre de 2020 / 07:24

Cuando Borges calificó a la democracia como un abuso de la estadística, no estaba lejos de la verdad, además concretó su afirmación al citar a Carlyle que la definió como el “caos provisto de urnas electorales”. Cuando la dictadura militar argentina declinaba irreversiblemente (1983) y se llamó a elecciones, reconoció que su dictamen fue refutado “espléndidamente”. No sabemos si eso ocurrirá en Bolivia.

Las últimas cifras de la encuesta electoral confirmaron la condenatoria a los últimos lugares de la señora Áñez, cuyo caudal de votación se esfumaba cada semana   para migrar a otros grupos que fundaron empresas políticas, nombradas en Bolivia como frentes, concertaciones, alternativas, inclusive partidos. El Movimiento Al Socialismo (MAS-IPSP) es la única agrupación que tiene estructura partidaria y presencia en los nueve departamentos de Bolivia y cuyas disputas internas son descarnadas y feroces a la hora de decidir por sus candidatos; es una estructura primaria donde todavía reina el cacicazgo y los lazos verticales y horizontales del compadrazgo.

En las otras empresas políticas no ocurre eso, simplemente la cúpula decide a partir de intereses corporativos, patrimonio personal y cuotas magnánimas para ocupar la proclamada “franja de seguridad”, que no es otra cosa que garantía de impunidad asegurada para que el postulante generoso rescate su capital y lo reproduzca de manera geométrica, sin peligro de ir a la cárcel.

Algunos analistas políticos profesionales y comentaristas aficionados como nosotros, no tomamos en cuenta que la subjetivad de las clases populares no se basa exclusivamente en cálculos estadísticos y matemáticos, sino que existen otros factores que están sedimentados en el ethos de la población marginal, comportamientos no medibles y que crean un espejo ciego que impiden ver otros caminos.

Así, después de la Guerra Federal (1899-1900), luego de la persecución y asesinato de Zárate Villca y sus cercanos colaboradores, “el cholaje y la indiada”, como gustaban valorar a la mayoría de la población en aquella etapa histórica, calificaron al Gral. José Manuel Pando como El K’encha. En el sabroso Diccionario del Saber Popular de Antonio Paredes Candia (1924-2004) se lee: “Khencha, (El).- Lenguaje popular. De carácter político.a. del General de División José Manuel Pando, Presidente de Bolivia (1899-1904)”.

Origen del apodo: fue uno de los promotores de la Revolución Federal donde murieron muchos bolivianos. Las creencias aborígenes dicen que es khencha quien derrama la sangre de sus hermanos. (p. 271-2005).

A estas “creencias” se adhiere una multitud heterogénea de la población y abren múltiples interpelaciones morales a los políticos que usaron el poder para imponer con la fuerza bruta, sus intereses de casta y de grupo. Esta ligazón con la memoria corta y larga precede a la hora de decidir por el candidato y la calificación moral antecede a cualquier valoración de gestión y administración del Estado.

La población excluida, marginal y con índices de analfabetismo funcional o no, juzga a los khenchas en los mercados populares, en los miles de pueblos del área rural. Esa inteligencia ética está incorporada en su vida diaria porque vive en sus muertos de las masacres y actos represivos; cada muerto es una señal y genera solidaridad estableciendo una visión diferente de la clase media y la clase pudiente, tal vez más cerca de los gremiales, obreros y campesinos y lejos de los empresarios.

Al revisar las sañudas disputas que se narran en la historia de un país fracturado como Bolivia, se descubre la enorme cantidad de khenchas a los que tuvo que resistir y sobrellevar la mayoría de los bolivianos, como si la violencia, a partir de la eliminación del opuesto, fuera la única posibilidad de generar un espacio de concertación más o menos duradero.

 Esta sedimentación cultural popular ha extendido su fatalidad no solo a los que matan a sus hermanos, sino también a los que nunca pueden consolidar sus proyectos, porque sus padres o abuelos participaron en masacres y genocidios o se hicieron ricos de manera dolosa con el sufrimiento de muchas personas; por lo tanto cargan un khencherío casi contagioso.

En la memoria popular todavía se recuerda al juez Uría que mandó a fusilar a Jáuregui, en un juicio político por la muerte de Pando; casi medio siglo después, el hijo de éste, fue colgado con Villarroel en 1945.   

Édgar Arandia Quiroga es artista y antropólogo.

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Cambio de clima

/ 30 de agosto de 2020 / 00:41

Diez de la mañana, sol de invierno, una luz traslúcida talla las sombras de un camión y de los enseres de mi compadre Teo que están apilados en la calle. Está abandonando su taller en el que estuvo trabajando casi tres décadas; finalmente sus dueños de casa lo echaron porque no puede ganar para pagar el alquiler y no entienden ni perdonan el atraso. Una parte de este barrio acabará de morir con su partida. No tengo palabras para demostrarle mi cariño y solidaridad, no podemos hacer nada por él, ni por mi comadre y nuestro ahijado. Recuerdo que le presté mi columna para que le escribiera al ministro de Gobierno Murillo y tuviera la ocasión para decir lo que sentía y pensaba sobre el desvarío democrático que fue el preludio de la pandemia y que ocasionó el desastre social que sufrimos. La carta que se publicó, levantó su ánimo y estaba muy orgulloso de haberlo hecho. Ahora se va y me confiesa que consiguió algo en El Alto y que estará bien porque mi comadre cocina y sabe hacer negocios, y que el debate sobre las vacas comunistas quedará en suspenso hasta primavera.

Somos dos viejos camaradas y ya no tenemos miedo de nada, por eso denostamos contra los políticos corruptos y venales que se aprovechan de la generosidad de nuestro pueblo para ser elegidos y luego convertirse en nocivos. Nuestra fe en el Señor del Gran Poder y el Tata Santiago nos permitió mantener la amistad a pesar de las diferencias que alguna vez tuvimos, sobre todo ocasionadas por los sucesos políticos de octubre del año pasado. La pandemia nos ahogó, como a la mayoría, y para consolarle le cuento que mi proyecto  también se vino abajo y tengo problemas. Le digo que ni él ni yo ya no podemos reinventarnos porque lo que hacemos es lo único que sabemos hacer con gusto.

A unas cuadras cerca del taller de mi compadre, está la casa de la señora María Palacios que guarda detención en el Centro de Orientación Femenina de  Obrajes, hace más de medio año. La acusaron de conspiración, sedición y otros supuestos delitos. No le comprobaron nada, ni su supuesta militancia política; su “delito” fue llevar una remesa a la Argentina de los sueldos de PDVSA. Nadie se acuerda de ella y es una flagrante injusticia que se comete porque ninguna persona puede estar privada de su libertad tanto tiempo sin un juicio. Patricia Hermosa, otra señora que estaba con detención, luego de un calvario en que perdió a su bebé, finalmente fue liberada; el exministro Romero y el exalcalde Cronembold lograron detención domiciliaria. Mi compadre fue testigo de cómo invadieron el domicilio de la señora Palacios, como si se tratara de una terrorista y solo encontraron el documento de una pequeña propiedad de su empleada. Su señora madre anciana languidece y solo reza, esperando justicia. La defensora del Pueblo, señora Nadia Cruz, debe actuar, aunque la acusen —como siempre— de defender masistas.

Entretanto, las viejas prácticas de las guerras sucias entre los políticos evidencia la fractura social integral que sufre Bolivia desde la conquista, expresada en el odio racial y el pensamiento medioeval de algunos dirigentes de Santa Cruz que no les permite saltar al siglo XXI y tener líderes de trascendencia nacional. Estos aspectos han engendrado una polarización que no tiene un mínimo de recato a la hora de intentar destruir al rival opositor, hasta el extremo de linchar mediáticamente a una joven. Llama la atención la triple moral, sobre todo de algunas periodistas mujeres que con espíritu maniqueísta tratan de descalificarla y con ella al expresidente para restarle votos a su partido político.  Muchos periodistas de los medios televisivos se han convertido en promotores del regionalismo y del continuismo de la Sra. Áñez y es notorio y explícito su contubernio a la hora de informar sobre el tema y regodearse morbosamente pensando en su peculio. Mientras el crimen del policía Mina, muy cercano al ministro Murillo, ha ocasionado que éste instruya que los aspirantes a policías deben pasar por un examen psiquiátrico. Sería prudente que él diera el ejemplo porque ya lo necesita hace rato.

Édgar Arandia Quiroga es artista y antropólogo.

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¿Bestia sobrenatural?

/ 16 de agosto de 2020 / 07:23

Una de las características del neofascismo, encarnado y expandido por el desacreditado presidente norteamericano de padres emigrantes Donald Trump, es su afán de mostrarse moral e intelectualmente superior a los afronorteamericanos, emigrantes sudamericanos y árabes, sin contar con el rotundo desprecio a los legítimos dueños de esos territorios: los pieles rojas. En varias ocasiones, cuando empezaba su gestión presidencial, los llamó bestias, delincuentes, asesinos, criminales y una sarta de descalificaciones con el propósito de erigirse en el  perdurable ejemplo de la supremacía blanca en los Estados Unidos, en desmedro de los derechos y libertades del resto de los ciudadanos. El asesinato público por la policía de Minnesota de un ciudadano afro, desató una ola de movilizaciones que, pese a la pandemia y los meses que pasaron de este vergonzoso asunto, la indignación en la sociedad del mundo sigue vigente.

  La ambigüedad de los discursos del presidente norteamericano no le ayudará en nada para recuperar el terreno, quiere ganar las elecciones para un segundo periodo que le permita revertir el ocaso de su perversa ideología que ha oscurecido el mundo. Ha generado irreversibles resquebrajaduras en su sociedad, que nos permiten vislumbrar la inevitable hegemonía de la China Popular, aunque para desgracia del mundo, vuelva a ganar un segundo mandato.

Esta tendencia conservadora y oscurantista tiene sus émulos en Bolivia, así el heredero de la presidencia del Comité Cívico de Santa Cruz que cogobierna con la Sra. Áñez, Sr. Ro-mulo Calvo, ha emitido un documento de la Asamblea de la Cruceñidad, arrogándose la representatividad de obreros, campesinos, indígenas originarios, clase media, etc. Ha llamado bestias humanas a las multitudes que bloquean los caminos y calificó a los emigrantes de malagradecidos porque, según él,  ahora gozan de un bienestar y deberían ser sumisos como ovejas y obedecer al amo. Este modelo de discurso racista, que devela un odio secular a las mayorías sociales explotadas, pobres e indígenas, fue erigido desde la colonia, cuando presa del pavor y el miedo, las clases hegemónicas organizaban masacres para eliminar a esas “bestias humanas” que eran los legítimos dueños de estos territorios.

El  señor Calvo debería, al igual que su referente norteamericano, enterarse dónde estuvieron sus bisabuelos antes de lanzar su brutal discurso fascista, de dónde vinieron y en qué condiciones. Seguramente se llevaría muchas sorpresas y se preguntaría: ¿De dónde viene mi odio? ¿Qué clase de formación humanista tuve para ser así? ¡Qué pensarán sus docentes al haber engendrado un profesional de estas características brutales! No es difícil imaginarse lo que le pasaría si algún paciente emigrante o colla cae en las manos de este Menguele criollo.

Todo este escenario virulento permitió la visibilización de antiguos grupos de choque del Comité, como el señor Guedes, recientemente excarcelado, y vinculado con el grupo paramilitar separatista Los Angelitos de Roscha. Este avezado unionista apareció comandando  una tropa de gente uniformada que develaba la ingesta continua de churrascos y cerveza, dispuestos a apalear collas. No es extraño que el nuevo ministro Marincovich no abra la boca porque todo apunta a un plan de prorroguismo que se desprende del discurso del Menguele híbrido que solicitó la renuncia del presidente del Tribunal Supremo Electoral con este velado fin.

Hasta el eterno candidato Doria Medina, en un conocido programa televisivo favorable a estos grupos de poder, aprovechó para expresar su odio, asegurando que los campesinos originarios del occidente son pre modernos y tienen “envidia” de los campesinos del oriente. ¿No estará enterado de que una gran parte de esos campesinos son emigrantes? Arremetió también contra Carlos Mesa, acusándole  de menospreciar el provincianismo del oriente para ganarse la simpatía regionalista.

El Comité Cívico de Santa Cruz, hace varias décadas, tiene anclada su visión en los gobiernos militares, hecho que no les permite ver más allá, de entender el juego democrático; no se percatan de que no representan ni representaron a toda la sociedad cruceña, sino a la élite ganadera e industrial. Su visión provinciana ya fue superada y requiere urgente de una renovación de los dinosaurios que ya están de salida. Es hora de los empresarios creativos abiertos al mundo. Es hora de ver otro horizonte y no seguir congelados en el pasado.

Edgar Arandia Quiroga es artista y antropólogo.

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‘No amo a mi patria…’

Para PP Luque, Carlos López (Lopeco), Cayo Salamanca, Adrián Villanueva. In memorian.

/ 7 de junio de 2020 / 08:35

Así empieza un bello poema de José Emilio Pacheco, titulado Alta traición (1969), poeta mexicano de hueso intenso que sufría los descalabros éticos de sus gobernantes. Su poema continúa: (… ) Su fulgor abstracto/ es inasible/ pero (aunque suene mal)/ daría la vida/ por diez lugares suyos/ Cierta gente/ puertos/ bosques de pino/ fortalezas/ una ciudad deshecha/ gris, monstruosa/ varias figuras de su historia/ montañas y tres o cuatro ríos.

Esta frase de desamor “no amo a esta Bolivia, quiero otra… pero amo sus montañas, sus selvas…cierta gente… y detesto a los políticos”, la escucho con frecuencia de la voz quebrada de amigos cercanos; en sus voces hay indignación y tristeza.

En los últimos tres meses perdimos a tres artistas músicos y a un artista plástico, todos con un ardor y amor por su país que ahora parece languidecer. Dejaron un vacío y nos falta su esperanza, porque todos, sin excepción, pensaban que la vida sería mejor, que hay que continuar, que nuestro pueblo merece días luminosos, que tenemos gran potencial y nuestro futuro no será perverso, que los políticos cambiarán y serán honestos y pensarán en sus proyectos y en los más desvalidos. Se fueron tristes porque nada de eso sucedió.

PP Luque, fundador de la revista de humor político Cascabel, se enfrentaba desde su medio con los políticos corruptos y los dictadores, sus dibujos herían a los malandrines. En la dictadura de Banzer fue exiliado y volvió a su país, que amaba solamente de visita. Su casa era el refugio de los exiliados. Nos encontramos hace seis años en el Museo Nacional de Arte, optimistas, llenos de esperanza. Lloramos y nos abrazamos. Fue la última vez, murió en Guayaquil, en plena cuarentena, no pudieron enterrarlo rápidamente, su cuerpo estuvo peregrinando hasta que por fin, su exilio terminó en su patria adoptiva que ahora sufre por el desgobierno y la improvisación, como nosotros.

Carlos López, cantautor, tuvo una brillante carrera y formó parte de varios grupos de música boliviana y de la nueva canción, como Savia Nueva, junto a César y Jaime Junaro, con Música de Maestros. Se apagó en Cochabamba, antes de salir a escena a cantarle a su tierra.

Cayo Salamanca, cariñoso hasta la médula, el músico de Kanata, que tocaba vientos, concertina y vivía cerca a los cerros de Ovejuyo, que semejan iguanas antediluvianas, paseando con su burro Jacinto. Creo que, en el fondo, era un ser triste. Muchos amigos le debemos las mejores noches de nuestras vidas en el Bocaysapo, donde tocaba la cueca Soledad.

Hace pocos días, después de sorpresivas visitas que hacía a los amigos, desapareció Adrián Villanueva, músico y lutier. Conservo un bello charango que salió de sus manos, lo conservo como un objeto de arte.

Nos conocimos en el Colegio Nocturno Ayacucho en el que tuvimos excelentes profesores, entre ellos al maestro normalista, jurista y médico Saúl Tellería, que entraba a la sala con su copete como cresta y sus bigotes atusados como los del pintor Salvador Dalí, le decíamos Gallo. De él aprendimos lo que significa el Estado, el monstruo que envilece a los ciudadanos, sobre el matrimonio que solo es un contrato civil entre partes ante el Estado y el que el amor es el sentimiento más grande que no cabe en un papel. En una ocasión, nos mandó a que demostráramos nuestras habilidades frente al público estudiantil, porque se preocupaba por el futuro que nos esperaba para “defendernos” de la vida. Pasamos todos al escenario: unos a cantar, otros a contar chistes y otros a tocar. Adrián tocó su quena y el profesor Tellería le dijo: “De eso vas a vivir”. Y así fue, Adrián Villanueva, amante de su pueblo indígena, nunca más dejó la música hasta que sus vientos enmudecieron en Londres.

¿Conocerán algo de estos seres extraordinarios los políticos bolivianos? ¿Por qué tenemos la fatalidad de creer en estos individuos que archivaron su frágil decencia en un oscuro galpón y saltan a corromperse sin importarles la vida? ¿Entenderán algún día los generales con sobrepeso y traje de guerra que invadieron la Asamblea Legislativa que estos bolivianos amaban su patria sin condiciones, como el pueblo llano? No creo.

Edgar Arandia Quiroga,
es artista y antropólogo.

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Cartitas recibirás…

Ahora me doy cuenta que solo me usaron para tumbarlo al Evo, y ahora sacan sus garras.

/ 24 de mayo de 2020 / 07:32

La costumbre de enviar cartas manuscritas  es una bella práctica relegada al pasado siglo. Inclusive las cartas apasionadas eran sometidas a un proceso para impregnar de fragancia el papel y así potenciar su efecto seductor. Ahora este talento sería tachado de machista, pero puedo asegurar que una enorme cantidad de mujeres lo extraña profundamente.

El escritor boliviano Alcides Arguedas (1879-1946) tenía la costumbre de enviar cartas a los presidentes, pocas veces le contestaron, y cuando le exigió una respuesta al presidente Germán Busch (1904-1939) para reprocharle sobre la actuación de los soldados indígenas en la Guerra del Chaco (1932-1935), éste le respondió que eran los mejores soldados del mundo y le propinó un sonoro bofetón.

Hace una semana,  mi compadre Teo me llamó para advertirme que nos visitaría en su día de salida de la cuarentena porque quería enviarle una carta al ministro Murillo. La visita, además,  la haría para cerrar pequeñas heridas que aparecieron luego de los sucesos de noviembre, cuando el gobierno de Evo Morales fue desbaratado, y él y mi comadre Macaria aplaudieron su derrocamiento; en tanto nosotros apostábamos por la segunda vuelta para no liquidar la poca institucionalidad que aún sujetaba el orden en Bolivia. Como nuestras familias son devotas del Tata Santiago y del Señor Jesús del Gran Poder, nuestra relación es más fuerte que cualquier diferencia de opinión y posición política que asumamos.

Cuando llegó, intercambiamos codazos y nos desinfectamos para conversar. Luego, sin máscaras y sin tapujos me solicitó que, por intermedio de mi columna, le permitiera enviar una carta al ministro Murillo, ya que mi amigo Teo no es presidente, ni diputado y menos dirigente sindical y vecinal, solo un modesto zapatero que se gana la vida cada día y jamás tendrá la oportunidad de que alguien le lea. Luego de un suculenta sopa de tofu con algas y arroz k’aja, me entregó su carta para que se la edite sin cambiar el sentido. Así traté de hacerlo, y aquí la tienen.

“Señor Dr. Arturo Murillo/ministro de Gobierno: el suscrito es de oficio zapatero, casado, con tres hijos, una mujer ya casada y dos hijos varones, uno vende casetes que trae del Perú, y otro todavía está en la Pedro Domingo Murillo, estudiando para mecánico. Cuando llegaron los zapatos chinos casi me quedo sin trabajo, porque eran desechables y baratos, pero la gente pobre igual venía a mi taller a revivirlos.

De joven militaba en el  MNR y después en el NFR, porque mi esposa simpatizaba por Reyes Villa, llamado el bom-bon. Ganó el Evo, y en su gobierno nos cansamos de los actos de corrupción y de los abusos contra la gente que no pensaban como él. Igualito que ahora hacen ustedes, o peor, usan aviones del Ejército cuando quieren, no respetan la Constitución. En menos de medio año, han desfalcado nuestro país (Entel, YPFB, Salud),  le están ganando al gobierno de Evo.

Durante los líos de octubre, yo salí a poner pitas, latas y un montón de cachivaches para evitar que los mineros vengan a fregarnos con sus dinamitas. Los hijos del dueño de casa donde tengo mi tallercito decían que los indios salvajes vendrían a quemar nuestras casas. No ocurrió nada de eso, ahora mi dueño de casa exige que le pague alquileres y no tengo plata. En cuatro meses han goteado unos pesitos, mi esposa ahora hace dar vueltas zapatos que no han recogido y hacemos comida para ganar algo. ¡Qué les pasaría a los hijos de dueño, quienes ahora me amenazan con juicio y quieren botarme de mi taller! Pensé que no eran así.

Ahora me doy cuenta que solo me usaron para tumbarlo al Evo, y ahora sacan sus garras. Señor ministro, usted dice que es cristiano, pero no entendemos porque odia tanto a los pobres y a los que tenemos origen campesino, a los indios. No le hemos hecho ningún daño, no somos masistas, y hasta pensábamos votar por la Jeanine, pero ahora, como dicen en los mercados, es EngAñez (sic). Usted nos amenaza todo el tiempo y después pide diálogo; eso no es posible si no cambia. Dice: ‘No estoy jugando’, amenazándonos como si fuéramos unos niños. Nosotros le decimos: ‘Nosotros tampoco’. Atentamente, Teófilo  Ch. profesión: zapatero boliviano”.

Edgar Arandia Quiroga, artista y antropólogo.

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