Voces

martes 20 oct 2020 | Actualizado a 06:54

¿Por qué llora Camacho?

/ 23 de septiembre de 2020 / 02:30

Un señor me espera cuando acabo el programa en la radio. Viene de lejos, se presenta con mucha amabilidad y tiene una gran Biblia en la mano. Escucha Contextos Salvajes en Red Patria Nueva y me dice que estoy equivocado. Llevo varios días hablando de las iglesias evangélicas y su poder político en países como Brasil, Perú, Argentina o Bolivia. Nos sentamos en el hall de la radio, me la charla y comienza a leer versículos del Antiguo Testamento. Estudié 12 años en un colegio de curas y me sé de “pe a pa” la Biblia, por eso soy ateo. Nos despedimos cordialmente. Una semana después, llega otro señor a la radio, es de la misma iglesia que el anterior. Repite amables modales y calca la visión literalista del “Libro”. También recibe la misma respuesta, “buñueliana”, en este caso: Soy ateo, gracias a Dios. Durante aquella semana de hace dos años, otro oyente también se molestó. Hizo entrar una llamada al aire y me dijo: “Compañero, no todas las iglesias evangélicas son de derecha, también estamos los que vamos a iglesias como las baptistas y apoyamos los procesos de transformación en nuestra Patria Grande”. El cuate tenía razón. A veces pagan justos por pecadores.

Hablar de los evangélicos y su heterógenea influencia política (en Venezuela y México son “seducidos” por sus presidentes) es prepararse para el debate, para bien o para mal porque cada vez son más: 660 millones en todo el mundo. En Estados Unidos son 93 millones de fieles, en China 66, en Nigeria 58, en Brasil 47, en India 28 y en México son tantos como todos los bolivianos y bolivianas juntos, 11 millones. Tienen escuelas, universidades, medios de comunicación, centros culturales y hospitales. Un nuevo fantasma recorre el planeta: los evangélicos cristianos —una corriente del protestantismo— y han formado otra Internacional, la reaccionaria. En Bolivia también están de subida y algunos datos apuntan ya a un 30% de la sociedad.

Pero, ¿qué une a una iglesia evangélica de una favela de São Paulo con una de Seúl? ¿A una de El Alto con otra de Houston, Texas? El anticomunismo. También les une un proselitismo laburante y pragmático, una organización potente, una doctrina y rituales comunes y uniformes, una presencia mediática contagiosa y un salto a la política bien planificado. ¿Por qué todos los candidatos presidenciales en Bolivia pasan ineludiblemente por las pantallas de Xto Tv? ¿Cómo marcan la agenda pública y ponen límites a la conquista y defensa de derechos sociales y sexuales?

El evangelismo nació después de la II Guerra Mundial, apoyado y alentado por Estados Unidos para irradiarse en América Latina, África y Asia, otrora (sub)continentes “propios” del catolicismo. En Sudamérica, hace un siglo, el 94% de la población era católica y solo el 1% se declaraba protestante. En Brasil, en 1970, el 92% decía ser católico, hoy esa cifra ha bajado a 60%. En las últimas elecciones, el 70% de los evangélicos (11 millones de personas) votó por el candidato de la ultraderecha, Jair Bolsonaro. En Bolivia, el señor Chi quedó tercero. El próximo 18 de octubre, Camacho y Chi se disputarán la misma franja de electorado con las mismas recetas de odio y miedo: autoritarismo, defensa de la (única) “familia”, ultraconservadurismo, racismo, religiosidad violenta y desdén hacia las mujeres y los grupos LGBT+ (a los que hay que “curar”).

La comunicación es su gran fuerte y las emociones están en el epicentro de su éxito. En sus iglesias, cantan, bailan, ríen, lloran, nacen de nuevo, luchan contra el demonio, acuden como espectadores a milagros y curaciones, se comunican directamente con Dios y son felices. De fondo para vender la prosperidad, suena la música, siempre hay música a todo volumen, directa al corazón: cumbia, pop, folklore… La Biblia no discrimina ningún género musical, ni siquiera el otrora diabólico rock pesado. También dan plata regularmente a través del “diezmo” y los pastores millonarios montan multinacionales de la fe y el negocio (mediático) gracias a sus pobres creyentes. Es la teología de la prosperidad (para unos pocos). La Biblia no se equivoca. Camacho repite la misma fórmula: lagrimea en televisión, oculta su programa político, invoca a los cielos y lucha contra Satanás, un señor que se parece mucho a Evo Morales. Yo te conmuevo, tú me votas. Por eso, Camacho llora.

Ricardo Bajo es periodista y director de la edición boliviana del periódico mensual Le Monde Diplomatique. Twitter: @RicardoBajo.

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Los cinco pecados capitales

¿Es el congreso del 14 de noviembre la última oportunidad de llegar a un “pacto de caballeros” entre señores que no han demostrado serlo?

/ 19 de octubre de 2020 / 16:40

La intervención de la FIFA contra nuestro fútbol es cuestión de tiempo. ¿Es el congreso del 14 de noviembre la última oportunidad de llegar a un “pacto de caballeros” entre señores que no han demostrado serlo? ¿Cómo podemos refundar el fútbol? Estos son los cinco pecados capitales que nos enviarán al mismísimo averno:

Uno: un amparo de una sala constitucional de Santa Cruz ha colocado de presidente a Robert Blanco. La Conmebol y la FIFA solo reconocen a Marcos Rodríguez. El ente matriz del fútbol prohíbe taxativamente apelar a la Justicia Ordinaria para resolver asuntos internos.

Dos: el viceministerio de Deportes del Gobierno de “transición” intermedió en la crisis del fútbol sin éxito y asegura que no habrá sanción en base a dos artículos de la Constitución Política del Estado. Da la “casualidad” que el mundo privado/privatizado del fútbol se rige por sus propias normas, por encima de la soberanía nacional. Tres: la Fiscalía ha emitido mandamientos de aprehensión contra Rodríguez y ha intervenido las oficinas de la Federación e incluso el hotel donde estaba la selección antes de enfrentar a la Argentina en La Paz.

Cuatro: el Tribunal de Arbitraje Deportivo (TAS) con sede en Lausana (Suiza) ha admitido la demanda de seis clubes contra  la convocatoria a elecciones de la Federación. El único candidato, Fernando Costa de Always Ready, también ha recibido apelaciones en su contra. El plan es tumbar las elecciones y alargar el estado putrefacto de las cosas. Por cierto, con el regreso del fútbol argentino, somos el único país de Sudamérica donde no rueda la pelota.

Cinco: la Federación Internacional de Futbolistas Profesionales (Fifpro) ha denunciado ante la Comisión Disciplinaria de la FIFA al seleccionador de Bolivia, César Farías, por discriminación a dos jugadores del club Always Ready (Samuel Galindo y Fernando Saucedo) y por tener supuestamente nexos con una agencia de representación de jugadores en contravención con los estatutos de la FIFA. La denuncia adjunta declaraciones del exseleccionador nacional Julio César Baldivieso, que ratifica estas supuestas prácticas.

Por mucho menos que estos cinco pecados capitales, países como Grecia, Camerún o Nigeria fueron apartados de toda competencia. ¿Servirá de algo una desafiliación si los dos grupos de poder enfrentados hasta el absurdo surrealista no fuman antes o después la pipa de la paz?

Ricardo Bajo es periodista

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Graffiti Tour: ruta del arte urbano

El arte de calle es uno de los principales movimientos artísticos del siglo XXI, con gran potencial para el turismo. Los ‘graffitis’ embellecen la ciudad y hacen de las calles más amigables. Este mes abre en La Paz el primer ‘Graffiti Tour’ del país

Recorrido. Las principales piezas de arte urbano son los puntos para armar un viaje turístico diferente por la ciudad de La Paz

Por Ricardo Bajo

/ 14 de octubre de 2020 / 06:22

El turista del siglo XXI ha cambiado, ya no quiere ir a las iglesias o a los museos. El nuevo turista (“millenial”) demanda experiencias.

Quiere patear las ciudades, comer en las calles, dejar una huella positiva en el país que visita y luego —o mejor dicho durante el periplo— subirlo todo a las redes sociales. Por eso, la Asociación de Guías de Turismo de Bolivia junto a la incipiente Asociación de Artistas Callejeros están apurando un nuevo proyecto: el primer “Graffiti Tour” de La Paz que nacerá a finales de este mes.

La primera estación del circuito es la calle Melchor Jiménez —héroe paceño de la Revolución del 16 de julio contra los españoles— en el centro de la ciudad. La popular Jiménez tiene la forma de una curva. Sus paredes están recuperando vida y están siendo invadidas por la selección nacional del arte urbano boliviano: las y los mejores “graffiteros” y “graffiteras” del país. 

Foto: Ricardo Bajo

El reconocido “Huayllas” (Álvaro Álvarez) ha dejado ya su sello con un mural que reivindica la fuerza curativa de la Madre Naturaleza (Pachamamahua). A escasos metros, Diego Magariños (de nombre artístico “Wicked”) rinde tributo a la cultura tiwanacota con una pirámide poderosa y un “marciano” verde de tres ojos. “Es nuestra cultura lo que queremos revalorizar”, dice el “malvado” graffitero paceño.

Foto: Ricardo Bajo

Unos metros más abajo, “Huayllas” muestra lo mejor que tenemos, la diversidad cultural y natural. Un jaguar (“tigre” en Bolivia) de mirada penetrante, una máscara tacana, un cazador y un mono aullador sorprenden al flâneurantes de doblar la curva. En la esquina con la calle Graneros, un ekeko gigante atrapa bajo el humo verde de su cigarro. Es un homenaje a Federico Alvarado, guía de turismo fallecido durante esta pandemia y padre de “Jodido Diego”, chapa del artista Diego Alvarado.

Promotores. A través de murales se apoyan diferentes causas, como la lucha contra el feminicidio. Los guías de turismo y los artistas urbanos se han unido para lanzar esta iniciativa. Foto: Ricardo Bajo

Hoy domingo, las chicas de La Paz y Cochabamba llegarán a la misma calle para sumar talento y rebeldía. En el Día de la Mujer Boliviana, en homenaje a la gran Adela Zamudio, Hef Colectivo, Cholas Crew (con la capísima Andryw Huara, “La Wasa”), Norka Paz (“Knorke Leaf”) y Val Kolosh contarán la historia en imágenes de libertad desde el lado salvaje y contestatario.

El “Graffiti Tour” acaba de comenzar. Quedan por delante tres horas por el centro, Sopocachi, Alto Obrajes e Irpavi. A pie y en teleférico, caminando y volando por los aires: la experiencia está garantizada. Pablo Patzi, de la Asociación de Guías de Turismo de La Paz, remarca el carácter integral del flamante recorrido: “Hemos convocado y lo seguimos haciendo a agencias, artistas, vecinos, gremiales, restaurantes, Alcaldía, empresas públicas como el Teleférico y empresas privadas que puedan colaborar con financiamiento de pinturas y materiales. Todos son y están bienvenidos a sumarse”.

Los organizadores también ofrecen una parada gastronómica en el café restaurante Moon Light, para tomar energías. Foto: Ricardo Bajo

La segunda estación del paseo son las cercanas calle Linares y Tarija. “Andyno” arriba desde Oruro para dejar su arte abstracto/psicodélico en una pared muy cerca de las Brujas. El estudio de tatuaje Pepe’s adorna y embellece su esquina. A medio camino, en un ejemplo del carácter integral del “tour”, llega una paradita para reponer fuerzas.

El restaurante Moon Light de Emmanuel Monroy alista anticuchos, tripitas, patitas y rellenos. Es la hora de los “street food lovers”. Es la apetitosa comida de la calle pero sin el peligro de terminar con un “gringo” en el Hospital Obrero. Monroy ha encontrado la forma de reinventarse y revalorizar el sabor de las calles de La Paz. El objetivo es único: que la experiencia gastronómica sea pura satisfacción. Sale un anticucho con extra de salsa maní bien picante para llevar y terminar el “Graffiti Tour” pletórico de fuerzas. La tercera, cuarta y quinta parada suben por los cielos. La Línea Celeste aterriza desde El Prado en la Avenida del Poeta.

Foto: Ricardo Bajo

Es tiempo de apreciar la maestría de uno de los mejores cultores del arte urbano: el japonés Tomoharu “Momo” Suzuki  que hace dos años dejó en los muros de la estación de Mi Teleférico un ejemplo de su talento, dedicado a la cooperación nipona y la amistad entre los pueblos boliviano y japonés a través de las figuras de una cholita y una geisha. “Momo”, como los pioneros del “graffiti”, pasó de ser considerado un vándalo a ser solicitado para las mejores galerías del mundo; de las calles a la academia y viceversa. En las paredes cercanas, se pueden apreciar todavía los trabajos que dejó el último encuentro internacional de arte callejero.

“Queremos también iluminar de noche algunas obras con la ayuda de la empresa de electricidad de La Paz, involucrar a la Alcaldía y al Teleférico para que nos presten sus grúas y andamios y hacer murales gigantes verticales, que se vean desde las cabinas. También queremos homenajear a los personajes de La Paz, he arrancado con el “Chupita” Riveros y pronto dibujaré a las cholitas escaladoras y otra Rosita Ríos, esta vez, bien stronguista. Hay que llevar el arte urbano en La Paz al próximo nivel”, dice “Huayllas” que mira desde las alturas de la Línea Verde e imagina un mural gigante con los rostros de la selección de fútbol del 94 en la cancha cercana a la calle 17 de Obrajes.

La cuarta estación vive en la zona Sur: los turistas suman más adrenalina. Junto a la estación de Pata Obrajes, las paredes esperan. Los y las artistas —con un local donde imparten ahora talleres de arte— enseñarán los principios básicos de la escritura del “graffiti” a los alumnos especiales armados de aerosoles. Dar a conocer el trabajo de los hacedores de murales y acompañar las imágenes con un relato propio contado en primera persona es parte de la experiencia. “Tenemos que explotar todas nuestras potencialidades, colaborar para que la ciudad esté más linda y menos gris, que sea un atractivo conservable, somos patrimonio relevante y tenemos que democratizar el espacio público urbano, evitando vicios de poder”, dispara “Huayllas”, un fiel seguidor de la cultura hip hop, inherente a este movimiento artístico e impulsor de los festivales de “graffiti” que también serán beneficiados con estos recorridos.

El “calvario” casi toca su fin, próxima y quinta estación: teleférico de Irpavi. Una galería exhibe cinco de los mejores trabajos de connotados “graffiteros” internacionales como el colombiano Sancho Medina que pasó de las calles de su Cali natal a ser uno de los más respetados diseñadores gráficos de Sudamérica, marcado por la explosión de colores, los retratos, la naturaleza y una gráfica misteriosa. En una pared cercana, los bolivianos “Osek”, “Khespy”, “Huayllas”, “Dems” y la boliviana “Knorke Leaf” acompañan con nuevos diseños.

La sexta estación dibuja el camino de regreso a Sopocachi, vía la parada del Teleférico próxima a la plaza España. La calle Abdón Saavedra, donde viviera el gran maestro Cecilio Guzmán de Rojas, ha visto sumar más “graffitis” en las gradas que suben y bajan hacia el Salar de Gastón Ugalde y la casa museo del muralista Walter Solón Romero. Nada es casualidad. El “Tour” finaliza en el pasaje Gustavo Medinaceli y la calle Boyacá. Allí esperan Simón Bolívar, Diego Armando Maradona, Amy Winehouse, los Beatles, Don Ramón, Salvador Allende, Freddie Mercury y Janis Joplin. Suman y siguen las voces libertarias del arte callejero —uno de los principales movimientos artísticos del siglo XXI— que ha llegado para quedarse, como “La Paz Graffiti Tour”. Y esto recién arranca: el segundo recorrido está ya en gestación y recorrerá el centro, el Cementerio General (escenario del Festival Ñatinta 2017 y 2019), Chualluma  —el barrio/destino turístico que cambió su vida con el color gracias a 19 murales— y El Alto que junto a la hoyada serán un gran museo de arte urbano a cielo abierto.

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Farías S.A.

Goles son amores

César Farías, el director técnico venezolano que dirige a la selección

Por Ricardo Bajo

/ 12 de octubre de 2020 / 17:30

Jorge Valdano ha escrito un libro que se llama Los 11 poderes del líder. El argentino se gana la vida dando charlas sobre liderazgo empresarial y gestión de talento, siempre con el fútbol como escuela de vida. ¿Y si aplicamos sus “once poderes” a Farías?

Uno: la credibilidad. Farías ha perdido la poca credibilidad que le quedaba tras su paso exitoso —en una primera etapa— por The Strongest. La fama —ganada— de “vende humo” ha crecido tras el partido en Brasil.

Dijo que iba a jugar de tú a tú y se metió atrás para evitar una goleada que llegó igual. Dos: la esperanza. Dijo que vamos a clasificar al Mundial en medio de la peor crisis dirigencial de nuestra historia. Vender esperanza es bueno pero hacerlo con palabras huecas es contraproducente. La ilusión se construye con los mejores jugadores, no con los adulados, bajo la sospecha de los agentes.

Tres y cuatro: la pasión y el estilo. Farías renunció a su idea futbolística en Brasil. El equipo atrevido, que quiere la pelota, no apareció. La pasión es contagiosa; el derrotismo, también.

Ojalá que frente a Argentina, el estilo osado retorne como arte de magia. Cinco y seis: la palabra y la curiosidad. Las palabras deben ser atractivas pero no pretenciosas. Farías es presa de su propio ego e intransigencia: quemó a los nueve changos debutantes para vender una falsa renovación. ¿Volverán a ser protagonistas los Bustamante, Zabala, Menacho…? Me temo que no. Me temo que fueron simplemente sacrificados.

Siete y ocho: la humildad y el talento. La primera genera empatía y el segundo necesita un ambiente fluido. A pesar de sus fracasos en Paraguay, México e India, Farías no se caracteriza por su humildad. Es un buen relaciones públicas de sí mismo. Es Farías S.A. Y el hincha “debe” estar agradecido de su presencia entre nosotros. Nueve y diez: el vestuario y la simplicidad. El primero es sinónimo de nosotros (y no yo). La simplicidad evita las absurdas complicaciones. Y doce: el poder del éxito nos habla de la nobleza de los recursos empleados, lo que dota al éxito de una autoridad moral. Farías hace rato que ha perdido ésta última. Nuestro fútbol navega sin rumbo. Farías es un grumete confundido más. Le gustaría tener toda la culpa pero nuestras falencias son estructurales. No se divisa tierra firme, ni un capitán que enderece la nave.

Algún día saldrá el sol, ojalá un rayo nos caliente mañana.

(*) Ricardo Bajo es periodista

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Cuando las mujeres toman la batuta

La historia de la música, escrita por hombres (blancos y de clase dominante), se ha empeñado en invisibilizar a las mujeres. La era de los ‘maestros’ ha terminado. Abran paso a las maestras que ahora se atreven a más

Raquel Maldonado comenzó de niña tocando el piano y ahora roza el cielo con la punta de su batuta comandando dos orquestas

Por Ricardo Bajo

/ 7 de octubre de 2020 / 08:50

Clara Schumann, Fanny Mendelssohn y Alma Mahler fueron mujeres que compusieron música para grandes orquestas. Vivieron —o fueron obligadas a vivir— bajo la sombra de sus maridos famosos. Hoy sabemos lo que ayer sospechábamos: Clara, Fanny y Alma —como otras escritoras anónimas escondidas bajo pseudónimo— hacían gran parte del trabajo de sus “maestros” esposos. En 2003 seis mujeres salieron licenciadas en Dirección de Orquesta de la Universidad Católica de La Paz. Eran las primeras en asaltar un territorio exclusivo de los hombres. Hoy, una de ellas, Raquel Maldonado, dirige y sigue la estela de otras pioneras como Ligia Amadio, que estuvo al frente de la Sinfónica de Bolivia y actualmente es la directora artística de la Orquesta Filarmónica de Montevideo.

Raquel Maldonado comenzó de niña tocando el piano y ahora roza el cielo con la punta de su batuta comandando dos orquestas: el Ensamble Moxos del Beni y la Orquesta Femenina de Bolivia. Hace unos días ha participado en el III Simposium Internacional de Mujeres Directoras que ha parido un manifiesto latinoamericano con dos partituras: igualdad de oportunidades para las mujeres en la dirección y mayor inclusión femenina en la música clásica.

Las directoras de toda América Latina se han conjurado para dar pasos juntas hacia esa igualdad soñada en el atril. Han decidido levantar la voz y también hacer: este sábado 3 de octubre, la Orquesta Femenina de Bolivia, bajo la dirección de Raquel Maldonado y la Orquesta de Mujeres de Chile bajo la batuta de Ninoska Medel, unieron esfuerzos para recaudar fondos para compañeras músicas sin recursos por la pandemia. Las dos orquestas congregaron ayer a 50 mujeres de Chile y Bolivia para fusionar dos canciones en un arreglo: Gracias a la vidade Violeta Parra y El regresode Matilde Casazola. Las mujeres directoras no han vuelto porque nunca se fueron, siempre estuvieron ahí. La sombra no es más la sinfonía obligada. La validación masculina se esfuma de los pentagramas.

—Arrancaste tocando piano como tantas niñas y niños, ¿cómo se llega a dirigir una orquesta? —Soy pianista de formación, desde mis ocho años y durante 11, estudié formalmente en el Conservatorio de La Paz. Siempre me imaginé dando conciertos de piano, pero a mis 16 una enfermedad articular me empezó a dar problemas y truncó mi carrera como instrumentista. Posteriormente surgió el Taller de Música en la Universidad Católica y me aventuré a la carrera de dirección, más por ocasión que por opción.

Supongo que mi subconsciente indicó que era cosa de hombres, pero me aventuré.

Seis hombres y seis mujeres terminamos la carrera con la mención de Dirección Orquestal y Composición. Poco después de defender mi examen de grado, dirigiendo la Orquesta Experimental de Instrumentos Nativos de Cergio Prudencio, me invitaron a liderar un proyecto educativo en el Beni.

Para mí fue la oportunidad de emprender una aventura y de salir del nido. Vine a San Ignacio de Moxos a “probar”, a tener una experiencia laboral, sin mayores compromisos que la voluntad de hacer algo bien.

El emprendimiento estaba muy por encima de mis pretensiones y desde el primer minuto me encontré con un proyecto que me permitía soñar sin límites en un entorno humano fascinante y de naturaleza avasallante y seductora. Caí rendida al instante. Me acompañó siempre mi marido, Toño Puerta, en aquel momento gestor del proyecto y quien me contactó y contrató para dirigir la Escuela de Música de San Ignacio de Moxos. Desde entonces, aquí seguimos persiguiendo sueños y dejándonos alcanzar con los regalos de la vida, porque lo inesperado puede ser mejor que lo que planeas. El Ensamble Moxos y la Escuela me han llevado a vivir experiencias trascendentales que me han transformado. Ambos proyectos han sido mi escuela de vida y música.

—¿Cuándo fue la primera vez en tu vida que soñaste con ser directora?

—Cuando dirigí la Orquesta Experimental de Instrumentos Nativos, era la primera vez que me colocaba frente a un grupo humano y me sentí feliz y cómoda de manejar a la gente como a un instrumento musical. La carrera como pianista me ha enseñado muchísimo en el trato humano y la resolución de problemas. La lucha diaria con mi instrumento es muy parecida a la lucha diaria con la orquesta. Requiere paciencia, cariño, aceptación de tus debilidades y aprovechamiento de tus potencialidades, aunque también tiene sus diferencias: la lucha con el instrumento es finalmente la lucha con uno mismo, pero la orquesta tiene vida propia, muchas vidas que hay que saber congregar en fuerza y espíritu. Estar frente a esos niños y jóvenes me hizo saber que eso era lo mío y que iba más allá de la dirección musical, era educación integral.

—Cuando una mujer toma la batuta, ¿la orquesta o el elenco lo nota?

—Hay estilos que varían la gesticulación y técnica de dirección, pero en definitiva el resultado debe estar en absoluta coherencia con la idea que el compositor plantea en la partitura. Hay movimientos que se pueden interpretar como femeninos o masculinos, pero deben comunicar las mismas intenciones. La música no tiene género y la dirección tampoco. La historia de la música, como la historia en general, escrita por mano blanca, masculina y de la clase social dominante, se ha empeñado en invisibilizar a las mujeres. Por ende, la figura del “Maestro” siempre ha sido la inspiración de las nuevas generaciones, no así la de la maestra. Poco se sabe de las maestras, pero es bueno descubrirlas, desde Hildegarda von Bingen, Franccesca Caccini, Clara Schumann, Fanny Mendelssohn o Alma Mahler (las últimas tres, esposas que vivieron a la sombra de sus maridos, de las que se sospecha que les hacían parte del trabajo compositivo).

También directoras como Antonia Brico, la primera mujer en dirigir la Filarmónica de Berlin en 1930, o Verónica Dudarova, que también llegó a dirigir la Filarmónica de Berlín, pero que nunca consiguieron un puesto oficial y tuvieron que emprender sus propios proyectos. Así hasta la actualidad. Hay muchas que desbrozan el camino de las nuevas generaciones.

—¿Por qué existen tan pocas mujeres directoras en el mundo, algunas en América Latina y muy pocas en Bolivia?

—Directoras de orquesta, muy pocas; directoras de coro, muchas. La dirección orquestal requiere una formación musical sólida como instrumentista o cantante, luego un conocimiento profundo del repertorio orquestal universal, conocimiento de la orquesta como instrumento y de la técnica instrumental, la técnica de dirección, el trato humano, la capacidad de gestión y relaciones públicas. La suma de todos estos factores te hace una directora solvente. Se llega a la dirección una vez que ya eres una música profesional. Por así decirlo, la dirección es un posgrado musical. Hay pocas en Bolivia, sí, porque la formación en esta carrera no existe, salvo el taller mencionado de la Católica.

—¿Y compositoras? ¿Cuál es el mayor desafío de ser mujer y hacer música?

—Como mujeres nos crían para estar detrás del protagonista, no para ser protagonistas y, aunque conozco varias compositoras, muy pocas son visibles y eso responde a dos variables. Por un lado, hay que enfrentarse a una sociedad machista que usará lo políticamente correcto para anularte. Por otro, la mujer no fue educada en la perseverancia, lo que nos hace rendirnos y aceptar nuestra condición de dependientes “para la que nacimos”. De todos modos, hay algunas que se están abriendo camino en espacios privados y alternativos.

—Desde el Movimiento Mujeres Directoras que nació en Brasil hace tres años se está promoviendo un manifiesto para promover la igualdad de oportunidades para las mujeres. ¿Cuáles son sus objetivos?

—El Simposio ha reflexionado acerca de nuestra labor de mujeres al mando en el podio de la orquesta, que tiene una gran fuerza simbólica para la sociedad y que se lee desde distintas perspectivas. El manifiesto visibiliza todas las dificultades que enfrentamos, desde la conquista de espacios de formación hasta el ejercicio de nuestra profesión. También demanda la generación de políticas públicas que promuevan la paridad de género en puestos oficiales artísticos. Por último, pretende fomentar la formación profesional especializada y la promoción de espacios adecuados para la práctica profesional.

—¿Algún día veremos —rompiendo con tabúes y prejuicios— una mujer boliviana dirigiendo una orquesta en Brasil o en la Argentina?

—Sí, seguro, este movimiento no para. Cada directora ha llevado su propia lucha en solitario, el Simposio nos ha permitido darnos cuenta de que estamos en el mismo barco y remamos juntas. Los prejuicios existen y tenemos que luchar para destruirlos. Que la sociedad nos juzgue por nuestras capacidades y competencias y que podamos ganarnos los espacios que nos pertenecen en base a estos conceptos, es un sueño posible. Debemos emprender más, atrevernos a más. Aunque se nos han negado ciertos privilegios, aunque nuestros pares tienen por nacer hombres, siempre hay maneras de sortear los obstáculos y, por último, crear tu propio proyecto. Con la formación adecuada y el coraje para hacer y hacernos a nosotras mismas las mejores profesionales posibles, se consigue lo imposible.

—En tu exposición en el Simposium has arrancado con una cita de Domitila Chungara y una referencia suya a las mujeres y las clases sociales. ¿Cómo hacer para romper esas barreras y construir una sororidad feminista?

—Tomando consciencia de nuestros privilegios sociales, económicos, raciales…

Todo cuenta en el camino para lograr tus objetivos. Ser mujer es un obstáculo más y no nos iguala en condiciones. Aprender a reconocernos en nuestras diferencias y aprender a luchar juntas es un llamado fundamental. Hay que aprender a buscar oportunidades. Esa asignatura que lamentablemente no nos enseñan en casa, es determinante. Si vamos a esperar a que los medios de comunicación nos llamen, nos publiquen, que las orquestas nos convoquen, nos inviten… podemos esperar sentadas. Cuántas oportunidades habré perdido en la vida por no saber pedir. Hay colegas que lo tienen innato, pero otras tantas, enormes profesionales, viven frustradas por no obtener crédito de su trabajo, en fin… Las oportunidades nos encontrarán buscando.

—Tu hija también estudia música, ¿y si en unos años te dice “mamá, yo también quiero ser directora”?

—¡No está sola, yo la acompaño en la aventura! Cada generación viene con sus ventajas y desafíos. Para muchas cosas me parece que los niños de hoy lo tienen más fácil, el acceso a la información está al alcance de un click, toda la música y tutoriales desde para hacer una bomba casera hasta para resolver problemas técnicos en el violín, todo. Pero tienen que lidiar con el exceso de información y otros vicios que traen los tiempos nuevos. El reto consiste en adaptarnos.

Moxos, la revolución

La labor del Ensamble Moxos no solo es musical. Hace unos días salió una delegación desde San Ignacio de Moxos rumbo al TIPNIS para enseñar y formar músicos en flauta de tacuara en un viaje por río de varias jornadas. ¿Qué gratificaciones dejan estas actividades al Ensamble y a la Escuela?

—El proyecto de la Escuela de Música y del Ensamble tiene muchos pilares. Nuestra labor en el TIPNIS es una labor de reciprocidad y reivindicación cultural. Hablamos de un territorio históricamente avasallado por “los colonos” y una cultura que a raíz de ese avasallamiento que no solo es territorial sino de enajenación cultural, se encuentra en riesgo de desaparecer. La música en el TIPNIS es una herramienta de identidad cultural que ha sido el aporte más importante, por ejemplo, para la construcción del Archivo Misional de Moxos. Es también la inspiración más importante para la música del Ensamble Moxos, porque en sus comunidades se mantiene la espiritualidad y la funcionalidad de la música como manifestación de su fe y su arraigo cultural. El internado “Katery Tekawitha”, ubicado en medio del Territorio Indígena, reúne a jóvenes que hacen la secundaria y el Técnico Agropecuario. Ellos nos invitaron a hacer ese cursillo que mencionas durante la pandemia. En cinco días les hemos enseñado a construir su propia flauta, instrumento fundamental de la cultura moxeña, y a interpretar los toques tradicionales.

—¿La música puede ser un arma de revolución social?

—Nuestra revolución está en las vidas que transformamos con la música, hacemos que su existencia valga la pena. La Escuela de Música y el Ensamble son parte del orgullo y de la identidad de nuestra comunidad y del departamento. Ser un miembro del Ensamble te da prestigio en el pueblo, la gente te admira y te respeta. Ser músico ya no significa ser un vago, un borracho, un “pa nada” como la cigarra. Nuestros profesionales son el sostén económico de sus familias, viven dignamente de la música y crían a sus hijos en un entorno rodeado de arte. Esa es la revolución.

Sororidad: un sueño posible

Domitila Chungara jamás dirigió una orquesta. De origen humilde, Domitila, una destacada líder del feminismo boliviano que sufrió hambre, prisión y tortura, era la esposa de un minero potosino que buscando mejores días para su marido y para su familia —para las familias de todos los mineros—, enfrentó a las dictaduras que eran el pan nuestro de cada día y pasó a la historia como una de las heroínas que tumbó la de Hugo Banzer en 1978, liderando una huelga de hambre a la que se unieron miles de compatriotas.

Pero la parte de su historia que introduce mi conferencia/texto sucedió en 1975, cuando participó en la Tribuna del Año Internacional de la Mujer organizada por Naciones Unidas, cuyo lema era “Igualdad, desarrollo y paz”. Sin embargo, el discurso de la única representante obrera en aquel evento no fue tan pacífico como se pretendía y una colega le espetó: “……hablaremos de nosotras, señora… Nosotras somos mujeres. Mire, señora, olvídese usted del sufrimiento de su pueblo. Por un momento, olvídese de las masacres. Ya hemos hablado bastante de esto. Ya la hemos escuchado bastante. Hablaremos de nosotras… de usted y de mí… de la mujer, pues”.

Entonces Domitila le respondió: “Muy bien, hablaremos de las dos. Pero, si me permite, voy a empezar. Señora, hace una semana que yo la conozco a usted. Cada mañana usted llega con un traje diferente; y sin embargo, yo no. Cada día llega usted pintada y peinada como quien tiene tiempo de pasar en una peluquería bien elegante y puede gastar buena plata en eso; y, sin embargo, yo no. Yo veo que usted tiene cada tarde un chofer en un carro esperándola a la puerta de este local para recogerla a su casa; y, sin embargo, yo no. Y para presentarse aquí como se presenta, estoy segura de que usted vive en una vivienda bien elegante, en un barrio también elegante, ¿no? Y, sin embargo, nosotras, las mujeres de los mineros, tenemos solamente una pequeña vivienda prestada y cuando se muere nuestro esposo o se enferma o lo retiran de la empresa, tenemos noventa días para abandonar la vivienda y estamos en la calle. Ahora, señora, dígame: ¿tiene usted algo semejante a mi situación? ¿Tengo yo algo semejante a su situación de usted? Entonces, ¿de qué igualdad vamos a hablar entre nosotras, si usted y yo no nos parecemos, si usted y yo somos tan diferentes? Nosotras no podemos, en este momento, ser iguales, aun como mujeres, ¿no le parece?”.

Este episodio nos interpela a las directoras que ha congregado el Simposio Internacional. Tal vez nuestro único denominador común es que somos mujeres… y en nuestro caso músicas, pero nuestro origen, nuestro color de piel, nuestra posición económica y nuestra formación, que en gran parte es consecuencia de la anterior, nos distinguen. Factores todos ellos que suelen dar pie a distintas formas de discriminación en nuestra sociedad.

¿Nos resignamos a que se extiendan esas discriminaciones universales a la música o seremos capaces como mujeres de unirnos en la diversidad para impedir que esas diferencias horaden los cimientos de nuestra alianza? Podemos aceptar la célebre frase de Georges Orwell en Rebelión en la granja: “Todas somos iguales, pero algunas somos más iguales que otras”. (Obviamente, él la redactó en masculino). O podemos permitirnos vislumbrar un horizonte más justo entre nosotras.

Ese es el meollo del título de mi conferencia, porque la sororidad es un sueño posible —pero por ahora un sueño— y en nuestra mano está construirlo, porque las utopías, como decía Eduardo Galeano, “nos ayudan a caminar”.

¿Romperemos el tópico de que las mujeres somos las peores enemigas de las propias mujeres? ¿Es posible compartir esferas y trabajar en alianza dejando de lado los celos profesionales? ¿Cómo y quién determina el espacio que nos merecemos? ¿Cómo hacer efectiva la red de colaboración entre mujeres profesionales en la dirección?

Que las oportunidades que nos ha regalado la vida y que supimos o pudimos aprovechar, nos den la generosidad suficiente para facilitar el acceso de las nuevas generaciones a otras iguales o mejores. Siempre habrá mujeres que nos precedieron, que desbrozaron el camino por el que nosotras transitamos. Seguro que en este Simposio hay unas cuantas ilustres veteranas a las que las más jóvenes tenemos mucho que agradecer o de las que tenemos mucho que aprender, aunque ni siquiera nos conozcamos. Al fin y al cabo, la reciprocidad es la base de nuestras culturas antiguas. En el mundo indígena, que me es familiar por el lugar donde trabajo, existe la máxima de que quien sabe más, enseña a quien sabe menos. Y ni el primero se jacta por sus enseñanzas ni el segundo se humilla por recibirlas.

La cooperación entre mujeres músicas puede traspasar fronteras y de hecho lo hace. No solo en espacios de reflexión teóricos como este Simposio, sino concretándose en actividades prácticas. Y hablo desde mi experiencia. Varias prestigiosas músicas americanas y europeas, con excelente formación, han visitado nuestra Escuela de Música en el corazón de la Amazonía boliviana y se han puesto a mi lado y al de mis músicos, sin jerarquías, brindándonos sus conocimientos, intercambiando repertorio, dirigiendo a ratos y convirtiéndose en músicas o coralistas de infantería cuando la batuta regresaba a mis manos. Como hago yo misma cuando les cedo la dirección. Y si no vienen más a menudo, es porque hace falta dinero para el viaje —que ellas mismas se pagan— y huecos en su agenda.

La brasileña Ligia Amadio ha llevado al menos a tres grandes profesionales mujeres al podio de la Filarmónica de Montevideo que dirige. Puso a disposición de ellas a sus músicos, que seguro que ven en Ligia un ejemplo de profesionalismo y de una sororidad que debe convertirse en nuestra mejor herramienta de defensa ante la discriminación que sufrimos como mujeres, también en el ejercicio de nuestra profesión. La sororidad es un sueño posible, porque los sueños pueden hacerse realidad si se tiene el suficiente coraje para perseguirlos.

(*) Raquel Maldonado es directora del Emsamble Moxos. Este texto es un fragmento de su ponencia en el III Simposium Internacional de Mujeres Directoras.

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El meme infinito

/ 7 de octubre de 2020 / 02:20

El esperado primer debate de la historia electoral de Bolivia no fue debate, apenas fue un meme (infinito). El formato, la penosa realización (mal sonido, peor imagen, impropia de ATB) y las superficiales intervenciones dejaron el sábado un profundo sabor a nada. La “memeficación” de la política llegó a todo el mundo para desmitificar a los políticos. A Bolivia arribó para reírnos de ellos. Atravesamos una crisis múltiple, también intelectual.

Luis Arce: el candidato que va primero no debate; “nunca, jamás, never in the life”. Es la regla número uno de los manuales de campaña. Lucho puede tocar guitarra, cantar y almorzar con el pueblo pero no va a ganar ningún concurso de carisma o quizás si, uno que se llame “el emo del año”. Ergo, los “debates” espectacularizados no son ni serán su cancha favorita. Arce tiene programa, tiene plan, tiene ideas y… tiene un bajón de azúcar. ¿Tenía su tacita blanca un mate de tilo? Fue el “Martin Prince” de la noche; el “nerd” de los Simpson pero con clonazepam.

Carlos Mesa: es el mejor orador de Bolivia, de lejos. Dejó el saco y se puso camisa metida por dentro con barriga promisoria (en un país que sufre para comer no es la mejor imagen a transmitir). Su video llegó sin audio (otro error de principiantes de sus asesores o ¿fuiste tú otra vez, Mario Espinoza?). Eludió todas las referencias a un pasado que lo persigue como sombra de película expresionista. Canchereó e hizo alusiones personales (contra Arce y sus “canastas”) sin hacer alusiones personales. Su “nunca, jamás, never in the life” (frase de changos para seducir al electorado joven) fue trending topic y el gran meme del debate.

Luis Fernando Camacho: el terno (y Bolivia) le quedan grande. Alguien se lo ha prestado, seguramente su papá. Tuvo un minuto para hablar y respondió con un minuto de silencio. Fue changueado por Tuto cuando lo llamó “Luisfer” (juro que escuché Lucifer) para agradecerle su “trabajo” en el golpe. Lució un rosario enroscado en la muñeca y en el dedo cuando se lleva colgado en el pecho, otro error de principiantes de sus asesores bíblicos. Su propuesta estrella, fiel a su confesado machismo/misoginia, fue: “la mujer está para atender la casa, luego si quiere puede trabajar o estudiar”. Otro meme del no debate. Al final, debió llorar pero no lo hizo.

Chi: tuvo problemas con el idioma castellano, leyó demasiado sus papeles y su quinta palabra en su primera intervención fue “comunismo”. Su propuesta estrella fue: “hacer del Salar de Uyuni la ciudad de Las Vegas pero sin promiscuidad”. Si no fuera un candidato abiertamente odiador y ultraconservador, sería “chi-stoso”. Al final, prometió un “gobierno moral de Dios”. Y cantó, sí cantó, para “Él”, como en la iglesia. Ni con un milagro gana.

Tuto Quiroga: es el eterno superpreparado corredor de fondo que jamás llega a la meta. Quizás por eso acudió con saco, corbata y… tenis. Quizás por eso, en las pausas, hizo ejercicios de estiramiento. Repitió el mismo discurso privatizador fracasado de hace décadas. Es el alumno jailón de la clase que nunca aprendió lo esencial. Para muchos ganó el debate. Somos un país generoso.

Feliciano Mamani: ¿alguien le puede explicar a este señor con casco minero qué significa una estrella de David cosida en la camisa? Al borde de un colapso nervioso, su voz tembló y cuando le dieron un pase de gol para empujarla a la red (la pregunta sobre la minería cooperativista), respondió sobre las casas que hay que construir para las parejas jóvenes. ¿Qué hora es Feliciano? Manzanas traigo… y una estrella, también traigo. “Van a disculpar pero no pude preparar bien mi exposición”. Otro meme del “Godínez” de la noche.

María de la Cruz Bayá: alguien le dijo a la señora que iba a estar entre puro hombres (lamentablemente la política todavía es vista como territorio del macho) y que debía comportarse con supuestos valores varoniles, es decir, agresividad y coraje. Se le fue la mano, señora. La tacita de tilo del Lucho era para usted. Cuando se cansó de reñir, se bajoneó. Ha escrito, dice, 17 libros pero tiene un serio problema para regular sus emociones.

El no debate fue un “concurso de talentos” de colegio: uno cantó, otra declamó, otro soltó su frase ingeniosa, otro rimó, otro estrenó terno… y así hasta el meme infinito. Con razón no habíamos tenido debate en 18 años.

Ricardo Bajo es periodista y director de la edición boliviana del periódico mensual Le Monde Diplomatique. Twitter: @RicardoBajo.

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