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Monday 26 Feb 2024 | Actualizado a 01:17 AM

El factor ‘khencha’

/ 27 de septiembre de 2020 / 07:24

Cuando Borges calificó a la democracia como un abuso de la estadística, no estaba lejos de la verdad, además concretó su afirmación al citar a Carlyle que la definió como el “caos provisto de urnas electorales”. Cuando la dictadura militar argentina declinaba irreversiblemente (1983) y se llamó a elecciones, reconoció que su dictamen fue refutado “espléndidamente”. No sabemos si eso ocurrirá en Bolivia.

Las últimas cifras de la encuesta electoral confirmaron la condenatoria a los últimos lugares de la señora Áñez, cuyo caudal de votación se esfumaba cada semana   para migrar a otros grupos que fundaron empresas políticas, nombradas en Bolivia como frentes, concertaciones, alternativas, inclusive partidos. El Movimiento Al Socialismo (MAS-IPSP) es la única agrupación que tiene estructura partidaria y presencia en los nueve departamentos de Bolivia y cuyas disputas internas son descarnadas y feroces a la hora de decidir por sus candidatos; es una estructura primaria donde todavía reina el cacicazgo y los lazos verticales y horizontales del compadrazgo.

En las otras empresas políticas no ocurre eso, simplemente la cúpula decide a partir de intereses corporativos, patrimonio personal y cuotas magnánimas para ocupar la proclamada “franja de seguridad”, que no es otra cosa que garantía de impunidad asegurada para que el postulante generoso rescate su capital y lo reproduzca de manera geométrica, sin peligro de ir a la cárcel.

Algunos analistas políticos profesionales y comentaristas aficionados como nosotros, no tomamos en cuenta que la subjetivad de las clases populares no se basa exclusivamente en cálculos estadísticos y matemáticos, sino que existen otros factores que están sedimentados en el ethos de la población marginal, comportamientos no medibles y que crean un espejo ciego que impiden ver otros caminos.

Así, después de la Guerra Federal (1899-1900), luego de la persecución y asesinato de Zárate Villca y sus cercanos colaboradores, “el cholaje y la indiada”, como gustaban valorar a la mayoría de la población en aquella etapa histórica, calificaron al Gral. José Manuel Pando como El K’encha. En el sabroso Diccionario del Saber Popular de Antonio Paredes Candia (1924-2004) se lee: “Khencha, (El).- Lenguaje popular. De carácter político.a. del General de División José Manuel Pando, Presidente de Bolivia (1899-1904)”.

Origen del apodo: fue uno de los promotores de la Revolución Federal donde murieron muchos bolivianos. Las creencias aborígenes dicen que es khencha quien derrama la sangre de sus hermanos. (p. 271-2005).

A estas “creencias” se adhiere una multitud heterogénea de la población y abren múltiples interpelaciones morales a los políticos que usaron el poder para imponer con la fuerza bruta, sus intereses de casta y de grupo. Esta ligazón con la memoria corta y larga precede a la hora de decidir por el candidato y la calificación moral antecede a cualquier valoración de gestión y administración del Estado.

La población excluida, marginal y con índices de analfabetismo funcional o no, juzga a los khenchas en los mercados populares, en los miles de pueblos del área rural. Esa inteligencia ética está incorporada en su vida diaria porque vive en sus muertos de las masacres y actos represivos; cada muerto es una señal y genera solidaridad estableciendo una visión diferente de la clase media y la clase pudiente, tal vez más cerca de los gremiales, obreros y campesinos y lejos de los empresarios.

Al revisar las sañudas disputas que se narran en la historia de un país fracturado como Bolivia, se descubre la enorme cantidad de khenchas a los que tuvo que resistir y sobrellevar la mayoría de los bolivianos, como si la violencia, a partir de la eliminación del opuesto, fuera la única posibilidad de generar un espacio de concertación más o menos duradero.

 Esta sedimentación cultural popular ha extendido su fatalidad no solo a los que matan a sus hermanos, sino también a los que nunca pueden consolidar sus proyectos, porque sus padres o abuelos participaron en masacres y genocidios o se hicieron ricos de manera dolosa con el sufrimiento de muchas personas; por lo tanto cargan un khencherío casi contagioso.

En la memoria popular todavía se recuerda al juez Uría que mandó a fusilar a Jáuregui, en un juicio político por la muerte de Pando; casi medio siglo después, el hijo de éste, fue colgado con Villarroel en 1945.   

Édgar Arandia Quiroga es artista y antropólogo.

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El fracaso de los políticos

/ 17 de diciembre de 2023 / 03:03

Una persistente lluvia que se filtraba a mi taller me obligó a pedir ayuda a mi compadre multipropósito Teo. Personaje éste que evolucionó de zapatero quebrado —durante la pandemia— a librero y voraz lector, sin perder sus habilidades como albañil, plomero y otras competencias que ejercería si fueran requeridas. Es rutinaria la aparición de estas personas que emigraron del área rural a una ciudad hostil y racista que las obligó a desplegar su creatividad e inteligencia para sobrevivir y, en muchos casos, remontar la pobreza con un alto costo humano al desarraigarse de su cultura comunitaria y alejarse de su ethos que las vinculaba umbilicalmente con la tierra. Este importante grupo humano también, pese a todo, cree en la democracia.

La solución que encontró para mi percance fue sencilla y eficaz. Sin mayor trámite resolvió el problema con una bolsa de nailon y una piedra. Después de la breve intervención ingenieril nos instalamos para hacer digresiones, ejercicio que disfrutamos mucho. Decidimos, hace mucho tiempo, en no creer nada y en cambio, pensar. Así surgió el tema de la política boliviana, sus actores, su entorno y su visceral inutilidad a la hora de servir, supuestamente, a la razón de Estado a la que se deben.

En 1531, Maquiavelo escribió un texto sobre el origen de éste: “En un principio del mundo, siendo los pobladores contados, vivieron dispersos como animales. Después, al multiplicarse las generaciones, buscaron entre ellos al más robusto y esforzado, le hicieron jefe y le obedecieron. De ahí provino el conocimiento de lo bueno y lo honesto y su distinción de lo malo y lo depravado (…) y se manifestaron los primeros conceptos de la justicia. Después, en caso de elegir, no buscaron al más robusto sino al más prudente y justo”.

Se supone que, cuando hay elecciones democráticas, elegimos no solo a los más prudentes, sino también a los honestos, creativos e instruidos para resolver problemas estatales. La creación de la República está a punto de cumplir 200 años de fracasos, frustraciones y siempre, en estado de guerra interna porque fue un engendro que excluyó a las mayorías.

El Estado, solo visible en actos simbólicos cívicos donde las Fuerzas Armadas exhiben sus deslumbrantes uniformes ante una población inocente que supone que vivimos en un Estado fuerte y sólido; sin embargo, nuestras fronteras son permeables y los delincuentes y contrabandistas entran y salen pavoneándose. Poco podemos decir de la Policía Nacional, con una minúscula cantidad de integrantes que mantienen su honestidad en medio del flagelo de la corrupción que ha carcomido su credibilidad.

Los políticos que medran en el parlamento, la mayoría, son la parte del infame combo; listos para llevar sus ofrendas florales a cuanto aniversario acuden para visibilizarse, pero incapaces de ponerse de acuerdo. Corroídos por su codicia y rencores personales; su aparición en los medios se torna desagradable cuando farfullan incoherencias teñidas de odio y revanchismo. Oposiciones y oficialismo han logrado desprestigiar la democracia, demostrando una total falta de respeto a la sociedad que los eligió y que, lamentablemente, no puede destituirlos con un revocatorio. Los encargados de hacer cumplir la Constitución se encargan de violarla y luego claman en el desierto indilgando la culpa a sus adversarios y viceversa. Se rasgan sus vestiduras, pero no sus bolsillos. Como siempre, sus promesas las archivaron como un reflejo de lo que acontece en elecciones universitarias en las que un candidato ofreció una pasarela como un acto demagógico, lo mismo acontece en juntas vecinales, sindicatos, clubes, etc. Un batallón de demagogos y farsantes está corroyendo la democracia, aparentemente por codicia personal en connubio con intereses de logias y corporaciones que desean un cambio de rumbo drástico, relegando a las fuerzas populares que, por primera en la historia, lograron la inclusión social que parecía lejana e imposible.

La fábula del zorro y el león que Wilfredo Pareto (1848-1923) usaba para patentizar la conversión que genera el poder de los leones que surgen de la masa para sustituir a los zorros de la élite gobernante y terminan devorados por sus antecesores. Tenemos ya un vecino león que promete un próximo edén; sin embargo, ya tiene cola de zorro y prepara su cena con los que detestaba.

Édgar Arandia Quiroga es artista y antropólogo.

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La danza cura el tedio

/ 3 de diciembre de 2023 / 00:24

El deporte plurinacional de los bolivianos es la danza. Si preguntamos a los habitantes de todo el territorio, un importante porcentaje reconocerá que participó alguna vez en alguna danza, tal vez en su época de la escuela o el jardín de niños (a la fuerza), en el colegio (bailar como robot y no danzar, estimulado por el pito del profesor de Educación Física)) o, luego de ese periplo, danzar como un ritual para un santo o una virgen en las entradas folklóricas que llenan el calendario con más fiestas que días tiene el año. Muchos, ya de adultos, lo hacen por mostrarse en su fraternidad (han acumulado bienes y capital), también es una manera de expandir sus redes sociales y personales para concertar negocios, matrimonios, compra y venta de bienes; vale decir que es una especie de bolsa de valores abierta por la danza y bendecida por los santos, tatas, vírgenes a los que hacen bajar del cielo a compartir con sus cofrades. El tiempo de la fiesta, como el arte, es un espacio de vivencia existencial, es el tiempo congelado, te olvidas de todos los problemas prosaicos de la vida: la danza te comunica contigo mismo y establece un vínculo con tu comunidad espiritual, a diferencia del baile que es un acto lúdico simple para divertirse.

Un conocimiento básico para ser legislador —pensamos a la hora de votar por ellos— es que deberían conocer la intimidad de su pueblo, de entenderlo, servirlo y amarlo. Eso pretenden los educadores, cuando en cada acto de clausura se emocionan y les brota un nacionalismo barato cuando enuncian su “amor a la patria” al ver las danzas de las diferentes regiones, de pronto su espíritu edil se evapora y brota el sentimiento de Estado.

Los legisladores, en su mayoría, hombres y mujeres, demostraron su bajo nivel instructivo en conocimientos de la geografía de sus regiones, sus potenciales productivos, niveles de pobreza, índice de analfabetismo y el promedio de vida. Los que tuvimos la esperanza de contar con legisladores que promuevan soluciones de desarrollo integral para sus regiones, fuimos estafados: gritan, insultan, agreden físicamente a sus oponentes y dan un espectáculo deplorable y deprimente. El circo romano en que han convertido la Asamblea aburre e irrita. Siempre se alude al lenguaje de las kh’ateras de los mercados para significar que son groserías y carecen de educación moral, sin embargo, las vendedoras tienen creatividad a la hora de enfrentarse; no podemos decir lo mismo de los legisladores, pues siempre acuden a su rancio repertorio desatado por sus obsesiones maníacas. Seguro que la mayoría no está enterada —reacios como son a la lectura— que conocer la intimidad histórica de un pueblo también se aprende a través de sus danzas.

Los colegios privados y estatales organizan festivales de danzas folklóricas, organizadas por los profesores de Educación Física que privilegian las capacidades cinéticas y psicomotrices, como parte de sus competencias pedagógicas para las que fueron formados, dejando de lado el origen de cada danza, su calendario agrario, la simbología de los pasos y la vestimenta, la etapa de su aparición histórica, su probable evolución y desarrollo estético, hasta convertirse en el cuerpo más extendido de las culturas bolivianas con expresiones colectivas en todo el territorio. Los políticos aprovechan estos escenarios, los usan como vitrina para mostrarse y potabilizarse ante las clases populares y medias que aman estas muestras de fe sincrética y cohesión social que los partidos políticos son incapaces de lograr.

Calculan que en la sede de gobierno existen más de 300 instituciones privadas de danza, sin contar las estatales y municipales. Estos grupos que forman danzarines sostienen un aparato pedagógico valioso que no es aprovechado, como parte de la formación del habitante con una visión de Estado plurinacional.

Recientemente fuimos a ver una puesta del grupo Bafopaz (Ballet Folklórico de La Paz), que, a través de las danzas ajustadas por un guión histórico, permitió apreciar el poderoso acervo cultural que atesoramos y no lo aprovechamos apropiadamente para formar a las nuevas generaciones, que requieren referentes que cohesionen todas las regiones de este proyecto de Estado republicano que agoniza. Nos curó del tedio que nos provocan los protervos políticos.

Édgar Arandia Quiroga es artista y antropólogo. 

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Candidatos de boutique

/ 19 de noviembre de 2023 / 00:49

La cultura occidental nos modeló durante cinco siglos y querer sacudirse de esa influencia en 20 años es una ligereza que nos puede conducir a encarar los conflictos como Europa: con sangre.

El “buen vivir” o suma kamaña no es nuevo, la civilización china ya argumentó sobre el rol del ser humano sobre la Tierra y su mejor forma del estar. Así, Confucio (551 a.n.e. – ¿?) consideró que el Estado debería ser paternalista bajo ciertas condiciones morales. La China se debatía entre la corrupción e inestabilidad, condiciones que impulsaron los debates para salir de ese círculo perverso durante el periodo de las primaveras y otoños (siglo VIII a.n.e.), etapa de armonía y prosperidad que permitió a la China el florecimiento de la filosofía, el arte y la literatura. La historia nos enseña que solo en esas condiciones es posible el florecimiento de un Estado y su cultura.

Para Confucio era imprescindible que los seres humanos deberían ser junzi o seres superiores con las virtudes de la fidelidad y la sinceridad, como un buen ejemplo para el resto: si el deseo de un líder es el bien, la gente será buena. Un reflejo de la relación entre un padre amante y un hijo obediente, relación que impera hasta ahora en el gigante asiático y permeó a todas las culturas orientales y sus ritualidades para preservar esta interfamiliaridad como modelo moral.

“Lo que sabes, sabes; y lo que no sabes, no sabes. Esa es la verdadera sabiduría”, apostrofaba Confucio a la hora de viabilizar el ingreso de los individuos a la administración del Estado.

Desde una perspectiva parecida, el filósofo Mo Di (c. 470-391 a.n.e.), consideraba que las cualidades y la cualificación para desempeñar altos cargos eran necesarios: el estudio y la aptitud y no el origen familiar, de esa manera se evitaba el nepotismo y el cuoteo entre amigos; ya prefiguraba la creación de grupos políticos entre círculos sociales de amigos.

Platón (427 a.n.e.) también promovía la vida buena generada como misión de los gobernantes, insistiendo en la capacidad intelectual y el conocimiento de la ética y la moral; aseguraba que solo los filósofos poseen esa capacidad y ese conocimiento, por lo tanto solo éstos deberían obtener el poder político, de otra manera las polis o ciudades jamás resolverían sus problemas.

Aristóteles corroboraba que los conocimientos se adquirían por observación y no por razonamientos intelectuales, la ciencia política debía basarse en datos empíricos, organizados y clasificados de la misma forma que el mundo natural. Planteó dos preguntas para dirimir discusiones al viento: ¿Quién gobierna? y ¿en nombre de quién gobierna? Para éste existen seis formas de gobierno: los gobiernos unipersonales, plasmados en las monarquías y las tiranías; los gobiernos de una minoría selecta como la aristocracia y la oligarquía; y el gobierno de la mayoría, generada por un orden civil democrático.

Durante estos periodos surgieron muchas teorías, en la india Chanakia (c. 350- c. 275 a.n.e.) ratifica que es imprescindible tener conocimiento y cualidades personales para gobernar y promueve consejeros para evitar acciones erróneas. Durante este largo proceso se elucubraron muchas posiciones y la religión se encaramó para apalancar a los grupos de poder y ofrecer una buena vida en este mundo y en el más allá: todas fracasaron, la perfección no existe. Así, el realismo político advirtió de la codicia y el afán del oro de los humanos, lo que perfora el moralismo político a la hora de asaltar el poder. Maquiavelo se convirtió en la antorcha del nuevo orden que perdura hasta ahora. El nacimiento de las ideologías dinamitó ambas tesis, pero sin abandonar sus postulados básicos; así Marx esculpió su postulado sobre la filosofía política que solo interpreta el mundo y el objetivo es cambiarlo en busca de un buen vivir.

Ahora, la élite republicana boliviana, que reprodujo la colonialidad para no perder sus privilegios, calibra la pugna interna del oficialismo como la ocasión propicia para retomar el poder, inspirados en Milei y Trump. Para ello organiza reuniones sociales en hoteles, con el propósito de sacar de la manga un outsider de boutique que compita en la arena política con el maltrecho oficialismo. Aislados de la calle, del mercado y de las clases populares, no ven un horizonte real. Varios asomarán sus rostros sonrientes.

Édgar Arandia Quiroga es artista y antropólogo.

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Dar de comer al difunto

/ 5 de noviembre de 2023 / 00:44

Han pasado 44 años de la Masacre de todos Santos (1979), los responsables nunca fueron juzgados ni en este gobierno ni en el anterior. Sin embargo, las clases populares recuerdan a sus difuntos y les dan de comer para que la memoria permanezca.

Esta ritualidad en el mundo occidental consideraba a febrero mes de los difuntos en Roma, los días del 13 al 22, en los que se celebraban los llamados parentalia. El 22 de febrero se reunían todos los familiares alrededor de la tumba para realizar un banquete fúnebre. El historiador Van del Meer (1965) relata: “Ponían sobre la mesa los alimentos como oblación hecha al difunto, pues creían que su sombra estaba presente y hasta le disponían de un puesto de honor en una ‘cathedra’ que era una silla vacía. A la hora misteriosa de la tarde —pues la comida se tenía siempre por la tarde—, lo llamaban por su nombre y le invitaban a tomar parte en su sacrificio y mantener con ellos, por la comida y la bebida, una comunión de mesa y oblación”.

Los nuevos cristianos romanos continuaron con estas prácticas y la Iglesia, a través del emperador Constantino, lanzó un edicto de tolerancia el año 313 y el nuevo contingente de evangelizados, arraigados fuertemente en sus usos ancestrales, continuaron celebrando la parentalia cada 22 de febrero. La Iglesia romana intentó cristianizar esta fiesta, impulsando a la población a celebrar en esta fecha al fundador de la comunidad de la Catedral de San Pedro, con relativo éxito, habida cuenta que la celebración de dar de comer y beber al difunto rebasó más bien con excesos, hecho que provocó la prohibición por Ambrosio de Milán. Sin embargo, más lúcido y con perspectiva política, San Agustín de Hipona propuso que se “permita poner sobre las tumbas comidas y bebidas, a condición de que se hagan con moderación y se las mire como limosna para los pobres que acuden allí espontáneamente o sean expresamente invitados”

A pesar de las prohibiciones, estos rituales funerarios, considerados paganos por el culto católico romano, siguieron efectuándose de manera clandestina.

En el año 998, el abad Odilon de Cluny instituyó la conmemoración de todos los difuntos el 2 de noviembre, día después de Todos Santos, promovida para combatir paganismos irlandeses como el All Hallows’ Eve; por lo tanto, los conquistadores y evangelizadores españoles ya conocían la conmemoración del 2 de noviembre y con esos antecedentes la introdujeron a Abya Yala, convencidos seguramente que esta celebración era un aporte nuevo para facilitar la evangelización y combatir la cosmovisión indígena considerada herética.

En los Andes invadidos, el 2 de noviembre coincidía con la fiesta de difuntos, así Poma de Ayala remarca: “Noviembre/aya marcay Quilla (mes de llevar difuntos). Se sacan los difuntos de sus bóvedas que se llaman pucullus y le dan de comer y de beber y le visten con sus vestidos ricos y les ponen plumas en la cabeza y cantan y danzan con ellos. Y le pone en andas y andan con ellas de casa en casa y por las calles y por la plaza y después tornan a meterla en sus pucullus, dándole sus comidas y vajilla al principal, de plata y de oro y al pobre, de barro. Y le dan sus carneros y ropa y lo entierra con ellas y gasta en estas fiestas muy mucho” (sic).

La Iglesia, al igual que lo hiciera en Roma con la parentalia, prohibió esta costumbre, y en el Concilio Limense de 1567 se establecieron varias prohibiciones o cánones para ser cumplidos so pena de castigos. Entre ellos estaban el de poner comida y bebida en las tumbas, evitar que piensen que las almas comen y beben, no desenterrar a los difuntos para hacerles bailar, entre otros.

Durante la extirpación de idolatrías (siglos XVI-XVII), la persecución a los ritos funerarios indígenas para que la rueda de la vida continúe fue un fracaso; ya que en las distintas regiones del territorio siguieron estas prácticas, de manera clandestina, ligadas a los ciclos agrícolas de vida, muerte y resurrección.

Los difuntos son considerados semillas y volverán en los frutos del Anata y el Carnaval para celebrar la vida y la memoria.

 Édgar Arandia Quiroga es artista y antropólogo.

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¿Sembrar trigo o cizaña?

/ 22 de octubre de 2023 / 00:34

Según mi compadre Teo, el mundo está cuerdo y la prueba de ello son las guerras, pandemias y conflictos recurrentes; asegura que la ONU y otros organismos son pantallas y carecen de fortaleza porque son operados por intereses imperiales. Teo afirma que la locura sería entonces la paz, la tolerancia, la armonía entre el ser humano y la naturaleza. Decía esto mientras sorteábamos el Cabildo del 17 de octubre, para ir a un recordatorio de la masacre de la “guerra del gas” (2003), en el cruce a Viacha. Así, empezamos a hablar de la cizaña universal.

Esta planta parecida al trigo, genera un tipo de hongo venenoso que puede producir la muerte a quien lo ingiere. La cizaña (lolium temelentum) de la familia de las gramíneas, cobija una semilla de color negro que se expande por los campos de cultivo.

Tal vez este descubrimiento temprano de los campesinos originó la paremia sembrar cizaña que, desde tiempos bíblicos, circula por el mundo. Así, en una parábola del Evangelio según San Mateo, Cristo comparó a la rivalidad con la cizaña. La rivalidad y el rencor, la mala fe y la desconfianza recíproca envenenan las relaciones humanas y, como la semilla negra, se expanden sin control, dominados por las emociones y la ausencia de la racionalidad. Muchas veces, sin retorno porque el encono está acumulado y se descarga sin control: la cizaña ha vencido al trigo y el centeno. Si la cizaña ha pasado a las harinas, envenena el pan nuestro de cada día.

Esta vieja manera de eliminar a los enemigos fue usada sembrando furtivamente la planta para que se envenenaran, de allí la preocupación de los campesinos y dueños de campos para arrancarla antes de su proliferación macabra, de esta manera diferenciaron el bien y el mal con el grano y la cizaña.

Las rivalidades en la vida política siembran la cizaña para descalificar al oponente, aquí no cabe la reflexión y mucho menos la argumentación. No es extraño que quienes más usan esta ventajosa intriga estén bajo influencia del temor al rival o dominados por la angurria de poder y la envidia. Enfrentar y dividir, poner unos contra otros, abonar la discordia con fines desleales, sembrar cizaña.

Todo este manoseo entre seres humanos tiene su correspondencia con el color negro de la semilla de la cizaña, así para acompañar la maledicencia existe su complemento que es: ¡La mano negra!

La leyenda sobre la mano negra dice que es un espíritu femenino de larga cabellera que va flotando por el aire, vestida de negro y con una enorme mano con garras que habita en los pantanos y los pozos. Esa mano no es la izquierda ni la derecha y puede causarte la muerte si te encuentras con ella. Esta leyenda sirvió para incriminar a grupos políticos en Andalucía en el siglo XIX, acusándolos de atentados y asaltos; la policía política los bautizó como La mano negra. Sin embargo, en 1912, en Belgrado, Serbia, el jefe de información política Draguntin Apis organizó una agrupación secreta y la bautizó como La mano negra. Todos estos tópicos, extrañamente, acompañan a los cizañeros que también organizan una lista negra. Las listas negras se usan para discriminar y eliminar a personas por tomar posición crítica frente a un hecho y, sobre todo, si se interpela al poder. Hay otra clase de lista negra legalizada de aquellos contribuyentes que deben impuestos y los deudores de sus créditos a los usureros de los bancos.

Como todo en esta vida tiene su complemento, así como hay mano negra hay la mano blanca que aparece cuando las acciones bajan y los empresarios temen un crack económico, entonces el Estado extiende su mano blanca y salva la inversión.

Teo me aclaró que también existen las listas blancas, de los amigotes y correligionarios sumisos o llunkus que cuidan sus intereses personales. Trajo a la memoria los sucesos de hace 20 años cuando un familiar suyo cayó acribillado por el Ejército boliviano que blandía la bandera tricolor, y exclamó al ver wiphalas: “¡Esta no es una multitud, compadre, es una humanidad! No debemos sembrar cizaña, debemos sembrar vida”, dijo entre lágrimas y nos abrazamos.

 Édgar Arandia Quiroga es artista y antropólogo.

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