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viernes 23 oct 2020 | Actualizado a 20:40

El odio, el miedo, el racismo a los indios/as

/ 4 de octubre de 2020 / 09:53

En estos días preelectorales existen actitudes de grupos racistas de anularla personería jurídica del Movimiento Al Socialismo (MAS-IPSP), porque supuestamente habría infringido alguna cláusula de la ley electoral de comunicar encuestas en un tiempo no permitido. Sin entrar en la verborrea jurídica, este reencauzamiento de la política colonial procura prohibir anulando jurídicamente los derechos políticos más elementales de los pueblos indígenas y campesinos del país.

Para entender mejor estos fenómenos jurídicos racistas de larga data, recurrimos al pasado, como experiencias concretas y que hoy con sus nuevos matices se continúan practicando.

A fines del siglo XIX, el movimiento indígena de los Apoderados general estuvo acciones muy importantes en defensa del ayllu ancestral contra las haciendas. Feliciano Espinoza fue un aymara de los ayllus urbanos de San Pedro de la ciudad de La Paz y el principal antecesor de Pablo Zárate Willka. Espinoza fue temido por sus acciones de defensa de las tierras comunales en los estrados judiciales. Por esta forma de protección fue enjuiciado por los políticos y gamonales de la época, porque supuestamente sublevaba a los indios. Así se acabó con el liderazgo de Espinoza, pues no se sabe qué paso con él, lo más probable es que haya sido eliminado físicamente.

En el siglo XX, después de 1920,se comenzó a publicitar que “todos tenemos derechos” e incluso se propició políticas indígenas desde el Estado y la Iglesia Católica como la alfabetización. Santos Marka T’ula, aymara y Apoderado general de los ayllus y comunidades la región andina, en su lucha contra las haciendas exponía documentos, incluso coloniales, en las tribunas judiciales, sobre que eran los verdaderos propietarios de sus tierras. Por esta forma de defensa fue muchas veces encarcelado, acosado y amenazado por usar una habilidad legal. Estas acciones lo convirtieron en muy peligroso para los hacendados y políticos de la época, que no tuvieron contemplación al ordenar que lo arrojen al río Cajón de los Yungas de La Paz.

En la década de 1930, el miedo y el odio a los indios no solo estaba en la sociedad, sino también entre los militares. Eduardo Nina Quispe, aquel educador autodidacta que fundó escuelas en las comunidades aymaras y quechuas y, a la par, enseñaba a leer y escribir a los niños de los indios urbanos en su casa de la ciudad de La Paz, fue acusado de ser comunista, subversor de la indiada e incluso de atentar contra la seguridad del Estado, porque su centro educativo llevaba el nombre de Kollasuyo. Fue enjuiciado y encarcelado por la logia militar Legión Cívica, especializada en la masacre de indios en plena Guerra del Chaco (1932-1935).

En la década de 1980, Jenaro Flores Santos, fundador de la Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia (CSUTCB) y el movimiento katarista indianista, fue baleado, quedando paralítico por defender la democracia desde la Central Obrera Boliviana (COB), contra la dictadura militar narcotraficante de los García Meza y Arce Gómez. Un aymara estuvo a la cabeza de la COB, no solo para defender a sus hermanos, sino a los obreros y sectores populares del país. Esta acción jamás fue reconocida, ni como testigo cuando se enjuició a García Meza y sus secuaces.

En la “guerra del gas” de 2003, hubo mucho miedo a los indios urbanos de El Alto, que bajen hasta la ciudad, sobre todo que desciendan hasta la zona Sur, porque supuestamente podían saquear, robar bienes y hasta violar mujeres de la “clase alta”, porque aparentemente eran unos bárbaros y hasta delincuentes comunes.

En octubre y noviembre de 2019, es decir, en el golpe de Estado, la población indígena urbana de El Alto fue nuevamente temida porque imaginariamente eran las hordas feroces. En este suceso los colonialistas racistas se llamaron “pititas”, plataformas, comités cívicos, resistencias, Conade, etc., que se disfrazaron de demócratas y libertarios para justificar sus acciones racializadas.

En este brochazo histórico mostramos cómo se mantienen algunas líneas eje del sistema colonial que reproduce la violencia, el odio, el miedo, el desprecio y el racismo contra los indios/as. Queda claro que el sistema se recicla socialmente y también matiza sus estrategias en cada momento histórico; pero en el fondo continúa el odio al indio/a, aunque sea urbano. Si se consolidara la torpeza de anularla personería jurídica del MAS-IPSP se consumaría la forma más colonial de prohibir al indio que haga política, separando el ejercicio de los derechos políticos más elementales del ser humano. ¿Cuál sería la respuesta de los afectados? Sería un pachakuti total y con mucho dolor de por medio, y ojalá no lleguemos a esta situación extrema.

Wasitampiwa q’ara, misti jaqinakaxa taqjatañ munapxistu, jisk’achaskakistuwa. Amuyasiñani, mayachasiñani. Mä wawakixa nayraqatarux sarantaskakiñaniwa.

*Es aymara boliviano, sociólogo y antropólogo.

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Incendios sin ayuda gubernamental ni repercusión

/ 17 de octubre de 2020 / 22:19

Hace varios meses que hay muchos incendios en los departamentos de Santa Cruz, Tarija, Chuquisaca, Beni, La Paz, Cochabamba y Potosí.

Se calcula que hasta ahora se han consumado por el fuego cerca de 2 millones de hectáreas de bosques. Lo más raro es que hay muy poca información concreta. Algún medio de comunicación nos muestra algunas imágenes de gente escapando de sus casas, que están a punto de incendiarse. No sé si es por la crisis que el COVID-19 causó a los medios de prensa, hoy no aparecen enviados especiales al lugar de los hechos, como sucedió en los incendios del año pasado.

Ni qué decir de los ambientalistas, los ecologistas.

Creo que sus acciones se han reducido a lo mínimo, que casi no se escuchan sus reclamos y menos sus orientaciones. Oímos algunas voces de los biólogos, pero sin mucha convicción en qué hacer, aunque su alerta y miedo a que se destruya la biodiversidad, sobre todo de los parques nacionales, es alarmante.

¿Qué pasó con el entusiasmo de los jóvenes? El año pasado mucha juventud urbana de las ciudades ejes del país se manifestaban como ecologistas y se trasladaron para ayudar a sofocar los incendios en la Chiquitanía.

¿Se acabó el activismo o la militancia de defender la madre naturaleza? ¿Qué sucede con las universidades, incluidas las privadas, que no se han manifestado a semejante problema? Los que se disfrazaban de ambientalistas, llámense “pititas” y grupos de choque racistas, nos muestran hoy su verdadero rostro de que no les importa que se incendien nuestros bosques y que solo utilizan de vez en cuando el problema para publicitarse como tropas políticas del neoliberalismo.

Las autoridades del Gobierno transitorio brillan por su ausencia y creo también por su ineficacia de cómo afrontar la situación tan extrema.

Pareciera que se han aislado del problema y están solo pensando en quiénes habrían ocasionado los incendios y no en cómo sofocarlos.

En el Gobierno central ya nadie habla del respeto a la naturaleza, aunque es política del Estado Plurinacional, y mucho menos de salvar a la Madre Tierra. Se oye de vez en cuando refunfuñar a algún ministro contra algún opositor político de que habría sido el causante del daño y siempre amenazando que serán enjuiciados.

Es tan mezquina la forma de encarar el incendio que las imágenes nos dicen todo, como algún helicóptero llevando un poco de agua frente a la extensión del incendio, que es como llevar un vasito de agua al fuego. ¿Cuesta tanto pensar para traer nuevamente un avión Supertanker como sucedió el año pasado? Se oye alguna declaración gubernamental de que algún país amigo nos ayudará, pero no hay ningún socorro.

Hasta ahora no existe ninguna política concreta para apagar los incendios que se irradian. Qué puede interesar el incendio a un gobierno de empresarios que les gusta tener campos despejados para sembrar productos antiecológicos, como la soya o algún producto transgénico, en fin.

Aunque destaco los reclamos de algunos alcaldes de los gobiernos municipales afectados, oír clamando que no tienen ayuda ni de la gobernación ni del Gobierno central, que no cuentan con recursos para afrontar y menos para contratar aviones para combatir el incendio.

Estas son las tareas del Gobierno nacional serio y responsable, que no tenemos hoy en día.

La convicción de unos niños llevando agua en unas botellitas y declarando que “ayudaron porque quieren hacerlo” es el fiel testimonio de lo que sucede en nuestro país. Esos niños expuestos al fuego, según su alcance físico y su convicción ayudan a apagarlo, lo que no hace el Gobierno con todo su aparato burocrático, incluido Defensa Civil y las Fuerzas Armadas.

Wali ch’umi uraqinakawa q’al phichhantasiski, ninawa q’al tukkhaski. Gobiernunkirinakaxa janiwa yanapapkiti. Phichantasiskpanaya, ukham amtapxi uka q’ara, misti jaqinakaxa.

 ¿Qué pasó con el entusiasmo de los jóvenes? El año pasado mucha juventud urbana se manifestaba como ecologista

Esteban Ticona es Aymara Boliviano, Sociólogo y Antropólogo

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Protección urgente de los bienes de la lingüista Juana Vásquez

/ 20 de septiembre de 2020 / 08:11

Juana Vásquez nació el 13 de agosto de 1938 en una comunidad de Tiwanaku de la provincia Ingavi del departamento de La Paz. A la edad escolar fue traída por sus padres a la ciudad de La Paz para que acceda a la escuela. Por la difícil situación económica de su familia tuvo que trabajar desde muy joven en una pequeña fábrica, ayudar a sus padres y costear sus estudios, asistiendo a una escuela nocturna de una zona suburbana, donde concluyó su formación.

En 1965 comenzó una larga carrera como la primera lingüista aymara. Formó parte del Instituto Nacional de Estudios Lingüísticos (INEL), es una de las fundadoras junto con otros académicos, como Juan de Dios Yapita (recientemente finado) y la estadounidense Marta Hardman. Con Yapita y Hardman escribieron la gramática del idioma Aymara. Compendio de estructura fonológica y gramatical, publicada por el Centro de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Gainesville, Florida, en 1974 y reeditada en nuestro país en 1988. Esta obra es el aporte más importante a la lingüística aymara contemporánea, que logró implantarse paulatinamente en los espacios académicos de enseñanza del aymara (UMSA, por ejemplo) y es la base para las políticas lingüísticas ancestrales actuales.

Como investigadora del INEL que dependía del Ministerio de Educación, pudo visitar varios pueblos indígenas del país, incluidos los amazónicos y orientales. Es una de las investigadoras del libro Etnias y lenguas de Bolivia, de Pedro Plaza y Juan Carvajal, publicado por el Instituto boliviano de Cultura en 1985.

También fue poeta, varios de sus poemas en aymara reflejan los avatares de la vida, que no fue tan sencilla para Juana. Fue profesora de aymara en varios países; pero sobre todo destacó su larga estadía en Gainesville, Estados Unidos, donde enseñó en la maestría y doctorado en antropología y lingüística de la Universidad de Florida, entre 1969 y 1975. Además le gustaba cantar, melodías aymaras que fueron aprendidas de su abuela y su madre.

También incursionó en la traducción del aymara al castellano, por ejemplo como invitada del American Universities file stage de cinco películas bolivianas del Documentery film proyect para Londres, Inglaterra, en 1975. Además era dibujante, donde resaltan el respeto a la Pachamama, la vida cotidiana de las comunidades; hace hincapié en los niños y los ancianos, que constituyen la experiencia y el futuro en la vida. Ilustró muchos trabajos de investigación referidos a cuentos, tradiciones orales andinas e incluso para algunas portadas de libros. El dibujo fue la base metodológica de sus cursos de aymara. El Alfabeto aymara ilustrado (INEL 1975) o el Dibujo artístico para el material didáctico audiovisual, Universidad de Florida, son algunos ejemplos.

Lamentablemente Juana Vásquez falleció en agosto del presente año. Juana vivía sola en su casa de la ciudad de La Paz. Juanita, como le decíamos, no tiene herederos directos, su madre falleció hace varios años. Ante esta situación existe el peligro de que algún vecino de la zona donde residía y una iglesia evangélica pretendan apropiarse de su casa y sus bienes culturales.

Ante esta difícil situación, solicito públicamente a las autoridades del Gobierno Municipal de La Paz lo siguiente: 1) Su intervención inmediata. resguardando la casa y los bienes culturales de Juana. 2) Que declaren como patrimonio cultural aymara la casa y los bienes de Juana. 3) Que la casa y los bienes culturales (sus trabajos de investigación, sus libros, sus poesías, dibujos y fotografías), se conviertan en Casa Museo dependiente del gobierno municipal y puedan ser un centro intercultural de enseñanza del idioma aymara y la cultura andina en general. 4) Que el gobierno municipal pueda publicar sus trabajos más importantes, como muestra de reconocimiento a una valerosa mujer aymara que apostó por la reivindicación de nuestra identidad desde la lengua ancestral. 5) Hago un llamado de urgencia a las organizaciones de mujeres, sobre todo de las aymaras y quechuas, instituciones culturales y ciudadanía en general para que puedan adherirse a este pedido de no permitir la apropiación de la casa y los bienes de nuestra hermana Juanita por personas oportunistas e inescrupulosas, comunicándose al correo thoa@hotmail.com y en las tardes al teléfono 2483395.

Wali llakitawa jiqxatasta. Mama Juanitaw wiñay markaparu sarawayxi. Utapa, qillqawinakapa lunthat jaqinakawa katuntasiñ munapxi. Arsusiñawi kullakanaka, jilalatanaka. Utapanxa aymara aru yatichaspan, sasa ¿janicha ukhamaxa?

Esteban Ticona es aymara boliviano, sociólogo y antropólogo.

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Necroresistencias…, necropititas, necroplataformas…

/ 6 de septiembre de 2020 / 03:18

En estos últimos tiempos presenciamos la proliferación de nombres como Resistencia Cochala, los “pititas”, plataformas ciudadanas y otros nombres similares, alegando de que son defensores de la democracia y la libertad; pero en los hechos estos grupos no son más que organizaciones irregulares, paramilitares que solo buscan dañar al prójimo e incluso causar la muerte.

A raíz del asesinato cruel de la joven Betsabé Mara Alacia por el oficial de la Policía Adán Boris Mina Alanes, en la ciudad de Cochabamba, han quedado muchos cabos sueltos que no han sido aclarados, menos están siendo investigados por las autoridades y tampoco mereció la atención de la prensa que solo se alimenta del sensacionalismo del momento. Como recordarán, descubierto el cuerpo calcinado de Betsabé, el oficial Mina fue apresado y presentado públicamente por el Ministro de Gobierno como el asesino de la joven.

En la exhibición pública, el policía lucía una melena que incluso cubría su rostro. ¿Un teniente de la Policía usa una melena larga? Cabellos largos de esa dimensión crecen en varios meses, entonces, ¿dónde ejercía sus funciones el policía Mina? Se ha denunciado que Mara estaba cumpliendo con una “misión de apoyo y coordinación” a los paramilitares denominados Resistencia Cochala. Si esta denuncia es válida, quedaría demostrado que el melenudo Mina capacitaba al grupo irregular mencionado, despistando físicamente. ¿En qué consistía el apoyo al grupo paramilitar, fascista? ¿En entrenar y transmitir formas de violencia de las más crueles (¿cómo la que hizo con Betsabé?) contra los ciudadanos que no están de acuerdo con el Gobierno transitorio? Ésta y otras preguntas tendrían que explicar las autoridades del Gobierno central.

Pero hay una pregunta crucial, si estamos en democracia y gozamos de plena libertad, ¿por qué se permite la existencia de grupos irregulares que a nombre de defender la democracia se capacitan para amenazar y atentar las libertades más básicas de los ciudadanos? Si se confirma la denuncia, lo grotesco que quedaría la Policía Boliviana de permitir que civiles paramilitares se muevan y quieran controlar el orden público.

En esta línea de matonaje político de la Resistencia Cochala, los/as “pititas”, las plataformas y los comités cívicos, la Defensoría del Pueblo nacional denunció que desde hace varios días se registran agresiones de grupos violentos organizados que se instalan en puertas de la institución en la ciudad de La Paz. Lo más vergonzoso es que hace algunos días atacaron a jóvenes y adolescentes trabajadores de y en la calle y a sus familias, que habían recibido ayuda en alimentos e insumos de bioseguridad de la Defensoría en esta etapa difícil del contagio de COVID-19. ¿Dónde está el discurso de solidaridad de las/os “pititas”, cuando en los hechos solo saben maltratar y amenazar a los grupos sociales más vulnerables del país? Violando los derechos más elementales del ser humano, pregonan que actúan a nombre de la democracia capitalista y liberal.

Autoridades del Gobierno central y de la Policía nacional no se han pronunciado ante la denuncia de la Defensoría. El silencio ¿explica la estrecha relación de grupos irregulares con la Policía?

Lo que queda claro es que la deshumanización total y la industrialización de la muerte es lo que prima en esta etapa del COVID-19. El Estado boliviano está siendo infiltrado cada vez más por grupos irregulares y delincuenciales. A los ojos de los colonizadores, que fungen como autoridades del Gobierno y dirigentes de entes cívicos, la vida de los ciudadanos no es más que la vida de los salvajes y animales. En esta lógica colonialista, la identidad nacional se concibe nuevamente como la identidad contra el otro/a. La violencia colonial ahora se apoya en el terror irregular y sagrado de la Biblia. Esto es el necropoder del sistema colonial, capitalista y racista de exclusividades que hoy se irradia peligrosamente.

Janiwa akch’as walikiti sarnaqäwisanakatakix. Q’ara, misti, ch’uxña, chitaku jaqinakax wali tukkhañ munisti. Amuyasiñasaw jilata, kullakana.

Esteban Ticona es aymara boliviano, sociólogo y antropólogo.

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El racismo colonial del Comité Cívico de Santa Cruz

/ 22 de agosto de 2020 / 00:34

La madrugada del lunes 3 de agosto se inició la huelga general indefinida y el bloqueo de caminos en todo el territorio boliviano, a convocatoria de la Central Obrera Boliviana (COB) y de los movimientos sociales que conforman el Pacto de Unidad, exigiendo del Tribunal Supremo Electoral el respeto a la fecha de elecciones establecida mediante ley para el 6 de septiembre del presente año.

Una multitudinaria marcha en la Ceja, donde dirigentes de la COB, de la Confederación Nacional de Mujeres Indígenas de Bolivia “Bartolina Sisa”, de la Federación Única de Trabajadores de La Paz “Tupaj Katari” y otras organizaciones juveniles y vecinales anunciaron las medidas de presión, aprobadas en un cabildo realizado el 28 de julio, en la ciudad de El Alto.

Por su parte, el histórico líder aymara Felipe Quispe, el Mallku, apostó por el bloqueo de caminos total declarando que “las movilizaciones serán más contundentes y revolucionarias porque el Gobierno se hizo la burla. Las elecciones debieron ser el 6 de septiembre, ya se está haciendo la burla con la población. Muy tarde quieren trancar el corral porque el burro ya está muerto dentro. Las cosas eran desde el primer día que estaba llegando el COVID-19”.

En medio de este conflicto que se agravaba días tras día, apareció a la palestra el presidente del Comité Cívico de Santa Cruz, Rómulo Calvo. Haciendo gala de su total ignorancia descalificó a los actores de los bloqueos de manera despectiva y racista. ¿Qué expresó textualmente Calvo, entre aplausos en la asamblea del Comité, el 11 de agosto? “Este Comité no descansará hasta ver tras las rejas a estas bestias humanas, indignas de ser llamados ciudadanos. Colonos que muerden la mano a la tierra que les abre los brazos para que salgan de la pobreza, y pagarán esta tamaña afrenta”, expresó amenazante.

No es extraño que personas vinculadas a los comités cívicos del país y particularmente de Santa Cruz, tengan esta visión retrograda de los diferentes ciudadanos/as de nuestro país. ¿Cómo explicar esta mirada racista y xenófoba hacia nuestros coterráneos? La fusión de la mentalidad de patrón-empresario, que aún piensa como al inicio de la colonización española que los indios eran bestias y no tenían alma es una explicación; pero también la continuidad de ese pensamiento colonialista, alimentada día tras día desde sus bisabuelos, abuelos y padres gamonales de que son mejores invasores y dueños absolutos de estas tierras.

El señor Calvo se siente totalmente un colonizador nato al denominar colonos a los collas o indios campesinos del occidente del país, que bloqueaban las carreteras. Además de pensar que estos sitiadores son mal pagadores porque los patrones/empresarios les dieron trabajo en sus tierras y éstas no son del país. El grupo de choque neofascista del comité cívico, la Unión Juvenil Cruceñista, salió a algunas carreteras a desbloquear “su territorio”, es una expresión clara de cómo actuaron a nombre de la vida y la democracia, humillando vilmente a nuestros coterráneos.

Lo que me causó estupor es que Calvo se reafirme y cite en varias declaraciones públicas que el término de “bestias humanas” estaría mencionado en el diccionario de la Real Academia Española (RAE). En el diccionario de la RAE están los términos de “bestia” y “humano” pero por separado y no juntos como nos quería hacer creer. Calvo pensó que citando a la RAE tendría elegancia su afirmación y justificaría su uso, cuando en el fondo es una expresión altamente racista y xenófoba. El racismo elegante e incluso académico y científico no se justifica en estos tiempos y hay que combatirlo en cualquier escenario. El Ministerio Público debería enjuiciar de oficio y aplicar la Ley 045 de 2010, de lucha contra el racismo y toda forma de discriminación.

Khä Santa Cruz markana q’ara qamiranakax uywakstans ukhamaruw uñjistu. Uka q’ara amuyxa tukkhañasawa, kuttañasawa ¿janicha ukhamaxa?

Esteban Ticona es aymara boliviano, sociólogo y antropólogo.

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Protección urgente de los bienes de Roberto Choque Canqui

/ 5 de agosto de 2020 / 02:15

El pasado 17 de julio del presente año nos dejó el historiador aymara Roberto Choque Canqui.  A lo largo de más de 50 años Roberto construyó una biblioteca especializada en historia, las ciencias sociales y humanísticas, con libros adquiridos de muchos lugares del mundo. En su condición de becario del Archivo General de Indias de Sevillla, España y del Archivo Nacional de Buenos Aires trajo muchas copias de documentos históricos coloniales como del gran Pacajes, Jesús de Machaca, San Andrés de Machaca y de otras regiones aymaras e inclusive de algunos pueblos indígenas de la Amazonía. Esta biblioteca fue incrementada con libros de su querida esposa finada, la lingüista Cristina Quisbert. A esta ingente cantidad de libros habría que añadir muchas fotografías tomadas en sus trabajos de campo, sobre todo en los últimos años.

Lamentablemente Roberto no tiene ningún heredero directo. ¿Qué sucede cuando una persona fallece sin tener descendencia directa? En general, por el comportamiento sociocultural de nuestras familias, casi siempre aparecen los medios parientes e incluso gente inescrupulosa que tratan de apropiarse de los bienes del finado/a indebidamente. ¿Qué pasa con los libros y bienes intelectuales? Casi siempre terminan subastados en mercados negros o de segunda mano e incluso convertidos en papel reciclado e higiénico. ¿Cómo se dilucidan estas rencillas? Después de bochornosas disputas familiares e incluso acompañadas de carácter legal, son vendidos los libros (por no decir rematados) por los hijos/as e incluso por las viudas “porque ocupan mucho campo”. No hay ninguna consideración del valor y aprecio que tenía el finado/a por sus libros, en fin, es como para hacer muchas crónicas.

Recuerdo que un bien que apreciaba muchísimo Roberto Choque eran sus libros, porque eran sus herramientas de trabajo en la investigación y fue otra manera de autoeducarse. Hablamos en alguna ocasión sobre qué le gustaría hacer con su biblioteca y me dijo: “Me gustaría que se conservara y sirva a las nuevas generaciones aymaras y de personas interesadas en temas indígenas de nuestro país”, aunque siempre pensaba que viviría varios años más. ¿Qué pasará con la biblioteca de Roberto Choque y Cristina Quisbert? No sabemos exactamente lo que puede suceder con el accionar de su entorno familiar secundario.

Sería maravilloso que alguna de esas personas indirectas se pronuncie públicamente y diga que están dispuestas a que la biblioteca y la casa de Roberto-Cristina sean declaradas patrimonios del Estado boliviano y sirvan como un espacio de fomento a la investigación y la educación. Pero también sabemos que hay un peligro inminente de la apropiación indebida de estos bienes y que puede terminar destruido el trabajo de más de 50 años de vida y de sacrificio. ¿Qué puede hacer el Estado Plurinacional y la sociedad boliviana, en el caso de Roberto Choque-Cristina Quisbert, que corre el peligro de expropiación inescrupulosa de sus bienes y sobre todo de su biblioteca?

Tenemos la Ley 530 del Patrimonio Cultural Boliviano promulgado en 2014. Entre algunos de sus postulados señala que una casa y un bien material cultural (en este caso la biblioteca, los documentos históricos) podrían pasar a la tuición del Estado al ser declarados por la Asamblea Legislativa Plurinacional como Patrimonio Cultural del Estado Boliviano. Hacemos un llamado de emergencia a la comunidad nacional e internacional, sobre todo a los jóvenes, para apoyar esta solución y que el Órgano Legislativo Plurinacional, con carácter de urgencia, pueda declarar a la casa y la biblioteca de Roberto Choque y Cristina Quisbert como Patrimonio Cultural de los bolivianos, por la desprotección extrema que sufren en este momento.

Sería una manera de honrar y reconocer el enorme aporte intelectual y de sacrificio que les tocó vivir en vida. ¿Será que la Universidad Mayor de San Andrés, donde Roberto dictó clases y aportó con sus investigaciones, pueda apoyar esta iniciativa ciudadana? Y sería deseable que otras instituciones académicas, culturales y organizaciones sociales ligadas a la cultura ancestral del país, se pronuncien y apoyen esta iniciativa de emergencia cultural extrema. Con este propósito se constituyó una Coordinadora interinstitucional y los interesados/as en apoyar pueden contactarse con el teléfono 69836826.

Jach’a jilat Roberto Choque ukhamaraki Cristina Quisbert jupanakan pankanakapa, ukhamaraki utapxa, jaya larinakapawa katuntasiñ munapxi. Unjtasiñasawa, arsuñasawa uka ñanqha sarawiruxa.

Esteban Ticona es aymara boliviano, sociólogo y antropólogo

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