Voces

martes 17 may 2022 | Actualizado a 05:56

Repensar nuestro feminismo

/ 9 de octubre de 2020 / 04:29

En enero de este año publiqué en este espacio un artículo denominado Fue por el feminismo, su contenido nació en el intento de hacer un paralelismo del actual Gobierno transitorio con el que encabezó Rodríguez Veltzé hace 15 años. A medida que recorría el ejercicio de sucesión presidencial de 2005 con el de 2019 se hizo evidente una importante diferencia que radicaba en la presencia de mujeres en la línea de sucesión constitucional, esto como producto de los esfuerzos que históricamente se han realizado desde algunos feminismos cuya lucha pone buena parte de sus esfuerzos en la participación política de la mujer teniendo como horizonte la democracia paritaria. De alguna manera esa variable (junto a otras) viabilizó que, luego de la renuncia de Morales y una suerte de reacomodo político el país quedara a la cabeza de Áñez y Copa. Así también nació el título que le puse a esa nota de opinión.

Aunque la manera en que este gobierno llegó al poder fue —por decir lo menos— anómala y los sucesos de noviembre de 2019 aún continúan sobre la mesa de debate nacional e internacional, el haber transitado estos largos meses pandémicos en medio de una crisis política ha permitido sacar a flote complejas problemáticas estructurales que datan de la época colonial y republicana, que no solo no pudieron ser resueltas durante el último largo gobierno de Evo Morales sino que varias habían sido puestas “bajo la alfombra” para darle paso a una puesta en escena estatal que, primero, poco a poco fue ralentizando la implementación de un verdadero Estado Plurinacional para luego, en dirección opuesta, dar cabida a un proceso de desconstitucionalización. Y que hoy simplemente ha desaparecido de los horizontes institucionales nacionales producto del momento de transición irresuelto que vivimos.

Por varias décadas las diferencias entre los diversos feminismos han estado sobre la mesa, aunque con los años éstas se han hecho más visibles ante gran parte de nuestra sociedad. Y aunque se registran importantes avances sobre los que no hay que permitir retrocesos también es importante identificar los riesgos que se han instalado dentro de éstos. Concretamente, tras lo que hemos presenciado se hace crucial para algunos feminismos instalar un debate en torno a la calidad de la representación y participación política de las mujeres que llegan a cargos de poder, pues no debiera ocurrir que una causa tan justa como la inclusión política rinda solo resultados cuantitativos y no cualitativos. Si algún feminismo no puede transformar el contenido de la política patriarcal sino solo su apariencia, algo está fallando. De ello quedará —como objeto de amplia reflexión histórica— el recuerdo de una mujer que, de manera azarosa, accedió a una presidencia transitoria que fue ejercida de la manera más patriarcal y traumática, tanto para nuestras causas compartidas como para nuestra democracia.

Lo más probable es que entre las consecuencias de todo este opaco tiempo se materialice el ingreso por la vía democrática de corrientes reaccionarias y fundamentalistas (es decir, fascistas) a los espacios legítimos e institucionales del poder político, poniéndonos a tono con lo que ocurre regional y globalmente.

Los antídotos ante esta arremetida vendrán en clave de feminismo junto al enorme desafío de repensarlo en sus mayores aciertos y errores, como única manera de fortalecer los feminismos que tenemos. Y también en clave de autocrítica propia por la mirada acrítica o el silencio, como mejor manera de construir a las feministas que queremos ser.

Verónica Rocha Fuentes es comunicadora. Twitter: @verokamchatka

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¿Hasta dónde llega la paridad?

/ 14 de enero de 2022 / 00:36

Apoco de que se recuperó la democracia en el país, allá por el 82, algunas actoras políticas empezaron a bregar por las cuotas dentro de las listas de candidaturas para cargos electos, en medio de que éstas buscaran ampliarse llegó la Constitución de 2009 y las búsquedas se aceleraron, nuevas nociones empezaron a forjar lo que hoy se entiende como democracia paritaria: a) equidad de género, b) equivalencia de condiciones, c) paridad, d) alternancia y e) despatriarcalización. La apuesta estuvo, en principio, sobre las normas; a partir de ello se ha creado una importante ingeniería electoral que conjuga principios constitucionales, leyes, reglamentos e instructivos del TSE que, junto a un acompañamiento continuo de años por parte de actoras, colectivos, instituciones y movimientos feministas ha permitido que el entramado jurídico-institucional genere resultados y ello es lo que concretamente se constituye en el gran paraguas que le da hoy materialidad a lo que se entiende como democracia paritaria intercultural.

Quienes creemos que estos avances son importantes y deben cuidarse a pesar de no ser suficientes y ser perfectibles; tenemos también bastante claro las grandes urgencias de continuar buscando las formas de intervenir el sistema político que se presenta como un perfecto lugar en el que se reproducen las grandes opresiones estructurales coloniales y patriarcales que detentan nuestras sociedades. Y no habrá intervenciones más importantes que aquellas que busquen continuar ampliando la democracia como forma de ir, a la vez, garantizando su salud y su prevalencia como sistema político. Y aunque el horizonte se muestre tremendamente amplio y utópico es importante señalar que ese es el horizonte paritario; así como lo es, en el caso boliviano, el intercultural. ¿De qué otra manera se puede sino conjugar institucionalmente los grandes anhelos de algunos de los sujetos políticos que, más de dos décadas atrás, iniciaron este proceso constituyente que tantas y tantos han ido abandonando en el camino?

Como se ve, estamos hablando de un tema que puede evaluarse de múltiples maneras, con diversos enfoques y que ciertamente bien puede aterrizar en hechos y datos concretos o elevarse (en clave aspiracional) a discusiones teóricas e incluso modélicas. Lo cierto es que en Bolivia aún queda mucho por debatir en torno precisamente a lo que genera (o no) la paridad en la democracia paritaria intercultural o, más aún, lo que despeja u ocasionalmente nubla en el horizonte de igualdad de participación política entre hombres y mujeres.

Pues bien, algunas de esas miradas, ámbitos de desarrollo, normas, datos, percepciones y, cómo no, anhelos han sido lo que se ha tratado de escudriñar de manera exploratoria y a lo largo del tiempo, con énfasis en este último periodo de desarrollo constitucional, en el informe La paridad más allá de la paridad. Participación política de las mujeres en el largo camino hacia la democracia paritaria intercultural en Bolivia, que en cinco capítulos: a) Democracia paritaria, esa buena idea; b) Participación política: de las normas a los resultados; c) Obstáculos a la participación política de las mujeres, d) Los partidos muralla y e) Llegar a la Asamblea, ¿y después?, ha desarrollado un documento que invita al diálogo en torno a lo andado y los aún grandes desafíos que se afrontan en este andar.

Verónica Rocha Fuentes es comunicadora. Twitter: @verokamchatka.

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Espacio ¿público? digital

En el siglo XXI, los usos de la tecnología en comunicación fueron primero de movilización social desde la ciudadanía, eran los albores de la idea de una utopía democratizante bajo la que se miraban sus efectos.

/ 15 de enero de 2021 / 00:59

Una pregunta que desde la comunicación política se viene haciendo hace algunos años debido a la acelerada inclusión de las tecnologías de comunicación e información en nuestras vidas, que rápidamente ha ido expandiéndose en su magnitud y profundizándose en su complejidad es la duda sobre la existencia de un espacio público digital.

Aunque la oposición griega entre oikos y polis, como comprensión de lo privado y lo público-político, data de los albores mismos de la democracia, el espacio público, como noción, ha venido siendo reflexionado principalmente a lo largo del siglo XX y ha sido útil para poder esquematizar y entender aquellos escenarios en los que los asuntos de tipo público se resuelven a través de mecanismos democráticos, alejándolos de otros de índole privada. Así, la comunicación política se había constituido como una rama especializada que se focaliza en la relación existente entre comunicación y política, centrando gran parte de su mirada en lo que refiere a opinión pública, comunicación mediatizada y sistema político, sin ser los únicos objetos de estudio.

Entonces, bajo el entendido de que todo cambio dentro de estos tres aspectos implicaría modificar las formas de comprender y estudiar todo lo que esta rama especializada engloba, es que incluso desde sus reflexiones primeras la comunicación política tuvo que afrontar los sucesivos debates en torno al desarrollo tecnológico de la comunicación masiva. 

En el siglo XXI, los usos de la tecnología en comunicación fueron primero de movilización social desde la ciudadanía, eran los albores de la idea de una utopía democratizante bajo la que se miraban sus efectos. Luego, eventualmente —y cada vez más rápidamente—, la política empezó a jugarse comunicacionalmente en las plataformas digitales, principalmente las redes sociodigitales, dando paso a irlas constituyendo más bien como el escenario predilecto para el desarrollo de la idea de la distopía desinformativa bajo las que hoy se evalúa a ciertas tecnologías, las cuales permiten generar agendas informativas más globales que nunca y que continuamente tienden a polarizar afectivamente los discursos políticos actuales.

Por eso es que cuando a Trump grandes corporaciones que han creado plataformas digitales como Twitter, Facebook, Instagram, Snapchat y YouTube le aplican una censura posterior a sus incitaciones que tuvieron efecto directo sobre la legitimidad de una de las democracias más importantes del mundo, se renuevan las preguntas en torno a si realmente las aguas en las que ha estado navegando gran parte de la política discursiva estos últimos años es, en realidad, un inconmensurable espacio público digitalizado o simplemente un cúmulo de plataformas privadas sobre las cuales se llevan adelante los debates globales más importantes sobre nuestro futuro y a través de las cuales estamos entregando una importante parte de los intercambios públicos globales a manos de unas cuantas personas, que superan los Estados Nación y sus normativas.

Lo cierto es que silenciar lo antidemocrático no necesariamente es algo, en consecuencia, democrático; mucho menos cuando no se establecen previamente y con claridad los criterios implementados para una supuesta y selectiva preservación democrática. A pesar de tantos y tan acelerados cambios, es menester recordar que son las instituciones las llamadas a gestionar lo público, no así las personas. El rizomático ruido desinformante global que atenta contra las democracias no se va resolver a punta de silenciamientos unilaterales, mucho menos si son de corte empresarial.

*Es comunicadora social

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Ayer, el día que no volverá más

/ 31 de diciembre de 2020 / 23:44

Hace 366 días, en nuestro país no conocíamos lo que era una pandemia y estábamos bajo el mando de un gobierno transitorio que, a nombre de subsanación del daño a la democracia que había significado el desconocimiento de los resultados del referéndum constitucional de 2016 y un supuesto fraude (hasta ahora no comprobado), no tuvo el menor reparo en iniciar persecuciones políticas y violaciones a los derechos humanos que transitaban desde lo absurdo hasta lo ilegal, varias de ellas que hemos podido conocer a detalle recién ahora cuando fueron realizadas inclusive en fechas como la Navidad y el Año Nuevo pasados y que —al final de las cuentas— solo terminaron erosionando más aún la democracia. A partir de ello el único tema que nos convocaba de manera común y en agenda urgente a la gran mayoría democrática del país era la pronta recuperación de la institucionalidad democrática, comenzando por unas elecciones generales que pudieran devolverle al país la certidumbre institucional y política de la que están ungidos los gobiernos que emergen de las urnas: así iniciábamos 2020.

En atención a esa demanda urgente, un renovado OEP convocaba a elecciones generales el primer día hábil del año, un 3 de enero. Cuatro días después, desde China se confirmaba que los extraños casos de neumonía que tuvieron lugar las últimas semanas de 2019, respondían a un nuevo coronavirus que hoy conocemos como COVID-19.

Nuestra urgencia política por atravesar sin pausa el calendario electoral que había establecido mayo como el momento para la realización de unos comicios tan urgentes, terminó siendo abruptamente sorprendida por la llegada de la pandemia a nuestro país, en marzo. Hacia adelante, la crítica situación política solo se iría haciendo más incierta con el pasar de los días en los que se iba agravando, además, una crisis sanitaria. 

Entre la crisis política y la sanitaria, fue un año en el que fuimos golpeados por tantas cosas que muchos solo conocían por referencia y que, a una gran mayoría, no habían pegado juntas: injusticia, persecución, riesgo, peligro, miedo, ansiedad, depresión, angustia. Pero así también volvimos a identificar con precisión la trascendencia de todo lo valioso: la democracia, el voto, los derechos humanos, la solidaridad, la salud, el trabajo, el  pan, el abrazo.

Hoy es primero de enero y, a diferencia del año pasado, ahora tenemos un gobierno electo pero aún tenemos una pandemia encima que parece tenernos preparados más desafíos como humanidad que aunque, en general, tiene mala fama de no aprender de las experiencias históricas aún puede ser capaz de guardar en un bolsillito de la vida la esencia de tanto espanto y también tanta maravilla que se ha vivido en la piel estos meses.

Lo que irrefutablemente sí queda es esa incuestionable característica del pasado de quedarse inamovible en el camino dándonos la oportunidad de quedarnos inmóviles junto a él o seguir avanzando. Acudo al buen Ángel González para que juntos demos esa vuelta de página y elijamos avanzar sin olvidar: “Por eso mismo/porque es como os digo/dejadme que os hable de ayer/una vez más de ayer: el día incomparable que ya nadie nunca volverá a ver jamás sobre la tierra”.

Verónica Rocha Fuentes es comunicadora. Twitter: @verokamchatka

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Señales desde la comunicación de gobierno

/ 4 de diciembre de 2020 / 00:45

Un repaso sobre el estilo comunicacional del pasado gobierno del MAS, puede llevarnos a pensar que el expresidente Morales nos acostumbró a que casi toda medida implementada en su gobierno constituía un suceso gubernamental que merecía ser ampliamente publicitado e incluso espectacularizado. En tanto puesta en escena, estos sucesos gubernamentales tenían como principal sujeto de la información la figura del expresidente; como escenario, los espacios públicos abiertos; como participantes, una población que simboliza lo popular y como elemento principal, los discursos presidenciales emitidos casi cotidianamente.

En tanto acción mediática gubernamental lo que le seguía a esa puesta en escena solía ser una campaña multimedia de posicionamiento de los ejes que emergían de los discursos presidenciales y un agendamiento de los mismos a través del sistema de medios de difusión estatales. Todo esto en el marco de una estrategia comunicacional conocida como campaña permanente; es decir que estos procesos comunicacionales se repetían incesantemente como un loop en el tiempo.

Como hipótesis, la existencia de ese tipo de comunicación gubernamental sumado al poco y difícil acceso a la información pública estatal que se arrastra, desde hace varias décadas, fue un ingrediente de peso en el crecimiento de un periodismo que privilegia las declaraciones por encima de los hechos.

A poco de cumplirse el primer mes de este gobierno, además de las señales de “establecimiento” del mismo ya se han implementado las primeras medidas concretas de gestión, entre ellas: arribo de comisión CIDH, decretos orientados a promover los derechos de las mujeres, de pago del Bono contra el Hambre, de fomento al turismo interno, de diferimiento de créditos y de gestión sanitaria para la pandemia.

En un recuento del tratamiento comunicacional que desde el Gobierno se ha implementado para la difusión de estas primeras medidas, lo que se avizora con alguna claridad es el estilo presidencial que se busca construir, pues los elementos colindantes a una estrategia aún no parecen mostrarse con claridad. Respecto al estilo presidencial, un primer acercamiento muestra que los sujetos de información para la difusión de estos sucesos gubernamentales han sido variados desde el Poder Ejecutivo, dando cuenta de que la gestión ocurre perfectamente sin necesidad de una centralidad presidencial. Luego, un cúmulo de fotos del presidente Arce en la Casa Grande del Pueblo componen el mosaico de actividades que comparte diariamente en sus redes, quizá buscando construir una imagen de trabajo en gabinete, más técnica que populista. Para la salutación por el día contra la violencia contra la mujer ha optado por un video, posiblemente pretendiendo estar pero pasando periféricamente por dónde se encontraba el centro de la noticia, en las calles. Para su más reciente puesta en escena  ha optado por entregar el Bono contra el Hambre dentro de una instancia financiera estatal ubicada en la zona Sur de La Paz; lo cual podría significar que se busca limitar la espectacularidad y apostar por la sobriedad.

Son las señales, los discursos y los hechos los que cotidianamente van construyendo un cúmulo de datos que finalmente establecerán cómo será el paso del presidente Arce por la historia. En términos de comunicación gubernamental, específicamente estilo presidencial, hasta ahora pareciera haber intención de modificar una centralidad comunicativa de tipo personalista que fue clave por años en el devenir del escenario informativo y comunicacional del país.

Verónica Rocha Fuentes es comunicadora. Twitter: @verokamchatka

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Gestión pública y horizonte

/ 20 de noviembre de 2020 / 00:33

El rito de prefigurar aquello que se puede esperar de un nuevo gobierno conlleva un proceso de generación de opinión pública en el que éste va emitiendo señales para que sean leídas e interpretadas desde la ciudadanía. Dicho proceso, en su nivel ejecutivo, inicia con la posesión presidencial junto a sus respectivas puestas en escena y discursos, continúa con la posesión del gabinete y de altos mandos policiales y militares, para luego afianzar los hasta entonces supuestos con el establecimiento de mandos medios en estas instancias y, de ahí en adelante, la puesta en marcha de la agenda urgente definida estratégicamente.

Variados han sido los criterios que, en torno a estos hechos, rápidamente hemos vertido desde espacios de opinión digitales y medios de difusión “tradicionales”. Y aunque es difícil generalizar, se puede decir que alguna corriente coincidió en que el nuevo gabinete se encuentra conformado por un renovado cúmulo de actores políticos provenientes de diversas vertientes propias del masismo o confluyentes con él. Y que la agenda urgente se enfocará en aspectos económicos bajo la palabra austeridad, como consigna. Como es de esperarse no faltan las críticas ni los aplausos.

Luego de lo ocurrido en noviembre de 2019, resulta bastante comprensible que sean los sectores del Pacto de Unidad, la Conalcam y el propio MAS quienes, desconfianza de por medio, se sepan protagonistas de una resistencia ante la injusticia y reclamen su espacio propio en el poder. Ojalá éste se gestione a través de un recambio proveniente de la organización social que se ha profesionalizado precisamente en estos últimos 14 años, cuyo mejor expositor es Andrónico Rodríguez y no así a través de la simple prebenda que, se sabe, no mejora ni la calidad del Gobierno ni la implementación de un proyecto estatal.

A pesar de que quien tiene la responsabilidad de efectuar estos nombramientos está en la obligación de considerar una multiplicidad de aspectos en quienes detenten altos y medios cargos de poder, lo cierto es que las lecturas de apreciación sobre estas decisiones serán, en su mayoría, parciales y, por tanto, sesgadas. Sean sesgadas a partir de la militancia partidaria, la grupal-corporativa o la de las causas propias. Algunas priorizarán (y aplaudirán) la ideología, otras la pertenencia y otras la idoneidad técnica. Como se ve, la identificación de personas que encabecen el servicio público en el país no es una tarea sencilla. Se hace más difícil cuando añadimos el hecho de que el MAS es una organización política altamente compleja en su estructura y que el Estado Plurinacional como horizonte es una complicada empresa.

Casualmente, se ha dejado para después no solo la creación sino además la designación de la cabeza de una de las carteras más simbólicas y que posiblemente mejor conjuga estas miradas parciales: el Ministerio de Culturas, Descolonización y Despatriarcalización. Tres nociones que en todos estos años el gobierno del MAS no ha podido anotar entre sus logros, mientras la otrora denominada Revolución Cultural y Democrática pareciera estar desaparecida como consigna en estos momentos. En tiempos de austeridad y crisis múltiple bregar por los máximos ideales principistas de un proyecto estatal puede parecer una desubicación fuera de agenda urgente. Con todo, será fundamental avizorar cuáles serán las señales de este nuevo gobierno en torno a estos aspectos que fueron parte de los horizontes esenciales en la alguna vez soñada construcción de un Estado Plurinacional basado en los principios establecidos en la CPE.

Verónica Rocha Fuentes es comunicadora. Twitter: @verokamchatka

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