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miércoles 21 oct 2020 | Actualizado a 22:56

No hay alternativas al margen de la democracia

/ 18 de octubre de 2020 / 09:34

Si las encuestas sirven para algo, en la votación de este domingo 18 de octubre no se producirán grandes sorpresas. Solamente dos opciones concentrarán la mayoría de las preferencias.

El Movimiento Al Socialismo (MAS), aún obteniendo la mayoría relativa, no podrá alcanzar el poder omnímodo que alentó sus tentaciones autoritarias, no podrá  en ningún caso reducirse a una simple  regresión, a una  reproducción de las situaciones que se vivieron hasta octubre del año anterior, algunas lecciones habrán asimilado de la historia de casi 14 años de gestión y de la interrupción provocada en el proceso de cambios. Respeto a la institucionalidad democrática, coherencia entre lo que se dice y lo que se hace, efectivo ejercicio del control social, cero tolerancia a la corrupción, austeridad en el manejo de los recursos, apertura sincera al diálogo con quienes piensan diferente. He ahí un mínimo exigible a quienes pretenden volver.

Comunidad Ciudadana (CC) tiene más posibilidades de acceder al gobierno en caso de irse a una segunda vuelta. Y eso de por sí es complicado pues no tendría una fácil mayoría en la Asamblea Legislativa. Si intentara un retroceso hacia las fracasadas pero latentes modalidades del neoliberalismo, si procurase torcer el rumbo de los procesos de liquidación de la discriminación, la  exclusión y la desigualdad, si se inclinase a favorecer los intereses de los grupos oligárquicos, tendría las mismas trabas parlamentarias, más una importante resistencia callejera del bloque popular en defensa de lo que considera sus conquistas, todo ello en un clima de malestar social generalizado que ya asoma en el horizonte.

Alguna fórmula de acuerdo tendrán que encontrar los adversarios dejando de lado las lindezas que mutuamente se dijeron durante la campaña electoral. Lo verdaderamente importante es que todos acaten el resultado de las urnas. Los unos y los otros no han sido muy explícitos y directos cuando se les preguntó al respecto. Peor aún, los recursos públicos que usaban para promover a la fracasada candidata los han volcado hacia una estridente campaña contra el MAS proclamando que no permitirán su retorno. ¿En qué quedamos? ¿Y si las urnas dicen otra cosa? ¿A quién culparán esta vez?

Similares interrogantes planteamos a los del otro lado. ¿Qué tal si los desencantados de las áreas urbanas son más de los previstos y les impiden alcanzar el 40% + 10 y peor todavía llegar al 50% + 1? ¿Sin tener las pruebas pertinentes dirán que el fraude ahora es al revés? ¿Serán capaces de admitir que perdieron apoyos por sus propios errores e inconsecuencias y que para recuperarse necesitan rectificaciones profundas y urgentes?

Así de ambiguas las cosas han motivado preocupación en varias misiones internacionales de observación, temen el estallido de acciones violentas al momento de conocerse los resultados. No minimizamos esos riesgos, pero confiamos en que, por encima de todo, prevalecerán los aprendizajes de 38 años de vivir en democracia.

Carlos Soria Galvarro es periodista.

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No hay alternativas al margen de la democracia

/ 17 de octubre de 2020 / 22:23

Si las encuestas sirven para algo, en la votación de este domingo 18 de octubre no se producirán grandes sorpresas.

Solamente dos opciones concentrarán la mayoría de las preferencias.

El Movimiento Al Socialismo (MAS), aún obteniendo la mayoría relativa, no podrá alcanzar el poder omnímodo que alentó sus tentaciones autoritarias, no podrá en ningún caso reducirse a una simple regresión, a una reproducción de las situaciones que se vivieron hasta octubre del año anterior, algunas lecciones habrán asimilado de la historia de casi 14 años de gestión y de la interrupción provocada en el proceso de cambios.

Respeto a la institucionalidad democrática, coherencia entre lo que se dice y lo que se hace, efectivo ejercicio del control social, cero tolerancia a la corrupción, austeridad en el manejo de los recursos, apertura sincera al diálogo con quienes piensan diferente. He ahí un mínimo exigible a quienes pretenden volver.

Comunidad Ciudadana (CC) tiene más posibilidades de acceder al gobierno en caso de irse a una segunda vuelta. Y eso de por sí es complicado pues no tendría una fácil mayoría en la Asamblea Legislativa. Si intentara un retroceso hacia las fracasadas pero latentes modalidades del neoliberalismo, si procurase torcer el rumbo de los procesos de liquidación de la discriminación, la exclusión y la desigualdad, si se inclinase a favorecer los intereses de los grupos oligárquicos, tendría las mismas trabas parlamentarias, más una importante resistencia callejera del bloque popular en defensa de lo que considera sus conquistas, todo ello en un clima de malestar social generalizado que ya asoma en el horizonte.

Alguna fórmula de acuerdo tendrán que encontrar los adversarios dejando de lado las lindezas que mutuamente se dijeron durante la campaña electoral.

Lo verdaderamente importante es que todos acaten el resultado de las urnas. Los unos y los otros no han sido muy explícitos y directos cuando se les preguntó al respecto.

Peor aún, los recursos públicos que usaban para promover a la fracasada candidata los han volcado hacia una estridente campaña contra el MAS proclamando que no permitirán su retorno. ¿En qué quedamos? ¿Y si las urnas dicen otra cosa? ¿A quién culparán esta vez? Similares interrogantes planteamos a los del otro lado. ¿Qué tal si los desencantados de las áreas urbanas son más de los previstos y les impiden alcanzar el 40% + 10 y peor todavía llegar al 50% + 1? ¿Sin tener las pruebas pertinentes dirán que el fraude ahora es al revés? ¿Serán capaces de admitir que perdieron apoyos por sus propios errores e inconsecuencias y que para recuperarse necesitan rectificaciones profundas y urgentes? Así de ambiguas las cosas han motivado preocupación en varias misiones internacionales de observación, temen el estallido de acciones violentas al momento de conocerse los resultados. No minimizamos esos riesgos, pero confiamos en que, por encima de todo, prevalecerán los aprendi

Lo verdaderamente importante es que todos acaten el resultado de las urnas este domingo

Carlos Soria Galvarro es periodista

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18 de octubre: solo dos arribarán a la meta

Para CC, pisarlos talones a la opción que va adelante en todas las encuestas e incluso superarla con algunas cifras bajas no le es suficiente.

/ 4 de octubre de 2020 / 09:15

Cuando faltan exactamente dos semanas para las elecciones, al parecer se impone, otra vez, una tendencia a la polarización. Si no se presenta un cataclismo de última hora, como ha venido ocurriendo en elecciones anteriores, aproximadamente el75%omásdel electoradose concentra en solo dos opciones políticas.

La novedad en esta ocasión sería que la diferencia entre una y otra tiende a ser más pequeña, lo cual impide anticipar con claridad un resultado final. En esas condiciones, una victoria del MAS (Arce-Choquehuanca) en primera vuelta suena inverosímil. Obtener más de la mitad de los votos válidos, o arriba del 40% marcando 10 puntos porcentuales de diferencia, no es imposible pero sí es un objetivo meta extremadamente difícil de alcanzar, dadas las cosas que han sucedido.

Para CC (Mesa-Pedraza), pisar los talones a la opción que va adelante en todas las encuestas, e incluso superarla con algunas cifras bajas, no le es suficiente; está mucho más lejos del apetecido 40-10. Por tanto, ir a segunda vuelta, estrenar en Bolivia el “ballotage”, se pinta como altamente probable. Y en ese campo, CC tiene las de ganar, pues arrastraría a toda la votación antiMAS.

Se posesionaría el binomio Mesa-Pedraza, pero con un no pequeño detalle: una Asamblea Legislativa muy difícil de controlar. Por una parte, con aliados que pedirán su jugosa tajada prebendal a cambio de sus votos (repetición de los rasgos más negativos de la “democracia pactada”). Y por otra, una bancada numerosa y aguerrida del MAS que, es de suponer, estará buscando rearticular sus nexos con los movimientos sociales del bloque popular, ojalá sacando las lecciones críticas de su prolongado paso por la gestión gubernamental.

En todo caso, ni los unos ni los otros la tienen fácil. No queremos concluir este intento de “análisis político” sin referirnos a una cuestión que habíamos prometido abordar y que la “bajada” de la candidata Áñez puso al desnudo. “Fueron por lana y volvieron trasquilados” es una forma de presentarlos.

O también esta otra parrafada de origen popular: “Perdieron la soga y la cabra”.

Del eterno candidato que tiene mucha plata pero ningún carisma, ni talento ni principios, todo se podía esperar, no nos ocupamos de él. Nos duele tener que referirnos a una corriente política en la cual tenemos muchos amigos. Arrojando por la borda los gestos, la dignidad y el posicionamiento progresista que viene desde sus ancestros, ni cortos ni perezosos se subieron al carro de los transitorios vencedores de noviembre. Se convirtieron en voceros de la Presidenta-candidata, dejando de lado su alianza con Carlos Mesa. Se hicieron de la vista gorda del talante ultraderechista de sus nuevos aliados y fueron incapaces de reconocerlos ni siquiera por la avidez con la que entraron a tomar el botín de la administración pública. Y así les fue, ahora están en la lona.

Pero hay más. Estos amigos se sumaron a los que quieren instalar en el país una narrativa que mete en una sola bolsa aciertos y desaciertos de los 14 años del proceso de cambio. Para ello tuvieron que “olvidar” los más de cuatro largos años que fueron activos participantes de la alianza con el MAS. Apoyaron a Evo Morales en dos elecciones generales, en la constitución de la Asamblea Constituyente y en el referéndum revocatorio, eventos democráticos totalmente legitimados por observadores internacionales, incluida la sedicente OEA. El afiche oficial de los Sin Miedo para la segunda elección presidencial llamaba a “Consolidarlos aciertos” y “Corregirlos errores”. La alianza MAS-MSM se rompió—vaya uno a saber por qué— poco antes de las elecciones municipales de 2010. Afortunadamente, en este país no todos pierden la memoria.

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Alcázar: Cómo hacer leña del árbol caído

/ 20 de septiembre de 2020 / 08:29

“…. el pérfido opresor… ayudado de seres abyectos, espíritus salvajes y genios malhechores, derrumbaba las sendas de la dignidad, virtud y justicia para sumirnos en las obscuras cavernas de la esclavitud y la miseria… gracias al cielo por haber destruido … a ese abominable monstruo”.

“El castigo del criminal es una de las primeras necesidades …  y es la única garantía del ciudadano, desde que se dejara impune el delito, se abrirían las puertas de la maldad, se multiplicarían los criminales…”

No amigo lector, las frases anteriores no están referidas a Evo Morales Ayma, sino a otros presidentes bolivianos derrocados por la fuerza.  Fueron recogidas por Moisés Alcázar en Crónicas parlamentarias poco antes del asesinato y colgamiento de Gualberto Villarroel (1946). El libro hace hincapié en lo que el autor llama en un subtítulo “ensañamiento con el vencido” y que mejor resume el siguiente párrafo: “En todas partes, y especialmente en Bolivia, mientras el hombre dispone del poder es el virtuoso, pues no hay más tremendo delito que ser un caído. Y si los gobiernos no cuidan sus espaldas, no protegen sus retiradas —como se dice en el lenguaje militar— las acusaciones se suceden a las acusaciones, y es, entonces, cuando el furor del odio político estalla incontenible. Nuestra historia muestra ejemplos elocuentes”.

La pregunta obligada es: En la actualidad, ¿el caso de Evo Morales no es otro ejemplo elocuente de eso? Sospecho que sí, y con por lo menos tres agravantes.

Uno, porque el tema está inserto en una campaña electoral en la que parece que todo vale. Dos, por un trasfondo racista, consciente o inconsciente, que impregna ambos extremos de la confrontación.

Y tres, todavía no se sabe a ciencia cierta el impacto real que tendrá en Bolivia el “lavado de cerebros” que se practica por las redes sociales, directamente o con apoyo del poder imperialista; la eliminación por Facebook de sitios falsos creados en Estados Unidos podría ser apenas la punta visible de un gigantesco iceberg que opera en las sombras las 24 horas del día, no hay que olvidar que a Trump y a Bolsonaro esta herramienta les funcionó y les sigue funcionando.

Nuestro amigo Rafael Puente sostiene que ha concluido el ciclo histórico de Evo Morales. ¿Tiene razón? Creemos que en parte sí.

Por lo menos en el sentido que resulta imposible que, en lo personal, Morales tenga una segunda oportunidad como la que tuvo desde 2005 y que dilapidó al emborracharse con el poder,  incumplir con parte importante de sus propuestas y a veces actuar totalmente en contra de ellas. Si el “proceso de cambio” o la también llamada “revolución democrática-cultural” van a sobrevivir y recuperarse, será a condición de una rectificación profunda de lo que no se hizo o se hizo mal en la etapa precedente. Y, hablando francamente, no creemos posible una participación sincera de Evo Morales en ningún proceso de rectificación crítica y menos aún, autocrítica.

Lo dicho anteriormente, no nos impide sin embargo, reconocer que con sus luces y sus sombras Morales ocupará un sitial prominente en la historia de este país nuestro.

Y sea cual fuere el resultado de las próximas elecciones, el tema seguirá en la agenda pues es, casi seguro, que sus oponentes intentarán en la Asamblea Legislativa un “juicio de responsabilidades contra Evo Morales Ayma y sus colaboradores”. Para lograrlo necesitan un pliego acusatorio en cuyo proceso de elaboración, sin duda, surgirían debates esclarecedores que pongan  de relieve errores, contradicciones, incoherencias, fraudes, violaciones punibles a la Constitución y las leyes. Pero también dejarán ver logros, aciertos, conquistas exitosas y otros aspectos positivos de la gestión de casi 14 años, especialmente en la primera etapa en la que algunos de los actuales acusadores cogobernaron con gran entusiasmo. De ellos queremos ocuparnos la próxima quincena. Hasta entonces.

Carlos Soria Galvarro es periodista.

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Sandra Aliaga, en vivo y en directo

/ 6 de septiembre de 2020 / 03:35

Hace mucho tiempo decidimos no ocupar esta columna con obituarios. La razón es el elevado número de personas allegadas y conocidas que emprenden su último vuelo, abandonando la sala de preembarque donde nos encontramos. Cifra que, por supuesto, se ha disparado con la llegada de la pandemia.

Hoy hacemos la excepción para ocuparnos de una entrañable amiga y compañera: Sandra Aliaga Bruch, que cumplía años este mes de septiembre.

La conocimos a mediados de la década de los años 70 cuando llegó a Siglo XX formando parte de una delegación de estudiantes de la Universidad Católica de La Paz, en plan de aproximación a la militancia en el Partido Comunista de Bolivia (PCB). A la sazón ocupábamos la jefatura de prensa de Radio La Voz del Minero. Eran las vísperas de la ocupación militar de las minas, dispuesta por la dictadura banzerista en junio de 1976, para acabar con los vestigios democráticos que los trabajadores mineros sostuvieron hasta entonces en defensa de sus sindicatos y radioemisoras.

La vimos después en innumerables ocasiones en la lucha clandestina y en las brechas democráticas abiertas con la lucha popular en los años 78, 79 y 80, y después en defensa de la Unidad Democrática Popular (UDP), a partir del 82. ¿Qué posición adoptó Sandra una vez iniciado el desbande del PCB en 1985, poco después de su 5º Congreso y el posterior derrumbe del “socialismo realmente existente”? Lo ignoramos, pero si de algo podemos dar fe es que ella no cambió el trato fraternal hacia amigos/as y camaradas. Tenemos la impresión de que, con el transcurso de los años, fue asumiendo una militancia genérica en la izquierda democrática.

A la par de hacer periodismo en varios medios participó activamente en instancias asociativas de trabajadores de la prensa y hasta poco antes de partir presidió el Tribunal de Ética Periodística. Con el tiempo prosiguió afianzándose en ramas específicas vinculadas a la comunicación, en especial en salud y derechos sexuales y reproductivos, desplegó iniciativas diversas en multitud de eventos sobre tales temáticas y otras sobre comunicación en general. Uno de esos eventos fue organizado en 1999 por la cátedra Mención Periodismo (docente y alumnos) en la carrera de Comunicación Social de la UMSA, al cumplir ésta 15 años desde su fundación. Sandra participó con una exposición cuya propuesta central se resume así: “Estudio, milito, creo en la comunicación como una posibilidad para la vida, como un proceso capaz de promover el desarrollo sostenible y los derechos humanos de hombres y mujeres”. En el respectivo comentario sobre esta exposición, Luis Ramiro Beltrán lo consideró “Un acto de adhesión crítica al ideal de democratizar la comunicación para democratizar la sociedad, un manifiesto de fe empecinada en la utopía humanista con destellos subversivos, principalmente en las voces rebeldes de latinoamericanos en la década de 1970” (ver el libro 15 años UMSA Comunicación… La Paz, 2000).

A mediados de agosto del pasado año estuvimos por última vez con ella. Junto a la joven periodista Nancy Vacaflor fuimos invitados al programa inicial de una serie que Sandra había proyectado en Bolivia TV para incitar a la reflexión sobre los temas de fondo que estarían en juego en el proceso electoral que culminaría el 20 de octubre. Revisando la correspondencia que sostuvimos a raíz de esta invitación, nos encontramos con un abundante conjunto de ideas y posibles preguntas que muestran hasta qué punto tomaba en serio su rol de conductora y el esfuerzo por contextualizar los temas a ser abordados. Se trataba por cierto de algo muy diferente a la programación monocorde, sectaria y propagandística a que nos tenía acostumbrados el canal estatal y que ahora se repite con la presidenta-candidata.

De Sandra se podría escribir tanto que el espacio nos quedó corto. Solo resta decir que rechazamos tajantemente la forma maliciosa con la que se la mencionó en H Parlante. A pesar de su ingenio y su vasta experiencia, Archondo no aprendió todavía a sobreponerse a los impulsos y al encono que provocan las pasiones políticas.

Carlos Soria Galvarro es periodista.

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Apuntes para un balance del último conflicto

/ 23 de agosto de 2020 / 00:00

Desde el virtual encierro y el confinamiento obligado en el que muchos debemos permanecer, no resulta fácil hacer un balance cabal de los resultados del último conflicto socio-político (¿o político-social?). Está ausente un elemento esencial para cualquier análisis: la relación humana directa, el diálogo y la compulsa de opiniones diversas. Los medios de difusión, especialmente los no impresos, no son una fuente confiable, no remplazan el contacto directo con la gente, mucho menos las “redes sociales” envenenadas por las pasiones políticas, saturadas de falsedad y de mentiras prefabricadas.

Un mero recuento de algunas percepciones intuitivas acompañadas de ciertas interrogantes puede ser por el momento el único aporte que podemos efectuar. Ahí van:

— Nos parece que la magnitud del conflicto sorprendió a todos. Ni unos ni otros pensaron que el bloqueo resultaría tan extenso y tan contundente. Eran mayores de lo imaginado el malestar y el repudio por las tropelías y falencias de la gestión de la presidenta-candidata, incluidos los casos flagrantes de corrupción y el torpe manejo del sistema educativo.

— Fue una movilización de protesta, con el verificativo de las elecciones el 6 de septiembre como único objetivo visible. Objetivo a todas luces menguante, día que pasaba técnicamente se hacía cada vez menos posible realizar elecciones en tal fecha.

— Del lado de los movimientos sociales, la COB y el Pacto de Unidad (originarios, indígenas y campesinos), o sea el bloque popular de cierta forma articulado por el MAS y sus líderes, no existió ningún mecanismo de conducción que tome decisiones sobre el curso del conflicto. ¿Quién o quiénes dirigieron el movimiento? ¿Evo Morales desde Buenos Aires? ¿La brigada parlamentaria? ¿La COB y el Pacto de Unidad? ¿Un solitario Juan Carlos Huarachi? ¿Los dirigentes locales y regionales del campesinado que soportaron el mayor peso de las acciones? Al parecer ninguna de estas instancias dirigió la movilización, todas jugaron sus respectivos roles pero sin lograr un mínimo grado de coherencia. Ahora que se viene una contraofensiva con el garrote judicial, nadie quiere dar la cara, todos procuran lavarse las manos con el lema de ”yo no fui”.

— Si bien se ha conseguido el compromiso formal y legal de evitar nuevas postergaciones de las elecciones, estas tendrán lugar en la fecha propuesta por el Tribunal Supremo Electoral, frente a lo cual sonaba ridículo e insensato, insistir en adelantarlas por apenas una o dos semanas.

— El “bloqueo indefinido” decretado por la COB solo contó con una débil y esporádica participación de los trabajadores asalariados, el grueso de los movilizados provino de las áreas rurales y de El Alto. Esto no pasará sin ocasionar fisuras y otras complicaciones entre sectores considerados afines y aliados.

— A la falta de objetivos y el error de declarar indefinido el movimiento, se suma la falla garrafal de no tomar en cuenta el momento actual, caracterizado por una grave emergencia sanitaria del país en su conjunto y del mundo entero. La incidencia de las movilizaciones sobre el ritmo de crecimiento de los infectados por el COVID-19 se apreciará en los próximos días.

— Los efectos directos de la paralización del país afectaron a amplios sectores populares, pequeños productores, cuentapropistas, comerciantes transportistas y otros que sufrieron los más duros impactos del desabastecimiento y la escalada de los precios. Se equivocan los que creen que esto no pasará la factura en el terreno electoral.

— El dramático tema de la provisión de oxígeno y otros insumos, tiene antecedentes anteriores al conflicto, pero indudablemente se agravó con los bloqueos y la falta de un diálogo entre las partes. Mostró la incapacidad de unos y otros de llegar a acuerdos de carácter humanitario, para operativizar en el terreno lo que se decía de palabra.

El rebrote de tendencias radicales en uno y otro bando, es otra consecuencia de la que nos ocuparemos en una próxima oportunidad.

Carlos Soria Galvarro es periodista.

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