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sábado 5 dic 2020 | Actualizado a 21:16

Nuevas subjetividades sociales en la victoria del MAS

/ 28 de octubre de 2020 / 04:22

¿Cuáles son las causas de la victoria aplastante del MAS el 18 de octubre? Por cierto, hay varios intentos de explicarlo. La victoria sorprende a muchos y no tanto a nosotros. Sorprende porque el logro se produce después de haber sido acusado el MAS de fraude electoral en 2019, y Evo Morales, de corrupción y de estupro. Algunas responden a esa pregunta a partir de la pésima gestión del COVID-19 por el Gobierno, el racismo propalado por sectores conservadores o del odio al indio, y por la esperanza de recuperación económica ofertada por Luis Arce.

Éstas ayudan a explicar la derrota de las élites blancas del país, pero hay un detalle que atraviesa todo esto, que posiblemente ubique mejor el fenómeno que no solo es político, sino social. La coyuntura tiene su validez; sin embargo, nosotros sostenemos que esto es un proceso más profundo: es de carácter estructural, que la coyuntura lo hace visible radicalmente. 

¿Qué es ese hecho de carácter estructural? El 19 de octubre habíamos escrito en nuestro muro de Facebook lo siguiente: “El logro del 52 o 53% es gracias al apoyo decidido del movimiento aymaquechua de las ciudades y las áreas rurales. Un movimiento heterogéneo pero sustancial”.

Mi hipótesis es que esto se debe a que en Bolivia nació una nueva subjetividad social aymaquechua y que ahora esa subjetividad es un hecho politizado. Eso significa que ese gobierno debe ser hegemónicamente de este pueblo. Los jailones no aportaron votos y por tanto su representación debe ser según esa realidad. Su núcleo de esa politización es el indianismo-katarismo y sus diferentes expresiones del tupackatarismo, ayllismo, nacionalismo y otros. La crítica será importante, como siempre debe ser en todo momento”.

¿Qué es esa nueva subjetividad social? El tema de la subjetividad ha sido poco tomado en cuenta en las ciencias sociales en Bolivia, pero es un tema crucial en otras latitudes. La sociología clásica aborda la subjetividad como ideología con Marx, como sentido dado a la acción social por Weber y el acatamiento del individuo al hecho social por Durkheim.

Ahora desde la antropología cultural, los estudios culturales ligados a estudios poscoloniales y los feminismos han ido más allá de los clásicos. Para Guatari, por ejemplo, la subjetividad es una producción social. Importante. Pues este es un fenómeno social ahora dado en sentires en tanto fenómeno colectivo e individual. O sea, emociones y sentidos.

Lo que se está produciendo en Bolivia es la subversión de las subjetividades dominantes. Y en base a ello ahora ha nacido ese nuevo sentido de pertenencia a la nación, porque la gente siente ser el país mismo. En las calles y en diferentes lugares piensan y hablan “de que somos nosotros el país”. Y eso se expresa fundamentalmente en el movimiento aymaquechua desde las luchas sociales. Por ejemplo, el 14 de agosto, en plena pandemia en la Ceja de la ciudad de El Alto, se pudo observar una multitud decidida a ir más allá del propio MAS. Y también se observó una actitud no de sumisión, sino de asedio al poder. En El Alto el apoyo superó el 76% a favor del MAS y en las áreas rurales es casi cerrado. Al cierre del cómputo oficial por el TSE, el MAS obtuvo el 55,10% de los votos.

Este hecho había sido tratado como voto “étnico” por A. Zalles. El aymara ya tenía su efecto electoral con V. H. Cárdenas en 1993, y con el MAS en 2005. Esa subjetividad también ahora se observa en Q’ara Q’ara, Cochabamba. Así lo coyuntural solo devela lo estructural. Un dato importante. 

Pablo Mamani Ramírez es sociólogo.

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Masacre de Senkata

No se ha probado que los vecinos de Senkata hayan querido volar la planta de gas; urge aclarar los hechos

/ 25 de noviembre de 2020 / 14:43

El 19 de noviembre de 2019, aproximadamente a las 11 de la mañana, se inicia la masacre de Senkata. La acción militar-policial está amparada en el DS 4078 emitido por Jeanine Áñez el 14 de noviembre. Algunas tanquetas de guerra y caimanes llegan por la avenida Estructurante y los policías estaban dentro de las instalaciones de YPFB. Son más de 40 motorizados militares equipados con armamento militar, como se observa en varios videos.

En el lugar no había un gran movimiento de gente, a lo sumo 300 a 400 personas manteniendo el bloqueo en la extranca de Senkata. De pronto sale una gran cantidad de camiones cisternas cargados de combustible y se inicia la refriega y la violencia. El bloqueo era en rechazo al nuevo gobierno. Se produce disparos a mansalva con armamento letal. Aunque según el Ministro de Defensa, los militares no dispararon.

“Del ejército no salió ni un solo proyectil…Las Fuerzas Armadas tiene como primer deber hoy por hoy entablar el dialogo con aquellos compatriotas y hermanos bolivianos que, en estos momentos, repito, están recibiendo órdenes, dinero, alcohol y coca para causar vandalismo, para causar terror, para causar pánico… Hoy aquellos actores que están ligados a la violencia ya tiene un carácter de terrorismo de Estado” (Fernando López).

A los motorizados militares acompañan helicópteros por aire. Éstos sobrevuelan para observar el movimiento de la gente. Algunos que estuvieron en el lugar exacto afirman que desde el aire ‘han disparado gases lacrimógenos’ y posiblemente armamento letal. La gasificación es profusa junto a los disparos de armas de fuego. Las mujeres ruegan de rodillas cubiertas de wiphalas para que no disparen más porque además están atrapados en medio de los gases. Soldados con armas de fuego y policías los rodean. Siguen gritando pidiendo auxilio. Una imagen fuerte. Los muertos fueron velados en la iglesia San Francisco de Asís de Senkata.

La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) de la OEA es el primer organismo internacional en hablar expresamente de la masacre. Afirma:

“La Comisión Interamericana de Derechos Humanos condena de manera enfática las masacres de Sacaba y de Senkata, en las que se habrían incurrido en graves violaciones de los derechos humanos. En criterio de la Comisión, estos hechos pueden caracterizarse como masacres dado el número de personas que perdieron la vida en un mismo modo, tiempo y lugar, y a que se cometieron en contra de un grupo específico de personas” (CIDH, 2020).

Hay nueve muertos. Meses después fallecen otros. Hay heridos, detenidos y torturados. Este último, según el informe de ITEI (Instituto de Terapia e Investigación), hasta octubre de 2020 hay oficialmente más de 50 heridos. Y algunos heridos no ha sido atendidos en los centros médicos. ITEI hace notar que en el Hospital Corea un médico habría denunciado a los heridos a la Policía. En razón de ello se afirma que muchos no han acudido a los centros médicos. Hay muchos detenidos y existe la denuncia de torturas físicas y psicológicas. ITEI documenta los tratos inhumanos. 

Una madre de 38 años declara: “Un oficial me ha interrogado. Me he puesto a temblar. No he leído mi declaración, he firmado.”

Un joven declara: “Uno hizo el movimiento de cargar su fusil. Me ha hecho temblar, me ha hecho lagrimear. Hasta ahora me despierto 4 a 5 cinco veces en la noche” (ITEI, 2020).

La Fiscalía ha imputado a varias personas con la acusación de haber sido parte del derribo de los muros de YPFB con dinamita. Aunque parece no tener mucho sentido.

“Dos lugares de la pared son derribados y también se observó fuego dentro de la planta. Segundos después se escucharon disparos de arma de fuego en la planta de Senkata, ya le habían disparado a uno de ellos. Cuando cayó el primer herido, otros manifestantes fueron a auxiliarlo, pero ya era tarde. El disparo le había llegado en el pecho. La gente enardecida entró y prendió fuego al menos a cinco coches y empezaron a caer otros muertos. Ellos vieron que sus seres queridos estaban siendo asesinados y otros no habían. Se escuchaban a muchas personas que decían ‘no aparecen sus seres queridos’. En principio se pensaba que habían ocultado los cuerpos de la gente. Y pues, no querían que se les devuelva el cadáver. Entonces la gente se enfureció” (PM). 

Víctor Borda, presidente de la Comisión Mixta de la Asamblea Legislativa que investigó los hechos, sostuvo: “Tenemos que los 10 fallecidos en Senkata son por impacto de arma de fuego; 10 en Sacaba también por arma de fuego; una persona en Betanzos (Potosí) y tres en Ovejuyo (La Paz), por arma de fuego, y tres en Montero (Santa Cruz) también por arma de fuego corta, pistola”. En este conflicto habría 833 heridos, 37 fallecidos incluido los casos de Montero (Santa Cruz), Betanzos (Potosí), Senkata (El Alto) y Sacaba (Cochabamba). 

El fiscal general de Estado, Juan Lanchipa, después de casi un año, denunció que las Fuerzas Armadas no han entregado el Plan de Operaciones de Senkata y Sacaba por considerarlo “secreto militar”. Para el diputado Borda: “se han colectado proyectiles que fueron sometidos a pericias y es necesario realizar la comparación con el armamento utilizado en esa jornada por las FFAA”; se habría accedido al plan de operaciones.

La Defensoría del Pueblo de Bolivia expuso otros datos mediante un Informe. Se observa que hubo acciones sistemáticas de someter a la fuerza a ciudadanos civiles desarmados. Y muestra imágenes inéditas que hacen parte de cómo ocurrieron los hechos. Esos datos dejan notar que hubo un hecho planificado y con intención de eliminar al adversario bajo un mismo acto o patrón.

 La Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos emitió un pronunciamiento y habla de graves violaciones a los derechos humanos en estos hechos: “(E)ncontrados por OACNUDH donde ocurrieron los hechos, corroboran los relatos recogidos sobre el uso de armas de fuego por las fuerzas de seguridad. El Instituto de Investigaciones Forenses confirmó que la munición letal fue la causa de todas las muertes y varias de las lesiones en las protestas de Sacaba y Senkata”. Y Amnistía Internacional (2020) recomendó al Estado boliviano actuar dentro de los marcos de la Constitución y los convenios internacionales ante la impunidad.

Para agravar, la mayoría de los medios de comunicación difunden la noticia de que los alteños querían explosionar las instalaciones de YPFB. Hoy ese dato no es comprobable. Y, pues, estamos justo a un año de la masacre.

(*) Pablo Mamani R. es sociólogo

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