Voces

sábado 28 nov 2020 | Actualizado a 16:46

Mejor país para todos

/ 30 de octubre de 2020 / 02:29

Los últimos días hemos detectado un múltiple entramado de realidades que se anexaron a otras por de más sorprendentes, como una especie de tejido variopinto que ha dejado claro que a partir de este año el país cambió y se abrió a dos aspectos. El primero es que la pandemia que sufrimos los últimos ocho meses dejó nuevas exigencias y conceptos de vida del habitante del futuro, enmarcados en la necesidad de transformación que hoy forma parte, por ejemplo, de hacer ciudad. Una invitación al cambio a partir de la urgencia de una evolución útil para elevar la calidad de vida de toda la población.

El segundo aspecto es el de la política, que sacó a relucir una mezcla de escenarios e intereses de grupo que nos llevan a exigir un porvenir con cambios acordes a los desafíos, sin olvidar los derechos del ciudadano, aunque su pensamiento se inscriba en otras ideologías. Esto porque todos somos bolivianos y aquí no existen los elegidos y menos los ciudadanos de segunda clase.

Una realidad concreta y consolidada, ya que la diversidad no es atribución de una sociedad en particular y menos le pertenece a un partido político. Aquí cabe la pregunta: ¿es que acaso la ciudadanía no es el pueblo en general?

Es preciso entender que son tiempos que exigen nuevos constructos para que el país se encamine al futuro preparado para los retos que abundan en el siglo XXI, el cual ha dejado sentado que estos tiempos son otros (tal como lo reflejamos en nuestros últimos artículos).

Una etapa de cambio que nos señala un sendero que, si bien conduce a una subjetividad, demuestra —según las últimas experiencias— que atravesamos un antes, que exige que el después se aborde a partir de este presente.

Esto no solo porque en el pasado se cometieron varios errores, sino porque aquello nos exige comprender que el sujeto y el tiempo tienen la necesidad de acceder a una estructura concreta, la del futuro. Olvidando que el planeta no es más una significación del mundo, sino que conlleva un trasfondo que nos dirige al mañana; por tanto, no es un objeto sino es un medio natural: el campo de todos los pensamientos y percepciones explícitas, útiles para su futura existencia.

Así, mujeres y hombres deben estar dispuestos a enfrentar un nuevo vivir semejante a un río, el cual, si bien fluye del pasado, se dirige hacia un nuevo presente, pero esencialmente hacia el futuro.

Todo ello nos lleva a la esperanza de nuevos tiempos en los que indudablemente no será fácil desdibujar lo negativo del pasado, pero sí trazar otro presente y dar el salto al mañana acompañados de jóvenes y no tan jóvenes, porque justamente es aquello lo que se precisa entender: que somos una sociedad que necesita tener la esperanza de un porvenir sólido, sin olvidar que éste debe estar acompañado de sabiduría.

Parece innecesario remarcar que atravesamos momentos en que la sociedad está ansiosa de transformaciones y para ello es preciso que camine tranquila por nuevas y valientes decisiones para dar pasos acertados hacia el futuro. La paradoja es: “no solo construir un país equilibrado en la importancia de todos los ciudadanos, sino esencialmente evitar que se convierta en una nación fisurada por el efecto de inclinación hacia un solo lado”.

Sin duda, para ese futuro ansiado podríamos recordar a Durkheim, quien afirmaba que: “cuando existe seguridad en construir un futuro mejor, no se debe abandonar las ambiciones sin límites, porque el creer posible el construir o reconstruir el mundo es posible hacerlo, solo con sus fuerzas y a la medida de sus deseos”.

Patricia Vargas es arquitecta.

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Jóvenes, partícipes del mañana

/ 27 de noviembre de 2020 / 01:21

En estos últimos tiempos llegó el momento en que se incluya a los jóvenes para encaminar al país. Tanto es así que la mayoría de los ministros son supuestamente profesionales jóvenes que además de tener ese reto, crean la expectativa sobre cómo trabajarán en momentos tan difíciles para la nación.

Esta situación nos lleva a recordar el lenguaje kantiano que se acerca a una relación entre el tiempo y la subjetividad. Por tanto, a la forma del sentido íntimo entre los hechos; en este caso, la visión de la mirada de un futuro y los ideales que lo sustenten. En definitiva, un criterio de conocimiento intersubjetivo, pero que integre las distintas experiencias en una especie de movimiento que no solo busque edificar un país, sino que el cruce de sus fuerzas e ideales sea capaz de llevar a transitar el futuro dentro de la nueva visión contemporánea.

Por tanto, la política en Bolivia si bien no ha dejado de tener la importancia del pasado, hoy requiere de nuevos aportes para dirigir la nación a un nuevo rumbo por dónde transitar.

Experiencia que recuerda, por ejemplo, un pasado político cuya juventud de los años 70 tuvo la visión de perseguir ideales de transformación en casi todos los países de la región paralelamente. Una respuesta a la política impositiva, dominante, insensible que se imponía en Latinoamérica en ese entonces. Los ideales de vanguardia se convirtieron en una especie de vacuidad retórica que llevó a enfrentamientos debido a que aquellos jóvenes ansiaban “igualdad para todos”. Aquel pensamiento del “otro” trajo consigo confrontaciones, prisión, entre otras consecuencias.

De cualquier forma, fueron momentos sustanciales cuyo significado humano se convirtió en preponderante y fue la sociedad esencialmente joven que no solo demostró la importancia de ese tiempo y lo mejor no estuvo enmarcada en el acuñar intereses personales, sino fue el empuje de la fuerza de sus ideales la que los empujó al enfrentamiento en busca de un futuro democrático.

Posteriormente, después de varias rupturas sociales, esa misma expoblación joven ingresó a la época tecnológica, dando así los primeros pasos en la era de la información del siglo XXI.

Lo significante fue lograr dos importantes marcajes para la historia. El primero, en momentos de descalificaciones globales se logró construir ideales y demostrar que se comprendieron los efectos de la práctica del poder duro. El segundo, se consiguió —como aseveró Castells refiriéndose a las ciudades— que esos movimientos sociales latinoamericanos de los 70 fueron la base para las transformaciones decisivas del siglo XX por su claridad conceptual.

Cabe destacar que en la actualidad pareciera que todo cambio como la pandemia es el medio de demostración de la necesidad de transformación de las ciudades para lograr una mejor calidad de vida.

Independientemente de ello y en consideración a las revueltas de los 70 del siglo XX, el tiempo permitió a aquellos idealistas del ayer lograr una especie de ampliación del tiempo de vida productiva intelectual, la cual se evidencia en una vasta producción teórica plasmada en libros y otros documentos.

En ese sentido, la creatividad no ha dejado de existir, menos la rebeldía o la claridad sobre el país que deseamos heredar. Este hecho sucederá siempre que este acompañado de importantes significaciones.

Parece prudente por tanto reiterar que la creatividad se ha convertido en la fuente productiva de cualquier hecho, cuyo potencial debiera ser aprovechado por todos aquellos que están a cargo de dirigir gestiones innovadoras e imaginativas, para que haya la posibilidad de llevar a Bolivia a dar un giro enriquecedor acompañado por las concepciones que exigen los nuevos tiempos.

Patricia Vargas es arquitecta.

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¿Violencia en la ciudad?

/ 13 de noviembre de 2020 / 02:26

Luego de un año, el país volvió a vivir un nuevo giro político, lo cual no solo se reflejó en el espacio urbano que es capaz de relatar la infinidad de marcas que le dejó más de un siglo de vida política, sino en los bríos que traen consigo todos aquellos que dirigirán el futuro de los bolivianos. Un nuevo significado que tendrá La Paz para incluir en su vasta historia.

En ese marco, las protestas —recursos culturales políticos extremos que la sociedad nuevamente percibió— fueron vistas como hechos violentos de ciertos sectores de la ciudad, como El Alto, que exigían la asignación de un ministerio. Lo lamentable de aquello fue recordar que la violencia es una especie de presencia intrusa, una energía perversa que lo único que logra es desbaratar la armonía de la ciudad, cuando Bolivia y esencialmente La Paz van en pos de situaciones esperanzadoras.

Lo interesante es comprobar que esta ciudad atraviesa distintas situaciones que se reflejan en su vida urbana y que señalan que serán tiempos de mucha movilidad, por la llegada de nuevos actores y rostros que hoy ya pululan y merodean por las calles paceñas, como una especie de estructura líquida que se mueve en busca de penetrar e incorporarse en cualquier resquicio de la administración gubernamental. Todo con miras al futuro y una inmersión en la vida política del país en momentos por demás complejos y desafiantes.

Es innegable que La Paz sigue escribiendo la historia política boliviana desde hace más de un siglo con una infinidad de grupos que vienen acompañados de una diversidad de ideales, aunque en muchos casos su tránsito de corta duración en el poder lleva a recordar, por ejemplo, a la Escuela de Chicago que se especializó en “estructuras no estables, pero de sociedades singulares”. Así, es una ciudad que deviene en un escenario de privilegio.

Y aunque aún son momentos poco estables por la realidad del planeta, dentro de la visión netamente urbana hay un entorno dotado de ritmo, movimiento de la población, unos que llegan en busca del poder y otros que lo abandonan porque fueron excluidos de él. Pese a todo, la ciudad vibra, se infla, vive y sufre, porque quizá siente que en cualquier momento podría atravesar una experiencia lamentable.

Todo eso nos lleva a reafirmar que La Paz es una ciudad llena de gente valiente, rica en significantes, en relatos y, lo más interesante, con espacios que no están basados en historias fabricadas o imaginadas, sino reales gracias a la acumulación de momentos plenos de sentido que cambiaron la historia del país.

Si bien Durkheim aseveraba que la violencia es un recurso cultural extremo que puede ser convocado en cuanto la sociedad percibe el peligro de verse disuelta por las tendencias centrípetas y centrífugas que experimenta, no cabe duda de que esta ciudad siempre supo manejar hasta las situaciones más tenebrosas y salir adelante de aquellas protestas violentas con valor y resistencia, porque cuenta con una sociedad acostumbrada a afrontar circunstancias no siempre pacíficas por su condición de sede de gobierno.

Es evidente que son momentos en los que Bolivia se enfrenta a un escenario que no deja de ser preocupante, pues se observan acciones que parecieran impositivas, cuando lo ideal sería recordar que aquí vivimos bolivianos y que todos tenemos el derecho de tener distintas visiones, pero siempre bajo la premisa de construir el país, si nos lo permiten.

Únicamente de esa manera se conseguirá que el conjunto de habitantes logren atemperar las situaciones antagónicas.

Patricia Vargas es arquitecta.

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Movimiento ciudadano

De ese modo, la vida del habitante cambió, las urbes progresaron y la arquitectura se enriqueció conceptualmente.

/ 16 de octubre de 2020 / 11:49

Los movimientos que permanentemente se observan en el mundo, como respuesta a distintas demandas, han colaborado a que la humanidad dé grandes saltos hacia un futuro mejor, no solo en diferentes momentos históricos, sino a partir de otro tipo de situaciones como las pandemias, enfermedades y demás, que exigieron repensar el porvenir, la comprensión de la vida, a partir de nuevas soluciones destinadas a optimizar la calidad de la existencia y el hacer del habitante.

Así, a través de los siglos, aquello trajo consigo nuevas realidades que exigieron grandes propuestas de evolución para un renovado habitar del planeta.

De ese modo, la vida del habitante cambió, las urbes progresaron y la arquitectura se enriqueció conceptualmente, y como consecuencia avanzó formal y espacialmente preparada para el nuevo vivir ciudadano. Una evolución que fue permanente y acorde a las sendas que siguen las sociedades, lo que alentó a la simplificación del vivir humano.

Una forma de redescubrir la vida bajo un pensamiento objetivo y útil para el aprovechamiento de las diferentes etapas y sus grandes problemas y realidades inesperadas. Éstas fueron inspiradoras para comprender que la sociedad requiere asumir los distintos periodos y valorar sus movimientos como una constante propositiva de nuevas formas de vida acordes a los desafíos planteados.

De ahí que se puede aseverar que un movimiento no prescribe pautas específicas, pero se sabe que la vida es una aceleración del tiempo histórico y ello trae consigo evolución y transformaciones.

Movimientos de realidades en muchos casos discontinuas, como sucedió en Bolivia en 2019, cuando hubo un hecho que enfrentó a la sociedad a propósito de los comicios para el cambio gubernamental; o el caso de la aparición de la pandemia en 2020, que prácticamente forzó la evolución de la vida con una nueva visión de futuro.

Pero, siguiendo el análisis de 2019, habrá que decir que fue un momento histórico que permitió dar el primer paso a la transformación de esta nación, con la incorporación de jóvenes que lograron cambiar la historia política del país. Si se revisa la historia, se constata que cada cierto tiempo la forma de sucesión era de forma violenta.

Lo singular es que la movilización del año pasado conformó un movimiento gracias a los y las valientes jóvenes y demás ciudadanía, que de forma decidida evitaron el tránsito vehicular. Una forma de presión y de rebeldía frente a un sistema quizá arcaico por el que se quería hacer seguir transitando al país. Algo que no se puede dejar de mencionar es que la idea de ese movimiento juvenil era romper con aquel muro que los limitaba a crecer y buscar rumbos contemporáneos.

En el caso de la pandemia, ésta llegó en un momento muy importante para la historia boliviana, ya que todo el malestar social que tuvo lugar en 2019 y que aún lastima a la población, debe ser aprovechado para encaminar los cambios que exige la democracia: la evolución en el vivir, las ciudades adaptadas a los nuevos requerimientos de una sociedad con necesidad de contacto externo.

Pareciera que faltó tiempo para construir movimientos ciudadanos sólidos, con una mirada clara sobre la construcción de un país del siglo XXI. Al respecto, es preciso remarcar que todo movimiento es un fenómeno de una estructura que afirma que desconoce la palabra relativo.

También es cierto que no hay un movimiento sin un interés que lo vehicule desde el punto de partida hasta el de llegada, y menos un movimiento ciudadano sin referencia objetiva.

Sin embargo, se debe tomar en cuenta que “lo objetivo evidentemente podría captar una sociabilidad de inercia, en cambio lo subjetivo es capaz de motivar a crear el verdadero sentido de un movimiento ciudadano”.

*Patricia Vargas es arquitecta.

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Movimiento ciudadano

/ 16 de octubre de 2020 / 10:48

Los movimientos que permanentemente se observan en el mundo, como respuesta a distintas demandas, han colaborado a que la humanidad dé grandes saltos hacia un futuro mejor, no solo en diferentes momentos históricos, sino a partir de otro tipo de situaciones como las pandemias, enfermedades y demás, que exigieron repensar el porvenir, la comprensión de la vida, a partir de nuevas soluciones destinadas a optimizar la calidad de la existencia y el hacer del habitante.

Así, a través de los siglos, aquello trajo consigo nuevas realidades que exigieron grandes propuestas de evolución para un renovado habitar del planeta.

De ese modo, la vida del habitante cambió, las urbes progresaron y la arquitectura se enriqueció conceptualmente, y como consecuencia avanzó formal y espacialmente preparada para el nuevo vivir ciudadano. Una evolución que fue permanente y acorde a las sendas que siguen las sociedades, lo que alentó a la simplificación del vivir humano.

Una forma de redescubrir la vida bajo un pensamiento objetivo y útil para el aprovechamiento de las diferentes etapas y sus grandes problemas y realidades inesperadas. Éstas fueron inspiradoras para comprender que la sociedad requiere asumir los distintos periodos y valorar sus movimientos como una constante propositiva de nuevas formas de vida acordes a los desafíos planteados.

De ahí que se puede aseverar que un movimiento no prescribe pautas específicas, pero se sabe que la vida es una aceleración del tiempo histórico y ello trae consigo evolución y transformaciones.

Movimientos de realidades en muchos casos discontinuas, como sucedió en Bolivia en 2019, cuando hubo un hecho que enfrentó a la sociedad a propósito de los comicios para el cambio gubernamental; o el caso de la aparición de la pandemia en 2020, que prácticamente forzó la evolución de la vida con una nueva visión de futuro.

Pero, siguiendo el análisis de 2019, habrá que decir que fue un momento histórico que permitió dar el primer paso a la transformación de esta nación, con la incorporación de jóvenes que lograron cambiar la historia política del país. Si se revisa la historia, se constata que cada cierto tiempo la forma de sucesión era de forma violenta.

Lo singular es que la movilización del año pasado conformó un movimiento gracias a los y las valientes jóvenes y demás ciudadanía, que de forma decidida evitaron el tránsito vehicular. Una forma de presión y de rebeldía frente a un sistema quizá arcaico por el que se quería hacer seguir transitando al país. Algo que no se puede dejar de mencionar es que la idea de ese movimiento juvenil era romper con aquel muro que los limitaba a crecer y buscar rumbos contemporáneos.

En el caso de la pandemia, ésta llegó en un momento muy importante para la historia boliviana, ya que todo el malestar social que tuvo lugar en 2019 y que aún lastima a la población, debe ser aprovechado para encaminar los cambios que exige la democracia: la evolución en el vivir, las ciudades adaptadas a los nuevos requerimientos de una sociedad con necesidad de contacto externo.

Pareciera que faltó tiempo para construir movimientos ciudadanos sólidos, con una mirada clara sobre la construcción de un país del siglo XXI. Al respecto, es preciso remarcar que todo movimiento es un fenómeno de una estructura que afirma que desconoce la palabra relativo.

También es cierto que no hay un movimiento sin un interés que lo vehicule desde el punto de partida hasta el de llegada, y menos un movimiento ciudadano sin referencia objetiva.

Sin embargo, se debe tomar en cuenta que “lo objetivo evidentemente podría captar una sociabilidad de inercia, en cambio lo subjetivo es capaz de motivar a crear el verdadero sentido de un movimiento ciudadano”.

Patricia Vargas es arquitecta.

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Política y emociones

/ 2 de octubre de 2020 / 03:38

“Toda etapa de elecciones es un tiempo nuevo, una especie de práctica de estrategias orientadas a obtener propuestas e interacciones que colaboren en conformar y dirigir un país y mucho más motiven a los políticos a presentar nuevas visiones del futuro de sus naciones”.

Palabras que nos demuestran que son tiempos en que el planeta exige evolución tanto en las estrategias destinadas a construir un país con nuevas visiones de futuro, como en las propuestas que respondan verdaderamente a las necesidades de la población. El inicio de la reconstrucción de un futuro distinto comienza en 2020 y éste debiera estar acompañado de una perspectiva clara sobre ese mañana.

Lo singular es que son tiempos en que se requiere todo tipo de planteamientos: desde cómo funcionará el próximo gobierno, las cualidades que lo respaldarán, cómo se entenderá a partir de hoy a la ciudadanía. Todo dentro de una visión de país más transparente, en la que desaparezcan aquellas realidades inestables o vagamente comprendidas por una consciencia supraindividual.

A pesar de todo ello, es importante recordar que hay nuevas exigencias en Bolivia, las cuales demandan una mirada evolucionada, que no deje de atender aspectos resueltos como el de la información a la población sobre los planes y programas con propaganda política que exponga y dé a conocer los valores y perspectivas de los candidatos de forma abierta y reiterada, si es posible.

Y para aquello no solo deben estar los debates, sino la comunicación de los candidatos con la población, sin olvidar que su propaganda debe ser hoy más diversa que nunca tanto en lo real como en lo virtual; ambos sistemas organizados con una mirada al futuro.

En lo que se refiere a las grandes e impactantes concentraciones ciudadanas que antes producían una eclosión de efervescentes pasiones en el espacio público durante la época de elecciones gubernamentales, hoy aquellas han disminuido por las circunstancias actuales y las exigencias de bioseguridad. Sin embargo, esto no quiere decir que la riqueza de la expresión corporal que acostumbraban recibir esos importantes espacios políticos haya desaparecido, sino que su densidad mermó.

En cuanto a las campañas políticas virtuales tienen una amplia difusión en las ciudades. Su dinamismo no deja de asombrar y menos evidenciar que la virtualización no es una desrealización de la propaganda electoral del pasado mediato, sino la transmisión de una propuesta en un conjunto de posibles.

Así, lo que se observa y escucha son videos, entrevistas, comentarios juego de pensamientos, ataques a los adversarios, y múltiples y nuevas formas de exponer las cualidades de las fuerzas partidarias.

De esa manera, la propaganda política virtual logró dejar atrás la forma tradicional de hacer proselitismo, aunque su eficacia simbólica nunca se comparará, por ejemplo, con las multitudinarias concentraciones en la plaza San Francisco, un espacio político útil para los discursos y cierres de campaña. Empero, lo virtual tiene la cualidad de una velocidad de difusión tan grande, que su transmisión es casi instantánea.

Es evidente que 2020 nos ha llevado a tiempos nada sencillos, en los que se necesita mayor creatividad y celeridad para lanzar propuestas de corte virtual o real, que sean capaces de dirigir las ideas e ideales hacia la dinamización de las fuerzas con miras al mañana. Un camino virtual hacia la esperanza que ofrecen los distintos partidos a la población en tiempos de cálculo político.

“No cabe duda que son momentos en que renace la subjetividad, el requisito innegable de la política”.

Patricia Vargas es arquitecta

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