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viernes 27 nov 2020 | Actualizado a 10:38

Por si alguien sigue pensando que Bolivia no cambió

/ 31 de octubre de 2020 / 02:58

Basta con mirar el perfil de una persona para entender y dimensionar el cambio estructural que vivió Bolivia en los mentados “14 años”. Es suficiente con observar a una persona, por si el ejercicio de revisar los indicadores económicos resulta tedioso o ajeno. Si se observa el escenario con honestidad intelectual, alcanza con conocer a una sola persona para entender por qué el horizonte político de la plurinacionalidad está vigente, aún después de un año de Gobierno de Facto, el cual tuvo como objetivo enlodar la gestión, las personas y los símbolos de la era Evo. Andrónico Rodríguez es esa persona.

Ximena Soruco, reconocida investigadora e intelectual, publicó en 2014 un estudio sobre la composición social del Estado Plurinacional, en el que, básicamente, demostraba que el acceso a la burocracia boliviana se había democratizado, convirtiéndose esto en un elemento importante de la descolonización del Estado. Esto es más mujeres, más jóvenes y más indígenas en la administración pública, con mayores capacidades y niveles educativos que los funcionarios del pasado. De hecho, el estudio incluye una dimensión cuantitativa que demuestra que la mayoría de estos funcionarios son hijos de gente que nunca tuvo una relación contractual con el Estado.

Cabe apuntar las evidencias de dicha investigación para ir un poco más allá de las consignas políticas y, sobre todo, para dimensionar que la vida y trayectoria política del próximo presidente del Senado, Andrónico Rodríguez, son una muestra del cambio trascendental en términos de movilidad social de los “14 años”. Por eso el país crujió cuando la Policía quemó la Wiphala durante la ejecución del golpe de Estado, pues ésa es la bandera del cambio social que representa el horizonte político plurinacional que incluye entre sus fundamentos dejar en la historia aquellos tiempos en los que valían más los apellidos que las personas.

Hace 14 años era poco probable encontrar un dirigente campesino que ostente un título universitario y posgrado, sencillamente porque primero los dirigentes tenían que pensar en sobrevivir para poder cumplir con sus bases y dar de comer a sus familias. Ojo que lo de sobrevivir no es una metáfora, pues las balas del Ejército —y no solo del boliviano— y la persecución política sistémica marcaron a la generación de líderes campesinos a la que pertenecen Evo Morales y Leonilda Zurita, por mencionar algunos. Esta dimensión de la realidad, negada por la retórica conservadora, es fundamental para entender el porqué del fracaso de las derechas en Bolivia, también en la esfera electoral.

Bolivia ha cambiado, guste o no guste, por eso hoy existe una figura política como la de Andrónico. Orgullosamente número dos de las seis Federaciones del Trópico de Cochabamba, politólogo de la Universidad de San Simón —una de las más prestigiosas del país— y con el talante de quien puede debatir, proponer y conmover a las masas, sin distinción de la latitud en la que se encuentre. Además con ese don de dejar una leal sonrisa ante cualquier cámara que lo capture y con la capacidad de convertirse en un éxito en redes sociales.

Muchas cosas positivas se pueden decir en torno a la formación especializada en materia de género de Andrónico —posgrado en Ciencia Política con perspectiva de género, área en la que aún hoy es inusual encontrar hombres—, o a su trabajo político, a manera de replicar los desdeños que han pretendido algunos titulares deliberadamente enfocados en reducir su perfil. Pero es igual de importante reconocer en él esa dimensión de la vida que la cotidianidad política encubre las mayores de las veces: la calidad humana. A nadie vaya a ocurrírsele que una persona que no sepa escuchar, que no esté siempre abierta a aprender y que no sepa lo que es la lealtad y el agradecimiento a quienes coadyuvaron en su recorrido desde su hogar, sus aulas y su federación pueda haber llegado al presente con tanta fuerza y tanta legitimidad.

El tercero al mando del país, Andrónico, representa el cambio estructural de la Bolivia neoliberal a la Bolivia plurinacional. Además, representa el equilibrio intergeneracional que logra él con 31 años en complementariedad con el presidente Luis Arce y el vicepresidente David Choquehuanca. Seguramente el presidente del Senado será fuente de muchas noticias en el próximo tiempo y demostrará él mismo que este breve texto de humilde reconocimiento es insuficiente ante el porvenir.

Valeria Silva Guzmán es feminista. Twitter @ValeQinaya

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El ‘lugar’ de la mujer

/ 14 de noviembre de 2020 / 01:27

La entrada de las mujeres en escenarios tradicionalmente masculinizados siempre ha sido dificultosa y polémica. El mundo científico, el deportivo o la política, por citar algunos ejemplos, son escenarios tradicionalmente masculinizados, lo cual, valga la aclaración, no significa que sean espacios histórica o naturalmente masculinos. El modo de producción capitalista, atravesado por el modus vivendi patriarcal ha organizado la sociedad de manera tal que hoy en día sigan prevaleciendo creencias en torno al género de los espacios, de los oficios, de las profesiones y hasta de las actitudes. Los pisos pegajosos, entonces, invisibles aún para las grandes mayorías operan cuando las mujeres pretenden despegar o atravesar el portal que conduce a uno de estos espacios. El famoso “lugar de la mujer” es una forma de mantener masculinizados los espacios.

El pasado 7 de noviembre se recordó el aniversario 153 del natalicio de Marya Sklodowska, llamada cariñosamente Manya por su familia, pero conocida popularmente como Madame Marie Curie. La científica polaca adoptó el nombre afrancesado luego de casarse con quien fuera hasta su muerte su compañero de investigación científica y, claro está, de vida: Pierre Curie. Manya, reconocida hoy como un ícono de la liberación femenina y considerada la madre de la radiactividad, fue la primera persona en obtener dos premios Nobel por su trabajo científico: el primero en física y en equipo junto a Pierre a Henri Becquerel, el segundo sola en química y con éste se convirtió en la primera persona en acumular dos distinciones de este calibre. No está demás decir que los chascarrillos no se dejaron esperar en tiempos del primer y del segundo galardón, pues hasta entonces ninguna mujer había sido “merecedora” de alguno.

El físico Walter Lewin, reconocido profesor e investigador del MIT, en su libro Por amor a la física dice que minimizar el talento, la inteligencia y la contribución de las mujeres científicas es algo que ha pasado tan a menudo en la historia de la ciencia que debería considerarse un error sistémico. De errores sistémicos de este tipo están llenos los cambios sociales. Pero, a pesar de que hoy en día Marie Curie sea considerada, como ya se dijo anteriormente, una figura de la liberación femenina, los estudiosos de su biografía y vida que ya llevan decenas de libros publicados al respecto, coinciden casi en manifestar que ella estaba plenamente alejada de las posiciones que desde el lente de hoy podrían ser calificadas como reivindicativas del feminismo, al menos del feminismo militante. En su época, por ejemplo, los movimientos sufragistas en Europa ya eran muy populares y claro está que una mujer de tan alto nivel intelectual estaba al tanto pero lejos de estos aconteceres, aunque, por supuesto que era una idealista y una revolucionaria de su tiempo.

El asunto es que la dificultad para ingresar en los lugares masculinizados no solo se les presenta a las mujeres que tienen consciencia de las condiciones de desigualdad en las que se vive respecto de los hombres. Y tampoco se trata de un invento novedoso de las feministas de hoy en día. A Marie Curie le ha costado desde el cambio de su nombre hasta la asignación de tiempos a su laboratorio, combinado con los cuidados de su hogar y su familia, asuntos por los que seguramente nunca tuvo que preocuparse Pierre. Y si a ese tipo de fórmulas se le agrega las variables del hambre, del racismo y en general de la lucha de clases, claramente ya no se puede considerar solo a los pisos pegajosos, sino que se debe pensar también en los gigantes e impenetrables muros de segregación que aprisionan a las mujeres.

Si la entrada a estos espacios masculinizados es tan complicada para las mujeres, resulta lógico que la estancia no sea agradable o que deje en los anales de la historia menos frutos que los que verdaderamente dieron. Y también que la salida sea rápida y cargada de culpas por haberse atrevido a dejar el “lugar de la mujer”. Ahora bien, es cierto que la representatividad política de las mujeres en el mundo hoy se presenta en una fase de progreso, pero también es cierto que las coyunturas progresistas encuentran fluctuaciones conservadoras muy fuertes.

Bolivia ha tenido un año de fuertes retrocesos sociales. Ese tiempo es una prueba de que con las olas conservadoras los derechos se ven severamente afectados, particularmente los derechos de las mujeres. Felizmente ha retornado el tiempo de la plebe que es el tiempo del progresismo. Y aunque hay dos buenas noticias en materia de género como son la mayoría de mujeres en el Senado y la primera Ministra de Presidencia de la historia del país, claramente hay otros varios escenarios donde toca recomponer el proceso de despatriarcalización del Estado y de la sociedad. Vale la pena recordar que Bolivia en otrora tuvo dos presidentas de cámara simultáneamente y tuvo Gabinete paritario.

Valeria Silva Guzmán es feminista. Twitter @ValeQinaya

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El voto femenino como serendipia

/ 17 de octubre de 2020 / 03:56

Fue en 1947 cuando muy pocas mujeres bolivianas ejercieron por primera vez el derecho al voto. Muy escasas, pues el ejercicio tuvo carácter limitado, por ejemplo, con el tamiz de la conclusión de la educación primaria. Aquellos comicios fueron municipales y se celebraron en exiguas municipalidades del país, en aquellos tiempos en los que la política municipal era irrelevante para los magnates de la partidocracia boliviana aún shockeada por la post Guerra del Chaco. La idea de que el municipio debía ser organizado bajo los parámetros del hogar fue uno de los alicientes para permitir que las mujeres voten, eso sí, solo en las municipales.

Se dice que este acontecimiento fue más un efecto de los compromisos del gobierno de turno luego de la firma del Acta de Chapultepec de 1945, mediante el cual los países panamericanos marcaron la hoja de ruta en temas referentes a las mentadas paz y guerra en el contexto de la naciente Guerra Fría. Hasta entonces la discusión sobre el voto femenino era muy periférica, incluso al interior de los partidos políticos. De hecho, en la década de 1920 solo el Partido Obrero Socialista contemplaba esta discusión, a la luz de la revolución soviética. Del otro lado de la vereda política, este tópico halla lugar en el Partido Liberal varios años más tarde, en 1934. Es lógico, por tanto, que el primer debate congresal al respecto no se haya dado si no hasta 1938, con resultados negativos.

La guerra, como todo momento de inflexión, replantea las estructuras sociales. Como es común después de un enfrentamiento bélico, muchas mujeres salieron de casa o de su provincia a buscar el sustento de la familia en la post Chaco. Mientras la realidad de las calles, las fábricas y las oficinas estaba marcada por la irrupción de las mujeres trabajando, los debates políticos seguían siendo exclusivamente masculinos.

Pero no es que las ideas de las mujeres organizadas y los movimientos sufragistas estuvieran totalmente ausentes en el país. De hecho, ya en la segunda década del siglo se conocen iniciativas de organización colectiva femenina que logran alcance nacional e incluso publicaciones periódicas. La revista Feminiflor de Oruro (1921) —que mereció elogios de uno de los grandes de la cultura boliviana, el pintor y escritor Arturo Borda—, o Aspiración de La Paz (1923) son dos buenos ejemplos en lo que respecta al escenario intelectual, urbano y de clases medias y altas. En los mercados y en el mundo popular, casi paralelamente se consolidaba la Federación Obrera Femenina (FOF), plataforma anarcosindicalista fundamental para el obrerismo en Bolivia, alejada del debate sufragista, por supuesto a la luz del anarquismo y de las necesidades de la clase trabajadora. Estos dos mundos intentaron en vano encontrarse en la denominada “Primera Convención de Feministas” de 1925, misma que tenía en agenda el voto femenino, pues las distancias entre las preocupaciones de unas y de otras eran no solo amplias, sino intransitables.

No resulta extraño, entonces, que la Declaración del Voto Universal por Decreto en 1952 no tenga una raíz en las demandas de los círculos intelectuales de mujeres, cercanas al sufragismo. Para alcanzar el voto universal no hubo discusión parlamentaria, hubo agenda popular.

Puede plantearse, incluso, que el voto femenino en Bolivia fue alcanzado como un efecto derrame de la gran demanda de participación plebeya en la vida política. O quizás serendipia, eso que sucede de manera accidental o casual y que se convierte en algo afortunado, capaz de solucionar problemas; o eso que se imagina en el presente y se concreta en el futuro. Los cambios en el mundo y en la historia, dados por la voluntad de romper el orden suelen estar a menudo fuera de la planificación.

Valeria Silva Guzmán es feminista. Twitter @ValeQinaya

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