Voces

lunes 30 nov 2020 | Actualizado a 13:34

366 días después

/ 9 de noviembre de 2020 / 03:33

Exactamente, hace un año atrás, el domingo 10 de noviembre de 2019, la plaza Murillo, ícono del poder, estaba vacía, solo las palomas consuetudinarias pululaban libremente. Una imagen desoladora. Una metáfora: la democracia desportillada gracias a una cruzada conspirativa sediciosa que derivó en un golpe de Estado. En el ocaso de esa tarde, horas después que Evo Morales renunciaba a su cargo de presidente de Bolivia, Luis Fernando Camacho, líder de las movilizaciones urbanas que precipitó la renuncia del exmandatario, ingresaba al palacio de gobierno con una biblia y una bandera nacional entre sus manos pregonando que Dios volvía al palacio. Mientras, en otras ciudades bolivianas se quemaba la wiphala.

Dos días después de la renuncia presidencial, en un hemiciclo casi vacío, Jeanine Añez se autonombraba presidenta de Bolivia. Días posteriores se estrenaba con masacres a campesinos y pobres en Sacaba y Senkata marcando así un devenir oscuro para la democracia boliviana: corrupción, persecución política y judicial o, mejor dicho, caza a enemigos políticos.

No solamente para los perseguidos políticos, sino para el pueblo boliviano, este año fue de sobresalto. Esa aura de autoritarismo del gobierno de Áñez alentando a grupos parapoliciales para generar terror, usar el miedo como mecanismo de sometimiento y temor configuró un régimen de terror.  Todo ello con el consentimiento del entramado mediático del establishment.

Aquí estriba una de las lecciones más transcendental: los bolivianos, por lo menos la mayoría, reconocen a la democracia como un sendero no solo para canalizar la voluntad del soberano, sino hoy sabemos por carne propia, después de experimentar un régimen autoritario, la paz y la justicia social son partes fundamentales de la democracia. 

A esa democracia estropeada luego se vino una pandemia haciendo estragos en el mundo. Una desafortunada combinación histórica. Parecía ser una trama tejida por Allan Poe. Inclusive, en momentos que el grueso de la población estaba en cuarentena para protegerse del coronavirus, el gobierno de Áñez no solo usó este tiempo para su propio festín traducido en el uso discrecional de bienes estatales y saqueo, sino que utilizó el pánico para incrementar su cariz autoritario. 

Después de este interregno autoritario, el Movimiento Al Socialismo (MAS) supo recomponerse del golpe de Estado que muchos consideraban una derrota política para este partido y, un año después, retorna al gobierno, pero sin su líder, Evo Morales como presidente. El triunfo electoral contundente del MAS obedece, sobre todo, a la movilización de lo nacional-popular.

Mientras tanto, en la otra orilla política/ideológica, el mal gobierno de Áñez supuso también el fracaso del bloque oligárquico de la derecha, quizás este bloque tenía un momento inmejorable para torcer el “giro a la izquierda” que representa el MAS, pero desperdició ese momento político. Queda solo grupos minoritarios de exaltados y violentos buscando con sus escombros en las calles vanamente torcer la historia. Esos escombros son la metáfora patética de un movimiento que destilla racismo, negando al otro: el indígena que, además, es la mayoría. Entonces, se odia al expresidente Morales y a su partido, porque representan lo nacional-popular. Quizás, la otra metáfora, en otro domingo de noviembre, sea la misma plaza Murillo, pero, esta vez, 366 días después del golpe de Estado, atiborrada de ponchos y whipalas. Allí, miles de indígenas y pobres se confunden en abrazos interminables con el ajayu sosegado festejando la posesión del binomio ganador del MAS.

Yuri Tórrez es sociólogo.

Temas Relacionados

Comparte y opina:

Reconocer el valor del agua

Utilizamos el agua por muchos motivos que van del baño y la bebida a la atención de necesidades industriales, pero, sobre todo, la utilizamos para producir alimentos.

/ 30 de noviembre de 2020 / 00:50

“El agua es la fuerza motriz de toda la naturaleza”. Así se expresó Leonardo da Vinci, y no puede decirse que el legendario genio haya sido el único en percatarse de su importancia.

Utilizamos el agua por muchos motivos que van del baño y la bebida a la atención de necesidades industriales, pero, sobre todo, la utilizamos para producir alimentos. La agricultura absorbe el 70% de las extracciones mundiales. Si el agua no se utiliza con sensatez, surge un panorama sombrío.

Hoy en día, uno de cada seis habitantes del planeta vive en zonas aquejadas de graves limitaciones de agua. Más del 90% de ellos se encuentran en Asia y África del Norte. En América Latina y el Caribe, el 4% vive en áreas con extrema escasez; si bien esta proporción puede parecer insignificante, implica que más de 20 millones de personas enfrentan una alta escasez de agua. A escala mundial, la disponibilidad per cápita de recursos de agua dulce ha disminuido más de un 20% en los dos últimos decenios.

Los países con una amplia disponibilidad de agua tienen barra libre. Un ejemplo es el Brasil, donde corresponden a cada residente casi 42.000 m3 anuales de agua dulce renovable. Sin embargo, la mayor parte de esa agua se encuentra en la Cuenca Amazónica y la población no la utiliza. Los grandes países productores de alimentos, como China y los Estados Unidos de América, dependen considerablemente, a escala interna y por la vía comercial, de acuíferos que se agotan con rapidez; el hecho de que actualmente no haya indicios evidentes de estrés por falta de agua no significa que no los vaya a haber mañana.

¿Qué debemos hacer? La respuesta se resume en hacer más con menos.

Ello supone reconocer el valor del agua. El agua tiene un precio, y el aprovechamiento de la señal de ese precio puede incentivar claramente a los agricultores a mejorar la productividad de su agua. Los métodos son diversos: mejoras en el riego, una mejor selección de los cultivos, métodos innovadores de almacenamiento y conservación y muy diversas soluciones basadas en la naturaleza que den cabida con frecuencia a la acuicultura. Todos ellos necesitan de una gobernanza sólida e inclusiva que permita atender las necesidades básicas de todos, especialmente las de los pequeños productores rurales.

Todo enfoque sostenible pasa por una comprensión sólida de las condiciones y necesidades imperantes, en particular por lo que se refiere al acceso a agua potable sana, el agua con fines de desarrollo industrial y las necesidades de agua de los ecosistemas a escala territorial, que carecen de abastecimiento suficiente en casi la mitad de los sistemas de riego utilizados hoy.

En consecuencia, la contabilidad del agua y su auditoría, prácticas poco habituales, deben servir de punto de partida a toda estrategia eficaz dirigida a hacer frente a la escasez y el desabastecimiento de agua.

En El estado mundial de la agricultura y la alimentación de 2020, nuevo informe principal de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, se examina en profundidad la cuestión trazando los puntos álgidos, repasando los diversos sistemas de ordenación del agua en el mundo y señalando vías de mejora.

No hay tiempo para llorar ni necesidad de ello. Existen algunas perspectivas halagüeñas. Por ejemplo, en el África subsahariana, donde los índices de inseguridad alimentaria y crecimiento demográfico son los más altos, la ampliación del riego ofrece un amplio horizonte, lo cual puede impulsar considerablemente la productividad agrícola garantizando a la vez un uso eficiente del agua. Actualmente, solo el 3% de las tierras de cultivo de esa región está provisto para el riego. También existe un gran potencial para expandir el riego en América Latina y el Caribe y mejorar la productividad del agua. La expansión inteligente puede fomentarse a través de programas específicos que ofrezcan a los pequeños agricultores un mayor acceso a la energía y al crédito. Las inversiones deben ir acompañadas de sistemas de gobernanza equitativos, inclusivos y eficaces para garantizar el uso sostenible del agua, ya que casi una décima parte de las tierras de cultivo de la región está experimentando limitaciones de agua.

Lao Tzu, el gran sabio del taoísmo clásico, afirmó que el agua “beneficia en gran medida a todas las cosas, sin conflictos”. Observó su condición de elemento fluido, suave y flexible, lo cual, como se señala en el informe de la FAO sobre el estado mundial de la agricultura y la alimentación, hace que su gestión no sea inherentemente demasiado difícil.

Podemos y debemos aprender y aplicar nosotros mismos esa cualidad para velar por que el agua siga haciendo magia a favor de los casi 10.000 millones de personas que habitarán nuestro planeta en 2050.

Comparte y opina:

Otro 25N de marchas por la vida de las mujeres

Tratando de denunciar este recrudecimiento de la violencia contra las mujeres y demandando acción al Estado, las feministas volvimos a las calles, lugar de protesta que nunca debimos abandonar.

/ 30 de noviembre de 2020 / 00:46

Conmemoramos este 25 de noviembre, Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, en un país lleno de contradicciones. Lo único que no cambia son las cifras visibles de la violencia: cerca de 30.000 denuncias por violencia familiar o doméstica; más de 5.000 denuncias por violación, abuso deshonesto y estupro (de las cuales, 1.288 son cometidos en niños y niñas); 127 denuncias por acoso y violencia política y 105 feminicidios, cada vez con más crueldad y saña. Y detrás de estas cifras, miles de historias de impunidad en el sistema de justicia que desnudan que, en Bolivia, a pesar de todas las leyes favorables, las cosas no cambian y más bien empeoran.

Tratando de denunciar este recrudecimiento de la violencia contra las mujeres y demandando acción al Estado, las feministas volvimos a las calles, lugar de protesta que nunca debimos abandonar. Así, a pesar de la pandemia, diversos colectivos autoconvocados salieron a las calles en La Paz, Cochabamba, Santa Cruz, Tarija, Chuquisaca, Potosí, Oruro y El Alto. Con pañuelos lilas y verdes, miles de jóvenes portaban sus pancartas haciendo suyas las palabras de Vivir Quintana en su Canción sin miedo: Yo todo lo incendio, yo todo lo rompo/ Si un día algún fulano te apaga los ojos/ Ya nada me calla, ya todo me sobra/ Si tocan a una, respondemos todas.

Los medios tradicionales no reflejaron la protesta, obnubilados por la muerte de Maradona. Fueron las redes sociales las que ampliaron la voz de miles de mujeres. Con la consigna «La Policía no me cuida/ me cuidan mis amigas» las marchas protestaban en las puertas de la Fiscalía, los Tribunales de Justicia y en la UTOP, instituciones símbolo de la falla estructural del Estado en la protección de la vida de las mujeres.

Y justo el 25N muere Maradona, provocando la primera contradicción. ¡Qué difícil es asumir que los ídolos de pueblo, los que emocionan multitudes, nuestros caudillos y líderes son casi siempre hijos saludables del patriarcado! Y las feministas argentinas tuvieron que preguntarse: ¿Se puede ser feminista y llorar a Diego Maradona? Recogemos las palabras de Natu Maderna en esa contradicción: “Maradona conmovió a un pueblo entero, ¿por qué los feminismos se van a alejar de un fenómeno que logró igualar a les argentines en una felicidad inconmensurable? Yo soy feminista, no busco ser perfectamente feminista (…) Maradona es un montón de cosas que no nos gustan…que no nos gustan de él y de un montón de hombres más. Problematizarlo solo en él, no tiene sentido alguno. La batalla está en otro lugar y la estamos dando”.

Y la segunda gran contradicción que nos golpea este 25N es la detención domiciliaria de un feminicida. El vocal de la Sala Penal dos, Willy Arias, que beneficia con detención domiciliaria a William Kushner Dávalos, quien el pasado septiembre había sido sentenciado a 30 años de presidio. Para acceder a ese beneficio, Kushner pagó una fianza de Bs 50.000 que podría ser utilizada, según Arias, para su recaptura. Es la tercera vez que el juez Arias beneficia con detención domiciliaria a un acusado de feminicidio. Lo hizo también en septiembre de este año con Cidal Ch., uno de los acusados por la muerte de la premilitar Carmen Rosa Mollo Ayllón, y en mayo, también determinó dar detención domiciliaria a Franklin Q. F., presunto autor de la muerte de Grisel C. P.

Así, el sistema de justicia continúa fallando a las mujeres y se presenta como el principal cómplice del patriarcado. Su mensaje reiterativo y pedagógico es que la violencia contra las mujeres no se castiga, pues frecuentemente el feminicida encuentra un juez que facilita la impunidad.

Comparte y opina:

La Constitución de la India

La India no solo pasó a existir desde 1949, sino que empezó a construirse desde ese año bajo la búsqueda de una identidad constitucional; esta es la importancia de esta Constitución

/ 30 de noviembre de 2020 / 00:39

El 26 de noviembre de 1949 se promulgó la Constitución Política de la India, que entró en vigencia el 26 de enero de 1950. La importancia de esta Constitución es múltiple, pues dio nacimiento al Estado de la India, entendido como una asociación compleja de estados (554 estados regidos por príncipes o marajás que habían sobrevivido bajo la administración colonial británica), con una población de más de 1.300 millones de habitantes, con un mosaico extenso de identidades, religiones, lenguas y culturas, además del sistema de castas que habitan en su organización social.

En 1888, John Strachei, uno de los administradores coloniales de la India, dio una conferencia bajo el título ¿Qué es la India?, en la que dijo: «Ese país no existe, y éste es el primero y más importante de los hechos que podamos aprender acerca de la India. La India es un nombre que damos a una dilatada región que comprende multitud de países diferentes»; por ello la Constitución de la India dio nacimiento a ese país que no existía, creando un Estado singular, posiblemente con la democracia y el sistema jurídico y político más complejos que hay en el planeta.

El profesor italiano Domenico Amirante ha caracterizado a este sistema político-jurídico como «La democracia de los superlativos» que gestiona más de 800 millones de votantes a las urnas para las elecciones políticas, que posee, como decíamos, la mayor diversidad cultural del mundo y un modelo de Estado multicultural, con un sistema de estados federales asimétricos y una justicia dinámica, basada en las culturas y los pueblos que reflejan un pluralismo jurídico que se construye en esta relación fuerte de culturas.

La Constitución de la India tardó en redactarse tres años. La Asamblea Constituyente fue convocada en 1946, los constituyentes fueron elegidos por asambleas provinciales y se precisó de un comité de redacción que tenía como finalidad plasmar en el texto constitucional el pasado, el presente y proyectar el futuro del nuevo Estado.

La India no solo pasó a existir desde 1949, sino que empezó a construirse desde ese año bajo la búsqueda de una identidad constitucional; esta es la importancia de esta Constitución, que más que un punto de llegada de un proceso histórico de construcción de un nacionalismo (Ghandi buscaba esta construcción nacionalista inspirado en los procesos nacionalistas de la unidad italiana) era un punto de partida para construir un Estado singular. Si bien todo Estado es en sí una singularidad en sí misma, en el caso de la India el reto ha sido y es mucho más arduo, por la diversidad y complejidad referida.

La Constitución de la India posee 395 artículos y 12 anexos, y comparte con la boliviana el récord de ser considerada una de las más extensas del mundo.

es abogado y filósofo

Comparte y opina:

Investigar sin exclusiones

No es difícil rastrear el origen de tales afirmaciones, temerarias y desinformadas: basta con prestar atención a los discursos (”narrativas”, le llaman algunos) de los operadores mediáticos y de sus fuentes

Por La Razón

/ 30 de noviembre de 2020 / 00:34

La llegada e inicio de tareas del Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI), conformado por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos a solicitud del gobierno transitorio, en diciembre de 2019, ha sido acompañada de sospechas, cuando no irresponsables ataques, contra su imparcialidad e idoneidad. La crítica parece provenir de quienes se saben más culpables.

En efecto, en conversaciones cotidianas, casi tanto como en publicaciones y comentarios en las redes sociales, ha sido cosa común en los últimos días ver y escuchar toda clase de descalificaciones al equipo de cinco investigadoras e investigadores que tienen la misión de hallar la verdad y proponer reparaciones para las víctimas de violencia y vulneraciones de los DDHH en Bolivia entre el 1 de septiembre y el 31 de diciembre del pasado año.

No es difícil rastrear el origen de tales afirmaciones, temerarias y desinformadas: basta con prestar atención a los discursos (”narrativas”, le llaman algunos) de los operadores mediáticos y de sus fuentes, que buscan predecir que el resultado de la investigación evidenciará que las vulneraciones a los DDHH provinieron “solo” de lado del Gobierno, olvidando, si no ignorando, que únicamente el Estado es responsable de los derechos enunciados en la Constitución Política y en los tratados y pactos multilaterales de los que el Estado es signatario.

Esos mismos discursos/narrativas omiten informar, en primer lugar, lo ya señalado: que la investigación del GIEI abarca un lapso mayor al de lo sucedido desde la frustrada elección de octubre de 2019 hasta los días posteriores a la discutible posesión de la Presidenta interina; y en segundo lugar que el mandato del Grupo es investigar “la violencia y las vulneraciones a los DDHH”; lo que implica ir más allá de las masacres de Senkata y Sacaba, e incluso de lo que el exsecretario ejecutivo de la CIDH Paulo Abrao ha calificado como “violaciones masivas y generalizadas a los derechos humanos” durante el gobierno transitorio.

Respecto de las críticas y descalificaciones al GIEI, tanto como al informe preliminar entregado en diciembre de 2019 por la CIDH y hasta a los cuatro otros informes internacionales y tres nacionales sobre lo sucedido en el trágico noviembre de 2019, Abrao dice que “las versiones que minimizan la gravedad de lo ocurrido en Sacaba y Senkata y descalifican la naturaleza de las denuncias, afectan la dignidad de las víctimas y las revictimizan”. Esta actitud está presente más que nunca en la política boliviana.

Lo dijimos en este mismo espacio ayer, y en varias ocasiones en las últimas semanas: el país necesita restañar sus heridas, procesar el dolor y superar el rencor. Difícil será hacerlo en medio de campañas orientadas a desinformar y diseminar la duda sobre quienes deben encontrar y mostrar la verdad. El mandato del GIEI, sin necesidad de discursos destemplados, ya incluye la obligación de investigar “sin exclusiones”.

Temas Relacionados

Comparte y opina:

Su arte, universal para siempre

En estas horas de la muerte de Maradona ha habido casi un concurso mundial de la frase más ingeniosa, la portada de diario más original, el homenaje más sentido y curioso.

/ 29 de noviembre de 2020 / 23:23

Les pasa a todos: cuando uno va al Museo del Louvre lo primero que pregunta es dónde está La Gioconda. “A la derecha, primer piso, Sala de los Estados”, dice una señorita plurilingüe. Y hacia allá salen bandadas de turistas casi corriendo, subiendo los escalones de a tres. Llegan y se paran frente a ese cuadro en realidad mucho menos grande de lo que se supone antes de verlo por primera vez. Apenas 77 centímetros de alto y 53 de ancho. Pero es por lo que se paga la entrada. Cuando está frente a ella -esa dama de edad difusa y mirada sugestiva- nadie piensa si Da Vinci era buen padre, buen hijo o buen esposo, si se emborrachaba en la taberna hasta caer al suelo o si se gastaba el dinero en prostitutas; repara en su obra, en lo que dejó a la humanidad. El hombre, imperfecto, ya fue; su carne se corrompió y desapareció. Y si se emborrachaba, bien por él. Queda su producción, su talento, su sensibilidad artística. Lo mismo vale para tantos genios que nos legaron creaciones, inventos, pensamientos, vacunas, alegrías que mejoraron la existencia humana.

En estas horas de la muerte de Maradona ha habido casi un concurso mundial de la frase más ingeniosa, la portada de diario más original, el homenaje más sentido y curioso. Está bien, se celebra al artista. Y también aparecieron las miserias humanas, las que intentan rebajarlo a la condición de “Maradroga”. Es el eterno problema que la mediocridad tiene con la brillantez: le molesta.
No existe nada más humanamente imperfecto que Diego Armando Maradona. Como tampoco nació nada futbolísticamente más grandioso. No cabe santificar ni demonizar. Entre los millones de comentarios generados por el fallecimiento, nos quedamos con el de un lector de El Tiempo, que el jueves escribió: “Gracias por tu fútbol, Maradona, lo demás se lo dejo a las comadres”.

La vida de Maradona, intensísima, desordenada y con excesos, expiró. Heredamos su arte, envasado en videos y recuerdos, el de un futbolista único, técnicamente perfecto y genial, vigoroso, valiente. Un fantasista metido en el cuerpo y el alma de un toro de lidia. La gracia en pareja con el brío. No era un futbolista de redes sociales, era todo sustento: pelota, gambeta y arco. Su coraje parafraseó al Martín Fierro en aquello de “No pregunto cuántos son, sino que vayan saliendo”. Y el orgullo de su clase. Todo lo que la prensa mundial le celebró en su despedida física.

La muerte de ningún otro personaje generó tal impacto universal. La noticia tuvo la dimensión del hundimiento del Titanic o el estallido de las guerras. Fue tapa de los diarios del mundo entero, no sólo deportivos. Hasta el Financial Times lo homenajeó con su portada. Y cuando decimos portada no es una mención en ella: es la portada. El Times, el Corriere della Sera, Le Monde le destinaron su primera plana. El País de Madrid, el más prestigioso de habla hispana, le ofrendó una foto gigante con un título sugerente: “Muere Maradona, un dios del fútbol”. Decenas jugaron con esa palabra: dios. Llenó miles de horas de radio y TV, supuso decenas de millones de intervenciones en Twitter, Facebook, Instagram. Sólo es superado en repercusión por el atentado a Las Torres Gemelas, pero eso es un suceso, con un personaje no había pasado nunca, ni con Muhammad Alí, otro deportista planetario y de un perfil similar al de Maradona, genial y a la vez conflictivo, arrogante, respondón.

Emmanuel Macron, presidente de Francia, otro feligrés del 10, le dedicó una carta antológica: “Jugador suntuoso e impredecible, el fútbol de Maradona no tenía nada de ensayado. Con una inspiración siempre renovada, constantemente inventaba gestos y golpes de la nada. Un bailarín de botines, no realmente un atleta, más un artista, encarnaba la magia del juego. El presidente de la República saluda a este indiscutible gobernante de la pelota redonda que tanto han amado los franceses”. Obviamente, nadie celebra sus deslices (que son suyos) se aplaude su habilidad suprema. El planeta fútbol le rindió los honores jamás vistos para ningún otro. En la muerte se percibe la dimensión de un individuo.

En la trilogía astral Di Stéfano-Maradona-Messi, Alfredo quedó muy atrás en el tiempo (debutó hace 75 años) y Messi puede ser incluso mejor futbolista, más consistente -es a gusto del cliente- pero no despertará nunca las pasiones de Maradona. No tiene esa épica ni se lo ve tan asociado a la hazaña, lo suyo se circunscribe al rectángulo. Es juego puro, en eso le discute el número uno al que raye. Pero Messi es apolítico, antifarándula y familiero, un sujeto diurno, a las diez de la noche está mirando televisión en un sillón del living con Antonella y los chicos revoloteando por ahí. Un genio moderado, correcto y de escasas palabras es algo intolerable para el gran público. A George Best, que fue un crack descomunal, lo adoraron más por su pinta, sus frases ocurrentes y su vida descarriada que por lo que jugaba. A propósito: Best, quien muchas veces fue encontrado tirado en la acera tras una borrachera, recibió las mayores honras oficiales de la historia de Irlanda del Norte; miles de señoras recatadas y con pañuelo en la cabeza desfilaban por su tumba dejándole flores y el aeropuerto de Belfast lleva su nombre. Nadie despertó para ellos tanto orgullo nacional.

Diego salió del salón que compartía con Messi, Kempes, Vilas, Ginóbili, Charly García, Calamaro… Entró ahora en el panteón de las celebridades argentinas. Empieza a incordiar a San Martín, a Borges, a Fangio, a Cortázar, a Di Stéfano, se mirará de reojo con Monzón y con Ringo Bonavena, se divertirá con Quino y Fontanarrosa, escuchará a Piazzolla y a Gardel, empatizará con el Che Guevara (fumarán un habano juntos), se sonreirá con Evita y con Perón, cantará con Sandro y Mercedes Sosa. En el ránking de íconos nacionales va cabeza a cabeza con Gardel, cuyo funeral, en 1936, fue un acontecimiento histórico: una impresionante multitud acompañó la carroza fúnebre desde el Luna Park hasta el cementerio de la Chacarita, nueve kilómetros por la avenida Corrientes, la calle que atravesaba su barrio, y desde los balcones de los edificios, llorando, la gente le arrojaba flores. Gardel es un recuerdo muy fuerte, un afecto nacional, más unánime que Maradona, pero pasaron generaciones; Diego se quedará con el primer puesto. En ese eterno coqueteo entre la grandeza y la decadencia en que fluctuamos invariablemente los argentinos, Maradona representa la argentinidad en su expresión cumbre, el emblema perfecto: el virtuosismo y la exageración, la genialidad y el desborde, asombrar al mundo gambeteando varios ingleses y luego aparecer bebido mostrando el traste. Como escribió Le Soir, de Bruselas, también en portada: “Blanco o negro, nunca gris”.

Se acaba de anunciar que el mayor aeropuerto de Buenos Aires -Ezeiza- tendrá en breve una estatua de Maradona. Será lo primero que vean los visitantes al pisar suelo celeste y blanco. Desde el día que cerró sus ojos para siempre, es nuestra más contundente marca país.

Temas Relacionados

Comparte y opina:

Últimas Noticias